Teufelsberg, la montaña que intenta esconder el pasado nazi, tras la 2GM

Por decirlo de alguna forma, si Roma tiene su colina de Testaccio, donde se entierra su pasado romano en forma de ánforas. Berlín tiene Teufelsberg, una montaña para intentar enterrar su pasado nazi, posiblemente algún día lo consiga.

Para conocerla debemos acudir al oeste de la ciudad de Berlín, concretamente al precioso bosque de Grunewald. En el mismo se erige una colina de 117 metros sobre el nivel del mar, destaca perfectamente sobre el resto del bosque situado a solo 40 metros. Su nombre lo dice todo, ya que si traducimos Teufelsberg, nos encontramos “la Montaña del diablo”,  ante lo que dejo rienda suelta a la imaginación.

La historia de Teufelsberg.

Para comprender Teufelsberg, debemos acudir a los prolegómenos de la 2ª Guerra Mundial. Por lo tanto en plena preparación de la misma, donde Hitler sabia  la necesidad de soldados que tendría en adelante, pero aún más de altos mandos que dirigieran la contienda, y sobretodo necesitaba la mejor tecnología militar al  servicio del que debía ser el mejor ejército de la guerra.

Para la preparación de la Wehrmacht, decidió llevar a cabo el mayor complejo de enseñanza conocido. La espectacular academia militar fue encargada al más célebre de los arquitectos al servicio del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. En concreto el socio preferido de Hitler para llevar a cabo su manía por al megaconstrucciones, el discreto Albert Speer. Por cierto uno de los pocos que pidió perdón por el Holocausto, en los célebres juicios de Núremberg.

Hitler y Albert Speer en 1943

El proyecto era solo una pequeña parte, de lo que debía ser la nueva capital del mundo, que nacería tras la victoria del nazismo en la 2ª Guerra Mundial. Esta respondería al nombre de Germania, aunque nunca llegó a ver la luz.

El megacomplejo que acabó diseñando Speer y situado en el bosque de Grunewald era mucho más que una academia militar. Cuando estuviera terminado además de la universidad, contaría con talleres, laboratorios, hospitales y múltiples residencias. Además incluiría uno de los bunkers más grandes del mundo con capacidad para 5000 personas.

Maqueta de la Academia Militar proyectada por Albert Speer

De esta manera el propio Hitler fue el encargado de poner la primera piedra el 27 de noviembre de 1937. Pero también se hizo rápidamente evidente que habían comenzado tarde, ya que antes de que se cumpliera el segundo año de la obra, Alemania se lanzó a la 2ª Guerra Mundial.

Durante los primeros compases de la misma, la construcción continuó su curso, pero pronto los recursos económicos se desviarían a la primera línea de fabricación de maquinaría para la guerra. Finalmente en abril de 1940 y tras el suicidio del ingeniero jefe del proyecto, Karl Becker, se suspendió la ejecución de la Academia Militar.

La construcción de la montaña de Teufelsberg.

Tras el reparto de Potsdam, el megacomplejo nazi quedó en territorio inglés, aunque muy cerca del territorio norteamericano. Es a partir de 1952 cuando las autoridades se plantean un final para el proyecto de Hitler.  A partir de ese momento dos necesidades se juntaran para llevar a cabo la montaña en cuestión.

La primera de ellas el avanzado estado de las obras que dejó el régimen nazi de la academia militar. Este aspecto jugó en contra de las autoridades de la Alemania Occidental,  ya que no era precisamente fácil demoler las megaconstrucciones del dúo Hitler&Spree.

Por otro lado los enormes destrozos que dejo la guerra en la capital berlinesa, habiendo por doquier toneladas de escombros que se debían limpiar. En este aspecto también surgieron problemas para las autoridades, ya que es preciso recordar que la parte berlinesa occidental, era realmente una isla en medio de la Alemania Oriental controlada por la URSS. Por lo tanto no abundaban los lugares para almacenar dichos escombros.

Todo se confabuló para como se suele decir “matar dos pájaros de un tiro”. La solución era relativamente sencilla, todos los escombros debían servir para enterrar la mayor academia militar del mundo. De esta  manera nació la montaña de Teufelsberg, durante los siguientes 20 años los camiones acumularon todos los escombros de Berlin Occidental para enterrarla. Algunos cálculos, dan una cifra de 26 millones de m3 de escombros, que conforman la colina.

La montaña de los espías.

Tras un pequeño salto en el tiempo nos encontramos ante un nuevo panorama político. En 1961 se lleva a cabo la construcción del muro de Berlín, sin duda el símbolo de la guerra fría entre americanos y soviéticos. Ese mismo año, la Agencia Nacional de Seguridad norteamericana construyó la primera torre de espionaje de 27 metros de altura  en Teufelsberg. Aunque habrá que esperar a finales de los años 70, para que tome forma la actual vista de la montaña con las tres enormes esferas de color blanco,  la más alta de ellas de 69 metros. Sin duda esta estación espía es otro símbolo más del aplastamiento del nazismo por las fuerzas occidentales.

La estación espía

La estación en cuestión se mantuvo hasta el final de la guerra fría, se suele comentar que una mosca que abatiera sus alas en la parte oriental de Berlín era captada por los sensores instalados en Teufelsberg. Finalmente la estación es abandonada tres años después de la caída del muro de Berlín, por lo tanto en 1992.

La montaña hoy día.

Son  incontables los avatares por los que ha pasado la montaña de Teufelsberg desde el abandono norteamericano. Se montaron apartamentos, que se intentaron vender sin conseguirlo, por otro lado hubo intentos de construcción de un hotel de lujo, que tampoco fraguó. Pocos años después, el director de cine norteamericano David Lynch aduciendo que Teufelsberg era una montaña sagrada, intento fundar en ella una paranoica universidad de Meditación Trascendental. Por destacar alguna de las últimas utilidades, entre 2011 y 2015 se llevó a cabo solo y exclusivamente visitas guiadas al complejo para turistas.

Hoy día un espacio destinado a los artistas callejeros.

Por último decir que hoy en día la visita es libre. Los curiosos acuden a la montaña de Teufelsberg, para disfrutar de los espectaculares grafitis que han hecho allí los más destacados artistas del mundo. Además de contemplar algunas de las más bellas vista de la capital de Alemania.

Imagenes: commons.wikimedia   flickr

Asta Regia, la montaña que puede esconder incluso la mítica Tarteso

Antes de comenzar me gustaría hacer algunos incisos. El primero de ellos, es evidente,  no soy el primero que se hace esta pregunta, ya que existen numerosos artículos que hacen referencia a ello. En segundo lugar todo el mundo debe saber que está escrito por un simple estudiante, pero eso sí, con enorme curiosidad. Por último destacar, que no pensé en hacer públicos mis pensamientos sobre este yacimiento, hasta la llegada a mis manos del libro que necesito para preparar la asignatura de este año. El título de dicho libro es: Nueva Historia de la España Antigua, escrito por el profesor de Historia Antigua en la Universidad Complutense de Madrid, Don Gonzalo Bravo.

Los tartesos.

Para hablar un poco de esta cultura me baso en el libro antes referido. La civilización tartésica parece ser una de las claves, para encontrar la llave del paso de la protohistoria a la historia de la Península Ibérica. En primer lugar podemos decir que se trata, con matices, de la primera organización política de la península. Aunque resulte un poco más complicado decir si era un reino o un estado, lo evidente es la existencia de algunas listas de reyes nombradas por fuentes históricas,  griegas en este caso. Pero incluso estas generan dudas, ya que el más célebre de los reyes tartésicos, según Heródoto, llegó a  los 120 años con 80 de ellos como rey, me refiero a Argantonio.

Posiblemente  uno de los hechos más conocidos  de esta cultura sea su forma de vida arraigada a las explotaciones mineras, en especial de plata y cobre. Ambos serian los principales objetos de intercambio con las conocidas culturas mediterráneas, o sea griegos y fenicios. Dicho comercio proporcionará a esta población una clara distinción de clases, hecho que ha podido ser contrastado en algunos yacimientos arqueológicos de la época. En concreto el más espectacular de ellos en el municipio sevillano de Camas, el denominado “Tesoro del Carambolo”, expuesto a día de hoy en el museo arqueológico de Sevilla.

El tesoro del Carambolo en el Museo arqueológico de Sevilla

Aunque también las mismas explotaciones mineras, pudiesen haber sido la principal causa de la desaparición del pueblo tartésico. En concreto a partir del año 550 aC. tras la caída en picado de estas explotaciones, a causa de la generalización del hierro como principal metal. Pero es evidente o por lo menos así lo parece que dicha cultura tartésica será el germen del pueblo íbero de los turdetanos, más dedicados a la agricultura y la ganadería que sus antecesores tartésicos.

La mítica Tarteso

Como podemos comprobar todo son incógnitas a resolver sobre este mítico pueblo. Pero para encontrar la llave a las que me refería antes, es importante encontrar su capital, la mítica Tarteso. A su vez, también podemos pensar que posiblemente no fuera aquella espectacular ciudad de riquezas, que describían las fuentes clásicas en torno al palacio de Argantonio.

La posición de Asta Regia en una vista cenital de Google Maps. Observar la cercanía al río Guadalquivir.

Volviendo al libro en cuestión, Gonzalo Bravo, nos sitúa la capital tartésica en un triangulo cuyos vértices coinciden con las capitales andaluzas de Cádiz, Sevilla y Huelva. Además esta podría haber estado situada en torno al rio Guadalquivir o en el margen de alguno de los brazos de este rio en su lento discurrir hacia el Atlántico. La evidencia es un hecho, Asta Regia cumple perfectamente con estas dos características.

Museo arqueológico de Jerez.

Antes de acercarme hasta el yacimiento de Asta Regia, y sabiendo que no era visitable al estar en una propiedad privada, me dirigí al arqueológico de Jerez, por cierto como museo en sí muy recomendable. En el mismo se encuentran varios de los objetos extraídos en las escasas excavaciones efectuadas en el yacimiento en cuestión. Estas últimas fueron en su mayor parte realizadas por Manuel Esteve, que las comenzó hace 75 años y durante varias compañas.

Los objetos que se pueden observar van cronológicamente desde el siglo XV aC. al siglo XI dC. Por lo tanto desde las culturas neolíticas hasta la ocupación musulmana, esta última sería la que abandonó el asentamiento posiblemente por causa de alguna epidemia. Es evidente que durante la época tartésica este lugar estaba habitado, como muestran algunos objetos que se pueden observar en el museo. En concreto cerámicas, cuentas de collar o algunos adornos metálicos, también debo confesar que esperaba encontrar alguna cosa más. Aunque lo que denota un poder fuerte antes de la llegada de los romanos sea un espectacular león de tradición íbera, pero con cierto influjo romano.

Restos de la cultura Tartésica.
León Íbero romanizado de Asta Regia.

Previamente a mi visita al museo había estado leyendo algunas noticias de medios de comunicaciones digitales. En concreto me llamó la atención una de la Voz del Sur, podéis leerla en el siguiente enlace: lavozdelsur

Esta noticia fue redactada el 15 de julio de 2017, escasamente un mes antes de mi visita al museo. A modo de resumen destacar que habla de los trabajos realizados durante ese mes en Asta Regia. Mediante nuevas tecnológicas de georadares que muestran gran información de los yacimientos, con una mínima acción invasiva. Por  lo tanto y dado que me surgió la oportunidad me decidí hablar con los responsables del mismo sobre la noticia en cuestión, tras presentarme  como estudiante de historia. Realmente las respuestas me sorprendieron y me causaron estupor; “¿eso no es cierto?”, “yo no sé nada de eso”, “allí no se va a hacer nada”, etc.

Yacimiento de Asta Regia.

Tras salir del museo la curiosidad me pudo y me dirigí al yacimiento situado en la carretera de Trebujena, a escasos 11 kilómetros de Jerez. Lo primero que se observa es la entrada a la propiedad privada, para después llegar al yacimiento en sí. Tras parar el coche para sacar unas fotografías tras la valla, de la finca colindante salió uno  de los vecinos del  yacimiento. Tengo que agradecer su predisposición a solucionar mis curiosidades. Según el mismo durante el mes anterior habían llegado un grupo de arqueólogos cargados con “un montón de maquinarias”, estos mismos les habían comentado a los vecinos que próximamente empezarían las excavaciones.

Tras esta loma, se han encontrado los únicos restos, pero toda esta zona esconde la ciudad de más de 42 ha.

La pequeña localidad de Mesas de Asta desea con firmeza que todo esto salga a la luz. Además es evidente que pese a ser una propiedad privada, la rentabilidad de un yacimiento arqueológico de la magnitud de Asta Regia puede solucionar muchos de las necesidades del pequeño municipio adscrito a Jerez de la Frontera.

El yacimiento ocupa una parte de esta finca equivalente a aproximadamente un 10% de la misma. Ello debe ser suficiente razón para que se pueda excavar. A pesar de la escasa cifra, se considera que la ciudad allí enterrada pudo ser mayor incluso que Itálica una de las poblaciones romanas más importantes del sur de la Península Ibérica.

A modo de conclusión.

Volviendo a la cuestión tartésica evidentemente se trata de especular, no existe evidencia clara que allí se encuentre la mítica Tarteso.  Pero de igual manera podemos decir, que tampoco lo hay en otro lugar. Por lo tanto debemos considerar importante esta excavación para intentar encontrar una luz sobre las primeras raíces históricas de la Península Ibérica. Por cierto, espero que los vecinos estén en lo cierto y que las excavaciones empiecen en breve.

No me quiero despedir sin nombrar un excelente artículo, que reclama lo mismo que un servidor desde un ámbito con mayor poder que el mío, la Universidad de Cádiz. Os dejo el siguiente enlace, leerlo por favor: revistas.uca

Con la segunda frase del mismo me despido; “La sociedad considera que la arqueología no le reporta beneficios directos y palpables, más bien la ve como algo extraño y distante, de interés minoritario, o bien de aventuras” (Juncosa Vecchierini, 2002). Ojalá Asta Regia demuestre lo contrario.

Mas info: Gonzalo Bravo, Nueva historia de la España Antigua, 201, Ed. Alianza

Otras imágenes: commons.wikimedia

Juan de la Cosa, el primer mapa de la historia en el que aparece América.

Si hace unos meses en Caminando por la Historia, os presentábamos el célebre mapa de Al-Idrisi, que está considerado uno de los más importantes de la Edad Media, todo y parecer que está al revés. Hoy os presentamos el mapa, y autor del primer mapamundi que incluyó el continente americano.

Para conocer algo más del mismo, y de su autor podemos viajar a la ciudad gaditana de El Puerto de Santa María. Tanto hoy día como en el siglo XV esta localidad es una de las villas marineras más importantes del sur de la Península Ibérica. De esto hecho a quedado larga constancia, sin ir más lejos en 1403, sirvió como punto de partida a la expedición de Ruy González de Clavijo, rumbo a visitar al Gran Tamerlán.

 Pero nos vamos detener en la impronta que dejó a finales del siglo XV. En dicho siglo el Atlántico se había convertido en el objeto de deseo de todos los países europeos, pero especialmente de España y Portugal. En vista de los cual, El Puerto de Santa María, con su Rio Guadalete y su salida directa al Océano Atlántico se convirtió en un hervidero de marineros y aventureros.

El Puerto de Santa María en la actualidad

Juan de la Cosa.

Un desconocido durante los primeros años de su vida, es de suponer que nació en la localidad cántabra de Santoña, alrededor del año 1450. Las primeras noticias fidedignas de nuestro personaje  son al servicio de la Reina Isabel la Católica, y al parecer llega a El Puerto de Santa María en el año 1490.

Pero será a partir del año 1492 cuando empezará a entrar en la historia. No en vano fue el armador y piloto de la Nao Santa María, que podemos recordar como la que transportó a Cristóbal Colón, en su primer viaje al continente americano. A partir de ese momento, al menos se contabilizan nueve viajes de Juan de la Cosa a  tierras del continente americano.

A pesar de todo no será hasta el año 1496, cuando Juan de la Cosa se instalé definitivamente en El Puerto de Santa María. Todo ello gracias al apoyo incondicional de la alta nobleza. En concreto del duque de Medinaceli, Luis de la Cerda, dispuesto al apoyo del marinero de Santoña en sus futuras empresas. En realidad este apoyo ya había surgido unos años antes, para la expedición Atlántica de Colón. Pero se hace evidente que tras los primeros hallazgos en el continente americano, el apoyo debió ser más explícito. Aunque estos últimos no fueron los únicos apoyos que encontró Juan de la Cosa.

Maqueta de la Carabela de la niña , realizado por alumnos del C.P Puerto 2.

Alonso Ojeda.

Nos encontramos ante un marinero nacido en la provincia de Cuenca, y al cual la historiografía lo ha colocado frente Cristóbal Colón, al mismo tiempo que se le atribuye el apoyo incondicional de la iglesia Católica en el proceso evangelizador de América.

En lo que respecta  a nuestra historia fue el armador del barco que llevó a Juan de la Cosa, en el viaje definitivo para la elaboración del mapamundi en cuestión. Partieron en mayo de 1499 para hacer uno de los recorridos más amplios hasta ese momento de la costa americana. Dicho viaje les llevó desde la costa de Brasil hasta el norte de Cuba. La finalidad del mismo fue completar información previa de los viaje con Colón, para la elaboración de la primera carta náutica que incluía el nuevo continente.

El mapamundi de Juan de la Cosa.

El año siguiente, por lo tanto la iniciar el siglo XVI, Juan de la Cosa elaboró el mapa en cuestión. Este se trata de dos pieles unidas, que juntas hacen 93 centímetros de alto por  183 de largo, y que actualmente se puede observar en el Museo Naval de Madrid.

El Mapamundi de Juan de la Cosa

A parte de los conocidos continentes de Europa, Asía y África, este último con los descubriemntos portugueses del siglo XV. Aparece por primera vez el contorno del continente americano, desde América del Norte hasta el sur del actual Brasil, sin olvidar las islas del Caribe. Además con gran cantidad de detalles, ya que en el mismo aparecen ríos, puertos e incluso poblaciones. En definitiva serviría para mostrar los territorios recién descubiertos a los ojos de los europeos.

Algunas curiosidades del mapa.

Personalmente lo que más me llamo la atención al verlo, es el color verde del continente americano, en clara contraposición con el ocre del resto del mundo representado. Por lo que se hace evidente que en la época se conocía mejor las selvas de la fachada Atlántica, que por ejemplo, los desiertos interiores de América del Norte.

Pero evidentemente lo que más llama la atención es la figura que corta en el mapa las dos Américas, la del norte y la del sur. Se trata de San Cristóbal con el niño en brazos. A partir de aquí dos hipótesis son válidas; por un lado el homenaje al descubridor y evangelizador de América, Cristóbal Colón. Y en segundo lugar el protector y santo patrón cristiano de los viajeros, estoy hablando de San Cristóbal de Licia, que en la actualidad sigue protegiendo a los automovilistas. También es necesario observar la inscripción a pie de este personaje, ya que nos muestra la información del autor y el lugar, “Juan de la Cosa la fizo en el puerto de Santa María en anno 1500”, realmente esclarecedor.

Detalle de San Cristóbal

No me quiero despedir sin mostrar, aunque no tenga mucho que ver con la historia, como el mapa nos muestra el camino desde Oriente. Exactamente, los más pequeños de la época, ya disfrutaban con la llegada de los reyes Magos de Oriente, o como mínimo eso nos cuenta el Mapamundi de Juan de la Cosa.

Los tres Reyes Magos de Oriente

Castillo de Sarre, una historia con muchos cuernos.

El castillo de Sarre se encuentra en el valle alpino de Aosta, a poco más de 15 kilómetros de la capital que da nombre al valle. Este castillo se halla sobre una pequeña colina en el pueblecito de Sarre, desde domina perfectamente la cuenca del río Dora Baltea.

Breve historia del Castillo de Sarre

Los restos más antiguos encontrados en la colina pertenecen a una fortificación del siglo XII.  Curiosamente se ha encontrado, que en 1242 perteneció a Amadeo IV de Saboya, algo que hacía presagiar la historia que viene a continuación.

Desde ese siglo XIII apenas queda constancia de sus moradores, hasta comienzos del siglo XVIII en el cual encontramos a Jean François Ferrod. Este último, un rico industrial de la época, que se dedicó a las explotaciones mineras de la zona y mediante las cuales amasó una fortuna que le sirvió para la compra del Castillo de Sarre en 1708 y su posterior remodelación. Precisamente de esta época es el castillo que podemos visitar en la actualidad, ya que del antiguo medieval no queda absolutamente nada. Aunque de poco le sirvió a Jean François dicha remodelación, ya que tras la misma el precio de sus explotaciones cayó en picado, llevando al industrial a la ruina. Poco después fue encarcelado y morirá en la fortaleza de Bard en 1730.

Víctor Manuel II

Tras esta muerte, el castillo cambiará de manos varias veces, hasta 1869 que fue adquirido por el primer rey de Italia Víctor Manuel II. Por lo tanto el castillo tras seis siglos de historia volverá a las manos de la Casa Saboya. A partir de este momento empieza la historia de los cuernos, aunque debo hacer un inciso. Los que hayan entrado en la lectura buscando un culebrón, siento haberles decepcionado. Aunque los amantes de la historia y la naturaleza creo que van a disfrutar con el resto del relato.

Víctor Manuel II

Antes de hablar del primer rey de Italia, es necesario presentar al principal protagonista de la historia del Castillo de Sarre. Este se trata del Íbice, dicho de otra forma la cabra salvaje de los Alpes, ya que es la única cordillera del mundo en el que son presentes. Es necesario destacar que en la zona se instaló una especie de creencia por la cual diversas partes del cuerpo de Íbice tenían propiedades medicinales, y terapéuticas.  Por lo que incluso se hacían talismanes con ciertos huesecillos del bóvido, para la protección contra la muerte. Esto llevó a este animal cuyos cuernos podían medir más de un metro,  a prácticamente desaparecer a principios del siglo XIX.

Ejemplar de íbice macho

Volviendo a Víctor Manuel II debemos decir que era un consumado cazador. Su zona de caza favorita eran los valles cercanos al castillo de Sarre, concretamente los de Cogne y Valsavarenche.  No en vano en la zona se conserva uno de los refugios de montaña más importantes de los Alpes, que lleva por nombre el del primer rey de Italia. Teniendo en cuanta que especialmente en la segunda mitad del siglo XIX, la única zona donde se conservaban los íbices era precisamente en los valles nombrados, Víctor Manuel II decide crear la Reserva Real de Caza de Gran Paradiso en el año 1856.

Pocos años después, como se ha dicho en 1869, se asienta definitivamente en el castillo de Sarre, el cual reforma con una nueva torre y en especial la zona de caballerizas, muy necesaria para el menester de la caza. Por lo que respecta a nuestro protagonista el íbice tendrá una época relativamente tranquila, en definitiva si solo podían ser cazados por el rey y su séquito, su población aumento de número.

Humberto I

En 1878 muere Víctor Manuel II, su hijo Humberto I de Saboya le sucede en el cargo. A partir de este momento la historia de nuestro amigo el íbice volverá a entrar en peligro. La causa la caza indiscriminada que inicia este nuevo rey, el motivo la renovación de los salones del Castillo de Sarre. En realidad ser el único que tenía acceso al coto de caza real debía suponer una especie de placer perverso, en definitiva la creencia sobre los poderes curativos del animal seguían vigentes.

Figura de Humberto II en plena caceria

He de reconocer que esta parte de la visita es bastante desagradable, y más para un apasionado de la naturaleza como el que suscribe. Son varias las salas y pasillos adornados con los cuernos de los íbices machos, pero también las hembras tienen cabida en la masacre del Humberto I. Con las imágenes que veréis a continuación realmente sobran las palabras, definitivamente, que mal gusto tenía el segundo rey de Italia.

Uno de los pasillos adornado con cuernos de íbices macho
Detalle de un cuerno
Las hembras también tenían “derecho” a adornar las estancias reales

Su reinado duró 22 años, hasta que fue asesinado en el verano del año 1900 por un anarquista en la ciudad de Monza. Posiblemente gracias a dicho asesinato podemos seguir disfrutando del íbice en las montañas alpinas.

Víctor Manuel III

El último rey de Italia por fortuna no heredó ni el gusto decorativo de su padre, ni en cierta medida la pasión de su abuelo por la caza. Aunque posiblemente también la época en la que le tocó reinar no debía tener ni tanto tiempo libre, ni acceso fácil a la residencia de verano, por lo menos en el periodo de la Gran Guerra.

Si en el año 1900 a punto estuvo de desaparecer el íbice, tras la Primera Guerra Mundial en el año 1922, Víctor Manuel III decide vender sus territorios de caza al gobierno italiano. El motivo la institución del primer Parque Nacional de Italia, su nombre Gran Paradiso, por cierto este nombre es un gran acierto.

Parque Nacional de Gran Paradiso.

Sin duda una verdadera joya de la naturaleza, sus más de 70.000 hectáreas están repletas de íbices, por cierto fáciles de observar. Pero evidentemente no están solos, ya que les acompañan, gamuzas, ciervos, marmotas, gran cantidad de aves e incluso depredadores como el lobo y el lince.

Lo dicho, un autentico paraíso, en este caso la entrada uno de los lugares favoritos de Víctor Manuel II, Valsavarenche.

A parte evidentemente de espectaculares paisajes de montaña con cumbres por encima de los 4.000 metros, ríos, cascadas, enormes bosques de abetos y un amplio etcétera que posiblemente no viene a cuento.Pero no quiero dejar la oportunidad de aplaudir la decisión de Víctor Manuel III, la protección del íbice y de sus cuernos, ha valido un paraíso.

Timgad la ciudad romana que emergió de las arenas del Sahara

En Argelia y 480 kilómetros al sudeste de su capital Argel, podemos contemplar uno de los yacimientos arqueológicos romanos más importantes del mundo. Hoy día con Palmira en peligro de extinción, por el terrorismo cultural del denominado Estado Islámico. Y así mismo contando la masificación de los restos de Pompeya. Podemos decir que es uno de los mejores lugares para contemplar las espectaculares ciudades que nos dejo el Imperio romano.

Para ello deberemos acercarnos a la ciudad de Batna y desde allí acabar de recorrer los 30 kilómetros que restan hasta Timgad. No es necesario discutir que no se trata de uno de los países más seguros para viajar, pero hoy día el centro del mismo parece ser la parte más tranquila. Por cierto en el siguiente enlace se puede encontrar información actualizada sobre los riegos de viajar a Argelia: sitata

La Historia de Timgad.

La ciudad fue fundada por Trajano en el año 100 dC. En realidad fue la forma que tuvo el emperador hispano de premiar a la III Legión Augusta. Esta había sido trasladada allí por Augusto para el control de los insurgentes del antiguo Reino de Numidia. En un principio el trazado de la ciudad fue pensado para acoger a unas 15.000 personas, pero pronto se quedó pequeño. Existen muestras de la rápida ocupación fuera del reciento original, por lo tanto tras las murallas,  tanto de edificios privados como incluso de públicos, como templos, mercados y baños públicos.

En este yacimiento existen varios de estos edificios públicos.

Todo ello preparado para el máximo esplendor de la ciudad que se producirá los dos próximos siglos. Timgad, la Thamugas romana, se convirtió en la imagen de poder Imperio Romano en el norte de África. Además debió contar con una gran prosperidad, fruto del control de unas rutas principales de acceso al Sahara. Por cierto, hace unos días leía un artículo muy curioso sobre el uso de camellos y dromedarios, por parte de las legiones romanas. A buen seguro, en este lugar se usarían, os dejo el siguiente enlace:

historiayromaantigua.blogspot.com

El declive de Timgad

A partir del siglo IV dC. comienza el declive de la ciudad de Timgad. A pesar de los cual siguió teniendo periodos de esplendor. Sin ir más lejos en el año 397 se llevó a cabo en la ciudad el Concilio de Cartago, uno de los más importantes del cristianismo en el norte de África. Este hecho denota la importancia de la religión monoteísta en la ciudad romana. Otro punto de la historia en la que se denota un renacimiento de la ciudad, fue tras la conquista del Imperio Bizantino en tiempos de Justiniano, con la construcción de una nueva fortaleza aprovechado los restos de la ciudad primitiva.

La ciudad de Timgad con los cercanos Montes Aurés

Durante este periodo, la ciudad, también fue objeto de varias invasiones. Los primeros el pueblo bárbaro de los Vándalos, tras atravesar la península Ibérica ocuparon la ciudad en el año 430. Tras ellos llegará la invasión a finales del siglo V por parte de las tribus nómadas asentadas en los Montes Aurés, estas montañas son colindantes a la población de Timgad.  A pesar de la reconquista bizantina, ya expuesta, el declive será constante, y a principios del siglo VIII la llegada de los pueblos árabes llevó al abandono definitivo de la ciudad. Esta quedó a expensas de ser sepultada por las arenas del desierto.

El descubrimiento de Timgad.

La ciudad fue redescubierta a finales del siglo XVIII, concretamente por el explorador escocés James Bruce, mientras ejercía de cónsul británico en la capital argelina. Se dice que quedo completamente sorprendido, al ver como sobresalía del desierto una construcción, que resultó ser la parte superior del arco de Trajano. Aunque habrá que esperar a 1881 para que comenzaran las excavaciones dirigidas por los arqueólogos franceses. Desde ese año y hasta 1960 de manera prácticamente ininterrumpida salió a la luz la ciudad romana de Thamugas.

Imagen del arco de Trajano en 1880

Años después, concretamente en 1982, la UNESCO decide nombrar el yacimiento arqueológico, Patrimonio de la Humanidad. El motivo era claro,  preservar unos de los mejores ejemplos de ciudad romana en cuadricula, típico de estas construcciones militares.

¿Qué podemos ver en Timgad?

La vista cenital a través de Google

Un perfecto plano ortogonal, que es perfectamente visible desde las imágenes cenitales. El Decumano que cruza por completo la ciudad primitiva de este a oeste, con el punto de intercesión con el Cardo máximo en el centro de la retícula. Este último procede de la entrada norte de la ciudad y termina recorrido en dicho centro, donde se ubicó el foro romano. Como ya se ha comentado, es uno de los mejores lugares del mundo para el estudio de este tipo de ciudades romanas, ya que ningún edificio posterior ha invadido la zona.

El arco de Trajano.

Situado en la entrada este del Decumano, debió ser la principal puerta de entrada a la ciudad. No en vano, por ella entrarían las legiones romanas, ya que era el camino principal con el cuartel general de la III Legión Augusta. Esta estaba situada en las cercanías de la actual ciudad de Tazoult, a unos 35 kilómetros de Timgad.

El arco en la actualidad

El arco en sí tiene una altura de 12 metros, recordemos que fue la parte que visualizó James Bruce, para descubrir la ciudad. Por otro lado destacar que es el típico arco del triunfo romano con tres puertas, la de centro para el acceso de vehículos y las dos laterales, más pequeñas, por donde entraban las personas a pie. Por último destacar que es la construcción de Timgad mejor conservada en la actualidad.

El foro romano.

Como era habitual en la ciudades del Imperio Romano, el verdadero centro político y social de la población. En el mismo encontramos los principales edificios públicos, como la curia, la basílica civil y un pequeño templo dedicado a la victoria. El foro en sí era un cuadrilátero no muy grande rodeado de cuatro pórticos.

El foro romano

Teatro romano.

El único edificio dedicado por completo al entretenimiento de los ciudadanos, ya que no existe evidencia clara de que se hubiera construido un anfiteatro, al menos estable. Tenía una capacidad aproximada de 3.500 personas y fue dedicado a los primeros emperadores de la dinastía Severa, en concreto a Séptimo Severo y a Caracalla. Esta consideración proviene de haber  encontrado sendas estatuas de los mismos durante las excavaciones.

Vista panorámica del teatro

Biblioteca.

Estamos ante uno de los edificios más singulares de Timgad, ya que no es muy habitual encontrar bibliotecas en los yacimientos  de las ciudades romanas. Esta se encontraba junto al Cardo Máximo y muy próxima al Foro, su cercanía al centro de la ciudad denota la gran importancia que este edifico tuvo para la misma. Concretamente fue construida gracias a una donación del Senador Marco Flavio. Por último comentar que se hace muy difícil cuantificar los ejemplares que pudo llegar a contener, pero según algunos cálculos, pudieron ser cerca de 28.000.

Termas romanas.

Este apartado pudo tener gran importancia en la ciudad, ya que ha llegado a considerar una especie de estación termal, sin duda la más importante del Imperio en el continente africano. En las excavaciones se han llegado a constatar al menos 14 instalaciones termales. Además de diferente factura, desde pequeñas y posiblemente privadas, hasta las grandes termas de la entrada del norte, que debieron ser las públicas. Otro aspecto que denota la enorme importancia de estas, son los 85 mosaicos encontrados en la mismas.

Mosaico de un esclavo negro localizado en uno de los baños públicos.

Fuera del recinto principal.

Como ya se ha comentado la ciudad rápidamente se expandió fuera del recinto principal. Se localizó en el este de Timgad el Barrio de Sertius, denominado así por la inscripción encontrada en la vivienda más significativa. En  realidad se trata de una gran Domus de más de 2.200 m2. A parte de esta en la misma zona se ha localizado un mercado, múltiples viviendas, unas termas y el Capitolio de la ciudad.

Vista del mercado de Sertius

También se han encontrado los restos de las casas cristinas que debieron ser ubicadas tras la expansión del cristianismo a partir del siglo IV. En dicha zona se encuentran los restos de una basílica de 63 metros de largo, signo inequívoco de la importancia de esta religión en Timgad.

Siguiendo en las zonas de extramuros se estudian los restos de varias necrópolis que en  la actualidad se siguen excavando, en ellas se han encontrado diferentes ritos, como la incineración y la inhumación, además de diferentes estatus sociales.

En último lugar destacar la fortaleza bizantina, que se halla a unos 300 metros al sur de la ciudad principal. Está se comenzó a construir en el año 539,  aprovechado los materiales de la ciudad antigua y con los medios económicos del patricio Solomon. Dicho patricio fue el encargado del control de la zona para el control de las tribus nómadas. En ella a parte de los sistemas defensivos y las viviendas, encontramos unas pequeñas termas de 200m2 y una basílica.

Vista de la entrada al museo

Todo este enorme espacio es visitable, así como el museo que se encuentra en la entrada norte, que por cierto posee una de las colecciones mas impresionantes de mosaicos que se pueden encontrar.

Mas info:  archivodelafrontera  unesco

Imágenes: commons.wikimedia 

¿Cómo, cuándo y dónde surgió la arquitectura gótica?

Hoy día las catedrales góticas de gran parte de la Europa Occidental, se han convertido en los focos turísticos más importantes de numerosas ciudades. Los ejemplos son múltiples; la Abadía de Westminster en Londres, la catedral de Colonia en Alemania, la catedral de Milán en Italia, las españolas de Burgos o León. Además de por supuesto, el edifico más visitado de Paris, Notre Dame.

Todas ellas tuvieron un origen común, además, pocas veces la historiografía se ha puesto tan de acuerdo, en asignar un foco concreto al nacimiento de un proceso determinado, en este caso la arquitectura gótica medieval. Aunque antes de viajar a dicho lugar debemos conocer al principal responsable.

Abad Suger.

El abad Suger en las vidrieras de Saint Denis

Nacido probablemente en  los alrededores de París en año 1082, para convertirse en el Abad de la Abadía de Sant Denis a la edad de 40 años. Desde allí ejerció  como fiel consejero de los reyes de la Dinastía Capeto, incluso intercediendo entre Luis VII y el Papa Celestino II. El motivo, que este último levantará la excomunión que recaía sobre el rey Capeto. Además junto a su compañero Bernardo de Claraval, llevó a cabo la tan necesaria reforma eclesiástica. Pero el Abad Suger, no estuvo de acuerdo en todo con el creador de la Orden del Cister.

Si para Bernardo de Claraval las edificaciones religiosas, debían ser el signo de la pobreza y la austeridad que propugnaron los santos evangelios. En el caso del Abad Suger, la belleza de los edificios religiosos era necesaria para estar más cerca de Dios.

El sueño del Abad Suger

Pero no solo eso, sino que las nuevas catedrales debían ser el edificio más significativo de las nuevas ciudades medievales. Además de demostrar la fuerte unión de los dos principales poderes, la iglesia y en este caso los nuevos reyes Capetos. Así de esta manera nació el nuevo concepto de las catedrales, que debían tener a parte de gran belleza, dos cualidades principales.

Elevación y luz.

La primera el tamaño, ya que debían ser el edificio más alto de las ciudades, y además debían estar preparadas para acoger multitud de eventos, tanto religiosos, como oficiales, e incluso cívicos. Las catedrales debían ser el escenario de los sacramentos, de las investiduras de reyes, e incluso el marco de la venta del ganado, por poner algunos ejemplos. Por lo tanto, todos los actos importantes para la ciudad debían suceder en el interior de las nuevas catedrales.

En segundo lugar las catedrales debían tener una luz mágica. En ellas debía entrar dicha luz por enormes vidrieras, para ser matizada y reflejada en los interiores. Así de esta manera, los visitantes de las catedrales podrían sentir una elevación e ingravidez que le acercaran a Dios. En realidad la búsqueda de esta luz se convertirá en la obsesión, primero del Abad Suger, y posteriormente del resto de promotores de las nuevas Catedrales góticas.

Es evidente que para lograrlo debían acometerse ciertas reformas, además de conseguir los elementos arquitectónicos necesarios para llevar a cabo la consigna de Suger, elevación y luz.

A partir de este momento la narración cogerá la carretera, para mostrar cuatro lugares. Estos nos ayudaran a entender el proceso que siguieron los arquitectos y constructores para lograr las prodigiosas catedrales que se nombraron  al principio.

Abadía de Saint Denis.

La Abadía de Sant Denis está situada al norte de Paris, en el barrio del mismo nombre de la capital de Francia.  Es evidente, el lugar elegido no podía ser otro que la Abadía que dirigía Suger desde 1122, además era el mausoleo de reyes franceses desde los tiempos merovingios. Por si faltaba algo, en ella fue coronado el mismísimo Carlomagno como rey de Francia.

La actual fachada de la Basílica de Saint Denis.

El momento concreto elegido para llevar a cabo sus planes fue en la rehabilitación de la cabecera de la Abadía, era el año 1140. En dicha cabecera encontramos la primera construcción gótica de la historia. Para llevarla a cabo incorporó tres elementos que serán la base de este tipo de arquitectura, el arco apuntado y la bóveda de ojivas. Por cierto ambos elementos ya conocidos, pero que combinados y apoyados en finas columnas trasmitían el peso del techo al suelo. De esta forma posibilitó el tercero de los elementos, la obertura de vanos para colocar las vidrieras góticas.

Una de las capillas de Saint Denis

Hay que subrayar que estamos ante un ensayo puesto en marcha por Suger, pero que distaba mucho de la concepción que él mismo tenia de las catedrales góticas.

Catedral de Sens.

Para continuar nuestro viaje debemos acudir a la ciudad de Sens, esta se  encuentra a 115 kilómetros al sudeste de París. En dicha localidad nos encontraremos la Catedral gótica más antigua del mundo, además curiosamente se empezó a construir el mismo año que la Abadía de Sant Denis. Este hecho es primordial para explicar uno de los conceptos importantes de la arquitectura gótica. En concreto la trasmisión de ideas, en este caso las del Abad Suger, que rápidamente se distribuyeron por toda la Isla de Francia, nombre por el cual se conocían los dominios de los reyes Capetos.

La Catedral de Sens, y su gran parecido con Saint Denis

Hablado de la catedral en sí, fue mandada a construir por el Arzobispo Henri Sanglier. En realidad se trata del perfecto prototipo de catedrales góticas. Sus bóvedas de crucería sixpartitas se apoyan directamente en columnas que trasmiten el peso al suelo. De esta manera consiguieron los constructores elevar la nave central, y establecer su división vertical de arquerías, triforio y claristorio que se convertirá en la clásica del gótico.

Imagen del interior de la Catedral de Sens, donde se observa, las arquerías, el triforio y el Claristorio superior

Pero seguía quedando mucho camino por delante, a pesar de abrirse claramente los primeros vanos para la entrada de la luz, estos no eran suficientes para conseguir el efecto deseado. Así que durante el resto del siglo XII, los constructores medievales fueron perfeccionando los elementos arquitectónicos. En dicho periodo, denominado por la historiografía como gótico preclásico, se levantaron las catedrales de Soissons, Noyon, Laon o Senlis.  Por cierto, todas en la región de la Isla de Francia. Aunque en ninguna de ellas se encontró la clave para tan deseado efecto de luz, los progresos de los constructores durante este periodo dieron su fruto en nuestro próximo destino.

Catedral de Chartres.

Ahora debemos tomar rumbo al suroeste de Paris, concretamente a 90 kilómetros de esta encontramos la localidad de Chartres. Donde además de una de las célebres escuelas medievales, fundada por Fulberto de Chartres, encontramos la Catedral que servirá de modelo del gótico clásico. Dicho modelo será exportado al resto Europa.

Espectacular visión nocturna de la Catedral de Chartres.

En ella debemos destacar principalmente sus arbotantes. Esta especie de pilares horizontales fue la clave para la obertura definitiva de vanos, rellenados de vidrieras góticas. Todo el peso de las bóvedas que sustentan la cubierta recae sobre ellos, y es trasmitido por los contrafuertes al exterior del edifico, liberando los muros de carga. De esta forma definitivamente las catedrales se llenaron de la luz gótica del Abad Suger.

Debemos destacar que la invención de este elemento arquitectónico no surgió en Chartres, sino en la célebre Notre Dame de Paris  en 1180. Pero personalmente pienso que la belleza de la Catedral de Chartres superó a la protagonista parisina, además de tener la importancia de servir de copia al resto de Europa.

Arbotantes de Notre Dame

La capilla de Saint Chapelle.

La isla de Paris, donde se observa la espigada torre de la Capilla de Saint Chapelle y al fondo la Catedral de Notre Dame.

El viaje no podía acabar en otro sitio. Para encontrar esta pequeña capilla debemos acudir al mismo centro de la capital de Francia, en la Isla de la ciudad de Paris y muy cerca de la Catedral de Notre Dame. Es uno de los ejemplos más espectaculares del denominado efecto de la luz. Es considerada como una verdadera caja de cristal y sin duda uno de los mejores modelos del denominado gótico radiante, el sobrenombre evidentemente viene de su belleza. En esta capilla se consagra definitivamente la idea de Abad Suger, había pasado más un siglo desde que él lo soñara.

La capilla de Saint Chapelle.

El motivo de su construcción bien valía este esfuerzo. En el año 1241 llega a Paris de mano del rey San Luis de Francia, una de las reliquias más importantes de la cristiandad, me refiero a la corona de espinas de Jesús. La capilla que está rodeada de enormes ventanales de más de 15 metros de altura, se erigió para contener y exponer tan preciadas reliquias. En este lugar convertido en un autentico joyero no falta ningún detalle, las escenas narradas en las vidrieras nos relevan gran parte de los pasajes de la Biblia, además evidentemente no podía faltar el motivo principal de la misma un recordatorio de la Pasión de Cristo.

Hasta aquí este viaje por el nacimiento de gótico, dejaremos para otro artículo su rápida expansión por toda Europa Occidental. En definitiva, cabe señalar que esta apresurada expansión, propicio en cierta forma perder la originalidad que propugnó el propio Abad Suger.

Imágenes: commons.wikimedia

El museo de historia bélica más alto de Europa, la Marmolada.

A 2.950 metros sobre el nivel del mar, y a la falda del glaciar de la Marmolada, por cierto la cumbre más alta de los Dolomitas italianos, está el Museo de la Gran Guerra de la Marmolada. Se accede al mismo a través de las telecabinas de la estación de esquí de la Marmolada.

Vista de la sede del museo junto al glaciar de la Marmolada

La historia del Museo comienza en el año 1.990. Mario Bartoli, un hombre del mundo del cine y apasionado de la historia militar inicia el proyecto. En concreto después de la creación de una asociación sin ánimo de lucro, su objetivo era claro, la conservación de la memoria histórica de los trágicos sucesos de la Gran Guerra.

En 2015 y con motivo de conmemorar los cien años desde el inicio del denominado Frente Italiano, se decide llevar a cabo una gran restructuración y fundar la empresa que explota hoy día el complejo. Por cierto, el que suscribe le debe una visita, ya que la mía fue con anterioridad, aunque ya me impresionó.

Una mirada a la Gran Guerra.

En el verano de 1914, el mundo se dirige a su Primera Guerra Mundial. No vamos a entrar ni en detonantes, ni causas, aunque como siempre la codicia humana estaba detrás. Con esto quiero decir, que sin ir más lejos Italia y tras decidir ser neutral, en mayo de 1915 decide incorporarse a la contienda. Los motivos podían ser muchos pero todos giraban en torno a las promesas aliadas de fuertes recompensas monetarias y concesiones coloniales tanto en África como en los Balcanes.

Llagados a este punto nos encontramos que los Dolomitas son una frontera, tanto natural como política, entre los dos nuevos rivales, el Imperio Austro-Húngaro (a partir de ahora Austria) y la joven Italia. Por lo tanto el denominado Paso de Serauta, fue juntos a otros similares,  el lugar elegido por el ejército italiano para invadir Austria.

Soldados italianos en el frente de los Dolomitas

De esta forma resumida comenzará la guerra de guerrillas en los Alpes. Por un lado encontramos al ejército italiano parapetado en  la zona de Serauta, y al ejército austriaco justo en la montaña de enfrente. Sobre la forma que tuvo este último de defenderse, permitirme que os lo desvele cuando cuente la visita al Museo, ya que es uno de los puntos más sorprendentes de la batalla de los Alpes.

Destacar que esta situación duró, con diferentes intervalos, desde el 24 de mayo de 1915 al 4 de noviembre de 1917. A una incursión italiana en la parte austriaca, seguía otra al contrario. Por lo tanto, dos años y medio de batallas sobre los 3.000 metros en verano,  y en invierno, que tuvieron como resultado unas tablas. Además miles de muertos y la retirada de unos y otros, antes de la llegada del último invierno en guerra, el de 1917.

¿Qué podemos ver en el museo?

El museo en sí se divide en dos partes principales, una interior y otra exterior. Por lo tanto aunque sea obvio decirlo, mientras que la interior se puede visitar todo el año. Con respecto a la exterior debemos tener en cuenta su altitud cercana a los 3.000 metros, y por lo tanto nevada y helada una gran parte del año. Aunque esta situación no fue ajena, como hemos visto, a soldados italianos ni austriacos.

El museo interior.

El puente de entrada al museo, que simula el paso a través de una grieta en el hielo, nos adentra en una serie de salas bien estructuradas.

En primer lugar nos encontramos una sala dedicada a la vida de los soldados de montaña, tanto de un lado como al otro, de la actual frontera entre Austria e Italia. Este es un punto importante, ya que a pesar de estar en territorio italiano el museo hace gala de una excelente neutralidad, respecto al trato de la guerra. La siguiente sala nos muestra que la lucha de los soldados también fue contra la naturaleza. No en vano, posiblemente murieron más por causas de avalanchas, provocadas o naturales, o por las diferentes inclemencias meteorológicas, que directamente por la guerra en sí.

A continuación nos adentraremos en salas dedicadas a mostrar los trajes militares de los contendientes, y por supuesto del armamento utilizado por ambos ejércitos. En una de las salas anexas a esta zona, se encuentra gran cantidad de planos originales y recreaciones. Todos ellos destinados a mostrar los diferentes movimientos que realizaron ambos ejércitos, y que nos ayudarán a entender mejor el proceso del Frente Italiano.

Las últimas salas están dedicadas a las condecoraciones de los soldados y gran cantidad de fotografías y documentos de la época. Para acabar encontraremos una dedicada a las donaciones de objetos personales, por parte de los herederos de los soldados que participaron en las batallas alpinas.

El museo exterior.

Aunque perfectamente explicado en el interior, la zona exterior a la que me refiero, no está bajo la supervisión del Museo. En definitiva esta es una cuestión de seguridad, de la cual este último no se hace responsable.

Dicho lo anterior, comentar que la parte museística exterior consiste en visitar la zona por la que discurrieron los movimientos  de los soldados italianos. Se distribuye en 3 rutas, con diferentes desniveles y dificultades. En todas ellas se encuentran, como ya he referido las instalaciones italianas, desde cuevas, gargantas, estaciones de servicio, puntos de observación o las trincheras. Por último destacar que durante los recorridos se encuentran varias zonas dedicadas al recuerdo de la victimas en forma de monumentos.

Una de las múltiples estancias que jalonan el recorrido.

Para la visita se recomienda el uso de guantes, casco de seguridad, mosquetones, linternas y si es de menester crampones para el hielo. A pesar de lo cual no son excesivamente complicadas ni peligrosas, pero sin olvidar que se trata de Alta Montaña.

La ciudad de hielo.

Como se suele decir, lo prometido es deuda. En este punto del Museo descubriremos el perfecto sistema defensivo del ejército austriaco, todo ello para contrarrestar el menor número de efectivos italianos.

Es necesario comentar que los primeros compases de la contienda favorecieron al ejército italiano. Entre otros motivos por el mayor número de efectivos, pero también por las mayores dificultades, por culpa del terreno que se encontraron los austriacos. No en vano su parte de la montaña era más fría y escarpada y la subida de provisiones, tanto de alimentos, como armamento se hacía mucho más difícil.

La solución la aportó el teniente austriaco Leo Handl, supuso la construcción de una autentica ciudad de hielo en las entrañas del glaciar de la Marmolada. Está conto con hasta 12 kilómetros de túneles que unían dormitorios, cocinas, enfermerías y hasta una capilla. En las cuales el ejército austriaco se instaló en el verano de 1916, para equilibrar la contienda, gracias al poder suministrar por la misma los víveres y municiones al frente sin ser vistos.

Diferentes imágenes de la época.

Desgraciadamente hoy día no es visitable, ya que los pocos restos que han quedado con el retroceso del glaciar no son seguros. Lo que sí es perfectamente visitable es la sección del Museo que relata lo sucedido en la ciudad de hielo, además de mostrar planos, documentos, y fotografías. Por los cuales, en definitiva conocemos hoy día la existencia de esta ciudad de hielo.

Por último destacar la necesidad de acudir al mismo mediante la telecabina de la estación de La Marmolada. Sobre los precios y tarifas depende de la estación y de otros parámetros, por los que os animo a contrarrestar esta información en el siguiente enlace: museomarmoladagrandeguerra

Mas info e imágenes : museomarmoladagrandeguerra  infodolomit