Claudio el emperador que surgió tras una cortina.

Los que tenemos una cierta edad y siempre nos ha llamado la atención la historia, seguro que recordamos aquellas noches delante de la televisión, en la que nos divertía ver como un personaje cargado de defectos, se enfrentaba a dirigir el mayor imperio conocido. Qué mínimo que dedicar un artículo a recordarlo y si puede ser a conocerlo un poco mejor.

Destacar que la imagen elegida para titular este artículo bien pudiera ser un resumen de sus 51 años de vida previos a convertirse en el emperador Claudio. En la misma se observa al yaciente Calígula tras ser asesinado por su guardia pretoriana y el pueblo de Roma como mira impasible el desenlace. En el otro extremo del cuadro del pintor inglés Alma-Tadema, observamos como un soldado pretoriano descubre tras la cortina al temeroso Claudio, a buen seguro que pensado que sus días estaban a punto de llegar a su fin. Evidentemente no fue así…

El niño más feo del mundo.

Tiberio Claudio César Augusto nació el 1 de agosto del año 10 aC., en la ciudad gala de Lugdunum, la actual Lyon, para entre otras cosas convertirse en el hazmerreír de la familia Julio-Claudia.  La salud no fue su fuerte, desde bien pequeño sufrió diversas enfermedades que hicieron pensar a sus familiares un triste desenlace, pero no fue así.

Es de suponer que dichas enfermedades tuvieron algo que ver en su desgraciado aspecto físico. Su madre llegó a decir que era un engendro humano inconcluso, y consta que acudía a diversos actos público con la cabeza tapada. Por otro lado su abuela prefería no dirigirse a él, y si tenía que comunicarle algo lo hacía mediante una carta. Por último destacar que su tío abuelo, el emperador Augusto, se debatía entre la pena que le daba el muchacho, y su necesidad de mantener las apariencias de la familia imperial.

Bajo los mandatos de sus antecesores, Tiberio y Calígula.

De esta forma la salida más lógica para el joven Claudio fue su dedicación por un lado a los estudios, y por otro lado su entrega a los placeres cotidianos de la vida entre ellos la bebida y el juego, algunos ven  su finca de Campania como un lugar de desenfreno, vicio o lujuria.

Sobre la primera de ellas, destaca su dedicación al estudio de la historia, no en vano su protector fue Tito Livio, el historiador romano que vivió el paso de la República el Imperio. Precisamente de este periodo fue la obra más polémica de Claudio, al escribir sobres las guerras civiles de Roma entre sus dos tíos abuelos, Augusto y Marco Antonio, tomando partido por este último vio su obra bastante silenciada, es más no volvió a escribir sobre el tema.

El actor británico Derek Jacobi, interpreta al emperador en la serie, Yo Claudio
El actor británico Derek Jacobi, interpreta al emperador en la serie, Yo Claudio

Su carrera política estuvo llena de altibajos, la inicio junto al emperador Tiberio, pero con mal pie, ya que tras conseguir plaza como cuestor esta le fue denegada por su tío, que no estaba dispuesto a que un “estúpido” según sus palabras pudiera empañar su mandato. Las oportunidades le llegaron con su sobrino Calígula al ejercer dos veces el consulado, la primera de ellas durante dos escasos meses y la segunda durante más de tres años.

Su estado de salud parece que mejoró con el tiempo, ya que durante el resto de su vida solo queda constancia de grandes dolores de estómago. Pero las secuelas de sus primeros años dejaron grandes efectos en su imagen. Claudio es descrito como un hombre de una estatura por encima de la media, e incluso con “buena percha”. Mientras descansaba su aspecto era de un hombre corriente con un bonito pelo de color blanco. El problema era cuando comenzaba a caminar encorvado y con temblores en las piernas debido a unas rodillas que no conseguían sostener su peso. El otro problema residía cuando empezaba a hablar, su tartamudeo era difícil de contener, su cabeza era un continuo tic nervioso y de la comisura de su boca solían surgir brotes de la saliva continuos. Por no decir que sus risas se convertían en la comidilla de la sala.

Camino de convertirse en emperador Claudio.

A pesar de lo descrito Claudio se convirtió el favorito de gran parte de los estamentos romanos. Para empezar de los integrantes del orden ecuestre, es decir de los militares, que contaron con su presencia como patrón durante dos veces, una de ellas para transportar el cuerpo sin vida de Augusto durante la ceremonia de sepelio del mismo. También hubo muestras de aprecio por parte de los senadores, haciendo miembro honorario de diferentes estamentos, entre ellos el Sodales Augustales, es decir un restringido grupo encargado de promover el culto a Roma y a los emperadores. Por último destacar al pueblo que le mostró en diversas ocasiones su cariño, especialmente cuando acudía a presidir los espectáculos en nombre de Calígula, era continuamente recibido con gritos de “prosperidad al tío del emperador”.

Es de suponer que todos estos parabienes estuvieron presentes en lo que pasó a continuación de ser descubierto por el pretoriano, tras aquella cortina, la noche en que fue asesinado Calígula. Su rostro de aterrorizado paso inmediatamente ha sorprendido al ver como el soldado le dirigió el saludo que correspondía a los emperadores. Tras ello ambos se dirigieron a donde estaba la guardia pretoriana que con premura acomodó a Claudio en una litera, cargado sobre los hombros de los soldados recorrieron el espacio que les separaba del campamento de estos.

Claudio no salía de su asombro, la noche se le debió hacer eterna, custodiado por centinelas y alejado del lugar donde se estaba decidiendo el futuro del Imperio. Precisamente el Foro y Capitolio fueron ocupados por cónsules, senadores y diferentes curiales dispuestos asestar un golpe al Imperio, con la intención de retornar a los tiempos de la República. Frente a ellos el ejército, que ya había elegido sucesor, con 15.000 sestercios prometidos en los bolsillos, y el pueblo de Roma que coreaba el nombre de Claudio. Así comenzada el 24 de enero del año 41 el mandato del cuarto emperador de Roma.

Claudio emperador.

Según muchos, con el permiso de Tiberio,  el mejor emperador de la dinastía Julio-Claudia después de Augusto. No fue un periodo de grandes conquistas, solo se incorporó la provincia de Britania dos años después (43 dC.), de iniciado el mandato de Claudio. Este al mando de cuatro legiones se presentó en la isla para su pacificación, ya que tras Julio César y a pesar de mantenerse en la órbita de Roma, ningún emperador había conseguido someterla por completo.

Pero en lo que destacó Claudio fue en el engranaje de la maquinaria administrativa imperial. Retomó el trabajo de Augusto para desarrollar las cancillerías imperiales, es decir la profesionalización de la administración del Imperio.  Completó lo que hoy podíamos reseñar como “carteras ministeriales”, sumidas todas en ellas en una caos administrativo ocasionado por su antecesor. Entre ellas destacaban las de hacienda, cultura, finanzas, cancillería o de solicitudes. Como figura visible de estas promocionó a dos estamentos de vital importancia dentro del Imperio, por un lado los altos cargos del orden ecuestre y por otro los libertos de origen oriental, griegos en su mayoría. Todos ellos expertos conocedores por tradición, de la administración de las monarquías helenísticas, sin duda el espejo de Roma.

Agripina su última mujer coronando al sucesor de Claudio, su hijo Nerón.
Agripina su última mujer coronando al sucesor de Claudio, su hijo Nerón.

Son muchas las muestras que nos presenta la historiografía sobre el buen hacer de este emperador, en especial hacia la gran capital de Imperio. Una de las más significativas ocurrió durante uno de los habituales incendios que sufría Roma, en concreto en el barrio Emiliano. Lejos de abandonar el lugar hizo que le prepararan una sala para comandar las labores de extinción, (vamos, con un buen ministro del interior que se precie de serlo). Desde allí al ver como soldados y esclavos no daban abasto para apagar el fuego, hizo que los magistrados convocaran a la plebe de Roma, a cambio de sacos de dinero esta colaboró en las tareas que días después dieron su fruto.

De su vida privada mejor dejarla para otro día, para no enturbiar su curriculum. Comía y bebía como si no existiera un mañana. Se casó hasta cuatro veces, con la fortuna de encontrar verdaderas “joyas”, como Mesalina, una de las mujeres más bellas de Roma, que durante su matrimonio con Claudio mantuvo encuentros amorosos, entre otros con la mitad de los gladiadores que pasaban por Roma. Entre todas les dieron cinco hijos (2 niños y 3 niñas), ninguno llegó a emperador. Dejarme que os aconseje este estupendo artículo sobre Mesalina de mi amiga Maribel Bofill: gladiatrixenlaarena

La muerte de Claudio.

Durante el mandato de Claudio, como el caso de las conquistas, no es que se hicieran gran cantidad de obras públicas, aunque las pocas que se llevaron a  cabo fueron de gran trascendencia. Entre ellas un nuevo acueducto que surtía de agua una ciudad de Roma que no paraba de crecer. Pero la obra más significativa de su mandato fue el Puerto romano de Ostia, con dos grandes diques de contención, gran cantidad de edificios públicos y un faro a imagen y semejanza del célebre Faro de Alejandría.

Maqueta del puerto de Ostia.
Maqueta del puerto de Ostia.

Posiblemente camino de este puerto encontró la muerte el emperador Claudio, no está claro ni contrastado y su muerte puede recordar en parte la del gran Trajano.  Lo cierto es que tras rehacer su testamento y dejar el Imperio en manos de Nerón, todo el mundo coincide que fue envenenado, el artífice del envenenamiento genera aún más dudas. Muchas papeletas caen sobre Haloto el eunuco que le acompañaba y era el encargado de probar sus alimentos. Aunque la sombra de Agripina, su última esposa,  sigue siendo muy alargada llegando incluso a la escena del crimen. Por cierto, una muerte anunciada por el mismo durante su última comparecencia ante el Senado romano, ante las muestras de incredulidad de los allí presentes.

Más info: Vidas de los doce cesares, Suetonio.

Wamba el rey visigodo que raparon para quitarle un reino.

Cuando el rey visigodo Wamba (672-680) llegó al poder contaba con la nada despreciable cifra de 72 años, es decir que experiencia no le debía faltar. A pesar de lo cual su final como monarca, tras ocho años de poder, nos lleva a pensar que un poco incauto e incluso inocente pudo llegar a ser.

No podemos decir lo mismo de su nombramiento, al revés, ya que tras ser nombrado rey de los visigodos en el mismo lecho de muerte de su antecesor Recesviento. Se procuró la aprobación de todos, acudiendo a Toledo la capital del Reino Visigodo, para recibir el cetro y la unción del obispo de dicha ciudad, en la Basílica de San Pedro y San Pablo.

La Galia Narbonense se subleva.

Poco le duró la tranquilidad al anciano rey, los problemas como era habitual en los tiempos visigodos no tardaron en aparecen. La primavera siguiente al frente de su ejército, hecho común entre los monarcas visigodos, partió desde Toledo con dirección a Cantabria, donde una vez más los cántabros y vascones seguían con sus cotidianas revueltas. Pero no le dejaron ni entrar en combate, desde la Septimania concretamente desde Nimes, el conde de la ciudad con la ayuda de obispos y abades se levantan en armas. Por si fuera poco los francos merovingios ven la posibilidad de incidir en los territorios al norte de los Pirineos y acabar así con el dominio Visigodo de la zona. En escasos días se apoderan de la Galia Narbonense.

Wamba renunciando a la corona tras la muerte de Recesviento
Wamba renunciando a la corona tras la muerte de Recesviento

La solución de Wamba, sin pensarlo, fue echar más leña al fuego. Envió a Paulo, un alto personaje de la nobleza posiblemente afincado en la misma Galia Narbonense, su cometido neutralizar a los insurrectos. Pero nada más llegar a Narbona cambia de bando, además encuentra el apoyo de su homólogo en la tarraconense el Duque Ranosindo. Es decir, todo el noroeste pasa en pocos días a manos de los enemigos del Rey Wamba. La historiografía no tiene claro si es un proceso de una pretendida emancipación o por el contrario una usurpación, para hacerse con todo el control de la Hispania Visigoda.

Lo cierto es que Paulo es coronado y ungido rey con la corona de uno de los antecesores de Wamba, concretamente Recaredo el primer rey visigodo que abrazó el catolicismo. El lugar elegido la Catedral de San Félix en Gerona. Acto seguido envía una carta al rey Wamba, en la cual el propio Paulo firma como rey oriental y se dirige a su homólogo como rey occidental.

El rey Wamba pasa a la acción

Como ha quedado reflejado el rey visigodo se encontraba en la Cordillera Cantábrica repeliendo la enésima revuelta cántabra. Tras acabar con ella, tiene que elegir entre esperar a la alta nobleza para que le acompañase a la Septimania, o bien encabezar su propio ejército para aplacar la rebelión. La elección tomada fue la segunda, hecho que denota su desconfianza en una nobleza que ya se la había pegado en primera instancia.

En poco tiempo se presentó en las ciudades de la tarraconenese, tomando Barcelona y Gerona. El paso siguiente fue traspasar  los Pirineos por Puigcerdá y Perthus, y tomar las ciudades de Béziers o Narbona. Ahora solo le quedaba Nimes, ciudad rápidamente sitiada con todos los insurgentes en su interior, o más bien el  interior del anfiteatro de Arles, lugar donde se rinden el 2 de septiembre del 673, bajo la promesa de que sus vidas fuesen respetadas. Pocos días después el rey visigodo estaba de vuelta en Toledo, junto a él sus prisioneros con Paulo por delante y sosteniendo en su cabeza una raspa de pescado como improvisada corona del reino oriental.

No debió tener suficiente con la humillación y decidió cambiar las leyes para obtener más ayuda de la alta nobleza. Al mes lanzó la ley de movilización militar, por la cual, ya fuera por invasión extranjera o bien por levantamiento de cualquier parte del reino. Todos los hombres, desde la Alta nobleza, pasando por el clero, hasta llegar a las capas más inferiores, situados en un radio de 100 km del lugar donde aconteciera el problema, tenían la obligación de acudir a socorrer al rey visigodo.

La tonsura del rey Wamba.

Los hechos sucedieron el 14 de octubre del año 680, el rey Wamba pidió retirarse a sus aposentos, dado que su estado de salud había sufrido una gran recaída, no olvidemos que tenía 80 años. Acto seguido le siguieron a la misma sus más allegados colaboradores entre ellos el obispo Julián de Toledo y un personaje de la alta nobleza visigoda, Ervigio.

Ante la inminente muerte del rey, consiguen que abdique la corona a favor de Ervigio, acto seguido como buen cristiano recibe del la penitencia pública de su “fiel” cronista el obispo Julián de Toledo. Es vestido con los hábitos de un monje y tonsurado, es decir el rapado de la coronilla necesario para ingresar en una orden religiosa de la época, luego tras hacerle la señal de la Santa Cruz estaba por fin preparado para morir.

Pero para sorpresa de todos a los pocos días despertó, aunque ya era demasiado tarde, Ervigio se había convertido en el nuevo rey visigodo. Además Wamba no podía reclamar el puesto, como buen cristiano debía acatar las normas dictadas por los padres conciliares. En concreto el canon 17 del Concilio VI, que señala bien claro la exclusión de la posibilidad de convertirse en rey, a aquellos que hubiesen tenido contactos previos con la iglesia.

Nunca se pudo demostrar completamente la conspiración, aunque se vislumbra a millas de distancia.  En el siguiente concilio, es decir el XII, los seguidores de Wamba llevaron a debate el asunto, de que personas en estado de inconsciencia no debían ser responsables de las leyes aplicadas a los tonsurados.  Pero los padres conciliares se opusieron, tras comparar el caso de la tonsura de Wamba, con un niño pequeño que recibe el bautismo antes de tener conciencia de ello.

Monolito del rey Wamba en Pampliega
Monolito del rey Wamba en Pampliega

Otro aspecto delator es el cambio de la ley militar nada más llegar. Ahora los nobles solo estaban obligados a mandar un 10% de sus hombres a apoyar al rey, pudiendo seguir con sus tareas por ejemplo las agrícolas. Además se excluyó al clero de esta polémica ley. En  definitiva que Wamba tuvo los mismos dos enemigos que el resto de reyes visigodos, nobleza y clero.  Aunque ello no fue óbice para que pasara sus últimos ocho años de vida junto a estos últimos, concretamente como monje del monasterio de Pampliega, tristemente desaparecido.

Los siete pecados “capitales” que llevaron a la hoguera a Jacques de Molay.

El día 18 de marzo de 1314 mientras Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple, ardía en la hoguera instalada frente a la catedral gótica de Notre Dame, no muy lejos de allí, el rey de Francia Felipe IV respiraba aliviado.  Sin duda un grave error como se demostraría poco tiempo después.

El juicio contra los Templarios.

Todo comenzó seis años antes, después del verano de 1307, el rey de Francia instó a su consejero Guillermo de Nogaret a que buscará los entresijos para poder condenar al Gran Maestre. Era evidente que detrás de esta inquietud existía un motivo económico, las deudas contraídas por el rey con los Templarios eran desorbitadas, y como estos solo debían rendir cuentas al Papa, o acababa con ellos, o la deuda se convertiría en su tumba.

Recreación animada de Felipe IV de Francia
Recreación animada de Felipe IV de Francia

El cometido era claro los templarios debían ser juzgados por sus pecados, y así el Papa les levantaría su protección. Aunque la lista de acusaciones parece ser que fue muy extensa, la podemos sintetizarla en los “siete pecados capitales de los Templarios” aduciendo a la célebre cifra de los vicios que todo buen cristiano debía eludir, por cierto con curiosas coincidencias.

Los siete pecados.

  1. Los templarios fueron acusados de tener una alianza con el diablo para obtener las riquezas, es decir ya encontramos la primera de las coincidencias con los siete pecados capitales, exactamente la avaricia. Que Felipe IV se atreviera a acusar a los templarios de avaros tiene su morbo, ya que fue el rey que estafó a su pueblo mediante la alteración de las aleaciones de las monedas, con tal de sanear sus paupérrimas finanzas.
  2. Profesar culto a Satán, concretamente en la figura de Baphomet, un ser mitológico con patas y cabeza de cabra, dotado de grandes alas negras. No se conoce a ciencia cierta cómo Felipe IV encontró relación entre los templarios y dicho ser mitológico. Es más, dicho ser parecer surgir en la mitología tras el proceso contra los Templarios, algunos simplemente lo relacionan con Mahoma, ya que el rey francés pudo aprovechar el paso de Jacques de Molay y los suyos por los territorios del islam, para asignarles este culto herético a sus acérrimos enemigos. El resto las continuas torturas para sonsacarles la declaración de que adoraban al desconocido hasta entonces Baphomet.

    Bapthomet
    Bapthomet
  3. De lujuria desenfrenada, volvemos a encontrarnos ante otro de los pecados capitales. Pero en este caso agravado con la acusación de que para mitigarla se convirtieron en homosexuales, un verdadero escándalo para la iglesia medieval. Bueno y para la de hoy día, algunas cosas no han cambiado tanto. Para conseguir las pruebas acusatorias, Guillermo de Nogaret acudió a las temerosas bases templarías para que corroboraran tan “enorme pecado”.
  4. Negación de los sacramentos, sin duda una de las acusaciones más graves, ya que intentaba poner al pueblo contra los Templarios. Al ser acusados de no ejercer en sus ceremonias con el rito cristiano de consagración de los sacramentos, les acusaban directamente de falsos. Hay que imaginar que podía pensar una viuda que su marido había sido enterrado sin el perdón de Dios, por la falta de esta consagración tras aplicarle la extremaunción un templario. Pero además este supuesto pecado equiparaba a los templarios con los cátaros, los grandes enemigos de los franceses en el sur de Francia.
  5. Besarse en la boca y en el culo, seguimos con la lujuria e indecencia. Aunque por cierto ambas actos eran verdad, ya que los caballeros del Temple juntaban sus labios como señal de iniciación, el motivo trasmitirse el aliento sagrado remitido en las antiguas escrituras. El otro beso, donde la espalda pierde su nombre, parece ser que no era tan habitual, pero también era parte del proceso iniciático de los templarios, en este caso como el lugar donde se juntaban las chacras el cuerpo según algunas tradiciones orientales.
  6. Escupir sobre la cruz, siguiendo con el rito de iniciación de los novicios templarios, encontramos que supuestamente eran obligados por sus superiores a escupir sobre el símbolo de los cristianos. Un acto que bien podía ser una prueba de obediencia después de la promesa del nuevo integrante de acatar todas las órdenes de sus superiores. Realmente es un hecho que siempre ha levantado grandes dudas de que fuera cierto, ya que se hacía en la completa intimidad. Pero que de nuevo tras las declaraciones de las capas más bajas de la sociedad Templaria sirvió de pretexto al rey, y a Nogaret para lanzarles la acusación.
  7. Renunciar a Cristo, si uno lo había hecho es que todos podían hacerlo. Es decir Nogaret se agarró a lo sucedido con Tomás de Berault el Maestre del Temple que quedó atrapado por los musulmanes durante el refugio de los cristianos en San Juan de Acre. Su única oportunidad para ser puesto en libertad pasaba por renunciar a Cristo, cosa que hizo a continuación.

El final de Jacques de Molay.

Como podemos observar Guillermo de Nogaret elaboró una lista con “gravísimos pecados”. El siguiente paso fue presentárselos al Papa Clemente V, el primer Papa que se instaló en el palacio de Aviñón y un auténtico títere en manos del rey de Francia. Este aspecto es discutido en la actualidad debido a la localización del Pergamino de Chinon,  escrito en el mes de agosto de 1308 por dicho Papa y en el cual exonera a Jacques de Molay, y por ende a los templarios de sus pecados.

Replica del pergamino de Chinon, el verdadero se expone en los Museos Vaticanos

A pesar de lo cual el denominado Proceso contra los Templarios siguió su curso. Casi seis años de torturas, persecuciones, interrogatorios y vejaciones, fueron poco a poco minando la moral del Maestre de la Orden y de sus más allegados colaboradores. Era evidente el final que les esperaba.

Es de sobras conocida la maldición que lanzó Jacques de Molay, así como su cumplimento, en menos de un año tras la muerte del Maestre, fallecieron en extrañas circunstancias los tres, Papa, Rey y consejero. Pero además solo catorce años después, tras la muerte de Carlos IV, se extinguía la Dinastía de los Capetos, lanzando a Francia contra la interminable Guerra de los Cien Años. (os invito a conocer más detalles de esta en siguiente artículo)

El último salto en el tiempo nos lleva al 21 de enero de 1793, es decir casi cinco siglos después del supuesto fin de los Templarios. Ese día mientras la guillotina de la Revolución francesa caía sobre el cuello del último Borbón francés, Luis XVI. Un grito surgió en medio de la gente; “Jacques de Molay, ahora sí ya has sido vengado”. El espíritu de la Orden del Temple seguía allí, e incluso posiblemente encabezando revoluciones o luchando por los derechos humanos.

Una pequeña reflexión

No quiero concluir sin haceros participe de un asunto que me ronda la cabeza cada vez que leo algo sobre los templarios. Por un lado convertidos, tras su triste final, en uno de los símbolos de la Edad Media como defensores del cristianismo y al lado de los más débiles, lugares donde especialmente la literatura nos lo han colocado. Pero, ¿qué decir de las fortunas que amasaban? Hoy día somos muchos los que dudamos de la bondad del Capitalismo, ¿Quién os parece que representaba el capitalismo medieval? No sé, pero posiblemente no soy el único que vislumbra una cruz patada, en la pechera de cualquiera de los asistentes al Foro de Davos, y sinceramente no se qué pensar. ¿Qué os parece a vosotros?

Mosaicos romanos, tipos, temáticas y su proceso de elaboración.

Los mosaicos no son una invención de los romanos, ya que se han hallado en diferentes culturas anteriores, desde Creta a Mesopotamia. Pero estos consiguieron convertirlos en habituales en todos los edificios, tanto públicos como privados. Gracias una vez más a Vitruvio y los restauradores de nuestro tiempo, hemos conseguido conocer, cómo se elaboraban, sus diferentes tipos, o bien cuáles eran los temas plasmados más habituales.

¿Cómo se elaboraban los mosaicos?

Dos son las fuentes principales para conocer el proceso de elaboración de los mosaicos romanos, el gran Vitruvio y los estudios de conservación actuales. Gracias a ambos conocemos el complicado, largo y costoso proceso, para el cual eran necesarios gran cantidad de profesionales. A pesar de que los mosaicos romanos se colocaban en paredes o incluso techos, los más habituales eran los colocados en el suelo, y en su proceso de elaboración nos vamos a centrar.

La primera labor era realizada por los albañiles romanos (caementarius) y consistía en la creación de una superficie lisa, estable e impermeable. Normalmente se colocaban tres capas, (de abajo a arriba; statumen, rudus y nucleus), los materiales principales de estas eran la cal y la tierra. Lo que cambia eran los componentes que llevaban estos mezclados, de abajo arriba era cada vez de menor tamaño, para conseguir más dureza en la parte inferior y una superficie más lisa en la parte superior.  Entre los diversos materiales que servían para compactar la superficie estaban; grandes cantos rodados, pequeñas piedras, restos de conchas, o polvo de ladrillo y tejas con los que culminar la preparación de la base. En los más laboriosos y caros la parte superior era rematada con una fina capa de mortero.

Sección de la construcción de un mosaico

Tras fraguar la obra el turno correspondía los pintores, en primer término dibujaban un boceto con algún tipo de carboncillo, por si tenía que ser rectificado. Una vez repasado y aprobado por el dueño de la casa, o por el supervisor de la obra pública, se repasaba todo el dibujo con pintura para proseguir la obra.

Los dos siguientes artistas en entrar en acción, eran el musivario y el teselario. Mientras el primero de ellos preparaba la zona recortando el mortero sirviéndose de las marcas del pintor, el segundo iba preparando las teselas a base de cortarlas a la medida precisa, parece ser que esta debía ser la parte más compleja de toda la obra. Tras lo cual solo restaba la colocación de las teselas, esta se solía hacer mediante dos técnicas diferentes. La primera de ellas directamente sobre la mezcla previo humedecimiento del suelo. Mientras que para la segunda se usaba una tabla por colocar previamente las teselas, luego eran depositadas en el suelo y con dicha tabla se ejercía una presión para su mejor fijación.

Es necesario recalcar que los materiales de las teselas eran muy diversos.  Desde los clásicos mármoles y granitos, las piedras preciosas como el lapislázuli oriental, vidrios, cerámicas, o los diferentes metales, por supuesto con el oro como elemento estrella en las ricas domus de todo el Imperio Romano. Una vez colocadas se solía pasar una fina capa de mortero para rellenar los huecos y finalmente se pulían con arenilla. Precisamente esta última acción era repetida a menudo para que el mosaico estuviera siempre liso y brillante, además de arena se utilizaba polvo de mármol.

¿Qué se representaba en los mosaicos?

 Los temas representados en los mosaicos eran muy diversos, además de diferentes ámbitos de la vida romana. Podemos constatar que el tema preferido era el relativo a las divinidades y el que se llevaba la palma era el Dios griego Dioniso, Baco para los romanos, que se ocupaba de proveer de vino y manjares las ricas mansiones del Imperio.  Aunque tanto el resto de compañeros del panteón griego, así como la mitología helénica estaban ciertamente muy bien representados.

El dios Baco de Complutum

El mar parece ser que también era un tema muy apreciado entre los romanos, encabezados por el Dios Neptuno, pero sin eludir un recuerdo de la rica fauna marítima, o las bellas escenas cotidianas en torno a los puertos y villas marineras.

La vida diaria de los romanos también tenía un lugar destacado en los mosaicos, como por ejemplo las típicas escenas de caza o los trabajos agrícolas. Pero el tiempo de ocio y de sociabilidad era muy importante para los ciudadanos de la Antigua Roma, escenas de teatro, de circo, de gladiadores, o del tiempo pasado en las termas inundaron los mosaicos romanos. Dos temas aunque más minoritarios llaman la atención, la obsesión por el tiempo, representado con los signos zodiacales o las estaciones, y su preocupación por la geografía con mapas de diferentes partes del Imperio Romano.

Tipos de mosaicos.

Dependiendo del lugar de destino del mosaico se debía elegir la técnica y el material adecuado, es evidente que no era lo mismo colocar un mosaico en medio de un jardín que en el despacho del emperador. Estos son los principales tipos de mosaicos romanos.

-Opus Signium

El más económico y simple de todos los tipos, se usaba con una mezcla de cerámica que le dotaba de un color rojizo. Antes de que fraguara la última capa de mortero se colocaban unas teselas de color negras o blancas, con sencillos dibujos geométricos o bien con inscripciones en las diversas lenguas de las zonas que iba conquistando Roma.  Parece ser que este tipo de mosaico fue importado por los romanos de las tierras cartaginesas, ya que estos lo usaban en el siglo III aC.  Destacar que debido a su alta impermeabilidad era usado en termas,  peristilos, o zonas exteriores, pero también en el resto de la casa especialmente de las menos pudientes.

-Opus Sectile

Más vistoso que en anterior, debido a que estaba realizado con teselas de mármol de múltiples colores, su destino eran las domus más acomodadas, pero especialmente  los edificios públicos.  A pesar de que las grandes dimensiones de las teselas ofrecían un aspecto un poco tosco, de los temas representados.

Se puede decir que es de tradición romana inspirada por las visitas a Grecia a finales de la República. Pero que irá adquiriendo protagonismo a lo largo del Imperio, y será con Nerón cuando tenga su mayor apogeo con mármoles de importación de los territorios conquistados, véase el norte de África o Asia Menor.

-Opus scutulatum

 Convive con los dos anteriores, es de los menos representados y no deja de ser un opus Sectile realizado con dibujos en forma de rombo. Curiosamente está más escenificado en las provincias que en la propia capital romana, además suele aparecer acompañado de otros tipos de mosaicos.

-Opus Tessallatum

De uno de los menos representados a uno de los más importantes. Son todos aquellos que están realizados con teselas cuadradas de entre 0,5-1,5 cm2, y en diferentes combinaciones de colores; en blanco y negro, en tres colores sumando a los anteriores el rojo, o bien en ricos policromados. Como ha quedado reflejado era el tipo de mosaico más habitual tanto Roma como en las provincias.

A través de una serie de dataciones se ha podido comprobar que los estilos y los gustos, se basaban en lo que podíamos denominar modas del momento. Por poner algunos ejemplos durante los tiempos de Adriano aparecen mosaicos con tendencias arabescas repletas de escenas vegetales. Mientras que los tiempos de la Dinastía de los Severos se caracteriza por el predominio de color negro.

-Opus vermiculatum

 Sin lugar a dudas los más espectaculares y matizados mosaicos romanos, es una variedad del anterior, pero con diminutas teselas cuadradas de menos de 0,5 cm de lado. Se solían construir en talleres especializados y llegaban a las obras en paneles preparados para insertarlos directamente. Añadir que normalmente no se hacían mosaicos exclusivos de este tipo, ya que debían ser enormemente costosos, de tal manera que eran combinados con el Opus Tessallatum.

-Opus musivum

Se trata del mosaico que se colocaba en las paredes, es decir el único mural de todos los tipos relatados. Debemos añadir que estos sí que son invención del mundo romano, posiblemente tras su paso por Egipto. Sus primeros ejemplares fueron a finales del siglo I aC., pero los más espectaculares comienzan aparecer con la técnica del Opus vermiculatum durante el siglo I. Pero su máximo esplendor llegará con el Bajo Imperio, y especialmente con sus herederos el Imperio Bizantino en las célebres basílicas de Rávena.

Catedral de Rávena
Catedral de Rávena

Más Info:

De Architectura, trad. José Luis Oliver domingo, Ed. Alianza, 1997

Historia de la cultura material del mundo clásico, entre otras Carmen Guiral Pelegrín, Ed. Uned, 2011

Imágenes: commons.wikimedia

El Crac de los Caballeros, el castillo más admirable y mejor conservado del mundo.

A lo que podemos añadir más inexpugnable, o al menos eso es lo que pensó Thomas Edward Lawrance, el célebre Lawrance de Arabia, un día del verano de 1909, cuando se presentó delante de aquella enorme mole de piedra situada en las montañas del sur de la actual Siria.

Lawrance de Arabia.

Al oficial del ejército británico, T. E. Lawrance nacido en 1888 en condado gales de Caernarvonshire, se le suele asignar una pasión por los castillos desde su niñez. Debido a ello se matriculó en 1907 en el Jesus College de Oxford para estudiar su pasión, la historia. Desde que comenzó segundo curso tuvo claro el camino que debía seguir su carrera, ya que eligió Historia militar y estratégica como proyecto de investigación.

Ese mismo verano de 1908 ya emprendió su labor de recopilar información para su tesis doctoral. Dicha labor consistió en recorrer en bicicleta el centro y sur de Francia, para elaborar un detallado dossier sobre los castillos medievales del país galo. Pero no debió ser suficiente para él, así que el verano siguiente siguiendo los consejos del director del museo Ashmolean de Oxford se dirigió a la costa del actual Líbano, para estudiar los castillos que habían construido en la zona los cruzados cristianos.

Lawrence de Arabia
Lawrence de Arabia

Acompañado de su libreta de apuntes, su pistola y su brújula recorrió los caminos de Oriente Próximo en busca de al menos 35 castillos que aparecieron en su tesis doctoral. Titulada “la influencia de las Cruzadas en la arquitectura militar europea” evidentemente supuso una matrícula de honor para nuestro personaje, además de suponer en la actualidad uno de los documentos más importantes para el conocimiento de los castillos cruzados.

El comienzo de El Crac de los Caballeros.

Como es conocido en el año 1099 los cruzados cristianos toman la ciudad de Jerusalén. Pocos años después en 1110, Tancredo de Hauteville se hace con la fortaleza musulmana denominada el Castillo de los Kurdos, que se encontraba en plena fase de construcción desde que el emir de Alepo la mandó levantar en el año 1031.

Pero tendrán que llegar los caballeros de la Orden Hospitalaria en 1142 tras la cesión del Conde Raimundo II de Trípoli, para que entre ese año y 1170 se acabe convirtiendo en el majestuoso Castillo del Crac de los Caballeros, que más de ocho siglos después encuentre el aventurero, arqueólogo y militar británico T. E. Lawrance.

Una historia de asedios, con trampa final.

Hasta una docena de asedios tuvo que resistir la fortaleza cristiana ante los repetidos intentos musulmanes de recuperar la plaza, los más célebres vinieron del gran Saladino. El primero tuvo lugar en 1180 y el segundo de ellos tras la gran victoria musulmana en la Batalla de Hattin (1187), un año después el asedio continuaba sin éxito, a lo sumo con la muerte del maestre de la Orden del Hospital.

Tuvo que pasar cerca de un siglo para que los musulmanes se instalasen en el Crac de los Caballeros. Concretamente el 3 de marzo de 1271 el sultán de Egipto Baybars, decide buscar un toque de prestigio ante sus rivales musulmanes, para ello era necesario conquistar el inexpugnable castillo cristiano. El asedio duro más de un mes y resultado a pesar de haber reunido el mayor ejército musulmán hasta la fecha, fue infructuoso como los anteriores. Solo habían conseguido romper la primera línea defensiva, pero el interior del castillo seguía imperturbable, ocupado por unos cuantos caballeros con la ayuda de los valientes campesinos.

Pero algo cambio esta vez, a principios del mes de abril una paloma mensajera se posó en el interior del recinto principal. El mensaje era claro, los caballeros hospitalarios debían abandonar la fortaleza, y pactar con el enemigo la entrega, a cambio de su propia protección hasta la zona cristiana en los alrededores de Acre. Dicho y hecho, el día siguiente los caballeros hospitalarios junto al resto de habitantes de la fortaleza abandonaban el Crac de los Caballeros, ante la atenta mirada de los impasibles mamelucos del sultán Baibars.

El sultán Mameluco Baibars
El sultán Mameluco Baibars

La célebre nota iba firmada por el propio Gran Maestre de la Orden Hospitalaria de Trípoli. Es evidente que todas las miradas apuntan a un engaño por parte de los consejeros del sultán egipcio, pero es un aspecto que no ha podido ser demostrado. Aunque nadie deba descartar una salida por la puerta de delante, de unos caballeros cristianos abandonados a su suerte, ante la presión ejercida por los musulmanes en los escasos territorios que los primeros conservaban todavía en los alrededores de Tierra Santa. Sea como fuese, lo claro e incontestable es que la fortaleza del Crac de los Caballeros se mostró como la más inexpugnable de todas las que fueron construidas en el periodo de las cruzadas cristianas, ya que es evidente que nadie consiguió conquistarla por la fuerza.

Las murallas defensivas de El Crac de los Caballeros.

Como bien nos describió Lawrance de Arabia fueron varios los puntos que hicieron del Crac un recinto impenetrable para los enemigos. Además podemos añadir que su enorme extensión de 2,5 hectáreas, hacen de este hecho un valor añadido. La fortificación es considerada de anillos concéntricos, en primer lugar se construyó el castillo interior todo rodeado de una gran muralla defendida por torres circulares y un gran baluarte en el sur, el lugar más vulnerable de la instalación.

Posteriormente se añadió la muralla exterior, prácticamente el doble de alta que la primera y toda ella defendida por diferentes torreones, unos circulares y otros cuadrados  para adaptarlos a una mejor defensa. Llama la atención especialmente las ridículas dimensiones de la puerta de entrada, no mayor que la de cualquier estancia interior. Entre ambas murallas un espacio vacío donde se desarrollaba la vida cotidiana del castillo en tiempos de calma, pero que luego se convertía en una ratonera para los invasores de la fortaleza. A este aspecto se sumaba la puerta de acceso entre el exterior de la fortaleza y el interior del recinto principal. Dicha entrada se efectuaba a través de unos pasillos en forma de zig-zag y con la particularidad de que se encontraban techados y con diferentes agujeros, por los que los defensores del castillo arrojaban desde flechas hasta aceite hirviendo.

Un castillo preparado para largos asedios.

Según Lawrance de Arabia la fortaleza hospitalaria estaba preparada para resistir cinco años, con 2000 hombres, y 1000 caballos de guerra en su interior. Como ha quedado dicho, el Crac de los Caballeros resistió al menos 12 asedios, para que esta empresa tuviera éxito el castillo contaba con las estructuras necesarias para que los caballeros no desvanecieran en la protección de mismo.

El célebre Salón Gótico
El célebre Salón Gótico

Uno de los primeros elementos que llaman la atención en un acueducto que llega al castillo por el lado sur del mismo, su función abastecer nueve cisternas distribuidas por todo el perímetro del castillo. Sus enormes almacenes, de hasta 120 m,  podían contener grano y animales para el sustento alimenticio de los caballeros hospitalarios.

Una vez resulto dicho sustento, los caballeros hospitalarios contaban con una serie de estancias destinadas a favorecer su forma de vida en el interior de la fortaleza.  Sus aposentos se hallaban en el interior de la muralla perimetral exterior, distribuidas en diferentes salas con algunas de ellas de más de 100 m de largo. En dicha muralla también se encontraban las caballerizas y evidentemente los puestos de vigilancia. Su vida a buen seguro transcurría entre dicha muralla exterior y el espacio que se abría entre las dos murallas, allí se instalarían los talleres, las tiendas, o los lugares de entrenamiento.

En el castillo principal, o central, se hallaban los edificios comunes más significativos, con la excepción de una austera habitación que se encontraba en una de las torres del sur, su inquilino el Gran Maestre de la Orden. Del resto de edificaciones destaca la capilla, que curiosamente tiene dos puertas de entradas una hecha por los cristianos, y la otra tras la toma por los musulmanes, que además la utilizarían como mezquita tras construir en ella un minbar. La otra significativa estancia era el lugar de reuniones de los dirigentes hospitalarios. Se trataba de su gran sala gótica de 27 metros y cubierta con bóvedas de crucería. Fue una de las últimas construcciones cristianas en llevarse a cabo, a mediados del siglo XIII. Además de una de las más seguras al hallase en el centro del castillo de El Crac de los Caballeros.

La capilla cristiana con el Minbar
La capilla cristiana con el Minbar

Patrimonio de la Humanidad.

Esta impresionante fortaleza fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2006, los motivos ser uno de los mejores ejemplos, sino el mejor, de las construcciones cruzadas en Oriente Próximo. Un verdadero símbolo de la necesidad de favorecer un progreso técnico en la arquitectura militar, así como de la necesidad de adaptación de las construcciones a las dos culturas que pasaron por la zona, cristianos y musulmanes.

Sin olvidar que a principios del siglo XXI era una de las mejores conservadas, esperemos que tras bombardeos de 2012-2013, podamos seguir pensando lo mismo y que los daños de la guerra en Siria sean los mínimos.

Una mirada al debate sobre el mundo de Tartessos.

Sin duda el conocimiento de la pretendida primera cultura autóctona de la Península Ibérica, es decir los tartessos, sigue siendo hoy día uno de los mayores quebraderos de cabeza de historiadores y arqueólogos. Es cierto que no existe una postura oficial sobre el tema, pero hoy día se da por sentado que estamos hablando de la primera entidad política autóctona de la Península Ibérica.

En este artículo intentaremos poner un poco de luz en el estado actual de las investigaciones, por cierto muy escasas, a modo de resumen conoceremos los principales aspectos sociales, económicos, culturales y religiosos en especial de los primeros pasos de la cultura tartésica. Todo ello desde un enfoque de curiosidad y de interrogación, ante claras políticas nacionales que dan la espalda al intento de los profesionales del sector por sacar a la luz la verdad sobre los Tartessos.

Dónde se desarrollo Tartessos.

Es evidente que lo primero que debemos conocer es el espacio geográfico donde surgió la cultura tartésica. Hoy día existe el consenso generalizado que dicha cultura surgió aproximadamente en el siglo X aC,  en el triangulo que forman las actuales ciudades de Huelva, Cádiz y Sevilla, pero más concretamente en torno a los cursos bajos del rio Guadiana y Odiel, o al menos eso reflejan los hallazgos arqueológicos. Destacar que posteriormente se expandirá por el resto de la actual Andalucía y Extremadura.

Este espacio geográfico en torno a dicho siglo X aC., se le asigna a la cultura prehistórica del Bronce Atlántico final. Una de sus restos arqueológicos que denotan su particularidad son las estelas de guerreros, que son grandes lajas de piedra grabadas con figuras de un guerrero. Debido a la descontextualización con las que fueron halladas la gran mayoría, al principio fueron asignadas como señalización de sus tumbas. Pero la falta de registro óseo, no solo en torno al hallazgo de las mismas, sino en el espacio geográfico asignado al inicio de la supuesta cultura tartésica, ha llevado a consensuar que son marcadores territoriales, ya fueran de explotaciones agrícolas, mineras o simplemente lugares de paso a los mismos.

Este hecho, junto a la falta de enterramientos, puede ser uno de los indicios de que estamos ante una cultura diferente, tanto del resto de la Península Ibérica, como la de sus futuros integrantes venidos de fuera, véase fenicios y griegos. Para solucionar el entuerto respecto a la forma de despedir a sus muertos, los expertos ven en algunos restos arqueológicos hallados en los ríos de la zona, una posible respuesta.

Depósito de la Ría de Huelva.

En la primavera del año 1923 durante los trabajos de limpieza del fondo de la Ría de Huelva una draga extrajo del fondo 397 piezas metálicas. La gran mayoría eran armas y entre ellas destacaban algunos de los mejores ejemplos de espadas en lengua de carpa de la Península. Junto a ellas lanzas, puñales, o puntas de flecha completaban el atuendo de un supuesto guerrero tartésico, pero a ello debemos añadir adornos como fíbulas y alfileres.

Lo fácil era creer que llegaron allí debido al hundimiento de algún barco mercante, pero posteriores hallazgos pusieron en entredicho esta hipótesis, entre ellos un casco griego o una estatuilla del Dios Melkart. Además de las diversas dataciones que daban fechas comprendías entre el 1300 y el 750 aC.

Con todo ello los profesores de la Universidad de Sevilla, Belén y José Luis Escacena, nos proponen una hipótesis en 1995. El ritual para el traspaso de sus muertos por parte de los Tartessos consistía en depositarlos mediante algún sistema en los ríos de la zona, junto a ellos los típicos ajuares. Este hecho no es exclusivo de la cultura tartésica, sino una corriente que llega desde las culturas Atlánticas, ya que en diferentes zonas se han hallado vestigios similares e incluso algunas veces junto a restos óseos.

Depósito de la Ría de Huelva

A pesar de ello, esta falta de exclusividad no puede restar un ápice de importancia del hecho diferenciador con las costumbres mayoritarias en la Península Ibérica, antes y durante la cultura de Tartessos, evidentemente hablamos de la inhumación y de la incineración. Por cierto prácticas que adoptaran nuestros protagonistas, tras la llegada de fenicios y griegos a la Península Ibérica, cambiando su peculiar forma de despedirse de sus allegados.

También decir que esta postura encuentra sus detractores, que ven muy difícil que todos los materiales depositados a lo largo de un amplio espacio temporal fueran a parar al mismo destino. Estos siguen apostando por el hundimiento de un supuesto barco, o bien una deposición ante el final de un linaje que perdió sus posesiones. A ambas posturas se les escapan detalles, como el casco griego.

La religión de los Tartessos.

Un pequeño inciso para recordar a la religión como la gran desconocida de esta supuesta cultura tartésica. El hecho diferencial de despedirse de sus muertos en un entorno natural, nos puede llevar a interpretar prácticas religiosas arraigadas a la naturaleza, posiblemente muy similares a celtas o íberos. Es evidente que hablamos de su religión intrínseca, ya que tras el contacto con fenicios y griegos adoptaron, como en el caso de las ciudades  que veremos a continuación, tradiciones alóctonas.

A partir de este punto entraría en juego, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Península, en lo referente al mundo de los Tartessos. Estamos hablando de Cancho Roano en la provincia de Badajoz, según todos los indicios un templo religioso. Pero a mi parecer poco definitorio para conocer dicha religión tartésica, solo es necesario recordar que este yacimiento esta datado aproximadamente en el año 550 aC., fecha donde se inicia el colapso de los tartésicos y el traspaso al pueblo prerromano de los turdetanos.

El nacimiento de las ciudades ¿Tartésicas?

Dos han sido las principales posturas entre la historiografía para el conocimiento de la génesis de la cultura de los Tartessos.  La primera de ellas denominada “colonialista” nos muestra un sustrato oriental en el inicio de la misma, sus defensores por cierto cada vez menos, se apoyan en la llegada de fenicios y griegos. Estos desde el siglo X aC., y con anterioridad a los primeros asentamientos de estas culturas en la Península se fueron introduciendo entre los indígenas del Bronce Atlántico final, cambiando sus costumbres y gestando esta cultura tartésica.

Pero la que con más evidencias se defiende es la postura “evolucionista”. También se basa en la llegada de fenicios y griegos, pero para interactuar comercialmente con los indígenas y conformar esta supuesta sociedad Tartésica. A través de estos contactos las élites locales introducirán estas nuevas costumbres, adaptándolas a la idiosincrasia de la población autóctona. Es en este lugar en que aparecen las ciudades en la Península Ibérica, dejemos de lado si son fenicias, los primeros orientales en asentarse, o son Tartésicas, ya que sigue siendo motivo de discusión diaria entre los expertos, sino que se lo expliquen al célebre tesoro del Carambolo, que un día se levanta como tartésico y al otro como fenicio.

Los asentamientos del siglo X aC., es decir al principio de Tartessos, son los típicos poblados de la prehistoria reciente de la Península Ibérica, en este caso en forma de casas circulares de una sola estancia y con materiales poco duraderos. Sin duda como era habitual entre las economías dedicadas a la agricultura y ganadería de subsistencia, regidas por algún tipo de entidad superior, como nos muestran las estelas guerreras. Pero algo cambió con la llegada de los primeros fenicios en el siglo IX aC., como es sabido esta se produjo, entre otros aspectos, para conseguir minerales con los que pagar tributos a los Asirios. Por lo que la serranía de la actual Huelva se convierte en su destino, oro, plata, cobre o estaño fue su reclamo.

Esto produjo un rápido cambio en los asentamientos, los fenicios aportaron sus casas rectangulares, con diferentes estancias e incluso de dos niveles. Todas ellas en torno a calles estructuradas y la aparición de los edificios públicos, ya fueran económicos, políticos o religiosos. Ambos aspectos son importantes para asignarles el cambio de nomenclatura de poblados a ciudades.  De esta primera fase son ciudades como la actual Cádiz o el Poblado de Doña Blanca, ambas de clara asignación a los fenicios. Pero también otras como Huelva, que como veremos posteriormente se sigue dudando seriamente en asignarlas a unos, a otros, o a ambos.

Tejada la Vieja.

Sin duda uno de los yacimientos más significativos de esta transición, además el más claramente asignado a una cultura autóctona, es decir Tartésica, aunque usando la fisonomía de las ciudades fenicias de la costa. Su extensión de más de 6 hectáreas nos revela una ciudad de mediano tamaño, a mitad de camino entre las zonas de extracción de minerales y los puertos de embarque de los mismos.

 

Estamos por lo tanto ante una de las primeras ciudades supuestamente tartésicas, bien organizada mediante manzanas y calles, pero todavía en fase incipiente de separación de lo público y lo privado. Es necesario recalcar que su técnica constructiva a base de un zócalo de piedras que se apoya en la montaña sin ningún tipo de cimiento, es la habitual en las culturas mediterráneas de esa época.

La cerámica de los Tartessos.

Como es conocido en la prehistoria, a partir del neolítico, uno de los mejores marcadores de las diferentes sociedades o culturas son los restos de cerámicas. Tartessos también encuentra en este aspecto un hecho diferenciador. Si bien estamos hablando de un periodo donde la cerámica de boquique inunda gran parte de la Península Ibérica, en el espacio geográfico que se asigna a la cultura tartésica aparecen dos bien diferentes.

Por un lado encontramos la que podemos decir como vajilla de diario, se trata de la cerámica de retícula bruñida, de color oscuro y hecha de forma rudimentaria a mano o bien a torno lento, su aspecto es bastante tosco. En cambio la denominada cerámica pintada de estilo Carambolo, ofrece un aspecto bastante mejor, debía ser la vajilla de las clases más altas. Su elaboración no debía ser muy diferente a la anterior, pero pintada con tonos rojos sobre un fondo ocre, su aspecto era mucho más agradable.

La llegada a la historia de los Tartessos.

Hasta este momento hemos hablado de enterramientos, hábitats o cultura material, aspectos todos ellos que nos sirven para diferenciar a los Tartessos de otras sociedades prehistóricas de la Península Ibérica.  Pero con la llegada a la zona de los griegos en el siglo VII aC., de repente nos encontramos que aparte de evidencias arqueológicas, tenemos evidencias escritas para pensar en la existencia de esta cultura tartésica.

Sin duda la principal viene del padre de la historia de occidente. Heródoto nos describe los contactos de los griegos foceos con el rey Argantonio, en algún momento entre los siglo VII-VI aC. Además nos lo describe como un rey que ejerce la tiranía como forma de gobierno. Es preciso recordar que ese adjetivo no es para nada peyorativo en el mundo griego, que ven a los tiranos como los que proporcionaron a la Antigua Grecia, las mejoras económicas que propiciaron la llegada de la democracia griega.  Por lo tanto no es de extrañar que Heródoto nos describiera a Argantonio como un rey bueno, que ayudara a su pueblo e incluso a los griegos.

Sobre la cuestión de la longevidad de este rey, 120 años de ellos 80 en el cargo, se suele solucionar con el pensamiento de encontrarnos ante una dinastía, todos ellos con el mismo nombre. Pero además en esta lista de reyes tartésicos, según el profesor Gonzalo Bravo,  aparecen otros nombres, unos de ellos míticos como Nórax o Gargoris, junto a otros supuestamente reales como el rey Habis.

Los Tartessos en el periodo orientalizante.

A partir de aquí, entre las escasas fuentes literarias y la arqueología, se nos ha presentado esta primera entidad política en forma de estado de la Península Ibérica. Supuestamente con una gran capital de nombre Tartessos, que a pesar de los esfuerzos entre otros de A. Shulten seguimos sin conocer su paradero.

Como ha quedado reflejado anteriormente, la llegada de fenicios y griegos transformó esta sociedad. Su economía pudo ser de las más prósperas del Mediterráneo. Su minería especialmente en cuanto a la plata, complementada con los avances tecnológicos llegados con los fenicios hizo que su orfebrería recorriera el Mediterráneo. Se generalizó el torno alfarero para una producción en serie de cerámica de alta calidad, junto a la introducción de la metalurgia del hierro.

Anillo de oro de la Necrópolis de la Joya en Huelva
Anillo de oro de la Necrópolis de la Joya en Huelva

Todo ello de la mano de las mejoras ganaderas y agrícolas, especialmente en el aprovechamiento de las ricas tierras para la producción de vid y olivo, productos de un alto rendimiento económico. Esto proporcionó las evidentes élites locales que acometieron las referidas mejoras en las ciudades, además de las fortificaciones de las mismas.

Necrópolis de la Joya en Huelva.

Pues bien todo este espectacular Tartessos, sigue esperando una confirmación clara de su existencia. Mientras historiadores y arqueólogos siguen buscando evidencias, nuestras autoridades parece que no han estado, ni están por la labor de desenterrar esta primera entidad política de la Península Ibérica, o al menos ese puedo deducir, de hechos como el que quiero narrar a continuación.

Hace unos meses en Caminando por la historia hacíamos referencia a Asta Regia, el yacimiento cercano a Jerez de la Frontera como una posible Tartesso (si os apetece conocerlo seguir este enlace). A los pocos días,  via redes sociales, se puso en contacto con nosotros uno de los arqueólogos encargado de las excavaciones en el centro de Huelva, en los años 80 del siglo XX. Su contestación me llamó la atención; “que nadie busque Tartessos, porque está debajo de Huelva y nadie la va a sacar de allí”.  Además de asegurar que las tumbas reales de los reyes tartésicos se encontraba en ese lugar. Hacía referencia, entre otros, al yacimiento arqueológico de la necrópolis de la Joya de Huelva, como  muestra me envió estas dos fotografías sobre un periódico del 29 de diciembre de 1982, sin duda como se suele decir no tienen desperdicio.

Como evidentemente no podemos asegurar nada, nos debemos dirigir a los museos, para localizar algunas de las piezas extraídas del lugar antes de que fuera abandonado el yacimiento, y puesto tierra sobre el mismo, al menos en ciertas partes. Parece ser que las autoridades municipales temían por sus planes urbanísticos.

Museo de Huelva.

Según el director de este museo en el año 2015, el Sr Pablo S. Guisande. La necrópolis de la Joya de Huelva tenía al menos 19 tumbas con abundantes muestras de que sus inquilinos podían haber sido reyes tartésicos. Entre otros elementos se localizaron gran cantidad de joyas de oro, plata y bronce, además de elementos foráneos como el marfil o los huevos de avestruz.

De todos ellos destacar una pieza hallada en la tumba nº 17 que servía de tapacubos para un carro, hecho que demuestra el alto estatus del individuo que allí se hallaba.  También podemos destacar dos jarrones con una fisonomía única en el mundo, hecho diferencial que nos puede remitir a una cultura única. Uno de ellos compartía tumba con el anterior elemento, se trata de un jarrón con una flor de loto invertida con soporte en forma de cono. El otro se halló en la tumba de al lado, la nº 18, y se trata de un curioso jarro con un asa en forma de ciervo y parte superior en forma de caballo. Os dejo al final la web del museo para que podáis conocer el resto de elementos.

Jarrones de la Necrópolis de la Joya en Huelva

Conclusiones.

Hemos comenzado diciendo que estamos ante uno de los periodos más significativos de la protohistoria de nuestra Península Ibérica. Sin duda poder conocer algún día los inicios de nuestra historia es una tarea apasionante. La mítica ciudad de Tartessos podría desvelarnos muchos secretos y además poderla comparar con ciudad históricas de este periodo, como Atenas o la propia Roma dando sus primeros pasos.

Los detractores de esta pretendida primera cultura Hispana, suelen poner el acento en la similitud con los fenicios. Y digo yo, más de 300 años de convivencia son suficientes para adquirir comportamientos y aprender de otras culturas para hacer progresar la propia. Está claro por el registro arqueológico que los tartésicos aprendieron muchas cosas de los fenicios, y estos últimos han pasado a la historia como comerciantes. Por lo que el espacio de convivencia y no de ocupación parece el más lógico para encontrar la verdad sobre el mundo de los Tartessos. Intentaremos estar atentos a las noticias que sigan surgiendo en este apasionante tema.

Os dejo con una de las historias más entretenidas que podéis encontrar sobre el mundo tartésico de la pluma de Manuel Pimentel.

Más info:

Tarteso y el periodo colonial, María Pilar San Nicolás, Tema 9 de Prehistoria reciente de la Península Iberica, Ed. Uned, 2013.

Nueva Historia de la España Antigua, Gonzalo Bravo, Ed, Alianza, 2011

Imágenes:

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Enlaces de interés:

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Leptis Magna, la Roma del desierto.

Detalles del mercado de Leptis Magna donde aparece Gorgona (su sola mirada te dejaba petrificado)

 

Viajamos al norte de Libia, concretamente a unos 125 km al este de su capital Trípoli, para conocer uno de los restos arqueológicos más espectaculares que el Imperio Romano dejó en tierras africanas. Es preciso recordar las dificultades que en la actualidad tiene recorrer ese país, parece ser que el norte es una de las zonas más seguras, pero lo primordial es informarse previamente, os dejo el enlace del ministerio del interior de España, por si lo queréis consultar; exteriores.gob

La historia de Leptis Magna.

La ciudad de Leptis Magna debe su fundación a los fenicios. Situada en la desembocadura del Wadi Lebda, su orografía era la ideal para el establecimiento de una colonia fenicia, en este caso de la ciudad de Tiro. Es decir un territorio fértil, con salida al mar y en las cercanías de las rutas caravaneras que venían del interior del desierto del Sahara. Desafortunadamente son muy escasos los restos de este periodo, que se circunscriben a unas pocas tumbas de los siglos III-IV aC. Así como las escasas fuentes, las cuales nos desvelan una próspera ciudad púnica al servicio de Cartago, la capital de los cartaginenses.

Tras la segunda guerra púnica la ciudad pasará a estar regida por los númidas al servicio de los romanos, en concreto tras alguna especie de pacto entre el rey númida Missinisa y las autoridades romanas. Aunque se trata de un periodo bastante desconocido y no se descarta que pasara de manos númidas a cartaginesas, debido a sus continuas disputas.   Posteriormente a finales del siglo I aC., ante el levantamiento de Yugurta contra Roma, la ciudad de Leptis Magna se convirtió en residencia militar romana, desde ese momento se mantendrá definitivamente en la órbita de Roma.

Leptis Magna romana.

La anexión definitiva de la ciudad a las estructuras romanas se produjo tras la Batalla de Tapso (46 aC.). Dicha guerra tuvo como contendientes al Senado Romano encabezado por los herederos políticos de Pompeyo, con la ayuda de los Númidas, contra las tropas de Julio Cesar. La victoria de este último acabará imponiendo a la ciudad de Leptis Magna su anexión la provincia romana de África.

Su progreso político, económico y social  a partir de ese momento fue en continuo crecimiento, a la misma vez que se iba gestando la ciudad romana de Leptis Magna. Desde los tiempos del primer emperador Augusto (27aC.-14 dC.) se introdujeron en la antigua ciudad púnica los planes urbanísticos romanos, es decir la clásica retícula atravesada por el cardo y el decumanus. Además  de los primeros edificios propiamente de la cultura romana, como fueron el mercado y el teatro.

Teatro romano de Leptis Magna
Teatro romano de Leptis Magna

Su sucesor Tiberio no le fue a la zaga, acometiendo la construcción del templo de Roma y de Augusto en el entorno del primer foro de la ciudad. Tras este posiblemente Nerón, le concedió el estatuto de municipio romano y finalmente Trajano la convirtió en Colonia.

Con todo ello Leptis Magna estaba preparada para ver nacer al primer emperador romano nacido en África, descendiente de una familia de bereberes númidas. En concreto este hecho se produjo el 11 de abril del año 146, evidentemente nos referimos a Septimio Severo emperador entre 193-211. Desde su nombramiento, el embellecimiento de su ciudad natal sería un aspecto muy importante para el nuevo emperador. De tal manera, que durante el periodo de la dinastía severa, que incluye sus sucesores, Leptis Magna se convirtió en la ciudad romana más bella de toda África.

El declive de Leptis Magna.

Se puede decir que nuestra protagonista pasó en pocos años del todo al nada. Tras la caída de la dinastía Severa, la gran crisis del siglo III pasó factura a Leptis Magna, los problemas surgieron por motivos naturales, el torrente que pasaba por la ciudad fue anegando las calles, mientras las arenas del mar eran arrastradas a los bordes de la ciudad. Poco a nada se podía hacer, ya que la comentada crisis no dio la oportunidad de acometer las obras urbanísticas necesarias para revertir la situación.

El siglo siguiente la ciudad fue continuamente presa de las tribus bereberes, su debilitamiento fue de la mano  del declive del Imperio, hasta que en el año 445 es tomada por los bárbaros vándalos. Aunque durante el periodo bizantino, entre finales del siglo VI y principios de VII, pareció resurgir, la llegada de los musulmanes la sumió en las arenas de la costa tripolitana.

Allí se mantuvo hasta principios del siglo XX, momento en el que los arqueólogos italianos comenzaron a sacar a la luz esta joya del Imperio romano, la cual fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Los edificios más destacados de Leptis Magna.

Algunas fuentes señalan que en Leptis Magna pudieron existir cerca de 180 edificios públicos, que daban servicio a más de 100.000 romanos en tiempos de la Dinastía Severa.

Zona próxima al mar.

Como toda ciudad costera que se precie, Leptis Magna contaba con un espectacular puerto de más de 100.000 m2, rodeado de templos, pórticos y almacenes. Construido sobre los restos del antiguo puerto púnico fue adecuándose al crecimiento de la ciudad, por lo que la última restauración en tiempos de los Severos quedó completada con un gran pórtico de columnas dóricas. Otros edificios anexos al puerto era el faro de la ciudad y dos templos uno de ellos dedicado al Dios Júpiter.

Muy cerca del puerto se localiza el primer foro de la ciudad, hoy denominado Foro Viejo. Fue construido durante el mandato de Augusto, posiblemente sobre los restos de la ciudad púnica. Entre dicho foro y el mar se alzaron tres templos, uno de ellos en honor a Hércules, el siguiente a Liber Pater y entre ambos el principal de ellos, erigido por Tiberio en honor a Roma para divinizar al primer emperador Augusto.

La ciudad de los arcos romanos

Por otro lado parece ser, que cada emperador tenía costumbre por hacerse construir en Leptis Magna su propio arco, o al menos esto podemos deducir de la proliferación de estos monumentos en dicha ciudad. Por orden destacar los de Tiberio y Vespasiano, este último el único que genera dudas reales sobre su origen. Para continuar con los emperadores antoninos, encabezados por Trajano, Antonino Pio y Marco Aurelio. Pero el que se llevó la palma fue el erigido en honor a su hijo predilecto, el arco de Septimio Severo, situado en una de las entradas que vienen del suroeste, es un espectacular tetrápilo en el cual aparecen representados la familia de los severos.

Arco de Septimio Severo en Leptis Magna
Arco de Septimio Severo en Leptis Magna

Zona oeste de Leptis Magna.

En la zona más occidental de la ciudad, en las proximidades del limes de la misma, se construyeron tres de los edificios más significativos de la cultura romana. Por un lado el mayor teatro romano que se construyó en todo el continente africano, edificado por el primer emperador Augusto, y que hoy día uno de los edificios más significativos de las ruinas de Leptis Magna y uno de los teatros mejor conservados del mundo.  Construido bajo el mecenazgo de un tal Annobal Rufo, es una muestra de los poderes locales que adquirieron los ricos comerciantes de la nueva ciudad romana.

Precisamente para fomentar ese comercio, principal fuente de ingresos de Leptis Magna, en la insula contigua se construyó con anterioridad al teatro, el mercado de la ciudad. De estructura rectangular y con dos grandes construcciones circulares en el centro del mismo, las tiendas y tabernas daban al interior del recinto. Este espacio comercial fue completado unas décadas después con otro edificio destinado al mismo uso, se trata del “Chalcidicum” también de forma rectangular y rodeada de un pórtico donde se alojaban las tiendas.

Construcciones circulares del mercado de Leptis Magna
Construcciones circulares del mercado de Leptis Magna

Termas, circo y anfiteatro.

Edificios que no pueden faltar en una ciudad romana que se precie como tal. La termas romanas fueron construidas por el emperador viajero, Adriano, como es conocido, un enamorado del continente africano. Fueron situadas al lado del cauce del Wadi Lebda completadas con una Palestra y ambas de grandes dimensiones, queda constancia de grandes obras de mejoras durante los mandatos de Cómodo y por supuesto de los Severos.

El anfiteatro romano con capacidad para más de 15.000 espectadores fue construido cerca del mar, fuera de la ciudad en la zona más oriental de la misma, debió ser una de las zonas más perjudicadas por la crisis del siglo III y por lo tanto de los primeros edificios que se abandonaron.

Anfiteatro romano de Leptis Magna
Anfiteatro romano de Leptis Magna

La ciudad completada por los Severos.

Recordar que la Dinastía de los Severos procedentes de esta ciudad mandó en el Imperio entre los años 193-235. A parte de los edificios que nombraremos, es preciso comentar que la ciudad fue sometida en este periodo a una gran ampliación. El proyecto urbanístico fue dirigido por un amigo personal de Septimio Severo, conocido como Fulvio Plautiano. Toda esta ampliación tiene el sello de los gustos personales del emperador y de su esposa Julia Domna, su origen siriano llevo a la ciudad africana a tener una fisonomía muy cercana a las grandes ciudades romanas de oriente Próximo, como por ejemplo Palmira.

Entre los edificios construidos en esta época destaca el foro Severiano, que tenia las dimensiones de un campo de fútbol actual (100 x 70 m). Rodeado en tres de sus lados de un espectacular pórtico con columnas, sus capitales recuerdan a los de Pérgamo y además fueron construidos en Asia Menor, único espacio geográfico con ese tipo de mármol blanco.

La Basílica de los Severos en Leptis Magna
La Basílica de los Severos en Leptis Magna

La basílica es de planta cuadrada con tres naves y dos de ellas culminadas en ábside, fue construida en la zona más cercana a la ciudad vieja. Por último destacar otro nuevo templo construido entre el foro nuevo y la zona de las termas, que recuerda al Altar de Pérgamo, para su culminación fue revestido con un espectacular granito de color rojo.