Cómo entrar en la historia en 15 días, Palacio de Cecilienhof.


 

El protagonista de nuestra historia es el Palacio de Cecilienhof. Un lugar destinado a principios del siglo XX a ser la morada del rey del Imperio Alemán, pero que pasará la mayor parte de su existencia en el ostracismo, del cual solo salió en aquellos  fatídicos quince días del verano de 1945, en los que entrará en la historia por la puerta de atrás.

Su historia comienza en el inverno de 1914, el entonces emperador del II Reich Alemán, Guillermo II, decide la construcción de un palacio destinado a su hijo y heredero Guillermo, el mayor de siete hermanos. El lugar elegido estaba recientemente remodelado, y era conocido como el Jardín Nuevo. Se trataba de un espectacular parque de estilo inglés que se encontraba en las afueras de Potsdam.

Aunque pronto comenzarán los inconvenientes, el 28 de junio de 1914 moría asesinado un gran amigo de Guillermo II, el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo.  La respuesta de Alemania no  se hizo esperar, pese a las primeras reticencias del propio Guillermo, los decididos militares alemanes y su perfecto plan Schlieffen enviaron a Alemania, y posteriormente al mundo a su Primera Guerra Mundial.

Pese a todo en plena guerra mundial el palacio se siguió construyendo, hasta tenerlo terminado en 1917. El día de su inauguración en agosto de ese año, el espectacular palacio de estilo inglés Tudor, contaba con 6 patios, 55 chimeneas y 176 habitaciones. En el mismo se alojó el futuro rey con su esposa Cecilia de Mecklemburgo-Schwerin, de la cual adoptó el nombre, y sus 5 hijos, ya que la última nació días después en dicho palacio. Poco le duraría la alegría al príncipe Guillermo, el año siguiente tras perder la guerra Alemania, se ve obligado a exiliarse a Holanda junto a su padre,  en el Palacio se quedará su esposa hasta 1945.

La monarquía fue abolida al terminar la guerra, pese a lo cual el príncipe impulsado por su padre, y último emperador alemán  Guillermo II, volvió varias veces durante los primeros años de mandato de Hitler. En definitiva, la Casa de Hohenzollern siempre creyó en la posibilidad que el dictador les retornaría la Corona. Evidentemente estaban equivocados, los planes de Hitler pasaban por otro sitio. Dichos planes estallaron en septiembre de 1939, enviando esta vez a Alemania y otra vez al mundo a la más devastadora guerra de la historia. La princesa Cecilia permaneció en el Palacio hasta el final de la guerra, solo unos días antes de la llegada del ejército rojo a Potsdam, momento en que se vio obligada a abandonarlo. Solo unos pocos meses después este magnífico Palacio se disponía a entrar en la historia mundial, durante sus quince días de gloria.

Sorpresa de Stalin.

El 26 de Julio de 1945, Josif Stalin,  secretario general del Partido Comunista de la URSS, (que por cierto se adelantó a sus compañeros, adornado el patio con una estrella roja), Winston Churchil relevado por Clement Attlee como Primer Ministro del Reino Unido ese mismo día, y Harry S. Truman presidente de los EE.UU,  se reunían en el Palacio de Cecilienhof, para cambiar el mundo.

El primer acuerdo que tomaron ese mismo día, fue realizar la llamada Declaración de Potsdam, Truman, Churchil y el Presidente de la República China Chiang Kai-Shek realizaron un ultimátum  a Japón, o se rendían o caería sobre el país toda la fuerza aliada. El resultado el conocido; el 6 de agosto caía la primera bomba atómica sobre Hiroshima, el 9 de agosto la siguiente sobre Nagasaki.

Reuniones en Cecilienhof

El resto de lo sucedido en el Palacio de Cecilienhof, fue de la denominada Conferencia de Potsdam, es decir poner la  firma a los numerosos acuerdos a los que fueron llegando los aliados durante la guerra. Dicho de otra forma,  el punto y final a la terrible 2ª Guerra Mundial, el reparto de Alemania entre Rusia, EE.UU, Reino Unido y Francia.

Churchill, Truman y Stalin, los tres vencedores de la 2GM

En definitiva estos dos hechos; (la bomba atómica y el reparto de Alemania, pondrán las bases de la Guerra Fría). Al día siguiente Stalin se unió a  la carrera atómica que habían comenzado los EE.UU previamente, hecho que mantendrá en vilo al mundo hasta la caída del régimen soviético en 1989.

Mientras, el protagonista de esta historia pasará al olvido, y al más completo abandono. Un hecho que nos puede llevar a entender su ostracismo durante la Guerra Fría, es los escasos metros que separan el Palacio de Cecilienhof del Puente Glienicke, el cual pasará a la historia como punto ideal, por su discreción, de intercambios de espías entre las dos potencias, EE.UU y la URSS. Por último es importante destacar que durante esos años, Potsdam perteneció a la República Democrática Alemana, uno de los países más afines a la potencia comunista.

Tras la caída de Telón de Acero y del Muro de Berlín en 1989, el Palacio se recuperará para ser uno de los muchos monumentos que hacen de Potsdam una de las ciudades más bonitas de Alemania. Hoy en día se puede disfrutar en él de un museo y un fantástico Hotel, en el entorno magnífico del jardín Nuevo.

Articulo publicado previamente en Queaprendemoshoy.com el 16 de febrero de 2017

Imágenes: commons.wikimedia

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