La tercera Cruzada, Ricardo Corazón de León contra Saladino.

Viajamos en la historia a Próximo Oriente, más concretamente a la ciudad de Tiro en una cálida mañana del mes de julio de 1187. Allí observaríamos el ir y venir de templarios, hospitalarios y cruzados en general buscando una explicación a la mayor derrota sufrida por los cristianos, durante el tiempo que los cruzados pasaron en Oriente.

En la Batalla de Hattin se perdió mucho más que la cabeza de Reinaldo de Châtillon, ya que los cristianos perdieron la Santa Cruz, la reliquia más importante de todo el cristianismo. Así como la propia ciudad de Jerusalén y lo que era más importante la lujosa vida que muchos nobles europeos habían conseguido en los últimos años, gracias al control de comercio entre los países más orientales y la propia Europa. Aunque todavía tuvieron que dar gracias a Dios y a la decidida actuación Conrado de Montferrato, el piamontés que consiguió detener tras las murallas de Tiro a los ejércitos de Saladino.

Los ejércitos cruzados habían quedado muy diezmados, con lo que la defensa por mucho tiempo de las escasas ciudades costeras en manos de cristianos era un asunto totalmente inviable. De ahí que se había convertido en una quimera el intentar recuperar la ciudad Santa de Jerusalén. Solo restaba una única posibilidad; volver a Europa a pedir refuerzos. Conrado encontró la persona ideal para ello, Josías, el arzobispo de Tiro y conocido de algunos reyes europeos. A mediados de septiembre todo estaba preparado y el clérigo partió vía marítima, camino de Europa en búsqueda de los refuerzos necesarios.

Os invito a conocer un poco más las ordenes militares cristianas en el siguiente artículo: ordenes-militares-cristianas

El periplo de Josías.

Nada más llegar a Sicilia, donde decidió hacer escala antes de viajar a Roma, Josías se percató de la enorme repercusión que la derrota había causado en Occidente. El rey Guillermo II de Sicilia así se lo hizo saber, además de comprometerse a que sus hombres, tras resolver sus conflictos con Bizancio, serían puestos a disposición del nuevo proyecto de cruzada. Desde la isla partió hacia Roma, para la necesaria visita al Papado donde las noticias ya eran conocidas gracias a los genoveses, los comerciantes italianos con grandes intereses económicos en Oriente.

Hasta tres Papas se conocieron en Roma en los tres meses siguientes. El primero de ellos Urbano II que murió a los pocos días de recibir la noticia. El segundo Gregorio VIII encargado de hacer el llamamiento a los cristianos para la vuelta a Tierra Santa, una de sus primeras decisiones fue ordenar una tregua entre los reyes cristianos de al menos 7 años, para abandonar sus continuas luchas y así aunar esfuerzos para volver a conquistar Jerusalén. El tercero de ellos, Clemente III fue el que se puso manos a la obra, conociendo la gallardía del emperador germano sabía que se podía convertir en la baza principal de la nueva cruzada, por lo que decidió acudir personalmente a Alemania para convencerlo. No debió ser muy costosa la empresa, ya que Federico I “Barbarroja” se encontraba profundamente apenado por las noticias que llegaban de Oriente.

Tras ello al bueno de Josías solo le restaba convencer a los dos principales reyes europeos del momento, con el permiso de castellanos y aragoneses que bastante tenían con su cruzada particular en la Península Ibérica. Por lo que se dirigió a la frontera normanda para reunirse con Enrique II de Inglaterra y Felipe II de Francia. De estos arrancó dos aspectos imprescindibles para acometer la cruzada, el primero, la paz entre ellos, el segundo un impuesto especial para sufragarla, el denominado “diezmo de Saladino” que debían abonar todos los nobles franceses e ingleses.

Francia en el siglo XII durante la Tercera Cruzada
Francia en el siglo XII durante la Tercera Cruzada

 Tras el reparto de colores entre ellos, Francia acudiría con la cruz roja, los ingleses con la cruz blanca y los vecinos de Flandes con la cruz verde, ahora Josías ya podía volver a Tiro, los mimbres de la tercera cruzada estaban en marcha. Nunca hasta entonces había existido el firme compromiso de tres reyes europeos por acudir a Próximo Oriente. Aunque como veremos posteriormente a punto estuvieron de echarse a perder antes de partir.

Federico I, la avanzadilla cristiana con 100.000 hombres.

Desde las derrotas cristianas de la Segunda Cruzada el emperador germano tenía el punto de mira puesto en el Próximo Oriente, por lo que  tras la visita Papal se puso manos a la obra para conformar el ejército más grande que habían conocido las cruzadas. Tras un año de preparación el corpulento y pelirrojo emperador de 67 años de edad, se hallaba a principios de mayo de 1188 camino de Tierra Santa. Junto a él,  su hijo, Federico de Suabia y 100.000 germanos dispuestos a devolver Jerusalén a los cristianos.

La empresa no era fácil, mover un ejército de tal tamaño imposibilitaba la ruta marítima, más rápida y menos peligrosa. Por lo que el emperador se vio en la necesidad de trasladar a sus hombres vía terrestre. El primer país por el que debían transitar puso las cosas muy fáciles, Hungría en manos del Rey Bela aceptó gustoso el paso de los cruzados germanos. Pero no fue así en el siguiente destino; El Imperio Bizantino pasaba por sus horas más bajas tras el lamentable mandato de Manuel Comneno, con sus arcas en bancarrota y con normandos y turcos asolando sus fronteras. Es evidente que la entrada de 100.000 hombres a su territorio era un problema, ¿Qué pasaría si decidieran quedarse?

Federico Barbarroja, Tercera Cruzada
Federico Barbarroja

Pero lo que más preocupaba a Federico Barbarroja era un extraño pacto entre bizantinos y el propio Saladino para luchar con el enemigo común, los turcos selyquíes. Por lo que el paso por Bizancio a pesar de ser consentido por el emperador Isaac II, suponía enormes peligros. Las sospechas del emperador germano se hicieron rápidamente realidad, nada más traspasar el Danubio en las cercanías de Belgrado, grupos de bandoleros serbios y búlgaros inquietaron a los cruzados. El contingente se vio obligado a aminorar la marcha para defenderse mejor, y pactar con los príncipes de aquellos territorios. Ese pacto entre otros con el príncipe serbio Esteban Nemanya empeoró las relaciones con Isaac II.

Pero el problema principal era el traspaso de Dardanelos, sin pacto con los bizantinos era imposible, Federico decide pasar el invierno en Andrinópolis, a dos días de marcha de Constantinopla. Los días siguientes envía emisarios a la capital bizantina para pactar dicho paso, la respuesta de estos fue apresar a los emisarios, con la excusa de que era para preservar el buen comportamiento de los cruzados al pasar por Constantinopla. La ofensa enardeció al líder de los cruzados, y prestó, pidió ayuda a los otros reyes cristianos para tomar la ciudad de “aquellos griegos”, mientras esta no fuera suya, la Tercera Cruzada estaba en peligro.

Francia e Inglaterra habían retrasado la partida.

Los acuerdos entre Enrique II y Felipe II pronto cayeron en saco roto, no había comenzado la preparación de la expedición y ya estaban de nuevo en guerra, el motivo los territorios del sur de Francia, una vez más. El verano de 1188 fue de nuevo sangriento entre los dos reinos cristianos que debían apoyarse en la cruzada. Solo la muerte por enfermedad del monarca inglés detuvo la contienda, entre otros motivos por las buenas relaciones del rey francés Felipe II con el heredero del fallecido, aunque este aspecto fue muy efímero. Este, de nombre Ricardo y conocido como “Corazón de León”, ya llevaba un tiempo con su mente puesta en Oriente, pocos príncipes europeos contaban con el espíritu cruzado que el nuevo rey de Inglaterra.

Felipe II de Francia, Tercera Cruzada
Felipe II de Francia

Pero lo primero que se encontró tras tomar posesión en Westminster fue un reino en bancarrota. Afortunadamente las noticias que llegaban de oriente era positivas, Federico de camino y Saladino con disputas familiares. Por otro lado, las avanzadillas cristianas de daneses, sicilianos, flamencos e incluso algunos nobles ingleses impacientes por recuperar Tierra Santa, ya controlaban Tiro y Trípoli los principales puertos del mediterráneo. Para sufragar la expedición, Ricardo I emprendió la venta de varios patrimonios de la Corona, luego vendió su vasallaje al príncipe de Escocia, todo junto a las mejoras a la hora de cobrar el diezmo de Saladino sirvieron para reunir lo necesario para partir hacia Oriente. Mientras Felipe II en Francia hacía lo propio y pactaron el lugar de partida, la ciudad de Vézelay. Aunque nuevos retrasos impidieron salir en la fecha acordada, marzo de 1190.

Catedral de Vézalay, punto de partida de la Tercera Cruzada
Catedral de Vézalay, punto de partida de la Tercera Cruzada

Finalmente, el 4 de julio partieron de Vézalay los reyes cristianos rumbo a Marsella, allí les espera la flota inglesa que habían bordeado la costa de la Península ibérica, y con la ayuda de los portugueses habían atravesado el estrecho, en manos recordemos de los Almohades. El gran grueso de la expedición estaba compuesto por ingleses, síntoma inequívoco de la pasión cruzada de su nuevo rey. Al otro lado del mediterráneo les esperaba la ciudad de Tiro, donde supuestamente se encontrarían con el resto de cruzados, incluidos los hombres de Federico Barbarroja. Todos juntos debían recuperar Jerusalén, pero pronto los planes empezaran a desmoronarse.

La muerte de Federico Barbarroja.

El invierno hizo recapacitar al emperador bizantino, que puso al servicio de los cruzados las embarcaciones necesarias para que estos llegaran a Asia. Ahora tocaba atravesar los territorios del Sultanato de Rum, es difícil precisar los pactos entre tres personajes siniestros para los intereses cristianos. El emperador Isaac II, el sultán turco Kilij Arslan II y Saladino entremezclaron sus servicios e intrigas para retrasar la llegada de Federico a Siria. No hubo grandes batallas, pero si una guerra de guerrillas que minó, junto al hambre, las fuerzas cruzadas.

El 10 de junio de 1190 ya habían atravesado los Montes Tauro, la llanura de Seleucia en las cercanías de Antioquía esperaban con un fortísimo calor al ejército de Federico Barbarroja. El rio Saleph no parecía un escollo insalvable, además podía servir para refrescar a las tropas, pero en él halló la muerte el viejo emperador Federico, las causas de su muerte siguen siendo motivos de especulaciones difíciles de precisar.  Al otro lado de la gran llanura Saladino respiró tranquilo, sabía que con la muerte del emperador su ejército se diluiría. Así fue, el intenso calor, las enfermedades, las deserciones y especialmente la desazón de no contar con su líder acabaron con mayor contingente que las cruzadas habían conocido. Solo unos cuantos, los más aguerridos se dirigieron a Tiro y a Trípoli a la espera de la llegada de franceses e ingleses para ponerse al servicio de estos y reconquistar Jerusalén, mucho tendrán que esperar.

Una travesía demasiado larga.

Los dos reyes llegaron a Marsella a principios del mes de agosto de 1190, las noticias de la otra esquina del Mediterráneo ya habían llegado, por lo que sabían de la necesidad de llegar a Oriente lo antes posible. En el puerto francés deciden separar sus caminos, Felipe II se sube en una nave francesa para hacer un plácido recorrido de dos semanas hasta Mesina. En cambio, Ricardo elige viajar por toda Italia a lomos de su caballo, es evidente el temor que el rey ingles tenía a los viajes marítimos. En la isla siciliana se escenifica por primera vez las diferencias entre ambos, entre otros motivos por la negativa de Ricardo de casarse con la hermana Felipe II. Estas diferencias llevaron a un nuevo retraso de la expedición marítima, el mediterráneo en invierno era un mar complicado y deciden instalarse en la isla los seis meses siguientes. Tiempo este que Felipe y Ricardo aprovecharon para pactar el reparto de los territorios que se pretendían conquistar.

Itinerarios de los cruzados, durante al Tercera Cruzada.
Itinerarios de los cruzados, durante al Tercera Cruzada.

La llegada de la primavera aceleró los planes, el 20 de abril de 1191 la nave que llevaba a Felipe II atracaba en Tiro, donde le esperaba su primo Conrado de Montferrato, con la compañía de este último dos días después llegaba a los campamentos cercanos de Acre. También le tocaría esperar, Ricardo Corazón de León tenía otros planes, a parte de las obligatorias paradas para recuperarse los continuos mareos que sufría al navegar, decidió visitar la isla de Chipre. En su mente estaba conquistarla, en aquellos momentos la isla estaba gobernada por un miembro de la familia Comneno cercano a los emperadores bizantinos, pero independientes del Imperio. La posesión de la isla era clave en el viaje a Tierra Santa, si querían recuperar Jerusalén el control de Chipre les proporcionaba un magnifico apoyo logístico. En pocos días tomó las fortalezas y el tesoro de los “griegos” ambos aspectos claves para continuar con la Tercera Cruzada. Otro hecho en esta isla escenificaría las desavenencias con Francia, su boda en Chipre con Jimena de Navarra, tras la cual, el 8 de junio se reencontró con Felipe II en las cercanías de San Juan de Acre, aunque esta vez como hombre casado.

Ricardo Corazón de León contra Saladino.

A su llegada estaba todo preparado, los cruzados llevaban varios días minando las defensas de San Juan de Acre, además habían construido catapultas, torres de asalto e impresionantes escaleras, la conquista de esta ciudad era clave para recuperar Jerusalén al tratarse del mejor puerto del Mediterráneo. Por si fuera poco, las naves cristianas rodeaban la ciudad por el mar, no podía llegar refuerzo ni alimento alguno, su caída era cuestión de días. La negativa de Saladino de entrevistarse con el rey de Inglaterra tendrá sus consecuencias para los habitantes musulmanes de la ciudad sitiada.

Murallas de San Juan de Acre
Murallas de San Juan de Acre

En un campamento cercano Saladino esperaba refuerzos para atacar las posiciones de los cruzados antes que la pérdida fuera irreparable, llegaron tarde, la mañana del 11 de julio las banderas de Inglaterra, Francia, o del Sacro Imperio entre otras, ondeaban en las torres de San Juan de Acre. Saladino prudentemente se retiró a posiciones más ventajosas para la defensa de Jerusalén, no sin antes verse obligado a pactar la entrega de la ciudad con humillantes acuerdos.

Al día siguiente los cruzados tomaban posiciones en Acre, Ricardo eligió el antiguo Palacio Real, mientras Felipe, las antiguas dependencias de los templarios. Acto seguido se reunieron para mitigar sus desavenencias. Estas siempre habían pasado por acordar el futuro rey que tenía que gobernar los territorios conquistados. Ese día se llegó a un acuerdo de mínimos, el rey seguiría siendo Guido de Lusignan, el favorito de Ricardo, tras su muerte el heredero sería Conrado de Montferrato, primo de Felipe II. Acto seguido, el rey de Francia escenificó la poca importancia que para él tenían las cruzadas, abandonado San Juan de Acre en dirección a Francia, no sin antes prometer no reanudar la guerra con Inglaterra, hasta la llegada de Ricardo, por cierto, tampoco lo cumpliría.

Saladino en Damasco
Saladino en Damasco

Tras la deserción del rey francés, la Tercera Cruzada se quedó en un mano a mano entre un Saladino, que ya no era el mismo que había conquistado años antes Jerusalén, y Ricardo Corazón de León. En plena marcha del sultán ayubí en pos de defender el resto de ciudades costeras en manos del islam, llegó una terrible noticia. Los más de 3.000 rehenes musulmanes aprendidos en la toma Acre, habían sido degollados por mandato del monarca inglés. El odio se hizo presa de Saladino, que espero a los cruzados en las afueras de Arsuf. La batalla tuvo lugar el 7 de septiembre de 1191, la victoria fue clara para los cruzados. Pese a lo cual se paralizó pronto, no hubo masacres, las fuerzas estaban demasiado justas por ambos contendientes.

Jerusalén y el fracaso cruzado.

Arsuf había sido la primera gran batalla tras la de los Cuernos de Hattin, la victoria convirtió a Ricardo Corazón de León en el rey cruzado por excelencia. Pero ese fue el momento donde el rey inglés pudo cometer el gran error de la Tercera Cruzada. Debía elegir entre ir directamente a una desguarecida Jerusalén, arriesgando la retaguardia, o bien seguir manteniendo el control total de la costa e ir conquistado ciudades marítimas. La elección fue la segunda, después de tomar Haffa, posiblemente ya era tarde para el principal cometido que llevo a Oriente a los tres reyes europeos, recuperar la ciudad santa.

Con toda la costa controlada era la hora de la verdad, pero antes había que negociar para intentar eludir el enfrentamiento de dos mermados ejércitos. Saladino cedió en muchos aspectos de las negociaciones, en el fondo temía al rey cruzado. Pero nunca en lo primordial, la ciudad santa también lo era del islam, y su defensa era primordial. En un ataque de ira, Ricardo preparó su ejército y en los días más duros del invierno israelí se plantó en las puertas de Jerusalén, pero pasó lo inesperado, las órdenes militares se negaron a entrar en la ciudad santa. Evidentemente tenían sus temores, Saladino estaba a la espera de las tropas egipcias, si estas llegaban en plena batalla por la ciudad, los cristianos se encontrarían entre dos frentes, pero todavía les preocupaba más en caso de conseguir tomar Jerusalén, una ciudad difícil de defender tras una posible vuelta de los cruzados a Europa. Siempre nos quedará la duda sobre el valor que los cruzados dieron a la ciudad santa.

Ricardo Corazón de León
Ricardo Corazón de León

La Tercera Cruzada había entrado en vía muerta, los cristianos volvieron a Haffa y pocos días después tomaron Ascalón, sería la última gran conquista de esta cruzada. Por otro lado, un exhausto Saladino recibió la ayuda de Egipto atreviéndose incluso a retomar algunas ciudades costeras a los cristianos, como por ejemplo un efímero paso por Haffa. Esos mismos apoyos nunca llegaron claramente a Ricardo, el cristianismo parecía demostrar una vez más que lo que más le preocupaba no era ni la Santa Cruz, ni la Ciudad Santa. Lo que más le preocupaba era mantener su estatus y el control de los puertos del mediterráneo para seguir exportando los productos asiáticos a Europa.

Por si fuera poco, las noticias que llegaban de Inglaterra no eran las mejores, los franceses seguían merodeando las posesiones inglesas en el continente, y Juan sin Tierra hermano de Ricardo perseguía un pacto con el rey francés para usurpar el poder al legítimo rey de Inglaterra.  Visto el panorama, el 2 de septiembre de 1192 se firmó el tratado que daba por finalizada la Tercera Cruzada. Los cristianos podían mantener los territorios conquistados, además de libre acceso a sus lugares santos de Jerusalén que quedaba en manos musulmanas. Ricardo Corazón de León no llegó ni a firmarlos, fueron sus hombres de confianza y los maestres del Temple y del Hospital. Al día siguiente Saladino invitó a Jerusalén a Ricardo, obviamente este la rehusó, además de prohibir que los franceses fueran merecedores de pasaporte a los Santos Lugares.

Saladino totalmente agotado murió unos meses después, seis años antes que Ricardo Corazón de León encontrará su final en un castillo francés. De este último se dijo, que había muerto el peor rey, pero el mejor guerrero. Nunca más las cruzadas verían a tres reyes acudir a la llamada de la Santa Iglesia, ni dos poderosos caballeros medievales enfrentarse, Saladino y Ricardo Corazón de León entraron en la historia para convertirse en leyendas.

Mas Info:

El reino de Acre y las últimas cruzadas, Steven Runciman, Ed. Alianza, 1999

Breve historia de las Cruzadas, Juan Ignacio Cuesta, Ed. Nowtilus, 2009

Imágenes:

commons.wikimedia

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