El Crac de los Caballeros, el castillo más admirable y mejor conservado del mundo.

A lo que podemos añadir más inexpugnable, o al menos eso es lo que pensó Thomas Edward Lawrance, el célebre Lawrance de Arabia, un día del verano de 1909, cuando se presentó delante de aquella enorme mole de piedra situada en las montañas del sur de la actual Siria.

Lawrance de Arabia.

Al oficial del ejército británico, T. E. Lawrance nacido en 1888 en condado gales de Caernarvonshire, se le suele asignar una pasión por los castillos desde su niñez. Debido a ello se matriculó en 1907 en el Jesus College de Oxford para estudiar su pasión, la historia. Desde que comenzó segundo curso tuvo claro el camino que debía seguir su carrera, ya que eligió Historia militar y estratégica como proyecto de investigación.

Ese mismo verano de 1908 ya emprendió su labor de recopilar información para su tesis doctoral. Dicha labor consistió en recorrer en bicicleta el centro y sur de Francia, para elaborar un detallado dossier sobre los castillos medievales del país galo. Pero no debió ser suficiente para él, así que el verano siguiente siguiendo los consejos del director del museo Ashmolean de Oxford se dirigió a la costa del actual Líbano, para estudiar los castillos que habían construido en la zona los cruzados cristianos.

Lawrence de Arabia
Lawrence de Arabia

Acompañado de su libreta de apuntes, su pistola y su brújula recorrió los caminos de Oriente Próximo en busca de al menos 35 castillos que aparecieron en su tesis doctoral. Titulada “la influencia de las Cruzadas en la arquitectura militar europea” evidentemente supuso una matrícula de honor para nuestro personaje, además de suponer en la actualidad uno de los documentos más importantes para el conocimiento de los castillos cruzados.

El comienzo de El Crac de los Caballeros.

Como es conocido en el año 1099 los cruzados cristianos toman la ciudad de Jerusalén. Pocos años después en 1110, Tancredo de Hauteville se hace con la fortaleza musulmana denominada el Castillo de los Kurdos, que se encontraba en plena fase de construcción desde que el emir de Alepo la mandó levantar en el año 1031.

Pero tendrán que llegar los caballeros de la Orden Hospitalaria en 1142 tras la cesión del Conde Raimundo II de Trípoli, para que entre ese año y 1170 se acabe convirtiendo en el majestuoso Castillo del Crac de los Caballeros, que más de ocho siglos después encuentre el aventurero, arqueólogo y militar británico T. E. Lawrance.

Una historia de asedios, con trampa final.

Hasta una docena de asedios tuvo que resistir la fortaleza cristiana ante los repetidos intentos musulmanes de recuperar la plaza, los más célebres vinieron del gran Saladino. El primero tuvo lugar en 1180 y el segundo de ellos tras la gran victoria musulmana en la Batalla de Hattin (1187), un año después el asedio continuaba sin éxito, a lo sumo con la muerte del maestre de la Orden del Hospital.

Tuvo que pasar cerca de un siglo para que los musulmanes se instalasen en el Crac de los Caballeros. Concretamente el 3 de marzo de 1271 el sultán de Egipto Baybars, decide buscar un toque de prestigio ante sus rivales musulmanes, para ello era necesario conquistar el inexpugnable castillo cristiano. El asedio duro más de un mes y resultado a pesar de haber reunido el mayor ejército musulmán hasta la fecha, fue infructuoso como los anteriores. Solo habían conseguido romper la primera línea defensiva, pero el interior del castillo seguía imperturbable, ocupado por unos cuantos caballeros con la ayuda de los valientes campesinos.

Pero algo cambio esta vez, a principios del mes de abril una paloma mensajera se posó en el interior del recinto principal. El mensaje era claro, los caballeros hospitalarios debían abandonar la fortaleza, y pactar con el enemigo la entrega, a cambio de su propia protección hasta la zona cristiana en los alrededores de Acre. Dicho y hecho, el día siguiente los caballeros hospitalarios junto al resto de habitantes de la fortaleza abandonaban el Crac de los Caballeros, ante la atenta mirada de los impasibles mamelucos del sultán Baibars.

El sultán Mameluco Baibars
El sultán Mameluco Baibars

La célebre nota iba firmada por el propio Gran Maestre de la Orden Hospitalaria de Trípoli. Es evidente que todas las miradas apuntan a un engaño por parte de los consejeros del sultán egipcio, pero es un aspecto que no ha podido ser demostrado. Aunque nadie deba descartar una salida por la puerta de delante, de unos caballeros cristianos abandonados a su suerte, ante la presión ejercida por los musulmanes en los escasos territorios que los primeros conservaban todavía en los alrededores de Tierra Santa. Sea como fuese, lo claro e incontestable es que la fortaleza del Crac de los Caballeros se mostró como la más inexpugnable de todas las que fueron construidas en el periodo de las cruzadas cristianas, ya que es evidente que nadie consiguió conquistarla por la fuerza.

Las murallas defensivas de El Crac de los Caballeros.

Como bien nos describió Lawrance de Arabia fueron varios los puntos que hicieron del Crac un recinto impenetrable para los enemigos. Además podemos añadir que su enorme extensión de 2,5 hectáreas, hacen de este hecho un valor añadido. La fortificación es considerada de anillos concéntricos, en primer lugar se construyó el castillo interior todo rodeado de una gran muralla defendida por torres circulares y un gran baluarte en el sur, el lugar más vulnerable de la instalación.

Posteriormente se añadió la muralla exterior, prácticamente el doble de alta que la primera y toda ella defendida por diferentes torreones, unos circulares y otros cuadrados  para adaptarlos a una mejor defensa. Llama la atención especialmente las ridículas dimensiones de la puerta de entrada, no mayor que la de cualquier estancia interior. Entre ambas murallas un espacio vacío donde se desarrollaba la vida cotidiana del castillo en tiempos de calma, pero que luego se convertía en una ratonera para los invasores de la fortaleza. A este aspecto se sumaba la puerta de acceso entre el exterior de la fortaleza y el interior del recinto principal. Dicha entrada se efectuaba a través de unos pasillos en forma de zig-zag y con la particularidad de que se encontraban techados y con diferentes agujeros, por los que los defensores del castillo arrojaban desde flechas hasta aceite hirviendo.

Un castillo preparado para largos asedios.

Según Lawrance de Arabia la fortaleza hospitalaria estaba preparada para resistir cinco años, con 2000 hombres, y 1000 caballos de guerra en su interior. Como ha quedado dicho, el Crac de los Caballeros resistió al menos 12 asedios, para que esta empresa tuviera éxito el castillo contaba con las estructuras necesarias para que los caballeros no desvanecieran en la protección de mismo.

El célebre Salón Gótico
El célebre Salón Gótico

Uno de los primeros elementos que llaman la atención en un acueducto que llega al castillo por el lado sur del mismo, su función abastecer nueve cisternas distribuidas por todo el perímetro del castillo. Sus enormes almacenes, de hasta 120 m,  podían contener grano y animales para el sustento alimenticio de los caballeros hospitalarios.

Una vez resulto dicho sustento, los caballeros hospitalarios contaban con una serie de estancias destinadas a favorecer su forma de vida en el interior de la fortaleza.  Sus aposentos se hallaban en el interior de la muralla perimetral exterior, distribuidas en diferentes salas con algunas de ellas de más de 100 m de largo. En dicha muralla también se encontraban las caballerizas y evidentemente los puestos de vigilancia. Su vida a buen seguro transcurría entre dicha muralla exterior y el espacio que se abría entre las dos murallas, allí se instalarían los talleres, las tiendas, o los lugares de entrenamiento.

En el castillo principal, o central, se hallaban los edificios comunes más significativos, con la excepción de una austera habitación que se encontraba en una de las torres del sur, su inquilino el Gran Maestre de la Orden. Del resto de edificaciones destaca la capilla, que curiosamente tiene dos puertas de entradas una hecha por los cristianos, y la otra tras la toma por los musulmanes, que además la utilizarían como mezquita tras construir en ella un minbar. La otra significativa estancia era el lugar de reuniones de los dirigentes hospitalarios. Se trataba de su gran sala gótica de 27 metros y cubierta con bóvedas de crucería. Fue una de las últimas construcciones cristianas en llevarse a cabo, a mediados del siglo XIII. Además de una de las más seguras al hallase en el centro del castillo de El Crac de los Caballeros.

La capilla cristiana con el Minbar
La capilla cristiana con el Minbar

Patrimonio de la Humanidad.

Esta impresionante fortaleza fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2006, los motivos ser uno de los mejores ejemplos, sino el mejor, de las construcciones cruzadas en Oriente Próximo. Un verdadero símbolo de la necesidad de favorecer un progreso técnico en la arquitectura militar, así como de la necesidad de adaptación de las construcciones a las dos culturas que pasaron por la zona, cristianos y musulmanes.

Sin olvidar que a principios del siglo XXI era una de las mejores conservadas, esperemos que tras bombardeos de 2012-2013, podamos seguir pensando lo mismo y que los daños de la guerra en Siria sean los mínimos.

El castillo de Miravet, un refugio Templario a orillas del río Ebro.

En la margen derecha del río Ebro y a escasos kilómetros antes de que entregue sus caudalosas aguas al mar Mediterráneo, surge la figura imponente del Castillo Templario de Miravet. Su apelativo de Templario tiene su razón de ser, ya que a pesar de su origen islámico, y de mantenerse activo gran parte de la historia, sus enormes muros fueron construidos por los Templarios para poder ocultar sus grandes secretos.

La corona de Aragón y los Templarios.

La historia del Reino, posteriormente Corona de Aragón, con los caballeros de la Orden del Temple van inexorablemente unida. En especial desde la muerte de Alfonso I el Batallador (1134), que tras morir  convierte, entre otros, a los templarios en sucesores de los territorios aragoneses. A pesar de que no acabarán por heredarlos, por injerencias de la más alta nobleza, les reportó una posibilidad única de intervenir en la política aragonesa. Desde ese momento serán imprescindibles en la tarea de conquistar y administrar los territorios musulmanes con los que fue agrandado el Reino de Aragón.

Los templarios y Ramón Berenguer IV.

El elegido para sustituir a Alfonso I fue su hermano Ramiro II, este último impuesto por la alta nobleza, estaba más decidido a dedicarse a la vida monástica que ha reinar el joven reino. Por lo que tras casar a su hija de un año de edad, con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, decide dejar la corona en manos de su nuevo yerno.

La primera decisión del nuevo príncipe fue pactar con las órdenes militares religiosas, entre ellos la Orden del Temple, la polémica herencia de Alfonso I. Los territorios del Reino de Aragón serían hereditarios para la monarquía aragonesa, a cambio los templarios recibirían privilegios y grandes dominios de las nuevas tierras conquistadas. Tras el pacto todo estaba listo para la colaboración entre la monarquía, la alta nobleza y los templarios, para conquistar los territorios musulmanes del este de la Península Ibérica.

Conquista o reconquista, según se mire. Exactamente, no vamos en entrar en discusiones, para unos, en este caso los cristianos reconquista, para los musulmanes de enfrente, conquista.  Lo cierto que en pocos años el reino cristiano reconquistó todos los territorios al norte del rio Ebro, como por ejemplo Tortosa en el año 1148 o Fraga y Lérida de 1149.

Los dos últimos reductos musulmanes que quedaron fueron Siurana, un pequeño enclave situado sobre un peñón a más de 700 metros por encima del nivel de mar, y nuestro protagonista de hoy Miravet. Ambos resistieron hasta 1153 el asedio de las tropas cristianas.

La importancia del Castillo de Miravet.

 Tras la conquista, Ramón Berenguer IV concede el territorio a  los templarios, que rápidamente inician la construcción sobre la fortaleza musulmana, de uno de los mejores ejemplos de castillo monasterio románico cisterciense, de la Península Ibérica. Su cometido reforzar las líneas defensivas que los ríos ejercían de forma natural en el Reino de Aragón. Por dicho motivo los reyes cristianos concedieron los templarios, aparte de Miravet, Tortosa también en el río Ebro, Monzón en el río Cinca y Gardeny en el río Segre, estos dos últimos con anterioridad a nuestro protagonista. Tras lo cual, los cuatro formaron una línea defensiva, que además sirvió como punta de lanza para la conquista de los territorios valencianos.

Ramón Bereguer IV junto a sus esposa Petronila
Ramón Bereguer IV junto a sus esposa Petronila

La época de mayor esplendor de Miravet llegará con el rey criado como templario en el castillo de Monzón, Jaime I de Aragón (1213-1276). Durante este periodo, cuando se produjeron las grandes conquistas al sur del río Ebro y en el Mediterráneo, la sede provincial del archivo y el tesoro de la corona de Aragón tuvieron su sede en el Castillo Templario de Miravet.

El trágico asedio del Castillo de Miravet.

Como es conocido Jaques de Moley, el último Gran Maestre de la Orden del Temple, es apresado en París en el año 1307. Mientras el Reino de Aragón bajo las órdenes de Jaime II, si primeramente duda de las terribles acusaciones a las que son sometidos los templarios, posteriormente decide pasar a la acción.

A partir de finales de ese año 1307 comienza la persecución de la Orden, que se hace fuerte en algunas plazas como la de nuestra historia de hoy, donde el asedio duró prácticamente un año, hasta que el 6 de diciembre de 1308 los templarios de Miravet capitulan ante el rey de Aragón, Jaime II. Aunque no todos, ya que seis de ellos entre los cuales se hallaba su comendador Berenguer de Sant Just, deciden proteger en la torre principal del castillo el archivo y el tesoro de la orden, hasta el punto de encontrar allí mismo la muerte el día siguiente.

El castillo de Miravet hoy día.

Nada más llegar al aparcamiento que acoge a los visitantes, te das cuenta de que el Castillo de Miravet es un lugar preparado para resistir largos asedios y batallas. Parapetados tras un enorme muro de piedra de más de 25 metros de altura, que parece surgir de la misma roca de la montaña donde se sitúa, encontramos una serie de elementos construidos por los templarios, para convertir Miravet en su refugio particular.

La visita se puede dividir en dos partes principales:

Plantas inferiores.

El acceso principal al castillo se efectúa por la barbacana, es decir una rampa de acceso fuertemente protegida y construida en ángulo para evitar los ataques directos contra la entrada del castillo. Nada más entrar encontramos una gran terraza distribuida en tres niveles para compensar los desniveles de la montaña, dicha terraza se encuentra totalmente amurallada. En la misma encontramos los restos de varios edificios templarios, como almacenes, corrales, e incluso una caballeriza, posiblemente usada por los templarios como almacén de grano. Este último junto a un huerto y un olivar permitieron el autoabastecimiento del castillo.

Rampa de acceso al castillo
Rampa de acceso al castillo

Otra pequeña puerta construida posteriormente nos  da acceso hoy día al interior del castillo. Lo primero que encontraremos será el patio de armas, que a parte de su clásica función como punto de reunión de las tropas, servía como punto de unión de las diversas estancias del castillo.

 Las primeras dependencias que encontraremos alrededor del patio de armas fueron destinadas a la manutención de los habitantes de Miravet, estas fueron una cisterna excavada directamente sobre la roca y justo enfrente de la cocina principal. Esta última de gran importancia en la orden de los templarios, que a diferencia de otras órdenes, cuidaba muy bien la alimentación de sus caballeros de armas. La estancia anexa a estas es un gran comedor con una bóveda de cañón apuntada. No podía faltar un granero, una bodega y un almacén para recibir los pagos mediante especies de los ganaderos, agricultores e incluso pescadores de la zona.

Cocina del castillo de Miravet
Cocina del castillo de Miravet
Comedor del castillo de Miravet
Comedor del castillo de Miravet

Planta superior.

En ella, a parte de las dependencias de los habitantes más ilustres del castillo de Miravet, como por ejemplo el comendador, encontramos la iglesia del recinto. Los templarios debían cumplir con los diferentes rezos diarios, en un espacio decorado muy austeramente. Dicha iglesia era de planta basilical cubierta de bóveda de cañón, desde el ábside donde se encontraba una pequeña sacristía surgía un estrecho pasadizo que comunicaba la iglesia con la torre del tesoro, donde con toda probabilidad fueron derrotados los últimos templarios de Miravet.

Iglesia de la planta superior.
Iglesia de la planta superior.

Aunque todavía quedaba una planta por encima, pero era simplemente una gran terraza de observación, se accedía y se accede por una estrecha escalera de caracol, y sus vistas son realmente impresionantes.

Os dejo la web del castillo donde podéis encontrar información sobre precios y horarios:

Miravet tras los templarios.

Tras la desaparición de la Orden del Temple, los hospitalarios se harán con el castillo de Miravet hasta la llegada de las liberaciones y desamortizaciones del siglo XIX. Desde ese momento comenzará un peregrinaje por las manos diferentes particulares, y no será hasta el año 1990 que recaía su titularidad en la Generalitat de Catalunya, hoy día propietaria del castillo.

Durante este periodo será testigo de escasas renovaciones destinadas a las nuevas guerras con artillería. En efecto será testigo de varias guerras, como la de los Segadores en el siglo XVII, la Sucesión en el siglo XVIII,  las guerras carlistas en el XIX y finalmente la guerra civil española del siglo XX.

Os invito a conocer otros castillos templarios:

El castillo de Peñiscola, el retiro de los viejos Templarios.

El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.

 

 

Cómo entrar en la historia en 15 días, Palacio de Cecilienhof.


 

El protagonista de nuestra historia es el Palacio de Cecilienhof. Un lugar destinado a principios del siglo XX a ser la morada del rey del Imperio Alemán, pero que pasará la mayor parte de su existencia en el ostracismo, del cual solo salió en aquellos  fatídicos quince días del verano de 1945, en los que entrará en la historia por la puerta de atrás.

Su historia comienza en el inverno de 1914, el entonces emperador del II Reich Alemán, Guillermo II, decide la construcción de un palacio destinado a su hijo y heredero Guillermo, el mayor de siete hermanos. El lugar elegido estaba recientemente remodelado, y era conocido como el Jardín Nuevo. Se trataba de un espectacular parque de estilo inglés que se encontraba en las afueras de Potsdam.

Aunque pronto comenzarán los inconvenientes, el 28 de junio de 1914 moría asesinado un gran amigo de Guillermo II, el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo.  La respuesta de Alemania no  se hizo esperar, pese a las primeras reticencias del propio Guillermo, los decididos militares alemanes y su perfecto plan Schlieffen enviaron a Alemania, y posteriormente al mundo a su Primera Guerra Mundial.

Pese a todo en plena guerra mundial el palacio se siguió construyendo, hasta tenerlo terminado en 1917. El día de su inauguración en agosto de ese año, el espectacular palacio de estilo inglés Tudor, contaba con 6 patios, 55 chimeneas y 176 habitaciones. En el mismo se alojó el futuro rey con su esposa Cecilia de Mecklemburgo-Schwerin, de la cual adoptó el nombre, y sus 5 hijos, ya que la última nació días después en dicho palacio. Poco le duraría la alegría al príncipe Guillermo, el año siguiente tras perder la guerra Alemania, se ve obligado a exiliarse a Holanda junto a su padre,  en el Palacio se quedará su esposa hasta 1945.

La monarquía fue abolida al terminar la guerra, pese a lo cual el príncipe impulsado por su padre, y último emperador alemán  Guillermo II, volvió varias veces durante los primeros años de mandato de Hitler. En definitiva, la Casa de Hohenzollern siempre creyó en la posibilidad que el dictador les retornaría la Corona. Evidentemente estaban equivocados, los planes de Hitler pasaban por otro sitio. Dichos planes estallaron en septiembre de 1939, enviando esta vez a Alemania y otra vez al mundo a la más devastadora guerra de la historia. La princesa Cecilia permaneció en el Palacio hasta el final de la guerra, solo unos días antes de la llegada del ejército rojo a Potsdam, momento en que se vio obligada a abandonarlo. Solo unos pocos meses después este magnífico Palacio se disponía a entrar en la historia mundial, durante sus quince días de gloria.

Sorpresa de Stalin.

El 26 de Julio de 1945, Josif Stalin,  secretario general del Partido Comunista de la URSS, (que por cierto se adelantó a sus compañeros, adornado el patio con una estrella roja), Winston Churchil relevado por Clement Attlee como Primer Ministro del Reino Unido ese mismo día, y Harry S. Truman presidente de los EE.UU,  se reunían en el Palacio de Cecilienhof, para cambiar el mundo.

El primer acuerdo que tomaron ese mismo día, fue realizar la llamada Declaración de Potsdam, Truman, Churchil y el Presidente de la República China Chiang Kai-Shek realizaron un ultimátum  a Japón, o se rendían o caería sobre el país toda la fuerza aliada. El resultado el conocido; el 6 de agosto caía la primera bomba atómica sobre Hiroshima, el 9 de agosto la siguiente sobre Nagasaki.

Reuniones en Cecilienhof

El resto de lo sucedido en el Palacio de Cecilienhof, fue de la denominada Conferencia de Potsdam, es decir poner la  firma a los numerosos acuerdos a los que fueron llegando los aliados durante la guerra. Dicho de otra forma,  el punto y final a la terrible 2ª Guerra Mundial, el reparto de Alemania entre Rusia, EE.UU, Reino Unido y Francia.

Churchill, Truman y Stalin, los tres vencedores de la 2GM

En definitiva estos dos hechos; (la bomba atómica y el reparto de Alemania, pondrán las bases de la Guerra Fría). Al día siguiente Stalin se unió a  la carrera atómica que habían comenzado los EE.UU previamente, hecho que mantendrá en vilo al mundo hasta la caída del régimen soviético en 1989.

Mientras, el protagonista de esta historia pasará al olvido, y al más completo abandono. Un hecho que nos puede llevar a entender su ostracismo durante la Guerra Fría, es los escasos metros que separan el Palacio de Cecilienhof del Puente Glienicke, el cual pasará a la historia como punto ideal, por su discreción, de intercambios de espías entre las dos potencias, EE.UU y la URSS. Por último es importante destacar que durante esos años, Potsdam perteneció a la República Democrática Alemana, uno de los países más afines a la potencia comunista.

Tras la caída de Telón de Acero y del Muro de Berlín en 1989, el Palacio se recuperará para ser uno de los muchos monumentos que hacen de Potsdam una de las ciudades más bonitas de Alemania. Hoy en día se puede disfrutar en él de un museo y un fantástico Hotel, en el entorno magnífico del jardín Nuevo.

Articulo publicado previamente en Queaprendemoshoy.com el 16 de febrero de 2017

Imágenes: commons.wikimedia

Los almohades y el Alcázar de Jerez de la frontera.

A mediados del siglo XII, el imperio almorávide que controla al-Ándalus se encuentra prácticamente desmembrado. El emir Alí ibn Yusuf ante el empuje de los reyes cristianos de Aragón, de Castilla, y apoyados por los cruzados del Papa Inocencio II, decide centrar sus esfuerzos en el norte de África. En definitiva era allí donde este tenía su peor enemigo, los almohades. Estos últimos, dispuestos a recuperar el territorio perdido por el islam en la Península Ibérica, cruzan el estrecho en el año 1146. Uno de sus primeros lugares en conquistar Sherish, como llamaban los musulmanes a la ciudad que hoy conocemos como Jerez de la Frontera.

Los almohades.

En el año 1106 a la edad de 26 años, Ibn Tumart, inicia un recorrido por el mundo islámico. El primer lugar que recaló fue Córdoba, sin duda uno de los centros del saber más importantes de la época, tras instruirse en la doctrina de Ibn Hanz se dirigió, como buen musulmán, a La Meca, y finalmente a Bagdad. Doce años después estaba preparado para volver, en su zurrón una nueva teoría para el islam. Nada más volver empezó a predicar sobre la vuelta al islam más puro, acusó a los almorávides de politeístas y ateos, haciendo un llamamiento a los fieles para oponerse a ellos.

Para ocultarse de los almorávides fundó un ribat en las montañas del Atlas, desde allí organizó esta nueva comunidad, mitad religiosa, mitad militar. Varias tribus de las montañas se unirán al nuevo líder del Islam en el Magreb, según el mismo, descendiente del propio Mahoma. Pronto sus seguidores comenzarán a llegar a las ciudades, su misión difundir las nuevas doctrinas de Ibn Tumart y de paso contralar el cumplimento de las doctrinas del Corán.

Abd al-Mumin era el líder militar necesario que necesitaba la causa. Esta no era otra que lanzar la Yihad contra el infiel en este caso el Imperio Almorávide. A pesar de la muerte del líder religioso, unida al primer fracaso de no poder conquistar la capital almorávide en 1130, el proceso era irreversible. Como ha quedado dicho en 1146 llegan a la Península, una de las primeras plazas en entregarse fue Jerez de la Frontera. Finalmente un año después, la capital Marrakesh, cae bajo el dominio almohade, de esta manera Abd al-Mumin se convierte en el primer califa almohade de al-Ándalus.

Los almohades en Jerez.

Aunque esta época se considera bastante oscura en cuantos a fuentes, lo evidente es la fuerte islamización de la ciudad de Jerez. Al menos 18 mezquitas existían en la ciudad un siglo después cuando llegaron los cristianos. Por cierto de todas solo se ha mantenido la del Alcázar de Jerez, el hecho se lo tenemos que agradecer a Alfonso X el Sabio, que la convirtió al culto cristiano.

A pesar de que la capitalidad de al-Ándalus recaerá en Sevilla, Jerez de la Frontera fue la capital de la Cora de Sidonia y una de las ciudades más importantes del sur peninsular. Destacar que se convirtió en uno de los centros de enseñanza de muladíes, gracias a la construcción de varias escuelas coránicas. Parece ser que el propio califa se dirigía a Sherish, con el sobrenombre de “los primeros creyentes”, no en vano como hemos dicho fue uno de los primeros lugares en la península en acatar la imposición del nuevo Califato Almohade.

Su posición a mitad de camino entre el estrecho de Gibraltar y la capital Sevilla, parece ser la razón para convertirse en uno de los puestos militares con los que contaron los califas almohades. La ciudad de Jerez, que quedó completamente amurallada, fue uno de los centros de reclutamiento principales para relanzar la Yihad en el al-Ándalus.  Aunque será en el mandato de Yúsuf I, el Califa culto, amigo de Averrores, que vivió en Sevilla y proyecto la construcción de la Giralda. Ha quedado constancia también de su paso por el Alcázar de Jerez de la Frontera, lugar habitual de alguna de sus reuniones.

Detalle del ventanal de la Real colegiata de Roncesvalles, donde se observa la Batalla de Navas de Tolosa

La historia de los almohades en al-Ándalus es una historia de victorias como la de la Batalla de Alarcos, donde el Califa Al-mansur derrotó al rey de Castilla Alfonso VIII para frenar la reconquista, “la conquista para otros”. Pero también de derrotas como la de la Batalla de Navas de Tolosa en el año 1212, donde el sucesor de aquel, el Califa  Muhámmad an-Násir cayó derrotado ante la coalición formada por los cuatro reinos cristianos de la Península Ibérica, véase Castilla, Aragón, Navarra y Portugal. Esta última fue el inicio de la inexorable caída del Imperio Almohade en Al-andalus.

Pese a la caída de Córdoba en 1236 y la de la capital Sevilla en 1248, Jerez de la Frontera continuó bajo el dominio árabe hasta aquel día del 9 de octubre de 1264.  Ese día tras cinco meses de asedio por parte de las tropas castellanas, Alfonso X el Sabio entró en el Alcázar de Jerez de la Frontera para convertirla desde ese momento en cristiana. Parece ser que mientras Alfonso X entraba por la puerta de Rota a la ciudad, por la del otro costado, la Puerta Real, salían todos y cada uno de los habitantes de la misma, algunos, camino de Granada, y los otros al Norte de África. Tras lo cual el rey castellano mandó repoblar Jerez de la Frontera.

Alfonso X en el Alcázar de Jerez de la Frontera

Afortunadamente para nosotros, antes de ser expulsados de la Península, los almohades dejaron su impronta en el arte, ya que gracias e ellos podemos disfrutar de una Giralda, y de una Torre del Oro en Sevilla, y de nuestro protagonista de hoy el Alcázar de Jerez de la Frontera.

El Alcázar de Jerez de la Frontera.

Cuatro siglos después de la llegada de Alfonso X, la familia Villavicencio se hace con la titularidad del antiguo Alcázar árabe. A partir del siglo XVIII se inicia la construcción de algunos de los edificios que hoy día se pueden visitar. De esta época es muy recomendable el Palacio de Villavicencio, donde se encuentran algunos espacios museizados, como una farmacia del siglo XIX, y una Cámara Oscura desde donde se contempla toda la ciudad.

Pero si lo que nos interesa es el periodo almohade, el edificio no nos defraudará. Uno de los primeros lugares que podemos visitar es la puerta original del Alcázar durante los comentado siglo XII-XIII, veremos la típica entrada en recodo por motivos defensivos y a además rematada con un arco de herradura.

Justo al lado encontraremos, perfectamente restaurada la Mezquita antes referida. Además con todos sus elementos, desde un pequeño minarete desde donde se llamaba  a la oración, a una antesala o patio previo, donde a través de una fuente se procedía  a la purificación antes de entrar, también denominada Ablución. Tras lo cual se pasaba a la sala de las oraciones, con la quibla y el mihrab que señala la dirección de la Meca. Por sus reducidas dimensiones debía ser un espacio privativo del wadi de Sherish.

Después de traspasar el Patio de Armas medieval, y los jardines, que a pesar de mantener la estructura original almohade han sido restaurados, llegaremos a una zona donde se efectúan todavía actuaciones arqueológicas. En la misma se han encontrados los restos más antiguos del Alcázar, datados en el siglo X, es decir en la primera época Califal. Junto a los mismos existen algunos de la época almohade en cuestión, como unos aljibes y norias para la extracción de agua, y un horno de pan.

Puerta de entrada desde la Medina
Mezquita
Recreación de las norias de extracción de agua

El siguiente destino de la visita es sin lugar a dudas el más bonito de la misma. Los baños árabes, también de uso privativo del Alcázar, que además de las tres zonas habituales de agua fría, templada y caliente, tenían un techo con huecos en forma de estrella, sin duda ofrecerían un espacio singular. En el mundo árabe los baños constituían un lugar especial, a buen seguro este techo con estrellas les recordaba las noches del desierto. En este punto aplaudir a los restauradores del Alcázar, ya que tuvieron a bien, poner en valor el hallazgo de unos restos del techo original, para mostrárnoslo de esta forma tan especial.

Baños Árabes
Hornos para el calentamiento del agua de los Baños Árabes

No muy lejos de estos baños, encontraremos el único lugar de todo el conjunto que sirvió de residencia. Se trata de una sala cuadrangular que debió servir como lugar de reunión o protocolo, en cada uno de los costados una puerta que daba a unas pequeñas habitaciones privativas. Aunque hoy día se la denomina Pabellón Real, no existen muchas posibilidades de que esa hubiera sido su función, al menos en el mundo almohade.

Por último visitaremos las dos torres que se mantienen de la época almohade. La primera de planta cuadrada, denominada Torre de la Puerta del Campo, que era precisamente su función, ya que servía para proteger una de las entradas al Alcázar. Y por otro lado, la torre planta ortogonal, con sus 21 metros de altura servía para el control del territorio, sus vistas son las mejores de todo el complejo.

Paso de Ronda y al fondo la Torre Octogonal

Si os ha gustado esta historia, podéis echar una vistazo a esta otra:

Gormaz, la fortaleza califal más grande de Europa, obra de Al-Hakim II

Más info:

Historia de la España Islámica, W. Montgomery Watt, 1965

Historia de Jerez de la Frontera, José Luis Repetto Betes, 1987

El castillo de Peñiscola, el retiro de los viejos Templarios.

Cuando a finales de mayo de 1291, los mamelucos musulmanes toman la fortaleza de Acre, no solo fue el final de la presencia cristiana en las cercanías de Jerusalén. Sino que para los caballeros templarios, aquellos que tenían por principal misión la protección de los peregrinos que acudían a la ciudad santa, fue el principio del final de una época. Pese a lo cual en la otra orilla del mediterráneo, extrañamente tres años después se inicia la construcción del que debía ser el último refugio de los caballeros templarios.

Los caballeros del Temple y la corona de Aragón.

Indiscutiblemente la elección, por parte de los templarios de aquel saliente rocoso en el Mediterráneo para la construcción de su fortaleza, no solo fue por las excelentes condiciones de protección  que este ofrecía. Sino que venía de una larga y fructífera relación entre las autoridades del temple y la Corona de Aragón.

Para acercarnos un poco a dicha relación nos debemos trasladar a dos siglos antes. En tiempos de la 1ª cruzada, Alfonso I el Batallador ya contó con la amistad de muchos de los caballeros que acudieron a la misma.  Por dicho motivo el joven Reino de Aragón se nutrió de ellos para su cometido principal, la reconquista iniciada de los territorios hispanos ocupados, por el mismo infiel que ocupaba Jerusalén, el islam. Aunque también es menester nombrar al obispo de Huesca y Jaca, Esteban, que tras su paso en 1105 por las tierras recién conquistadas en oriente, fue el impulsor de la llegada de caballeros cruzados para la conquista de la ciudad de Zaragoza.

Armas templarias del Museo del Castillo de Peñiscola

La relación fue tal, que tras la muerte de Alfonso I el Batallador, los Caballeros Templarios del Reino de Aragón, que surgieron en el término de Monreal,  se hicieron merecedores de la herencia de los territorios reales. Hecho por cierto que no se llevará a efecto por la negativa de los señores feudales y el hermano de Alfonso,  Ramiro II, aunque ello no fuera óbice para continuar con la relación. En definitiva tenían un propósito en común muy importante, la comentada reconquista.

Deberán pasar unos decenios para encontrar la época de mayor esplendor de la Orden del Temple en Aragón. A principios del siglo XIII un niño de 6 años llega al castillo templario de Monzón para recibir la protección y formación durante tres años, tras lo cual se convertirá en Jaime I de Aragón, el rey templario por excelencia. Durante su reinado y con la ayuda templaría la Corona de Aragón se lanzará a la conquista del Mediterráneo, sucesivamente incorporó, Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera que se convertirán los próximos años en la punta de lanza del control marítimo, que la corona aragonesa efectuó en el mediterráneo occidental. Todo ello sin olvidar el principal propósito de la reconquista de la península, en este contexto llegará la conquista de la ciudad de Peñiscola en el año 1243.

La llegada de los templarios a Peñiscola.

La historia de los templarios en Peñiscola sigue estando impregnada de ciertos interrogantes, que nos pueden hacer más curiosa si cabe, la visita actual al mismo. En el año 1294, como ya hemos dicho tras la pérdida de los últimos territorios cristianos en Oriente Próximo, un nieto del mayor rey templario, en este caso Jaime II, decide intercambiar con los templarios los terrenos de Peñiscola por los de la ciudad de Tortosa. Tras lo cual, unos años después estos últimos comparan por una gran suma de dinero el señorío de Culla, lo curioso del tema reside en la poca valía de dichos territorios, pero parece ser que su propósito era rodearse de un cinturón de seguridad.

Dos son los personajes claves que aparecen en este contexto de intercambios entre el rey de Aragón y los Templarios. Por un lado el joven Arnau de Banyuls que se convertirá en el encomendador de Peñiscola, junto a él el penúltimo Maestre Templario de la Orden de Aragón, Berenguer de Cardona. Ambos acometerán la labor de levantar sobre los restos de una antigua alcazaba musulmana el Castillo de Peñiscola.

Escudos de armas, entre ellos los de Berenguer de Cardona y Arnau de Banyuls

De esta manera ese mismo año 1294 se inicia la construcción del que debía ser el punto de partida de los caballeros del Temple, para volver a recobrar su posición al frente de la lucha contra el infiel. La construcción siguiendo los cánones de las antiguas construcciones templarías así lo atestiguan. En definitiva este aspecto es motivo de grandes interrogantes, ¿por qué los constructores de Peñiscola usan las mismas técnicas que en el castillo de Miravet, un siglo y medio antes? Si no es para volver a reverdecer antiguos laureles.

El final de los templarios de Peñiscola.

Aunque todo se truncará aquel fatídico año de 1307, con un Castillo de Peñiscola inconcluso, los caballeros templarios se enfrentan a su final definitivo. No sin antes conocer la muerte del Maestre Berenguer de Cardona, acontecida en uno de sus viajes a la isla de Chipre, allí donde un año antes se había reunido con Jacques de Molay para intentar relanzar la Orden Templaria.

Parece ser que fue tarde, en octubre de 1307, Jacques de Molay junto a sus compañeros es apresado por el rey de Francia Felipe IV, acusándolo de horrendos crímenes. Tras la confesión bajo tortura del último Maestre del Temple, el rey francés envía una misiva a su primo el rey de Aragón Jaime II. En la misma y tras relatar la confesión de Jacques de Molay, le pide que haga lo mismo con los templarios de Aragón. En primera instancia el rey aragonés no parece creer lo que está leyendo. Sus más fieles servidores y protectores del cristianismo frente al islam no podían haber cometido aquellos crímenes.

A los pocos días Jaime II le devuelve la carta a Felipe IV, en ella ya parece expresar sus dudas, ¿por qué de la construcción de nuevas fortalezas, si no tenían que temer a los reyes cristianos? Además le asegura que si se prueba que los delitos de  los que eran acusados, que iban desde la corrupción, a la sodomía y pasando por la negación de Cristo, o bien lo exigía el Papa, los detendría de inmediato. Aunque esta última no hizo falta, tras la acusación de la inquisición que ya ejercía en el Reino de Aragón, Jaime II se puso manos a  la obra.

Entrada al Castillo Templario de Peñiscola

En este punto vuelven aparecer los interrogantes sobre la historia del Castillo de Peñiscola, el cual fue entregado sin poner prácticamente oposición, incluso se dice que el comendador fue visto en barca camino del exilio. Mientras sus vecinos de Miravet y especialmente los templarios de Monzón lucharon dos largos años para mantener sus posiciones. Sea como fuese el final de los caballeros Templarios del Reino de Aragón se produjo en el año 1309 con la caída del nombrado Castillo de Monzón. Ocho años después en 1317, la nueva Orden de Santa María de la Montesa, fundada por el propio Jaime II se hará con las riendas del Castillo de Peñiscola y de todos los bienes templarios del reino de Valencia.

El Castillo de Peñiscola en la actualidad.

Tras ser declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931, y con las diversas actuaciones de mejora acometidas en el mismo, especialmente las que finalizaron en 2014. El Castillo de Peñiscola además de ser uno de los mejores conservados, nos muestra uno de los mejores espacios museizados para acercarnos al pasado de la Orden del Temple. Y por lo tanto para conocer un poco mejor lo aquí explicado.

Caballerizas convertidas en Museo

La entrada al castillo se realiza por el antiguo zaguán, desde ese mismo momento nos adentraremos en el mundo templario, ya que las estancias colindantes, ocupadas por las antiguas caballerizas y cuerpos de guardia son hoy día parte del museo comentado.

Para comenzar una de las salas nos expone claramente el proceso constructivo del castillo, nos será muy fácil comprender lo inacabado del mismo. Justo al lado la estancia que hará la delicia de los más pequeños y de los mayores, dedicada a  las armas y armaduras templarías. Para continuar el museo nos lleva por la historia de la Orden del Temple, nos da a conocer sus mayores héroes, o su estructura interna. Una de las salas más curiosas es la dedicada al mundo del simbolismo templario muy importante en la Edad Media. Otra de estas salas está dedicada a la relación que existió durante todo el periodo templario con la orden del Cister.

Escaleras del Patio de Armas

Antes de pasar al piso superior del castillo, bajaremos a las dependencias de la llamada Sala del Cónclave. Recibe este nombre por ser el lugar donde se eligió el sucesor del otro ilustre inquilino del castillo, el Papa Benedicto XIII, más conocido como Papa Luna, su larga historia la dejaremos para otro día. Dicha sala era la bodega mayor en tiempos templarios.

Iglesia de Santa María
Salón gótico

Tras subir a dicho primer piso, al cual llegaremos por un espectacular patio de armas cara al Mediterráneo, nos adentraremos en las principales estancias del Castillo Templario. La primera de ellas, el Salón Gótico era el lugar de recepción de los ilustres visitantes del castillo. Continuamos la visita por la sala de la Rebotica, denominada Casa del Agua, donde los templarios seguramente llevaron a la práctica la alquimia. Dejaremos para el final la iglesia de estilo cisterciense, dedicada al culto de la Virgen María y a los tres reyes magos, en ella todavía se observa la losa que cubrió la tumba del Papa Luna, antes del traslado de sus restos. Por cierto la visita se completa a través de todas las dependencias que ocupó a principios del siglo XV el Papa Benedicto XIII.

Para concluir os dejo la pagina web donde podéis consultar los precios y horarios de la visita.  castillodepeniscola

Para completar la información sobre los templarios y la Corona de Aragón, os invito a leer estos otros dos artículos:

http://caminandoporlahistoria.com/bancos-templarios/

El castillo-abadía de Montearagón, el “hermano pobre de Loarre”.

Mas info: LosTemplariosEnLaCoronaDeAragon

Alamut, la mítica fortaleza de la secta de los asesinos.

Nos dirigimos a las montes Elbruz, frontera natural al norte de Irán entre el Mar Caspio y la meseta iraní. Para conocer los restos, situados a más de 2000 metros sobre el nivel del mar, del que fue uno de los lugares más misteriosos, a la vez, que temibles de la toda la Edad Media. La mítica fortaleza de Alamut, conquistada a finales del siglo XI por la denominada “secta de los asesinos”, y reconstruida para convertirla en su sede.

Los restos de la fortaleza de Alamut

Los Nizaríes.

Podemos decir que es el nombre de Nizaríes, es él que la historia ha asignado a esta secta de los asesinos, mitad leyenda, mitad realidad.

Pero para conocerlos un poco mejor debemos remontarnos a los primeros tiempos del islam, tras la muerte de Mahoma en el año 632, se producen las luchas sucesorias. Por un lado los partidarios de Ali ibn Abi Talib, yerno de Mahoma tras casarse con Fátima la hija del profeta, a partir de entonces conocidos como Chiitas. Por otra el resto, denominados sunitas, descendientes de las tribus de Mahoma. Mientras los primeros legitimaban su posición como herederos del profeta, los segundos se apoyaban en la condición tribal de sucesión, se hace evidente que los sunitas serán siempre mayoría respecto a los chiitas.

A pesar de las disputas internas, el islam se expandió muy rápidamente los siguientes años. Hecho que llevó a la conversión de los nuevos pueblos conquistados, entre ellos por ejemplo, los antiguos persas que añadieron al islam sus antiguas creencias zoroástricas. Este aspecto no fue bien recibido por los sunitas ortodoxos, por lo que los nuevos conversos a parte de acercarse a las posturas chiitas, comenzarán a reunirse secretamente para preservar sus más antiguas tradiciones. Tras lo cual, estas últimas y su adaptación al Corán dejado por Mahoma, llevará al nacimiento de grupos secretos que llegaran a conseguir altas cotas de poder en el mundo islámico.

Mezquita de Kairuan, primera capital de la dinastía chiita de los Fatimí

La clave de estos grupos parece ser que estuvo en el alto nivel intelectual y educativo que adquirieron, hecho que les permitió viajar por los territorios islámicos, uniendo continuamente fieles a la causa chiita. Aunque concretamente a una nueva rama del chiismo conocida como los ismaelíes. Su llegada al poder ocurre en al año 909, tras la conquista de los territorios del actual Túnez y la instauración de la dinastía Fatimí, la capital elegida para ello Kairuán.

La llegada de los nazaríes a Alamut.

La dinastía fatimí llegará con el tiempo a conquistar gran parte de los territorios islámicos, en especial en el norte de África y una gran franja costera de la península Arábiga. Años después una nueva dinastía vendrá a sumar esfuerzos a la causa chiita, los búyidas, originarios precisamente de la zona de nuestra protagonista la fortaleza de Alamut, y que tomarán el control de una de las capitales del Islam, Bagdad. Ambas llevaron al chiismo a la época de mayor control de islam, que está rama ha tenido en toda su historia.

Pero como ya hemos comentado el sunismo siempre fue mayoritario y nueva dinastía vendrá a corroborarlo, en este caso los vecinos del norte y nuevos conversos, los turcos Selyuquíes. Los cuales en el año 1055 se harán nuevamente con el control de una de las capitales del Islam, Bagdad. Este hecho, junto al caldo de cultivo de los tres siglos de disputas religiosas, fue el entorno que encontró un joven estudiante persa a su llegada a El Cario, su nombre Hasan Sabbah el fundador de la secta de los asesinos.

Hasan Sabbah

Tras su formación en las antiguas tradiciones ismaelíes en la capital chiita del Islam, un El Cairo, venido a menos por diversas crisis económicas. Hasan Sabbah inició un nuevo reclutamiento de fieles, que le llevó a la toma de la fortaleza de Alamut en el año 1090, convirtiéndola en la sede de la secta de los Nizaríes. Por cierto cuando nuestro personaje toma la fortaleza, ya no es aquel joven estudiante sino “el viejo de la montaña” o “el señor de las dagas”.  A pesar de este último apelativo, se dice que dicha toma no fue por la fuerza, sino gracias a la persuasión, el engaño, y las grandes habilidades de los miembros de esta secta. Lo cierto es que a partir de ese momento inician su lucha particular para acabar con los enemigos del chiismo más radical, pero lejos de las guerras y con métodos muy particulares.

Los restos de la fortaleza, son un lugar muy visitado en la actual Irán.

Las víctimas de la secta de los asesinos.

Es evidente que la primera víctima, al menos importante,  fue un dirigente sunita, en concreto el visir Nizam al-Mulk, conocido por ser el impulsor de las reformas administrativas que organizaron el nuevo Imperio Selyuquíe. Su asesinato está envuelto entre las leyendas y la realidad, se dice que en mitad de un viaje entre las ciudades de Bagdad e Isfahán un miembro de la secta de los asesinos acabó con su vida, tras clavarle su daga.

Nizam al-Mulk

Las conjeturas comienzan al intentar encontrar un promotor a dicho magnicidio, ya que muchas miradas apuntan al sultán Malik Shah I, en el poder en aquellos momentos, la causa a la que se suele acudir, los celos por el poder del visir asesinado. Pero no acaba aquí la historia, ya que un mes después el sultán es encontrado muerto en su cama, tras ser víctima de un envenenamiento, el culpable parece ser uno de sus sirvientes, la mano escondida es de la secta de los asesinos. Las consecuencias parecen dar la razón a la vía de los que apuestan por los Nizaríes de Alamut, no en vano ambos asesinatos propiciaron el final de los Selyuquíes en Oriente Próximo, al producir una gran fragmentación.

Las siguientes victimas importantes de la secta de los asesinos vendrán desde el lado cristiano. Pese a que al parecer,  al final llagaron grandes acuerdos entre los guerreros de Cristo, encarnados por las órdenes Templarías y Hospitalarias principalmente, el camino a los mismos no estuvo falto de obstáculos. La primera de las victimas cristianas de las que se tiene presente, fue el Conde de Tripolí Raimundo II, los motivos como en gran parte de los asesinados por la secta, un misterio, aunque se especula con las desavenencias con su esposa, que a la postre se hará con el control del condado. Pero también se sospecha de los caballeros Templarios, ya que tras la muerte de Raimundo II se convertirán en dueños de algunas fortalezas que custodiaban los Hospitalarios, los preferidos por el Conde asesinado.

Pero sin duda la más célebre de las victimas Nizaríes es Conrado de Montferrato, rey de Jerusalén, por unos días. Su matrimonio de conveniencia con la heredera al trono, Isabel de Jerusalén, le elevó hasta tan ansiado puesto.  A pesar de que la ciudad santa ya había caído en manos musulmanas unos años antes y los cristianos solo controlaban una escasa franja cercana al Mediterráneo, seguía siendo un puesto de honor entre los reyes cristianos.

Volviendo al personaje de Conrado I, el puesto le duró menos de una semana, ya que fue asesinado por dos Nizaríes mientras regresaba a casa. Uno de ellos hecho prisioneros culpo al rey inglés Ricardo Corazón de León, según el asesino para devolver el puesto real a su protegido Guido de Lusignan. Hecho que nunca fue probado, y esto sirvió para diferentes conjeturas, incluso que había sido orden de Saladino, el nuevo rey musulmán de Jerusalén.

La caída de la fortaleza de Alamut.

Fueron muchos los asesinatos que la secta de los asesinos llevó a cabo en sus cerca de dos siglos de historia, pero uno de ellos parece ser que le repercutirá en el inicio de su ocaso. En 1241 muere el segundo hijo de Gengis Kan, Chagatai, que heredó de su padre los territorios más próximos al islam, no existen pruebas pero se culpa a los Nizaríes. Pocos años después Hulagu, nieto de Gengis Kan y por lo tanto sobrino de Chatagai decide vengarse de la secta de los asesinos. Se dice que el ejército que reunió fue uno de los mayores de la historia de los mongoles, su propósito era acabar con la secta de los asesinos, para tener vía libre y conquistar el moribundo Imperio abasí de Bagdad.

Un lugar a simple vista difícil de conquistar.

Parece ser que poca resistencia pudieron ejercer los Nizaríes ante las huestes mongolas, el por entonces líder de la secta de los asesinos,  Rukn al-Din entregó Alamut a cambio de su rendición. Pero Hulagu no se contentó, arrasó la fortaleza y con ella una de las mejores bibliotecas de la Edad Media, corría el año 1256.

Aunque queda claro que no fue el final de la secta, los supervivientes se dispersaron por el islam y bien es sabido que siguieron cometiendo asesinatos selectivos, uno de los cuales pudo ser Eduardo I de Inglaterra, que se salvó por los pelos.

Fábulas, historias y literatura sobre los Nizaríes.

Tras la exposición del relato queda claro que la secta de los asesinos, es una vez más una de las múltiples historias de la Edad Media, a camino entre la ficción y la realidad. Se ha escrito mucho sobre ellos, algunas fuentes dicen que para reclutar gente los lideres Nizaríes usaban las mismas drogas, que los sus súbditos para cometer los asesinatos.

La mítica fortaleza a los ojos de los creadores de Assasin’s Creed

El primero en trasmitir su historia a los europeos fue Marco Polo, aunque parece ser que la debió conocer más bien a través otros, ya que no puede ser cierta su estancia en Alamut. Es preciso recordar que el mayor viajero de la Edad Media nació en 1254 y su viaje a tierras asiáticas se inició en 1271, años después del final de Alamut. Pero la referencia más clara de los asesinos de Alamut nos llegó en 1938 con la sensacional novela de Vladimir Bartol, Alamut. Por cierto y para concluir, inspiradora de uno de los videojuegos que más sensación han causado en los últimos años, Assassin´s Creed.

La entrada a la fortaleza en la actualidad.

Mas info: Alamut, Vladimir Bartol, 1938

Imágenes: commons.wikimedia

El castillo-abadía de Montearagón, el “hermano pobre de Loarre”.

Los visitantes, que desde el este, llegan a la ciudad de Huesca son recibidos por la figura del Castillo-abadía de Montearagón. A pesar de que su color ocre se mimetiza con el árido terreno de la hoya de Huesca, es claramente visible desde varios kilómetros de distancia.

Como bien dice nuestro título, lo podemos considerar una especie de hermano pobre del Castillo de Loarre.  Mientras a este último llegan miles de visitas todos los meses, y gran parte de las inversiones públicas en Patrimonio. El castillo de Montearagón parece condenado al completo olvido por ambas partes. Todo ello pese a que claramente en la Edad Media fue totalmente al contrario, ya que nuestro protagonista de hoy, fue una de las sedes más importantes de uno de los poderes más influyentes de dicha época,  la iglesia cristiana.

Breve historia del castillo-abadía de Montearagón.

Las luchas de reconquista del joven Reino de Aragón, llevaron en el año 1085 al rey Sancho Ramírez a la conquista de esta colina situada a escasos 5 kilómetros de la ciudad de Huesca. El lugar era ideal para acometer la toma de la ciudad, por lo que el rey aragonés decide construir sobre los restos de alguna pequeña construcción árabe, lo que sería el puesto de control para la toma de Wasqa, como era denominada Huesca en tiempos de la Taifa de Zaragoza.

Las vistas desde el Castillo, idóneas para el control de Huesca.

La primera labor que debieron acometer sus conquistadores fue la construcción de las murallas defensivas donde alojar los edificios necesarios, para abordar sus propósitos. El primer edificio que se levantó, ya hacía presagiar su futuro, en concreto la Iglesia consagrada a Jesús Nazareno, de la cual ya existe constancia en el año 1086. Junto a la misma y en periodo comprendido entre los años 1086-1089, se levantaron las viviendas y edificios destinados a las tropas del rey de Aragón. Todo ello sin olvidar a los principales protagonistas del castillo-abadía de Montearagón, los monjes que tras instalarse en el recinto a modo de monasterio se acogerán la regla de San Agustín.

Este hecho parece ser crucial para el referido futuro del nuevo castillo-abadía, al ser bendecido por estos nuevos reyes, que además se convirtieron en su principal mecenas económico. Asimismo contó con la protección del Papa Urbano II y la consagración en el año 1090 en el monasterio de San Juan de la Peña.

De los escasos edificios que restan en pie, el palacio de los canónicos.

Aunque la conquista de Huesca deberá esperar algunos años, en los cuales las tropas cristianas fueron tomando posiciones alrededor de la capital oscense. Además en una de las batallas perdió la vida el rey de Aragón Sancho Ramírez, concretamente en 1094.  Tras lo cual le sucedió su hijo, adoptando el nombre de Pedro I de Aragón que junto a su hermano menor, por cierto solo de padre, y futuro rey Alfonso I el Batallador conquistarán definitivamente la ciudad de Huesca,  tras la célebre Batalla de Alcoraz a finales del año 1096.

A partir de ese momento nuestro protagonista de hoy perderá su principal condición defensiva. Pero se situará en primera línea, de la lucha entre religiosos, por el control de los nuevos territorios conquistados, por los reyes cristianos de Aragón. Por un lado el obispo de la recién recuperada diócesis de Huesca, y por otro el Abad de Montearagón se intentaran adueñar de cuantas más iglesias mejor, detrás de lo cual siempre existió el cobro de diezmos y ofrendas. Se calcula que durante el periodo que va desde su fundación, hasta mediados del siglo XIII, llegó a contar con más de un centenar de iglesias.

Restos de las dependencias de los monjes de Montearagón.
Una de las puertas de acceso

El declive de Montearagón.

Los motivos de dicho declive serán varios, y además en un amplio espacio de tiempo. Para comenzar en 1242 murió el infante Fernando de Aragón, según  diversas fuentes el Abad más importante que tuvo el monasterio. El problema su sucesión, en la cual se inmiscuirán los obispos de Valencia y Huesca, y que acarreará una importante pérdida de iglesias de las que tenía a su cargo  Montearagón.

El siguiente inconveniente importante le llegará en el convulso siglo XV, el cual comenzará con la pérdida sin sucesor del rey de Aragón, Martín el Humano en 1410, suceso que comportará una gran inestabilidad a la Corona. Este hecho repercutirá en el castillo-abadía de Montearagón en forma de robos y pillajes, lo que conllevará un nuevo refuerzo de las murallas, a pesar de lo cual no podrán evitar el grave incendio de 1477, que a punto estuvo de acabar con él.

El retablo de Montearagón elaborado por Gil de Morlanes “el viejo” en 1506, en la actualidad esta en la Catedral de Huesca.

A pesar de todos los males el siglo XVI parece que comenzó de mejor forma, con algunas remodelaciones y arreglos, como el fenomenal retablo de alabastro que decoró la iglesia de Jesús el Nazareno. Pero la puntilla le llegará poco después, concretamente en 1571 con diferentes Bulas Papales a cargo de Pio V, que le quitaron casi todas sus propiedades cediéndoselas a los obispados de Huesca, Jaca y Barbastro. A pesar de lo cual continuará su camino monástico hasta 1835, que tras la guerra de Independencia y la desamortización de Mendizábal el año siguiente llevarán al castillo-abadía de Montearagón  a la completa ruina.

En 1834 el castillo-abadía de Montearagón tenia esta magnifica presencia.

El castillo-Abadía de Montearagón en la actualidad.

En este punto debemos volver al título de nuestro artículo, lo de hermano pobre de Loarre es una evidencia cuando visitas los dos. A pesar de que 1976 se iniciaron las campañas de rehabilitación y consolidación, estas nunca han contado con un soporte firme por parte de las instituciones, por lo tanto en mi opinión no ha dado ningún fruto. Ahora parece ser, que las últimas noticias que  llegan abren un hilo a la esperanza, de ver algún día este espacio museizado y puesto en valor, sin duda la mejor manera de conservar el patrimonio histórico. Aunque por otro lado los 1,4 millones de euros puestos sobre la mesa del Ayuntamiento de Quicena, hoy día responsable del edificio, se me antojan muy escasos.

Tras las vallas se acceda al castillo

Aún así el recinto se puede visitar y realmente vale la pena, algunas partes nos pueden llegar a recordar su glorioso pasado. Por otro lado destacar que para efectuar las visitas se deben tomar precauciones, ya que no existen medidas de seguridad y conocer que el lugar que se está visitando es patrimonio de todos.

Por último os invito a conocerlo un poco mejor a través de las siguientes imágenes, que dan una triste muestra de lo que queda de tan glorioso pasado.

Mas info: dehuesca

Gormaz, la fortaleza califal más grande de Europa, obra de Al-Hakim II

Tras pasar por ella en otros artículos de Caminando por la historia, como el de  Tiermes o San Baudelio, hoy volvemos a la provincia de Soria. En concreto a uno de los meandros del rio Duero, ya que es su margen derecha surge la imponente figura de la fortaleza califal de Gormaz, la más grande de Europa durante la Edad Media. Su posición le permitió, como veremos, controlar un amplio territorio de la frontera natural que supuso dicho Rio Duero, en las luchas entre cristianos y musulmanes por el control de las mesetas castellanas.

Nada más y nada menos que un kilómetro de murallas construidas con sillería, en la cual se observan 28 torres de vigilancia. Dicho conjunto ocupa por completo los 370 metros de  largo de la pequeña montaña sobre la que se asienta la fortaleza. Su visión a varios kilómetros de distancia, nos llevan a varias conclusiones: La más importante, la excelente posición para el control de rutas norte-sur gracias a unas vistas que se perdían en el horizonte, en segundo término su gran inexpugnabilidad. Antes de continuar con nuestra visita a Gormaz, es interesante conocer su mecenas, para comprender los motivos para su construcción.

El califato Omeya de Córdoba.

Lejos de la homogeneidad, la conquista musulmana de la península Ibérica  fue durante la Edad Media un continuo vaivén de pueblos, identidades, y diferentes unidades políticas. Pero una de las más proliferas para el control político, militar y cultural de la Península, fue el denominado califato de Córdoba, en el periodo comprendido entre el 929-1031.

 

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Mapa de la Península Ibérica a finales del siglo X

Se inició con la llegada al poder en Córdoba de Abderramán III, decidido a acabar con un periodo presidido por la inestabilidad, donde las diferentes marcas islámicas habían conseguido una cierta autonomía frente a la capital cordobesa. Sin ir más lejos, dos de las ciudades más importantes del mundo islámico en la península fueron reconquistadas por el denominado primer Califa de Córdoba, antes  del mismo se denominaban emires,  concretamente Badajoz (929) y Toledo (932), está tras dos años de asedio.

En cuanto a la reconquista iniciada en el norte peninsular por las fuerzas cristianas, Abderramán III, sería infringido por una de las derrotas más importantes de finales de la Alta Edad Media. En concreto en la Batalla de Simancas (939) y a manos de Ramiro II de León. Aunque afortunadamente para el califa cordobés, la muerte de Rey de León en el año 951, con la consiguiente lucha sucesoria, llevó al Califato de Córdoba a su mayor esplendor cultural y artístico.

Al-Hakim II

Exactamente, en ese momento de mayor esplendor llegó al poder, tras la muerte de su padre, el protagonista de la Fortaleza de Gormaz. Al-Hakim, Califa de Córdoba entre  los años 961-976 fue educado en la prolífera Universidad de musulmana de su ciudad natal, donde  se convirtió en el Califa más instruido en todas las artes del saber. A su llegada al poder a los 47 años, estaba sobradamente preparado para llevar los destinos del Califato, entre sus muchos logros suele destacarse la construcción de la Biblioteca más importante del momento en Europa, con 400.000 ejemplares, dato que algunos ponen en entredicho.

Estatua de Al_Hakim II en Córdoba

Pero el Califa no se conformó en el aspecto militar, y menos tras observar los pactos producidos en el otro lado de la frontera entre los reinos cristianos. De esta manera y al mando del General Galif, mandó a los ejércitos musulmanes a atacar a la coalición entre León, Castilla y Navarra, la victoria fue clara del lado de los Omeya. Tras la conquista de San Esteban de Gormaz y Atienda, Al-Hakim decidió construir entre ambas ciudades y sobre los restos de antiguos castillos musulmanes, y posiblemente romanos, la nueva fortaleza Califal de Gormaz. Su principal motivo la defensa de una de las ciudades más importante en el norte del Califato de Córdoba, concretamente Medinaceli.

Dos fueron los principales personajes que defendieron la fortaleza árabe, el primero ya lo hemos presentado antes, el General Galib, que repelió en el año 975 un asedio a cargo de los cristianos.  Aunque de poco le sirviera, ya que tres años después en el 978 los cristianos encabezados por el Conde García Fernández se harán con la fortaleza. Tras unos años, entrará en liza el segundo de los personajes claves en la defensa de Gormaz, el célebre Visir de Al-Hakim II, Ibn Abi Amir más conocido como Almanzor, que recuperó nuevamente Gormaz en el año 983.

Después de lo cual, deberán pasar cerca de 80 años para que un nuevo cristiano pise como dueño el castillo medieval. El rey de León, Fernando I lo conquistará definitivamente para los cristianos en el año 1060. Uno de sus últimos ilustres huéspedes pudo ser Rodrigo Díaz de Vivar, como señor del castillo a finales del siglo XI. Ocupado durante toda la Baja Edad Media, pero sin repercusión ni importancia defensiva de la línea del Duero ira progresivamente abandonándose.

Visita a Gormaz.

En primer lugar destacar un par de aspectos: el castillo no está museizado, con la única excepción de escasos paneles explicativos, por lo tanto su entrada es gratuita y se puede acceder hasta la misma a través de una pista asfaltada, destacar también que no ofrece ningún horario restringido. Todo ello no es óbice, para destacar su gran estado de conservación y cuidado, que sin duda transportan al visitante a la Edad Media.

La visita la podemos dividir en dos apartados bien diferentes. Al entrar a mano derecha accederemos a la parte residencial de la fortaleza. En ella encontraremos una torre del homenaje, muy posterior a los hechos relatados con anterioridad, ya que data del siglo XIV, aunque su estilo mudéjar pude llevar a recordarnos su ocupación árabe. Otras construcciones destacadas son los restos del Alcázar, que fue la zona residencial del castillo en época cristiana, concretamente construida sobre el original palacio califal del que se observan algunos restos de muros. Junto al mismo destaca un aljibe, elemento imprescindible durante los asedios, está recubierto de hormigón y cal y se observa como recogía el agua de los tejados.

Dos elementos más se pueden destacar, la torre de Almanzor situada frente a la del homenaje y de similar altura.  Y por último el reconstruido paso de Ronda, el lugar desde donde se realizaban las guardias de vigilancia.

Tras visitar la zona noble de la fortaleza califal, queda la parte más impresionante de la visita, recorrer el amplio espacio amurallado que sin duda conserva su pasado más original. La muralla está bien conservada, además en la misma se abren puertas que permiten observar todo el panorama antes referido sobre el emplazamiento defensivo de la línea del Duero. Por cierto, una de las puertas denominada califal fue uno de los accesos principales de la fortaleza, en época musulmana. Además está conserva el arco de herradura que recuerda el estilo cordobés, sin ir más lejos de la mezquita de la ciudad andaluza.  Por último destacar que toda la zona sobre la cual se realiza la visita, estuvo ocupada por las tropas musulmanas, con sus correspondiente caballerizas, edificios de artesanos, e incluso huertos. De ello ha quedado constancia en la gran Alberca que debió alimentar de agua esta parte de la fortaleza, la cual estuvo cubierta para evitar evaporaciones por el sol meseteño en los cálidos veranos.

Para acabar de convenceros de la visita, os dejo está galería de imágenes:

Puerta Califal
Alberca Principal
Paso de Ronda
Patio de armas
Torre del Homenaje del siglo XIV
Vistas del rio Duero

Más info: Los califas de Córdoba, Francisco Bueno García, Ed. Arquval, 2009

Imágenes:  commons.wikimedia 

Castillo de Sarre, una historia con muchos cuernos.

El castillo de Sarre se encuentra en el valle alpino de Aosta, a poco más de 15 kilómetros de la capital que da nombre al valle. Este castillo se halla sobre una pequeña colina en el pueblecito de Sarre, desde domina perfectamente la cuenca del río Dora Baltea.

Breve historia del Castillo de Sarre

Los restos más antiguos encontrados en la colina pertenecen a una fortificación del siglo XII.  Curiosamente se ha encontrado, que en 1242 perteneció a Amadeo IV de Saboya, algo que hacía presagiar la historia que viene a continuación.

Desde ese siglo XIII apenas queda constancia de sus moradores, hasta comienzos del siglo XVIII en el cual encontramos a Jean François Ferrod. Este último, un rico industrial de la época, que se dedicó a las explotaciones mineras de la zona y mediante las cuales amasó una fortuna que le sirvió para la compra del Castillo de Sarre en 1708 y su posterior remodelación. Precisamente de esta época es el castillo que podemos visitar en la actualidad, ya que del antiguo medieval no queda absolutamente nada. Aunque de poco le sirvió a Jean François dicha remodelación, ya que tras la misma el precio de sus explotaciones cayó en picado, llevando al industrial a la ruina. Poco después fue encarcelado y morirá en la fortaleza de Bard en 1730.

Víctor Manuel II

Tras esta muerte, el castillo cambiará de manos varias veces, hasta 1869 que fue adquirido por el primer rey de Italia Víctor Manuel II. Por lo tanto el castillo tras seis siglos de historia volverá a las manos de la Casa Saboya. A partir de este momento empieza la historia de los cuernos, aunque debo hacer un inciso. Los que hayan entrado en la lectura buscando un culebrón, siento haberles decepcionado. Aunque los amantes de la historia y la naturaleza creo que van a disfrutar con el resto del relato.

Víctor Manuel II

Antes de hablar del primer rey de Italia, es necesario presentar al principal protagonista de la historia del Castillo de Sarre. Este se trata del Íbice, dicho de otra forma la cabra salvaje de los Alpes, ya que es la única cordillera del mundo en el que son presentes. Es necesario destacar que en la zona se instaló una especie de creencia por la cual diversas partes del cuerpo de Íbice tenían propiedades medicinales, y terapéuticas.  Por lo que incluso se hacían talismanes con ciertos huesecillos del bóvido, para la protección contra la muerte. Esto llevó a este animal cuyos cuernos podían medir más de un metro,  a prácticamente desaparecer a principios del siglo XIX.

Ejemplar de íbice macho

Volviendo a Víctor Manuel II debemos decir que era un consumado cazador. Su zona de caza favorita eran los valles cercanos al castillo de Sarre, concretamente los de Cogne y Valsavarenche.  No en vano en la zona se conserva uno de los refugios de montaña más importantes de los Alpes, que lleva por nombre el del primer rey de Italia. Teniendo en cuanta que especialmente en la segunda mitad del siglo XIX, la única zona donde se conservaban los íbices era precisamente en los valles nombrados, Víctor Manuel II decide crear la Reserva Real de Caza de Gran Paradiso en el año 1856.

Pocos años después, como se ha dicho en 1869, se asienta definitivamente en el castillo de Sarre, el cual reforma con una nueva torre y en especial la zona de caballerizas, muy necesaria para el menester de la caza. Por lo que respecta a nuestro protagonista el íbice tendrá una época relativamente tranquila, en definitiva si solo podían ser cazados por el rey y su séquito, su población aumento de número.

Humberto I

En 1878 muere Víctor Manuel II, su hijo Humberto I de Saboya le sucede en el cargo. A partir de este momento la historia de nuestro amigo el íbice volverá a entrar en peligro. La causa la caza indiscriminada que inicia este nuevo rey, el motivo la renovación de los salones del Castillo de Sarre. En realidad ser el único que tenía acceso al coto de caza real debía suponer una especie de placer perverso, en definitiva la creencia sobre los poderes curativos del animal seguían vigentes.

Figura de Humberto II en plena caceria

He de reconocer que esta parte de la visita es bastante desagradable, y más para un apasionado de la naturaleza como el que suscribe. Son varias las salas y pasillos adornados con los cuernos de los íbices machos, pero también las hembras tienen cabida en la masacre del Humberto I. Con las imágenes que veréis a continuación realmente sobran las palabras, definitivamente, que mal gusto tenía el segundo rey de Italia.

Uno de los pasillos adornado con cuernos de íbices macho
Detalle de un cuerno
Las hembras también tenían “derecho” a adornar las estancias reales

Su reinado duró 22 años, hasta que fue asesinado en el verano del año 1900 por un anarquista en la ciudad de Monza. Posiblemente gracias a dicho asesinato podemos seguir disfrutando del íbice en las montañas alpinas.

Víctor Manuel III

El último rey de Italia por fortuna no heredó ni el gusto decorativo de su padre, ni en cierta medida la pasión de su abuelo por la caza. Aunque posiblemente también la época en la que le tocó reinar no debía tener ni tanto tiempo libre, ni acceso fácil a la residencia de verano, por lo menos en el periodo de la Gran Guerra.

Si en el año 1900 a punto estuvo de desaparecer el íbice, tras la Primera Guerra Mundial en el año 1922, Víctor Manuel III decide vender sus territorios de caza al gobierno italiano. El motivo la institución del primer Parque Nacional de Italia, su nombre Gran Paradiso, por cierto este nombre es un gran acierto.

Parque Nacional de Gran Paradiso.

Sin duda una verdadera joya de la naturaleza, sus más de 70.000 hectáreas están repletas de íbices, por cierto fáciles de observar. Pero evidentemente no están solos, ya que les acompañan, gamuzas, ciervos, marmotas, gran cantidad de aves e incluso depredadores como el lobo y el lince.

Lo dicho, un autentico paraíso, en este caso la entrada uno de los lugares favoritos de Víctor Manuel II, Valsavarenche.

A parte evidentemente de espectaculares paisajes de montaña con cumbres por encima de los 4.000 metros, ríos, cascadas, enormes bosques de abetos y un amplio etcétera que posiblemente no viene a cuento.Pero no quiero dejar la oportunidad de aplaudir la decisión de Víctor Manuel III, la protección del íbice y de sus cuernos, ha valido un paraíso.

El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.

En la margen derecha del rio Cinca y sobre una colina, aparece uno de los castillos más impresionantes del norte de España. Su denominación como Castillo Templario de Monzón, no hace completo honor a sus 1200 años de historia, sino a la época donde dicho castillo pudo tener su máximo esplendor.

Pocos castillos mantienen la vigencia e importancia durante prácticamente la totalidad de su historia como el castillo de Monzón. Su origen debemos buscarlo en el siglo IX, cuando el territorio oscense estaba dominado por los musulmanes. De dicha época es la torre del homenaje y de la cual todavía se conserva un ajimez restaurado, como fiel reflejo de sus primeros moradores.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
La restaurada torre musulmana del siglo IX

Pero si por algo es conocido este castillo, es por haber asistido como espectador privilegiado, a algunas de las contiendas principales sucedidas en la Península ibérica. Esto le ha llevado a continuas remodelaciones, hasta conseguir la fisonomía actual.

El castillo de Monzón durante la Reconquista.

Como bien es sabido, la Reconquista cristiana de la Península ibérica terminó en 1492, con la toma de Granada por los Reyes Católicos. Pero cuatro siglos antes, los primeros reyes de la Corona de Aragón, deciden expulsar a los musulmanes de los otrora territorios cristianos al sur de los Pirineos.

En esta reconquista será clave la toma del castillo de Monzón, no en vano suponía cortar las comunicaciones entre dos de las taifas musulmanas más importantes. En concreto la Taifa de Zaragoza en manos de los sucesores del rey Al-Muqtadir, mecenas del Palacio de la Aljafería. Y por otro lado la Taifa de Lérida en manos de la dinastía Banu hud. Además de cortar estas comunicaciones existía la necesidad de controlar el curso medio del río Cinca, uno de los principales caminos desde los Pirineos al centro peninsular.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
La iglesia de San Nicolás construida tras la llegada de los primeros templarios.

Así que el Infante de Aragón, Pedro, y futuro rey como Pedro I, conquistó el castillo en el año 1089. A partir de ese momento y hasta 1143 se puede considerar el periodo de máxima actividad belicosa de la reconquista aragonesa. Durante dicho periodo el castillo irá cambiando de manos continuamente, ya que al menos durante dos periodos, los comprendidos entre 1126-1130 y 1136-1141 estuvo nuevamente bajo dominio musulmán. Finalmente la llegada de los caballeros templarios en 1143 pondrá fin a este primer periodo bélico del castillo.

El asedio contra los templarios.

Concretamente más de 150 años duró el paso de los caballeros templarios por el Castillo de Monzón, y por ende de la nueva Corona de Aragón. Templarios y reyes compartieron durante este periodo la lucha contra el infiel del sur de la Península. Pero a finales del siglo XIII comenzará la decadencia de la Orden del Temple.

En el año 1293 Jacques de Molay fue proclamado Maestre del Temple, el principal cargo del mundo de los templarios. Además ese nombramiento fue dos años después de la perdida de Acre, último reducto cristiano de los conquistados en oriente por los cruzados cristianos. Por lo tanto el sino, por el que nacieron los templarios se había perdido.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
Los símbolos templarios están muy presentes en todo el castillo

Así mismo, esto lo debemos unir a las continuas acusaciones a las que fueron sometidos, desde ritos iniciativos, adoración a ídolos no católicos, o practicar la homosexualidad, aspectos muy alejados de la doctrina cristiana. Todo ello sin olvidar su continuo secretismo y sus enormes acumulaciones de riqueza.

En consecuencia el rey de Francia Felipe IV inicia su persecución, tras lo cual en 1312 la Orden Templaria es disuelta y dos años después Jaques de Molay muere en la hoguera como hereje.

Todos estos hechos los podemos trasladar a la Corona de Aragón. Ya que si al principio el Rey Jaime II desistió de ir contra de ellos, pronto es obligado por las circunstancias a cambiar de parecer. Las tropas de la corona inician los asedios a las plazas templarias, una a una van cayendo las más importantes. La primera en rendirse será Peñiscola, tras ella Cantavieja y Miravet entre otras.

Precisamente en este el momento, el Castillo de Monzón vuelve a ser protagonista, puesto que se convertirá en el abanderado de la defensa de la orden de Temple. En definitiva será el último en capitular, aunque rodeado y en solitario nada pudo hacer contra los ejércitos de la Corona de Aragón. La entrega definitiva se llevará a cabo el 24 de Mayo de 1309.

La remodelación durante la Guerra de Sucesión.

La llegada de la Edad Moderna y las guerras contra los franceses, por parte del monarca español,  Felipe IV en el siglo XVII, llevarán a la pérdida progresiva de interés en el castillo y en la ciudad de Monzón.

Pero un nuevo acontecimiento proporcionará un nuevo cambio de rumbo a la historia del Castillo de Monzón. En concreto la Guerra de Sucesión española, que si comenzó con el siglo XVIII, no será hasta 1705 cuando llegue a España.

Esta llegada de la guerra de Sucesión se producirá con el desembarco del archiduque Carlos en Barcelona, con la intención de hacerse con el control que ejercía en España el rey designado como heredero al trono, Felipe V. Durante este primer periodo en los territorios aragoneses se puede decir que vivieron entres dos aguas. Por un lado condes aragoneses apoyaban a Carlos, mientras otros apoyaban a Felipe V. Conviene subrayar que no será hasta el año 1710, cuando la frontera quede establecida en Lérida, que Felipe V mande convertir el Castillo de Monzón una fortaleza Moderna.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
Garita de vigilancia

Para ello se construían baluartes, se colocaran baterías de cañones y se reforzará toda la muralla exterior para contener los ataque modernos a base de cañonazos. Una de las remodelaciones más curiosas tendrá lugar en la torre del homenaje, precisamente la primera en ser construida durante el periodo musulmán. Esta se trató de recortar la altura de la misma, el propósito era evidente, restar un punto de referencia a la artillería enemiga. Esta remodelación es la que ha conferido al Castillo de Monzón la fisonomía actual, más alejada de los castillos medievales, y más cercana a las fortalezas modernas.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
La nueva puerta de entrada, donde se observan las rendijas para las armas de fuego

La Guerra de Independencia en el Castillo de Monzón.

El levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid, contra el gobierno francés de José Bonaparte, es el pistoletazo de salida de la Guerra de Independencia española. Solo un año después las tropas francesas dirigidas por el Mariscal Suchet se hacían con el control del Castillo de Monzón.

Tras 4 años de guerra las tropas española inician el asedio al Castillo de Monzón, este está considerado uno de los mayores ejemplos de resistencia por parte del ejército francés. De la táctica usada por las tropas española, ha quedado constancia en las bases del castillo.

El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.
Las galerías excavadas en piedra.

Varias galerías fueron excavadas, por los soldados españoles, directamente sobre  las rocas  que sustentaban  la zona amurallada del castillo. El propósito era claro, colocar una serie de explosivos que echaran abajo los cimientos del castillo. Algo que no conseguirán entre otros motivos por la resistencia de la montaña. Pero también por el contraataque de los franceses, que excavaron túneles desde los anteriores dormitorios de época templaria, hasta dichas galerías. Todo ello con el firme propósito de abortar el avance de los españoles,mediante la colocación de minas trampa.  Este juego de guerrillas duro más de un año, hasta que el 15 de febrero de 1815 y tras la caída de la ciudad de Lérida, las tropas francesas se ven en la obligación de abandonar el castillo de Monzón.

El castillo de Monzón como escenario de la Guerra Civil española.

Este conflicto no necesita presentación, la guerra sucedida entre 1936 y 1939 tiene su reflejo en la sociedad actual. Aunque sí que es más desconocida la participación del castillo de Monzón en la contienda.

El valle del Cinca fue uno de los sitios más complicados de controlar por la fuerzas del Bando Sublevado. La forma de resistencia fue mediante la elaboración de las denominadas colectividades. En concreto estas estaban formadas por miembros de los partidos republicanos como el PCE, a los que se sumaban los sindicatos pobreros de la CNT y la UGT.

El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.
La galería excavada en piedra que sirvió como refugio antiaéreo

Para acabar con estas colectividades, aparte de las evidentes detenciones de sus miembros, se inicia una campaña de bombardeos. Es en este punto donde los milicianos deciden utilizar las dependencias del castillo de Monzón con un doble motivo. En concreto como almacén y en segundo lugar como refugio antiaéreo. Para este menester son usadas tanto las galerías subterráneas excavadas un siglo antes por el ejército español, como las dependencias interiores, En concreto una sala también excavada en piedra bajo la antigua iglesia Templaria de San Nicolás. Esta que anteriormente había sido usada como almacén de municiones, caballerizas, e incluso como cárcel, pasará a la historia de la Guerra Civil como refugio antiaéreo de la población de Monzón.

El castillo de Monzón a día de hoy.

Hoy día está catalogado como bien de interés cultural y protegido como monumento nacional. Además se pude visitar de Miércoles a Domingo a un precio de 3€, con los consiguientes descuentos.

Mas información: monzon