Otro punto de vista de la Primera Cruzada, un giro en la historia.

 

No es difícil de imaginar lo que pasó por la mente de Saladino cuando de niño escuchó la historia, de lo sucedido medio siglo antes, con la llegada de los ejércitos cruzados al Próximo Oriente.

La Primera Cruzada.

Constantinopla año 1097, cerca de 30.000 hombres, 4.000 de ellos a caballo, están prestos a partir hacia la ciudad Santa de Jerusalén, las grandes cruces que lucen bordadas sobre su pecho les otorga un nombre que trascenderá en la historia, Los Cruzados, los cuales iniciarán una guerra que cambiará profundamente los procesos históricos entre oriente y occidente. Durante los próximos dos años, el camino de los “frany”, nombre por el cual eran conocidos los cristianos occidentales en el mundo árabe, se tornará imparable.

La pérdida de Nicea.

Los primeros en recibirlos fueron los habitantes de Nicea, situada a tres días de camino de la capital bizantina. En el recuerdo de sus habitantes todavía reinaba la fácil victoria, que los ejércitos del sultán Kiliy Arslan habían obtenido un año antes contra aquellos haraposos dirigidos por un tal Pedro “el ermitaño”. Pero nada más llegar los ejércitos para la defensa de la ciudad, con el sultán a la cabeza, se dieron cuanta que la empresa iba a ser más complicada. Los mendigos habían dado paso a soldados bien armados, y ejércitos preparados con todo tipo de artilugios para el asalto a las ciudades.

Batalla de Dorylaeum duranrte el asedio a Nicea.
Batalla de Dorylaeum duranrte el asedio a Nicea.

La imposibilidad de plantar cara al enemigo hizo al sultán entregar la ciudad a los griegos, no en vano la población seguía siendo mayoritariamente bizantina, y que mejor que devolverla antes de ser perdida ante los francos. Pero el joven sultán decidió no rendirse ante la evidencia, en un desfiladero a mitad de camino entre Nicea y Konya, la nueva capital, decide enfrentarse al enemigo. Pero aquellos cruzados tenían bien aprendida la lección, no cometerían los errores de los bizantinos que llevaban cometiendo los últimos cincuenta años y que les habían ocasionado continuas derrotas. Ante los rápidos arqueros a caballo de los ejércitos de Rum, la labor de las pesadas armaduras, que incluso cubrían los caballos, fue una excelente arma defensiva para contrarrestar las flechas.

Aunque lo peor estaba por llegar, lo que se encontraron los soldados del sultán Kiliy Arslan era solo una avanzadilla, detrás venían el grueso de los ejércitos cruzados. La masacre fue impresionante y convertirse en esclavo de los cristianos era un lujo al alcance de pocos. Solo se salvó el sultán escondido por sus hombres más fieles en las montañas cercanas. Las noticias corrieron como la pólvora por todo Oriente, solo la naturaleza, con el fuerte calor parecía hacer mella en aquellos bárbaros portadores de la cruz. De ahí al pesimismo solo hubo un paso, solo quedaba rezar Ala para que detuviera aquella invasión, los muecines no dejaron en su empeño de subir los minaretes para llamar al rezo contra el infiel, la palabra Yihad, se empezó a colar en todos los estamentos de la sociedad musulmana.

La caída de Antioquía.

El siguiente destino de la lista era Antioquia, el 21 de octubre de año 1097, desde una de las más de trescientas torres defensivas que tenía la ciudad se avistó una gran columna de polvo. Yaghi Siyan el hombre más importante de esta ciudad que se regía como una pequeña ciudad estado al servicio del Sultanato de Rum, conocía de sobras la inexpugnabilidad de su ciudad. No en vano en una ciudad proyectada por los romanos para acoger 200.000 personas, a finales del siglo XI solo había unas 40.000 por lo que la ciudad era totalmente autosuficiente en caso de asedio, a ello se le sumaban los más de 12 km de murallas y defensas naturales.

A pesar de lo cual al Señor de Antioquia le preocupaban dos aspectos importantes. En primer lugar, que algún cristiano de los que vivían en la ciudad abriera una de sus puertas, por lo que esa misma mañana los obligó a abandonar la ciudad a cambio de que sus familias estuvieran a salvo. El otro era más difícil de solucionar, ciertamente la ciudad estaba preparada para los asedios, pero; ¿Cuánto debían esperar a los refuerzos? El Sultanato de Rum, era una institución muy joven, que no había conseguido unir a todos sus habitantes sobre un patrón común, los señores de las ciudades hacían la guerra por su cuenta, y no estaban para ayudarse entre ellos. Es más, las dos principales ciudades de Siria, Damasco y Alepo se mantenían un odio por encima de todo.

El asedio de Antioquia.
El asedio de Antioquia.

La decisión final de los cruzados para la conquista de Antioquía fue el asedio a la ciudad. Como bien temió Yaghi Siyan, las ayudas no llegaron, tanto Alepo como Damasco prefirieron repeler los ataques en forma de pillaje que los cruzados acometían para alimentar a las tropas, antes que ir a defender a la ciudad hermana. A los habitantes de Antioquia solo les quedaba una esperanza, que la lejana ciudad de Mosul consiguiera llegar a tiempo para detener a los cruzados. Pero al final todo resultó en vano, ya que el Señor de Antioquia no se equivocó con sus premoniciones. Aunque no fue un cristiano de la ciudad, sino Firuz, un comerciante de corazas enemistado con el propio Yaghi Siyan, el que abrió las puertas de la ciudad. Tras ello, los cruzados hicieron su entrada a las cuatro de la mañana del día 3 de junio de 1098, doscientos días después del inicio del asedio.

La ciudad fue masacrada durante tres días, hasta la llegada del ejército musulmán de Karbuka, proveniente de Mosul. Junto al hijo de Yaghi Siyan parapetado en la Alcazaba de Antioquia se convirtieron en la única esperanza de la población. Los Cruzados se convirtieron de asediadores en asediados, pero el resultado no fue el mismo, las tropas musulmanas creyéndose superiores en número permitieron la salida de la ciudad a los Cruzados.  La batalla tuvo lugar en campo abierto, y la victoria favoreció a los cristianos, ante la continua deserción de musulmanes.

Maarat el día más horrible para los musulmanes.

Al pequeño pueblo de Maarat no llegaron noticias muy halagüeñas, los cruzados ya contralaban la ciudad de Antioquía y Bohemundo había sido proclamando su nuevo príncipe. Esta pequeña localidad situada a poco más de tres días de camino de Antioquía no contaba con muchas esperanzas para poder combatir a los cristianos, sin ejército, el único remedio consistía en huir a las grandes urbes musulmanas.

Pero el verano concluyó sin grandes incidentes, los agricultores de Maarat recogieron sus cosechas de higos y uvas, y se aprestaron a pasar un nuevo invierno. Pero todo cambió a finales de noviembre, los frany cercan la ciudad, en busca del sustento necesario para los ejércitos cruzados. Dos semanas aguantaron los musulmanes a los francos debajo de sus murallas, aunque nadie podía imaginar lo que sucederían los días posteriores.

Un nuevo engaño por parte de los francos propició la entrada de estos en Maarat, parece ser que no quedó nadie con vida. Los cuerpos adultos fueron a parar a improvisadas ollas, mientras los más jóvenes eran empalados para ser preparados a fuego lento. El canibalismo sació el hambre de los cruzados. De este aspecto no solo hablan las fuentes musulmanas, ya que las noticias incluso llegaron al Papa, pero nada, ni nadie, detuvo a los portadores de la cruz en su camino a Jerusalén.

La toma de Jerusalén.

Tras la masacre de Maarat los cruzados retoman el camino. En la defensa de Jerusalén un nuevo actor entrará en juego, se trata del Califato Fatimí dirigido desde El Cairo, y que a finales del siglo XI era uno de los poderes más grandes del mundo islámico.  Hasta ese momento se habían mantenido al margen, hecho inequívoco de la desunión en el mundo islam antes de llegada de los cristianos a Oriente. Pero tras traspasar el rio Lycos en un punto cercano a la antigua ciudad de Biblos, los cruzados pisan territorio fatimí por primera vez. La misiva que recibe en El Cairo el califa Al-Musta’li, de parte de Alejo Comneno, deja a las claras el final que aguarda a Jerusalén. “Los bárbaros ya no reciben ordenes mías, solo atienden las del Papa de Roma, y son claras, no detenerse hasta hacerse con la tumba de Cristo”.

La tumba de Cristo
La tumba de Cristo

La defensa de un territorio tan lejano a la capital lleva a los fatimíes a tomar algunas decisiones. Las escasas tropas de la zona son concentradas en Jerusalén, de ahí que las grandes ciudades marítimas y verdaderas protagonistas del comercio entre Oriente y Occidente, como Beirut, Tiro o Acre, se hallen desprotegidas al llegar los cruzados y se conviertan en ciudades vasallas de estos sin apenas resistencia.

La mañana del 7 de junio del año 1099, Iftijar ad-Dawla, el general encargado de defender Jerusalén ante el ataque de los cruzados, observa desde la torre de David la llegada del contingente extranjero por el norte de la ciudad. Parece relajado, los preparativos habían sido concienzudos. Siguiendo el ejemplo de Nicea se habían expulsado a los cristianos, las fuentes y pozos de agua de los alrededores habían sido envenenados para causar la sed entre los cruzados. Además, tras las murallas de la ciudad aguardaban los mejores jinetes árabes, los arqueros sudaneses y el fuego griego estaba preparado.

Unas semanas después, Iftijar seguía sin entender a los portadores de la cruz. El mismo se consideraba un gran creyente del islam, pero su cometido en la tercera ciudad Santa del Islam, tras la Meca y Medina era proteger los territorios de su Califa, nunca la defensa de la histórica mezquita de al-Aqsa. De ahí que no entendiera la tradicional salida de hombres descalzos y desprovistos de defensa, para colocarse a cantar y orar bajo las murallas de Jerusalén, mientras sus compañeros acababan la fabricación de las dos enormes torres de madera.

La toma de Jerusalén
La toma de Jerusalén

Pero el dirigente árabe nunca supo como sucedió, una mañana de julio a pesar de que las torres de madera seguían en su sitio, las noticias que llegaban del barrio judío hacían presagiar lo peor. Los cruzados entraron por dicho barrio pasando a cuchillo a todo ser viviente, esa misma tarde el estandarte fatimí solo ondeaba en la torre de David. Finalmente, el 15 de julio Iftafar y los suyos abandonan la ciudad, una semana después; los musulmanes, los judíos e incluso los cristianos orientales que protegían el Santo Sepulcro seguían siendo asesinados.

Conclusiones.

Es evidente que acabamos de conocer la visión del mundo árabe del conflicto que cambió la historia. Solo hemos narrado de forma muy resumida dos años de los casi dos siglos, que pasaron los cruzados en tierras orientales. Es evidente que este periodo tuvo dos caras bien visibles, la tradicional que nos ha mostrado los valerosos hombres de Dios, encabezados por los Templarios, y frente a ella, la del pueblo musulmán, que vio como Occidente cambió para siempre los entresijos de su historia. No es momento de solucionar nada, pero si de mirar el antes y el después de las relaciones entre estos dos espacios geográficos.

No hay que olvidar que ambos espacios provenían de un espacio cultural común; El Imperio Romano que, con la excepción de Bizancio, sucumbió por completo a uno de los males que lo llevó a su desaparición, las religiones monoteístas se hicieron con el control de la sociedad. A Europa Occidental le llevó a su época más oscura, las grandes ciudades prácticamente desaparecieron instalándose el poder en los pequeños núcleos rurales que fueron presa de poder religioso, los monasterios se convirtieron en los únicos conocedores del pasado y lo tamizaron todo para adecuarlo a sus necesidades.

El panorama en Oriente se puede decir que era diferente, las ciudades siguieron ostentado el poder, lo que llevó a una gran fragmentación del mismo. Asíq que cuando los cristianos llegaron a Oriente, no existía un poder fuerte y unitario para la defensa de sus santos lugares. Pero si una rica cultura que había sabido guardar el saber del pasado. El mundo musulmán era mucho más avanzado y floreciente.  Las bibliotecas árabes guardaron el legado clásico, y a través de él, fomentaron las ciencias desde las matemáticas a la medicina y pasado por el estudio de los grandes filósofos como Aristóteles.

Un giro en la historia.

Tras la expulsión definitiva de los cristianos, con su salida de Acre en  el año 1291, muchas cosas habían cambiado. En Europa florecían las ciudades al amparo de los grandes mercados, el deslumbrante gótico las embellecía con grandes catedrales y edificio públicos, además del contemplar el nacimiento de las primeras universidades europeas en Bolonia, París o Londres. Mientras el mundo árabe comenzó un imparable aislamiento internacional, eso no quiere decir que perdiera su fuerza, no hay nada más que recordar la caída de Constantinopla en el año 1453.

Pero en definitiva no hay que ir muy lejos, para comprobar algunas de las consecuencias de las Cruzadas. Hoy día las diferencias entre ambos espacios se nos presentan abismales. En el mundo occidental la secularización iniciada en el siglo XIX de la mano de las revoluciones (tanto las industriales como las liberales) nos ha llevado a entender lo sucedido desde un prisma neutro. Basta como ejemplo la historiografía española que ha sustituido sin complejos términos como “reconquista” por “conquista”, al referirse al periodo histórico de luchas en la Península Iberia entre cristianos y musulmanes. En cambio en los territorios que fueron escenario de las cruzadas, todos los días nos echamos las manos a la cabeza con las noticias que nos llegan. Desde el aislacionismo exagerado de los talibanes en Afganistán, a la noticia en Arabia Saudí de que las mujeres pueden sacarse el carnet de conducir. O especialmente la noticia de un nuevo grupo militar que reivindica el atentado contras intereses o personas occidentales amparándose en la llamada a la Yihad, o recordando sin tapujos los sucesos de Maarat.

No me quiero despedir sin resaltar que no es mi intención ni de culpar a las religiones, ni al mundo occidental de lo que sucede hoy día en Oriente Próximo. Lo sucedido en el periodo de las cruzadas tiene más que ver con el egoísmo del ser humano por conquistar aquello que no es suyo, que de un tema religioso. Algo que por desgracia nos ha acompañado desde el nacimiento de la humanidad.

Mas info:

Las Cruzadas vista por los árabes, Amin Maalouf, Ed. Alianza, 1998

Imágenes:

commons.wikimedia

  1. Ese egoísmo del que hablas al final, es el mismo que tenemos ahora -que siempre hemos tenido-. Por lo que, seguimos con el mismo paradigma que el de las cruzadas: ‘Yo tengo la razón, tú no la tienes. Y por eso, me tengo que oponer con todo lo que pueda, a lo que tú crees que es tu razón’.
    Es decir, el estado de guerra total, continuado. Que a veces, se enfría por el debilitamiento de un contendiente. Que sabe que no podrá vencer al agresor, que es más poderoso. Y, por tanto, más corrupto, más ladrón, más asesino.

  2. Conquistar aquello que no es suyo, suena bien pero no creo que sea correcto, por eso mismo la reconquista en la península sería lo mismo? No, y creo que nos olvidamos que toda esa tierra había sido cristiana, que había dos , si no tres, reinos cristianos que con la invasión musulmana desaparecieron creo por el año quinientos algo. Las cruzadas no dejan de ser la reconquista para la cristiandad de las tierras cristianas invadidas por los musulmanes.

    1. Las religiones no invaden, es decir, desde mi punto de vista no podemos mezclar conceptos. El mundo musulmán como religión no existió hasta el siglo VII, por lo tanto es partir de ese momento cuando personas de diferentes creencias empiezan a cambiar unas por otras. Para tu obtener los recursos de una tierra, no creo que lo más importante sea tu religión, sino la posesión de ella a través de la explotación de sus recursos. Durante la historia, no cambian los dueños de estas tierras, el hombre de la Edad Media en su inmersa mayoría era sedentario y las posesiones pasaban de padres a hijos, un taller alfarero, una porción de tierra de trigo, etc. Lo que cambiaban eran los que recaudaban los impuestos, que a través de la posesión de las armas y el poder lograban convertir una sociedad musulmana en cristiana o viceversa.
      Por cierto la reconquista cristiana de la Península Ibérica es lo mismo. Te voy a poner un ejemplo; Granada, ¿ qué sería musulmana o cristiana ? Vamos a iniciar un breve repaso a su historia desde el supuesto nacimiento de Jesús. Primeros 400 años (pagana, solo el último periodo se comienza a cristianizar, como todo el mundo romano), tras lo cual los siguientes 300 años de un cristianismo que no se define claramente (¿arriano, católico?). Siguientes 800 años musulmana y los últimos 500 años cristiana. Según tú si llega mañana un musulman reclamando “sus derechos” sobre Granada ¿qué hacemos? Evidentemente nada, las religiones se deben mantener a parte de las conquistas territoriales.

  3. La historia es demasiado apasionante, con sus héroes y villanos ángeles y demonios, no podemos hacer nada para cambiarla solo aprender de ella para no repetirla

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