Los libros de horas, las lujosas agendas religiosas de la Edad Media.

Durante la Baja Edad Media, especialmente entre los siglo XIV-XVI, se expande por  Europa Occidental unos curiosos libros denominados “Libros de horas”, convirtiéndose en esos momentos en uno de los soportes más destacados para los artistas medievales.

Si tuviéramos que buscarle un origen sería en los cambios religiosos introducidos por los franciscanos, a los que podíamos sumar la “devotio moderna”, surgida en los Países Bajos en torno a los preceptos del humanismo cristiano. Ambos promueven una forma nueva de acercarse a Dios a través del rezo en la intimidad.

¿Qué eran los Libros de Horas?

Nos encontramos ante una especie de manuscritos, que la nobleza especialmente la laica, encomendaba a los principales artistas gráficos del momento. En dichos libros encontrábamos las diferentes oraciones, que a lo largo del día se debían efectuar separadas por horas, de ahí su nombre.

Normalmente las primeras páginas eran destinadas a un calendario, a través del cual el noble en cuestión, podía organizar sus compromisos. En dicho calendario podían surgir además las festividades o los actos principales de la comunidad. Pero la parte más importante era la destinada a la liturgia diaria, que debía leer el propietario a las horas precisas.

Aunque lo que los convertía en excepcionales y únicos eras sus pinturas. Todos ellos iban adornados con diferentes pasajes de la vida de los cristianos, como la Anunciación o la crucifixión por poner algunos ejemplos. Los textos aparte de ser realizados con una caligrafía excepcional dotada de múltiples adornos, eran adecuados al usuario al que iban destinados. Todas estas características los hacían únicos e irrepetibles.  A pesar de lo cual cuando fallecía el propietario lejos de destruirlo, se convertía en parte de la herencia, era también tradición que el heredero introdujera algunos aspectos para denotar el nuevo propietario.

Del prestigio que llegaron a adquirir ha quedado muestra en que fueron motivo incluso de trofeos de guerra, como sucedió tras la victoria de Enrique VII, el primer Tudor en llegar a reinar en Inglaterra tras derrotar a Ricardo III, tras lo cual se hizo con el libro de horas de este último.

Es indudable que el número de ejemplares que se llegaron a realizar fue muy grande. Podemos añadir además que incluso la llegada de la imprenta en el siglo XV, no reportó ni una caída de la producción, ni siquiera una estandarización, ya que siguió haciéndose de la misma forma que antes de aparecer esta. A la actualidad han llegado numerosos ejemplos que se localizan en los principales museos del mundo, pero también existen múltiples copias de los mismos que en la actualidad son motivo de coleccionismo.

Las muy ricas horas del Duque de Berry.

El más célebre de los libros de horas medievales fue encomendado por Juan I el duque de Berry, al taller de los hermanos Limbourg, afincados en la ciudad holandesa de Nimega. Es preciso recordar que el siglo XV fue uno de los siglos más importantes para  los pintores de los Países Bajos. El encargo pudo llegar alrededor del año 1413, el Duque de Berry hijo del Rey Juan II de Francia, fue uno de los más destacados mecenas medievales.

La relación entre los artistas y el mecenas venía de lejos, el mayor de los tres hermanos, Pol Limboug,  era pintor de cámara del aristócrata francés. Por lo que Las muy ricas horas, no fue el único libros de horas que los pintores flamencos crearon para el Duque. Hoy día se conservan otros en diferentes museos norteamericanos. Pero ninguno podía igualar a nuestro protagonista, a pesar de  que los tres hermanos murieron sin ver terminada su obra en el año 1416 por culpa de la peste.

Según los expertos en arte, Las muy ricas horas del Duque de Berry es la obra cumbre de este tipo de publicaciones. La definen como una obra visionaria, original y revolucionaria. Sus formas se asemejan a los clásicos antiguos, pero las vestimentas reflejan la moda de la época. Destacar especialmente la novedad del color azul como principal en toda la obra, realizado con lapislázuli de Oriente, en aquellos momentos un verdadero lujo.

Tras la muerte de los artistas y del propio mecenas en dicho año 1416, el libro queda inconcluso  hasta finales del siglo XV.  En aquellos momentos era propiedad de Carlos I de Saboya y el encargado de terminar el trabajo, emprendido casi 70 años antes por los hermanos Limbuorg,  fue un semidesconocido pintor francés de nombre Jean Colombe. Desde entonces irá pasando por diferentes manos hasta la actualidad que lo podemos contemplar en la Biblioteca del Castillo de Chantilly.

Libro de Horas de Isabel la Católica.

La primera reina de Castilla y Aragón también tuvo su espectacular libro de horas. Aunque poco se conoce de su elaboración y de los artistas que lo llevaron a cabo, además resaltar que poco lo pudo disfrutar ya que llegaría a sus manos a finales del siglo XV, y como es sabido murió en 1504.

El libro fue un regalo del embajador real Francisco de Rojas, que a sabiendas del gusto de la reina por los pintores flamencos, entre ellos su pintor de cámara Juan de Flandes, decide contratar la elaboración del libro a un taller de los Países Bajos. Al menos cuatro artistas trabajaron en el mismo, solo conocemos dos nombres, A. Bening y G. Horenbout. Si tenemos que destacar algo artísticamente del mismo son las decoraciones de los márgenes, con representaciones naturistas de flores, pájaros o insectos con riquísimos colores, especialmente rojos, azules y dorados.

Tras la muerte de Isabel la Católica siguió en manos privadas, pero no se tienen más noticias hasta el siglo XX en que tras ser vendido por barón Edmond de Rothschild, recae en el Museo Cleveland. Es allí precisamente  donde se pude ver hoy día, formando parte de una de las colecciones medievales más importantes del mundo.

Libro de Horas de Carlos V.

La historia que existe detrás del libro de horas de Carlos I de España y V de Alemania es una de las más curiosas, ya que si normalmente eran encargados por sus futuros propietarios, en el caso de este parece ser que fue un regalo de un personaje anónimo al emperador Carlos.

Al ser motivo de regalo anónimo es difícil asegurar su procedencia, pero el consenso generalizado dice que fue realizado por el taller de Jean Poyer en París. Este pasaba por ser uno de los principales artistas en miniatura, que vivió a caballo entre los siglos XV-XVI, trabajando para las casas reales más importantes de Europa, como la Valois, o la de los Tudor.

Uno de los aspectos más destacados de este libro es el calendario con que se abre el libro. Sus doce páginas, con sus doce meses, son acompañadas por la historia de dos hermanos, uno bueno y uno malo, ambos mueren en diciembre, y mientras el primero sube a los cielos el segundo baja al infierno. También podemos destacar sus magníficos dibujos en miniatura, dedicados a pasajes de la Biblia, como por ejemplo cuando David vence a Goliat.

Tras la muerte de Carlos V el libro de horas es heredado por su hijo, y luego por su nieto Felipe III, que lo regala al Cardenal Francisco. A partir de ese momento se pierde la pista hasta el siglo XIX, que recae por fortuna para todos en la Biblioteca Nacional, lugar donde se halla en la actualidad y además digitalizado, lo podéis conocer en el siguiente enlace: Libro de horas de Carlos V

La prohibición de los Libros de horas.

A pesar de lo narrado los Libros de Horas nunca contaron con el beneplácito explícito de las altas esferas eclesiásticas, más bien eran consentidos dado el poder de sus propietarios. La Iglesia no los veía con buenos ojos debido a la inclusión de banalidades, textos no probados por los antiguos testamentos, o simplemente falta de rigor religioso. Por todo ello, fueron perseguidos y censurados  por parte de la Santa inquisición, que finalmente se saldría con la suya.  Ya que tras la Reforma litúrgica del Papa Pío V, en el año 1570, apoyada en las resoluciones del Concilio de Trento fueron prohibidos.

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Los bagaudas de Basilio, los “indignados” del Bajo Imperio.

Se conoce como bagaudas a los integrantes de las revueltas campesinas, que sucedieron en el Bajo Imperio y en la Alta Edad Media, en especial en las Galias y en la Hispania Romana. Pese a esta descripción genérica, como veremos a continuación la situación era más compleja, sin olvidar la complicada interpretación de las escasas fuentes de la época y por supuesto la enorme descomposición del otrora Imperio Romano.

Contexto del siglo V en la Hispania Romana.

Tras la ruptura del limes germánico y en especial desde el año 409, el control político de la Hispania Romana ya prácticamente no pertenecía al emperador romano de turno, en este caso Honorio el hijo de Teodosio el Grande, el último emperador hispano. A lo sumo la única provincia hispana que parecía estar bajo la órbita de dicho emperador era la Tarraconensis, pero en el año 414 los visigodos encabezados por su rey Ataulfo se instalan en Barcino.

A pesar de que llegaron como protectores de las estructuras romanas,  como es sabido se acabaran convirtiendo durante el siguiente siglo en los dueños de la Península ibérica. Solo cuatro años después de su llegada a Barcino, es decir en el 418, consiguieron el reconocimiento romano como el primer reino bárbaro dentro del territorio geográfico del Imperio de Occidente. Su primera capital fue Tolosa, y los territorios asignados para su asentamiento fueron al otro lado de los Pirineos. Para desde allí poder ejercer un control del territorio que ya pudo venir bien al emperador Honorio, a sabiendas de que el peligro venía del norte, por lo que el nuevo reino Visigodo les podía ejercer de tapón de las continuas invasiones de otros pueblos bárbaros.

La Hispania alrededor del año 420

Lo sucedido el resto del siglo V fue una progresiva desintegración de las estructuras hispanorromanas. Mientras, emergían otras realidades apoyadas en costumbres aportadas por los pueblos bárbaros, que en definitiva acabarán dando los siglos posteriores  las conocidas realidades feudales. En este punto podemos añadir que la historiografía sigue debatiendo el protagonismo de los hispanorromanos en este cambio, bien desde la grandes domus del mundo rural o desde las mermadas ciudades romanas.

¿Quiénes eran los bagaudas?

Sobre los bagaudas, la historiografía actual también se encuentra en plena revisión sobre los datos aportados, por las escasas fuentes y la arqueología. Las cuales han llevado a la opinión generalizada que los protagonistas de estas revueltas no eran simples campesinos disgustados, o como mínimo no actuaron solos. Hoy día se piensa más bien que tuvieron un fuerte apoyo de las clases medias de las ciudades, a las que deberíamos sumar, los forajidos del sistema, los desocupados, o incluso los miserablemente asalariados.

Las revueltas surgen como una forma de protesta por la fuerte presión fiscal, de un Imperio que ya ofrecía poco a cambio, pero también para reivindicar una justicia social que se había ido perdiendo con la merma de las estructuras romanas. El foco de las miradas recayó en los dos poderes más visibles de estas estructuras, que además debían ser los protectores de las mismas. Por un lado los grandes propietarios rurales, y por el otro los escasos poderes civiles y militares de las ciudades, o en su defecto las cabezas más visibles de la religión.

Dada la escasez de fuentes es difícil conocer su imagen, pero posiblemente no fue muy diferente a esta.

Es decir, el campo de abono para las revueltas estaba bien preparado, los poderes de las ciudades escaseaban, los militares mal pagados pudieron incluso pasar al campo contrario. En dicho entorno el poder más fuerte lo constituían los obispos de las ciudades tardorromanas, pero estos tenían graves problemas que resolver; las controversias en el seno de una iglesia católica envuelta en luchas internas con los priscilianistas. Mientras, los grandes propietarios posiblemente estaban más cerca de los bagaudas de lo que se pudiera pensar, no en vano fueron los principales beneficios de estas revueltas, a menor poder central, mayor poder de los aristócratas rurales.

Basilio y los bagaudas de la Tarraconense.

Para comenzar señalar que lo poco que conocemos de este colectivo, se los debemos al obispo hispanorromano Hidacio, uno de los mejores cronistas de la Hispania tardorromana.

Las primeras noticias que surgen sobre los bagaudas hispanos corresponden al año 441, es decir prácticamente 30 años después de que sucedieran las primeras en las Galias. El foco parece estar muy concentrado en torno al curso medio del río Ebro, antes de la llegada de este Caesaraugusta. Estas primeras no parece que fueran muy importantes y rápidamente reprimidas por el general Asturio, mandado por el emperador Valentiniano III para reprimirlas. Parece evidente por la falta de mención de un dirigente, que fueron más bien escaramuzas poco organizadas.

Valentiniano III.

Pero el general romano a pesar de dar muerte muchos de ellos, no consiguió erradicar el movimiento bagáudico. No en vano las revueltas prosiguieron meses después, ahora el nuevo enviado para acabar con ellos fue el sobrino del primero. Su nombre Merobaudes, un militar hisparromano que curiosamente también era poeta.  Corría el año 443 cuando, según Hidacio, los bagaudas dirigieron su posición más al norte, ya que en el relato coloca un gentilicio a la palabra bagaudas, en este caso aracelitanos. Se especula que puedo ser o bien la actual Huarte-Arakil , situada en el sur de Navarra, o Araciel un pequeño enclave romano situado en las afueras de Alfaro en La Rioja.

El resultado fue el mismo de las primeras revueltas, los bagaudas fueron fuertemente reprimidos, pero no se consiguió acabar con ellos. Mas bien al contrario, ya que cuando vuelven a aparecer seis años después ya están plenamente organizados en torno a un líder sólido, Basilio el bagauda. El origen de este individuo es totalmente desconocido, se especula que pudo ser un militar, pero existiendo la posibilidad de que su origen fuera romano, visigodo o incluso suevo. Aunque otra gran mayoría defiende su origen civil dotado de un alto estatus social, hipótesis que de ser cierta podía significar un intento más de usurpación dentro de las estructuras del bajo Imperio.

El asesinato del obispo de Tarazona.

Nos encontramos ante el hecho más destacado de la revuelta de los bagaudas. En el siglo V, Turiaso la Tarazona romana, pasaba por ser una de las ciudades más importantes de la zona media del rio Ebro. Así lo atestigua la existencia de un obispado, dirigido en el año 449 por el obispo León. Su muerte a manos de los bagaudas ese mismo año, es vista como un ataque directo al poder más alto de dicha ciudad tardorromana.

Mapa de la zona en que actuaron los bagaudas

En aquellos momentos la iglesia recibía un alto porcentaje de los impuestos, para la construcción de los edificios de culto, es decir; basílicas, iglesias o palacios episcopales. Por lo que el hecho de su asesinato, es visto como una forma de establecer un poder dentro de esta ciudad, desde la cual poder actuar. Pero además poder financiar la causa de la revuelta, ya que es necesario recordar que los bagaudas buscan reconocimiento y sustento económico.

A partir del momento en que se hacen fuertes en una ciudad, ya no podemos hablar de unos simples “indignados”. Basilio y sus bagaudas debieron conformar un ejército dispuestos a cambiar el régimen establecido, que a buen seguro veían factible debido a las débiles estructuras romanas de la Tarraconensis. De esta manera los siguientes años siguieron las conquistas y los saqueos por toda la región del Ebro. Queda atestiguado su llegada a Caesaraugusta y posteriormente el asedio de la ciudad de Ilerda.

Pero el asedio de Ilerda no fue realizado en solitario, ya que contaron con la ayuda de los suevos, tras una especie de pacto entre Basilio y el rey de estos, Requiario. Ante el cariz que estaba tomando el asunto, el emperador romano Valentiniano III se ve en la necesidad de volver a pedir ayuda al reino visigodo de Tolosa. De esta manera en el año 454 el rey visigodo Teodorico II envía un ejército a la Tarraconense al mando del cual se encuentra su hermano Federico. El ejército visigodo actuando como federado, reprime la revuelta de los bagaudas. Las consecuencias parecen estar cada vez más claras, como se ha dicho con anterioridad los visigodos irán progresivamente ocupando el poder de una Hispania romana encaminada a la oscura Alta Edad Media.

Si os apetece completar información sobre la época, es muy recomendable el siguiente artículo:

Los pueblos bárbaros que acabaron con el Imperio Romano tenían un nombre

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Micenas el reino del mítico Agamenón.

Según Homero, el autor de la Ilíada y de la Odisea, Agamenón era hijo del rey micénico Atrio. Tras la muerte de este, Agamenón con la ayuda del rey de Esparta se hizo con el trono de Micenas, mientras, su hermano Menelao se convirtió en rey de Esparta al morir Tindareo. Es decir, ambos gobernaban dos de los pequeños reinos micénicos en un punto entre los siglo XIII-XII aC.

Como relata la Ilíada, Helena la mujer de Menelao es raptada por el príncipe de Troya. Dicha ofensa no se podía permitir, de tal manera que Agamenón reunió un gran ejercito entre los reinos micénicos y tras cruzar el mar Egeo se presentó en la ciudad de Troya. Diez años duró el asedio de la ciudad, hasta que un día tras la construcción de un gran caballo de madera, que consiguió engañar a los troyanos, los aqueos como los denominaba Homero, se introdujeron en la ciudad para arrasarla por completo.

Recreación de la entrada en Troya
Recreación de la entrada en Troya

Agamenón, siempre bajo el prisma de Homero, era el rey más valiente de los reyes micénicos, pero también el más despiadado, arrogante y cabezota. No dudo ni siquiera en entregar a  su propia hija para que fuera sacrificada en honor a la Diosa Artemisa, a cambio de que esta mediara en la buena marcha de la expedición a Troya.

¿Existió Agamenón?

Vaya por delante que afirmarlo a día de hoy sigue sin poder ser demostrado. Pero también podemos decir que desde el siglo XIX, la perspectiva sobre el mismo ha cambiado sustancialmente. Si en la Edad Moderna era conocido simplemente como un personaje de ficción, que nos fue presentado por Homero. Hoy día podemos señalar, que los descubrimientos arqueológicos a partir del siglo XIX, han abierto una ventana a la esperanza, de aquellos que como Heinrich Schliemann creen que la Ilíada pudo estar basada en hechos reales.

Heinrich Schliemann

Además podemos decir que dichos descubrimientos fueron gracias a este arqueólogo aficionado alemán, que no se contentó con pensarlo y quiso demostrar que los hechos de Troya y por lo tanto Agamenón fueron ciertos.

En primer lugar se dirigió a Hisarlik, un lugar en la costa de Turquía que desde principios del siglo XIX se suponía era la antigua Troya. Heinrich Schliemann llegó en el año 1870, desde entonces 140 años de excavaciones han demostrado que la ciudad homérica de Troya, si existió fue en dicho lugar.

Brian Cox interpretando a Agamenón en la película Troya (2004)

Cuatro años después el multimillonario alemán quiso demostrar donde se hallaba la morada de Agamenón. Por lo que se dirigió al destino que hoy conoceremos un poco mejor: Micenas un pequeño yacimiento arqueológico descubierto unos años antes por arqueólogos griegos, los cuales habían reconstruido la célebre Puerta de los Leones. Desde el año 1874, que llegó Schliemann, las excavaciones han ido dando sorprendentes descubrimientos, que ha día de hoy nos permiten suponer que si Agamenón existió, Micenas fue su hogar.

La civilización micénica.

Se conoce como mundo micénico la última cultura del bronce, que surgió entre los años 1600-1100 aC., en el territorios de la posterior cultura griega. Durante dicho periodo florecieron una serie de ciudades-estado autónomas regidas por una aristocracia guerrera. Con gran probabilidad entre ellas debió existir algunos lazos familiares que las unían, pero también enemistades que llevaron a un alto grado de violencia. Sobre este aspecto no queda demostrado, ni que fueran guerras internas, pero tampoco de que fueran causadas por un tercero.

Dichas ciudades-estado se distribuyeron por una amplia geografía, con especial incidencia en el Peloponeso, en el Ática y en Beocia. Pero también se localizaron algunas más al norte, o también en las islas cicladas, por último destacar que llegaron incluso a la costa de la Península de Anatolia. En los sustratos arqueológicos inferiores se localizaron restos de procedencia minoica, es decir de la primera cultura helénica de la isla de Creta.

Gracias especialmente a su escritura lineal B, conocemos a grandes rasgos su estructura social, que nos acerca si cabe un poco más a la leyenda de Homero. Cada pequeña ciudad estaba regida por un soberano (wanax), junto al cual una serie de compañeros (equetas) eran los encargados de llevar a cabo la dirección de la ciudad. También contaban con un jefe del ejército (lawagetas), que bien pudo ser el mismo soberano, puesto que evidentemente recayó en el supuesto Agamenón. Junto a ellos ya existían los terratenientes, pequeños propietarios y el pueblo llano que ya adquirió la denominación de Damos.

Micenas.

La ciudad de donde surgió el nombre de la civilización micénica fue encontrada en el siglo XIX, en la entrada al Peloponeso desde el continente. Por los restos encontrados podemos pensar que estamos ante la más rica de todas las ciudades micénicas.

Si atendemos a la mitología griega, Micenas fue fundada por Perseo uno de los hijos de Zeus. Sus descendientes reinaron sobre ella durante tres generaciones, el último de ellos fue Euristeo que murió sin dejar descendencia. Tras lo cual el “wanax” elegido fue Atreo el padre de nuestro protagonista Agamenón.

Arqueológicamente la zona está situada entre dos colinas, alrededor de unos  300 metros por encima del nivel del mar. Muy cerca del istmo que une el Peloponeso con el continente, por lo tanto era un punto evidentemente de control. Los restos más antiguos se remontan al segundo milenio aC. Pero no será hasta alrededor del año 1.700 aC., cuando empiecen aparecer las primeras tumbas monumentales. Su época de mayor esplendor coincide con la época micénica, en la misma entre los años 1.650-1.200 aC., encontramos las construcciones más significativas.

Circulo de tumbas B.

Construido aproximadamente sobre el año 1.650 aC., para acoger durante un siglo los restos mortales de la que debía ser la primera familia real de Micenas. Destacar que se sitúa a más de 100 metros de la entrada principal de la posterior ciudadela y que su diámetro era de unos 27 metros.

 Tras su descubrimiento en los años 50 del siglo XX, se hallaron en su interior 26 restos humanos, repartidos en 14 tumbas señalizadas con estelas, es decir que pudieron significar tumbas familiares. Queda demostrado que las ceremonias se realizaban en el interior del circulo, gracias a la localización de los restos de las ofrendas entre ellas pequeños animales.

Restos hallados en el Círculo B

Pero lo más espectacular fueron los diferentes objetos hallados y que denotan el pasado guerrero de Micenas. Dichos guerreros eran enterrados con sus espadas que en las empuñaduras presentaban oro y marfil, junto a las mismas se hallaban sus lanzas y diferentes adornos, como collares de oro o amuletos, sin olvidar la rica cerámica micénica. Aunque de todos los ajuares, podemos destacar uno que precisamente no correspondía a un guerrero, sino a una mujer que se deduce era hija de algún rey. Su vestido mortuorio llevaba incrustado oro y plata y fue enterrada con todo tipo de joyas, como collares, pendientes o diademas.

Círculo de tumbas A.

Descubierto por Schliemann durante sus primeras excavaciones. Su datación ha resultado posterior al círculo B, y prácticamente consecutiva, además podemos añadir que su utilización debió ser muy similar al anterior. Pero su localización en el interior de la ciudadela ha llevado a una evidente hipótesis de que fuera construida por otra familia real.

El círculo A junto a la puerta de los leones.

Si debemos buscar una originalidad entre los ajuares, podemos hablar de una espada con empuñadura de ámbar báltico, así como diferentes joyas con este material que desvela un contacto comercial con 3.000 km de distancia. Tampoco podemos dejar de hablar de la supuesta máscara de Agamenón, nombrada así por el propio Schliemann en su búsqueda del rey que venció a los troyanos.

La máscara de Agamenón

Puerta de los Leones.

La imagen por excelencia del yacimiento de Micenas. Aunque precisamente fue una de las últimas construcciones de la ciudad micénica, datada aproximadamente del año 1.250 aC. Se trata de la entrada a la ciudadela o espacio amurallado que contenía los principales edificios. La puerta en sí es una obertura prácticamente cuadrada de 3 metros, que en su tiempo contaba con dos enormes puertas de hoja construidas en madera. Son varios los motivos que llaman la atención, desde su profundidad de cerca de dos metros, al acabado del dintel superior, que para rebajar el enorme peso se optó por un triangulo de descarga, adornado con dos leonas, y no leones,  enfrentadas. Se apunta que fue el símbolo de la ciudad de Micenas.

Las murallas, realizadas como la Puerta de los Leones en el siglo XIII aC.,  son sin duda la parte más espectacular de la visita. Gracias a sus enormes muros ciclópeos, denominación acuñada en la antigua Grecia, al suponer que habían sido construidas por los míticos gigantes de un solo ojo.

El interior de la Ciudadela.

Desde la construcción de las murallas, los habitantes de Micenas vivieron intramuros.

En lo más alto de la ciudad destacaba el palacio de los reyes de Micenas, construido a partir del 1.350 aC., sobre tres terrazas. Destacar que contaba con las principales partes de cualquier palacio micénico, es decir almacenes, talleres y diferentes dependencias para la vida en palacio. A las que debemos sumar el gran patio central y el mégaron, el lugar donde el wanax recibía las visitas, dotado de un hogar central y cuatro columnas rodeando el trono real.

Recreación de la Ciudadela de Micenas

Otra de las partes más significativas fue el centro de culto, situado en el suroeste de la ciudadela. Durante los siglos XIV-XIII aC., se construyeron diferentes edificios superpuestos ente ellos, destacar que se unían con el palacio a través de la calle principal de la ciudadela.

En el noroeste de Micenas encontramos una de las construcciones más originales, se trata de una enorme cisterna subterránea, la cual se llenaba a través de unos conductos de terracota desde una fuente situada a 300 m. de la Ciudadela. Para evitar las filtraciones se selló con una doble capa de yeso de gran calidad, y contaba con una especie de filtro a base de piedras situado en la entrada del conducto. Quedo atestiguado que las murallas ciclópeas fueron modificadas en el siglo XIII aC., para que la entrada a la misma se ejerciera intramuros.

El tesoro del Atrio.

La entrada a la supuesta tumba de Agamenón

Dejamos para el final la construcción más espectacular de Micenas, para ello volvemos a las afueras de la ciudadela para encontrar la supuesta tumba de Agamenón. El tesoro del Atrio se considera una de las tumbas más espectaculares de la antigua Grecia.  Se trata de una cúpula con un diámetro de 14,60 m. y una altura de más de 13 metros, a la cual se entraba por un pasillo de 36 m. de largo por 6 de ancho. La puerta mide 7 m. de altura y algunas de sus piezas pesan 120 toneladas.  Construida entre los años 1.350-1.250 aC., a buen seguro fue utilizada por los reyes micénicos.

Posteriormente en el siglo II, Pausanias el viajero griego le asignó el nombre de Atrio, pensando que fue la tumba del primer rey de Micenas Atreo. Por lo que no es tan descabellado pensar, que si Agamenón existió posiblemente, sus huesos acabaran en esta tumba. Desgraciadamente fue saqueada muchos años antes de la llegada de la arqueología en el siglo XIX.

Más info: odysseus.culture

Imágenes: commons.wikimedia

La conferencia de Berlín, el día que Europa cambio el destino de África

Cuando David Livingstone, efectivamente el de “Doctor Livingstone, supongo” llegó a las espectaculares cataratas Victoria en el año 1855, poco podía imaginar que sería el principio de uno de los episodios más terribles de la historia del continente africano. En definitiva, sin solución de continuidad, los europeos se habían lanzado a conquistar el corazón de África.

Las cataratas Victoria

La II Revolución Industrial.

Pese a lo que podamos pensar, hasta la llegada del siglo XIX, el hombre europeo prácticamente no había pisado el interior del continente africano. Su colonización se había llevado a cabo principalmente en las zonas costeras de ambos océanos. Pero todo comenzó a cambiar a mediados de dicho siglo XIX. El motor de ese cambio fue la denominada Segunda Revolución Industrial, a la cual se fueron sumando nuevos países, aunque eso sí, todos tras las gran potencia británica.

Principalmente fueron dos las necesidades que aportó la revolución, para que los europeos pusieran su punto de mira en África. La primera de ellas fueron las materias primas, cuestión que el continente africano cumplía con creces. En segundo término solucionar las necesidades alimenticias, de una población que crecía a ritmo vertiginoso. Hay que tener en cuenta que esta Segunda Revolución llevó consigo los grandes avances científicos, que disminuyeron la mortalidad, que  junto a una natalidad alta fueron las causas del despegue demográfico europeo.

Varios fueron los países que se dirigieron al interior africano, entre ellos Gran Bretaña el mayor imperio colonial de la época, Francia tras su deshonrosa derrota ante Prusia en 1871, y junto a ellos dos nuevos países surgidos de las reunificaciones, es decir Alemania e Italia. Para completar la terna con los belgas y los portugueses, que recordemos fueron los primeros colonizadores europeos al sur del Ecuador en la Edad Media.

El modus operandi era sencillo, los primeros en llegar eran las compañías comerciales que acometían la explotación de los recursos. Posteriormente los gobiernos enviaban a los funcionarios y militares necesarios para someter a la población, y así poder organizar las exportaciones sin poner en peligro a sus ciudadanos. De esta forma, como anteriormente habían hecho en el resto del mundo se dispusieron a colonizar el interior africano.

La conferencia de Berlín.

Todo lo relatado ocasionó los primeros encontronazos importantes. Por lo que a petición de algunos países como por ejemplo Portugal, sin duda en el siglo XIX unos de los países más débiles, se decide convocar la Conferencia de Berlín.

Otto Von Bismarck repartiendo el pastel.

Entre los países participantes todos los interesados, es decir; Reino Unido, Alemania, Francia, Portugal e Italia. Junto a ellos meros comparsas, como Países Bajos, Rusia, Suecia, España, EE.UU o Dinamarca, a los que debemos sumar dos Imperios el austrohúngaro y el otomano, y dos que merecen un comentario a parte debido a la curiosa injerencia de Leopoldo II. Su propio país Bélgica sin un papel preponderante y la Asociación Internacional del Congo, una institución creada por este personaje para explotar dicha zona, una de las más ricas de África.

Otto Von Bismarck

El 15 de Noviembre de 1884 arrancaba la misma con el discurso de su presidente el prusiano Otto  von Bismarck, discurso que fue una verdadera declaración de intenciones. Los países europeos debían introducirse en el interior de África, para civilizar, llevar la cultura occidental, explotar sus materias primas e introducir el control político en todos los territorios sin explotar. Tras lo cual podemos añadir que acababa de empezar el Imperialismo Europeo, que aunque se pueda pesar que es lo mismo que colonialismo,  no es del todo cierto. Si este último pretende el control comercial, al imperialismo hay que sumarle el control territorial y político. Es decir, convertir a los países en protectorados de las metrópolis, adquiriendo todas sus funciones administrativas.

El reparto de la Conferencia de Berlín

La conferencia terminó  el 26 de Enero de 1885, sobre la mesa el reparto de todos los países africanos excepto dos; Liberia que ya estaba en manos de EE.UU y Etiopia el único que se libró de momento. El resto fueron a parar a manos alemanas, británicas, italianas, francesas, portuguesas y españolas. Pero parece que lo peor no fue eso, sino otra serie de elementos que llevaba la resolución de la conferencia.

Entre ellos la libre navegación por los ríos Congo y Niger y por supuesto por las costas marítimas, o el libre comercio en el interior del continente. Además de una disposición por la cual, si los países a los que se le encomendaba la ocupación territorio no la hacían efectiva en un plazo de tiempo, podía ser ocupado por un tercero. Sin olvidar que ningún país supo hacer frente al caprichoso Leopoldo II, el rey belga al que fue asignado personalmente el territorio congoleño, y cuando digo personalmente, significa que no fue a manos del país belga, sino a las de su rey.

A todo ello se sumó la declaración de que se lucharía contra la esclavitud, además del respeto a la cultura y a la religión de los pueblos ocupados. Es evidente que este último apartado de las resoluciones de la Conferencia de Berlín, fue el único que no se cumplió.

Consecuencias de la conferencia de Berlín.

Sobre las consecuencias, valga  decir para comenzar sin miedo a equivocarme, que el continente africano las continúa sufriendo cada día. Por otro lado decir que las podemos diferenciar entre las que acuciaron a los europeos, y las que repercutieron en los países africanos.

Sobre las primeras evidentemente la mayor parte fueron positivas; Para la economía supuso el acceso a las materias primas a bajo precio, así como la obertura de nuevos mercados para colocar sus productos manufacturados. Por otro lado para la sociedad europea supuso un alivio demográfico al facilitar nuevos empleos y lugares donde emigrar. Políticamente gran prestigio a nivel mundial de los países europeos y un gran alivio a los problemas internos, se suele afirmar que la Gran Guerra se retrasó por la carrera imperialista. Aunque también podemos afirmar que acabará convirtiéndose en una de sus causas más importantes.

Evidentemente lo peor recayó en los países colonizados. Para tener una idea de lo ocurrido, debemos pensar que gran parte del interior africano a la llegada de los europeos seguía inmerso en la prehistoria, con algunas excepciones como sultanatos o pequeños reinos que podemos compararlos con la Edad Media europea.

África antes de la llegada del Imperialismo.

Pues bien, en pocos años este espacio geográfico se lleno de carreteras, vías de ferrocarril o puertos marítimos y fluviales. Su tradicional agricultura de subsistencia  fue suplantada por una agricultura industrial, tanto extensiva como intensiva y destinada a la economía de mercado. Además aparecieron nuevas ciudades que alejaron a la población autóctona de su hábitat.

La explotación de los recursos ocasionó una rápida transformación de la estructura social con la aparición de una burguesía, tanto autóctona con escasa preparación, como foránea. Junto a la misma una clase baja dedicada a la construcción o a la agricultura como jornaleros.  Cuando ambas clases sociales llegan a las nuevas ciudades se forman los guetos, que hoy subsisten en toda África.

Otro problema fue el religioso, si bien antes de la llegada de los europeos convivían religiones en África como el cristianismo o el islam con un fuerte arraigo desde la Edad Media europea. A partir de esta llegada de los europeos, con los intentos de cristianización en especial de las zonas donde imperaba el ateísmo, el contraste producirá nuevas segregaciones y conflictos.

Pero lo peor fueron las nuevas fronteras establecidas, ya que a simple vista cualquier persona que vea un mapa político de África, puede ver dichas fronteras cortadas a escuadra y cartabón. Es decir no se tuvo en cuenta la anterior distribución geográfica de las tribus africanas, muchas de ellas quedaron separadas por la mitad, o lo que es peor, bajo un mismo régimen convivieron dos tribus enfrentadas previamente durante miles de años. Este problema ha llagado a la actualidad con episodios tan tremendos como el genocidio de Ruanda en los años 90 del siglo XX, o la terrible guerra civil en Sierra Leona, ambos ante la mirada impasible de la ONU.

Este artículo no puede terminar sin hablar del punto más negro que tuvo la Conferencia de Berlín. Si observamos el actual mapa político de África veremos que su parte central está ocupada por unos de los países más grandes del continente, la República Democrática del Congo, con más de dos millones de km2. Dicho territorio fue ocupado previamente a la Conferencia de Berlín por los belgas, encabezados por su rey Leopoldo II, por cierto un tipo que no piso nunca África.

Tras la conferencia, dicho espacio, uno de los más ricos por sus reservas de caucho, marfil y diferentes minerales, como se ha dicho quedó en manos del rey belga. Pues bien, algunas de sus frases en la carta escrita en 1897 a uno de los agentes estatales encargado del control del Congo, nos puede resumir perfectamente la actitud de este rey con respecto a los territorios ocupados.

Han de poner a la población bajo nuestras leyes, la más urgente, sin dudas, la del trabajo. En los países no civilizados es necesario, creo yo, una firme autoridad para acostumbrar a los nativos a las prácticas de las que son totalmente contrarias  a sus hábitos. Para ello es necesario ser al mismo tiempo firme y paternal.

 El resultado cerca de 10 millones de muertos, además de una forma cruel tras cortarles  las manos. El genocida belga actuó en el centro del continente, para el servicio de las primeras multinacionales de la historia, el caucho para los neumáticos de los nuevos coches surgió de la esclavitud a la que se vieron sometidos los habitantes de aquel tranquilo lugar de la selva ecuatorial, hasta la llegada de los europeos.

Más info: Historia contemporánea Universal, Ángeles Lario, Ed. Alianza, 2010

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El Neolítico, el porqué del mayor cambio en la historia de la Humanidad.

Según los expertos hoy nos hallamos inmersos, en la que podíamos denominar la tercera gran revolución de la historia de la humanidad.  La revolución tecnológica que a ciencia cierta no sabemos dónde nos puede llevar, tuvo dos precedentes; la Revolución industrial del siglo XVIII y la que nos atañe hoy la Revolución Neolítica, valga decir que sin esta última, las otras dos no hubieran sido imposible. Por lo tanto podemos afirmar que el Neolítico es el mayor cambio en la historia de la Humanidad.

Tan contundente afirmación la hago propia, y evidentemente puede ser tan discutida como se quiera. En definitiva desde los inicios de los estudios prehistóricos en el siglo XIX, la Revolución Neolítica ha sido tomada como un paso más en el progreso de la humanidad. Pero desde el siglo XX, prehistoriadores, arqueólogos o antropólogos han puesto el acento en comprender los mecanismos que llevaron a nuestros antepasados, de vivir de la naturaleza a intentar domesticarla, algo por cierto que parece que no hemos conseguido.  A partir de este momento conoceremos las principales aportaciones, que durante el siglo pasado han realizado los expertos para comprender dicho paso.

El creciente fértil donde surgió el Neolítico.

Antes de entrar directamente en las diferentes hipótesis, en necesario constatar que hoy día existe el consenso generalizado que el Neolítico se inicio en Oriente Próximo hace unos 10.500 años, desde donde se expandió a China, Europa, Asía o América. Más discutido son los procesos de esta expansión, algunos la ven como tal y otros como evoluciones por separado de las diferentes comunidades prehistóricas. Sea como fuera, las diferentes hipótesis están basadas en el Neolítico del denominado Creciente Fértil en el Oriente Próximo.

El Oasis Neolítico.

Vere Gordon Childe fue el prestigioso prehistoriador australiano afincado en Londres que puso las primeras hipótesis sobre la mesa. Especialmente en su libro editado en 1925 sobre los orígenes de la civilización europea.

Gordon Childe

Para nuestro protagonista dos aspectos son inseparables, la Revolución Neolítica y la Revolución Urbana, es decir agricultura, ganadería y ciudades nacieron de la mano.  La prueba de ello está en que las ciudades más antiguas del mundo están situadas en el denominado Creciente Fértil, es decir donde comenzó la neolitización. Como por ejemplo Jericó, amurallada desde hace casi 9.000 años.

La explicación que da Gordon Childe la sustenta en el cambio climático producido con la llegada del Holoceno. Antes de este último, la Edad de hielo durante el Paleolítico enfrió el planeta convirtiendo Europa en una estepa helada y el Oriente Próximo en unos de los lugares con uno de los climas más benignos del mundo.  Gracias al mismo, las praderas  y los árboles atrajeron al homo sapiens y a las diversas especies animales, llevando a este rincón a ser uno de los más poblados.

Durante el calentamiento holocénico, Oriente Próximo se fue convirtiendo en el actual paisaje de desiertos y oasis cerca de los ríos. De esta manera hombres y animales se vieron obligados a reunirse en torno al Creciente Fértil, donde los humanos empezaron a ejercer la agricultura como modo de subsistencia y los animales se fueron domesticando por contacto con el homo sapiens.

La domesticación no fue exclusiva del Oasis Neolítico.

A principios de los años 60 comienzan a surgir nuevas propuestas, en concreto del  estadounidense Robert Braidwood, uno de los primeros en desarrollar los estudios sobre el Neolítico a través de la Nueva Arqueología.  Esta última especialidad comienza a incorporar nuevas disciplinas al estudio de los restos arqueológicos, como en el caso que nos atañe que se empiezan a tener en cuenta los estudios botánicos y zoológicos. Apoyados en estos Robert Braidwood decide buscar cuales fueron los primeros granos y animales domesticados, y para ello acudió a las montañas que rodeaban el oasis de Gordon Childe. No en vano las cabras, uno de los primeros animales en ser domesticados tenían su hábitat en ellas, así como el grano de trigo salvaje.

Robert Braidwood

Sus estudios los centró en un pequeño yacimiento de las montañas del Kurdistán, de nombre Jarmo, una pequeña ciudad de cómo mucho 150 habitantes, que hace 9.000 años practicaba la agricultura y la ganadería. Como podemos comprobar coetánea a las primeras evidencias de ciudades como la anteriormente nombrada Jericó. Luego incorporó a sus estudios investigaciones similares en las zonas montañosas de México, donde se domesticaron otro tipo de cultivos, como por ejemplo el calabacín, sin evidencia alguna de contactos entre estos y el Oriente Próximo.

Recreación de la urbanización de Jarmo

Después de juntar todas estas investigaciones llegó a la conclusión que la propuesta de Gordon Childe no tenía razón de ser. Para Robert Braidwood la domesticación de plantas y animales no tiene nada que ver con el lugar geográfico, sino que viene dado de la propia experimentación de las diferentes comunidades en pos de la mejora de su calidad de vida.

Trabajar más para comer más.

Un nuevo paso lo encontramos a mediados de los años 70, siguiendo con los pretextos de la Nueva Arqueología, Lewis Binford y Kent Flannary deciden buscar como los agentes, tanto externos como internos ,influyeron en la llegada de la agricultura y la ganadería.

Lewis Binford

Para ellos la llegada del Holoceno supuso un aumento del nivel del mar tras el deshielo, así como mayor número de precipitaciones. La consecuencia en zonas como el Creciente Fértil fue el aumento de los animales y las especies vegetales, con el efecto encadenado de un significativo aumento demográfico, por un mejor acceso a los recursos.

Lo que a simple vista podía parecer un Edén se acabó convirtiendo en un espacio superpoblado, y ciertos grupos comienzan a emigrar a las zonas menos favorecidas por el clima. Precisamente estos últimos se tienen que adaptar a las nuevas necesidades, siendo los que inician el camino de la neolitización apoyados como decía en el anterior punto Robert Braidwood en la experimentación previa. Por lo tanto es fácil deducir que la llegada de la agricultura y la ganadería, tienen que ver con la necesidad perdida por estos grupos de una seguridad alimentaria.

Pero este punto fue rápidamente puesto en entredicho por un curioso experimento. Poniendo de nuevo en valor la Nueva Arqueología, y una de sus nuevas disciplinas asociadas, en este caso la etnografía. El equipo de Flannery se dirigió a las zonas más inhóspitas de la región del Kalahari en el sur de África, para comprobar in situ como podían haber vivido los cazadores-recolectores previos a la neolitización. El trabajo consistió en recolectar grano silvestre y los resultados fueron sorprendentes, con solo tres semanas de recolección podía subsistir una familia entera durante un año. Este aspecto echaba por tierra diferentes teorías, por lo que la respuesta de Flannery fue clara; los humanos decidimos trabajar más, para comer más.

La presión demográfica.

A simple vista, una de las hipótesis más sencillas para explicar este paso de la humanidad. M. Nathan Cohen un antropólogo norteamericano achaca el nacimiento de la agricultura y la ganadería a la presión demográfica.  Además nos dice que no fue un fenómeno exclusivo de Oriente Próximo, sino que es fácil extrapolarlo a las otras partes del mundo en diferentes periodos históricos, sin que deba existir una conexión entre ellos.

Recreación de una casa de La Draga, poblado neolítico situado en Bañolas.

Esta última premisa es la mayor aportación de Cohen, ya que como hemos visto anteriormente L. Binford ya apostó dicha presión demográfica. Pero mientras que este último nos decía que esta provocó la emigración de los primeros grupos sedentarios, Cohen lo rechaza de plano admitiendo que todo el Neolítico está basado en la evolución in situ de los grupos de nuevos agricultores.

La Revolución social.

Sin duda una de las hipótesis más novedosas, además junto a la que veremos a continuación, la más de acorde con el estudio del ser humano en sí, olvidando el contexto y dando importancia al homo sapiens como protagonista de la neolitización.

Barbara Bender

La propuesta viene de una socióloga, Barbara Bender que apuesta claramente por la llegada del Neolítico por un aspecto puramente social. Para ella los grupos de cazadores recolectores de principios del Holoceno están de sobras preparados, para volverse sedentarios y ejercer la agricultura. La recolección generó los primeros excedentes, como bien decía Flannery, con tres semanas había suficiente para todo un año. Este aspecto generó la necesidad de protección de estos excedentes y  fue la causante de la llegada de las clases sociales, estaba claro, quién tenía el control y la distribución de dichos excedentes tenía el poder.

En definitiva esta fue la rueda que el hombre no consiguió detener. Los excedentes daban poder, por lo que la adopción de la agricultura y la ganadería vino dada por la necesidad de generar estos excedentes.

La religión como motor de la neolitización.

La última de las propuestas viene del arqueólogo francés Jacques Cauvin, que en el año 1994 publicó; La revolución de los símbolos en el Neolítico.  En ella rechaza muchas de las anteriores hipótesis,  para centrar la llegada de la agricultura y la ganadería gracias a la religión, que se fue creando en la sociedad de cazadores recolectores previa a la llegada del Neolítico. Es decir la neolitización lleva consigo otros aspectos que los puramente económicos, como fueron la necesidad de generar una especie de sinergia de grupo, especialmente en el mundo del simbolismo.

Jacques Cauvin

Como queriendo dar la razón a Cauvin, el mismo año 1994 se iniciaban unas excavaciones en Turquía. El lugar Göbekli Tepe, que tras años de continuados trabajos ha dado como resultado el santuario religioso más antiguo del mundo. Está datado en más de 11.000 años, mucho antes de que se iniciara la agricultura y la sedentarización.

Gobekli tepe

Con todo ello sobre la mesa, el arqueólogo británico Ian Hodder, nos deja sobre la mesa una frase que nos debe llevar a la reflexión: La agricultura y la sedentarización fue la culminación de un proceso social y simbólico, que desde el Paleolítico llevaban in situ los grupos humanos de relación entre ellos y el entorno que los rodeaba.

Conclusiones.

Hemos visto hasta seis formas diferentes de ver como se llevó a cabo el mayor cambio en la historia de la humanidad. Debemos pensar que posiblemente la unión de todas sea la más correcta.

Pero personalmente hay un aspecto que me llama la atención; de todas las hipótesis ninguna habla de la capacidad creativa del individuo dentro de una comunidad, que es una de las principales características que nos separan del resto de animales. Es decir, hoy día un escritor de canciones busca en su interior aquello que pueda emocionar a los demás, para que estos le reconozcan su hecho diferencial. Si este hecho lo extrapolamos al Paleolítico lo podemos ver en las pinturas que adornas las cuevas.

Tras esto podemos volver al Neolítico, para pensar que pudo haber una serie de individuos que decidieron dedicar su hecho diferencial a imitar a la naturaleza en su aspecto creativo. Además posiblemente estos individuos no tenían la presión de un cambio climático, del hambre, o de un vecino con mayor poder que te obligara a plantar una semilla a ver qué pasaba.

Lo evidente es que fue un paso sin vuelta atrás. Desde entonces el ser humano lleva cambiando continuamente, y por cierto cada vez más aceleradamente, el mundo que nos rodea. Seguimos intentado estar por encima de la naturaleza cambiando continuamente sus procesos, en un viaje donde no se vislumbra un buen final.

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La guerra de los cien años (1337-1453) en seis minutos.

A pesar del nombre acuñado por la historiografía en el siglo XIX, la guerra de los cien años, ni fue un conflicto continuado, ni duró cien años, ya que si contamos desde que estalló hasta que se resolvió pasaron 116 años. Intentar contarla en seis minutos es nuestro propósito.

Los contendientes antes de empezar.

Por un lado encontramos la Francia de principios del siglo XIV, sin duda el mayor poder de Europa Occidental. Aunque antes de empezar la guerra las cosas se empezaron a torcer, ya que la profecía que lanzó en la hoguera el templario Jaques de Moley, se acababa de cumplir con la muerte Carlos IV en 1328, dando por extinguida la dinastía de los Capetos. Mientras por otro lado, las revueltas en Flandes dejaron bien claro, la falta de renovación en su vetusta hueste feudal.

 

Al otro lado del Canal de la Mancha se encontraba una Inglaterra mucho menos poblada que Francia, además con continuos problemas con su vecino del norte, Escocia. Por si fuera poco el rey Eduardo II (1307-1327), está considerado uno de los peores reyes de la historia inglesa, por tener revueltas tuvo hasta la de su esposa la Reina Isabel. Pero al contrario que los franceses su suerte cambió en 1327 con la llegada al poder de su hijo Eduardo III, que restableció el orden interno y aprovechó la guerra contra Escocia para modernizar sus tropas.

Las causas de la guerra.

La historiografía las suele contemplar como complejas, dado los habituales problemas dinásticos entre las dos coronas. Pero dos se pueden considerar como los principales detonantes de la guerra. El primero de ellos el control de la Aquitania francesa, que a principios del siglo XIV estaba en poder de los ingleses. En aquellos momentos uno de los territorios más rentables de la Corona inglesa, gracias a la exportación de vino a través del Puerto de Burdeos.

El otro problema era la narrada sucesión de la dinastía de los Capetos. Dos eran los candidatos; Felipe de Valois primo del fallecido por parte de padre, y el rey de Inglaterra Eduardo III, Capeto por parte de madre. En un principio la línea sucesoria debía recaer en este último, pero no se hizo efectiva tras agarrarse los franceses a la ley sálica. Gracias a esta última Felipe de Valois se convirtió en Rey de Francia con el nombre de Felipe VI.

Solo faltó, que nueve años después el rey de Francia mandará intervenir a sus tropas en Guyena, como era conocido el Ducado de Aquitania. La respuesta no se hizo esperar, Eduardo III en virtud de sus derechos sucesorios declara la guerra a la Francia de Felipe VI.

Las fases de la guerra.

Inglaterra pone contra las cuerdas a Francia, (1338-1360).

La guerra comenzó con sorpresas, Inglaterra en vez de ir a liberar Aquitania se dirigió al norte de Francia. Lo primero que hizo fue controlar el Canal de la Mancha, utilizando su superioridad marítima. El siguiente paso fue desembarcar por Flandes tras aprovechar los problemas de Francia en dicho Condado.

Tras llegar al continente, los ingleses a pesar de contar con menor número de efectivos pusieron en marcha su mejor estrategia. Para luchar contra la poderosa, pero lenta caballería francesa, Inglaterra llevó a cabo improvisadas construcciones defensivas en suelo francés, al intentar cargar contra ellas los franceses eran abatidos mediante los ejércitos de arqueros ingleses. Esta táctica les reportó importantes victorias como la de Poitiers en 1356, batalla esta, donde comenzó la leyenda del Príncipe Negro, el hijo del Rey Eduardo III.

La batalla de Poitiers

A ello le debemos sumar los problemas internos que surgieron en Francia, como las revueltas campesinas de la Jacquerie, a las que se sumó la de la burguesía de París. De esta manera la monarquía francesa se vio abocada a acatar la primera tregua, con la firma de enormes pérdidas territoriales, (tratado de Brétigny en 1360), entre ellas la ampliación de Aquitania y el fin del vasallaje de esta con respecto a la Corona Francesa.

La guerra se extiende a la Península Ibérica.

Si en un principio Castilla había mirado la guerra entre Francia e Inglaterra desde la distancia, todo cambió tras la muerte de Alfonso XI. Su heredero Pedro I no contaba con el visto bueno de la nobleza castellana, que prefería e Enrique de Trastámara. Este último decide buscar el apoyo en el vecino francés, hecho que le vino bien al rey de Francia Carlos V, no en vano, tras la Paz de Brétigny no tenía trabajo para sus mercenarios. Así que en 1366 las tropas galas invaden Castilla y destronan a Pedro I.

La tumba del Príncipe Negro.

La respuesta de Pedro I fue pedir ayuda al rey inglés Eduardo III, este aludiendo a alianzas anteriores con los castellanos decide mandar a Castilla las tropas inglesas encabezadas por su propio hijo, el Príncipe Negro. La principal batalla tuvo lugar en Nájera y acabó con una contundente victoria de las tropas inglesas, las cuales devolvieron el trono de Castilla a Pedro I. Pero este no pagó el precio acordado para la ayuda y las tropas inglesas abandonaron Castilla, tras lo cual  Enrique de Trastámara recuperó el trono tras asesinar al propio Pedro I. El resultado fue un firme aliado para Francia en su disputa con Inglaterra, desde ese momento la potente flota castellana se puso al servicio de la corona francesa, para control del Canal de la Mancha.

Otra de las grandes coronas de la Península Ibérica tomará partido por Inglaterra. En concreto Portugal que pidió ayuda a los ingleses, tras el intento de anexión por parte de los Trastámara de Castilla de los territorios portugueses. Con la victoria en Aljubarrota (1385), los portugueses salvaron su independencia, tras la cual se convirtieron en aliados de Inglaterra.

Francia comienza a recuperarse del desastre de 1360.

La primera consecuencia de la ayuda de Castilla a Francia fue el control marítimo, en especial tras la victoria castellana en la batalla de La Rochela (1372). El mar se convirtió en principal aliado de los de franceses, ya que sus enemigos tuvieron mucho más difícil el acceso al continente.

La Batalla de la Rochela

Otro aspecto positivo se vendría a sumar en esta recuperación,  el cambio de táctica de las tropas francesas. Tras los resultados de los primeros años de clara superioridad en el campo de batalla de los ingleses, los franceses dirigidos por Bertrand Du Guesclin y su táctica de guerrillas desconcertaron al enemigo. De esta manera en el año 1380 el otrora gran Ducado de Aquitania se había convertido en una escasa franja de territorio, que unía su capital Burdeos con la costa atlántica.

El agotamiento llevó a continuas treguas.

Efectivamente la guerra comenzó a pasar sería factura entre los contendientes. Sin solución de continuidad, Carlos VI por Francia y Ricardo II por Inglaterra, se reúnen en Leulinghen en 1389. En la cartera llevaban acordar una tregua temporal, así poderse reponer y solucionar los graves problemas internos que acuciaban a las dos coronas.

Por un lado la Inglaterra de Ricardo II se hallaba literalmente en bancarrota. Para solucionarla, como siempre, la solución elevar los impuestos, lo que llevo al país a un continuo estado de protestas. Estas fueron aprovechadas por la familia Lancaster, con la ayuda de la aristocracia inglesa para alzarse con el poder, corría el año 1399 cuando Enrique IV de Inglaterra (1399-1413), se convertía en el primer rey de la Casa de Lancaster en Inglaterra.

Mosaico con la rosa de los Lancaster

En segundo lugar los franceses con un rey Carlos VI (1380-1422) de solo 12 años el día que subió al trono. Para más inri desequilibrado mental según las fuentes de la época. Este aspecto llevó al país francés a una lucha de poder entre diferentes facciones, entre ellas, dos familias destacaban por encima de todas; los Borgoña que intentaban emanciparse y conseguir su propio estado en el este de Francia, y los Armagnacs partidarios de que el hijo del Carlos VI sustituyera a su padre. La disputa fue aprovechada por Inglaterra para reanudar la contienda.

La doble monarquía de Inglaterra.

La situación francesa era un caramelo para Inglaterra. En 1415, es decir casi 35 años después de las últimas batallas en suelo francés, el nuevo rey de Inglaterra Enrique V (1413-1422) desembarcó en el norte de Francia. El encuentro con las tropas francesas se produjo en Azincourt y nuevamente la derrota en campo abierto de los franceses fue clara.

Pero la victoria más importante se llevó a cabo en los despachos. En el tratado firmado en Troyes (1420), por el rey de Inglaterra y los Borgoña que buscaban el apoyo de los primeros para su emancipación. El trato consistía en la boda del rey inglés con la hija del desequilibrado Carlos VI, tras la cual el rey de Inglaterra pasaría al primer puesto entre los sucesores del rey francés. Ante los acontecimientos el hijo de Carlos VI es obligado a abandonar París y refugiarse en el sur de Francia.

Tras lo cual los ingleses se hacen dueños del norte de Francia. Posteriormente tras la muerte de ambos reyes en 1422, un inglés en este caso el Duque de Bedford, como regente del hijo de Enrique V, se convierte en rey de Francia. La doble corona estaba en disposición de hacerse realidad y con ella el final de la guerra, pero quedaba un escollo, el joven Delfín Carlos de poco más de 20 años y refugiado en el sur de Francia.

El Delfín Carlos, que como Carlos VII vencerá en la guerra de los Cien Años.

La heroína de Francia, Juana de Arco, entra en acción.

El hecho ocurrió durante el asedio a la ciudad de Orleans por parte de los ingleses. De la cual parece que escapó Juana de Arco para decirle al Delfín Carlos que una voz celestial le había invitado a liberar Francia de los ingleses. El joven heredero no debía contar con muchas soluciones más, y decidió creer a la doncella de Orleans. De esta manera y junto a los restos de militares reclutados por el Delfín, Juana de Arco liberó Orleans, tras lo cual abrió un pasillo hasta Reims lugar de coronación de los reyes franceses, para que Carlos VII fuera coronado legítimo rey de Francia.

Dos años después con solo 19 años, Juana de Arco fue apresada por los borgoñeses y enviada a la hoguera. Pero no sin antes convertirse en la heroína que necesitaba el país galo. A partir de aquel momento Carlos VII se convirtió en el rey que precisaba Francia. Su tarea consistió en rehabilitar la administración francesa y modernizar el ejército, convirtiéndolo en profesional y dotándolo de los mejores avances en la nueva artillería del siglo XV.

Juana de Arco entrando en Orleans

El resultado fue la reconquista del territorio de Francia. Primero llegando a París y luego expulsando a los ingleses de la zona que había sido causa de la guerra más de un siglo antes. Con la toma de Burdeos por los franceses en 1453 se dio por finalizada la guerra de los Cien Años.

Las consecuencias.

Además del destrozo, saqueo y destrucción generalizada que cualquier guerra lleva consigo, en este caso principalmente en Francia. La guerra más larga que vio la Edad Media tuvo enormes repercusiones en el futuro. De ella surgieron dos estados, ya que si Francia e Inglaterra entraron en la misma como reinos feudales, durante la misma fueron cambiando sus estructuras internas. En especial la administración para fomentar la fiscalidad que debía pagar los nuevos ejércitos profesionales.

Tras este resumen que nos puede servir para contextualizar la guerra, os invito a conocer esta serie de artículos del blog historiae, que os servirán para ampliar diversos aspectos de la guerra de los cien  años:

historiaeweb.com

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Magno Máximo el “otro” emperador hispano del Imperio romano.

Antes de entrar en materia comentar que el entrecomillado de la palabra “otro” tiene su razón de ser. Para algunos, nuestro personaje no pasó de ser uno de más de los usurpadores del tambaleante Imperio romano de Occidente, para otros uno de los mejores generales romanos del Bajo Imperio. A lo que debemos sumar las leyendas medievales que lo colocan como uno de los primeros reyes británicos. Aunque después de conocer algo más su historia, tampoco es tan descabellado llamarlo emperador de occidente. En definitiva fue alzado por el ejército, algo muy habitual en especial desde la crisis del siglo III en el Imperio.

Una revisión al contexto histórico del siglo IV.

Para conocer un poco mejor, el cómo y dónde gobernó Magno Máximo entre los años 383-388, debemos mirar atrás en el tiempo. Concretamente alrededor del año 337, tras la muerte de Constantino el Grande, el imperio queda dividido en dos. Por un lado el Imperio Oriental, es decir Bizancio, bajo el mandato de Constancio II, mientras que la parte Occidental queda bajo su hermano e hijo también de Constantino, en homónimo Constantino II.

Pero no quedaron aquí las divisiones imperiales. Ya que a su vez el denominado Imperio Occidental queda dividido en dos partes, denominadas prefecturas. La más occidental de todas es la que precisamente nos atañe en el relato de Magno Máximo. Se trataba de  la denominada Prefectura de las Galias, que incluía cuatro diócesis; la Hispania, la Vienense, la Galia y la Britania. Añadir además que la capital fue instaurada muy cerca de la frontera con los pueblos bárbaros, en Tréveris.

La Puerta negra de Treveris, la entrada a la ciudad desde el año 180

La carrera de Magno Clemente Máximo.

En dicho contexto político y geográfico, nació Magno Máximo en la diócesis Hispana, probablemente en la provincia de Gallaecia, extremo este sin confirmar. Su familia, los Flavio, era una de las más importantes de la aristocracia hispana, por lo que Magno encaminó su carrera hacía el ejercito romano. A pesar de tratarse de un personaje bastante oscuro y poco conocido para la historiografía llegó a tener altas cotas de poder en el ejército romano.

Su primer destino importante le hizo coincidir con el que posteriormente sería su gran enemigo, nos referimos al emperador Teodosio el Grande. Ambos junto al padre de este último, el magister Teodosio, son enviados por el emperador occidental Valentiniano I a defender la frontera norte de Britania, en un periodo donde las incursiones de pictos y escotos debían ser muy frecuentes. A partir de ese momento, corría el año 369, Magno Máximo se comenzó a labrar el reconocimiento de sus soldados.

Teodosio el Grande en su supuesta ciudad de nacimiento Coca.

El siguiente destino de Magno y Teodosio (padre)  fue el norte de África. Su misión controlar la revuelta encabezada por Firmo, que se había proclamado emperador en el año 372, ante la impasibilidad del emperador Valentiniano I para controlar las tribus indígenas del norte de África. Luego, precisamente estas, se convirtieron en el principal aliado de usurpador africano en su lucha contra las tropas imperiales.

Tras la victoria en el norte de África aparece en la historiografía de nuestro personaje un lapsus de diez años, donde no se conocen noticias fiables del mismo. En dicho periodo sí que aparecen varios hechos significativos en el Imperio romano, entre otros la muerte en extrañas circunstancias de su mentor; Teodosio el viejo. Además tenemos que tener en cuenta, la terrible derrota del Imperio de Oriente ante los godos en Adrianópolis,  que abrió las puertas a Teodosio para que fuera proclamado emperador de Oriente. Junto a Graciano en Occidente son los dos emperadores que encontramos en la vuelta de Magno Máximo a la historia en el año 383.

La subida al poder de Magno Máximo.

Aunque algunas fuentes lo sitúan en el Danubio intentado controlar a los godos, lo más probable es que Magno Máximo volviera a Britania en el año 376, es decir tras la muerte de Teodosio el viejo. Allí se instalaría cerca de los puestos fronterizos del Imperio, ya que cuando se vuelven a encontrar noticias suyas es luchado de nuevo, para evitar las invasiones bárbaras desde el norte de la isla. Su liderazgo, en dicha defensa, le valió ser nombrado por sus hombres emperador del Imperio de Occidente.

Pero es evidente que debía refrendar su posición al frente del Imperio, y para ello debía dirigirse al continente. Graciano, el legítimo emperador de occidente, le salió al paso en las inmediaciones del actual París. Pero este no contaba con que propios  soldados le dieran la espalda, en definitiva todos debieron reconocer a Magno Máximo como mejor emperador dada sus dotes militares. Tras la traición Graciano decide volver a Italia, pero es atrapado y asesinado en las inmediaciones del Lugdunum (Lyon).

Existen muy pocas imágenes de Magno Máximo

Tras los hechos, Magno Máximo se instala en Tréveris con la intención de ejercer desde allí como emperador. Pero para ello todavía faltaba el reconocimiento de sus homónimos. El primero en dárselo fue Teodosio el Grande en el año 384, tras llegar a un acuerdo con su compatriota, ya que como es sabido Teodosio también era hispano. El acuerdo dejaba a Magno Máximo como emperador de la Prefectura de las Galias, a Valentiniano II como emperador del resto de occidente, es decir las dos diócesis itálicas y Panonia. Por último Teodosio como emperador de oriente. Tras el pacto estaba claro que estos dos últimos, necesitaban de Magno Máximo para la defensa del limes germánico. En este punto podemos añadir que Magno Máximo fue emperador entre los años 384-388, fecha esta última en la que encontró la muerte.

La ambición de Magno Máximo.

Como reza el subtítulo,  la ambición pudo con nuestro personaje, en definitiva no tuvo bastante con conformarse con ser emperador de la Prefectura gala y lo pagó bien caro. En la primavera del año 387 el ejército de Magno Máximo entra en la Península Itálica. Lo que debía ser una misión de apoyo al emperador Valentiniano II, en su lucha contra los alamanes que habían invadido la provincia de Retia, se convirtió en la conquista de Milán y la consiguiente expulsión del emperador occidental. El cual  se tuvo que exiliar en Oriente bajo la protección de  Teodosio el Grande.

Pero tras este movimiento el poder de Magno Máximo creció desmesuradamente. A parte de los territorios anexionados, su fuerza consistía en su enorme poder religioso, que había adquirido durante aquellos años en su defensa del cristianismo. Especialmente tras lograr que decapitaran a Prisciliano, uno de los primeros herejes de la historia, hecho que le sirvió para ser proclamado “defensor del cristianismo” y así ponerse a la altura de Teodosio en oriente.

Una imágen de la Iglesia galesa de LLanbeblig, se dice que es Magno Máximo actuando como rey de Britania.

Era evidente que Teodosio no lo podía permitir, a principios del año 388 reunió un gran ejército con la ayuda de Valentiniano II. Desembarcaron en Italia y derrotaron a Magno Máximo en  Aquilea, este último según algunas fuentes fue asesinado por sus propios hombres, aunque según otras fue decapitado por el propio Teodosio. Lo cierto es que tras la muerte de este emperador hispano poco reconocido, la diócesis que más alto precio pago fue Britania, ya que fue el principio de su denominada época oscura con la invasión de los pueblos bárbaros.

Otros artículos que os pueden interesar:

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El último atardecer del emperador Trajano en Selinus.

 

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Seis lugares Patrimonio de la Humanidad en Siria, que pueden desaparecer.

En el verano de 2011 estallaba en Siria una de la guerras más violentas del siglo XXI, se puede decir que fue el resultado de uno de los últimos coletazos de la denominada primavera árabe. Esta, en forma de protestas se expandió como un reguero de pólvora por todos los países árabes en manos de dictadores. Si bien es cierto, que en algunos países el resultado de las mismas ocasionó algunas mejoras en cuanto a la democratización, aspecto este todavía por concretar, en otros se convirtieron en cruentas guerras civiles.

Como el caso que nos atañe, la Siria de Bashar el Asad. El dictador siriano que respondió  a la revolución de su pueblo, mandado a las fuerzas de seguridad con una violencia inusitada, provocando gran cantidad de muertos, que llevaron a la inevitable guerra civil. El resultado de estos cerca de siete años de guerra son cientos de miles de muertos, y millones de desplazados. Pero además el peligro de perder uno de los más ricos patrimonios culturales del mundo, con el hecho que conlleva la máxima de que; Los pueblos que pierden su historia están abocados a su desaparición.

Alepo, la ciudad más castigada en una imagen anterior a 2011

En Caminando por la historia somos unos apasionados de conocer aquellos lugares que de una forma u otra han cambiado la historia.  A través del recuerdo de estos seis lugares Patrimonio de la Humanidad en peligro, queremos poner nuestro pequeño granito de arena en pedir su protección. Con el sano egoísmo de poderlos conocer algún día con un mínimo de conservación posible, algo que desgraciadamente se sigue complicando día a día.

1. Sitio de Palmira, (desde 1980)

No podíamos comenzar con otro lugar, ya que desgraciadamente, sus imágenes han inundado en estos años los espacios informativos de medio mundo, en forma de denuncia por su continua destrucción.

La ciudad de Palmira, situada geográficamente en el centro de país,  tiene más de 3000 años de historia, desde ese momento ya era uno de los oasis más frecuentados del desierto de Siria, por los caravaneros que recorrían Oriente Próximo. Así cuando llegaron los romanos en el siglo I de nuestra era, la convirtieron en una de las ciudades comerciales más importantes de la provincia romana de Siria. Gran parte del comercio entre la India, China y la capital del Imperio pasaban por este lugar.

Teatro romano de Palmira

 

Este fue el motivo principal de crecimiento de Palmira. Su decumanus tenía más de un kilómetro de longitud, con un recorrido adornado de columnas. Además de contar con los clásicos edificios de la cultura romana, como el foro, el teatro y diversos templos. Entre ellos destaca uno consagrado al dios Baal, este hecho nos remite a significar el alto grado de integración cultural del Imperio romano en Oriente Próximo.

2. La antigua ciudad amurallada de Alepo, (desde 1986)

La ciudad de Alepo la encontramos al norte del país, prácticamente haciendo frontera con Turquía. Antes de comenzar la guerra pasaba por ser la ciudad con más habitantes del país con más de dos millones de personas. Hoy sin lugar a dudas es la más castigada por la contienda.

Pocas ciudades del mundo pueden presumir de haber conocido tan ricas culturas. Por Alepo han desfilado los hititas, asirios, griegos, romanos o bizantinos, y desde el siglo VII las diferentes dinastías islámicas, de los Omeyas, Ayubíes o Mamelucos entre otros. Situada como Palmira en un cruce de caminos, donde concurrían las diferentes rutas entre Oriente y Occidente.

Entrad a la ciudadela medieval de Alepo.

La Ciudadela de Alepo se eleva por encima del resto, en el centro de la ciudad totalmente amurallada. En su interior mezquitas, madrazas y otros restos de las culturas anteriores conforman, o conformaban uno de los centros históricos más importantes de Oriente Próximo. Fuera de la misma se encuentra la Gran Mezquita también Patrimonio de la Humanidad, construida en el siglo XII.

3. El Crac de los Caballeros y la fortaleza de Saladino, (desde 2006)

Dominando la costa mediterránea, y separados por algo más de 150 kilómetros, encontramos estos dos castillos. Podemos considerar que ambos reflejan el rico pasado de Siria en lo referente al intercambio de culturas, además de evocar el pasado medieval y el recuerdo de las cruzadas.

El Crac de los caballeros

El Crac de los caballeros fue erigido a partir del año 1142 por la Orden Hospitalaria de San Juan, para convertirse en el refugio de los cruzados cristianos, hasta la toma del mismo en el año 1271 por los musulmanes.  Por lo que respecta a la fortaleza de  Saladino, su construcción se remonta al siglo X, cuando todavía pertenecía la zona  al Imperio Bizantino. Tras la conquista musulmana será remodelado y adaptado a la dinastía Ayubíes, para convertirse en refugio de Saladino, el gran líder de dicha dinastía en su lucha contra los cruzados cristianos.

La fortaleza de Saladino

Ambos son un fenomenal ejemplo de construcciones defensivas medievales, enclavados en zonas elevadas para el control del territorio. Pero el Crac de los Caballeros se lleva los elogios más importantes, al estar considerado el castillo medieval por excelencia, especialmente en el contexto de las órdenes militares cristianas.

4. La antigua ciudad de Bosra, (desde 1980)

Bosra en la actualidad es una pequeña ciudad de menos de 20.000 habitantes, situada al sur de Damasco muy cerca de la frontera jordana. Pese a su pequeño tamaño, en comparación con las grandes capitales, su legado histórico es de los más impresionantes del país.

Su historia comenzó al menos hace 3.400 años, cuando su nombre ya aparecía en las célebres tablillas de Tell el-Amarna, estas se trataban de la correspondencia del gigante egipcio con las diferentes culturas orientales. Siglos después se convirtió en una de las principales ciudades del reino nabateo, hasta la conquista de Trajano en el año 106 dC. Su época romana de mayor esplendor llegará con Septimio Severo que la convierte en Colonia y capital de la provincia romana de Arabia. Tras estos, bizantinos y omeyas la siguieron embelleciendo.

Una de los teatros romanos mejor conservados del mundo.

Antes del inicio de la guerra de Siria, pasaba por ser un lugar de respeto entre las culturas, manteniéndose prácticamente como hace más de 2.000 años. Se puede encontrar desde uno de los teatros romanos mejor conservados del mundo, a una catedral cristiana de la época bizantina. Además de las más antiguas construcciones del islam, como son una mezquita y una de las madrazas más importantes de esta cultura, se dice que Mahoma pasó por allí.

5. Las antiguas aldeas del Norte de Siria, (desde 2011).

El siguiente destino lo encontramos al noroeste de la ciudad de Alepo, se trata de los restos de al menos 40 pequeñas aldeas que fueron habitadas entre el siglo I-VII dC. Su enorme importancia reside en ser uno de los lugares donde mejor se puede comprender el paso de la Antigüedad tardía al Imperio Bizantino. Ya que fueron abandonadas progresivamente desde el siglo VIII con la llegada del Islam.

En realidad se trataba de aldeas dedicadas a la agricultura, por lo que los expertos consideran que es uno de los lugares más excepcionales del mundo para el estudio de las comunidades rurales de la alta Edad Media. Su ausencia prácticamente total de ocupación humana durante más de mil años, ha permitido un estado de conservación excelente a la llegada del siglo XX.

La iglesia de San Simón Estilita.

Los edificios que allí se encontraban en el año 2011, iban desde templos paganos a iglesias cristinas, pasando por todo tipo de edificios dedicados a la labor del campo, como establos, graneros, talleres artesanales o viviendas diseminadas. Además en los centros de las pequeñas aldeas existían los diferentes edificios públicos de la administración local, así como baños de tradición romana. Si nos tuviéramos que quedar con  un edificio, este sería la Iglesia de San Simón Estilita, una de las iglesias cristianas más antiguas del mundo, ya que fue construida en el siglo V. Además está considerado un claro precedente del arte bizantino, e incluso del románico europeo.

6. La ciudad vieja de Damasco, (desde 1979).

Dejamos para el final la capital de Siria. La ciudad de Damasco es un verdadero cruce de caminos entre Asia y África. Fundada hace más de 4.000 años en un lugar habitando desde el año 8.000 aC. Ambos datos la convierten en uno de los lugares habitados continuamente más antiguos del mundo.

Uno de los momentos de mayor esplendor en la Edad Antigua le llegará sobre el año 1000 aC. Cuando el pueblo nómada de los arameos la utilice para comenzar a sendentarizarse, tras ellos griegos, romanos y bizantinos la convirtieron en una de las ciudades más bellas de Oriente Próximo. Pero será con la llegada del Califato Omeya, cuando se convierta en el ejemplo arquitectónico a seguir por el resto de ciudades islámicas.

A principios del siglo XXI, la ciudad de Damasco contaba con alrededor de 125 monumentos de las diferentes culturas que la han habitado. Aunque la mayor parte sean islámicos  también los podemos encontrar romanos y bizantinos. Sin duda destaca por encima de todos la Mezquita de los Omeya, construida a principios del siglo VIII sobre restos de edificios de culto de las tres culturas anteriores, es decir arameos, romanos y bizantinos.

La mezquita de los Omeya

Tras esta exposición solo nos queda esperar y desear que la terrible guerra civil en Siria acabe lo antes posible. En primer lugar para que no se lleve una sola vida más por delante, y en segundo término para disfrutar algún día de lo que puede ofrecer este maravilloso país a los apasionados de la historia.

Más info: whc.unesco

Solón el griego que inventó la Democracia.

La Atenas del siglo VII aC., distaba mucho del ideal democrático con él que nos ha sido presentada la cultura griega. Las diferencias sociales y el poder económico en manos de los Eupátridas, es decir la aristocracia terrateniente, llevaron al descontento a la población ateniense. Todo ello pesar de contar con una serie de instituciones, que proclamaban el poder del pueblo para decidir sobre los asuntos de la comunidad.

Solón

En este contexto nació  Solón alrededor del año 638 aC., para convertirse en uno de “los siete sabios de Grecia”, además de uno de los mejores genios políticos que dio la cultura griega. Su defensa a ultranza de los derechos de los campesinos griegos le valió la designación como “arconte” en el año 594 aC. En aquella época el arcontado era el máximo poder al que podía aspirar un dirigente griego. En concreto existían tres arcontes, que actuaban simultáneamente repartiéndose los poderes ejecutivos, militares o religiosos.

Los pensamientos de Solón.

Podemos decir que Solón era un gran escritor y poeta, y puso ambas virtudes al servicio de la política. En especial su poesía dedicada a tratar los problemas, tanto sociales como políticos de sus vecinos, esta fue su forma de acercarse al pueblo.

La filosofía de Solón se define con solo una palabra, “la Eunomía”, es decir el buen orden y gobierno. A través de ella les pide a los dirigentes a tratar bien a su pueblo, especialmente en el respeto a los más débiles,  y al pueblo a acatar las leyes impuestas.

Pero el gran paso de Solón fue su alejamiento de la religión. A pesar del respeto a las tradiciones, les dice a sus conciudadanos que “la justicia social solo se logra si es elaborada por el hombre”, y este no debe conformarse con los designios de los dioses de la antigua Grecia. Por lo tanto, podemos deducir que los oráculos griegos, no debieron tener gran trascendencia en las decisiones legislativas de Solón.

Las tablillas Solonianas.

Dichas tabillas fueron el lugar elegido por el nuevo legislador, para poner las nuevas leyes sobre las que se debía regir Atenas. Su forma posiblemente era cuadrada y giraban en torno a un eje central, aunque otras eran en forma piramidal. Sea como fuese estaban escritas en un griego arcaico, de izquierda a derecha, mientras que la fila de abajo era escrita al contrario, es decir de derecha a izquierda.  Los temas tratados en ellas abarcaron un amplio aspecto legislativo, en concreto desde los penales, a los políticos o civiles, e incluso abordaban algunos temas relacionados con el comercio.

Recreación de las tablillas de Solón.

Originalmente fueron colocadas en la Acrópolis de Atenas, con lo cual quedaron totalmente destruidas con la llegada de los persas en el año 480 aC. Su reconstrucción se realizó minuciosamente y Efialtes, otro de los grandes reformadores griegos, las llevó al mercado de Atenas, para que estuvieran en el lugar más cercano el pueblo. Pero posiblemente no era el más seguro, de tal manera que su destino final fue el Pitraneo de Atenas, la sede del poder ejecutivo ateniense, situado en el Ágora de la ciudad. Allí permaneció durante siglos, hecho que nos lleva a pensar la gran importancia que para la democracia de la Antigua Grecia tuvieron las leyes de Solón.

Los tres grandes puntos de las reformas de Solón.

Como hemos comentado anteriormente Solón llegó al arcontado en el año 594 aC. Nada más llegar se puso manos a la obra, sus reformas afectaron a todos los estamentos de la vida pública ateniense, la importancia de estas reside el en reconocimiento posterior. Sin ir más lejos Aristóteles, 250 años después,  dijo que las reformas de Salón  habían introducido la democracia en Occidente.

De todas las reformas sociales que puso sobre la mesa Solón, tres son las más trascendentales.

La Seisactía.

El principal problema del Ática, el descontento entre los agricultores, fue abordado por Solón en primer lugar. Hasta ese momento las mejores tierras estaban en manos de los Eupátridas, por lo que el resto de población debía de contentarse con las menos beneficiosas. Este aspecto llevaba a los agricultores más pobres a encontrarse en manos de las posibles malas cosechas, por ejemplo por las inclemencias meteorológicas. Para subsistir se veían obligados a hipotecar desde sus tierras a sus propias vidas, ya que al no poder pagar una deuda eran automáticamente convertidos en esclavos de los terratenientes.

La seisactía no fue otra cosa que la abolición de todas estas deudas contraídas, por los más pobres hacia los Eupátridas. Además sin que estos últimos recibieran nada a cambio.  En definitiva estamos ante la abolición de la esclavitud en el Ática, pero no solo eso, sino que desde aquel momento se prohibió que cualquier ciudadano fuera garantía, en el pago de una hipoteca.

Lo que es más dudoso, es el aspecto que a veces se ha asignado a esta reforma, en cuanto a la distribución de las tierras entre los agricultores más pobres. Más bien lo que pudo suceder es la vuelta de los exiliados, que habían decidido emigrar antes de convertirse en esclavos, y que ahora tras la reforma de Solón, recuperaron sus tierras exentas de deudas con la aristocracia ateniense.

La división social.

Si hoy día nos dijeran, que a partir de este momento nuestros derechos y obligaciones, iban a estar en consonancia con nuestro nivel económico, pondríamos el grito en el cielo. Pero trasladados al Ática del siglo VII aC., era una autentica revolución. En definitiva hay que tener en cuenta que a partir de ese momento con la reforma de Solón, lo importante era la situación económica y no como hasta entonces el estatus de nacimiento. Este dio acceso a los puestos importantes de la política, sin ir lejos a los comerciantes o artesanos que habían sabido llevar adelante sus negocios.

De este manera Solón creo cuatro categorías; los Pentacosiomedimnos (más de 500 medinmos anuales), los Hippeis (más de 300), los Zeugitas (más de 200) y por últimos los Thetes (inferiores a 200). Por cierto los medinmos eran una medida de peso del cereal, sin duda la mayor fuente de riqueza en aquellos momentos en la Antigua Grecia. Este hecho también reportó la llegada de la moneda a la sociedad ateniense.

Una de las escenas más representadas de Solón, donde se ve al político griego junto al rey de Lidia, Creso.

Tras dividir en clases sociales a los atenienses y para contentar en algo a los terratenientes, dispuso que solo las dos primeras clases tuvieran opción a ser elegidas, y elegir a los representantes de las magistraturas.

Leyes dirigidas al ámbito del derecho personal.

Las libertades individuales era uno de los principales campos de batalla de la sociedad ateniense, sobre todo en el ámbito familiar. Hasta las reformas de Solón la vida de los hijos pertenecían a los padres, los cuales tenían derecho a quitársela si era menester, evidentemente Solón lo prohibió. Pero no quedó ahí la cosa, además Solón prohibió la mendicidad entre los niños, uno de los recursos que tenían los progenitores, para el sustento de la familia. Además les impuso a los padres la obligación de educarlos en un oficio, y por último los nombró herederos de los bienes de sus padres para proseguir los negocios familiares.

Entre las leyes dirigidas a la vida social una llama la atención, a partir de aquel momento Solón limitó los gastos de los funerales entre los aristócratas griegos. El derroche de estos, a la hora del traspase de los difuntos, era una verdadera provocación para los más necesitados de Atenas.

La reforma de la constitución Ateniense.

Sin duda uno de los mayores logros de Solón, y que supondrá con el tiempo el acercamiento de los hombres a la política.

El número de miembros del arcontado hasta ese momento ocupado por tres hombres, los elevó a nueve. Estos se repartían las diferentes funciones, es decir la legislativa, la judicial, la administrativa, o la ejecutiva. Al arcontado solo podían acceder los Pentacosiomedimnos, estos eran elegidos por sorteo entre los presentados por cada una de las cuatros tribus del Ática.

Por otro lado  convirtió a la Eklesía en la asamblea por excelencia de la ciudad, en ella se reunían todos los ciudadanos del Ática varones, que habían prestado servicio en el ejército griego. Sin importar su posición dentro de la división social. Dicha asamblea se reunía asiduamente para decidir los asuntos más importantes de la ciudad, así como para la aprobación de leyes o la elección de los arcontes, ambos menesteres se realizaban a mano alzada.

La acrópolis ateniense, el centro de la vida en la cultura griega.

Un organismo que creó Solón fue La Bulé, contaba con 400 hombres elegidos entre las cuatro tribus, es decir 100 de cada una de ellas. Con la particularidad que el número de Eupátridas, no podían superar los 75, para dar más cabida a las diferentes clases sociales. Aunque su papel al principio no está del todo claro, hecho que ha llevado a dudar de que fuera una institución promovida por Solón, lo cierto es que fue una de las más importantes con los nuevos reformistas del siglo V aC., su función preparar las reuniones de la Eklesía.

La institución encargada de velar por los asuntos judiciales fue la Heliea. El verdadero símbolo de que la justicia pertenecía al pueblo de Atenas, ya que se trataba de una reunión de 6000 miembros elegidos mediante sorteo. Al mismo podía acudir cualquier ciudadano ateniense a exponer sus inquietudes, lo que supuso un medio de defensa de estos frente al antiguo poder que ostentaban los Eupátridas del Consejo del Areópago. Este último por cierto fue otro de los estamentos remodelados por Solón, ya que a partir de ese momento este consejo será accesible a todos los magistrados jubilados, y no solo a los Eupátridas como anteriormente.

Otros campos donde actuó la reforma de Solón.

Ciertamente Solón no se centró exclusivamente en la creación de una democracia, debía tener bien claro que sin un cierto bienestar esta no podía llegar a todos los estamentos de la sociedad.

Sus principales reformas también llegaron a la agricultura y a la ganadería. Hasta su llegada, el Ática estaba destinado a la pérdida continua de habitantes, dada la imposibilidad de alimentación, debido a la falta de terrenos agrícolas para la recolección de cereales. Para mitigar esta carencia básica en el consumo humano hizo cambiar progresivamente los campos de cereales, por otros de vid y olivos. En definitiva estos productos tenían un mayor mercado oriental, de ahí que sus intercambios por cereales, favoreció que los atenienses no tuvieran que abandonar sus territorios.

Uno de los aspectos más curiosos los encontramos en las disposiciones para favorecer la ganadería. Para solucionar las continuas perdidas de reses, le puso precio a la vida de los lobos, cada uno de los que fueran cazados tenía una contraprestación económica.

Moneda griega

Pero para que todo funcionara correctamente eran necesario medidas de peso y monedas estables, y en estas últimas, Atenas llevaba bastante desventaja respecto a otras zonas griegas, que ya acuñaban moneda mucho antes. Pero la decisión de Solón de empezar a distribuir las monedas de Atenas, con la lechuza y el olivo, y con excelente plata de las minas de Laurio resultó todo un éxito. Además de ello el reformador griego introdujo  el medimno para los sólidos, y el metreto para los líquidos como mediadas de peso y capacidad respectivamente, para aplicarlos a la nueva agricultura griega.

Clístenes uno de sus sucesores.

A modo de conclusión decir que Solón no es que dejará el paradigma democrático instalado en Atenas, todavía faltaba camino por recorrer. Pero logró dar al pueblo llano la voz necesaria para ejercer sus derechos.

Tras Solón, llegaron entre otros el tirano Pisístratro, que puso en valor las reformas de este en el campo de la economía, para convertir Atenas en una de las zonas más prosperas del mediterráneo. Tras el tirano, los Clístenes, Efialtes o Pericles mejoraron las disposiciones de Solón para convertir ahora sí, en el siglo V aC.,  a Atenas en el ejemplo democrático. El cual copiaron a su manera la gran potencia emergente del Mediterráneo, la República romana. Por todo ello podemos pensar que Solón fue el griego que inventó la democracia.

Más info:

Historia Universal II : el mundo griego, Pilar Fernández Uriel, Ed. Uned, 2007

Historia de los griegos, Indro Montanelli, Ed. Debolsillo, 2016

Imágenes: commons.wikimedia

Cómo entrar en la historia en 15 días, Palacio de Cecilienhof.


 

El protagonista de nuestra historia es el Palacio de Cecilienhof. Un lugar destinado a principios del siglo XX a ser la morada del rey del Imperio Alemán, pero que pasará la mayor parte de su existencia en el ostracismo, del cual solo salió en aquellos  fatídicos quince días del verano de 1945, en los que entrará en la historia por la puerta de atrás.

Su historia comienza en el inverno de 1914, el entonces emperador del II Reich Alemán, Guillermo II, decide la construcción de un palacio destinado a su hijo y heredero Guillermo, el mayor de siete hermanos. El lugar elegido estaba recientemente remodelado, y era conocido como el Jardín Nuevo. Se trataba de un espectacular parque de estilo inglés que se encontraba en las afueras de Potsdam.

Aunque pronto comenzarán los inconvenientes, el 28 de junio de 1914 moría asesinado un gran amigo de Guillermo II, el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo.  La respuesta de Alemania no  se hizo esperar, pese a las primeras reticencias del propio Guillermo, los decididos militares alemanes y su perfecto plan Schlieffen enviaron a Alemania, y posteriormente al mundo a su Primera Guerra Mundial.

Pese a todo en plena guerra mundial el palacio se siguió construyendo, hasta tenerlo terminado en 1917. El día de su inauguración en agosto de ese año, el espectacular palacio de estilo inglés Tudor, contaba con 6 patios, 55 chimeneas y 176 habitaciones. En el mismo se alojó el futuro rey con su esposa Cecilia de Mecklemburgo-Schwerin, de la cual adoptó el nombre, y sus 5 hijos, ya que la última nació días después en dicho palacio. Poco le duraría la alegría al príncipe Guillermo, el año siguiente tras perder la guerra Alemania, se ve obligado a exiliarse a Holanda junto a su padre,  en el Palacio se quedará su esposa hasta 1945.

La monarquía fue abolida al terminar la guerra, pese a lo cual el príncipe impulsado por su padre, y último emperador alemán  Guillermo II, volvió varias veces durante los primeros años de mandato de Hitler. En definitiva, la Casa de Hohenzollern siempre creyó en la posibilidad que el dictador les retornaría la Corona. Evidentemente estaban equivocados, los planes de Hitler pasaban por otro sitio. Dichos planes estallaron en septiembre de 1939, enviando esta vez a Alemania y otra vez al mundo a la más devastadora guerra de la historia. La princesa Cecilia permaneció en el Palacio hasta el final de la guerra, solo unos días antes de la llegada del ejército rojo a Potsdam, momento en que se vio obligada a abandonarlo. Solo unos pocos meses después este magnífico Palacio se disponía a entrar en la historia mundial, durante sus quince días de gloria.

Sorpresa de Stalin.

El 26 de Julio de 1945, Josif Stalin,  secretario general del Partido Comunista de la URSS, (que por cierto se adelantó a sus compañeros, adornado el patio con una estrella roja), Winston Churchil relevado por Clement Attlee como Primer Ministro del Reino Unido ese mismo día, y Harry S. Truman presidente de los EE.UU,  se reunían en el Palacio de Cecilienhof, para cambiar el mundo.

El primer acuerdo que tomaron ese mismo día, fue realizar la llamada Declaración de Potsdam, Truman, Churchil y el Presidente de la República China Chiang Kai-Shek realizaron un ultimátum  a Japón, o se rendían o caería sobre el país toda la fuerza aliada. El resultado el conocido; el 6 de agosto caía la primera bomba atómica sobre Hiroshima, el 9 de agosto la siguiente sobre Nagasaki.

Reuniones en Cecilienhof

El resto de lo sucedido en el Palacio de Cecilienhof, fue de la denominada Conferencia de Potsdam, es decir poner la  firma a los numerosos acuerdos a los que fueron llegando los aliados durante la guerra. Dicho de otra forma,  el punto y final a la terrible 2ª Guerra Mundial, el reparto de Alemania entre Rusia, EE.UU, Reino Unido y Francia.

Churchill, Truman y Stalin, los tres vencedores de la 2GM

En definitiva estos dos hechos; (la bomba atómica y el reparto de Alemania, pondrán las bases de la Guerra Fría). Al día siguiente Stalin se unió a  la carrera atómica que habían comenzado los EE.UU previamente, hecho que mantendrá en vilo al mundo hasta la caída del régimen soviético en 1989.

Mientras, el protagonista de esta historia pasará al olvido, y al más completo abandono. Un hecho que nos puede llevar a entender su ostracismo durante la Guerra Fría, es los escasos metros que separan el Palacio de Cecilienhof del Puente Glienicke, el cual pasará a la historia como punto ideal, por su discreción, de intercambios de espías entre las dos potencias, EE.UU y la URSS. Por último es importante destacar que durante esos años, Potsdam perteneció a la República Democrática Alemana, uno de los países más afines a la potencia comunista.

Tras la caída de Telón de Acero y del Muro de Berlín en 1989, el Palacio se recuperará para ser uno de los muchos monumentos que hacen de Potsdam una de las ciudades más bonitas de Alemania. Hoy en día se puede disfrutar en él de un museo y un fantástico Hotel, en el entorno magnífico del jardín Nuevo.

Articulo publicado previamente en Queaprendemoshoy.com el 16 de febrero de 2017

Imágenes: commons.wikimedia