La historia de los Suevos, los bárbaros que eligieron Galicia.

El Reino Suevo es uno de los grandes desconocidos de la historia de la Península Ibérica. Todo ello a pesar de ser la entidad política que protagonizó en Galicia y el norte de Portugal, el paso entre la Hispania romana y la Alta Edad Media. Permitir que al pensar en ellos, no pueda abstraerme de la imagen que encontraron aquellos 30.000 suevos al llegar al noroeste peninsular. A buen seguro aquel paisaje les recordó a las historias que les contaban sus antepasados, aunque con la particularidad de encontrar un verano eterno, que bien pudo ser el motivo de su establecimiento definitivo.

La gran migración de los Suevos.

Las primeras noticias sobre los suevos los sitúan durante el cambio de era en torno al Mar Báltico. Las escasas fuentes romanas que los nombran destacan de ellos su gran movilidad, un pueblo que no practica la agricultura y que mantenía por lo tanto un alto nivel de nomadismo. Parece ser que se convirtieron en uno de los pueblos bárbaros más significativos al menos en cuanto a número. Tras abandonar el Báltico se asientan en las inmediaciones del limes del Rin.

Recreación de la figura de un guerrero suevo, descrita por las fuentes romanas.
Recreación de la figura de un guerrero suevo, descrita por las fuentes romanas.

Es allí donde toman contacto con la historia de otros pueblos bárbaros como los alanos, vándalos, alamanes o francos. Todos juntos, el último día del año 406,  protagonizaran el asalto al limes germánico  del Imperio romano. Tras dicho asalto se romperá la unión del pueblo suevo, unos deciden establecerse definitivamente en el sur de la actual Alemania y acabaron formando el reino medieval de Suabia. El resto continuará su migración dirección sur.  Ente los años 407-408 arrasaran la provincia romana de las Galias, y a principios del año 409 se hallaban negociando en los Pirineos su entrada en la Hispania romana.

El Imperio romano de Occidente en aquellos momentos se hallaba sumido en la profunda crisis de la cual ya no saldría. Valentiniano III, un usurpador surgido de Britania, le disputaba al emperador Honorio la supremacía tanto en las Galias como en Hispania. Para controlar esta última envió a su general Geroncio cerca de los Pirineos, concretamente pudo tener su base de operaciones en Caesaraugusta. Aunque los hechos concretos no están claros, Geroncio traicionó a Valentiniano III colocando como nuevo emperador a su supuesto hijo Máximo. Es decir en aquellos momentos al menos tres personajes se disputan el Imperio de Occidente. En este contexto y buscado el compromiso en la causa imperial, Geroncio pactó con los pueblos bárbaros el paso de los Pirineos, entre ellos nuestros protagonistas con su rey a la cabeza.

 Hermerico el conductor de las huestes.

El pueblo suevo que atravesó los Pirineos estaba muy lejos de la imagen de una entidad política estable. Se puede decir que seguían arrastrado formas de vidas ancestrales, basadas en unidades patriarcales que se juntaban para acometer sus proyectos comunes. No contaban con leyes, al menos escritas, y su derecho se basaba en las antiguas costumbres tribales. Las cabezas visibles de cada una de las familias más importantes, a los que ya podemos comenzar a conocer como nobles, se reunían en asambleas donde decidían los asuntos más importantes del pueblo. Sus cometidos eran varios, entre ellos declarar una guerra, administrar justicia, o la elección de una cabeza visible que dirigiera la comunidad.

Hermerico
Hermerico

Algunos autores llaman a este sistema monarquía electiva, otros lo ven exagerado este término. Lo cierto es que desde como mínimo el año 406 este dirigente de las huestes, no podemos olvidar en ningún momento su condición de guerreros, fue Hermerico y por lo tanto el encargado de negociar el asentamiento del pueblo suevo en la Gallaecia romana. No sin antes entre los años 409-411 acometer los habituales saqueos y destrozos a su paso, aunque este aspecto también difiera mucho en  cuanto a intensidad entre unas fuentes y otras.

Lo cierto es que en el año 411 las tropas de Geroncio abandonan Hispania camino de las Galias, para seguir en su afán de controlar el Imperio de Occidente. Este hecho es aprovechado por los pueblos bárbaros para asentarse en la Península Ibérica, es probable que tras una serie de pactos con las autoridades locales. Solo la provincia Tarraconensis queda bajo el dominio político de Roma, el resto es repartido entre los pueblos recién llegados, con peligrosas en imprecisas líneas fronterizas.  A nuestros protagonistas les toca en suerte, según Hidacio, la provincia de la Gallaecia, concretamente el Conventus Bracariense, situando la capital en Braga para los próximos 175 años. Por cierto al norte se asentaron los vándalos asdingos con los que pronto llegaran los conflictos.

El reparto de la Península entre los pueblos bárbaros
El reparto de la Península entre los pueblos bárbaros

La expansión del Reino Suevo.

Con Hermerico (406-438)

Al supuesto reparto pronto se le pondría remedio, Honorio el emperador de occidente tras recuperar el control sobre las Galias pacta con los visigodos la recuperación de la Hispania romana. En solo dos años 416-418, son expulsados alanos y vándalos Silingios, con lo que la mayor parte de la Península vuelve a ser romana, con la excepción de la provincia de la Gallaecia que seguía en manos de  suevos y vándalos asdingos.

Tras la retirada visigoda, los vándalos atacan las posiciones de los suevos, mucho mayor en número consiguen arrinconarlos en los montes situados entre las actuales provincias de Orense y León.  Bien pudo llegar a ser su final, de no intervenir un nuevo protagonista, el general romano Asterio que al mando de un gran ejército se dirige a sofocar el problema. Nunca se ha conocido el motivo de que se eligiera a los suevos, pero serán los que definitivamente se hagan con el control político del noroeste de Hispania, estableciendo definitivamente el Reino Suevo. Posiblemente Roma pensó en favorecer el rival más débil y conseguir algún tipo de pacto como el que ostentaban  con los visigodos del Reino de Tolosa, como veremos de ser así, fue un grave error.

Nueve años después (429), la Península Ibérica estaba libre de Vándalos. Por lo que nuestros protagonistas suevos tienen via libre para pasar a la acción, contando además el Imperio estaba sumido en batallas más importantes. El primer propósito hacerse con el control total de la Gallaecia, ya que todavía existían algunas ciudades contraladas por los hispanorromanos. Esto sucedió en las postrimerías del reinado de Hermerico, precisamente su muerte en el año 438 se puede considerar el momento donde el control político de la Gallaecia es totalmente del pueblo suevo.

Con Requila (438-448)

A Hermerico le sucedió su hijo Requila que decide aprovechar los problemas imperiales para hacerse con la Península Ibérica. En el año 439 toma la ciudad De Mérida, en aquellos momentos capital de la Diócesis Hispaniarum, tras ella dos años después conquistaron Sevilla. Desde estas dos capitales de suma importancia en la administración del Imperio, los Suevos toman el control político de toda la Península Ibérica, con la excepción de la Tarraconensis. Visto el cariz de los acontecimientos en el año 446, Roma decide enviar un nuevo ejército a Hispania, al mando magister militum Vito, que se convertirá en el último militar romano en intervenir directamente en la Península, por cierto con una sonora derrota que acabó en una humillante retirada. Pese a la cual lo Suevos deciden realizar un pacto de no agresión con Roma, a cambio de devolver la provincia de la Cartaginense.

Con Requiario (448-456)

Requila murió en el año 448, le sucedió su hijo Requiario que heredó lo que se puede decir un gigante con los pies de barro. Aunque para fortalecerlo decidió dar algunos pasos importantes. En primer lugar abrazar el arrianismo, con lo que se ganaba el respeto de su futuro cuñado, a continuación se casó con la hermana del rey Visigodo de Tolosa, Teodorico con lo que intentaba conseguir un aliado. Por último destacar que fue el primer rey suevo que emitió moneda desde la capital del reino, Braga, sin duda un acto de reafirmamiento ante el Imperio.

Requiario
Requiario

Con todo ello se lanzó a conquistar el resto de la Península. La primera intervención fue el apoyo a los bagaudas para conquistar el centro de la Tarraconense, atacando junto a estos, Zaragoza y Lérida. No surgió efecto y los romanos consiguieron el apoyo visigodo para repeler la agresión  y controlar las revueltas bagáudicas en el año 454. Por cierto os invito a leer este artículo para completar la información: los-bagaudas-del-bajo-imperio

Tras la derrota Requiario vuelve a la carga, en este caso intenta controlar de nuevo la provincia Cartaginense. Su error fue de bulto, no contó con que Roma se había deshecho de importantes enemigos como el huno Atila. Ahora estaba pendiente de la otrora gran provincia hispana, pero lejos de intervenir directamente la entregó a sus socios visigodos. El resultado la mayor derrota sueva a orillas del rio Órbigo, en las inmediaciones de la recién estrenada capital del Reino, Astorga. Requiario consiguió huir pero fue perseguido hasta Oporto donde fue apresado y ejecutado por el rey visigodo Teodorico II. A partir de ese momento se empezó a gestar el Reino visigodo de Toledo.

El fin de Reino Suevo.

Los años que siguieron a la muerte de Requiario fueron protagonizados por las luchas de poder dentro del reino Suevo. Las consecuencias parece que las pagó la población hispanorromana sometidas a venganzas y continúas matanzas, como por ejemplo las de la ciudad de Lisboa en el año 457, o los dirigentes de la ciudad romana de Lugo.

Poco después, sumidos en un caos, se entró en el denominado periodo oscuro del reino Suevo. Si hasta entonces la principal fuente para su conocimiento fue la figura del obispo Hidacio, su muerte en el año 469 nos sumerge en un largo silencio hasta mediados del siglo VI.

La reaparición de los suevos a la escena histórica vino de la mano de San Martín de Braga. Un monje católico que llevó al rey suevo Cararico a abrazar el catolicismo, además de realizar una gran labor evangelizadora y la promoción de diversos monasterios. La conversión del pueblo suevo no debió entrañar grandes dificultades, ya que no ha quedado constancia de grandes luchas internas por aspectos religiosos. A pesar de declararse arrianos con Requiario, los suevos debieron practicar la tolerancia religiosa con los hispanorromanos, este hecho favorecía su integración en especial durante el denominado periodo oscuro.

Con Miro (570-583)

Posiblemente este declarado catolicismo no fue visto con buenos ojos por sus vecinos en la Península. Los visigodos durante el periodo oscuro de los suevos se habían conformando como el poder más importante en Hispania, a mediados del siglo VI tenían situada su capital en Toledo. Por si fuera poco en el 572, Leovigildo se convirtió en rey de los visigodos, y su agenda pasaba por dos hitos importantes. Uno de ellos la unión bajo una misma corona de todos los territorios de la otrora Hispania romana, el otro seguir luchado a favor del arrianismo como religión predomínate en su reino. Ambos aspectos chocaban definitivamente con el reino suevo y los problemas empezaron pronto para nuestros protagonistas.

La península Ibérica en el año 569
La península Ibérica en el año 569

El primer encontronazo lo tuvieron por la cuestión sobre un pueblo indígena dedicados al pastoreo, los ruccones. El rey Miro atacó sus posiciones con el fin de hacerse con el control de su territorio, las fuentes no son claras pero debía estar situado en alguna zona de la cordillera Cantábrica. Leovigildo salió en su defensa obligando a los suevos a retroceder en su nuevo intento de expansión.

El siguiente choque fue de mayor calado, nuevamente el rey Miro decidió ponerse en contra de Leovigildo, en este caso debió pesar el aspecto religioso. Hermenegildo, uno de los hijos del rey visigodo y abanderado del catolicismo se hizo fuerte en la Bética, además contaba con el apoyo de la nobleza cristiana tardorromana. Os invito a conocer más detalles en el siguiente artículo: religion-de-los-visigodos

Lo cierto es que los Suevos encabezados por el rey Miro acuden en ayuda de Hermenegildo, pero su ejército es cercado por las tropas de Leovigildo y nuevamente obligado a retirarse. No sin antes obligar a prestar juramento de fidelidad al rey visigodo por parte del rey suevo, sin duda fue el principio del fin.

 Al año siguiente murió Miro, sus sustitutos Eborico, y Audeca son obligados por Leovigildo a abandonar el trono y retirarse a sendos conventos. Finalmente en el año 585 el Reino suevo es anexionado al visigodo, a pesar de algunas revueltas encabezadas por los sucesores del rey Miro, la situación se hizo irreversible y con ella llegó el final de la supremacía política de los suevos en Hispania.

Mas info:

Historia antigua de la Península Ibérica, época tardoimperial y visigoda, J. J. Sayas Abengochea y Manuel Abad Valera, Ed. Uned 2013

Breve historia de los godos, Fermin Miranda García, Ed. Nowtilus, 2015

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