Los enemigos de la Primera República.

El 12 de febrero de 1873, Amadeo I, el rey más democrático que conoció la España del siglo XIX, cogía las maletas y emprendía viaje rumbo a Portugal. No sin antes dejar bien claro lo que opinaba de los españoles:

“Si fueran extranjeros los enemigos de España, sería el primero en combatirlos, pero todos los que, con la espada, la pluma o la palabra la agreden son españoles”.

El día antes, ante la evidente abdicación de Amadeo I, el pueblo de Madrid se agolpó en los exteriores de las Cortes con las demandas liberales como bandera. Dicha renuncia al trono era la oportunidad que llevaban esperando los herederos de los hombres que, en Cádiz en el año 1812, habían confeccionado una de las constituciones más avanzadas de Europa. Era el momento de poner en práctica la máxima expresión del liberalismo político, por 258 votos a favor y 32 en contra, las Cortes a 11 de febrero de 1873 instauraban la Primera República Española. 686 días después, el sueño de los republicanos españoles se difuminó, al no conseguir imponerse políticamente a los enemigos que aparecieron desde todos los sectores de la sociedad. Por cierto, como veremos no hay peor enemigo que el que tienes en casa.

Exterior de las Cortes el 10 de febrero de 1873
Exterior de las Cortes el 10 de febrero de 1873

Lo del “enemigo en casa”, parece evidente. Hasta cuatro presidentes tuvo la Primera República en menos de un año. Los dos primeros barceloneses; el abogado Estanislao Figueras y el historiador Pi y Maragall. Los dos siguientes andaluces; el almeriense Nicolás Salmerón y el gaditano Emilio Castelar, por cierto, este último miembro de la Real Academia de la Historia. Pues bien, todos ellos se fueron turnado como ministros de los otros gabinetes, saltado de un partido a otro en cuestión de días, fueron miembros del Partido Progresista, del Partido Democrático, o del Partido Republicano Federal, dependiendo de las necesidades de cada momento. Es evidente que la falta de unión y dirección propició una mayor fuerza a los enemigos de la República.

Emilio Castelar apagando los fuegos revolucionarios.
Emilio Castelar apagando los fuegos revolucionarios.

Los Carlistas.

El primero de los grandes enemigos de la República fue en el campo de batalla y no era suyo propio, sino que era motivo de herencia. Las guerras Carlistas minaron los gobiernos de la España Liberal desde la muerte de Fernando VII en 1833. En aquel momento la Corona de España quedaba en manos de una niña de 3 años y como Regente su madre María Cristina, partidaria de una Monarquía Constitucional. Enfrente quedaron los partidarios de Carlos Luis de Borbón, hermano de Fernando y apoyado por los sectores más absolutistas y católicos de España. La guerra desde entonces se quedó larvada en el país, y despertaba cada vez que la Corona, o el gobierno mostraban acercamientos a los sectores más liberales.

Ese aspecto se hizo patente desde la llegada de Amadeo I, que fue el detonante de la denominada por la historiografía más actual, como la Tercera Guerra Carlista, esta comenzaba en 1872, es decir, un año antes de la consagración republicana. Pero evidentemente la proclamación de la Primera República levantó enormes ampollas en el seno Carlista, la instauración de la separación entre Estado-Iglesia, la educación laica, o la libertad de culto, eran aspectos que no se podían permitir. Los Carlistas abanderados por Carlos de Borbón, nieto de Carlos Luis de Borbón, que se hizo nombrar como Carlos VII y duque de Madrid llevaron al país a una profunda guerra civil.

La mayor fuerza del Carlismo recaía en el País Vasco, en Navarra y en el norte de Cataluña, en esos momentos, además, se unieron nuevas partidas del interior de las montañas aragonesas y valencianas. Se calcula que alrededor de 70.000 hombres militaban en el ejército Carlista, nutrido con armas del exterior, como cañones ingleses o fusiles franceses, en medida gracias los sobornos de las instalaciones ferroviarias del País Vasco, que debían pagar 1000 pesetas diarias para librarse de atentados. Además del ejército, los Carlistas contaban con otro tipo de fuerzas, en este caso las pequeñas partidas totalmente fueran de la ley e incluso criticadas por ellos mismos, como la del Cura Santa Cruz, capaz de entrar en cualquier pueblo y asesinar a todo seguidor republicano.

El Carlismo la cruzada cristiana del siglo XIX
El Carlismo la cruzada cristiana del siglo XIX

La solución a la guerra Carlista pasaba por renunciar a aspectos capitales de los carteles electorales de los republicanos. La supresión de las “quintas”, el sistema de reclutamiento militar por sorteo que podía ser eludido previo pago, era trascendental para estos. Así que la solución fue un nuevo ejército compuestos por jornaleros y parados denominado “los voluntarios de la República”, ante su escasa preparación militar al frente se colocaron a miembros de los ejércitos permanentes, en este caso declarados alfonsinos, es decir partidarios de la vuelta de Monarquía Constitucional capitaneada por Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II. En enero de 1874 uno de ellos ya ocupaba la presidencia de gobierno republicano, era un viejo conocido de los anteriores gobiernos monárquicos, el general Serrano. Su labor levantar el asedio al que sometieron los Carlistas a Bilbao, bastión del liberalismo en norte de España, lo consiguió después de 125 días. El precio muy caro, poner a la República en manos de los militares.

Los hacendados esclavistas.

La guerra Carlista no era la única que sacudía a la España Republicana en 1873, otra guerra larvada se llevaba a cabo en las colonias antillanas, en especial en Cuba. En ella podemos significar que se dieron una serie de confluencias de intereses que proporcionaron mayor poder político a los rivales de la República.

Todo movimiento político necesita una financiación detrás, la vuelta a la Monarquía Constitucional fue avalada por partidos liberales, pero de marcado carácter conservador. El principal de ellos fue la Unión Liberal que durante el tiempo de la República recayó en las manos de Antonio Cánovas del Castillo y su financiación vino principalmente de los denominados hacendistas esclavistas.

La abolición del sistema esclavista en las colonias era otro de los puntos destacados de cartel electoral republicano, la máxima expresión del liberalismo no se podía permitir seguir manteniendo un sistema económico que procedía del Antiguo Régimen. El enfrentamiento con los ricos hacendados de las colonias, llevó a estos a financiar tanto a la Unión Liberal de Cánovas, como a las partidas Carlistas. El principal personaje de esta causa fue el vitoriano Julián de Zuloaga, una de las fortunas más grandes de España en el siglo XIX, el origen de la misma eran sus plantaciones de azúcar en Cuba, y el tráfico ilegal de esclavos entre África y América. Detrás de este moviendo está la llegada al gobierno de la República del general Serrano, otro de los más destacados políticos de la Unión Liberal, la cual, por cierto, despareció con el fin de la República a la hora que nacía el Partido Conservador, con la vuelta de Alfonso XII y el sistema monárquico Constitucional. En lo referente a la guerra de Independencia Cubana, la República Española fue una mera comparsa, fue heredada y continuo tras la desaparición de la misma.

Los propios republicanos.

Como hemos visto en los puntos anteriores tanto desde el campo de batalla, como desde los despachos políticos, se ejerció presión para el fin de la Primera República Española. Ciertamente no sabemos que hubiera sucedido si los propios republicanos hubieran remado todos a la vez en una única dirección. Lejos de olvidar sus diferencias políticas para poner en marcha la República, las discusiones en el seno del nuevo gobierno estaban a la orden del día. Los diversos acontecimientos en la calle, fruto de la enorme impaciencia que mostraron tanto la población, como una parte de los políticos, a la hora de poner en marcha las reformas políticas liberales que llevaba consigo el ideario republicano, fueron el principal detonante para la crisis política de la República.

La convocatoria de la Asamblea Constituyente, de donde debía surgir la Constitución Republicana, era un compendio de visiones políticas. Por un lado, los impacientes “radicales”, y por otro los prudentes “conservadores”, sin olvidar la diferente visión entre República Unitaria y República Federal. Las discrepancias pronto llegan a la calle o viceversa.

República sí, ¿pero unitaria o federal?
República sí, ¿pero unitaria o federal?

El descontrol los primeros días se hizo evidente, en especial en Andalucía, donde estalló el odio del pobre al rico. Un día después de proclamarse la República los oprimidos campesinos de Montilla, en Córdoba, abordan la Casa del alcalde, destruyendo y quemando todos los archivos y asesinado a sus empleados. Similares revueltas se sucedieron todo por todo el país, hecho que no hacía más que redundar en beneficio de los monárquicos.

En pleno debate sobre la conveniencia de República Federal o Unitaria, el 22 de febrero, es decir 10 días después de la marcha de Amadeo I, las diputaciones catalanas reunidas toman la decisión de constituirse como Estado Federal. Ese día saltaron todas las alarmas entre los republicanos moderados y los partidarios de una Republica Unitaria. Tuvo que salir a la palestra el por entonces ministro de Gobernación, Pi y Maragall, para anular los acuerdos a la espera de una verdadera Constitución, que contemplase el federalismo político de España. Pero las reivindicaciones federales no solo llegaban de Cataluña, pocos días después en Málaga los internacionales, como eran conocidos los seguidores en España de la Primera Internacional que había nacido como movimiento obrero en Londres en 1864, llevaron a cabo su propia comuna, con 10.000 obreros armados gracias al nuevo impuesto del Ayuntamiento de la ciudad contra las clases propietarias.

Este último hecho no fue aislado, más bien fue la punta del iceberg del movimiento republicano que más perjudicó a la recién nacida República, se denominó movimiento cantonal, por recordar a los cantones suizos. Se expandió rápidamente por muchas ciudades principalmente del sur de la Península. En Sevilla se hacen fuertes desde el 30 de junio, instauran la jornada laboral de 8 horas, rebajan los alquileres un 50%, además de confiscar y repartir las tierras de la Iglesia. Más virulenta podemos considerar la situación en Alcoy, que comenzó como una huelga general el 7 de julio y acabó con fábricas quemadas y los agentes de la guardia civil y alcalde del pueblo asesinados.

El movimiento necesitaba buscar una nueva capital, desde donde generar una nueva República Federal, que aglutinará la dirección de todos los cantones. Cartagena fue la elegida, su buena salida al mediterráneo, y sus fantásticas defensas terrestres fueron el mejor lugar para colocar un nuevo gobierno. Pi y Maragall intentó sacar adelante un texto que reconociera el nuevo sistema federal y calmar los ánimos revolucionarios, no le fue posible y presentó la dimisión en el mes de Julio. Fue sustituido por el “moderado” Salmerón, la respuesta de las ciudades no se hizo esperar, en pocos días media España aparecía acantonada, además el movimiento se extendió al norte en ciudades como Ávila o Salamanca.

La defensa del Cantón de Cartagena
La defensa del Cantón de Cartagena

Cartagena, con el denominado Cantón Murciano quedó al frente del proyecto de República Federal, el apoyo de la Marina fue fundamental para la instauración de un directorio provisional. El pueblo de Cartagena se prestó a defender la ciudad bajo el mando de destacados personajes como Antonio Gálvez “antoñete”. Las peticiones de los presentes en Cartagena, no abordaban solo ámbitos locales, el mejor ejemplo de capitalidad fue que dichas peticiones aunaban las necesidades de toda la nación, se presentó una lista de todos los privilegios feudales que seguían existiendo en la España del siglo XIX, como las rentas forales en Galicia o Asturias. Por otro lado, se comenzaron a introducir políticas claramente procedentes de la Internacional, que recuerdan lo sucedido en Paris. Entre ellas límite de sueldo público, supresión de privilegios a los funcionarios, o la creación de bancos estatales, tanto agrícolas, como industriales con un límite de rédito no superior al 3%. En definitiva, un estado donde los trabajadores se sintieran libres de vivir de su trabajo.

El presidente de la República Salmerón puso al frente del ejercito al monárquico Martínez Campos, y al republicano Manuel Pavía. Un mes después, Salmerón presentó su dimisión tras negarse a firmar la ejecución de militares afines al movimiento acantonado. Lo sustituyó Emilio Castelar que permitió una mayor represión contra el movimiento federalista. Todo ello llevó al golpe de estado del general Pavía el día 3 de enero de 1874, que tras ver que los republicanos era imposible que se pusieran de acuerdo, dejó un gobierno de concentración, como hemos señalado, bajo el mando del general Manuel Serrano. El sistema político de la República había languidecido en poco más de un año, ciertamente se extendió uno más, 1874, pero bajo una dictadura republicana que intentó hacer frente a carlistas y cubanos independentistas, a la espera del pronunciamiento de Martínez Campos en las navidades de ese mismo año.

El general Pavia en la puerta de las Cortes de España.
El general Pavia en la puerta de las cortes españolas

La Primera República cayó rápidamente por errores propios. Es cierto que tuvo rivales y enemigos poderosos, pero la impaciencia parece ser que fue el más grande de todos. 56 años después se repitió la experiencia republicana; imposible olvidar como fue su final.

Más info:

Historia Contemporánea de España 1808-1923, Blanca Buldain Jaca (Coor.). Ed. Akal, 2011.

  1. hola, interesante artículo.
    Hay un pequeño error de imprenta o baile de números /../ las Cortes a 11 de febrero de 1973!!! instauraban la Primera República Española /…/
    Salut i república!

  2. Muy interesante, no conozco nada de la historia de España del siglo XIX, pero veo que ha sido un verdadero caos político y supongo que también económico. Muy probablemente haya sido el motivo por el cual mis antepasados emigraron a Argentina allá por 1860 y que estoy tratando de descubrir. Gracias.

    1. Buena lectura. Sin conocer mucho de la historia de España en el siglo XIX, no vas desencaminado. A la crisis, política y económica del país, puedes unir las oportunidades de negocio de latinoamerica tras la emancipación de esta.

  3. Como no puede ser de otra manera, por la fuerza de los hechos, la historia se repite. Cambian los actores. Pero, el drama es el mismo: los pobres contra los ricos: y los ricos contra los pobres. Hay subdivisiones, como la independencia de un país de otro; la monarquía o república, la religión; la colaboración en un bloque de naciones que están en guerra y a la que hay que ayudar o castigar.
    Eso es así, porque dentro de cada uno de nosotros, la división genera conflicto. Que, al salir a fuera, fragmenta la sociedad. Si cada uno de nosotros, no estuviera fragmentado, generaría orden. El orden que se manifiesta, en la actitud ante los problemas que tenemos, que son el sufrimiento, el dolor, actuando con compasión, amor.

  4. Ahí se ve que el gran problema (antes y hoy) no es República o Monarquía, sino Centralismo o Federalismo; y el papel de la Iglesia, que hoy mismo está posicionando su postura “contra” la voluntad de las mayorías. El monarca es perfectamente prescindible.

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