Wamba el rey visigodo que raparon para quitarle un reino.

Cuando el rey visigodo Wamba (672-680) llegó al poder contaba con la nada despreciable cifra de 72 años, es decir que experiencia no le debía faltar. A pesar de lo cual su final como monarca, tras ocho años de poder, nos lleva a pensar que un poco incauto e incluso inocente pudo llegar a ser.

No podemos decir lo mismo de su nombramiento, al revés, ya que tras ser nombrado rey de los visigodos en el mismo lecho de muerte de su antecesor Recesviento. Se procuró la aprobación de todos, acudiendo a Toledo la capital del Reino Visigodo, para recibir el cetro y la unción del obispo de dicha ciudad, en la Basílica de San Pedro y San Pablo.

La Galia Narbonense se subleva.

Poco le duró la tranquilidad al anciano rey, los problemas como era habitual en los tiempos visigodos no tardaron en aparecen. La primavera siguiente al frente de su ejército, hecho común entre los monarcas visigodos, partió desde Toledo con dirección a Cantabria, donde una vez más los cántabros y vascones seguían con sus cotidianas revueltas. Pero no le dejaron ni entrar en combate, desde la Septimania concretamente desde Nimes, el conde de la ciudad con la ayuda de obispos y abades se levantan en armas. Por si fuera poco los francos merovingios ven la posibilidad de incidir en los territorios al norte de los Pirineos y acabar así con el dominio Visigodo de la zona. En escasos días se apoderan de la Galia Narbonense.

Wamba renunciando a la corona tras la muerte de Recesviento
Wamba renunciando a la corona tras la muerte de Recesviento

La solución de Wamba, sin pensarlo, fue echar más leña al fuego. Envió a Paulo, un alto personaje de la nobleza posiblemente afincado en la misma Galia Narbonense, su cometido neutralizar a los insurrectos. Pero nada más llegar a Narbona cambia de bando, además encuentra el apoyo de su homólogo en la tarraconense el Duque Ranosindo. Es decir, todo el noroeste pasa en pocos días a manos de los enemigos del Rey Wamba. La historiografía no tiene claro si es un proceso de una pretendida emancipación o por el contrario una usurpación, para hacerse con todo el control de la Hispania Visigoda.

Lo cierto es que Paulo es coronado y ungido rey con la corona de uno de los antecesores de Wamba, concretamente Recaredo el primer rey visigodo que abrazó el catolicismo. El lugar elegido la Catedral de San Félix en Gerona. Acto seguido envía una carta al rey Wamba, en la cual el propio Paulo firma como rey oriental y se dirige a su homólogo como rey occidental.

El rey Wamba pasa a la acción

Como ha quedado reflejado el rey visigodo se encontraba en la Cordillera Cantábrica repeliendo la enésima revuelta cántabra. Tras acabar con ella, tiene que elegir entre esperar a la alta nobleza para que le acompañase a la Septimania, o bien encabezar su propio ejército para aplacar la rebelión. La elección tomada fue la segunda, hecho que denota su desconfianza en una nobleza que ya se la había pegado en primera instancia.

En poco tiempo se presentó en las ciudades de la tarraconenese, tomando Barcelona y Gerona. El paso siguiente fue traspasar  los Pirineos por Puigcerdá y Perthus, y tomar las ciudades de Béziers o Narbona. Ahora solo le quedaba Nimes, ciudad rápidamente sitiada con todos los insurgentes en su interior, o más bien el  interior del anfiteatro de Arles, lugar donde se rinden el 2 de septiembre del 673, bajo la promesa de que sus vidas fuesen respetadas. Pocos días después el rey visigodo estaba de vuelta en Toledo, junto a él sus prisioneros con Paulo por delante y sosteniendo en su cabeza una raspa de pescado como improvisada corona del reino oriental.

No debió tener suficiente con la humillación y decidió cambiar las leyes para obtener más ayuda de la alta nobleza. Al mes lanzó la ley de movilización militar, por la cual, ya fuera por invasión extranjera o bien por levantamiento de cualquier parte del reino. Todos los hombres, desde la Alta nobleza, pasando por el clero, hasta llegar a las capas más inferiores, situados en un radio de 100 km del lugar donde aconteciera el problema, tenían la obligación de acudir a socorrer al rey visigodo.

La tonsura del rey Wamba.

Los hechos sucedieron el 14 de octubre del año 680, el rey Wamba pidió retirarse a sus aposentos, dado que su estado de salud había sufrido una gran recaída, no olvidemos que tenía 80 años. Acto seguido le siguieron a la misma sus más allegados colaboradores entre ellos el obispo Julián de Toledo y un personaje de la alta nobleza visigoda, Ervigio.

Ante la inminente muerte del rey, consiguen que abdique la corona a favor de Ervigio, acto seguido como buen cristiano recibe del la penitencia pública de su “fiel” cronista el obispo Julián de Toledo. Es vestido con los hábitos de un monje y tonsurado, es decir el rapado de la coronilla necesario para ingresar en una orden religiosa de la época, luego tras hacerle la señal de la Santa Cruz estaba por fin preparado para morir.

Pero para sorpresa de todos a los pocos días despertó, aunque ya era demasiado tarde, Ervigio se había convertido en el nuevo rey visigodo. Además Wamba no podía reclamar el puesto, como buen cristiano debía acatar las normas dictadas por los padres conciliares. En concreto el canon 17 del Concilio VI, que señala bien claro la exclusión de la posibilidad de convertirse en rey, a aquellos que hubiesen tenido contactos previos con la iglesia.

Nunca se pudo demostrar completamente la conspiración, aunque se vislumbra a millas de distancia.  En el siguiente concilio, es decir el XII, los seguidores de Wamba llevaron a debate el asunto, de que personas en estado de inconsciencia no debían ser responsables de las leyes aplicadas a los tonsurados.  Pero los padres conciliares se opusieron, tras comparar el caso de la tonsura de Wamba, con un niño pequeño que recibe el bautismo antes de tener conciencia de ello.

Monolito del rey Wamba en Pampliega
Monolito del rey Wamba en Pampliega

Otro aspecto delator es el cambio de la ley militar nada más llegar. Ahora los nobles solo estaban obligados a mandar un 10% de sus hombres a apoyar al rey, pudiendo seguir con sus tareas por ejemplo las agrícolas. Además se excluyó al clero de esta polémica ley. En  definitiva que Wamba tuvo los mismos dos enemigos que el resto de reyes visigodos, nobleza y clero.  Aunque ello no fue óbice para que pasara sus últimos ocho años de vida junto a estos últimos, concretamente como monje del monasterio de Pampliega, tristemente desaparecido.

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