A pesar de todo, Adriano convirtió en Dios a Trajano.

Las extrañas circunstancias de la muerte de Trajano hicieron caer sobre su sucesor Adriano, la terrible sombra de la sospecha. Por si fuera un poco, una parte de los miembros del Senado romano no acabaron de ver con buenos ojos la designación de este como su sucesor. A pesar de que esta fuera ratificada por el mismo Trajano en su lecho de muerte, la proyectada política pacifista de Adriano, no convencía a unos senadores deseosos de continuar, con las conquistas emprendidas por el emperador fallecido. Todo ello llevó a Adriano a emprender una serie de actos para limpiar su nombre, tanto ante el Senado, como ante la memoria de su padre adoptivo, Trajano.

La muerte de los cuatro cónsules.

Pero antes de limpiar su nombre, debía hacer otro tipo de limpieza. Solo habían pasado unas horas de la muerte de Trajano, para que durante una serie de altercados en Selinus, fallecieran Liviano y Fédimo, el jefe pretoriano y el secretario respectivamente del propio Trajano.  Tras dichas muertes se llevó a cabo la reunión entre Adriano y su principal mentor Atiano, en la misma se debieron efectuar una serie de cuentas, por las cuales al nuevo emperador le sobraban cuatro nombres, precisamente los cónsules más fieles a Trajano.

Trajano

Cuarenta días después de estos incidentes Avidio Nigrino, Publilio Celso y Cornelio Palma, es decir tres de estos senadores, se citan en Roma. En la cartera promover la designación de Lusio Quieto como futuro emperador. Pero este encuentro no se hará realidad, ya que los tres encontraron la muerte ese mismo día 20 de septiembre. El primero de ellos, es decir Avidio,  a manos de su hombre más fiel nada más salir de Favencia. El siguiente de la lista fue Celso, mientras tomaba un baño antes de partir hacia la capital, en la Termas de Mercurio de la ciudad de Baiae. Por último Palma, esa misma noche en plena Via Appia apareció con tres flechas clavadas, tras ser abandonado por sus hombres.

La noticia de la muerte de sus tres amigos le llegó a Lusio Quieto mientras se encontraba en el sur de Jerusalén. Hacía poco que había conseguido por fin pacificar Judea,  tras lo cual inicio el camino de vuelta a su hogar en Mauritania. En su mente la necesidad de recuperar fuerzas, y reclutar más hombres para su cometido, que no era otro que enfrentarse a Adriano por el control del Imperio romano, como su buen amigo Trajano había deseado.

Destalle de la columna Trajana con los jinetes de Lusio Quieto.

Aunque los planes del nuevo emperador pasaban por otro sitio, tras acabar con los tres cónsules, le llegó el turno a la pieza más importante del puzle. Adriano envió a su fiel Atiano a apresar a Lusio Quieto, no viajaba solo, con él viajaban 2 legiones enteras. A pesar de lo cual, no debió ser fácil acabar con el pequeño ejército a caballo dirigido por el cónsul norteafricano, los descendientes de los jinetes númidas defendieron a su general hasta el último momento. Pero nada pudieron hacer para impedir la muerte junto a las playas de Judea del favorito de Trajano. Tras dicha muerte, parte de Roma debió dormir aliviada, una guerra civil se acaba de evitar.

La vuelta a Roma de Adriano.

¿Agradecimiento, arrepentimiento, practicidad, o falsedad? No creo que lleguemos nunca a conocer, los verdaderos motivos que llevaron a Adriano, a actuar de la  forma que lo hizo, tanto antes, como después de la muerte de Trajano. La historiografía nos ha presentado a los dos emperadores hispanos de Itálica como dos polos opuestos, el guerrero contra el culto, el valiente contra el cobarde, el ambicioso contra el conformista, y así un amplio etcétera. A buen seguro ni Trajano fue tan inculto, ni Adriano tan pacifista.

Tras la muerte de Lusio Quieto, el “grieguito” como era conocido Adriano por su pasión por la literatura griega, se disponía a preparar su regreso a Roma. Allí debía demostrar todo lo aprendido del profesor de profesores, el celtíbero Quintiliano, que se convirtió en uno de sus instructores tras quedar huérfano a los 10 años, y bajo la custodia de su predecesor Trajano. En definitiva la retórica aprendida de aquel, le iba a ser muy necesaria para lidiar con un Senado en contra, tras la decisión de Adriano de replegar velas en la conquista de Oriente, y la coincidencia de la muerte de cuatro cónsules.

Adriano

Antes de partir de Silicia, ya demostró cómo pensaba ganarse al pueblo de Roma y a sus senadores. Los homenajes a su antecesor ya empezaron en la propia Selinus, el lugar del sur de Anatolia donde había muerto Trajano. Las primeras muestras de lo que pasaría a continuación fueron el levantamiento del Mausoleo de Trajano en Selinus, y el cambio de nombre de la ciudad, la cual desde ese momento pasó a ser conocida como Traianóplis. Tras ello partió hacia Roma.

Por fin llegó el día tan deseado por la ciudad, ya que desde la marcha de Trajano cuatro años antes, ningún emperador había pisado la capital del Imperio. Roma entera salió  a la calle para recibir  a los héroes que habían llevado al Imperio a su máxima extensión. En los diferentes carros que iban llegando venían la representación de las conquistas, incluso el célebre trono de oro del rey Osroes I de Partía. Pero el momento más aplaudido fue la llegada del emperador Adriano, venía en una cuadriga, pero no venía solo, ya que junto a él viajaba una estatua de Trajano. De esta manera toda Roma pudo rendir homenaje al verdadero artífice de que el Imperio llegará hasta el golfo Pérsico.

Trajano elevado a la altura de los Dioses.

El Adriano religioso es uno de los emperadores más interesantes para conocer, ya que entre otras cosas, como buen helénico, no dudaba en preguntar al oráculo. A pesar de que en sus últimos tiempos practicó la  religión mistérica, es decir la que necesita de la experiencia para creer, no dudo en ser uno de mejores emperadores en promover el culto a Roma Eterna. Aunque este pasara por deificar a su predecesor Trajano.

El primer lugar donde Adriano pone a Trajano a la altura de los dioses, es en los relieves de Arco de Benevento, construido durante los últimos tres años de vida del emperador, para conmemorar la construcción  de la Via Trajana. Aunque su terminación se llevó a cabo durante el periodo de Adriano, que mando esculpir en el mismo plano a Júpiter, Juno, Minerva y el propio trajano recibiendo el rayo del Rey de Roma, este hecho deja a las claras la posición a la que Adriano elevó a Trajano.

Detalle del arco de Benevento.

 

El resto lo hizo durante su mandato que acababa de empezar, ya que se dispuso a llevar el culto a Trajano por las diferentes zonas del Imperio romano, a través de la construcción de al menos tres nuevos templos.

Para encontrar el primero de ellos no debían ir muy lejos los romanos. Tras la muerte de Plotina, la viuda de Trajano, en el año 124, Adriano mandó construir el Templo de Trajano y Plotina en Roma. El arquitecto del proyecto no podía ser otro que Apolodoro de Damasco, que además llevó a cabo el proyecto conjuntamente con la reconstrucción del Panteón de Agripa, por cierto a la nada despreciable cifra de 65 años.  Según algunas fuentes fue uno de las más impresionantes de Roma, rodeado de columnas de granito con capiteles de mármol blanco. Desgraciadamente solo se conoce del mismo gracias a la numismática y a una inscripción que se conserva en los museos del vaticano. Los expertos no se ponen de acuerdo en qué lugar se construyó, aunque las últimas hipótesis revelen que se colocó en la misma entrada del Foro de Trajano.

Para encontrar el siguiente de los templos erigidos en nombre de Trajano debemos dirigirnos a la ciudad de Pérgamo. Este templo parece ser que fue comenzado en tiempos del propio Trajano, pero tras su muerte el nuevo emperador mando terminarlo y consagrarlo de nuevo a su padre adoptivo. Dicho templo tenía una superficie de 68×58 metros y estaba rodeado de columnas de estilo corintio, todas ellas de mármol blanco. Debemos recordar que Pérgamo fue una de las ciudades helenísticas más importantes de la península de Anatolia, y por tanto de las preferidas del nuevo emperador. Hoy día se halla en plena reconstrucción, los trabajos están a cargo de arqueólogos alemanes, que tengan cuidado en Turquía, no vaya a seguir el mismo camino que el Altar de Pérgamo.

Templo de Trajano en Pérgamo

Pero el más impresionante de los templos erigidos en nombre de Trajano, fue construido en la ciudad que los había visto nacer a ambos. En efecto, sobre la parte más alta de la ciudad de Itálica, lo cual debió dar una imagen total de acrópolis griega, Adriano mandó a construir un impresionante templo de 107x 80 metros. Es decir para los amigos futboleros, todo un campo entero. El mármol para hacer sus cien columnas era de la isla griega de Eubea. Lamentablemente hoy día no queda nada del mismo, sobre el terreno que ocupó a partir del siglo II, hoy encontramos el cementerio municipal de Santiponce, construido en el siglo XX. Que mejor para hacernos una idea de cómo era que con este video:

Lo dicho, la historia afortunadamente está llena de interrogantes, posiblemente si no fuera así estaría muerta. La relación entre Trajano y Adriano es una de los mejores ejemplos, hoy día una parte de la historiografía se convierte en “trajanista” y la otra parte en “adrianista”. Sea como fuese esta relación, sin duda fueron dos de los más grandes emperadores de Roma, y para más inri nacidos en la Hispania Romana.

Si os a gustado, os invito a leer el siguiente:

El último atardecer del emperador Trajano en Selinus.

Mas info:

Adriano, José María Blazquez, Ed. Ariel 2008

La legión perdida, Santiago Posteguillo, Ed. Planeta, 2017

Imágenes: commons.wikimedia

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