Mosaicos romanos, tipos, temáticas y su proceso de elaboración.

Los mosaicos no son una invención de los romanos, ya que se han hallado en diferentes culturas anteriores, desde Creta a Mesopotamia. Pero estos consiguieron convertirlos en habituales en todos los edificios, tanto públicos como privados. Gracias una vez más a Vitruvio y los restauradores de nuestro tiempo, hemos conseguido conocer, cómo se elaboraban, sus diferentes tipos, o bien cuáles eran los temas plasmados más habituales.

¿Cómo se elaboraban los mosaicos?

Dos son las fuentes principales para conocer el proceso de elaboración de los mosaicos romanos, el gran Vitruvio y los estudios de conservación actuales. Gracias a ambos conocemos el complicado, largo y costoso proceso, para el cual eran necesarios gran cantidad de profesionales. A pesar de que los mosaicos romanos se colocaban en paredes o incluso techos, los más habituales eran los colocados en el suelo, y en su proceso de elaboración nos vamos a centrar.

La primera labor era realizada por los albañiles romanos (caementarius) y consistía en la creación de una superficie lisa, estable e impermeable. Normalmente se colocaban tres capas, (de abajo a arriba; statumen, rudus y nucleus), los materiales principales de estas eran la cal y la tierra. Lo que cambia eran los componentes que llevaban estos mezclados, de abajo arriba era cada vez de menor tamaño, para conseguir más dureza en la parte inferior y una superficie más lisa en la parte superior.  Entre los diversos materiales que servían para compactar la superficie estaban; grandes cantos rodados, pequeñas piedras, restos de conchas, o polvo de ladrillo y tejas con los que culminar la preparación de la base. En los más laboriosos y caros la parte superior era rematada con una fina capa de mortero.

Sección de la construcción de un mosaico

Tras fraguar la obra el turno correspondía los pintores, en primer término dibujaban un boceto con algún tipo de carboncillo, por si tenía que ser rectificado. Una vez repasado y aprobado por el dueño de la casa, o por el supervisor de la obra pública, se repasaba todo el dibujo con pintura para proseguir la obra.

Los dos siguientes artistas en entrar en acción, eran el musivario y el teselario. Mientras el primero de ellos preparaba la zona recortando el mortero sirviéndose de las marcas del pintor, el segundo iba preparando las teselas a base de cortarlas a la medida precisa, parece ser que esta debía ser la parte más compleja de toda la obra. Tras lo cual solo restaba la colocación de las teselas, esta se solía hacer mediante dos técnicas diferentes. La primera de ellas directamente sobre la mezcla previo humedecimiento del suelo. Mientras que para la segunda se usaba una tabla por colocar previamente las teselas, luego eran depositadas en el suelo y con dicha tabla se ejercía una presión para su mejor fijación.

Es necesario recalcar que los materiales de las teselas eran muy diversos.  Desde los clásicos mármoles y granitos, las piedras preciosas como el lapislázuli oriental, vidrios, cerámicas, o los diferentes metales, por supuesto con el oro como elemento estrella en las ricas domus de todo el Imperio Romano. Una vez colocadas se solía pasar una fina capa de mortero para rellenar los huecos y finalmente se pulían con arenilla. Precisamente esta última acción era repetida a menudo para que el mosaico estuviera siempre liso y brillante, además de arena se utilizaba polvo de mármol.

¿Qué se representaba en los mosaicos?

 Los temas representados en los mosaicos eran muy diversos, además de diferentes ámbitos de la vida romana. Podemos constatar que el tema preferido era el relativo a las divinidades y el que se llevaba la palma era el Dios griego Dioniso, Baco para los romanos, que se ocupaba de proveer de vino y manjares las ricas mansiones del Imperio.  Aunque tanto el resto de compañeros del panteón griego, así como la mitología helénica estaban ciertamente muy bien representados.

El dios Baco de Complutum

El mar parece ser que también era un tema muy apreciado entre los romanos, encabezados por el Dios Neptuno, pero sin eludir un recuerdo de la rica fauna marítima, o las bellas escenas cotidianas en torno a los puertos y villas marineras.

La vida diaria de los romanos también tenía un lugar destacado en los mosaicos, como por ejemplo las típicas escenas de caza o los trabajos agrícolas. Pero el tiempo de ocio y de sociabilidad era muy importante para los ciudadanos de la Antigua Roma, escenas de teatro, de circo, de gladiadores, o del tiempo pasado en las termas inundaron los mosaicos romanos. Dos temas aunque más minoritarios llaman la atención, la obsesión por el tiempo, representado con los signos zodiacales o las estaciones, y su preocupación por la geografía con mapas de diferentes partes del Imperio Romano.

Tipos de mosaicos.

Dependiendo del lugar de destino del mosaico se debía elegir la técnica y el material adecuado, es evidente que no era lo mismo colocar un mosaico en medio de un jardín que en el despacho del emperador. Estos son los principales tipos de mosaicos romanos.

-Opus Signium

El más económico y simple de todos los tipos, se usaba con una mezcla de cerámica que le dotaba de un color rojizo. Antes de que fraguara la última capa de mortero se colocaban unas teselas de color negras o blancas, con sencillos dibujos geométricos o bien con inscripciones en las diversas lenguas de las zonas que iba conquistando Roma.  Parece ser que este tipo de mosaico fue importado por los romanos de las tierras cartaginesas, ya que estos lo usaban en el siglo III aC.  Destacar que debido a su alta impermeabilidad era usado en termas,  peristilos, o zonas exteriores, pero también en el resto de la casa especialmente de las menos pudientes.

-Opus Sectile

Más vistoso que en anterior, debido a que estaba realizado con teselas de mármol de múltiples colores, su destino eran las domus más acomodadas, pero especialmente  los edificios públicos.  A pesar de que las grandes dimensiones de las teselas ofrecían un aspecto un poco tosco, de los temas representados.

Se puede decir que es de tradición romana inspirada por las visitas a Grecia a finales de la República. Pero que irá adquiriendo protagonismo a lo largo del Imperio, y será con Nerón cuando tenga su mayor apogeo con mármoles de importación de los territorios conquistados, véase el norte de África o Asia Menor.

-Opus scutulatum

 Convive con los dos anteriores, es de los menos representados y no deja de ser un opus Sectile realizado con dibujos en forma de rombo. Curiosamente está más escenificado en las provincias que en la propia capital romana, además suele aparecer acompañado de otros tipos de mosaicos.

-Opus Tessallatum

De uno de los menos representados a uno de los más importantes. Son todos aquellos que están realizados con teselas cuadradas de entre 0,5-1,5 cm2, y en diferentes combinaciones de colores; en blanco y negro, en tres colores sumando a los anteriores el rojo, o bien en ricos policromados. Como ha quedado reflejado era el tipo de mosaico más habitual tanto Roma como en las provincias.

A través de una serie de dataciones se ha podido comprobar que los estilos y los gustos, se basaban en lo que podíamos denominar modas del momento. Por poner algunos ejemplos durante los tiempos de Adriano aparecen mosaicos con tendencias arabescas repletas de escenas vegetales. Mientras que los tiempos de la Dinastía de los Severos se caracteriza por el predominio de color negro.

-Opus vermiculatum

 Sin lugar a dudas los más espectaculares y matizados mosaicos romanos, es una variedad del anterior, pero con diminutas teselas cuadradas de menos de 0,5 cm de lado. Se solían construir en talleres especializados y llegaban a las obras en paneles preparados para insertarlos directamente. Añadir que normalmente no se hacían mosaicos exclusivos de este tipo, ya que debían ser enormemente costosos, de tal manera que eran combinados con el Opus Tessallatum.

-Opus musivum

Se trata del mosaico que se colocaba en las paredes, es decir el único mural de todos los tipos relatados. Debemos añadir que estos sí que son invención del mundo romano, posiblemente tras su paso por Egipto. Sus primeros ejemplares fueron a finales del siglo I aC., pero los más espectaculares comienzan aparecer con la técnica del Opus vermiculatum durante el siglo I. Pero su máximo esplendor llegará con el Bajo Imperio, y especialmente con sus herederos el Imperio Bizantino en las célebres basílicas de Rávena.

Catedral de Rávena
Catedral de Rávena

Más Info:

De Architectura, trad. José Luis Oliver domingo, Ed. Alianza, 1997

Historia de la cultura material del mundo clásico, entre otras Carmen Guiral Pelegrín, Ed. Uned, 2011

Imágenes: commons.wikimedia

Los libros de horas, las lujosas agendas religiosas de la Edad Media.

Durante la Baja Edad Media, especialmente entre los siglo XIV-XVI, se expande por  Europa Occidental unos curiosos libros denominados “Libros de horas”, convirtiéndose en esos momentos en uno de los soportes más destacados para los artistas medievales.

Si tuviéramos que buscarle un origen sería en los cambios religiosos introducidos por los franciscanos, a los que podíamos sumar la “devotio moderna”, surgida en los Países Bajos en torno a los preceptos del humanismo cristiano. Ambos promueven una forma nueva de acercarse a Dios a través del rezo en la intimidad.

¿Qué eran los Libros de Horas?

Nos encontramos ante una especie de manuscritos, que la nobleza especialmente la laica, encomendaba a los principales artistas gráficos del momento. En dichos libros encontrábamos las diferentes oraciones, que a lo largo del día se debían efectuar separadas por horas, de ahí su nombre.

Normalmente las primeras páginas eran destinadas a un calendario, a través del cual el noble en cuestión, podía organizar sus compromisos. En dicho calendario podían surgir además las festividades o los actos principales de la comunidad. Pero la parte más importante era la destinada a la liturgia diaria, que debía leer el propietario a las horas precisas.

Aunque lo que los convertía en excepcionales y únicos eras sus pinturas. Todos ellos iban adornados con diferentes pasajes de la vida de los cristianos, como la Anunciación o la crucifixión por poner algunos ejemplos. Los textos aparte de ser realizados con una caligrafía excepcional dotada de múltiples adornos, eran adecuados al usuario al que iban destinados. Todas estas características los hacían únicos e irrepetibles.  A pesar de lo cual cuando fallecía el propietario lejos de destruirlo, se convertía en parte de la herencia, era también tradición que el heredero introdujera algunos aspectos para denotar el nuevo propietario.

Del prestigio que llegaron a adquirir ha quedado muestra en que fueron motivo incluso de trofeos de guerra, como sucedió tras la victoria de Enrique VII, el primer Tudor en llegar a reinar en Inglaterra tras derrotar a Ricardo III, tras lo cual se hizo con el libro de horas de este último.

Es indudable que el número de ejemplares que se llegaron a realizar fue muy grande. Podemos añadir además que incluso la llegada de la imprenta en el siglo XV, no reportó ni una caída de la producción, ni siquiera una estandarización, ya que siguió haciéndose de la misma forma que antes de aparecer esta. A la actualidad han llegado numerosos ejemplos que se localizan en los principales museos del mundo, pero también existen múltiples copias de los mismos que en la actualidad son motivo de coleccionismo.

Las muy ricas horas del Duque de Berry.

El más célebre de los libros de horas medievales fue encomendado por Juan I el duque de Berry, al taller de los hermanos Limbourg, afincados en la ciudad holandesa de Nimega. Es preciso recordar que el siglo XV fue uno de los siglos más importantes para  los pintores de los Países Bajos. El encargo pudo llegar alrededor del año 1413, el Duque de Berry hijo del Rey Juan II de Francia, fue uno de los más destacados mecenas medievales.

La relación entre los artistas y el mecenas venía de lejos, el mayor de los tres hermanos, Pol Limboug,  era pintor de cámara del aristócrata francés. Por lo que Las muy ricas horas, no fue el único libros de horas que los pintores flamencos crearon para el Duque. Hoy día se conservan otros en diferentes museos norteamericanos. Pero ninguno podía igualar a nuestro protagonista, a pesar de  que los tres hermanos murieron sin ver terminada su obra en el año 1416 por culpa de la peste.

Según los expertos en arte, Las muy ricas horas del Duque de Berry es la obra cumbre de este tipo de publicaciones. La definen como una obra visionaria, original y revolucionaria. Sus formas se asemejan a los clásicos antiguos, pero las vestimentas reflejan la moda de la época. Destacar especialmente la novedad del color azul como principal en toda la obra, realizado con lapislázuli de Oriente, en aquellos momentos un verdadero lujo.

Tras la muerte de los artistas y del propio mecenas en dicho año 1416, el libro queda inconcluso  hasta finales del siglo XV.  En aquellos momentos era propiedad de Carlos I de Saboya y el encargado de terminar el trabajo, emprendido casi 70 años antes por los hermanos Limbuorg,  fue un semidesconocido pintor francés de nombre Jean Colombe. Desde entonces irá pasando por diferentes manos hasta la actualidad que lo podemos contemplar en la Biblioteca del Castillo de Chantilly.

Libro de Horas de Isabel la Católica.

La primera reina de Castilla y Aragón también tuvo su espectacular libro de horas. Aunque poco se conoce de su elaboración y de los artistas que lo llevaron a cabo, además resaltar que poco lo pudo disfrutar ya que llegaría a sus manos a finales del siglo XV, y como es sabido murió en 1504.

El libro fue un regalo del embajador real Francisco de Rojas, que a sabiendas del gusto de la reina por los pintores flamencos, entre ellos su pintor de cámara Juan de Flandes, decide contratar la elaboración del libro a un taller de los Países Bajos. Al menos cuatro artistas trabajaron en el mismo, solo conocemos dos nombres, A. Bening y G. Horenbout. Si tenemos que destacar algo artísticamente del mismo son las decoraciones de los márgenes, con representaciones naturistas de flores, pájaros o insectos con riquísimos colores, especialmente rojos, azules y dorados.

Tras la muerte de Isabel la Católica siguió en manos privadas, pero no se tienen más noticias hasta el siglo XX en que tras ser vendido por barón Edmond de Rothschild, recae en el Museo Cleveland. Es allí precisamente  donde se pude ver hoy día, formando parte de una de las colecciones medievales más importantes del mundo.

Libro de Horas de Carlos V.

La historia que existe detrás del libro de horas de Carlos I de España y V de Alemania es una de las más curiosas, ya que si normalmente eran encargados por sus futuros propietarios, en el caso de este parece ser que fue un regalo de un personaje anónimo al emperador Carlos.

Al ser motivo de regalo anónimo es difícil asegurar su procedencia, pero el consenso generalizado dice que fue realizado por el taller de Jean Poyer en París. Este pasaba por ser uno de los principales artistas en miniatura, que vivió a caballo entre los siglos XV-XVI, trabajando para las casas reales más importantes de Europa, como la Valois, o la de los Tudor.

Uno de los aspectos más destacados de este libro es el calendario con que se abre el libro. Sus doce páginas, con sus doce meses, son acompañadas por la historia de dos hermanos, uno bueno y uno malo, ambos mueren en diciembre, y mientras el primero sube a los cielos el segundo baja al infierno. También podemos destacar sus magníficos dibujos en miniatura, dedicados a pasajes de la Biblia, como por ejemplo cuando David vence a Goliat.

Tras la muerte de Carlos V el libro de horas es heredado por su hijo, y luego por su nieto Felipe III, que lo regala al Cardenal Francisco. A partir de ese momento se pierde la pista hasta el siglo XIX, que recae por fortuna para todos en la Biblioteca Nacional, lugar donde se halla en la actualidad y además digitalizado, lo podéis conocer en el siguiente enlace: Libro de horas de Carlos V

La prohibición de los Libros de horas.

A pesar de lo narrado los Libros de Horas nunca contaron con el beneplácito explícito de las altas esferas eclesiásticas, más bien eran consentidos dado el poder de sus propietarios. La Iglesia no los veía con buenos ojos debido a la inclusión de banalidades, textos no probados por los antiguos testamentos, o simplemente falta de rigor religioso. Por todo ello, fueron perseguidos y censurados  por parte de la Santa inquisición, que finalmente se saldría con la suya.  Ya que tras la Reforma litúrgica del Papa Pío V, en el año 1570, apoyada en las resoluciones del Concilio de Trento fueron prohibidos.

Imágenes: pinterest

¿Cómo, cuándo y dónde llegó el arte Románico a la Península Ibérica? (Sant Vicenç de Cardona)

Pongámonos en situación; siglo X con la religión convertida en el referente de la sociedad. El mayor poder que tenía la iglesia cristiana, el Imperio Carolingio, tocado de muerte. Los vikingos atacando desde el norte de Europa todos los monasterios y ciudades medievales. Los sarracenos haciéndose con el control de Mediterráneo. La Península Ibérica ocupada prácticamente entera por el “infiel”. Es decir, todo rodeado de hambre, guerras, dolor y miseria. Con dicho panorama era fácil creer las profecías de los que aseguraban, que en el año 1000 el mundo llegaría a su final.

Ábside central de Sant Vicenç de Cardona

Pero a pesar de todo no fue así, pasó el año mil y todo seguía igual, este era motivo  suficiente para estar agradecido a Dios. De esta forma comenzó a expandirse por Europa occidental una desmedida fiebre constructora de templos y monasterios, que sirvieran para salir del pozo negro en el que se había convertido la sociedad del siglo X. Pero además se elevó a la altura de los héroes, a los santos y mártires, que a través de la palabra habían conseguido expandir el cristianismo, más si cabe, a pesar de las dificultades. Esta fue la forma en que se expandió el culto y la veneración por las reliquias, las cuales necesitaban esas amplias iglesias para su protección.

Los impulsores del arte románico.

La Europa del siglo X era un mundo rural, las ciudades prácticamente estaban abandonadas, las vías de comunicación totalmente precarias y el otrora gran comercio marítimo se había convertido en algo residual. Con este panorama la economía se había convertido desde hacía unos siglos en un asunto autárquico, es decir, cada comunidad procuraba autoabastecerse de lo necesario para subsistir. Este fue el caldo de cultivo, para el auge de dos de las más importantes instituciones medievales.

La vida monástica se convirtió en uno de ellos, no era ni mucho menos, una novedad en la época. La vida de reflexión y contacto con la naturaleza comenzó en el desierto de Egipto, por los denominados monjes de Tebaida en su huida del Imperio Romano. Dicha forma de vida será exportada a Europa, y San Benito de Nursia a principios del siglo VI,  la instaurará a través de una seria de normas de obligado cumplimiento. Aunque podemos decir que las célebres 73 reglas benedictinas se acabarán resumiendo en dos, “reza y trabaja”, y pesar de que Europa Occidental se fue llenado de monasterios, dichas reglas no se aplicaron de manera convencional, sino que cada uno de ellos se encargaba de adecuarlas a sus necesidades.

La Abadía de Cluny antes de la Revolución Francesa

Será con la llegada del siglo X cuando desde la Abadía de Cluny, fundada en el año 910, se comience a poner un orden dentro de estas comunidades. Precisamente a través de una reforma monástica, basada en las reglas que San Benito de Nursia había dictado cuatro siglos antes. La principal función de estas fue la regulación de la vida diaria de los monjes negros, como eran conocidos los de la Orden de Cluny. Se distribuyó el día en un rígido horario, que incluía las horas de rezar, trabajar, descansar y comer.

Todo ello supuso el auge definitivo de los monasterios medievales. A pesar de que no todos ellos fueran bajo la Orden de Cluny, como veremos en el caso de hoy, bien es cierto que esta forma de operar llevó consigo el primer arte unitario de Europa, el arte románico.

La otra pierna de arte románico fue la fuerza que adquirió el feudalismo. El poder civil encarnado por la nueva nobleza medieval necesitaba un ejemplo para sus vasallos, y que mejor que apoyarse en dos de las reglas principales de los monjes benedictinos, como fueron la pobreza y la obediencia. Ese fue uno de los motivos del mecenazgo que ejercieron en los nuevos monasterios medievales, el otro estar cerca de los mismos cuando le llegará la muerte. En definitiva fueron los principales creyentes, como quedó demostrado unos siglos después con sus célebres cruzadas.

El primer románico, un arte lleno de particularidades.

Es difícil dar un lugar explícito, para el nacimiento de este primer arte medieval, común a todos los territorios de Europa Occidental. Se puede decir que tuvo varias fuentes de las que se nutrió, sin ir más lejos en la península ibérica conocimos dos de los artes prerrománicos más importantes.  Por un lado el denominado arte de la Reconquista, el Prerrománico Asturiano, y por otro el realizado por los cristianos que vivían en territorios musulmanes, conocido como el Arte Mozárabe.

En el resto de Europa también encontramos otros ejemplos. En primer lugar destacar el Arte Otoniano, desarrollado al amparo de la dinastía Otoniana, que a finales del siglo X controlaba Alemania y el norte de Italia. Lugar donde precisamente encontramos otro de los artes prerrománicos más significativos, el Arte Lombardo, aunque este precisamente levante grandes controversias, ya que algunos autores como Puig de Cadafalch lo consideran abiertamente el primer románico.  No podemos dejar de pasar el reconocimiento a la zona francesa de la Borgoña, donde el Monasterio de Cluny se convertirá en uno puntos vertebradores de lo que iba a suceder en toda Europa.

Destacar antes de concluir este punto que el Arte Románico llegó a todas las construcciones medievales. Desde las defensivas como los castillos o las murallas, a las religiosas como grandes iglesias o pequeñas ermitas, sin olvidar los monasterios, y algo tan significativo para las comunicaciones como los puentes.

La marca Hispánica a finales del siglo X.

El poder que ejercieron los reyes carolingios, en este espacio situado en el sur de los Pirineos en dicho siglo X, ya era cuestión del pasado. Lo que encontramos en dicha zona, es una tierra de nadie, donde musulmanes y cristianos luchan por el control de las diferentes zonas. Al parecer con cierta superioridad de los nobles cristianos, posiblemente debido a que los musulmanes estaban más preocupados de defenderse de otros  focos peninsulares.

Esta fue la génesis de los castillos medievales situados en las colinas para una mejor defensa. Dichos castillos, en manos de los nobles,  necesitan tener cerca a la iglesia. A partir de ese momento en cada castillo aparecerá como mínimo una pequeña iglesia, mientras otros, los más poderosos se procuraran una pequeña comunidad religiosa a su alrededor. Es decir nacerán las abadías, dirigidas por un abad y dentro de la estructura constructiva de los castillos, para ser protegidos dentro de los espacios amurallados. Tanto en Cataluña como en Aragón existen muy buenos ejemplos, como el que hace poco os invitábamos a conocer y situado en las cercanías de Huesca, el Castillo Abadía de Montearagón, aunque cabe decir que este no fue de los primeros, pero si un magnífico ejemplo de lo sucedido.

En definitiva esta fue la zona de la Península Ibérica, que recibió las primeras construcciones propiamente románicas. Fueron varios los lugares que iniciaron este camino, apoyados en los constructores autóctonos a los que se sumaron los recién llegados de Lombardía, de ahí que se le conozca comúnmente con el sobrenombre del Primer Románico Lombardo-Catalán.

Los ejemplos que podemos mostrar, y que podemos disfrutar hoy día son varios, el Monasterio de San Martín de Canigó que el Conde de Barcelona dejó en manos de los monjes cluniacenses. El escarpado y recóndito Monasterio de Sant Pere de Rodes, o el Monasterio de Ripoll donde nos encontramos con la figura del Abad Oliva, el denominado padre espiritual de los Condados Catalanes que estaban naciendo. También pequeñas ermitas que se diseminaron por toda la geografía de estos condados, como la pequeña Iglesia de la Tossa de Montbui, que nos puede servir como ejemplo.

Iglesia de la Tossa de Montbui

La iglesia de Sant Vicenç en el Castillo de Cardona.

De todos estos primeros ejemplos, la iglesia del Castillo de Cardona nos sirve como modelo para ilustrar lo narrado. A pesar de que los monasterios fueron los que más expandieron el arte románico. No podemos dejar de pensar, que los templos desde la Antigüedad se convirtieron en los principales monumentos y lugares de reunión, de las sociedades antiguas y medievales.

La zona de Cardona fue habitada desde los tiempos de los íberos. Sus fenomenales minas de sal atrajeron a las diferentes culturas, como es bien sabido este elemento fue desde la prehistoria, sinónimo de negocio y prosperidad de cualquier comunidad. En la Edad Media no iba a ser menos, de esta manera el Conde Borrell II entre otros títulos de Barcelona y Girona, concedió el 23  de abril de año 986 la carta de población a aquel castillo medieval, que se construía en la zona más elevada. A partir de ese momento la pequeña población empezó a crecer, desde el castillo a los extramuros en forma de arrabal. Este aspecto junto a la llegada de los monjes benedictinos del Abad Oliva, fueron el punto de salida para la construcción sobre una antigua ermita, de la iglesia en el interior de las murallas a partir del año 1029.

lateral de Sant Vicenç de Cardona

A parte del nombrado abad otra serie de personajes se convertirán en imprescindibles para su construcción. Los nobles que apoyaron la causa fueron los señores de Cardona, una de las familias más importantes desde los tiempos de la Marca Hispánica, encarnados  a principios del siglo XI por el vizconde Bermón I. Finalmente la iglesia fue consagrada en el año 1040 y desde entonces se convirtió en el símbolo del castillo medieval.

La iglesia construida evidencia la llegada de los canteros lombardos, especialmente en la utilización de sillerejo de piedra, y el abovedado de las naves. Este aspecto parece ser que lo introdujeron los lombardos, ya que anteriormente se cerraban los techos con madera, con los evidentes incendios. La solución fue la construcción de bóvedas de cañón, que si al principio los remataban con arcos de aristas, como en los laterales de esta iglesia, a su llegada a la península se introducen los arcos de medio punto fajones, que descargan la presión del techo en enormes pilares.

Nave central

Otro de los aspectos introducidos es la planta en forma de cruz latina. La de la Iglesia de Sant Vicenç es de triple nave, con las dos laterales muy estrechas y todas tres de gran altura y rematadas en ábsides. De la parte central de la cruz se eleva el cimborrio de planta ortogonal, el cual se observa perfectamente desde el exterior del edificio.

También debemos destacar en esta construcción la elevación del presbítero y del ábside mayor, el motivo la construcción de una cripta debajo del mismo para acoger a los más ilustres difuntos. Durante la construcción se realizaron dos entradas laterales a la misma, y solo desde el siglo XVI se observa la actual. También destacar la amplia tribuna  sobre la entrada principal de la iglesia, y por lo tanto de la zona más alejada del presbítero. Su misión alojar a las mujeres y otros ciudadanas supuestamente inferiores.

El último elemento que podemos destacar es el pórtico abovedado de la entrada, en definitiva lo primero que se observa al llegar desde el claustro gótico exterior. Es lugar fue el sitio donde se enterraban los primeros condes de Cardona, y por lo tanto fueron ricamente decorados con pinturas al fresco, las cuales podemos observar tras la restauración de los años 60. El espacio ha adquirido el nombre de Galilea.

Ahora ya sí, os dejo con algunas de las imágenes tomadas en Sant Vicenç de Cardona.

Entrada actual a la cripta
En la actualidad
Imagen tomada en 1910, se observa como han desaparecido las pinturas
La Tribuna
Entrada a la iglesia desde el claustro gótico posterior

Pinturas del pórtico abovedado

Aprovecho este artículo para hacer una mención a los amigos de Románico Digital. Por su gran labor de difusión de todo lo relacionado con este arte medieval, os invito a conocerlos un poco mejor en su web oficial: romanicodigital

También para recomendaros otros artículos que os pueden gustar:

El castillo-abadía de Montearagón, el “hermano pobre de Loarre”.

San Pedro el Viejo, la joya románica donde descansa Alfonso I el Batallador.

Mas info:

Breve historia del Románico, Carlos Javier Taranilla, 2016

arteguias

La cámara de Ámbar, el secreto nazi mejor guardado de la 2GM.

El pasado mes de octubre salió a la luz la noticia sobre una desclasificación  de papales de la CIA y del FBI, en lo concerniente al asesinato de John F. Kennedy. Pero para sorpresa de muchos, lo que más llamó la atención fueron unos papales, que aseguraban que Hitler había sido visto con vida en el año 1955 en Colombia. Es evidente que este hecho siguió ahondando en dividir a los que afirman que murió en el Bunker de Berlín, y los que afirman que escapó a Sudamérica. Personalmente no voy a opinar, pero si quiero contar lo que pasó por mi cabeza, al recordar una historia que leí hace unos años.

Fotografía de los archivos desclasificados de la CIA, hecha en 1955, donde se ve a Hitler.

Para comenzar hay que remontarse al verano de 1944, ya que en aquellos días desapareció para siempre la cámara de Ámbar, está, totalmente desmontada contenía  más de 6000 kg de Ámbar del Báltico. Aunque su precio total fuera una incógnita, hoy día de encontrarse intacta,  podría superar los 450 millones de euros.

Breve historia de la cámara de Ámbar.

Para entender lo sucedido durante aquel verano de 1944 en plena Segunda Guerra Mundial, debemos retroceder algo más de dos siglos. Concretamente al año 1701, en aquellos días la nueva potencia europea, Prusia, empezaba a dar sus primeros pasos. Por lo tanto, y ante la necesidad de equiparse en lujo al resto de potencias europeas de la época, su primer monarca, Federico I manda construir una habitación en el Palacio Real de Berlín. El material elegido el Ámbar del Báltico, por aquella época doce veces más caro el oro.

El Palacio Real de Berlín a principios del siglo XX

Años después uno de sus ilustres visitantes, Pedro I de Rusia,  se enamoró de la misma. Así que Federico Guillermo I sucesor en Prusia de su padre Federico I decidió donarla al nuevo aliado. Así será como en 1717 y tras ser desmontada, inicie el recorrido de más 1.700 km que llevaría a nuestra protagonista a San Petersburgo. La nueva ciudad  que a principios del siglo XVIII  acogía a los zares de Rusia en el mar Báltico.

Desde su llegada al Palacio de Catalina, en las afueras de la ciudad de San Petersburgo, fue ampliada y remodelada.  Ya que la nueva estancia era más grande, y a los paneles que se extrajeron de Berlín  se le tuvieron que añadir 40 m2 más de Ámbar. En total al finalizar las remodelaciones en 1770, la cámara de Ámbar contaba con más de 6.000 kg de este preciado material. A partir de ese momento se convertirá en una de las principales atracciones de los zares de Rusia,  permaneciendo intacta incluso durante la Revolución de 1917, hasta la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué pasó en la Segunda Guerra Mundial con la cámara de Ámbar?

Es preciso recordar que San Petersburgo, rebautizada como Leningrado, fue castigada por la Alemania nazi con uno de los asedios más brutales de la historia. Más de 900 días y un millón de muertos, pese a ello la ciudad nunca cayó en manos alemanas, pero si sus alrededores, donde concretamente en la localidad Tsárskoye Seló (actual Pushkin) se encontraba el Palacio de Catalina, que como hemos dicho había sido sede de los zares de Rusia, y que contenía aún la cámara de Ámbar. En definitiva los rusos, previendo la llegada nazi, se habían llevado del Palacio todo lo que pudieron y que tuviera un cierto valor. Pero evidentemente las placas de Ámbar no pudieron llevárselas, aún así decidieron tapar las paredes, para intentar engañar a los alemanes.

Una de las escasas imágenes que se tienen de la cámara de Ámbar original.

Pero Hitler había mandado a Leningrado a uno de sus mejores expertos en arte, Alfred Rohde, que localizó rápidamente la cámara y la desmontó en menos de 36 horas. Pronto se cumplieron las ordenes del Fhürer, “la cámara debe volver a su hogar”, así que fue trasladada al castillo de Königsberg, capital de la Prusia Oriental y sede de coronación de los antiguos reyes prusianos, por cierto hoy conocida como Kaliningrado. Allí incluso se volvió a montar y llegó a estar expuesta pese al peligro de la guerra, corría el año 1944. Pero también cabe decir que poco más sabemos de ella. Algunas especulaciones señalan que fue desmontada de nuevo y embalada para un nuevo transporte. Todo ello antes de los bombardeos aliados sobre la ciudad de Königsberg, que quedaron arrasado el castillo en cuestión.

Königsberg al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el castillo en el centro de la imagen.

¿Dónde está la cámara de Ámbar?

A partir de aquí abrimos un amplio abanico de posibles escenarios. Una parte de expertos se decanta porque el Ámbar no llegó a salir del castillo, una posibilidad que ofrece muchas dudas, ya que no se han encontrado restos en las excavaciones. La gran mayoría apuesta por que salió del Castillo de Königsberg, pero, ¿dónde fue a parar? La cámara de Ámbar ha sido buscada con cierta insistencia, no es de extrañar dado su valor, tanto en el mar donde se cree que yace en un barco alemán.  Hasta por los lugares más inverosímiles, definitivamente en Alemania, Polonia, Austria o Dinamarca hay múltiples  bunkers, cuevas o túneles donde podían haber sido depositadas.

Aunque otra parte de los buscadores se ha dirigido al otro lado del Atlántico, ya que algunos piensan que ha ido a parar a manos norteamericanas como compensación por la guerra. Por último y volviendo al principio, quién puede negar tras las noticias de la CIA y el FBI, que la cámara del ámbar no sirvió para financiar la fuga y posterior mantenimiento de Hitler en Sudamérica. Sea como fuese, hoy día, según los expertos si no se ha mantenido bajo unos mínimos parámetros de temperatura y humedad su valor se habrá visto muy mermado.

La actual reconstrucción visitable en el Palacio de Catalina.

Destacar para acabar, que desde 2003 se puede visitar una réplica de la cámara de Ámbar, en el lugar donde ocupó la genuina en el Palacio de Catalina en San Petersburgo. A cual fueron llegando varias piezas devueltas por Alemania.

Imágenes: commons.wikimedia

Ermita de San Baudelio, la capilla Sixtina del arte mozárabe.

Nos trasladamos al sur de la provincia de Soria, en medio del sobrio paisaje castellano, y a escasos dos kilómetros de pequeño municipio de Casillas de Berlanga. En dicho lugar se yergue de forma austera la figura de la pequeña iglesia prerrománica de San Baudelio. En realidad exteriormente puede pasar desapercibida, pero todo cambia cuando el visitante entra en su interior, para descubrir una pequeña maravilla, que algunos expertos han denominado “La Capilla Sixtina del arte Mozárabe”.

Exterior visto desde la necrópolis

Es preciso recordar que el arte mozárabe fue realizado por los cristianos, que vivían dentro de los territorios musulmanes de la Península Ibérica. Esta afirmación está en consonancia con la nomenclatura aplicada a principios del siglo XX por Manuel Gómez Moreno, para diferenciarla de algún modo de los otros estilos prerrománicos, como el Arte asturiano, o el Arte visigodo.

Contexto histórico de su construcción.

Su construcción sigue siendo un misterio, su datación puede ser entre los siglos XI y XII, pero el lugar pudo estar habitado anteriormente. La primera aparición escrita de la misma proviene del año 1136, aunque las dudas residen especialmente en sus primeros habitantes. Ya que se suele asignar al lugar, una construcción previa de un pequeño cenobio. El problema es la falta de registro arqueológico, ya que no ha sido localizado. Pero la necrópolis excavada en piedra de la parte trasera del ábside de la iglesia, nos indica que con gran probabilidad existía algún tipo de población permanente.

Una entrada excavada en roca, que da acceso a la pequeña cueva.

Es preciso recordar que dicho periodo se asigna directamente a la denominada reconquista cristiana. Concretamente la fortaleza de Gormaz, a escasos 25 kilómetros al noroeste de la iglesia de San Baudelio fue conquistada por Fernando I en el año 1060. Mientras Medinaceli, una de las capitales musulmanas de la zona a unos 45 kilómetros al sureste de la misma no fue conquistada hasta el año 1129 por Alfonso I. Por lo tanto se hace complicado pensar en la situación real del enclave cristiano en el que se levantó la Iglesia de San Baudelio.

¿Qué podemos ver en la Iglesia de San Baudelio?

Nada más llegar llama la atención la austeridad del lugar y de la iglesia en sí. Dicha iglesia está compuesta por dos cuerpos rectangulares, el más pequeño en el lado oeste, es el ábside de la misma. La puerta principal se sitúa en el centro de la cara norte y solo tiene un arco de herradura doblado. Mientras en la cara este se sitúa otra pequeña entrada bajo un simple arco de medio punto. Destacar que solo dos pequeños vanos iluminan mínimante su interior.

Pero como ya hemos dicho todo cambia al traspasar la puerta principal, tras la cual encontramos un interior fascinante y original. Arquitectónicamente lo primero que llama la atención es la columna central, que se eleva en forma de palmera de ocho arcos que sustentan la bóveda.

Palmera que sustenta la cúpula de San Baudelio

En segundo lugar  la vista se dirige a la parte trasera de la misma, donde una especie de coro o tribuna se sustenta mediante una serie de columnas con arcos de herradura. Su similitud con los arcos de las mezquitas árabes, no deja lugar a dudas, sobre la influencia de los constructores musulmanes en dicha obra cristiana. Destacar que el acceso a la tribuna se realiza de dos formas, desde la puerta exterior situada al este y en segundo término por la pequeña escalera situada en la pared contraria a la entrada norte. Otro aspecto que llama la atención es la pequeña puerta situada debajo de la tribuna, está da acceso a una gruta excavada en la piedra, la cual debió ser utilizada por los primeros ermitaños que llegaron al lugar.

Arcos que soportan la tribuna

Por último destacar el sobrio Ábside, prácticamente cuadrado, que da a la parte oeste de la iglesia, su acceso es mediante cinco escalones que salvan el desnivel de la roca. En el centro del mismo uno de los dos únicos vanos que iluminan la estancia.

Las pinturas de San Baudelio.

Sin lugar a dudas el punto más interesante de esta construcción. Sino que se lo digan a los museos estadounidenses que las acogieron en los años 20 del siglo anterior, tras una curiosa historia que dejaremos para el final.

Para la descripción de las pinturas me voy a apoyar en la que hicieron dos privilegiados en el año 1907. Me estoy refiriendo a Manuel Aníbal Álvarez y José Ramón Mélida, autores de la memoria descriptiva que fue enviada a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, para proponer la designación de San Baudelio como Monumento Nacional.

Las pinturas están ejecutadas al temple sobre un enlucido de yeso, y cubren todo el interior de la iglesia. Además salvo a algunos desprendimientos en la cúpula, el resto está en magnifico estado, y generalmente son de vivos colores.

En cuanto a las temáticas son muy diversas, podemos empezar por las dedicadas a la vida del Salvador. En ellas encontramos la adoración de los reyes magos, el nacimiento de Jesús, o escenas de la infancia del mismo. Todas ellas junto a otras escenas bíblicas como las Bodas de Caná, la tentación, la curación del ciego, la entrada en Jerusalén o la clásica Santa Cena. En el ábside encontramos, justo sobre el vano del centro, el cordero de Dios, y ambos lados sendas figuras religiosas, uno de ellos San Baudelio, y el otro un interrogante.

Pero las más curiosas son escenas de cacería, en las que aparecen ciervos, cazadores tanto a pie como a caballo, y perros de caza. Todas ellas junto a otras escenas como la de un oso o un extraño elefante blanco que transporta una torre. Por último destacar los adornos florales de los arcos, en color rojo, y rematados con flores de lys.

Hoy día los expertos siguen dando vueltas a  las diferentes hipótesis, en relación a  los pintores que hicieron esta magnífica obra. No se ponen de acuerdo, si fueron realizadas por una, dos, o tres cuadrillas, aunque se piensa que una de ellas fueron los mimos que pintaron Santa María de Taüll. Pues bien, la visión descrita en 1907 hubiese sido prácticamente la misma que hubiéramos tenido hoy día si no hubiera sido por la extraña venta de los años 20.

El expolio de San Baudelio.

Para comenzar decir que la principal causa de que estas pinturas fueran a parar a los EE.UU, fueron las deficiencias de las leyes de Patrimonio, de principios del siglo XX.

Aunque el interés por las pinturas era anterior. La historia comienza en 1922, ese año llega a Casillas de Berlanga, León Levi, un oportunista tratadista de arte. El motivo ofrecer 65.000 pesetas a los 12 propietarios particulares, que tenía la iglesia desde las amortizaciones del siglo XIX. Es evidente que estos aceptan la oferta, pocos días después una serie de italianos comienzan las obras de extracción. Pero en primera instancia dicha extracción  es detenida por el Gobierno Civil de Soria, el cual ordena parar las obras que se estaban realizando en San Baudelio.

Decoración del ábside.

Los primeros veredictos son favorables a los defensores de Patrimonio, a pesar de dar por válida la venta, los italianos son obligados a restituir las pinturas. Por lo tanto por un periodo de dos años 1923-1925, las pinturas vuelven a San Baudelio.

Pero curiosamente el 12 de febrero de 1925, la sentencia es revocada por el Tribunal Supremo. Las pinturas vuelven a pasar a León Levi. Un año después  estaban camino de los EE.UU.

A día de hoy se pueden visitar en el Metropolitan Nueva York y el Museum of Fine Arts de Boston. Además algunas pinturas regresaron de vuelta a España en 1957, tras el intercambio de estas por  fragmentos de la iglesia románica de San Martín de Fuentidueña en Segovia. Gracias a lo cual podemos observar diferentes pinturas en el Museo del Prado, ente ellas la del oso, la del elefante blanco y dos escenas de cacería.

Pese al expolio relatado la visita a San Baudelio sigue mereciendo la pena, a parte de las figuras que han quedado en el mismo, el interior sigue siendo espectacular. La visita es gratuita y podéis comprobar los horarios en la siguiente página web: sorianitelaimaginas

La Cúpula de Brunelleschi, el final de la Edad Media.

A más de 114 metros del suelo, la cúpula de Santa María del Fiore en Florencia, sigue siendo una de las maravillas más apreciadas del mundo, de todas cuantas fueron construidas por los hombres medievales. A pesar de que hoy día se conoce gran parte de los métodos y técnicas usadas en su construcción, todavía sigue ocultando algún misterio para los arquitectos del siglo XXI.

Lo cierto es que si hace unos días en Caminando por la historia, hablamos del nacimiento de la arquitectura gótica. Hoy lo hacemos de la obra que generará un profundo cambio en las estructuras constructivas medievales.  Escasamente tres siglos después de que el Abad Suger asombrará con su concepción del gótico. Filippo Brunelleschi con su magnífica obra pondrá la primera piedra para llevar al ostracismo a las construcciones góticas en toda Europa.  Aunque como veremos a continuación no fue una empresa fácil.

El comienzo de Santa María del Fiore.

En 1296 se inicia la construcción de la que debía ser la catedral más bella, útil y poderosa de Florencia, y por ende de todos los estados y repúblicas que compartían Península Itálica. Es preciso recordar la gran rivalidad que en la Edad Media tenían todos estos estados, considerados muchos de ellos los más ricos de Europa. Evidentemente  el primer estilo arquitectónico de la nueva catedral no podía ser otro que el gótico imperante en toda Europa. Así de esta manera con el trabajo de diferentes arquitectos, y pese al parón de varios años por culpa de la Peste negra, en 1380, Sant María del Fiore se convirtió en una de las Catedrales más importantes de toda la Península Itálica.

Interior de Santa María del Fiore de estilo gótico

Pero a partir de ese momento a la ciudad de Florencia y a su Catedral le surgirán dos grandes inconvenientes. En primer lugar el enorme hueco dejado en la cubierta de la catedral,  concretamente un hueco redondo con un diámetro de 50 metros, y además a más de 55 metros de altura. Desde la finalización de la obra principal se alternó las construcciones de maderas para taparlo, con temporadas al aire libre cuando la madera no conseguía pasar los duros inviernos.

El otro problema venia de su vecino y mayor enemigo. Milán había comenzado en 1386 su proyecto de catedral. Sus primeros propósitos dejaban a las claras que Milán estaba dispuesto a construir la Catedral gótica más grande de Europa, y además en el espectacular estilo gótico flamígero. Por lo que a las autoridades de Florencia no les quedaba más remedio que dar un golpe de efecto, para seguir contando con una catedral a la altura de las grandes capitales culturales de Europa.

El concurso de la Cúpula.

En el año 1418 dichas autoridades florentinas deciden convocar un concurso entre arquitectos y constructores, con el fin de acabar las obras de la Catedral de Sant María de Fiore. Si algo tenían claro en Florencia, era la necesidad de acabarla en una estructura que se diferenciara de los acabados góticos imperantes en la rival de Milán. Al concurso se presentaron los más célebres profesionales del momento, el reto valía la pena.

Las bases eran claras, se debía acabar mediante una cúpula circular, que no contará con los sistemas constructivos del gótico, eludiendo los arbotantes y los arcos ojivales. La enorme altura de la misma suponía un problema añadido. Entre las propuestas algunas curiosas, como utilizar piedras volcánicas para reducir el peso, o montar la cúpula sobre un pilar central, ambas desechadas por falta de estética.

Otras inverosímiles, como llenar la catedral  con tierra para apoyar la cúpula, y más absurda la solución para extraer luego dicha tierra. Esta se haría mediante la búsqueda de monedas, por parte de los más necesitados, que se habrían escondido dentro del enorme montón de tierra.

Ante tales rivales, parece ser que Brunelleschi, lo pudo tener relativamente sencillo para hacerse con el concurso. Además su propuesta era tentadora, no iba hacer una cúpula sino dos, y para más inri lo haría sin tener que levantar grandes andamiajes. Tras lo cual algunos lo trataron de altanero y soberbio, pese a ello Brunelleschi no reveló en aquel concurso su secreto mejor guardado. Finalmente las autoridades lo dieron por ganador y mandaron empezar en breve la construcción de la cúpula, no sin antes poner como arquitecto supervisor de las mismas al máximo rival de Brunelleschi. En concreto Lorenzo Ghiberti el elaborador de la puerta de bronce del Baptisterio de Florencia, otra de las obras cumbres de la bella ciudad toscana. Además la construcción de dicha puerta, como veremos en breve, fue el primer desencuentro con nuestro personaje.

Filippo Brunelleschi

Nació en la misma Florencia en el año 1377, desde muy joven se intereso por el arte y la arquitectura. Su formación corrió a cargo de los múltiples talleres de la floreciente ciudad medieval, que atravesaba el rio Arno. Además se formó en múltiples  artes que iban desde la pintura, a la escultura, la forja, el dibujo, etc.

Aunque uno  de los principales puntos de inflexión en su carrera ocurrirá tras el referido encuentro con Ghiberti. Este tuvo lugar durante el concurso para la realización de las puertas del Baptisterio, la clara victoria del primero llevó a Brunelleschi a emigrar a Roma en la búsqueda de nuevos camino para su arte. Por cierto en dicho camino le acompaño Donatello, que junto a nuestro protagonista se convertirá en uno de pilares del Renacimiento.

Roma era evidentemente la ciudad clásica por excelencia. Los mejores edificios y monumentos de la civilización romana, que consiguieron mantenerse en pie durante la Edad Media, eran testigos del glorioso pasado. Al menos durante dos años Donatello y Brunelleschi estuvieron estudiando la arquitectura romana. A partir de este momento nos será más fácil reconocer en la escultura de Donatello la influencia clásica. Así como encontrar el secreto constructivo de Brunelleschi en la cúpula de Santa María de Fiore, que no es otro que el Panteón de Agripa. Para el estudio del mismo Filippo demostró ser un experto en matemáticas, para hallar la forma de repetir la cúpula del Panteón en su ciudad natal.

Interior de la cúpula del Panteón de Agripa.

Dieciséis años de construcción.

Dos años después del concurso, por lo tanto en 1420, se inició la construcción de la cúpula. Volviendo al principio, debemos decir que no todos los secretos de Brunelleschi están resueltos, los expertos todavía debaten si se uso el sistema clásico de cimbras de madera, que por ejemplo se uso en Panteón de Agripa. Aunque por otro lado si conocemos algunos muy interesantes.

El primero de ellos consiste en la manera de resolver el principal peligro de las construcciones en cúpula. Este no es otro que la presión ejercida por la gravedad en la parte superior de la misma, esta al encontrarse con una superficie curvada realiza una presión lateral hacia el exterior de la cúpula. La forma de resolver este problema por parte de Brunelleschi, fue convertir la cúpula en un tonel de vino. Exactamente si nos fijamos en un tonel, vemos que para que no se abra se colocan alrededor del mismo una especia de flejes metálicos.

Juego de presiones en la Cúpula

Pues bien, eso mismo hizo el arquitecto florentino, en este caso desde la base de la cúpula en la que hizo un cincho circular a base de piedra, hierro y madera, repitiéndolo en tres diferentes niveles superiores. Pero todavía había más, cuando Brunelleschi durante el concurso promete dos cúpulas en vez de una, ya estaba pensando en solucionar la presión lateral. Solo hay que pensar que la interior encuentra menos presión que la exterior, de ahí que uniéndolas mediante sólidos arcos de anillos consiga eliminar mejor esta presión lateral.

En segundo lugar debemos hablar del Brunelleschi inventor. Era muy evidente que otro de los principales problemas era la altura de la cúpula, recordemos 55 metros la base de la misma. Para solucionarlo de la mente de genio de Florencia surgieron algunos de los artilugios constructivos más importantes de la Edad Media, algunos de ellos usados hasta la revolución industrial del siglo XIX.

Dibujos de Leonardo da Vinci, que muestran inventos de Brunelleschi

Decir que de estos inventos nos ha quedado constancia, por ejemplo, en los dibujos de otro genio toscano, Leonardo da Vinci. Entre  los inventos se encontraban impresionantes grúas  dotadas de grandes avances para la época, como el desplazamiento lateral, o un perfecto sistema de embrague para cambiar el sentido de giro de las mismas.

Mucho más que la cúpula medieval más bella del mundo.

La construcción de la cúpula de Santa María del Fiore tuvo un  enorme significado para la historia. En primer lugar para la ciudad de Florencia, que pudo ver realizado el sueño de quedar por encima del rival Milán. Pero sobre todo por el nacimiento de un nuevo concepto cultural que alcanzará su máxima expresión en el siglo XVI. Además en todos los sentidos de la vida, el arte, la política, la filosofía etc. se vieron impregnados del Renacimiento. Su nombre deja bien a las claras su procedencia, el renacer de la cultura clásica de Roma y Grecia. Aquella que inspiró a Brunelleschi para copiar la cúpula del Panteón de Agripa en la catedral de su ciudad natal.

Santa María del Fiore

Un hecho importante sucedido tras la finalización de las obras es visto por los historiadores como uno de signos inequívoco del arranque del Renacimiento. Concretamente diez años después de finalizar la cúpula, Filippo Brunelleschi fallecía repentinamente. Su funeral se llevo a cabo bajo la misma cúpula que había diseñado él, además de ser sepultado en la misma. Este hecho que a nosotros nos puede parecer lógico, no lo era en la Edad Media, ya que solo los santos y los más altos personajes de la nobleza tenían tal distinción. Por lo tanto era el inicio de un nuevo concepto filosófico que vendrá de la mano del Renacimiento, el Humanismo. Este se basa en encumbrar al hombre como antiguamente lo habían hecho las culturas clásicas.

La tumba de Brunelleschi.

Tras la cúpula de Florencia vendrán entre otras la de la Basílica de San Pedro en Roma, o incluso en el siglo XIX la del Capitolio de Washington, ambas inspiradas en la del genio de Florencia. Por último destacar que si la arquitectura renacentista impregnará la sociedad de la Edad Moderna, un tal Giorgo Vasari perdonar por el menosprecio,  se encargará de acabar con la arquitectura gótica, al menospreciarla como el arte de los bárbaros. Por cierto el que suscribe se queda con esta última.

Mas Info: Ross King, La Cúpula de Brunelleschi, 2005, Editorial Apóstrofe

Imágenes: commons.wikimedia