27 mayo, 2024

Para estudiar la historia del Imperio Romano se hace imprescindible comprender el devenir de las mujeres Julio-Claudia. Ciertamente los libros de historia, por culpa principalmente de los historiadores romanos, han convertido en protagonistas a los emperadores de Roma; Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio o Nerón. Con excepción del primero, el resto se convirtió en emperador por haber nacido de una mujer Julio-Claudia. Solo ellas fueron dignas de dar legitimidad imperial a los primeros portadores de la Púrpura.

Pero aquellas mujeres no se contentaron con eso, para ellas fue imprescindible participar de las decisiones imperiales como consejeras de sus esposos, padres o hijos. A pesar de que cualquier cargo público, con la excepción de alguno de carácter religioso, les estaban vetados por el hecho de ser mujer, lucharon para ser escuchadas. Para Guy de la Bédoyère, autor del fantástico ensayo, Domina, su importancia fue tal que es posible reconstruir la historia a partir de los reinados personales de todas estas mujeres de la Dinastía Julio-Claudia.

Una historia que las encumbra como las grandes mujeres de Roma. Sin duda no nos podemos abstraer de esta imagen de poderío que proyectaron a la sociedad romana. En definitiva, su posición social era la más alta del recién nacido imperio romano. Nuestra imagen mental sobre ellas nos lleva inconscientemente a una vida rodeada de lujos: sirvientas y esclavas por doquier, baños en leche de burra, joyas llegadas de todos los rincones del imperio, e impresionantes banquetes y fiestas donde su belleza las colocaba en lo más alto del pedestal. Seguramente, en sus vidas fueron recompensadas por muchas de estas escenas.

Pero también podemos pensar que vivieron en una cárcel de lujo, obligadas por los hombres que las rodeaban a matrimonios de conveniencia para crear las grandes alianzas políticas y económicas de Roma. Una vida al servicio de los hombres imperiales. Una vida donde salirse del redil, y muchas decidieron salirse, las convertía en pasto de las exacerbadas críticas a las que han sido sometidas por los historiadores romanos.

Las grandes matronas de Roma.

Domina, las mujeres que construyeron la Roma Imperial nos habla hasta de veintiséis mujeres que, perteneciendo a la familia Julio-Claudia estuvieron de una u otra forma ligadas a la historia imperial.  Todas ellas surgieron por descendencia de tres mujeres. Tres mujeres que se convirtieron en protagonistas en uno de los periodos más violentos de la cultura romana. Los años finales de una moribunda República que dieron paso al poder unipersonal de los emperadores romanos. Tres mujeres que, de forma directa, como esposa, hermana, e hija, vivieron ligadas al primer emperador de Roma, Octaviano, al que todos acabaremos conociendo como Augusto.

Livia Drusila

La primera de ellas, Livia Drusila, se acabó convirtiendo por su longeva vida en la gran abuela de Roma. 86 años tenía el día de su muerte, de ellos más de cinco décadas los pasó al lado de Augusto. Su importancia fue tal, que el día de su boda ya llevaba de la mano a un futuro emperador, un niño de cuatro años, Tiberio, que cincuenta años después se convertiría en el segundo emperador de un Imperio que ni siquiera había nacido.

Livia Drusila
Livia Drusila

Está claro que en Roma era fácil adoptar a hijos ajenos, siempre y cuando les fueran válidos políticamente. Fijaros si era fácil adoptar hijos, que Livia se casó embarazada de su segundo vástago, Druso, el gran triunfador en las interminables luchas contra los germanos. Y todavía hay más, el padre de ambos niños, Tiberio Claudio Nerón, fue el encargo de llevar simbólicamente del brazo a su exesposa a los brazos del por entonces Octaviano. Todo era válido en Roma, con tal de ganarse un puesto en las entrañas del poder.

Livia Drusila fue la única mujer de Roma que guardo un lazo familiar con todos los emperadores de la primera dinastía imperial romana.  Augusto fue su marido. Tiberio su hijo. Calígula su bisnieto. Claudio su nieto. Nerón su tataranieto. Todo un éxito, contando que no fue capaz de dar un solo hijo a Augusto.

Octavia la menor.

La segunda de estas grandes matronas es uno de los ejemplos más tristes, del uso que los hombres más poderosos de Roma hicieron de las mujeres de su familia. Octavia era la hermana mayor de Octaviano. En el año 40 a. C. la relación entre Octaviano y Marco Antonio ponía en peligro a Roma. El triunvirato que ejercían los dos junto a Marco Emilio Lépido pasaba por sus horas más bajas. La solución el matrimonio de Octavia con Marco Antonio. Tras la ceremonia se dirigen a Grecia, desde donde Marco Antonio debía seguir conquistado Oriente. Pero también conquistó o se dejó conquistar por Cleopatra, reina de Egipto. Tras el desengaño Octavia vuelve a Roma bajo la protección de su hermano.

Octavia
Octavia

Junto a ella viajaban 5 hijos, un varón Marco Claudio Marcelo protegido por su tío Augusto, no llegó a desarrollar la carrera militar por su temprana muerte con 19 años. El resto eran niñas, la última de ellas conocida como Antonia la Menor, será de la que desciendan el resto de emperadores. Octavia fue bisabuela de Calígula, abuela de Claudio y tatarabuela de Nerón.

Julia la Mayor.

Dejábamos en el primer apartado a Livia Drusila sin poder dar hijos a Augusto. De ahí que el emperador dejara en manos de su hija Julia la Mayor, nacida de su anterior matrimonio con Escribonia, su propia línea sucesora. La única que iba a llevar su propia sangre.

Julia la Mayor
Julia la Mayor

Augusto debía controlar la vida de su hija. A la edad de 11 años se la lleva a Palacio a pesar de que su madre siguiera viva. Julia la Mayor fue criada para dar descendencia imperial. A los 14 años Augusto la casó con su propio primo, Marco Claudio Marcelo, exactamente, el hijo de Octavia. Este murió solo dos años después.  Luego llegó el matrimonio con Marco Vipsinio Agripa, un hombre que incluso era mayor que su padre, 24 años les separaban. Sí, Agripa era uno de los hombres más importantes de Roma, amigo personal de Augusto, magnifico general y gran arquitecto, el Panteón de Roma lleva su sello. De hasta donde pudo ser feliz Julia con Agripa no lo dicen las fuentes, cinco hijos en nueve años de matrimonio. Una de ellas, casi la más pequeña, Agripina la Mayor, dará mucho que hablar.

Tras la muerte de Agripa en al año 12 a. C., llega el último matrimonio de Julia la Mayor, en este caso con Tiberio, su hermanastro de toda la vida. Una vida que se nos antoja muy infeliz, usada desde niña por los hombres de Roma para su propio interés. Murió de hambre, tras ser rechazada por su padre y por su marido, acusada de despiadada y adultera.

Las “Agripinas”, el poder de las mujeres Julio-Claudia.

Es evidente que en este artículo no os puedo hablar de las veintiséis Julio-Claudia. Pero hay dos mujeres que tras las anteriores supieron ejercer su lugar en la política romana. Incluso una de ellas será defenestrada por las fuentes romanas por ponerse a la altura de los hombres, gritando fuerte su determinación por convertirse en emperadora de Roma.

Agripina la Mayor.

Exactamente, la cuarta hija de Agripa, y la enterrada en vida, Julia la Mayor, se convertirá en una de las mujeres más importantes de la historia de Roma. Agripina supo en todo momento ejercer el papel que la cultura romana le destinaba como mujer. Su matrimonio con Germánico, hijo de Druso y de Antonia la Menor, será un modelo a seguir como esposa imperial para todo el resto de la historia de Roma.

Germánico está considerado el emperador sin corona. Su labor en Germania fue determinante para encumbrarlo como uno de los mejores generales del Imperio. Tiberio le debía temer, los historiadores romanos no nos han dejado muy clara la relación entre ambos. Incasable luchador acudía a donde el Imperio le necesitara para dirigir a las legiones romanas, junto a él su inseparable esposa Agripina. Roma los amaba por encima de todos los demás y les tenía reservado un puesto de honor. Un puesto que nunca llegó, Germánico murió en el año 19 d. C., supuestamente envenenado por Pisón, el gobernador recientemente impuesto en Siria por Tiberio, ¿casualidad?

Agripina trajo al mundo seis hijos de Germánico. Seis hijos que viajaron junto a sus padres por medio imperio. Uno de ellos, Calígula se convertirá en el odiado tercer emperador de Roma. Una de ellas, Agripina la Menor, la mujer que desafió a la ciudad de Roma para convertirse en emperadora.

Agripina la Menor.

Agripina llega a Brindisi con su hijos y con las cenizas de Germánico
Agripina llega a Brindisi con su hijos y con las cenizas de Germánico

Tras la muerte de Germánico, Agripina vuelve a Roma. Allí fue recibida por todo el pueblo de Roma, bueno… por todos menos por uno, el emperador Tiberio. Desde el mismo instante de la muerte de general, todo aquel que llevara en su cuerpo sangre de ambos sería una especie de Dios para los romanos. Y, por cierto, había unos cuantos. Los dos varones mayores murieron en extrañas circunstancias durante el reinado de Tiberio. De ahí que Calígula, el más pequeño, heredara la Púrpura de Roma.

El día que llegó Agripina la Mayor a Roma, Calígula tenía ocho años y Agripina solo cinco. Su madre acabó, como la abuela de ambos, desterrada en la isla de Pandataria. De su hija desconocemos sus pasos hasta el nombramiento de su hermano como emperador. Emperador que encumbró a su hermana como una de las mujeres más importantes de Roma, hasta que su sombra se hizo más alta que la suya.

Agripina no quiso ser la mujer ejemplar que fue su madre. Agripina la Menor quiso ser emperadora de Roma. Tras la muerte de su hermano, no dudo en casarse con su tío Claudio para ejercer como emperatriz. Aunque no esté probado, tampoco parece que dudara en dar pasaporte a Claudio para manejar al siguiente emperador, su querido hijo Nerón. ¿Tan grave fue lo que hizo Agripina la Menor? Más bien el problema era su condición de mujer, a la que la historia no le permitió actuar como actuaban los hombres de Roma.

Agripina la Menor
Agripina la Menor

O sí, porque el día que Nerón se convirtió en el quinto emperador de Roma tenía solo 17 años. Agripina la Menor se puede decir que mandó de facto en el Imperio entre los años 54-59, su control de los hilos políticos de Roma fue casi total. La Guardia Pretoriana protegió a Agripina. Nerón miraba a su madre y a su alrededor hasta comprender que su condición de hombre le hacía merecedor de más poder.

La última Julio-Claudia.

El problema de Agripina la Menor fue que su hijo Nerón era tan ambicioso como su madre, aspecto que subestimó la emperatriz de Roma. Además, por mucho que las mujeres de la familia Julio-Claudio tuvieron en su poder ser las únicas en engendrar emperadores, el poder seguía siendo cosa de hombres. Al final irremediablemente se debió convencer.

En el año 58 una nueva mujer apareció en escena, Popea Sabina, según Tácito una de las mujeres más bellas de Roma. Era siete años mayor que el propio Nerón, problema que se solventaba con un baño diario de leche de 500 burras. Popea tenía el mismo instinto que Agripina, el poder le era negado por su condición sexual, pero estaba dispuesta a todo por conseguirlo.

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Popea estaba casada con Otón, sí, el futuro emperador. Mientras Nerón había sido casado con Octavia, hija del emperador Claudio, para continuar la línea dinástica. Nerón se encaprichó de Popea y sabía que su madre se iba a negar a su unión. Pero Nerón hizo el trabajo como si lo hubiera hecho su misma madre, en el año 59 acabó con la vida de Agripina la Menor. La última descendiente directa de las primeras Livia, Octavia y Julia moría tras una larga disputa con su hijo. No está clara la forma en que encontró la muerte, pero es lo de menos.

Tras Agripina, en el año 62, le llegó el turno a Octavia. La familia Julio-Claudio estaba tocada de muerte, solo existía una oportunidad para seguir reinado Roma, el hijo que Nerón había engendrado en Popea Sabina. Pero Nerón hizo lo único que sabía hacer, destrozar la vida de todos sus congéneres. El emperador más nefasto de la historia de Roma acabó con Popea y el futuro emperador a patadas tras un arranque de inusitada rabia. Fue el final de la primera gran dinastía de Roma. Fue el final de una serie de mujeres de la familia Julio-Claudia que engendraron el poder en Roma.

Guy de la Bédoyère ha dado con su obra Domina, Las mujeres que construyeron la Roma Imperial, un vuelco a la hora de narrar la historia de los primeros emperadores. El prestigioso historiador británico ha construido la historia de la primera dinastía de emperadores romanos partiendo de los reinados de las mujeres de la familia Julio-Claudia. La historia de veintiséis mujeres que dirigieron los designios de Roma en los albores del Imperio Romano, desde la sombra de sus padres, maridos, hijos, o nietos.

Por cierto, una historia que se repetirá más de un siglo después con la familia de los severos. Historia, que dejamos para futuras entregas.

Domina en Historioteca
Domina en Historioteca

1 comentario en «Domina. Las mujeres Julio-Claudia que engendraron un Imperio.»

  1. Me gusta mucho la Historia y cada uno de sus textos la hacen más amena e interesante,muchas gracias por su trabajo señor Jose,le mando un cálido saludo desde Mendoza,República Argentina.

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