Leptis Magna, la Roma del desierto.

Detalles del mercado de Leptis Magna donde aparece Gorgona (su sola mirada te dejaba petrificado)

 

Viajamos al norte de Libia, concretamente a unos 125 km al este de su capital Trípoli, para conocer uno de los restos arqueológicos más espectaculares que el Imperio Romano dejó en tierras africanas. Es preciso recordar las dificultades que en la actualidad tiene recorrer ese país, parece ser que el norte es una de las zonas más seguras, pero lo primordial es informarse previamente, os dejo el enlace del ministerio del interior de España, por si lo queréis consultar; exteriores.gob

La historia de Leptis Magna.

La ciudad de Leptis Magna debe su fundación a los fenicios. Situada en la desembocadura del Wadi Lebda, su orografía era la ideal para el establecimiento de una colonia fenicia, en este caso de la ciudad de Tiro. Es decir un territorio fértil, con salida al mar y en las cercanías de las rutas caravaneras que venían del interior del desierto del Sahara. Desafortunadamente son muy escasos los restos de este periodo, que se circunscriben a unas pocas tumbas de los siglos III-IV aC. Así como las escasas fuentes, las cuales nos desvelan una próspera ciudad púnica al servicio de Cartago, la capital de los cartaginenses.

Tras la segunda guerra púnica la ciudad pasará a estar regida por los númidas al servicio de los romanos, en concreto tras alguna especie de pacto entre el rey númida Missinisa y las autoridades romanas. Aunque se trata de un periodo bastante desconocido y no se descarta que pasara de manos númidas a cartaginesas, debido a sus continuas disputas.   Posteriormente a finales del siglo I aC., ante el levantamiento de Yugurta contra Roma, la ciudad de Leptis Magna se convirtió en residencia militar romana, desde ese momento se mantendrá definitivamente en la órbita de Roma.

Leptis Magna romana.

La anexión definitiva de la ciudad a las estructuras romanas se produjo tras la Batalla de Tapso (46 aC.). Dicha guerra tuvo como contendientes al Senado Romano encabezado por los herederos políticos de Pompeyo, con la ayuda de los Númidas, contra las tropas de Julio Cesar. La victoria de este último acabará imponiendo a la ciudad de Leptis Magna su anexión la provincia romana de África.

Su progreso político, económico y social  a partir de ese momento fue en continuo crecimiento, a la misma vez que se iba gestando la ciudad romana de Leptis Magna. Desde los tiempos del primer emperador Augusto (27aC.-14 dC.) se introdujeron en la antigua ciudad púnica los planes urbanísticos romanos, es decir la clásica retícula atravesada por el cardo y el decumanus. Además  de los primeros edificios propiamente de la cultura romana, como fueron el mercado y el teatro.

Teatro romano de Leptis Magna
Teatro romano de Leptis Magna

Su sucesor Tiberio no le fue a la zaga, acometiendo la construcción del templo de Roma y de Augusto en el entorno del primer foro de la ciudad. Tras este posiblemente Nerón, le concedió el estatuto de municipio romano y finalmente Trajano la convirtió en Colonia.

Con todo ello Leptis Magna estaba preparada para ver nacer al primer emperador romano nacido en África, descendiente de una familia de bereberes númidas. En concreto este hecho se produjo el 11 de abril del año 146, evidentemente nos referimos a Septimio Severo emperador entre 193-211. Desde su nombramiento, el embellecimiento de su ciudad natal sería un aspecto muy importante para el nuevo emperador. De tal manera, que durante el periodo de la dinastía severa, que incluye sus sucesores, Leptis Magna se convirtió en la ciudad romana más bella de toda África.

El declive de Leptis Magna.

Se puede decir que nuestra protagonista pasó en pocos años del todo al nada. Tras la caída de la dinastía Severa, la gran crisis del siglo III pasó factura a Leptis Magna, los problemas surgieron por motivos naturales, el torrente que pasaba por la ciudad fue anegando las calles, mientras las arenas del mar eran arrastradas a los bordes de la ciudad. Poco a nada se podía hacer, ya que la comentada crisis no dio la oportunidad de acometer las obras urbanísticas necesarias para revertir la situación.

El siglo siguiente la ciudad fue continuamente presa de las tribus bereberes, su debilitamiento fue de la mano  del declive del Imperio, hasta que en el año 445 es tomada por los bárbaros vándalos. Aunque durante el periodo bizantino, entre finales del siglo VI y principios de VII, pareció resurgir, la llegada de los musulmanes la sumió en las arenas de la costa tripolitana.

Allí se mantuvo hasta principios del siglo XX, momento en el que los arqueólogos italianos comenzaron a sacar a la luz esta joya del Imperio romano, la cual fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Los edificios más destacados de Leptis Magna.

Algunas fuentes señalan que en Leptis Magna pudieron existir cerca de 180 edificios públicos, que daban servicio a más de 100.000 romanos en tiempos de la Dinastía Severa.

Zona próxima al mar.

Como toda ciudad costera que se precie, Leptis Magna contaba con un espectacular puerto de más de 100.000 m2, rodeado de templos, pórticos y almacenes. Construido sobre los restos del antiguo puerto púnico fue adecuándose al crecimiento de la ciudad, por lo que la última restauración en tiempos de los Severos quedó completada con un gran pórtico de columnas dóricas. Otros edificios anexos al puerto era el faro de la ciudad y dos templos uno de ellos dedicado al Dios Júpiter.

Muy cerca del puerto se localiza el primer foro de la ciudad, hoy denominado Foro Viejo. Fue construido durante el mandato de Augusto, posiblemente sobre los restos de la ciudad púnica. Entre dicho foro y el mar se alzaron tres templos, uno de ellos en honor a Hércules, el siguiente a Liber Pater y entre ambos el principal de ellos, erigido por Tiberio en honor a Roma para divinizar al primer emperador Augusto.

La ciudad de los arcos romanos

Por otro lado parece ser, que cada emperador tenía costumbre por hacerse construir en Leptis Magna su propio arco, o al menos esto podemos deducir de la proliferación de estos monumentos en dicha ciudad. Por orden destacar los de Tiberio y Vespasiano, este último el único que genera dudas reales sobre su origen. Para continuar con los emperadores antoninos, encabezados por Trajano, Antonino Pio y Marco Aurelio. Pero el que se llevó la palma fue el erigido en honor a su hijo predilecto, el arco de Septimio Severo, situado en una de las entradas que vienen del suroeste, es un espectacular tetrápilo en el cual aparecen representados la familia de los severos.

Arco de Septimio Severo en Leptis Magna
Arco de Septimio Severo en Leptis Magna

Zona oeste de Leptis Magna.

En la zona más occidental de la ciudad, en las proximidades del limes de la misma, se construyeron tres de los edificios más significativos de la cultura romana. Por un lado el mayor teatro romano que se construyó en todo el continente africano, edificado por el primer emperador Augusto, y que hoy día uno de los edificios más significativos de las ruinas de Leptis Magna y uno de los teatros mejor conservados del mundo.  Construido bajo el mecenazgo de un tal Annobal Rufo, es una muestra de los poderes locales que adquirieron los ricos comerciantes de la nueva ciudad romana.

Precisamente para fomentar ese comercio, principal fuente de ingresos de Leptis Magna, en la insula contigua se construyó con anterioridad al teatro, el mercado de la ciudad. De estructura rectangular y con dos grandes construcciones circulares en el centro del mismo, las tiendas y tabernas daban al interior del recinto. Este espacio comercial fue completado unas décadas después con otro edificio destinado al mismo uso, se trata del “Chalcidicum” también de forma rectangular y rodeada de un pórtico donde se alojaban las tiendas.

Construcciones circulares del mercado de Leptis Magna
Construcciones circulares del mercado de Leptis Magna

Termas, circo y anfiteatro.

Edificios que no pueden faltar en una ciudad romana que se precie como tal. La termas romanas fueron construidas por el emperador viajero, Adriano, como es conocido, un enamorado del continente africano. Fueron situadas al lado del cauce del Wadi Lebda completadas con una Palestra y ambas de grandes dimensiones, queda constancia de grandes obras de mejoras durante los mandatos de Cómodo y por supuesto de los Severos.

El anfiteatro romano con capacidad para más de 15.000 espectadores fue construido cerca del mar, fuera de la ciudad en la zona más oriental de la misma, debió ser una de las zonas más perjudicadas por la crisis del siglo III y por lo tanto de los primeros edificios que se abandonaron.

Anfiteatro romano de Leptis Magna
Anfiteatro romano de Leptis Magna

La ciudad completada por los Severos.

Recordar que la Dinastía de los Severos procedentes de esta ciudad mandó en el Imperio entre los años 193-235. A parte de los edificios que nombraremos, es preciso comentar que la ciudad fue sometida en este periodo a una gran ampliación. El proyecto urbanístico fue dirigido por un amigo personal de Septimio Severo, conocido como Fulvio Plautiano. Toda esta ampliación tiene el sello de los gustos personales del emperador y de su esposa Julia Domna, su origen siriano llevo a la ciudad africana a tener una fisonomía muy cercana a las grandes ciudades romanas de oriente Próximo, como por ejemplo Palmira.

Entre los edificios construidos en esta época destaca el foro Severiano, que tenia las dimensiones de un campo de fútbol actual (100 x 70 m). Rodeado en tres de sus lados de un espectacular pórtico con columnas, sus capitales recuerdan a los de Pérgamo y además fueron construidos en Asia Menor, único espacio geográfico con ese tipo de mármol blanco.

La Basílica de los Severos en Leptis Magna
La Basílica de los Severos en Leptis Magna

La basílica es de planta cuadrada con tres naves y dos de ellas culminadas en ábside, fue construida en la zona más cercana a la ciudad vieja. Por último destacar otro nuevo templo construido entre el foro nuevo y la zona de las termas, que recuerda al Altar de Pérgamo, para su culminación fue revestido con un espectacular granito de color rojo.

La conferencia de Berlín, el día que Europa cambio el destino de África

Cuando David Livingstone, efectivamente el de “Doctor Livingstone, supongo” llegó a las espectaculares cataratas Victoria en el año 1855, poco podía imaginar que sería el principio de uno de los episodios más terribles de la historia del continente africano. En definitiva, sin solución de continuidad, los europeos se habían lanzado a conquistar el corazón de África.

Las cataratas Victoria

La II Revolución Industrial.

Pese a lo que podamos pensar, hasta la llegada del siglo XIX, el hombre europeo prácticamente no había pisado el interior del continente africano. Su colonización se había llevado a cabo principalmente en las zonas costeras de ambos océanos. Pero todo comenzó a cambiar a mediados de dicho siglo XIX. El motor de ese cambio fue la denominada Segunda Revolución Industrial, a la cual se fueron sumando nuevos países, aunque eso sí, todos tras las gran potencia británica.

Principalmente fueron dos las necesidades que aportó la revolución, para que los europeos pusieran su punto de mira en África. La primera de ellas fueron las materias primas, cuestión que el continente africano cumplía con creces. En segundo término solucionar las necesidades alimenticias, de una población que crecía a ritmo vertiginoso. Hay que tener en cuenta que esta Segunda Revolución llevó consigo los grandes avances científicos, que disminuyeron la mortalidad, que  junto a una natalidad alta fueron las causas del despegue demográfico europeo.

Varios fueron los países que se dirigieron al interior africano, entre ellos Gran Bretaña el mayor imperio colonial de la época, Francia tras su deshonrosa derrota ante Prusia en 1871, y junto a ellos dos nuevos países surgidos de las reunificaciones, es decir Alemania e Italia. Para completar la terna con los belgas y los portugueses, que recordemos fueron los primeros colonizadores europeos al sur del Ecuador en la Edad Media.

El modus operandi era sencillo, los primeros en llegar eran las compañías comerciales que acometían la explotación de los recursos. Posteriormente los gobiernos enviaban a los funcionarios y militares necesarios para someter a la población, y así poder organizar las exportaciones sin poner en peligro a sus ciudadanos. De esta forma, como anteriormente habían hecho en el resto del mundo se dispusieron a colonizar el interior africano.

La conferencia de Berlín.

Todo lo relatado ocasionó los primeros encontronazos importantes. Por lo que a petición de algunos países como por ejemplo Portugal, sin duda en el siglo XIX unos de los países más débiles, se decide convocar la Conferencia de Berlín.

Otto Von Bismarck repartiendo el pastel.

Entre los países participantes todos los interesados, es decir; Reino Unido, Alemania, Francia, Portugal e Italia. Junto a ellos meros comparsas, como Países Bajos, Rusia, Suecia, España, EE.UU o Dinamarca, a los que debemos sumar dos Imperios el austrohúngaro y el otomano, y dos que merecen un comentario a parte debido a la curiosa injerencia de Leopoldo II. Su propio país Bélgica sin un papel preponderante y la Asociación Internacional del Congo, una institución creada por este personaje para explotar dicha zona, una de las más ricas de África.

Otto Von Bismarck

El 15 de Noviembre de 1884 arrancaba la misma con el discurso de su presidente el prusiano Otto  von Bismarck, discurso que fue una verdadera declaración de intenciones. Los países europeos debían introducirse en el interior de África, para civilizar, llevar la cultura occidental, explotar sus materias primas e introducir el control político en todos los territorios sin explotar. Tras lo cual podemos añadir que acababa de empezar el Imperialismo Europeo, que aunque se pueda pesar que es lo mismo que colonialismo,  no es del todo cierto. Si este último pretende el control comercial, al imperialismo hay que sumarle el control territorial y político. Es decir, convertir a los países en protectorados de las metrópolis, adquiriendo todas sus funciones administrativas.

El reparto de la Conferencia de Berlín

La conferencia terminó  el 26 de Enero de 1885, sobre la mesa el reparto de todos los países africanos excepto dos; Liberia que ya estaba en manos de EE.UU y Etiopia el único que se libró de momento. El resto fueron a parar a manos alemanas, británicas, italianas, francesas, portuguesas y españolas. Pero parece que lo peor no fue eso, sino otra serie de elementos que llevaba la resolución de la conferencia.

Entre ellos la libre navegación por los ríos Congo y Niger y por supuesto por las costas marítimas, o el libre comercio en el interior del continente. Además de una disposición por la cual, si los países a los que se le encomendaba la ocupación territorio no la hacían efectiva en un plazo de tiempo, podía ser ocupado por un tercero. Sin olvidar que ningún país supo hacer frente al caprichoso Leopoldo II, el rey belga al que fue asignado personalmente el territorio congoleño, y cuando digo personalmente, significa que no fue a manos del país belga, sino a las de su rey.

A todo ello se sumó la declaración de que se lucharía contra la esclavitud, además del respeto a la cultura y a la religión de los pueblos ocupados. Es evidente que este último apartado de las resoluciones de la Conferencia de Berlín, fue el único que no se cumplió.

Consecuencias de la conferencia de Berlín.

Sobre las consecuencias, valga  decir para comenzar sin miedo a equivocarme, que el continente africano las continúa sufriendo cada día. Por otro lado decir que las podemos diferenciar entre las que acuciaron a los europeos, y las que repercutieron en los países africanos.

Sobre las primeras evidentemente la mayor parte fueron positivas; Para la economía supuso el acceso a las materias primas a bajo precio, así como la obertura de nuevos mercados para colocar sus productos manufacturados. Por otro lado para la sociedad europea supuso un alivio demográfico al facilitar nuevos empleos y lugares donde emigrar. Políticamente gran prestigio a nivel mundial de los países europeos y un gran alivio a los problemas internos, se suele afirmar que la Gran Guerra se retrasó por la carrera imperialista. Aunque también podemos afirmar que acabará convirtiéndose en una de sus causas más importantes.

Evidentemente lo peor recayó en los países colonizados. Para tener una idea de lo ocurrido, debemos pensar que gran parte del interior africano a la llegada de los europeos seguía inmerso en la prehistoria, con algunas excepciones como sultanatos o pequeños reinos que podemos compararlos con la Edad Media europea.

África antes de la llegada del Imperialismo.

Pues bien, en pocos años este espacio geográfico se lleno de carreteras, vías de ferrocarril o puertos marítimos y fluviales. Su tradicional agricultura de subsistencia  fue suplantada por una agricultura industrial, tanto extensiva como intensiva y destinada a la economía de mercado. Además aparecieron nuevas ciudades que alejaron a la población autóctona de su hábitat.

La explotación de los recursos ocasionó una rápida transformación de la estructura social con la aparición de una burguesía, tanto autóctona con escasa preparación, como foránea. Junto a la misma una clase baja dedicada a la construcción o a la agricultura como jornaleros.  Cuando ambas clases sociales llegan a las nuevas ciudades se forman los guetos, que hoy subsisten en toda África.

Otro problema fue el religioso, si bien antes de la llegada de los europeos convivían religiones en África como el cristianismo o el islam con un fuerte arraigo desde la Edad Media europea. A partir de esta llegada de los europeos, con los intentos de cristianización en especial de las zonas donde imperaba el ateísmo, el contraste producirá nuevas segregaciones y conflictos.

Pero lo peor fueron las nuevas fronteras establecidas, ya que a simple vista cualquier persona que vea un mapa político de África, puede ver dichas fronteras cortadas a escuadra y cartabón. Es decir no se tuvo en cuenta la anterior distribución geográfica de las tribus africanas, muchas de ellas quedaron separadas por la mitad, o lo que es peor, bajo un mismo régimen convivieron dos tribus enfrentadas previamente durante miles de años. Este problema ha llagado a la actualidad con episodios tan tremendos como el genocidio de Ruanda en los años 90 del siglo XX, o la terrible guerra civil en Sierra Leona, ambos ante la mirada impasible de la ONU.

Este artículo no puede terminar sin hablar del punto más negro que tuvo la Conferencia de Berlín. Si observamos el actual mapa político de África veremos que su parte central está ocupada por unos de los países más grandes del continente, la República Democrática del Congo, con más de dos millones de km2. Dicho territorio fue ocupado previamente a la Conferencia de Berlín por los belgas, encabezados por su rey Leopoldo II, por cierto un tipo que no piso nunca África.

Tras la conferencia, dicho espacio, uno de los más ricos por sus reservas de caucho, marfil y diferentes minerales, como se ha dicho quedó en manos del rey belga. Pues bien, algunas de sus frases en la carta escrita en 1897 a uno de los agentes estatales encargado del control del Congo, nos puede resumir perfectamente la actitud de este rey con respecto a los territorios ocupados.

Han de poner a la población bajo nuestras leyes, la más urgente, sin dudas, la del trabajo. En los países no civilizados es necesario, creo yo, una firme autoridad para acostumbrar a los nativos a las prácticas de las que son totalmente contrarias  a sus hábitos. Para ello es necesario ser al mismo tiempo firme y paternal.

 El resultado cerca de 10 millones de muertos, además de una forma cruel tras cortarles  las manos. El genocida belga actuó en el centro del continente, para el servicio de las primeras multinacionales de la historia, el caucho para los neumáticos de los nuevos coches surgió de la esclavitud a la que se vieron sometidos los habitantes de aquel tranquilo lugar de la selva ecuatorial, hasta la llegada de los europeos.

Más info: Historia contemporánea Universal, Ángeles Lario, Ed. Alianza, 2010

Imágenes: commons.wikimedia

La hermosa Djemila en Argelia, la patria del Emperador Septimio Severo.

Varias fueron  las joyas que nos dejó el emperador Septimio Severo en su tierra natal. El primer emperador de Roma nacido en África, fue uno de los principales culpables de que Leptis Magna, su ciudad natal, y Djemila, se convirtieran en dos de las más bellas ciudades de todo el Imperio Romano.

Hoy nos dirigiremos a la segunda de ellas, Djemila la “hermosa” en árabe, es una pequeña población situada en las montañas de Argelia, que contiene el yacimiento arqueológico de Cuicul, nombre este de la antigua ciudad romana.

La historia de Cuicul.

Su fundación, podemos decir, que no es muy diferente a la de otras ciudades romanas del norte de África. La necesidad de protección del limes africano llevó a los diferentes emperadores a la construcción de este tipo de ciudades, que además servían para acomodar a los legionarios más veteranos.

En el caso de Cuicul su fundación corrió a cargo del Emperador Nerva, en los escasos dos años (96-98 dc.), en que se mantuvo en el poder. El lugar elegido una colina a 900 metros sobre el nivel del mar, con una magnifica visión y fácil defensa. Además su posición estratégica, en un verdadero cruce de caminos este-oeste y norte-sur, le permitía controlar las rutas entre el mediterráneo y el desierto. La ciudad fue creciendo con el tiempo y hoy día se observan perfectamente las diferentes ampliaciones. Por lo que es recomendable hacer una visita cronológica al yacimiento para intentar conocerlo mejor.

La ciudad en tiempo de los emperadores Antoninos (96-192)

Como ya hemos comentado Cuicul no fue una excepción, su trazado fue el clásico en este tipo de ciudades fundadas ex-novo, es decir una retícula en forma de damero. El cardo máximo entraba en la ciudad a través de la calzada que unía la nueva ciudad con Lambaesis, el campamento militar de la III Legión Augusta. Hoy día todavía se pueden observar los pilares que aguantaban los soportales, y que servían de refugio a los transeúntes. El lugar donde la anterior vía principal se cruzaba con el decumanos máximo, fue el lugar elegido para la construcción de un gran foro de 2000 m2. Por supuesto alrededor del cual se instalaron los edificios principales de la ciudad.

En ambos extremos del foro encontramos la zona religiosa de la ciudad vieja. El capitolio, que se construyó en la parte norte, debió ser uno de los edificios más grandes de estos primeros años de la ciudad, sus columnas median más de 14 metros de altura. De planta cuadrada y con unas escaleras de acceso delante de las cuales se conserva el altar de sacrificios. Por otro lado, en la parte sur del foro encontramos el Tempo de Venus Genetrix, la diosa de la maternidad y el hogar. Este culto fue instaurado en Roma en tiempos de Julio César, readaptando la Venus griega del amor y la belleza, destacar que era un templo más pequeño que el anterior, aunque hoy día mejor conservado.

Alrededor del foro también encontramos el resto de edificios públicos. Podemos comenzar con La Curia, edificio destinado a la gestión del municipio, del cual solo ha quedado la planta del mismo, en la cual se observa un mármol de color rojizo. El lugar donde se impartía la justicia era La Basílica, se trataba de otro de los grandes edificios del foro con más de 500 m2, de este sí que ha quedado constancia de su fecha de construcción, durante la época del emperador Lucio Vero (161-169dC.)

Cardo Máximo
Templo de Venus Genetrix

La ampliación de la ciudad.

El rápido crecimiento de Cuicul queda atestiguado, por un lado con la construcción de grandes casas privadas, que dejaron suntuosos mosaicos, y por otro por las primeras construcciones públicas extramuros, concretamente por la zona sur de la muralla.

La primera de estas nuevas construcciones públicas fue un teatro romano. El inicio de su construcción data de los tiempos del emperador Marco Aurelio (161-180). Dicho teatro podía acoger unas 3.000 personas, las cuales accedían al mismo mediante unas galerías cubiertas, ya que para su construcción se aprovechó la pendiente de la colina.

Tras la llegada al poder del emperador Cómodo (177-192) se inicia la construcción de las termas mayores de la ciudad, mayores por qué ya existían algunas más pequeñas anexas al primer foro de la misma. Las nuevas termas ocupaban una superficie de más de 2.600 m2, con las diferentes saunas, gimnasios o baños, al edificio principal se adosó una gran terraza que debía contener las vistas más bonitas de la ciudad.

Esos 2600 m2 se quedaron pequeños ante la grandiosidad de la domus erigida a su lado de montaña. La Casa de Baco, como se le conoce en la actualidad gracias al hallazgo de un mosaico del Dios del vino, contaba con 7000 m2, en los cuales se construyeron varios peristilos y jardines. Sin duda la máxima expresión de poder que tuvieron las élites locales de esta provincia romana, dedicada principalmente al comercio de materias primas.

La bajada de la ciudad viaja a la ciudad Nueva
Termas Mayores
Teatro

Cuicul tras la llegada de los Severos (193-235).

Tras el problemático año 193 cuando hasta cinco emperadores mantuvieron el poder, Septimio Severo se convirtió en el primer emperador africano de Roma. Evidentemente este aspecto repercutirá en Cuicul, que acabará de convertirse en una de las principales ciudades norteafricanas del Imperio romano.

Para gestionar urbanísticamente el espacio extramuros, tras destruir la muralla sur, se construyó una gran plaza que podemos denominar Plaza de los Severos. Está tenía 3200 m2, era atravesada por el cardo máximo que comunicaba la ciudad antigua con la nueva, y con las termas recién construidas. Toda rodeada de columnas que sostenían un pórtico y con los habituales recintos públicos, entre ellos destacar una tribuna que a buen seguro sirvió para realizar los consabidos discursos de los oradores. También podemos añadir las estructuras de un pequeño mercado y algunas letrinas públicas, todo ello junto a las dos construcciones que presentaremos a continuación, marcan la importancia de la nueva ciudad respecto a la antigua.

Gran plaza de los Severos
Letrinas públicas

El Arco de Caracalla.

Hoy día el monumento más representativo de este yacimiento. Dicho arco servía de entrada a la ciudad, directamente a la plaza de los Severos, a los viajeros que procedían de Serif, otra de las grandes ciudades romanas norteafricanas, y por cierto fundada al unísono con Cuicul. Fue levantado en el año 216, es decir a finales del mandato de Caracalla, en honor al emperador, a su padre Septimio Severo, y a su madre Julia Domna.

El Templo Septimiano.

En el año 229 el último de los emperadores severos, Alejandro Severo, decide la construcción del templo que debía deificar a la familia de los Severos. Esta última y denominada Gens Septimania, que procedía de la cercana Leptis Magna, fue la que controló el poder de Roma antes de la llegada de la gran Crisis del siglo III.

El templo se situó es el sudeste de la plaza de los Severos, se accedía al mismo por una gran escalinata de 16 escalones, que le debían conferir un aspecto monumental. La parte delantera tenia columnas corintias de más de 10 metros de altura, y en la puerta de entrada se colocó las esculturas de los progenitores de la dinastía, es decir Septimio Severo y su esposa Julia Domna.

La Gran Crisis del siglo III y la posterior llegada del Cristianismo.

El templo anterior fue la última gran obra de la ciudad romana. El asesinato a manos de sus soldados, de Alejandro Severo en el año 235, sumió al Imperio en un gran caos, dejándolo en manos de inoperantes emperadores, y a expensas de las continuas invasiones tras el abandono de muchas fronteras. La causa fue una enorme crisis económica en todos los aspectos de la sociedad, la cual evidentemente influyó en el desarrollo de Cuicul.

Solo se recupero a principios del siglo IV con la conversión al cristianismo de gran parte de la población. Este aspecto supuso el último impulso constructivo de la ciudad romana. De esta época son algunas de las grandes mansiones decoradas con suntuosos mosaicos, como por ejemplo la Casa de Europa.

El barrio cristiano fue construido al lado de las grandes termas, al menos se construyeron dos iglesias decoradas con mosaicos, un baptisterio para el bautismo de los nuevos fieles, y un amplio local con una distribución de diferentes estancias, posiblemente para alojar a una comunidad religiosa.

Mosaico de una de las iglesias
Museo de Djemila

A pesar de que los vándalos atacan la ciudad por primera vez en el año 431, Cuicul se mantiene bajo el dominio romano hasta el 476, este aspecto es conocido gracias a la localización de una inscripción en una de las iglesias cristianas. Finalmente en el siglo VI y tras un breve paso de los bizantinos, la ciudad queda completamente abandonada.

Hasta el siglo XX, que mediante diversas actuaciones arqueológicas, se pone en valor el yacimiento que podemos ver en la actualidad. Exactamente, hoy día son visitables el yacimiento, y un museo que se localiza en la salida de la ciudad camino del anterior. Como en el caso de Timgad os invito a conocer este enlace sobre la seguridad de viajar a Argelia: sitata

Si os ha gustado no dejéis de mirar este artículo:

Timgad la ciudad romana que emergió de las arenas del Sahara

Mas info: archivodelafrontera algeriantourism

Imágenes: commons.wikimedia flickr

Timgad la ciudad romana que emergió de las arenas del Sahara

En Argelia y 480 kilómetros al sudeste de su capital Argel, podemos contemplar uno de los yacimientos arqueológicos romanos más importantes del mundo. Hoy día con Palmira en peligro de extinción, por el terrorismo cultural del denominado Estado Islámico. Y así mismo contando la masificación de los restos de Pompeya. Podemos decir que es uno de los mejores lugares para contemplar las espectaculares ciudades que nos dejo el Imperio romano.

Para ello deberemos acercarnos a la ciudad de Batna y desde allí acabar de recorrer los 30 kilómetros que restan hasta Timgad. No es necesario discutir que no se trata de uno de los países más seguros para viajar, pero hoy día el centro del mismo parece ser la parte más tranquila. Por cierto en el siguiente enlace se puede encontrar información actualizada sobre los riegos de viajar a Argelia: sitata

La Historia de Timgad.

La ciudad fue fundada por Trajano en el año 100 dC. En realidad fue la forma que tuvo el emperador hispano de premiar a la III Legión Augusta. Esta había sido trasladada allí por Augusto para el control de los insurgentes del antiguo Reino de Numidia. En un principio el trazado de la ciudad fue pensado para acoger a unas 15.000 personas, pero pronto se quedó pequeño. Existen muestras de la rápida ocupación fuera del reciento original, por lo tanto tras las murallas,  tanto de edificios privados como incluso de públicos, como templos, mercados y baños públicos.

En este yacimiento existen varios de estos edificios públicos.

Todo ello preparado para el máximo esplendor de la ciudad que se producirá los dos próximos siglos. Timgad, la Thamugas romana, se convirtió en la imagen de poder Imperio Romano en el norte de África. Además debió contar con una gran prosperidad, fruto del control de unas rutas principales de acceso al Sahara. Por cierto, hace unos días leía un artículo muy curioso sobre el uso de camellos y dromedarios, por parte de las legiones romanas. A buen seguro, en este lugar se usarían, os dejo el siguiente enlace:

historiayromaantigua.blogspot.com

El declive de Timgad

A partir del siglo IV dC. comienza el declive de la ciudad de Timgad. A pesar de los cual siguió teniendo periodos de esplendor. Sin ir más lejos en el año 397 se llevó a cabo en la ciudad el Concilio de Cartago, uno de los más importantes del cristianismo en el norte de África. Este hecho denota la importancia de la religión monoteísta en la ciudad romana. Otro punto de la historia en la que se denota un renacimiento de la ciudad, fue tras la conquista del Imperio Bizantino en tiempos de Justiniano, con la construcción de una nueva fortaleza aprovechado los restos de la ciudad primitiva.

La ciudad de Timgad con los cercanos Montes Aurés

Durante este periodo, la ciudad, también fue objeto de varias invasiones. Los primeros el pueblo bárbaro de los Vándalos, tras atravesar la península Ibérica ocuparon la ciudad en el año 430. Tras ellos llegará la invasión a finales del siglo V por parte de las tribus nómadas asentadas en los Montes Aurés, estas montañas son colindantes a la población de Timgad.  A pesar de la reconquista bizantina, ya expuesta, el declive será constante, y a principios del siglo VIII la llegada de los pueblos árabes llevó al abandono definitivo de la ciudad. Esta quedó a expensas de ser sepultada por las arenas del desierto.

El descubrimiento de Timgad.

La ciudad fue redescubierta a finales del siglo XVIII, concretamente por el explorador escocés James Bruce, mientras ejercía de cónsul británico en la capital argelina. Se dice que quedo completamente sorprendido, al ver como sobresalía del desierto una construcción, que resultó ser la parte superior del arco de Trajano. Aunque habrá que esperar a 1881 para que comenzaran las excavaciones dirigidas por los arqueólogos franceses. Desde ese año y hasta 1960 de manera prácticamente ininterrumpida salió a la luz la ciudad romana de Thamugas.

Imagen del arco de Trajano en 1880

Años después, concretamente en 1982, la UNESCO decide nombrar el yacimiento arqueológico, Patrimonio de la Humanidad. El motivo era claro,  preservar unos de los mejores ejemplos de ciudad romana en cuadricula, típico de estas construcciones militares.

¿Qué podemos ver en Timgad?

La vista cenital a través de Google

Un perfecto plano ortogonal, que es perfectamente visible desde las imágenes cenitales. El Decumano que cruza por completo la ciudad primitiva de este a oeste, con el punto de intercesión con el Cardo máximo en el centro de la retícula. Este último procede de la entrada norte de la ciudad y termina recorrido en dicho centro, donde se ubicó el foro romano. Como ya se ha comentado, es uno de los mejores lugares del mundo para el estudio de este tipo de ciudades romanas, ya que ningún edificio posterior ha invadido la zona.

El arco de Trajano.

Situado en la entrada este del Decumano, debió ser la principal puerta de entrada a la ciudad. No en vano, por ella entrarían las legiones romanas, ya que era el camino principal con el cuartel general de la III Legión Augusta. Esta estaba situada en las cercanías de la actual ciudad de Tazoult, a unos 35 kilómetros de Timgad.

El arco en la actualidad

El arco en sí tiene una altura de 12 metros, recordemos que fue la parte que visualizó James Bruce, para descubrir la ciudad. Por otro lado destacar que es el típico arco del triunfo romano con tres puertas, la de centro para el acceso de vehículos y las dos laterales, más pequeñas, por donde entraban las personas a pie. Por último destacar que es la construcción de Timgad mejor conservada en la actualidad.

El foro romano.

Como era habitual en la ciudades del Imperio Romano, el verdadero centro político y social de la población. En el mismo encontramos los principales edificios públicos, como la curia, la basílica civil y un pequeño templo dedicado a la victoria. El foro en sí era un cuadrilátero no muy grande rodeado de cuatro pórticos.

El foro romano

Teatro romano.

El único edificio dedicado por completo al entretenimiento de los ciudadanos, ya que no existe evidencia clara de que se hubiera construido un anfiteatro, al menos estable. Tenía una capacidad aproximada de 3.500 personas y fue dedicado a los primeros emperadores de la dinastía Severa, en concreto a Séptimo Severo y a Caracalla. Esta consideración proviene de haber  encontrado sendas estatuas de los mismos durante las excavaciones.

Vista panorámica del teatro

Biblioteca.

Estamos ante uno de los edificios más singulares de Timgad, ya que no es muy habitual encontrar bibliotecas en los yacimientos  de las ciudades romanas. Esta se encontraba junto al Cardo Máximo y muy próxima al Foro, su cercanía al centro de la ciudad denota la gran importancia que este edifico tuvo para la misma. Concretamente fue construida gracias a una donación del Senador Marco Flavio. Por último comentar que se hace muy difícil cuantificar los ejemplares que pudo llegar a contener, pero según algunos cálculos, pudieron ser cerca de 28.000.

Termas romanas.

Este apartado pudo tener gran importancia en la ciudad, ya que ha llegado a considerar una especie de estación termal, sin duda la más importante del Imperio en el continente africano. En las excavaciones se han llegado a constatar al menos 14 instalaciones termales. Además de diferente factura, desde pequeñas y posiblemente privadas, hasta las grandes termas de la entrada del norte, que debieron ser las públicas. Otro aspecto que denota la enorme importancia de estas, son los 85 mosaicos encontrados en la mismas.

Mosaico de un esclavo negro localizado en uno de los baños públicos.

Fuera del recinto principal.

Como ya se ha comentado la ciudad rápidamente se expandió fuera del recinto principal. Se localizó en el este de Timgad el Barrio de Sertius, denominado así por la inscripción encontrada en la vivienda más significativa. En  realidad se trata de una gran Domus de más de 2.200 m2. A parte de esta en la misma zona se ha localizado un mercado, múltiples viviendas, unas termas y el Capitolio de la ciudad.

Vista del mercado de Sertius

También se han encontrado los restos de las casas cristinas que debieron ser ubicadas tras la expansión del cristianismo a partir del siglo IV. En dicha zona se encuentran los restos de una basílica de 63 metros de largo, signo inequívoco de la importancia de esta religión en Timgad.

Siguiendo en las zonas de extramuros se estudian los restos de varias necrópolis que en  la actualidad se siguen excavando, en ellas se han encontrado diferentes ritos, como la incineración y la inhumación, además de diferentes estatus sociales.

En último lugar destacar la fortaleza bizantina, que se halla a unos 300 metros al sur de la ciudad principal. Está se comenzó a construir en el año 539,  aprovechado los materiales de la ciudad antigua y con los medios económicos del patricio Solomon. Dicho patricio fue el encargado del control de la zona para el control de las tribus nómadas. En ella a parte de los sistemas defensivos y las viviendas, encontramos unas pequeñas termas de 200m2 y una basílica.

Vista de la entrada al museo

Todo este enorme espacio es visitable, así como el museo que se encuentra en la entrada norte, que por cierto posee una de las colecciones mas impresionantes de mosaicos que se pueden encontrar.

Mas info:  archivodelafrontera  unesco

Imágenes: commons.wikimedia