Claudio el emperador que surgió tras una cortina.

Los que tenemos una cierta edad y siempre nos ha llamado la atención la historia, seguro que recordamos aquellas noches delante de la televisión, en la que nos divertía ver como un personaje cargado de defectos, se enfrentaba a dirigir el mayor imperio conocido. Qué mínimo que dedicar un artículo a recordarlo y si puede ser a conocerlo un poco mejor.

Destacar que la imagen elegida para titular este artículo bien pudiera ser un resumen de sus 51 años de vida previos a convertirse en el emperador Claudio. En la misma se observa al yaciente Calígula tras ser asesinado por su guardia pretoriana y el pueblo de Roma como mira impasible el desenlace. En el otro extremo del cuadro del pintor inglés Alma-Tadema, observamos como un soldado pretoriano descubre tras la cortina al temeroso Claudio, a buen seguro que pensado que sus días estaban a punto de llegar a su fin. Evidentemente no fue así…

El niño más feo del mundo.

Tiberio Claudio César Augusto nació el 1 de agosto del año 10 aC., en la ciudad gala de Lugdunum, la actual Lyon, para entre otras cosas convertirse en el hazmerreír de la familia Julio-Claudia.  La salud no fue su fuerte, desde bien pequeño sufrió diversas enfermedades que hicieron pensar a sus familiares un triste desenlace, pero no fue así.

Es de suponer que dichas enfermedades tuvieron algo que ver en su desgraciado aspecto físico. Su madre llegó a decir que era un engendro humano inconcluso, y consta que acudía a diversos actos público con la cabeza tapada. Por otro lado su abuela prefería no dirigirse a él, y si tenía que comunicarle algo lo hacía mediante una carta. Por último destacar que su tío abuelo, el emperador Augusto, se debatía entre la pena que le daba el muchacho, y su necesidad de mantener las apariencias de la familia imperial.

Bajo los mandatos de sus antecesores, Tiberio y Calígula.

De esta forma la salida más lógica para el joven Claudio fue su dedicación por un lado a los estudios, y por otro lado su entrega a los placeres cotidianos de la vida entre ellos la bebida y el juego, algunos ven  su finca de Campania como un lugar de desenfreno, vicio o lujuria.

Sobre la primera de ellas, destaca su dedicación al estudio de la historia, no en vano su protector fue Tito Livio, el historiador romano que vivió el paso de la República el Imperio. Precisamente de este periodo fue la obra más polémica de Claudio, al escribir sobres las guerras civiles de Roma entre sus dos tíos abuelos, Augusto y Marco Antonio, tomando partido por este último vio su obra bastante silenciada, es más no volvió a escribir sobre el tema.

El actor británico Derek Jacobi, interpreta al emperador en la serie, Yo Claudio
El actor británico Derek Jacobi, interpreta al emperador en la serie, Yo Claudio

Su carrera política estuvo llena de altibajos, la inicio junto al emperador Tiberio, pero con mal pie, ya que tras conseguir plaza como cuestor esta le fue denegada por su tío, que no estaba dispuesto a que un “estúpido” según sus palabras pudiera empañar su mandato. Las oportunidades le llegaron con su sobrino Calígula al ejercer dos veces el consulado, la primera de ellas durante dos escasos meses y la segunda durante más de tres años.

Su estado de salud parece que mejoró con el tiempo, ya que durante el resto de su vida solo queda constancia de grandes dolores de estómago. Pero las secuelas de sus primeros años dejaron grandes efectos en su imagen. Claudio es descrito como un hombre de una estatura por encima de la media, e incluso con “buena percha”. Mientras descansaba su aspecto era de un hombre corriente con un bonito pelo de color blanco. El problema era cuando comenzaba a caminar encorvado y con temblores en las piernas debido a unas rodillas que no conseguían sostener su peso. El otro problema residía cuando empezaba a hablar, su tartamudeo era difícil de contener, su cabeza era un continuo tic nervioso y de la comisura de su boca solían surgir brotes de la saliva continuos. Por no decir que sus risas se convertían en la comidilla de la sala.

Camino de convertirse en emperador Claudio.

A pesar de lo descrito Claudio se convirtió el favorito de gran parte de los estamentos romanos. Para empezar de los integrantes del orden ecuestre, es decir de los militares, que contaron con su presencia como patrón durante dos veces, una de ellas para transportar el cuerpo sin vida de Augusto durante la ceremonia de sepelio del mismo. También hubo muestras de aprecio por parte de los senadores, haciendo miembro honorario de diferentes estamentos, entre ellos el Sodales Augustales, es decir un restringido grupo encargado de promover el culto a Roma y a los emperadores. Por último destacar al pueblo que le mostró en diversas ocasiones su cariño, especialmente cuando acudía a presidir los espectáculos en nombre de Calígula, era continuamente recibido con gritos de “prosperidad al tío del emperador”.

Es de suponer que todos estos parabienes estuvieron presentes en lo que pasó a continuación de ser descubierto por el pretoriano, tras aquella cortina, la noche en que fue asesinado Calígula. Su rostro de aterrorizado paso inmediatamente ha sorprendido al ver como el soldado le dirigió el saludo que correspondía a los emperadores. Tras ello ambos se dirigieron a donde estaba la guardia pretoriana que con premura acomodó a Claudio en una litera, cargado sobre los hombros de los soldados recorrieron el espacio que les separaba del campamento de estos.

Claudio no salía de su asombro, la noche se le debió hacer eterna, custodiado por centinelas y alejado del lugar donde se estaba decidiendo el futuro del Imperio. Precisamente el Foro y Capitolio fueron ocupados por cónsules, senadores y diferentes curiales dispuestos asestar un golpe al Imperio, con la intención de retornar a los tiempos de la República. Frente a ellos el ejército, que ya había elegido sucesor, con 15.000 sestercios prometidos en los bolsillos, y el pueblo de Roma que coreaba el nombre de Claudio. Así comenzada el 24 de enero del año 41 el mandato del cuarto emperador de Roma.

Claudio emperador.

Según muchos, con el permiso de Tiberio,  el mejor emperador de la dinastía Julio-Claudia después de Augusto. No fue un periodo de grandes conquistas, solo se incorporó la provincia de Britania dos años después (43 dC.), de iniciado el mandato de Claudio. Este al mando de cuatro legiones se presentó en la isla para su pacificación, ya que tras Julio César y a pesar de mantenerse en la órbita de Roma, ningún emperador había conseguido someterla por completo.

Pero en lo que destacó Claudio fue en el engranaje de la maquinaria administrativa imperial. Retomó el trabajo de Augusto para desarrollar las cancillerías imperiales, es decir la profesionalización de la administración del Imperio.  Completó lo que hoy podíamos reseñar como “carteras ministeriales”, sumidas todas en ellas en una caos administrativo ocasionado por su antecesor. Entre ellas destacaban las de hacienda, cultura, finanzas, cancillería o de solicitudes. Como figura visible de estas promocionó a dos estamentos de vital importancia dentro del Imperio, por un lado los altos cargos del orden ecuestre y por otro los libertos de origen oriental, griegos en su mayoría. Todos ellos expertos conocedores por tradición, de la administración de las monarquías helenísticas, sin duda el espejo de Roma.

Agripina su última mujer coronando al sucesor de Claudio, su hijo Nerón.
Agripina su última mujer coronando al sucesor de Claudio, su hijo Nerón.

Son muchas las muestras que nos presenta la historiografía sobre el buen hacer de este emperador, en especial hacia la gran capital de Imperio. Una de las más significativas ocurrió durante uno de los habituales incendios que sufría Roma, en concreto en el barrio Emiliano. Lejos de abandonar el lugar hizo que le prepararan una sala para comandar las labores de extinción, (vamos, con un buen ministro del interior que se precie de serlo). Desde allí al ver como soldados y esclavos no daban abasto para apagar el fuego, hizo que los magistrados convocaran a la plebe de Roma, a cambio de sacos de dinero esta colaboró en las tareas que días después dieron su fruto.

De su vida privada mejor dejarla para otro día, para no enturbiar su curriculum. Comía y bebía como si no existiera un mañana. Se casó hasta cuatro veces, con la fortuna de encontrar verdaderas “joyas”, como Mesalina, una de las mujeres más bellas de Roma, que durante su matrimonio con Claudio mantuvo encuentros amorosos, entre otros con la mitad de los gladiadores que pasaban por Roma. Entre todas les dieron cinco hijos (2 niños y 3 niñas), ninguno llegó a emperador. Dejarme que os aconseje este estupendo artículo sobre Mesalina de mi amiga Maribel Bofill: gladiatrixenlaarena

La muerte de Claudio.

Durante el mandato de Claudio, como el caso de las conquistas, no es que se hicieran gran cantidad de obras públicas, aunque las pocas que se llevaron a  cabo fueron de gran trascendencia. Entre ellas un nuevo acueducto que surtía de agua una ciudad de Roma que no paraba de crecer. Pero la obra más significativa de su mandato fue el Puerto romano de Ostia, con dos grandes diques de contención, gran cantidad de edificios públicos y un faro a imagen y semejanza del célebre Faro de Alejandría.

Maqueta del puerto de Ostia.
Maqueta del puerto de Ostia.

Posiblemente camino de este puerto encontró la muerte el emperador Claudio, no está claro ni contrastado y su muerte puede recordar en parte la del gran Trajano.  Lo cierto es que tras rehacer su testamento y dejar el Imperio en manos de Nerón, todo el mundo coincide que fue envenenado, el artífice del envenenamiento genera aún más dudas. Muchas papeletas caen sobre Haloto el eunuco que le acompañaba y era el encargado de probar sus alimentos. Aunque la sombra de Agripina, su última esposa,  sigue siendo muy alargada llegando incluso a la escena del crimen. Por cierto, una muerte anunciada por el mismo durante su última comparecencia ante el Senado romano, ante las muestras de incredulidad de los allí presentes.

Más info: Vidas de los doce cesares, Suetonio.

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