18 junio, 2024

Gosvinta es otro de los grandes ejemplos que la historia no está escrita por mujeres. Sin lugar a dudas fue uno de los personajes más importantes de la historia del Reino Visigodo, no solo en el siglo VI, sino posiblemente durante todo el periodo de supervivencia del gran reino toledano. Pero ser una mujer enérgica, decidida y valiente en los asuntos políticos del siglo VI, sin asumir su papel de sumisa y respetuosa esposa, fue una actitud difícil de perdonar.

Orígenes de Gosvinta. ¿Princesa balta?

A Gosvinta le tocó vivir uno de los periodos más convulsos de la historia del pueblo visigodo. Un pueblo que llevaba en una memoria colectiva el recuerdo de siglos errantes, recorriendo gran parte de Europa desde el Báltico al Mediterráneo. Pero a mitad del siglo VI la historia era bien diferente. Habían sido premiados por Roma como herederos de una de las provincias más ricas del desaparecido Imperio Occidental. Pero como la gran mayoría de premios había que terminar de ganárselo.

Cuando Gosvinta entra en la historia del pueblo visigodo, este se halla inmerso en los inicios de la reunificación de los antiguos territorios de la Hispania Romana. En el noroeste, los suevos ejercían ya un dominio desde un siglo y medio antes. Al norte, los pueblos menos romanizados, astures, cántabros y vascones, querían seguir parapetados tras la Cornisa Cantábrica, en una especie de independencia política del resto peninsular. Por el sureste el peligro se llamaba Bizancio, que seguía ejerciendo el control de la provincia Spaniae. Por último, destacar que incluso la otrora capital de la Bética Romana vivía ajena al control político de los visigodos, dominada por la alta nobleza hispanorromana.

Mapa de la Península sobre el año 560
Mapa de la Península sobre el año 560

Para tal ingente labor, él que quisiera ser rey de los visigodos debía aunar el mayor de los consensos y apoyos de la nobleza visigoda. Ese es sin lugar a dudas el papel asignado a Gosvinta.  Aunque su origen es desconocido, toda la historiografía le asigna un puesto de honor entre la alta nobleza visigoda, incluso gran parte esta le asigna el papel de heredera de la familia de los baltos. Una familia que había dirigido los designios del pueblo romano, desde Alarico I (395-410) el saqueador de Roma. Pero una familia que, a pesar de seguir siendo muy significativa, había perdido el control de la corona visigoda tras la derrota en la Batalla de Vouillé (507), en el centro de Francia. Desde aquel momento, los ostrogodos se hicieron cargo de la corona visigoda, y los baltos derrotados emigran desde la Septimania a Hispania.

Batalla de Vouillé
Batalla de Vouillé

Reina visigoda con Atanagildo.

Poco sabemos del primer reinado de Gosvinta. Más allá de que estuvo casada con Atanagildo, y que sepamos tuvo dos hijas. Atanagildo se convirtió en rey de los visigodos tras una cruenta guerra civil con Agila I. Tampoco sabemos si el matrimonio entre ambos fue antes o después de dicha guerra, pero lo que es importante es que el matrimonio otorgó a Atanagildo fuerza política, social, económica y militar para llevar la paz al pueblo visigodo. Periodo que aprovechó para afianzar Toledo como la capital del reino hispano visigodo.

Otro de los aspectos que conocemos fue la necesidad de buscar una paz duradera, e incluso un aliado al otro lado de los Pirineos. Los francos habían propiciado, como hemos visto en Vouillé, una de las derrotas más dolorosas de la historia visigoda. Las dos hijas de Gosvinta, y supuestamente de Atanagildo, tomaron rumbo a los reinos francos en manos merovingias. Galsvinta se casó con Chilperico de Neustria, y su hermana Brunequilda con Sigiberto de Austrasia.

Como ya hemos señalado las fuentes son muy escasas de esta época, pero incluso algunas que son rechazadas como verídicas nos pueden llevar a una cierta e interesante reflexión. Me refiero a un poema escrito por Venancio Fortunato, obispo de Poitiers, tras la muerte de Galsvinta ordenada por su propio esposo Chilperico. En el dicho poema se nos describe el momento en que los enviados francos llegan a Toledo para recoger a Galsvinta. Esta se aferra a su madre, negándose a partir para desposarse con un hombre que ni siquiera conoce. Mientras que la reina Gosvinta clama al cielo interrogándolo; ¿Por qué tienes que llevártela a tierras lejanas, donde no seré más su madre?

Muerte de Galsvinta.
Muerte de Galsvinta.

Ciertamente, esta fuente es rechazada, por que la actitud de Gosvinta no está muy acorde con el resto de las fuentes que nos señalan su deambular por la historia. Llegados a este punto, nos podemos preguntar dos cosas: ¿Por qué la historiografía pretende deshumanizar a la reina visigoda? ¿Cualquier madre, no hubiera actuado de forma similar?

Gosvinta junto a Leovigildo.

Aquí podemos encontrar una primera respuesta a las anteriores preguntas. Leovigildo es el gran restaurador militar de la Hispania que habían dejado los romanos. Gosvinta, su mujer, fue uno de principales rivales políticos en la corte de Toledo.

Aunque vayamos por partes, en el punto anterior hemos dejado a Gosvinta casada con Atanagildo. Pues bien, por extraño que parezca y si nadie nos dice lo contrario, el rey visigodo murió de muerte natural. Sí, es raro, pero eso dicen las fuentes. Tras la muerte de Atanagildo, se produjo una vuelta la guerra nobiliaria. Una guerra corta que duró unos cinco meses, hasta que la alta nobleza visigoda dio por buena la designación de Liuva, uno de los nobles más importantes de Narbona. Este decide poco después la incorporación de su hermano pequeño al gobierno de Hispania y lo manda a la sede de Toledo. Era el año 569.

Parece inevitable pensar que, en aquellos cinco meses más que una gran batalla militar, se fraguó una lucha en las reuniones de la alta nobleza visigoda. De la misma forma que no es tan descabellado pensar que, en alguna de aquellas reuniones se acordara el matrimonio entre Leovigildo y Gosvinta. Solo la unión dinástica de las dos familias visigodas más importantes del momento podía llevar al estado visigodo, a la paz interna necesaria para hacerse con el control total de la Hispania romana.  El control se llevó a cabo durante el prolifero reinado de Leovigildo, pero era evidente que Gosvinta no iba a renunciar a su parte del pastel.

Leovigildo.
Leovigildo.

No vamos a entrar mucho en las conquistas de Leovigildo. Pero está claro que, el poder militar del nuevo rey visigodo se basó en la fuerza que le proporcionó aquel matrimonio de conveniencia. La facción política que en Hispania apoyaba a la reina Gosvinta era todavía superior a la que apoyaba a Leovigildo. El resto de poderes hispanos fue cayendo consecutivamente, Córdoba, Spaniae, y los suevos sucumbieron ante un reino visigodo unido durante el reinado de Leovigildo

El reino visigodo de Hispania gozaba por fin de paz interna. Todos se las prometían felices.

¿Culpable de la revuelta de Hermenegildo?

Pero llegó el error del año 579. Y ciertamente nunca sabremos quién lo cometió. Lo cierto es que, la intención en un principio parece ir en la línea política fraguada por el reino visigodo, de alianza a través de los matrimonios de las dos facciones principales de la nobleza visigoda.

Me explico. Leovigildo traía al matrimonio dos hijos, Hermenegildo y Recaredo. De su madre no sabemos nada, si fue repudiada por Leovigildo o bien murió antes de la llegada de Gosvinta. Lo cierto es que no hay constancia de que la relación entre los hijos de Leovigildo y Gosvinta fuera negativa, más bien al contrario. Por otra parte, recordemos que Gosvinta había tenido dos hijas. Una se la había cargado su marido, la otra, Brunequilda, había conseguido afianzarse en el trono del reino merovingio de Austrasia. Allí había tenido una preciosa hija, Ingunda, que ahora ya tenía doce años y por lo tanto ya podía ser desposada. El elegido fue el hijo menor de Leovigildo.

El matrimonio entre Hermenegildo e Ingunda se llevó a cabo en el año 579. Como eran dos niños, 15 y 12 años respectivamente, su primer hogar debía ser la corte de Toledo. A los pocos días empiezan los problemas. Gosvinta sabía perfectamente que cualquier problema interno podía desestabilizar el gobierno visigodo, y la religión era un asunto prioritario en cualquier corte altomedieval.

El reino de Toledo seguía siendo arriano, sí, ante una población mayoritariamente católica, de ahí que Gosvinta intuyó rápidamente el problema que se les podía venir encima. Ingunda, la preciosa niña de doce años decide que quiere seguir siendo católica. Su madre había sido obligada a renunciar del arrianismo, y a ella no le iban a hacer lo mismo. Ni que se lo pidiera su mismísima abuela iba a renunciar a la religión católica.

La historia nos la cuenta el obispo católico e historiador galo Gregorio de Tours.

 “Gosvinta no dudo en acudir a la violencia contra su nieta. La agarró por los pelos para tirarla a suelo y allí le propinó patadas por doquier. Toda ensangrentada, mandó desnudarla y tirarla dentro de la pila bautismal, para rebautizarla al rito arriano”

Ni con esas, la joven bella y díscola princesa gala, nieta de Gosvinta, renunció al catolicismo. Leovigildo intentó mediar en la situación mandando a la pareja a Sevilla. Allí Hermenegildo se bautizó al cristianismo, y con el apoyo de la nobleza hispanorromana católica se levantó en armas contra su padre. La revuelta arrancó en el año 581, y un solo aspecto ha culpabilizado a Gosvinta de la misma; el niño engendrado por Ingunda, su nombre toda una declaración de intenciones, Atanagildo, el mismo que su primer marido.

Hermenegildo fue convertido en Santo por la iglesia Católica
Hermenegildo fue convertido en Santo por la iglesia Católica

Las intenciones de Gosvinta las podemos intuir. En juego seguía estando la eterna disputa entre las dos principales familias visigodas de Hispania.  ¿Pero claro, la culpable de aquella revuelta se llamó Gosvinta?

Pues sobre el papel la respuesta debe ser compleja. Además, antes de continuar nos podemos hacer un par de preguntas más: ¿Por qué no existe ningún indicio de que Leovigildo castigará a su esposa, tras acabar con Hermenegildo? ¿Qué hacia Gosvinta, acérrima arriana, defendiendo una rebelión con trasfondo católico?

Gosvinta acérrima arriana.

Leovigildo atrapa Hermenegildo sobre el año 584, lo envía hacia Levante, y muere preso en la cárcel de la antigua ciudad romana de Tarraco. El propio Leovigildo muere en el año 586, poco o nada sabemos de las causas. Lo que sabemos es que queda al frente del reino Recaredo. El único hijo del gran reunificador de la Hispania Romana no debía tener muchos problemas para que la alta nobleza confiara en él. Además, las conquistas de su padre, le reportaron dinero a las arcas visigodas y un gran reconocimiento militar y social. Aun así, su primera decisión al frente del reino visigodo es declarar reina madre a Gosvinta, ¿Qué necesidad tenía?

Otra respuesta sin mucho consenso, ya que la más plausible es que Recaredo se aliara con Gosvinta para reforzar de nuevo la necesaria alianza con los francos, tras la ofensa del reino visigodo de dejar morir a su princesa Ingunda en el exilio camino de Constantinopla.

Pero los planes de Recaredo no contrastaban con los de Gosvinta. Recaredo está firmemente decidido a acabar con lo que había comenzado su hermano, cambiar el credo del reino visigodo de Toledo. Ambos habían sido conscientes de las enormes oportunidades que reportaría su bautismo católico, para encontrar el definitivo apoyo de la antigua nobleza hispanorromana. En el III Concilio de Toledo, celebrado en el año 589, adjura del arrianismo para abrazar el catolicismo.

Conversión de Recaredo.
Conversión de Recaredo.

Pero Gosvinta había nacido arriana y pensaba morir arriana si hacía falta. A pesar de que el arrianismo había perdido mucha fuerza, busco la alianza de la nobleza arriana apoyada por el obispo de Toledo, Uldilda. Se entabló un combate, pero las fuentes no son claras sobre las dimensiones del mismo. Lo cierto es que las tropas del rey Recaredo vencieron a los insurgentes.  Del obispo Uldilda sabemos que fue desterrado pero perdonado, detrás de dicho perdón subyace el intento de Recaredo de atraer a los restos de la Iglesia Arriana a la causa del catolicismo. De Gosvinta no sabemos nada más, no sabemos si murió asesinada o se dio muerte a sí misma tras la derrota.

Epílogo.

Como hemos podido ver, con la retahíla de preguntas sin resolver que han ido surgiendo en el presente artículo, de Gosvinta conocemos mucho menos de lo que a simple vista pudiera parecer. Ciertamente fue esposa de dos reyes visigodos, y madre adoptiva de otro. Madre de dos hijas y abuela de una princesa franca muy católica. También podemos deducir sin miedo a equivocarnos que fue la cabeza principal de un linaje aristocrático visigodo en clara decadencia. Por último, destacar que fue una arriana convencida.

La reina Gosvinta rompió los moldes, participando de la vida política del Reino Visigodo. Eso fue imperdonable. Fue juzgada históricamente por los historiadores católicos, tanto Juan Biclaro como Greogorio de Tours, no le perdonaron que una vez más, y han sido muchas en la historia, que una mujer como ella intentara sobresalir en un mundo de hombres.

Sobre cómo le ha tratado la historiografía, os dejo la frase con la que cierra la Real Academia de la Historia su biografía sobre Gosvinta:

“Afortunadamente para todos Gosvinta fallecía en Toledo en la segunda mitad de ese año de muerte, a lo que parece, natural.”

Lectura recomendada.

Hace pocos días la Editorial Edhasa publicaba el vencedor de su IV Edición de sus Premios de Narrativas Históricas, el vencedor fue Jose Soto Chica, con su obra titulada “El Dios que habita la Espada”.

Destacar que José Soto Chica es uno de los historiadores actuales que mejor conoce el periodo del Reino visigodo. Su novela ambientada en el reinado de Leovigildo nos puede hacer conocer un poco mejor a la Reina Gosvinta. Todavía no la he disfrutado, espero resolverlo en breve, para completar esta información.

El Dios que habita la espada en Historioteca.
El Dios que habita la espada en Historioteca.

Mas info:

ANTIGÜEDAD Y CRISTIANISMO, MONOGRAFÍAS HISTÓRICAS SOBRE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA, Serie dirigida por el Dr. D. Rafael González Fernández

MUJERES «VIRILES» EN LA HISPANIA VISIGODA. LOS CASOS DE GOSVINTA Y BENEDICTA. Mª Rosario Valverde Castro.

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