Los persas sasánidas, los otros “bárbaros” que hicieron frente a Roma.

El día que murió Trajano en Selinus, las vastas fronteras del Imperio romano llegaban desde el norte de la actual Inglaterra hasta el Golfo Pérsico. Detrás de ellas, cientos de pueblos intentaron mantener su independencia frente al todopoderoso Imperio Romano. De todos estos pueblos, los persas sasánidas fueron los únicos capaces de competir en igualdad de condiciones sociales, económicas, y culturales, frente al gigante romano. Además, hay que destacar que parece que supieron esperar el momento, ya que cuando militarmente se sintieron preparados, frente a ellos se encontraba un Imperio en sus horas más bajas.

El origen el Imperio Sasánida.

Nos remontamos al año 224, un siglo después de la muerte de Trajano.  En aquellos momentos el Imperio Parto, heredero de los territorios iranís tras los seléucidas, pasaba por sus momentos más inciertos. Su último rey, Artabán IV acababa de ser asesinado en la Batalla de Susiana. Al mismo tiempo, emergía la figura de Ardashir I, de origen incierto, pero al parecer nieto de Sasán, un sacerdote que aseguraba descender de la estirpe de los persas aqueménidas. De esta forma debió conseguir los apoyos necesarios entre las tribus persas, con las que formó una coalición para derrotar a los supuestos descendientes del rey parto. Dos años después, 226, en Ctesifonte, Ardashir I era coronado rey de reyes, acababa de nacer la Dinastía Sasánida para convertirse en la pesadilla oriental de romanos y bizantinos durante cuatro siglos.

Qué sabemos de los persas sasánidas.

El que mejor nos describió a los persas sasánidas fue el último gran historiador romano, Amiano Marcelino:

“Eran delgados, con ojos de chivo, esplendidas barbas y largas caballeras. Cuando no combatían, vestían con túnicas de brillantes y de llamativos colores, llenos de pulseras y collares de oro y perlas. Pero no dudaban en transformarse para combatir como astutos guerreros, a los que no les temblaba el pulso si debían despellejar vivos, ni a los rivales, ni a sus propios esclavos”.

Punto y aparte merece la descripción de su célebre caballería, heredada directamente de los ejércitos partos:

“Por encima de todo destaca su caballería, con miles de soldados a caballo, en apretadas filas y con sus cuerpos cubiertos con la malla de cota y pesadas armaduras. De tal forma que parecían una sola pieza de metal, que deslumbraba al enemigo que se atreviese a mirarlos”.

recreación de una batalla entre persas sasánidas y romanos
recreación de una batalla entre persas sasánidas y romanos

A parte de la descripción de Marcelino conocemos amplios aspectos sociales, políticos, religiosos o económicos del Imperio Sasánida. Destacar desde un principio su magnífica posición geográfica en plena Ruta de la Seda, aspecto que les llevó a ser un Imperio principalmente dedicado al comercio. Se convirtió en aliado de China y la India, debido al interés común de proteger la principal ruta económica del mundo antiguo. Junto a ellos, armenios y judíos se convirtieron en los principales protagonistas, para inundar el Imperio romano de ricas cerámicas, orfebrerías y cosméticos de lujo. Al amparo de dicha actividad nacieron, o se afianzaron las principales ciudades del Imperio Sasánida, además de su capital Ctesifoente, destacar Siraf como puerto del Golfo Pérsico y Hamadan en el centro del Imperio como cruce caravanero.

Ctesifonte
Ctesifonte

El Imperio persa se convirtió en la tradicional maquinaria administrativa y económica del mundo oriental, de ahí que posteriormente fuera copiada en muchos aspectos por los reinos e imperios de la Alta Edad Media. Para su control, el Imperio se dividió en cuatro grandes zonas denominadas, padhgos, al frente de cada una de ellas un virrey con poderes civiles y militares. Cada uno de ellos supervisaba a los gobernadores de las provincias y estos a su vez a las cabezas visibles en las ciudades y poblados de todo el Imperio. El principal cometido de todos, a parte de administrar justicia, recaudar los fondos necesarios para las dependencias palatinas persas. Allí bajo el emperador de turno, un gran visir que hacía las veces de primer ministro, coordinaba las secretarias y ministerios que manejaban la justicia, las finanzas, el imprescindible servicio de postas, e incluso la religión imperial.

Los persas sasánidas heredaron de sus homónimos aqueménidas la religión dualista zoroástrica, basada en el bien y el mal, era muy adecuada por la necesidad imperial de mantener un fuerte ejército.  Los persas creían en los elementos de la naturaleza, el agua purificadora, la tierra madre, y el aire y fuegos sagrados. Llama especialmente la atención su forma de despedirse de sus antepasados. Un cadáver era visto como un foco de contaminación, de ahí que no se pudieran enterrar en la tierra madre, ni incinerar para no contaminar el aire y el fuego. La solución dejar que los buitres elevaran al cielo a sus seres queridos, hoy día, a pesar de estar prohibido, se sigue efectuando en algunos rincones de Irán o la India. De los zoroastras nació una de las denominadas religiones universales, el maniqueísmo, a través del profeta Mani, y con la ayuda de Sopor I, se expandió por todo oriente llegando incluso a los entresijos del Imperio Romano.

No podemos dejar de destacar, que los persas sasánidas se convirtieron en uno de los principales protectores del saber en el paso a la Edad Media. La refundación en tiempos de Sapor I de una antigua ciudad helenística, que los persas denominaron Gundeshapur, estuvo detrás de este hecho. Allí se fundó una de las denominadas primeras universidades de la historia, a la cual llegaban estudiantes de todos los rincones, para estudiar ciencias, filosofía o medicina. Gracias en gran parte a la traducción al persa de las principales obras de los clásicos griegos. Desafortunadamente la llegada de los árabes en el siglo VII redujo a cenizas la ciudad, y todas sus bibliotecas.

De los cuatro siglos de historia del Imperio Sasánida, dos de ellos enfrentados al Imperio Romano, un rey destaca por encima de todos. Destacó en tal medida, que fue capaz de subirse a la misma chepa de un emperador romano.

Relieve persas con elefantes en el ejercito
Relieve persas con elefantes en el ejercito

Sapor I rey de Persia (240-272).

Hijo de Ardashir I, Sapor no debía tener mucho más de 15 años, cuando ya se encontraba al frente de los ejércitos que atacaban la frontera del Imperio Romano. El objetivo del futuro rey persa era la provincia romana de Mesopotamia, conquistada más de un siglo antes por Trajano, olvidada por Adriano, y reconquistada por Septimio Severo para Imperio a principios del siglo III. Los persas pudieron llegar a pensar que el rival iba a ser fácil. En definitiva, al otro lado del mediterráneo, Roma era un auténtico caos sumida en una interminable guerra civil, y con los pueblos bárbaros campando a sus anchas por el Imperio. Nada más lejos de la realidad.

Los primeros intentos persas de conquistar Mesopotamia en el año 232 se encontraron en frente al joven emperador romano Alejandro Severo. La victoria de este último, ante el ejército persa compuesto por 700 elefantes, 1800 carros de combate y miles de jinetes fue relatada por el mismo. Pero los problemas en la otra punta del Imperio desguarecieron Mesopotamia. A la misma vez que el emperador de Roma era asesinado por los propios romanos en las cercanías de Maguncia (Germania Superior), los ejércitos persas tomaban las ciudades de Nisibis, Carras y Hatra. Pocos años después con Ardashir I enfermo, Sapor I toma las riendas del Imperio Persa, aunque no fue coronado hasta la muerte de su padre en el año 241.

Campañas de Sapor I
Campañas de Sapor I

Una vez en el poder Sapor I, se encuentra enfrente a otro joven emperador, Gordiano III (238-244), que dadas sus escasas dotes militares deja la defensa de Oriente en manos de su Prefecto del Pretorio. Un error habitual de los emperadores romanos, que acarreará futuras consecuencias. Aunque estas deberán esperar, ya que el susodicho Timesteo, recuperó rápidamente las ciudades romanas conquistadas por los persas, expulsando a estos en el año 243.

En este punto se inicia un periodo bastante oscuro, que genera controversia entre las diferentes fuentes de la época. Lo único claro, la muerte por enfermedad del Pretorio, que deja al emperador Gordiano III al frente del ejército romano. Según los persas, posteriormente el emperador romano es muerto en combate en la frontera babilónica, según los romanos murió en un complot del nuevo aspirante al cetro romano, Filipo el Árabe. Este último rápidamente regresa a Roma en busca de afianzarse en el poder.

Hasta el cambio de década, no son claras las fuentes, parece ser que Sapor I dedicó este periodo a resolver los problemas internos habituales en un cambio dinástico tan reciente.

En el año 253 se reanudan las hostilidades, esta vez el objetivo persa es la tercera ciudad del Imperio Romano, en aquellos momentos la capital de la provincia romana de Siria, Antioquia. Esta sucesivamente pasará en pocos años de mano en mano, la lucha de Sapor I esta vez encontró enfrente a Valeriano (253-260), tristemente conocido como el primer emperador romano que cayó prisionero de un enemigo. Sucedió tras una gran victoria de los ejércitos romanos en las inmediaciones de Edesa. Al bueno de Valeriano, y creyéndose en posición ventajosa, no se le ocurrió más que acudir en persona a negociar una nueva tregua. No debemos dudar del sentido del honor del pueblo persa, pero la oportunidad debió ser de aquellas imposibles de rechazar. Los enviados a la negociación entre ellos el emperador fueron hechos prisioneros, algunas fuentes se atreven a señalar que la humillación de Valeriano en tierras persas fue total, usado como escalera por el propio Sopor I para subirse a su caballo.

Relieve persa con Valeriano arrodillado ante Sapor I
Relieve persa con Valeriano arrodillado ante Sapor I

Galieno (253-268) su hijo, que ya ejercía como emperador al otro extremo del Imperio queda como único representante de la púrpura romana. Su preocupación exclusivamente la defensa de la frontera occidental. De ahí que deje en manos del gobernador de Palmira, Odenato, la defensa de la frontera oriental del Imperio. Si bien es cierto, que expulsó de los territorios romanos a los persas, también es cierto que este éxito militar le comportó un nuevo enemigo a Roma. Odenato se convierte en rey de reyes de Palmira, título habitual en el mundo oriental, proclamando un nuevo imperio, y un nuevo quebradero de cabeza a los emperadores romanos.

Pero Sapor I había comprendido que un rival en sus más bajas como era Roma, era todavía mucho rival, el resto de sus años de reinado desvió su mirada a la parte más oriental de su Imperio Sasánida, parecía más fácil conquistar la India o China que el Imperio romano. Ni unos, ni el otro, Sapor I murió por causas naturales, algo extraño en la época, corría el año 272. Si la lucha entre los persas de Sapor I y el Imperio romano se hubiese desarrollado en un tablero de ajedrez, la partida hubiese acabado en tablas.

Los descendientes de Sapor I, con la excepción de Sapor II (309-379), mantuvieron una relación con el Imperio romano menos belicosa. Ya que ambos imperios se enfrentaron a los mismos problemas, si Roma tuvo que hacer frente a las invasiones bárbaras del limes germánico, los Persas Sasánidas se las vieron con las tribus árabes del sur de Persia y con los jinetes nómadas de las estepas asiáticas. Todo ello sin olvidar que el Imperio Romano del siglo IV, no fue el mismo que se encontró Sopor I, especialmente desde la llegada de Constantino el Grande, que estabilizó en gran medida las estructuras imperiales.

Mas info:

Los enemigos de Roma, Fhilip Matyszak, Ed. Oberon, 2005

La caída del Imperio Romano, Adrian Goldswhorty, Ed. La esfera de los libros, 2009

 

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