Wamba el rey visigodo que raparon para quitarle un reino.

Cuando el rey visigodo Wamba (672-680) llegó al poder contaba con la nada despreciable cifra de 72 años, es decir que experiencia no le debía faltar. A pesar de lo cual su final como monarca, tras ocho años de poder, nos lleva a pensar que un poco incauto e incluso inocente pudo llegar a ser.

No podemos decir lo mismo de su nombramiento, al revés, ya que tras ser nombrado rey de los visigodos en el mismo lecho de muerte de su antecesor Recesviento. Se procuró la aprobación de todos, acudiendo a Toledo la capital del Reino Visigodo, para recibir el cetro y la unción del obispo de dicha ciudad, en la Basílica de San Pedro y San Pablo.

La Galia Narbonense se subleva.

Poco le duró la tranquilidad al anciano rey, los problemas como era habitual en los tiempos visigodos no tardaron en aparecen. La primavera siguiente al frente de su ejército, hecho común entre los monarcas visigodos, partió desde Toledo con dirección a Cantabria, donde una vez más los cántabros y vascones seguían con sus cotidianas revueltas. Pero no le dejaron ni entrar en combate, desde la Septimania concretamente desde Nimes, el conde de la ciudad con la ayuda de obispos y abades se levantan en armas. Por si fuera poco los francos merovingios ven la posibilidad de incidir en los territorios al norte de los Pirineos y acabar así con el dominio Visigodo de la zona. En escasos días se apoderan de la Galia Narbonense.

Wamba renunciando a la corona tras la muerte de Recesviento
Wamba renunciando a la corona tras la muerte de Recesviento

La solución de Wamba, sin pensarlo, fue echar más leña al fuego. Envió a Paulo, un alto personaje de la nobleza posiblemente afincado en la misma Galia Narbonense, su cometido neutralizar a los insurrectos. Pero nada más llegar a Narbona cambia de bando, además encuentra el apoyo de su homólogo en la tarraconense el Duque Ranosindo. Es decir, todo el noroeste pasa en pocos días a manos de los enemigos del Rey Wamba. La historiografía no tiene claro si es un proceso de una pretendida emancipación o por el contrario una usurpación, para hacerse con todo el control de la Hispania Visigoda.

Lo cierto es que Paulo es coronado y ungido rey con la corona de uno de los antecesores de Wamba, concretamente Recaredo el primer rey visigodo que abrazó el catolicismo. El lugar elegido la Catedral de San Félix en Gerona. Acto seguido envía una carta al rey Wamba, en la cual el propio Paulo firma como rey oriental y se dirige a su homólogo como rey occidental.

El rey Wamba pasa a la acción

Como ha quedado reflejado el rey visigodo se encontraba en la Cordillera Cantábrica repeliendo la enésima revuelta cántabra. Tras acabar con ella, tiene que elegir entre esperar a la alta nobleza para que le acompañase a la Septimania, o bien encabezar su propio ejército para aplacar la rebelión. La elección tomada fue la segunda, hecho que denota su desconfianza en una nobleza que ya se la había pegado en primera instancia.

En poco tiempo se presentó en las ciudades de la tarraconenese, tomando Barcelona y Gerona. El paso siguiente fue traspasar  los Pirineos por Puigcerdá y Perthus, y tomar las ciudades de Béziers o Narbona. Ahora solo le quedaba Nimes, ciudad rápidamente sitiada con todos los insurgentes en su interior, o más bien el  interior del anfiteatro de Arles, lugar donde se rinden el 2 de septiembre del 673, bajo la promesa de que sus vidas fuesen respetadas. Pocos días después el rey visigodo estaba de vuelta en Toledo, junto a él sus prisioneros con Paulo por delante y sosteniendo en su cabeza una raspa de pescado como improvisada corona del reino oriental.

No debió tener suficiente con la humillación y decidió cambiar las leyes para obtener más ayuda de la alta nobleza. Al mes lanzó la ley de movilización militar, por la cual, ya fuera por invasión extranjera o bien por levantamiento de cualquier parte del reino. Todos los hombres, desde la Alta nobleza, pasando por el clero, hasta llegar a las capas más inferiores, situados en un radio de 100 km del lugar donde aconteciera el problema, tenían la obligación de acudir a socorrer al rey visigodo.

La tonsura del rey Wamba.

Los hechos sucedieron el 14 de octubre del año 680, el rey Wamba pidió retirarse a sus aposentos, dado que su estado de salud había sufrido una gran recaída, no olvidemos que tenía 80 años. Acto seguido le siguieron a la misma sus más allegados colaboradores entre ellos el obispo Julián de Toledo y un personaje de la alta nobleza visigoda, Ervigio.

Ante la inminente muerte del rey, consiguen que abdique la corona a favor de Ervigio, acto seguido como buen cristiano recibe del la penitencia pública de su “fiel” cronista el obispo Julián de Toledo. Es vestido con los hábitos de un monje y tonsurado, es decir el rapado de la coronilla necesario para ingresar en una orden religiosa de la época, luego tras hacerle la señal de la Santa Cruz estaba por fin preparado para morir.

Pero para sorpresa de todos a los pocos días despertó, aunque ya era demasiado tarde, Ervigio se había convertido en el nuevo rey visigodo. Además Wamba no podía reclamar el puesto, como buen cristiano debía acatar las normas dictadas por los padres conciliares. En concreto el canon 17 del Concilio VI, que señala bien claro la exclusión de la posibilidad de convertirse en rey, a aquellos que hubiesen tenido contactos previos con la iglesia.

Nunca se pudo demostrar completamente la conspiración, aunque se vislumbra a millas de distancia.  En el siguiente concilio, es decir el XII, los seguidores de Wamba llevaron a debate el asunto, de que personas en estado de inconsciencia no debían ser responsables de las leyes aplicadas a los tonsurados.  Pero los padres conciliares se opusieron, tras comparar el caso de la tonsura de Wamba, con un niño pequeño que recibe el bautismo antes de tener conciencia de ello.

Monolito del rey Wamba en Pampliega
Monolito del rey Wamba en Pampliega

Otro aspecto delator es el cambio de la ley militar nada más llegar. Ahora los nobles solo estaban obligados a mandar un 10% de sus hombres a apoyar al rey, pudiendo seguir con sus tareas por ejemplo las agrícolas. Además se excluyó al clero de esta polémica ley. En  definitiva que Wamba tuvo los mismos dos enemigos que el resto de reyes visigodos, nobleza y clero.  Aunque ello no fue óbice para que pasara sus últimos ocho años de vida junto a estos últimos, concretamente como monje del monasterio de Pampliega, tristemente desaparecido.

Los siete pecados “capitales” que llevaron a la hoguera a Jacques de Molay.

El día 18 de marzo de 1314 mientras Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple, ardía en la hoguera instalada frente a la catedral gótica de Notre Dame, no muy lejos de allí, el rey de Francia Felipe IV respiraba aliviado.  Sin duda un grave error como se demostraría poco tiempo después.

El juicio contra los Templarios.

Todo comenzó seis años antes, después del verano de 1307, el rey de Francia instó a su consejero Guillermo de Nogaret a que buscará los entresijos para poder condenar al Gran Maestre. Era evidente que detrás de esta inquietud existía un motivo económico, las deudas contraídas por el rey con los Templarios eran desorbitadas, y como estos solo debían rendir cuentas al Papa, o acababa con ellos, o la deuda se convertiría en su tumba.

Recreación animada de Felipe IV de Francia
Recreación animada de Felipe IV de Francia

El cometido era claro los templarios debían ser juzgados por sus pecados, y así el Papa les levantaría su protección. Aunque la lista de acusaciones parece ser que fue muy extensa, la podemos sintetizarla en los “siete pecados capitales de los Templarios” aduciendo a la célebre cifra de los vicios que todo buen cristiano debía eludir, por cierto con curiosas coincidencias.

Los siete pecados.

  1. Los templarios fueron acusados de tener una alianza con el diablo para obtener las riquezas, es decir ya encontramos la primera de las coincidencias con los siete pecados capitales, exactamente la avaricia. Que Felipe IV se atreviera a acusar a los templarios de avaros tiene su morbo, ya que fue el rey que estafó a su pueblo mediante la alteración de las aleaciones de las monedas, con tal de sanear sus paupérrimas finanzas.
  2. Profesar culto a Satán, concretamente en la figura de Baphomet, un ser mitológico con patas y cabeza de cabra, dotado de grandes alas negras. No se conoce a ciencia cierta cómo Felipe IV encontró relación entre los templarios y dicho ser mitológico. Es más, dicho ser parecer surgir en la mitología tras el proceso contra los Templarios, algunos simplemente lo relacionan con Mahoma, ya que el rey francés pudo aprovechar el paso de Jacques de Molay y los suyos por los territorios del islam, para asignarles este culto herético a sus acérrimos enemigos. El resto las continuas torturas para sonsacarles la declaración de que adoraban al desconocido hasta entonces Baphomet.

    Bapthomet
    Bapthomet
  3. De lujuria desenfrenada, volvemos a encontrarnos ante otro de los pecados capitales. Pero en este caso agravado con la acusación de que para mitigarla se convirtieron en homosexuales, un verdadero escándalo para la iglesia medieval. Bueno y para la de hoy día, algunas cosas no han cambiado tanto. Para conseguir las pruebas acusatorias, Guillermo de Nogaret acudió a las temerosas bases templarías para que corroboraran tan “enorme pecado”.
  4. Negación de los sacramentos, sin duda una de las acusaciones más graves, ya que intentaba poner al pueblo contra los Templarios. Al ser acusados de no ejercer en sus ceremonias con el rito cristiano de consagración de los sacramentos, les acusaban directamente de falsos. Hay que imaginar que podía pensar una viuda que su marido había sido enterrado sin el perdón de Dios, por la falta de esta consagración tras aplicarle la extremaunción un templario. Pero además este supuesto pecado equiparaba a los templarios con los cátaros, los grandes enemigos de los franceses en el sur de Francia.
  5. Besarse en la boca y en el culo, seguimos con la lujuria e indecencia. Aunque por cierto ambas actos eran verdad, ya que los caballeros del Temple juntaban sus labios como señal de iniciación, el motivo trasmitirse el aliento sagrado remitido en las antiguas escrituras. El otro beso, donde la espalda pierde su nombre, parece ser que no era tan habitual, pero también era parte del proceso iniciático de los templarios, en este caso como el lugar donde se juntaban las chacras el cuerpo según algunas tradiciones orientales.
  6. Escupir sobre la cruz, siguiendo con el rito de iniciación de los novicios templarios, encontramos que supuestamente eran obligados por sus superiores a escupir sobre el símbolo de los cristianos. Un acto que bien podía ser una prueba de obediencia después de la promesa del nuevo integrante de acatar todas las órdenes de sus superiores. Realmente es un hecho que siempre ha levantado grandes dudas de que fuera cierto, ya que se hacía en la completa intimidad. Pero que de nuevo tras las declaraciones de las capas más bajas de la sociedad Templaria sirvió de pretexto al rey, y a Nogaret para lanzarles la acusación.
  7. Renunciar a Cristo, si uno lo había hecho es que todos podían hacerlo. Es decir Nogaret se agarró a lo sucedido con Tomás de Berault el Maestre del Temple que quedó atrapado por los musulmanes durante el refugio de los cristianos en San Juan de Acre. Su única oportunidad para ser puesto en libertad pasaba por renunciar a Cristo, cosa que hizo a continuación.

El final de Jacques de Molay.

Como podemos observar Guillermo de Nogaret elaboró una lista con “gravísimos pecados”. El siguiente paso fue presentárselos al Papa Clemente V, el primer Papa que se instaló en el palacio de Aviñón y un auténtico títere en manos del rey de Francia. Este aspecto es discutido en la actualidad debido a la localización del Pergamino de Chinon,  escrito en el mes de agosto de 1308 por dicho Papa y en el cual exonera a Jacques de Molay, y por ende a los templarios de sus pecados.

Replica del pergamino de Chinon, el verdadero se expone en los Museos Vaticanos

A pesar de lo cual el denominado Proceso contra los Templarios siguió su curso. Casi seis años de torturas, persecuciones, interrogatorios y vejaciones, fueron poco a poco minando la moral del Maestre de la Orden y de sus más allegados colaboradores. Era evidente el final que les esperaba.

Es de sobras conocida la maldición que lanzó Jacques de Molay, así como su cumplimento, en menos de un año tras la muerte del Maestre, fallecieron en extrañas circunstancias los tres, Papa, Rey y consejero. Pero además solo catorce años después, tras la muerte de Carlos IV, se extinguía la Dinastía de los Capetos, lanzando a Francia contra la interminable Guerra de los Cien Años. (os invito a conocer más detalles de esta en siguiente artículo)

El último salto en el tiempo nos lleva al 21 de enero de 1793, es decir casi cinco siglos después del supuesto fin de los Templarios. Ese día mientras la guillotina de la Revolución francesa caía sobre el cuello del último Borbón francés, Luis XVI. Un grito surgió en medio de la gente; “Jacques de Molay, ahora sí ya has sido vengado”. El espíritu de la Orden del Temple seguía allí, e incluso posiblemente encabezando revoluciones o luchando por los derechos humanos.

Una pequeña reflexión

No quiero concluir sin haceros participe de un asunto que me ronda la cabeza cada vez que leo algo sobre los templarios. Por un lado convertidos, tras su triste final, en uno de los símbolos de la Edad Media como defensores del cristianismo y al lado de los más débiles, lugares donde especialmente la literatura nos lo han colocado. Pero, ¿qué decir de las fortunas que amasaban? Hoy día somos muchos los que dudamos de la bondad del Capitalismo, ¿Quién os parece que representaba el capitalismo medieval? No sé, pero posiblemente no soy el único que vislumbra una cruz patada, en la pechera de cualquiera de los asistentes al Foro de Davos, y sinceramente no se qué pensar. ¿Qué os parece a vosotros?

El Crac de los Caballeros, el castillo más admirable y mejor conservado del mundo.

A lo que podemos añadir más inexpugnable, o al menos eso es lo que pensó Thomas Edward Lawrance, el célebre Lawrance de Arabia, un día del verano de 1909, cuando se presentó delante de aquella enorme mole de piedra situada en las montañas del sur de la actual Siria.

Lawrance de Arabia.

Al oficial del ejército británico, T. E. Lawrance nacido en 1888 en condado gales de Caernarvonshire, se le suele asignar una pasión por los castillos desde su niñez. Debido a ello se matriculó en 1907 en el Jesus College de Oxford para estudiar su pasión, la historia. Desde que comenzó segundo curso tuvo claro el camino que debía seguir su carrera, ya que eligió Historia militar y estratégica como proyecto de investigación.

Ese mismo verano de 1908 ya emprendió su labor de recopilar información para su tesis doctoral. Dicha labor consistió en recorrer en bicicleta el centro y sur de Francia, para elaborar un detallado dossier sobre los castillos medievales del país galo. Pero no debió ser suficiente para él, así que el verano siguiente siguiendo los consejos del director del museo Ashmolean de Oxford se dirigió a la costa del actual Líbano, para estudiar los castillos que habían construido en la zona los cruzados cristianos.

Lawrence de Arabia
Lawrence de Arabia

Acompañado de su libreta de apuntes, su pistola y su brújula recorrió los caminos de Oriente Próximo en busca de al menos 35 castillos que aparecieron en su tesis doctoral. Titulada “la influencia de las Cruzadas en la arquitectura militar europea” evidentemente supuso una matrícula de honor para nuestro personaje, además de suponer en la actualidad uno de los documentos más importantes para el conocimiento de los castillos cruzados.

El comienzo de El Crac de los Caballeros.

Como es conocido en el año 1099 los cruzados cristianos toman la ciudad de Jerusalén. Pocos años después en 1110, Tancredo de Hauteville se hace con la fortaleza musulmana denominada el Castillo de los Kurdos, que se encontraba en plena fase de construcción desde que el emir de Alepo la mandó levantar en el año 1031.

Pero tendrán que llegar los caballeros de la Orden Hospitalaria en 1142 tras la cesión del Conde Raimundo II de Trípoli, para que entre ese año y 1170 se acabe convirtiendo en el majestuoso Castillo del Crac de los Caballeros, que más de ocho siglos después encuentre el aventurero, arqueólogo y militar británico T. E. Lawrance.

Una historia de asedios, con trampa final.

Hasta una docena de asedios tuvo que resistir la fortaleza cristiana ante los repetidos intentos musulmanes de recuperar la plaza, los más célebres vinieron del gran Saladino. El primero tuvo lugar en 1180 y el segundo de ellos tras la gran victoria musulmana en la Batalla de Hattin (1187), un año después el asedio continuaba sin éxito, a lo sumo con la muerte del maestre de la Orden del Hospital.

Tuvo que pasar cerca de un siglo para que los musulmanes se instalasen en el Crac de los Caballeros. Concretamente el 3 de marzo de 1271 el sultán de Egipto Baybars, decide buscar un toque de prestigio ante sus rivales musulmanes, para ello era necesario conquistar el inexpugnable castillo cristiano. El asedio duro más de un mes y resultado a pesar de haber reunido el mayor ejército musulmán hasta la fecha, fue infructuoso como los anteriores. Solo habían conseguido romper la primera línea defensiva, pero el interior del castillo seguía imperturbable, ocupado por unos cuantos caballeros con la ayuda de los valientes campesinos.

Pero algo cambio esta vez, a principios del mes de abril una paloma mensajera se posó en el interior del recinto principal. El mensaje era claro, los caballeros hospitalarios debían abandonar la fortaleza, y pactar con el enemigo la entrega, a cambio de su propia protección hasta la zona cristiana en los alrededores de Acre. Dicho y hecho, el día siguiente los caballeros hospitalarios junto al resto de habitantes de la fortaleza abandonaban el Crac de los Caballeros, ante la atenta mirada de los impasibles mamelucos del sultán Baibars.

El sultán Mameluco Baibars
El sultán Mameluco Baibars

La célebre nota iba firmada por el propio Gran Maestre de la Orden Hospitalaria de Trípoli. Es evidente que todas las miradas apuntan a un engaño por parte de los consejeros del sultán egipcio, pero es un aspecto que no ha podido ser demostrado. Aunque nadie deba descartar una salida por la puerta de delante, de unos caballeros cristianos abandonados a su suerte, ante la presión ejercida por los musulmanes en los escasos territorios que los primeros conservaban todavía en los alrededores de Tierra Santa. Sea como fuese, lo claro e incontestable es que la fortaleza del Crac de los Caballeros se mostró como la más inexpugnable de todas las que fueron construidas en el periodo de las cruzadas cristianas, ya que es evidente que nadie consiguió conquistarla por la fuerza.

Las murallas defensivas de El Crac de los Caballeros.

Como bien nos describió Lawrance de Arabia fueron varios los puntos que hicieron del Crac un recinto impenetrable para los enemigos. Además podemos añadir que su enorme extensión de 2,5 hectáreas, hacen de este hecho un valor añadido. La fortificación es considerada de anillos concéntricos, en primer lugar se construyó el castillo interior todo rodeado de una gran muralla defendida por torres circulares y un gran baluarte en el sur, el lugar más vulnerable de la instalación.

Posteriormente se añadió la muralla exterior, prácticamente el doble de alta que la primera y toda ella defendida por diferentes torreones, unos circulares y otros cuadrados  para adaptarlos a una mejor defensa. Llama la atención especialmente las ridículas dimensiones de la puerta de entrada, no mayor que la de cualquier estancia interior. Entre ambas murallas un espacio vacío donde se desarrollaba la vida cotidiana del castillo en tiempos de calma, pero que luego se convertía en una ratonera para los invasores de la fortaleza. A este aspecto se sumaba la puerta de acceso entre el exterior de la fortaleza y el interior del recinto principal. Dicha entrada se efectuaba a través de unos pasillos en forma de zig-zag y con la particularidad de que se encontraban techados y con diferentes agujeros, por los que los defensores del castillo arrojaban desde flechas hasta aceite hirviendo.

Un castillo preparado para largos asedios.

Según Lawrance de Arabia la fortaleza hospitalaria estaba preparada para resistir cinco años, con 2000 hombres, y 1000 caballos de guerra en su interior. Como ha quedado dicho, el Crac de los Caballeros resistió al menos 12 asedios, para que esta empresa tuviera éxito el castillo contaba con las estructuras necesarias para que los caballeros no desvanecieran en la protección de mismo.

El célebre Salón Gótico
El célebre Salón Gótico

Uno de los primeros elementos que llaman la atención en un acueducto que llega al castillo por el lado sur del mismo, su función abastecer nueve cisternas distribuidas por todo el perímetro del castillo. Sus enormes almacenes, de hasta 120 m,  podían contener grano y animales para el sustento alimenticio de los caballeros hospitalarios.

Una vez resulto dicho sustento, los caballeros hospitalarios contaban con una serie de estancias destinadas a favorecer su forma de vida en el interior de la fortaleza.  Sus aposentos se hallaban en el interior de la muralla perimetral exterior, distribuidas en diferentes salas con algunas de ellas de más de 100 m de largo. En dicha muralla también se encontraban las caballerizas y evidentemente los puestos de vigilancia. Su vida a buen seguro transcurría entre dicha muralla exterior y el espacio que se abría entre las dos murallas, allí se instalarían los talleres, las tiendas, o los lugares de entrenamiento.

En el castillo principal, o central, se hallaban los edificios comunes más significativos, con la excepción de una austera habitación que se encontraba en una de las torres del sur, su inquilino el Gran Maestre de la Orden. Del resto de edificaciones destaca la capilla, que curiosamente tiene dos puertas de entradas una hecha por los cristianos, y la otra tras la toma por los musulmanes, que además la utilizarían como mezquita tras construir en ella un minbar. La otra significativa estancia era el lugar de reuniones de los dirigentes hospitalarios. Se trataba de su gran sala gótica de 27 metros y cubierta con bóvedas de crucería. Fue una de las últimas construcciones cristianas en llevarse a cabo, a mediados del siglo XIII. Además de una de las más seguras al hallase en el centro del castillo de El Crac de los Caballeros.

La capilla cristiana con el Minbar
La capilla cristiana con el Minbar

Patrimonio de la Humanidad.

Esta impresionante fortaleza fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2006, los motivos ser uno de los mejores ejemplos, sino el mejor, de las construcciones cruzadas en Oriente Próximo. Un verdadero símbolo de la necesidad de favorecer un progreso técnico en la arquitectura militar, así como de la necesidad de adaptación de las construcciones a las dos culturas que pasaron por la zona, cristianos y musulmanes.

Sin olvidar que a principios del siglo XXI era una de las mejores conservadas, esperemos que tras bombardeos de 2012-2013, podamos seguir pensando lo mismo y que los daños de la guerra en Siria sean los mínimos.

Jaime I el Conquistador, así se gestó el rey Templario.

Hoy nos encontramos ante la historia de unos de los reyes más importantes de la Corona de Aragón. Podemos decir que además fue uno de los más conocidos, tanto por ser el más longevo en el cargo, con más de 60 años en el mismo, como uno de los mayores conquistadores entre los reyes aragoneses. A pesar de lo cual su valoración histórica se reparte entre los que le culpan de la extraña línea fronteriza que hoy separa las comunidades de Cataluña y Aragón, y los que le alaban como el fundador de los reinos cristianos de Valencia y Mallorca.

El extraño engaño que propició el nacimiento de Jaime I

La historia de nuestro personaje comienza en la primavera del año 1207, con el rey Pedro II camino del Castillo de Miraval situado en la Occitania, durante el periodo que esta perteneció a la Corona de Aragón. El motivo del viaje encontrase con alguna de las doncellas occitanas, con las cuales solía tener encuentros amorosos, debido a su nula convivencia con la reina María de Montpelier. Pero la trampa está servida por la nobleza, sobre el lecho se encontraba la reina, la necesidad de un heredero de la Casa de Aragón bien valía la treta. Según la tradición el rey cayó en el engaño, y nueve meses después en Montpelier nacía un niño muy rubio y con ojos claros.

La elección del nombre del recién nacido corrió a cargo de un extraño juego. La reina mandó hacer doce grandes lirios, a los cuales bautizó con los nombre de los doce apóstoles, luego mandó prenderlos al unisonó, con la promesa de poner al niño el nombre del que tardará más tiempo en consumirse. De esta manera fue bautizado en Montpelier con el nombre de Jaime, por el apóstol Santiago.

Jaime I rey a los cinco años.

Pero Pedro II no pareció que perdonara muy fácilmente el engaño. A los cuatro años el joven Jaime fue entregado al noble occitano Simon de Monfort, el motivo a simple vista pareció ser doble, por un lado casarse con la hija de este y por otro alejarlo de la reina. Lo cierto es que las relaciones entre el rey Pedro II y el noble occitano no pasaban por un buen momento, el llamamiento del Papa Inocencio III a la cruzada albigense enfrentaba las aspiraciones de ambos.

Inocencio III, y los cruzados contra los cátaros.
Inocencio III, y los cruzados contra los cátaros.

Por un lado Simon de Monfort debía defender los intereses católicos del Papa frente a los herejes cátaros, por otro el rey Pedro, aunque declarado católico debía temer perder el apoyo de los cátaros, verdaderos aliados de la Corona de Aragón, frente al poder central de los Capeto franceses. Sin duda estos pretendían usar la cruzada para arrebatar a los aragoneses el reino occitano.

Además de la consabida guerra, el año 1213 será nefasto para el joven heredero Jaime. La primera noticia e inesperada llegaba de Roma, María de Montperlier moría en la ciudad Papal, donde había acudido para pedir ayuda al Papa ante los desmanes de Pedro II. Pero no quedaría ahí la cosa, unos meses después el conflicto albigense tiene uno de los episodios más cruentos con la Batalla de Muret. En ella fallecía Pedro II luchando prácticamente en solitario contra los ejércitos cruzados dirigidos por Simon de Monfort, el encargado de custodiar al futuro rey de Aragón, menudo situación tan contradictoria.

Tras la muerte de Pedro II, el único heredero consanguíneo de la Corona de Aragón, un niño de cinco años, se hallaba custodiado por un potencial enemigo. La nobleza aragonesa no podía consentirlo así que una delegación encabezada por Nuño Sánchez se dirige Roma. Un inciso para presentar a este noble, auténtica mano derecha del rey Pedro II, especialmente tras su participación en la Batalla de Navas de Tolosa, tras la que fue nombrado señor de la Cerdaña y el Rosellón, dos de los condados catalanes bajo el paraguas de la Corona de Aragón.

Las prerrogativas de Nuño Sánchez al Papa Inocencio III tuvieron un efecto positivo. Este último ejerciendo como cabeza visible del cristianismo hizo llegar la orden a Simon de Monfort de la entrega del heredero a la nobleza aragonesa. De tal forma que a principios del verano de 1214, Jaime partía hacia un nuevo destino para seguir formándose como rey de Aragón. Su siguiente instructor sería un compañero de su padre en la derrota de Muret, el maestro de la Orden del Temple Guillem de Montredon, su destino el Castillo de Monzón, donde pasaría los siguientes tres años.

La coronación de Jaime I.

El camino hacía Aragón de nuestro protagonista no fue hecho en solitario, junto a él viajaba Ramón Berenguer, su primo, algunos años mayor que Jaime I y que actuaría dentro del castillo como su protector. Sin duda el paso de ambos por Monzón está repleto de incógnitas, lo que debía ser un lugar de aprendizaje, fue visto por ambos y por sus allegados como una especie de cárcel, o al menos es lo que se deduce de las memorias escritas por Jaime I. En las cuales describe su salida del Castillo de Monzón con un lacónico “no podían tenernos encerrados más tiempo”. Lo dicho, una incógnita y más tras ver como se acabará convirtiendo en uno de los reyes aragoneses más prolíferos en cuanto a conquistas, de la mano de sus supuestos raptores los Templarios de Aragón.

Castillo de Monzón
Castillo de Monzón

Por otro lado destacar que el camino al Castillo de Monzón no fue realizado de forma directa. El clima de preguerra entre las diferentes facciones nobiliarias hizo que los nobles más afines al joven príncipe prepararan las denominadas “primeras cortes Catalano-aragonesas”. Estas se celebraron en el castillo de la Suda en la ciudad de Lérida, a pesar de que se suelen considerar las primeras, gran parte de la historiografía duda de esta afirmación. El motivo la gran preparación con la que contaban dichas cortes, a las mismas asistieron gran parte del clero, encabezado por arzobispos, obispos o los principales abades, los más destacados nobles y al menos diez jueces que debían atestiguar lo que allí se firmara.

De esta forma y en los brazos del arzobispo de Tarragona, Aspargo, entró el joven Jaime en el palacio de la Suda, donde se convirtió en Jaime I. Mientras Nuño Sánchez uno de sus protectores quedaba como regente del reino, el nuevo rey partía hacia Monzón para convertirse en un rey a la usanza de los templarios.

La salida del Castillo de Monzón.

El primero en ser “liberado” de Monzón fue Ramón Berenguer, tras un supuesto pacto con los templarios fue rescatado una noche y conducido al puerto marítimo de Salou, donde embarcó camino de la Provenza.

Por lo que respecta al rey Jaime I de Aragón fue rescatado unos días después por una serie de nobles contrarios a Nuño Sánchez, este último parecía estar disconforme con la salida del joven rey de Monzón, era evidente su futura pérdida de influencia.

Pese a estas discrepancias, dos días después de salir del Castillo de Monzón, el rey Jaime I hacia su entrada en Zaragoza, bajo las muestras de júbilo de sus ciudadanos. Acompañado por Rodrigo de Lizana, o Pedro Fernández entre otros, y ataviado con su primera cota de malla prestada. Tenía nueve años y todavía tuvo que esperar uno más, para que de nuevo en las Cortes de Lérida fuera declarado mayor de edad el 2 de septiembre de 1218.

Las conquistas de la Corona de Aragón en el mediterráneo
Las conquistas de la Corona de Aragón en el mediterráneo

De esta forma se ponía marcha uno de los reinados más fructíferos de la Corona de Aragón. Jaime I tuvo dos esposas, cinco hijas y cuatro hijos, dos de ellos llegaron a convertirse en reyes, como Pedro III y Jaime II. Pero además y junto a sus socios templarios y tras neutralizar las diferentes revueltas de la nobleza, conquistó las Islas Baleares, Valencia y por último Murcia, esta última perdida previamente por los castellanos. Jaime I el rey Templario murió en el año 1276.

Por último os invito a conocer una de las mejores biografías de Jaime I:

Ingunda, la princesa franca que cambió la religión de los visigodos.

Si algo en lo que se ponen de acuerdo la mayor parte de las fuentes del periodo visigodo, es la figura del Rey Leovigildo. Ya que está considerado uno de los monarcas que mayores esfuerzo realizó para consolidar el reino visigodo Hispano. De tal forma que este se convirtiera en  una de las monarquías altomedievales más importantes de la Europa Occidental.

Podemos asegurar que lo consiguió en muchos aspectos. Ya que conquistó los territorios de sus vecinos los suevos, pacificó la zona cántabra sumida en continuas rebeliones, y arrinconó a los bizantinos en el sudeste peninsular. Además consiguió revolucionar la presencia de la monarquía visigoda, si hasta entonces seguían pareciendo unos bárbaros, Leovigildo copió el ceremonial bizantino y comenzó a vestir con ricos atuendos de telas importadas.

En definitiva su reinado entre 571-586 fue uno de los más exitosos del periodo visigodo, con el único “pero” de la elección de la mujer de su hijo y futura reina.  Esta estuvo a punto de costarle el reino y que acabará poniendo un grano de arena muy importante, para que el catolicismo sustituyera el tradicional arrianismo, como religión oficial de la Hispania Visigoda.

El lio familiar del rey Leovigildo.

Cuando Leovigildo llegó al poder, aproximadamente en el año 571, llevaba consigo dos hijos de su primera esposa fallecida, y de la cual no se conoce ni su nombre. El mayor de ellos Recaredo, el menor Hermenegildo. Nada más llegar al poder decide buscar una reina y madre para sus hijos, la elegida fue Gosvinda, que ya contaba con experiencia previa tras haber sido reina consorte con Atanagildo, uno de los antecesores de nuestro protagonista.

Leovigildo
Leovigildo

Además Gosvinda tenía algunos lazos familiares que parecían interesantes para el rey visigodo, siempre dispuesto a reforzar su posición con  pactos con los vecinos francos. La nueva reina era madre de Brunequilda, desde el año 575 monarca del reino franco de Austrasia, después de enviudar del rey Sigeberto I. Además ambos tenían dos hijos Childeberto futuro rey franco de Austrasia, y la joven princesa Ingunda.

La llegada de la princesa Ingunda.

Efectivamente quién mejor para casarse con un futuro rey que la nieta de la propia reina. En este lugar debemos hacer un inciso, ya que a pesar de que Hermenegildo era el más pequeño de los dos hermanos, ambos fueron asociados al trono por su padre Leovigildo. Por cierto, en una decisión no exenta de conflictos con la alta nobleza, que veía poner en peligro la costumbre de elegir al futuro rey por la asamblea de nobles.

Lo cierto es que en el año 579 la princesa Ingunda se encamina hacia Toledo, en una práctica muy habitual en la época de matrimonios concertados para reforzar la relación franco-visigoda. Su destino casarse con Hermenegildo, y su único problema su declarado catolicismo, algo que podía causar inconvenientes en la corte toledana regida por el culto arriano.

Aspecto este último que no debió preocupar en exceso a la reina Gosvinda, convencida de poder convertir a la joven princesa al arrianismo. Pero a los francos no les debió parecer una buena opción, antes de ser enviada a Toledo, Ingunda fue dirigida hacia la ciudad Agde en la Septimania. Allí se encontró con Fronimio recientemente elegido obispo de la ciudad que se ocupó de reforzar la fe de la princesa católica. De esta manera a su llegada a Toledo, todos los esfuerzos fueron en vano, a pesar de los maltratos, las palizas, e incluso un forzado bautismo arriano, Ingunda no renunció a su fe católica.

Hermenegildo e Ingunda a la Bética.

Ante el cariz que estaba tomando el asunto el rey Leovigildo decide mediar. Si un año antes había fundado una ciudad para su hijo Recadero, en este caso Recópolis. A Hermenegildo y su esposa Ingunda, los envía a la Bética, por aquel entonces uno  de los territorios más prósperos del reino.

Restos de la antigua Basílica de Recopolis
Restos de la antigua Basílica de Recópolis

A partir de este punto es difícil conocer las causas que llevaron a Hermenegildo a levantarse en armas contra su padre. Lo evidente es que sí en aquellos momentos, año 579, todavía no había abrazado el catolicismo, sí que lo haría en el 582. Es decir que fue antes el huevo o la gallina, la causa de la rebelión se puede buscar en la defensa del catolicismo de Ingunda, frente al arrianismo de la corte toledana.

Aunque este aspecto es visto por una gran parte de la  historiografía, como una forma de mitificar la figura tanto de Ingunda, como de Hermenegildo. Ya que para gran parte de dicha historiografía pesó más las causas económicas y políticas, por parte de unos terratenientes hispano-romanos, dispuestos a acabar con el poder centralizador de la monarquía visigoda. Además de poder convertir la Bética en la cabecilla de los reinos católicos de la antigua Hispania, para ello contaron con el inestimable apoyo de uno de los más fieles asesores de Ingunda y de Hermenegildo, el obispo de Sevilla, San Leandro.

La revuelta de Hermenegildo.

A finales del año 579, Hermenegildo se proclama rey en la ciudad de Sevilla. Tras lo cual se dispuso a encontrar las alianzas necesarias para acabar con su padre. Además a este último no parecían faltarle los enemigos, los suevos, los bizantinos y los francos con lazos sanguíneos con la pretendida reina Ingunda, debían apoyar a Hermenegildo y con ello debilitar el gran reino que en años precedentes había ido consiguiendo el rey visigodo Leovigildo. Aunque  la historiografía no es muy clara con las diversas participaciones de estos reinos enemigos.

A pesar de todo, Leovigildo no pareció tomar muy en serio la revuelta de su hijo, posiblemente le pesaba más la inestabilidad en el norte de la península, donde los pueblos vascones no acababan de acatar el domino visigodo. Pero todo cambió tres años después, en el 582, el obispo Leandro tras volver de Constantinopla, donde pudo haber pactado con el emperador bizantino Tiberio II una unión católica para acabar con el arrianismo, bautiza a Hermenegildo convirtiéndolo al catolicismo.

Ahora la reacción de Leovigildo no se hizo esperar. La primera ciudad atacada fue Mérida donde las tropas de Hermenegildo pudieron contar la con la ayuda de los suevos, pero ni esta fue suficiente, la ciudad fue tomada ese mismo año 582. Las consecuencias para los suevos fueron el fin de su reino tres años después, con la conquista de Leovigildo de los restos suevos en el noroeste de la Península.

La siguiente ciudad en ser atacada fue Itálica, la cuna de emperadores romanos sirvió como punta de lanza de las tropas arrianas para el asedio de Sevilla, la gestante capital católica de Hermenegildo. Para sacudirse el asedio, este último pidió la nueva ayuda a los bizantinos, pero parece ser que esta nunca llegó gracias a un suntuoso pago del rey visigodo Leovigildo a los bizantinos. Pero la suerte estaba echada, los dos últimos reductos béticos, Córdoba y Sevilla, cayeron en el año 584.

Pese a todo el catolicismo se impuso en la corte visigoda.

Poco antes de sucumbir, Hermenegildo puso a salvo a Ingunda junto a su recién nacido, enviándolos a los dominio bizantinos de la Península Ibérica. Desde allí partirían a Constantinopla, capital del Imperio, pero desgraciadamente Ingunda encontró la muerte por el camino, durante una parada en la ciudad de Cartago.

En lo referente a Hermenegildo, una serie de actos lo acabaran convirtiendo en uno de los santos del calendario cristiano. Tras la toma de Córdoba es apresado por las tropas del rey Leovigildo, pese a lo cual, este no quiso acabar con la vida de su hijo. Poco después fue enviado a la Tarraconese, donde encontró la muerte en el año 585 a manos de Sisberto, un declarado arriano. La respuesta del hermano de Hermenegildo, Recaredo, fue que ejecutaran al asesino, aspecto que dejaba a las claras la postura del futuro rey. Volviendo a Hermenegildo fue declarado santo y mártir en 1585, desde cuando cada 13 de abril se festeja su onomástica, convertido en San Hermenegildo patrón de los conversos.

San Hermenegildo patrón de los conversos

Muchos cronistas ven en los últimos dos años de vida de Leovigildo un arrepentimiento. Pero la evidencia era clara, la nobleza y las altas instancias religiosas que habían emanado de la época tardorromana, nunca habían renunciado a su catolicismo. Este hecho sin duda pesó en la decisión del sucesor de Leovigildo, Recaredo, que se convirtió en el primer rey católico y visigodo de la Península Ibérica. A buen seguro la lucha de su cuñada Ingunda debió estar presente en su mente, el día que decidió cambiar la religión oficial del reino visigodo de Hispania.

Más info: Breve historia de los godos, Fermín Miranda García, Ed. Nowtilus, 2007

Imágenes: commons.wikimedia

El castillo de Miravet, un refugio Templario a orillas del río Ebro.

En la margen derecha del río Ebro y a escasos kilómetros antes de que entregue sus caudalosas aguas al mar Mediterráneo, surge la figura imponente del Castillo Templario de Miravet. Su apelativo de Templario tiene su razón de ser, ya que a pesar de su origen islámico, y de mantenerse activo gran parte de la historia, sus enormes muros fueron construidos por los Templarios para poder ocultar sus grandes secretos.

La corona de Aragón y los Templarios.

La historia del Reino, posteriormente Corona de Aragón, con los caballeros de la Orden del Temple van inexorablemente unida. En especial desde la muerte de Alfonso I el Batallador (1134), que tras morir  convierte, entre otros, a los templarios en sucesores de los territorios aragoneses. A pesar de que no acabarán por heredarlos, por injerencias de la más alta nobleza, les reportó una posibilidad única de intervenir en la política aragonesa. Desde ese momento serán imprescindibles en la tarea de conquistar y administrar los territorios musulmanes con los que fue agrandado el Reino de Aragón.

Los templarios y Ramón Berenguer IV.

El elegido para sustituir a Alfonso I fue su hermano Ramiro II, este último impuesto por la alta nobleza, estaba más decidido a dedicarse a la vida monástica que ha reinar el joven reino. Por lo que tras casar a su hija de un año de edad, con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, decide dejar la corona en manos de su nuevo yerno.

La primera decisión del nuevo príncipe fue pactar con las órdenes militares religiosas, entre ellos la Orden del Temple, la polémica herencia de Alfonso I. Los territorios del Reino de Aragón serían hereditarios para la monarquía aragonesa, a cambio los templarios recibirían privilegios y grandes dominios de las nuevas tierras conquistadas. Tras el pacto todo estaba listo para la colaboración entre la monarquía, la alta nobleza y los templarios, para conquistar los territorios musulmanes del este de la Península Ibérica.

Conquista o reconquista, según se mire. Exactamente, no vamos en entrar en discusiones, para unos, en este caso los cristianos reconquista, para los musulmanes de enfrente, conquista.  Lo cierto que en pocos años el reino cristiano reconquistó todos los territorios al norte del rio Ebro, como por ejemplo Tortosa en el año 1148 o Fraga y Lérida de 1149.

Los dos últimos reductos musulmanes que quedaron fueron Siurana, un pequeño enclave situado sobre un peñón a más de 700 metros por encima del nivel de mar, y nuestro protagonista de hoy Miravet. Ambos resistieron hasta 1153 el asedio de las tropas cristianas.

La importancia del Castillo de Miravet.

 Tras la conquista, Ramón Berenguer IV concede el territorio a  los templarios, que rápidamente inician la construcción sobre la fortaleza musulmana, de uno de los mejores ejemplos de castillo monasterio románico cisterciense, de la Península Ibérica. Su cometido reforzar las líneas defensivas que los ríos ejercían de forma natural en el Reino de Aragón. Por dicho motivo los reyes cristianos concedieron los templarios, aparte de Miravet, Tortosa también en el río Ebro, Monzón en el río Cinca y Gardeny en el río Segre, estos dos últimos con anterioridad a nuestro protagonista. Tras lo cual, los cuatro formaron una línea defensiva, que además sirvió como punta de lanza para la conquista de los territorios valencianos.

Ramón Bereguer IV junto a sus esposa Petronila
Ramón Bereguer IV junto a sus esposa Petronila

La época de mayor esplendor de Miravet llegará con el rey criado como templario en el castillo de Monzón, Jaime I de Aragón (1213-1276). Durante este periodo, cuando se produjeron las grandes conquistas al sur del río Ebro y en el Mediterráneo, la sede provincial del archivo y el tesoro de la corona de Aragón tuvieron su sede en el Castillo Templario de Miravet.

El trágico asedio del Castillo de Miravet.

Como es conocido Jaques de Moley, el último Gran Maestre de la Orden del Temple, es apresado en París en el año 1307. Mientras el Reino de Aragón bajo las órdenes de Jaime II, si primeramente duda de las terribles acusaciones a las que son sometidos los templarios, posteriormente decide pasar a la acción.

A partir de finales de ese año 1307 comienza la persecución de la Orden, que se hace fuerte en algunas plazas como la de nuestra historia de hoy, donde el asedio duró prácticamente un año, hasta que el 6 de diciembre de 1308 los templarios de Miravet capitulan ante el rey de Aragón, Jaime II. Aunque no todos, ya que seis de ellos entre los cuales se hallaba su comendador Berenguer de Sant Just, deciden proteger en la torre principal del castillo el archivo y el tesoro de la orden, hasta el punto de encontrar allí mismo la muerte el día siguiente.

El castillo de Miravet hoy día.

Nada más llegar al aparcamiento que acoge a los visitantes, te das cuenta de que el Castillo de Miravet es un lugar preparado para resistir largos asedios y batallas. Parapetados tras un enorme muro de piedra de más de 25 metros de altura, que parece surgir de la misma roca de la montaña donde se sitúa, encontramos una serie de elementos construidos por los templarios, para convertir Miravet en su refugio particular.

La visita se puede dividir en dos partes principales:

Plantas inferiores.

El acceso principal al castillo se efectúa por la barbacana, es decir una rampa de acceso fuertemente protegida y construida en ángulo para evitar los ataques directos contra la entrada del castillo. Nada más entrar encontramos una gran terraza distribuida en tres niveles para compensar los desniveles de la montaña, dicha terraza se encuentra totalmente amurallada. En la misma encontramos los restos de varios edificios templarios, como almacenes, corrales, e incluso una caballeriza, posiblemente usada por los templarios como almacén de grano. Este último junto a un huerto y un olivar permitieron el autoabastecimiento del castillo.

Rampa de acceso al castillo
Rampa de acceso al castillo

Otra pequeña puerta construida posteriormente nos  da acceso hoy día al interior del castillo. Lo primero que encontraremos será el patio de armas, que a parte de su clásica función como punto de reunión de las tropas, servía como punto de unión de las diversas estancias del castillo.

 Las primeras dependencias que encontraremos alrededor del patio de armas fueron destinadas a la manutención de los habitantes de Miravet, estas fueron una cisterna excavada directamente sobre la roca y justo enfrente de la cocina principal. Esta última de gran importancia en la orden de los templarios, que a diferencia de otras órdenes, cuidaba muy bien la alimentación de sus caballeros de armas. La estancia anexa a estas es un gran comedor con una bóveda de cañón apuntada. No podía faltar un granero, una bodega y un almacén para recibir los pagos mediante especies de los ganaderos, agricultores e incluso pescadores de la zona.

Cocina del castillo de Miravet
Cocina del castillo de Miravet
Comedor del castillo de Miravet
Comedor del castillo de Miravet

Planta superior.

En ella, a parte de las dependencias de los habitantes más ilustres del castillo de Miravet, como por ejemplo el comendador, encontramos la iglesia del recinto. Los templarios debían cumplir con los diferentes rezos diarios, en un espacio decorado muy austeramente. Dicha iglesia era de planta basilical cubierta de bóveda de cañón, desde el ábside donde se encontraba una pequeña sacristía surgía un estrecho pasadizo que comunicaba la iglesia con la torre del tesoro, donde con toda probabilidad fueron derrotados los últimos templarios de Miravet.

Iglesia de la planta superior.
Iglesia de la planta superior.

Aunque todavía quedaba una planta por encima, pero era simplemente una gran terraza de observación, se accedía y se accede por una estrecha escalera de caracol, y sus vistas son realmente impresionantes.

Os dejo la web del castillo donde podéis encontrar información sobre precios y horarios:

Miravet tras los templarios.

Tras la desaparición de la Orden del Temple, los hospitalarios se harán con el castillo de Miravet hasta la llegada de las liberaciones y desamortizaciones del siglo XIX. Desde ese momento comenzará un peregrinaje por las manos diferentes particulares, y no será hasta el año 1990 que recaía su titularidad en la Generalitat de Catalunya, hoy día propietaria del castillo.

Durante este periodo será testigo de escasas renovaciones destinadas a las nuevas guerras con artillería. En efecto será testigo de varias guerras, como la de los Segadores en el siglo XVII, la Sucesión en el siglo XVIII,  las guerras carlistas en el XIX y finalmente la guerra civil española del siglo XX.

Os invito a conocer otros castillos templarios:

El castillo de Peñiscola, el retiro de los viejos Templarios.

El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.

 

 

Otro más de los curiosos secretos de Cristóbal Colón.

¿Qué podemos decir del hombre del los mil secretos? Desde su nacimiento, hoy día consensuado en Venecia, aunque no todo el mundo pone la mano en el fuego por ello. Hasta el lugar donde reposan sus restos, que a pesar de que las últimas investigaciones  a través del análisis del ADN comparativo con  su hermano Diego Colón han dado como resultado que está en Sevilla, todavía algunos desde Santo Domingo siguen reclamando que está en tierras caribeñas. Pero desde mi punto de vista el más interesante de sus secretos es si realmente llegó a América por casualidad.

Desde nuestra infancia hemos estudiado que Cristóbal Colón llego a América buscando el continente asiático. Pero esto ha sido continuamente puesto en duda por voces  tan autorizadas como el académico de historia americana, Guillermo Céspedes del Castillo. Este último, sin duda, una de las figuras claves en el estudio de la historia de América en el reciente siglo XX. Según él, Cristóbal Colón tenía la certeza de que o bien Asia estaba mucho más cerca de lo que se pensaba, o existía otra tierra por descubrir. Para acercarnos a sus tesis nos guía a través de la historia de la conquista del Atlántico por los Europeos.

En 1453 los musulmanes toman definitivamente Constantinopla, para los europeos y en especial los italianos esta fue la gran estocada final a su moribundo comercio con oriente. Las especias, joyas y metales preciosos que adornaban a las familias más pudientes del continente se ponían en peligro. La solución decantarse definitivamente en la ayuda a los portugueses, que en mayor medida que los españoles  desde principios del siglo XV habían iniciado la aventura atlántica. Este será el camino que coja Cristóbal Colón, el genovés según Guillermo Céspedes,  se pone al servicio de los barcos portugueses en la carrera por llegar a la India bordeando África.

Cristóbal Colón

En la década de los años 60 del siglo XV, estos barcos lusos ya comercian en el Golfo de Guinea africano. De esta época queda constancia por los nombres de las costas africanas, que se correspondían con el producto que explotaban. Costa de Marfil, de oro, de la malagueta o la tristemente célebre Costa de los esclavos. El camino hacia el sur de estos barcos se realizaba  con las antiguas técnicas de cabotaje, era relativamente sencillo, ya que contaban con el favor del viento y las corrientes.  El problema era la vuelta a contracorriente y la solución  la encontraron alrededor del año 1475: La volta da Mina. Esta consistía en seguir las corrientes marinas que se dirigían al oeste, para en un momento dado del viaje girar al norte para aprovechar los vientos alisios. Estos últimos llevaban a los barcos de vuelta a Portugal.

Será en este contexto cuando aparezcan las pistas al descubridor de América. En el verano de 1478 Cristóbal Colón se encontraba en la isla más septentrional del archipiélago de Madeira, Porto Santo. Uno de esos amaneceres un acontecimiento cambiará la visión de Colón, sobre el Atlántico. Sobre la playa aparecen los restos de un naufragio, varios hombres muertos y restos de un barco. Al acercarse se dan cuenta que uno vive, a partir de ese momento Colón se hace cargo de su cuidado personalmente, en casa de la familia Moniz.

El hombre en cuestión pasó varios días moribundo, en los cuales contó su secreto a Colón. Por lo visto el marinero no  paraba de repetir el nombre de “Cibao” y  en uno de los momentos de lucidez describió la aventura del Santa Susana (el barco que comandaba).  En su deriva al oeste mientras realizaba la Volta da Mina en busca de los alisios, se encontró con tierra firme. Para algunos historiadores se trataba de la figura el marinero Alonso Sánchez de Huelva, y durante el siglo XVI corrió la voz que fue el primero en llegar a América.

Alonso Sánchez en su ciudad natal, Huelva.

El repetido “Cibao” del misterioso personaje, para Cristóbal Colón era “Cipango”, nombre por el cual se conocía la actual isla de Japón en el siglo XV. A partir de aquel momento se pondrá en manos ayuda de su amigo y geógrafo; Paolo dal Pozzo Toscanelli. Según este, la distancia entre Canarias y Japón era de 9.600 kilómetros, algo que podía coincidir con el encuentro de tierra firme por parte del barco portugués. Pero realmente la distancia es de más de 20.000 kilómetros.

Parece evidente, que para Cristóbal Colón, la ayuda Alonso Sánchez de Huelva le llevó a persistir en su idea. Pese a las advertencias del resto de geógrafos que le perjuraban que la distancia era mucho mayor y  las posibilidades de llegar a Asia eran mínimas, “su secreto” le pudo llevar al éxito de descubrir América en 1492.

Pero este secreto se irá a la tumba con Colón, hoy día sigue sin estar contrastado ni el supuesto “secreto” ni incluso la personalidad de de Alonso Sánchez de Huelva, el marinero que pudo ser, con el permiso de los vikingos, el primer europeo en pisar tierra en el continente americano.

Este artículo fue publicado originalmente en Queaprendemoshoy el 3 de marzo de 2017, curiosamente solo unos días después el 25 de marzo, llegaba una noticia que refrendaba la postura de Guillermo Céspedes. Así lo recordábamos en Caminando por la historia.

El secreto de Colón vuelve a la actualidad

Mas info: Guillermo Céspedes, Colón en el mundo que le tocó vivir, Real Academia de la historia, 2007

Imágenes: commons.wikimedia 

Los libros de horas, las lujosas agendas religiosas de la Edad Media.

Durante la Baja Edad Media, especialmente entre los siglo XIV-XVI, se expande por  Europa Occidental unos curiosos libros denominados “Libros de horas”, convirtiéndose en esos momentos en uno de los soportes más destacados para los artistas medievales.

Si tuviéramos que buscarle un origen sería en los cambios religiosos introducidos por los franciscanos, a los que podíamos sumar la “devotio moderna”, surgida en los Países Bajos en torno a los preceptos del humanismo cristiano. Ambos promueven una forma nueva de acercarse a Dios a través del rezo en la intimidad.

¿Qué eran los Libros de Horas?

Nos encontramos ante una especie de manuscritos, que la nobleza especialmente la laica, encomendaba a los principales artistas gráficos del momento. En dichos libros encontrábamos las diferentes oraciones, que a lo largo del día se debían efectuar separadas por horas, de ahí su nombre.

Normalmente las primeras páginas eran destinadas a un calendario, a través del cual el noble en cuestión, podía organizar sus compromisos. En dicho calendario podían surgir además las festividades o los actos principales de la comunidad. Pero la parte más importante era la destinada a la liturgia diaria, que debía leer el propietario a las horas precisas.

Aunque lo que los convertía en excepcionales y únicos eras sus pinturas. Todos ellos iban adornados con diferentes pasajes de la vida de los cristianos, como la Anunciación o la crucifixión por poner algunos ejemplos. Los textos aparte de ser realizados con una caligrafía excepcional dotada de múltiples adornos, eran adecuados al usuario al que iban destinados. Todas estas características los hacían únicos e irrepetibles.  A pesar de lo cual cuando fallecía el propietario lejos de destruirlo, se convertía en parte de la herencia, era también tradición que el heredero introdujera algunos aspectos para denotar el nuevo propietario.

Del prestigio que llegaron a adquirir ha quedado muestra en que fueron motivo incluso de trofeos de guerra, como sucedió tras la victoria de Enrique VII, el primer Tudor en llegar a reinar en Inglaterra tras derrotar a Ricardo III, tras lo cual se hizo con el libro de horas de este último.

Es indudable que el número de ejemplares que se llegaron a realizar fue muy grande. Podemos añadir además que incluso la llegada de la imprenta en el siglo XV, no reportó ni una caída de la producción, ni siquiera una estandarización, ya que siguió haciéndose de la misma forma que antes de aparecer esta. A la actualidad han llegado numerosos ejemplos que se localizan en los principales museos del mundo, pero también existen múltiples copias de los mismos que en la actualidad son motivo de coleccionismo.

Las muy ricas horas del Duque de Berry.

El más célebre de los libros de horas medievales fue encomendado por Juan I el duque de Berry, al taller de los hermanos Limbourg, afincados en la ciudad holandesa de Nimega. Es preciso recordar que el siglo XV fue uno de los siglos más importantes para  los pintores de los Países Bajos. El encargo pudo llegar alrededor del año 1413, el Duque de Berry hijo del Rey Juan II de Francia, fue uno de los más destacados mecenas medievales.

La relación entre los artistas y el mecenas venía de lejos, el mayor de los tres hermanos, Pol Limboug,  era pintor de cámara del aristócrata francés. Por lo que Las muy ricas horas, no fue el único libros de horas que los pintores flamencos crearon para el Duque. Hoy día se conservan otros en diferentes museos norteamericanos. Pero ninguno podía igualar a nuestro protagonista, a pesar de  que los tres hermanos murieron sin ver terminada su obra en el año 1416 por culpa de la peste.

Según los expertos en arte, Las muy ricas horas del Duque de Berry es la obra cumbre de este tipo de publicaciones. La definen como una obra visionaria, original y revolucionaria. Sus formas se asemejan a los clásicos antiguos, pero las vestimentas reflejan la moda de la época. Destacar especialmente la novedad del color azul como principal en toda la obra, realizado con lapislázuli de Oriente, en aquellos momentos un verdadero lujo.

Tras la muerte de los artistas y del propio mecenas en dicho año 1416, el libro queda inconcluso  hasta finales del siglo XV.  En aquellos momentos era propiedad de Carlos I de Saboya y el encargado de terminar el trabajo, emprendido casi 70 años antes por los hermanos Limbuorg,  fue un semidesconocido pintor francés de nombre Jean Colombe. Desde entonces irá pasando por diferentes manos hasta la actualidad que lo podemos contemplar en la Biblioteca del Castillo de Chantilly.

Libro de Horas de Isabel la Católica.

La primera reina de Castilla y Aragón también tuvo su espectacular libro de horas. Aunque poco se conoce de su elaboración y de los artistas que lo llevaron a cabo, además resaltar que poco lo pudo disfrutar ya que llegaría a sus manos a finales del siglo XV, y como es sabido murió en 1504.

El libro fue un regalo del embajador real Francisco de Rojas, que a sabiendas del gusto de la reina por los pintores flamencos, entre ellos su pintor de cámara Juan de Flandes, decide contratar la elaboración del libro a un taller de los Países Bajos. Al menos cuatro artistas trabajaron en el mismo, solo conocemos dos nombres, A. Bening y G. Horenbout. Si tenemos que destacar algo artísticamente del mismo son las decoraciones de los márgenes, con representaciones naturistas de flores, pájaros o insectos con riquísimos colores, especialmente rojos, azules y dorados.

Tras la muerte de Isabel la Católica siguió en manos privadas, pero no se tienen más noticias hasta el siglo XX en que tras ser vendido por barón Edmond de Rothschild, recae en el Museo Cleveland. Es allí precisamente  donde se pude ver hoy día, formando parte de una de las colecciones medievales más importantes del mundo.

Libro de Horas de Carlos V.

La historia que existe detrás del libro de horas de Carlos I de España y V de Alemania es una de las más curiosas, ya que si normalmente eran encargados por sus futuros propietarios, en el caso de este parece ser que fue un regalo de un personaje anónimo al emperador Carlos.

Al ser motivo de regalo anónimo es difícil asegurar su procedencia, pero el consenso generalizado dice que fue realizado por el taller de Jean Poyer en París. Este pasaba por ser uno de los principales artistas en miniatura, que vivió a caballo entre los siglos XV-XVI, trabajando para las casas reales más importantes de Europa, como la Valois, o la de los Tudor.

Uno de los aspectos más destacados de este libro es el calendario con que se abre el libro. Sus doce páginas, con sus doce meses, son acompañadas por la historia de dos hermanos, uno bueno y uno malo, ambos mueren en diciembre, y mientras el primero sube a los cielos el segundo baja al infierno. También podemos destacar sus magníficos dibujos en miniatura, dedicados a pasajes de la Biblia, como por ejemplo cuando David vence a Goliat.

Tras la muerte de Carlos V el libro de horas es heredado por su hijo, y luego por su nieto Felipe III, que lo regala al Cardenal Francisco. A partir de ese momento se pierde la pista hasta el siglo XIX, que recae por fortuna para todos en la Biblioteca Nacional, lugar donde se halla en la actualidad y además digitalizado, lo podéis conocer en el siguiente enlace: Libro de horas de Carlos V

La prohibición de los Libros de horas.

A pesar de lo narrado los Libros de Horas nunca contaron con el beneplácito explícito de las altas esferas eclesiásticas, más bien eran consentidos dado el poder de sus propietarios. La Iglesia no los veía con buenos ojos debido a la inclusión de banalidades, textos no probados por los antiguos testamentos, o simplemente falta de rigor religioso. Por todo ello, fueron perseguidos y censurados  por parte de la Santa inquisición, que finalmente se saldría con la suya.  Ya que tras la Reforma litúrgica del Papa Pío V, en el año 1570, apoyada en las resoluciones del Concilio de Trento fueron prohibidos.

Imágenes: pinterest

La guerra de los cien años (1337-1453) en seis minutos.

A pesar del nombre acuñado por la historiografía en el siglo XIX, la guerra de los cien años, ni fue un conflicto continuado, ni duró cien años, ya que si contamos desde que estalló hasta que se resolvió pasaron 116 años. Intentar contarla en seis minutos es nuestro propósito.

Los contendientes antes de empezar.

Por un lado encontramos la Francia de principios del siglo XIV, sin duda el mayor poder de Europa Occidental. Aunque antes de empezar la guerra las cosas se empezaron a torcer, ya que la profecía que lanzó en la hoguera el templario Jaques de Moley, se acababa de cumplir con la muerte Carlos IV en 1328, dando por extinguida la dinastía de los Capetos. Mientras por otro lado, las revueltas en Flandes dejaron bien claro, la falta de renovación en su vetusta hueste feudal.

 

Al otro lado del Canal de la Mancha se encontraba una Inglaterra mucho menos poblada que Francia, además con continuos problemas con su vecino del norte, Escocia. Por si fuera poco el rey Eduardo II (1307-1327), está considerado uno de los peores reyes de la historia inglesa, por tener revueltas tuvo hasta la de su esposa la Reina Isabel. Pero al contrario que los franceses su suerte cambió en 1327 con la llegada al poder de su hijo Eduardo III, que restableció el orden interno y aprovechó la guerra contra Escocia para modernizar sus tropas.

Las causas de la guerra.

La historiografía las suele contemplar como complejas, dado los habituales problemas dinásticos entre las dos coronas. Pero dos se pueden considerar como los principales detonantes de la guerra. El primero de ellos el control de la Aquitania francesa, que a principios del siglo XIV estaba en poder de los ingleses. En aquellos momentos uno de los territorios más rentables de la Corona inglesa, gracias a la exportación de vino a través del Puerto de Burdeos.

El otro problema era la narrada sucesión de la dinastía de los Capetos. Dos eran los candidatos; Felipe de Valois primo del fallecido por parte de padre, y el rey de Inglaterra Eduardo III, Capeto por parte de madre. En un principio la línea sucesoria debía recaer en este último, pero no se hizo efectiva tras agarrarse los franceses a la ley sálica. Gracias a esta última Felipe de Valois se convirtió en Rey de Francia con el nombre de Felipe VI.

Solo faltó, que nueve años después el rey de Francia mandará intervenir a sus tropas en Guyena, como era conocido el Ducado de Aquitania. La respuesta no se hizo esperar, Eduardo III en virtud de sus derechos sucesorios declara la guerra a la Francia de Felipe VI.

Las fases de la guerra.

Inglaterra pone contra las cuerdas a Francia, (1338-1360).

La guerra comenzó con sorpresas, Inglaterra en vez de ir a liberar Aquitania se dirigió al norte de Francia. Lo primero que hizo fue controlar el Canal de la Mancha, utilizando su superioridad marítima. El siguiente paso fue desembarcar por Flandes tras aprovechar los problemas de Francia en dicho Condado.

Tras llegar al continente, los ingleses a pesar de contar con menor número de efectivos pusieron en marcha su mejor estrategia. Para luchar contra la poderosa, pero lenta caballería francesa, Inglaterra llevó a cabo improvisadas construcciones defensivas en suelo francés, al intentar cargar contra ellas los franceses eran abatidos mediante los ejércitos de arqueros ingleses. Esta táctica les reportó importantes victorias como la de Poitiers en 1356, batalla esta, donde comenzó la leyenda del Príncipe Negro, el hijo del Rey Eduardo III.

La batalla de Poitiers

A ello le debemos sumar los problemas internos que surgieron en Francia, como las revueltas campesinas de la Jacquerie, a las que se sumó la de la burguesía de París. De esta manera la monarquía francesa se vio abocada a acatar la primera tregua, con la firma de enormes pérdidas territoriales, (tratado de Brétigny en 1360), entre ellas la ampliación de Aquitania y el fin del vasallaje de esta con respecto a la Corona Francesa.

La guerra se extiende a la Península Ibérica.

Si en un principio Castilla había mirado la guerra entre Francia e Inglaterra desde la distancia, todo cambió tras la muerte de Alfonso XI. Su heredero Pedro I no contaba con el visto bueno de la nobleza castellana, que prefería e Enrique de Trastámara. Este último decide buscar el apoyo en el vecino francés, hecho que le vino bien al rey de Francia Carlos V, no en vano, tras la Paz de Brétigny no tenía trabajo para sus mercenarios. Así que en 1366 las tropas galas invaden Castilla y destronan a Pedro I.

La tumba del Príncipe Negro.

La respuesta de Pedro I fue pedir ayuda al rey inglés Eduardo III, este aludiendo a alianzas anteriores con los castellanos decide mandar a Castilla las tropas inglesas encabezadas por su propio hijo, el Príncipe Negro. La principal batalla tuvo lugar en Nájera y acabó con una contundente victoria de las tropas inglesas, las cuales devolvieron el trono de Castilla a Pedro I. Pero este no pagó el precio acordado para la ayuda y las tropas inglesas abandonaron Castilla, tras lo cual  Enrique de Trastámara recuperó el trono tras asesinar al propio Pedro I. El resultado fue un firme aliado para Francia en su disputa con Inglaterra, desde ese momento la potente flota castellana se puso al servicio de la corona francesa, para control del Canal de la Mancha.

Otra de las grandes coronas de la Península Ibérica tomará partido por Inglaterra. En concreto Portugal que pidió ayuda a los ingleses, tras el intento de anexión por parte de los Trastámara de Castilla de los territorios portugueses. Con la victoria en Aljubarrota (1385), los portugueses salvaron su independencia, tras la cual se convirtieron en aliados de Inglaterra.

Francia comienza a recuperarse del desastre de 1360.

La primera consecuencia de la ayuda de Castilla a Francia fue el control marítimo, en especial tras la victoria castellana en la batalla de La Rochela (1372). El mar se convirtió en principal aliado de los de franceses, ya que sus enemigos tuvieron mucho más difícil el acceso al continente.

La Batalla de la Rochela

Otro aspecto positivo se vendría a sumar en esta recuperación,  el cambio de táctica de las tropas francesas. Tras los resultados de los primeros años de clara superioridad en el campo de batalla de los ingleses, los franceses dirigidos por Bertrand Du Guesclin y su táctica de guerrillas desconcertaron al enemigo. De esta manera en el año 1380 el otrora gran Ducado de Aquitania se había convertido en una escasa franja de territorio, que unía su capital Burdeos con la costa atlántica.

El agotamiento llevó a continuas treguas.

Efectivamente la guerra comenzó a pasar sería factura entre los contendientes. Sin solución de continuidad, Carlos VI por Francia y Ricardo II por Inglaterra, se reúnen en Leulinghen en 1389. En la cartera llevaban acordar una tregua temporal, así poderse reponer y solucionar los graves problemas internos que acuciaban a las dos coronas.

Por un lado la Inglaterra de Ricardo II se hallaba literalmente en bancarrota. Para solucionarla, como siempre, la solución elevar los impuestos, lo que llevo al país a un continuo estado de protestas. Estas fueron aprovechadas por la familia Lancaster, con la ayuda de la aristocracia inglesa para alzarse con el poder, corría el año 1399 cuando Enrique IV de Inglaterra (1399-1413), se convertía en el primer rey de la Casa de Lancaster en Inglaterra.

Mosaico con la rosa de los Lancaster

En segundo lugar los franceses con un rey Carlos VI (1380-1422) de solo 12 años el día que subió al trono. Para más inri desequilibrado mental según las fuentes de la época. Este aspecto llevó al país francés a una lucha de poder entre diferentes facciones, entre ellas, dos familias destacaban por encima de todas; los Borgoña que intentaban emanciparse y conseguir su propio estado en el este de Francia, y los Armagnacs partidarios de que el hijo del Carlos VI sustituyera a su padre. La disputa fue aprovechada por Inglaterra para reanudar la contienda.

La doble monarquía de Inglaterra.

La situación francesa era un caramelo para Inglaterra. En 1415, es decir casi 35 años después de las últimas batallas en suelo francés, el nuevo rey de Inglaterra Enrique V (1413-1422) desembarcó en el norte de Francia. El encuentro con las tropas francesas se produjo en Azincourt y nuevamente la derrota en campo abierto de los franceses fue clara.

Pero la victoria más importante se llevó a cabo en los despachos. En el tratado firmado en Troyes (1420), por el rey de Inglaterra y los Borgoña que buscaban el apoyo de los primeros para su emancipación. El trato consistía en la boda del rey inglés con la hija del desequilibrado Carlos VI, tras la cual el rey de Inglaterra pasaría al primer puesto entre los sucesores del rey francés. Ante los acontecimientos el hijo de Carlos VI es obligado a abandonar París y refugiarse en el sur de Francia.

Tras lo cual los ingleses se hacen dueños del norte de Francia. Posteriormente tras la muerte de ambos reyes en 1422, un inglés en este caso el Duque de Bedford, como regente del hijo de Enrique V, se convierte en rey de Francia. La doble corona estaba en disposición de hacerse realidad y con ella el final de la guerra, pero quedaba un escollo, el joven Delfín Carlos de poco más de 20 años y refugiado en el sur de Francia.

El Delfín Carlos, que como Carlos VII vencerá en la guerra de los Cien Años.

La heroína de Francia, Juana de Arco, entra en acción.

El hecho ocurrió durante el asedio a la ciudad de Orleans por parte de los ingleses. De la cual parece que escapó Juana de Arco para decirle al Delfín Carlos que una voz celestial le había invitado a liberar Francia de los ingleses. El joven heredero no debía contar con muchas soluciones más, y decidió creer a la doncella de Orleans. De esta manera y junto a los restos de militares reclutados por el Delfín, Juana de Arco liberó Orleans, tras lo cual abrió un pasillo hasta Reims lugar de coronación de los reyes franceses, para que Carlos VII fuera coronado legítimo rey de Francia.

Dos años después con solo 19 años, Juana de Arco fue apresada por los borgoñeses y enviada a la hoguera. Pero no sin antes convertirse en la heroína que necesitaba el país galo. A partir de aquel momento Carlos VII se convirtió en el rey que precisaba Francia. Su tarea consistió en rehabilitar la administración francesa y modernizar el ejército, convirtiéndolo en profesional y dotándolo de los mejores avances en la nueva artillería del siglo XV.

Juana de Arco entrando en Orleans

El resultado fue la reconquista del territorio de Francia. Primero llegando a París y luego expulsando a los ingleses de la zona que había sido causa de la guerra más de un siglo antes. Con la toma de Burdeos por los franceses en 1453 se dio por finalizada la guerra de los Cien Años.

Las consecuencias.

Además del destrozo, saqueo y destrucción generalizada que cualquier guerra lleva consigo, en este caso principalmente en Francia. La guerra más larga que vio la Edad Media tuvo enormes repercusiones en el futuro. De ella surgieron dos estados, ya que si Francia e Inglaterra entraron en la misma como reinos feudales, durante la misma fueron cambiando sus estructuras internas. En especial la administración para fomentar la fiscalidad que debía pagar los nuevos ejércitos profesionales.

Tras este resumen que nos puede servir para contextualizar la guerra, os invito a conocer esta serie de artículos del blog historiae, que os servirán para ampliar diversos aspectos de la guerra de los cien  años:

historiaeweb.com

Imágenes: commons.wikimedia 

Seis lugares Patrimonio de la Humanidad en Siria, que pueden desaparecer.

En el verano de 2011 estallaba en Siria una de la guerras más violentas del siglo XXI, se puede decir que fue el resultado de uno de los últimos coletazos de la denominada primavera árabe. Esta, en forma de protestas se expandió como un reguero de pólvora por todos los países árabes en manos de dictadores. Si bien es cierto, que en algunos países el resultado de las mismas ocasionó algunas mejoras en cuanto a la democratización, aspecto este todavía por concretar, en otros se convirtieron en cruentas guerras civiles.

Como el caso que nos atañe, la Siria de Bashar el Asad. El dictador siriano que respondió  a la revolución de su pueblo, mandado a las fuerzas de seguridad con una violencia inusitada, provocando gran cantidad de muertos, que llevaron a la inevitable guerra civil. El resultado de estos cerca de siete años de guerra son cientos de miles de muertos, y millones de desplazados. Pero además el peligro de perder uno de los más ricos patrimonios culturales del mundo, con el hecho que conlleva la máxima de que; Los pueblos que pierden su historia están abocados a su desaparición.

Alepo, la ciudad más castigada en una imagen anterior a 2011

En Caminando por la historia somos unos apasionados de conocer aquellos lugares que de una forma u otra han cambiado la historia.  A través del recuerdo de estos seis lugares Patrimonio de la Humanidad en peligro, queremos poner nuestro pequeño granito de arena en pedir su protección. Con el sano egoísmo de poderlos conocer algún día con un mínimo de conservación posible, algo que desgraciadamente se sigue complicando día a día.

1. Sitio de Palmira, (desde 1980)

No podíamos comenzar con otro lugar, ya que desgraciadamente, sus imágenes han inundado en estos años los espacios informativos de medio mundo, en forma de denuncia por su continua destrucción.

La ciudad de Palmira, situada geográficamente en el centro de país,  tiene más de 3000 años de historia, desde ese momento ya era uno de los oasis más frecuentados del desierto de Siria, por los caravaneros que recorrían Oriente Próximo. Así cuando llegaron los romanos en el siglo I de nuestra era, la convirtieron en una de las ciudades comerciales más importantes de la provincia romana de Siria. Gran parte del comercio entre la India, China y la capital del Imperio pasaban por este lugar.

Teatro romano de Palmira

 

Este fue el motivo principal de crecimiento de Palmira. Su decumanus tenía más de un kilómetro de longitud, con un recorrido adornado de columnas. Además de contar con los clásicos edificios de la cultura romana, como el foro, el teatro y diversos templos. Entre ellos destaca uno consagrado al dios Baal, este hecho nos remite a significar el alto grado de integración cultural del Imperio romano en Oriente Próximo.

2. La antigua ciudad amurallada de Alepo, (desde 1986)

La ciudad de Alepo la encontramos al norte del país, prácticamente haciendo frontera con Turquía. Antes de comenzar la guerra pasaba por ser la ciudad con más habitantes del país con más de dos millones de personas. Hoy sin lugar a dudas es la más castigada por la contienda.

Pocas ciudades del mundo pueden presumir de haber conocido tan ricas culturas. Por Alepo han desfilado los hititas, asirios, griegos, romanos o bizantinos, y desde el siglo VII las diferentes dinastías islámicas, de los Omeyas, Ayubíes o Mamelucos entre otros. Situada como Palmira en un cruce de caminos, donde concurrían las diferentes rutas entre Oriente y Occidente.

Entrad a la ciudadela medieval de Alepo.

La Ciudadela de Alepo se eleva por encima del resto, en el centro de la ciudad totalmente amurallada. En su interior mezquitas, madrazas y otros restos de las culturas anteriores conforman, o conformaban uno de los centros históricos más importantes de Oriente Próximo. Fuera de la misma se encuentra la Gran Mezquita también Patrimonio de la Humanidad, construida en el siglo XII.

3. El Crac de los Caballeros y la fortaleza de Saladino, (desde 2006)

Dominando la costa mediterránea, y separados por algo más de 150 kilómetros, encontramos estos dos castillos. Podemos considerar que ambos reflejan el rico pasado de Siria en lo referente al intercambio de culturas, además de evocar el pasado medieval y el recuerdo de las cruzadas.

El Crac de los caballeros

El Crac de los caballeros fue erigido a partir del año 1142 por la Orden Hospitalaria de San Juan, para convertirse en el refugio de los cruzados cristianos, hasta la toma del mismo en el año 1271 por los musulmanes.  Por lo que respecta a la fortaleza de  Saladino, su construcción se remonta al siglo X, cuando todavía pertenecía la zona  al Imperio Bizantino. Tras la conquista musulmana será remodelado y adaptado a la dinastía Ayubíes, para convertirse en refugio de Saladino, el gran líder de dicha dinastía en su lucha contra los cruzados cristianos.

La fortaleza de Saladino

Ambos son un fenomenal ejemplo de construcciones defensivas medievales, enclavados en zonas elevadas para el control del territorio. Pero el Crac de los Caballeros se lleva los elogios más importantes, al estar considerado el castillo medieval por excelencia, especialmente en el contexto de las órdenes militares cristianas.

4. La antigua ciudad de Bosra, (desde 1980)

Bosra en la actualidad es una pequeña ciudad de menos de 20.000 habitantes, situada al sur de Damasco muy cerca de la frontera jordana. Pese a su pequeño tamaño, en comparación con las grandes capitales, su legado histórico es de los más impresionantes del país.

Su historia comenzó al menos hace 3.400 años, cuando su nombre ya aparecía en las célebres tablillas de Tell el-Amarna, estas se trataban de la correspondencia del gigante egipcio con las diferentes culturas orientales. Siglos después se convirtió en una de las principales ciudades del reino nabateo, hasta la conquista de Trajano en el año 106 dC. Su época romana de mayor esplendor llegará con Septimio Severo que la convierte en Colonia y capital de la provincia romana de Arabia. Tras estos, bizantinos y omeyas la siguieron embelleciendo.

Una de los teatros romanos mejor conservados del mundo.

Antes del inicio de la guerra de Siria, pasaba por ser un lugar de respeto entre las culturas, manteniéndose prácticamente como hace más de 2.000 años. Se puede encontrar desde uno de los teatros romanos mejor conservados del mundo, a una catedral cristiana de la época bizantina. Además de las más antiguas construcciones del islam, como son una mezquita y una de las madrazas más importantes de esta cultura, se dice que Mahoma pasó por allí.

5. Las antiguas aldeas del Norte de Siria, (desde 2011).

El siguiente destino lo encontramos al noroeste de la ciudad de Alepo, se trata de los restos de al menos 40 pequeñas aldeas que fueron habitadas entre el siglo I-VII dC. Su enorme importancia reside en ser uno de los lugares donde mejor se puede comprender el paso de la Antigüedad tardía al Imperio Bizantino. Ya que fueron abandonadas progresivamente desde el siglo VIII con la llegada del Islam.

En realidad se trataba de aldeas dedicadas a la agricultura, por lo que los expertos consideran que es uno de los lugares más excepcionales del mundo para el estudio de las comunidades rurales de la alta Edad Media. Su ausencia prácticamente total de ocupación humana durante más de mil años, ha permitido un estado de conservación excelente a la llegada del siglo XX.

La iglesia de San Simón Estilita.

Los edificios que allí se encontraban en el año 2011, iban desde templos paganos a iglesias cristinas, pasando por todo tipo de edificios dedicados a la labor del campo, como establos, graneros, talleres artesanales o viviendas diseminadas. Además en los centros de las pequeñas aldeas existían los diferentes edificios públicos de la administración local, así como baños de tradición romana. Si nos tuviéramos que quedar con  un edificio, este sería la Iglesia de San Simón Estilita, una de las iglesias cristianas más antiguas del mundo, ya que fue construida en el siglo V. Además está considerado un claro precedente del arte bizantino, e incluso del románico europeo.

6. La ciudad vieja de Damasco, (desde 1979).

Dejamos para el final la capital de Siria. La ciudad de Damasco es un verdadero cruce de caminos entre Asia y África. Fundada hace más de 4.000 años en un lugar habitando desde el año 8.000 aC. Ambos datos la convierten en uno de los lugares habitados continuamente más antiguos del mundo.

Uno de los momentos de mayor esplendor en la Edad Antigua le llegará sobre el año 1000 aC. Cuando el pueblo nómada de los arameos la utilice para comenzar a sendentarizarse, tras ellos griegos, romanos y bizantinos la convirtieron en una de las ciudades más bellas de Oriente Próximo. Pero será con la llegada del Califato Omeya, cuando se convierta en el ejemplo arquitectónico a seguir por el resto de ciudades islámicas.

A principios del siglo XXI, la ciudad de Damasco contaba con alrededor de 125 monumentos de las diferentes culturas que la han habitado. Aunque la mayor parte sean islámicos  también los podemos encontrar romanos y bizantinos. Sin duda destaca por encima de todos la Mezquita de los Omeya, construida a principios del siglo VIII sobre restos de edificios de culto de las tres culturas anteriores, es decir arameos, romanos y bizantinos.

La mezquita de los Omeya

Tras esta exposición solo nos queda esperar y desear que la terrible guerra civil en Siria acabe lo antes posible. En primer lugar para que no se lleve una sola vida más por delante, y en segundo término para disfrutar algún día de lo que puede ofrecer este maravilloso país a los apasionados de la historia.

Más info: whc.unesco