Scapa Flow, buceando entre los barcos de dos guerras mundiales.

Scapa Flow es una bahía situada en las escocesas Islas Orcadas, de poco más de 20 km de largo por unos 15 km de ancho. Su posición geográfica, sus resguardadas aguas  y una profundidad casi constante de 40 metros, le han convertido en un auténtico puerto natural. El cual ha sido aprovechado desde los vikingos en la Edad Media, hasta el siglo XX. Precisamente en este último y convertida en la base naval más importante de la Royal Navy británica, será cuando entre de lleno en la historia.

¿Quién iba a decirle, a los tranquilos ciudadanos de estas islas del norte de Escocia, que los incidentes sucedidos durante las dos guerras mundiales, iban a convertir a su bahía en un paraíso para los buceadores de todo el mundo?

Scapa Flow durante la Gran Guerra.

La marina Imperial de Alemania fue uno de los principales brazos de la ofensiva teutona para ganar la Gran Guerra. Pero su fracaso en el bloqueo a las islas británicas, junto al error de hundir los barcos mercantes norteamericanos, que llevaban el suministro a Gran Bretaña, puso en jaque al Imperio Alemán. En definitiva fue la principal causa de la entrada de los EE.UU en la guerra. Lo cual propició el lento final de la misma, tras la retirada paulatina de la contienda de los aliados de Alemania.

Por otro lado, el amotinamiento de los marinos alemanes, a finales de octubre de 1918 en la localidad de Kiel, ante la llamada a participar en la última guerra naval contra la Royal Navy, desencadenó el final de la 1ª Guerra Mundial. Ya que a estos se unieron los soldados de tierra, y los  trabajadores de las principales ciudades alemanas. Estos hechos llevaron a  Alemania la necesidad de pedir un armisticio el 11 de noviembre de 1918.

Pocos días después, concretamente el 21 de noviembre, 74 barcos alemanes partían escoltados por los vencedores británicos rumbo a Scapa Flow. Al mando de la flota alemana un experimentado almirante prusiano, Ludwing von Reuter, con una misión explicita, esperar los resultados de las conversaciones de paz del Tratado de Versalles. Aunque parece ser que tenía bien clara cuál era su misión, ya que la preparó a conciencia.

Ludwing von Reuter

Las noticias de los preocupantes acuerdos que los aliados estaban preparando para los barcos alemanes, que suponía el reparto de los mismos entre italianos, franceses, e ingleses, llevó a von Reuter a ejecutar su plan. La mañana del 21 de Junio de 1919, los focos y las banderas alemanas empezaron a trascribir en Morse las instrucciones. Solo cinco horas después, 52 de los 74 barcos estaban en el fondo de Scapa Flow. Por cierto el resto los recuperó la marina inglesa. Por otro lado Ludwing van Reuter que fue arrestado y condenado por los ingleses, se convirtió en unos de los héroes de la derrota alemana en la Gran Guerra, y el primer condecorado por Hitler a principios de la siguiente Guerra Mundial.

Ernest Cox, el chatarrero más rico del mundo.

Tras la guerra vino la reconstrucción, para la cual las necesidades de acero llevaron a elevar considerablemente el precio de este metal. Ernest Cox, un adinerado empresario del mundo del metal se puso manos a la obra, entre 1924 y 1932 reflotó gran parte de la flota, tanto alemana, como algunos barcos ingleses que habían sido hundidos en el desarrollo de la Gran Guerra. Su gesta le valió el sobrenombre del “el hombre que compró un flota”, título del libro escrito en 1964 en su honor. Aunque la gran crisis acabó con la rentabilidad de esta operación, la cual tuvo que abandonar definitivamente en 1933, dejando todavía gran cantidad de barcos en el fondo de Scapa Flow, a la espera del más ilustre de todos.

El hundimiento del HMS Royal Oak.

El acorazado británico nació en los inicios de la 1ª Guerra Mundial. Tras lo cual se convirtió en uno de los principales protagonistas de la Batalla de Jutlandia, contra la flota de la marina Imperial Alemana, en 1916. Tras la guerra recorrió las aguas del Atlántico y del Mediterráneo en misiones de vigilancia de la precaria paz entre guerras. El verano de 1939 a pesar de ser mucho más lento, tanto ante sus rivales, como ante sus nuevos compañeros de flota, se preparó para ocupar su puesto en la retaguardia de la Royal Navy ante la nueva Guerra Mundial. Evidentemente en aguas de Scapa Flow.

El HMS Royal Oak

No había pasado ni un mes y medio del principio de la 2ª Guerra Mundial, cuando aquel 14 de octubre de 1939, Günther Prien aprovechando la marea alta, logró introducir un submarino U-47 alemán, por los escasos centenares de metros que separan las islas de Burray y Mainland. Tras lo cual ejecutó dos disparos de torpedos que alcanzaron de pleno el HMS Royal Oak, que rápidamente se hundió en las aguas de Scapa Flow llevándose consigo la vida de 834 personas, de las 1200 que se hallaban a bordo.

La respuesta británica fue cerrar la parte oriental de la bahía, mediante la conexión a través de carreteras de las diferentes islas. Para acabarlas fue necesaria la utilización de la mano de obra de los prisioneros de guerra, concretamente de los italianos que iban llegando a las islas británicas a partir de enero de 1942. El resultado se puede ver hoy día en las denominadas barreras de Churchill y en la preciosa capilla de los italianos situada en la isla de Lamb Holm, construida con los mismos materiales de la obra principal.

Una de las cuatro barreras de Churchill.

Todo ello mientras la bahía de Scapa Flow se convertía en uno de los puntos más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Desde allí salían los barcos con destino a la URSS ocupada por el III Reich, para propiciar un alivio al asedio, al que fueron sometidas ciudades como el actual San Petersburgo, la otrora Leningrado. Además de servir como punta de lanza en la caza del más célebre acorazado alemán, el Bismark, que fue hundido frente a las costa de Francia. Todo ello tras haber causado enormes bajas a la Royal Navy británica, en la Batalla del Estrecho de Dinamarca a finales de mayo de 1941.

Scapa Flow en la actualidad.

Toda esta peculiar historia ha convertido a Scapa Flow en un entorno marino único en el mundo. Como ya ha quedado dicho para la práctica del submarinismo, pero también para cualquier viajero apasionado de la historia del siglo XX.

La pequeña iglesia italiana de Scapa Flow

Hoy día siguen habiendo cerca de 60 barcos hundidos, además de cuatro aviones. Se puede bajar a casi todos, con algunas excepciones como la del HMS Royal Oak, ya que está  prohibida, después de ser convertida por las autoridades británicas en una especie de tumba nacional. Por cierto, cada 14 de octubre se hace una bajada para el cambio de la bandera de proa, a modo de homenaje a los fallecidos.

Las grandes atracciones son los tres enormes acorazados de más de 26.000 Tn cada uno, y los cuatro cruceros de alrededor de 5.000 Tn, aunque a ellos solo pueden acceder los expertos buceadores. Para el resto quedan los pequeños pecios que se localizan en las cercanías de las costas, muchos de ellos se pueden observar desde dicha costa cercana, sin la necesidad del remojo en las gélidas aguas del Atlántico Norte.

Por último os invito a conocer un poco mejor la historia, y la localización de los barcos, en la siguiente página web oficial de Scapa Flow: scapaflowwrecks

Imágenes: commons.wikimedia

Alamut, la mítica fortaleza de la secta de los asesinos.

Nos dirigimos a las montes Elbruz, frontera natural al norte de Irán entre el Mar Caspio y la meseta iraní. Para conocer los restos, situados a más de 2000 metros sobre el nivel del mar, del que fue uno de los lugares más misteriosos, a la vez, que temibles de la toda la Edad Media. La mítica fortaleza de Alamut, conquistada a finales del siglo XI por la denominada “secta de los asesinos”, y reconstruida para convertirla en su sede.

Los restos de la fortaleza de Alamut

Los Nizaríes.

Podemos decir que es el nombre de Nizaríes, es él que la historia ha asignado a esta secta de los asesinos, mitad leyenda, mitad realidad.

Pero para conocerlos un poco mejor debemos remontarnos a los primeros tiempos del islam, tras la muerte de Mahoma en el año 632, se producen las luchas sucesorias. Por un lado los partidarios de Ali ibn Abi Talib, yerno de Mahoma tras casarse con Fátima la hija del profeta, a partir de entonces conocidos como Chiitas. Por otra el resto, denominados sunitas, descendientes de las tribus de Mahoma. Mientras los primeros legitimaban su posición como herederos del profeta, los segundos se apoyaban en la condición tribal de sucesión, se hace evidente que los sunitas serán siempre mayoría respecto a los chiitas.

A pesar de las disputas internas, el islam se expandió muy rápidamente los siguientes años. Hecho que llevó a la conversión de los nuevos pueblos conquistados, entre ellos por ejemplo, los antiguos persas que añadieron al islam sus antiguas creencias zoroástricas. Este aspecto no fue bien recibido por los sunitas ortodoxos, por lo que los nuevos conversos a parte de acercarse a las posturas chiitas, comenzarán a reunirse secretamente para preservar sus más antiguas tradiciones. Tras lo cual, estas últimas y su adaptación al Corán dejado por Mahoma, llevará al nacimiento de grupos secretos que llegaran a conseguir altas cotas de poder en el mundo islámico.

Mezquita de Kairuan, primera capital de la dinastía chiita de los Fatimí

La clave de estos grupos parece ser que estuvo en el alto nivel intelectual y educativo que adquirieron, hecho que les permitió viajar por los territorios islámicos, uniendo continuamente fieles a la causa chiita. Aunque concretamente a una nueva rama del chiismo conocida como los ismaelíes. Su llegada al poder ocurre en al año 909, tras la conquista de los territorios del actual Túnez y la instauración de la dinastía Fatimí, la capital elegida para ello Kairuán.

La llegada de los nazaríes a Alamut.

La dinastía fatimí llegará con el tiempo a conquistar gran parte de los territorios islámicos, en especial en el norte de África y una gran franja costera de la península Arábiga. Años después una nueva dinastía vendrá a sumar esfuerzos a la causa chiita, los búyidas, originarios precisamente de la zona de nuestra protagonista la fortaleza de Alamut, y que tomarán el control de una de las capitales del Islam, Bagdad. Ambas llevaron al chiismo a la época de mayor control de islam, que está rama ha tenido en toda su historia.

Pero como ya hemos comentado el sunismo siempre fue mayoritario y nueva dinastía vendrá a corroborarlo, en este caso los vecinos del norte y nuevos conversos, los turcos Selyuquíes. Los cuales en el año 1055 se harán nuevamente con el control de una de las capitales del Islam, Bagdad. Este hecho, junto al caldo de cultivo de los tres siglos de disputas religiosas, fue el entorno que encontró un joven estudiante persa a su llegada a El Cario, su nombre Hasan Sabbah el fundador de la secta de los asesinos.

Hasan Sabbah

Tras su formación en las antiguas tradiciones ismaelíes en la capital chiita del Islam, un El Cairo, venido a menos por diversas crisis económicas. Hasan Sabbah inició un nuevo reclutamiento de fieles, que le llevó a la toma de la fortaleza de Alamut en el año 1090, convirtiéndola en la sede de la secta de los Nizaríes. Por cierto cuando nuestro personaje toma la fortaleza, ya no es aquel joven estudiante sino “el viejo de la montaña” o “el señor de las dagas”.  A pesar de este último apelativo, se dice que dicha toma no fue por la fuerza, sino gracias a la persuasión, el engaño, y las grandes habilidades de los miembros de esta secta. Lo cierto es que a partir de ese momento inician su lucha particular para acabar con los enemigos del chiismo más radical, pero lejos de las guerras y con métodos muy particulares.

Los restos de la fortaleza, son un lugar muy visitado en la actual Irán.

Las víctimas de la secta de los asesinos.

Es evidente que la primera víctima, al menos importante,  fue un dirigente sunita, en concreto el visir Nizam al-Mulk, conocido por ser el impulsor de las reformas administrativas que organizaron el nuevo Imperio Selyuquíe. Su asesinato está envuelto entre las leyendas y la realidad, se dice que en mitad de un viaje entre las ciudades de Bagdad e Isfahán un miembro de la secta de los asesinos acabó con su vida, tras clavarle su daga.

Nizam al-Mulk

Las conjeturas comienzan al intentar encontrar un promotor a dicho magnicidio, ya que muchas miradas apuntan al sultán Malik Shah I, en el poder en aquellos momentos, la causa a la que se suele acudir, los celos por el poder del visir asesinado. Pero no acaba aquí la historia, ya que un mes después el sultán es encontrado muerto en su cama, tras ser víctima de un envenenamiento, el culpable parece ser uno de sus sirvientes, la mano escondida es de la secta de los asesinos. Las consecuencias parecen dar la razón a la vía de los que apuestan por los Nizaríes de Alamut, no en vano ambos asesinatos propiciaron el final de los Selyuquíes en Oriente Próximo, al producir una gran fragmentación.

Las siguientes victimas importantes de la secta de los asesinos vendrán desde el lado cristiano. Pese a que al parecer,  al final llagaron grandes acuerdos entre los guerreros de Cristo, encarnados por las órdenes Templarías y Hospitalarias principalmente, el camino a los mismos no estuvo falto de obstáculos. La primera de las victimas cristianas de las que se tiene presente, fue el Conde de Tripolí Raimundo II, los motivos como en gran parte de los asesinados por la secta, un misterio, aunque se especula con las desavenencias con su esposa, que a la postre se hará con el control del condado. Pero también se sospecha de los caballeros Templarios, ya que tras la muerte de Raimundo II se convertirán en dueños de algunas fortalezas que custodiaban los Hospitalarios, los preferidos por el Conde asesinado.

Pero sin duda la más célebre de las victimas Nizaríes es Conrado de Montferrato, rey de Jerusalén, por unos días. Su matrimonio de conveniencia con la heredera al trono, Isabel de Jerusalén, le elevó hasta tan ansiado puesto.  A pesar de que la ciudad santa ya había caído en manos musulmanas unos años antes y los cristianos solo controlaban una escasa franja cercana al Mediterráneo, seguía siendo un puesto de honor entre los reyes cristianos.

Volviendo al personaje de Conrado I, el puesto le duró menos de una semana, ya que fue asesinado por dos Nizaríes mientras regresaba a casa. Uno de ellos hecho prisioneros culpo al rey inglés Ricardo Corazón de León, según el asesino para devolver el puesto real a su protegido Guido de Lusignan. Hecho que nunca fue probado, y esto sirvió para diferentes conjeturas, incluso que había sido orden de Saladino, el nuevo rey musulmán de Jerusalén.

La caída de la fortaleza de Alamut.

Fueron muchos los asesinatos que la secta de los asesinos llevó a cabo en sus cerca de dos siglos de historia, pero uno de ellos parece ser que le repercutirá en el inicio de su ocaso. En 1241 muere el segundo hijo de Gengis Kan, Chagatai, que heredó de su padre los territorios más próximos al islam, no existen pruebas pero se culpa a los Nizaríes. Pocos años después Hulagu, nieto de Gengis Kan y por lo tanto sobrino de Chatagai decide vengarse de la secta de los asesinos. Se dice que el ejército que reunió fue uno de los mayores de la historia de los mongoles, su propósito era acabar con la secta de los asesinos, para tener vía libre y conquistar el moribundo Imperio abasí de Bagdad.

Un lugar a simple vista difícil de conquistar.

Parece ser que poca resistencia pudieron ejercer los Nizaríes ante las huestes mongolas, el por entonces líder de la secta de los asesinos,  Rukn al-Din entregó Alamut a cambio de su rendición. Pero Hulagu no se contentó, arrasó la fortaleza y con ella una de las mejores bibliotecas de la Edad Media, corría el año 1256.

Aunque queda claro que no fue el final de la secta, los supervivientes se dispersaron por el islam y bien es sabido que siguieron cometiendo asesinatos selectivos, uno de los cuales pudo ser Eduardo I de Inglaterra, que se salvó por los pelos.

Fábulas, historias y literatura sobre los Nizaríes.

Tras la exposición del relato queda claro que la secta de los asesinos, es una vez más una de las múltiples historias de la Edad Media, a camino entre la ficción y la realidad. Se ha escrito mucho sobre ellos, algunas fuentes dicen que para reclutar gente los lideres Nizaríes usaban las mismas drogas, que los sus súbditos para cometer los asesinatos.

La mítica fortaleza a los ojos de los creadores de Assasin’s Creed

El primero en trasmitir su historia a los europeos fue Marco Polo, aunque parece ser que la debió conocer más bien a través otros, ya que no puede ser cierta su estancia en Alamut. Es preciso recordar que el mayor viajero de la Edad Media nació en 1254 y su viaje a tierras asiáticas se inició en 1271, años después del final de Alamut. Pero la referencia más clara de los asesinos de Alamut nos llegó en 1938 con la sensacional novela de Vladimir Bartol, Alamut. Por cierto y para concluir, inspiradora de uno de los videojuegos que más sensación han causado en los últimos años, Assassin´s Creed.

La entrada a la fortaleza en la actualidad.

Mas info: Alamut, Vladimir Bartol, 1938

Imágenes: commons.wikimedia

Caminando por los teatros romanos de la Antigua Hispania (I)

Desde que Publio Cornelio Escipión en el año 218 aC. puso sus pies en la Península Ibérica, y hasta la llegada de los pueblos godos seis siglos después. La cultura romana se estableció paulatinamente en toda ella, de manera que todas y cada una de sus costumbres fueron calando en la sociedad ibérica. El caso que nos atañe nos podía ser menos, ya que se han contabilizado más de una veintena de teatros romanos, repartidos por toda la antigua Hispania. A partir de este punto y durante los tres próximos capítulos de este serie que comenzamos hoy, intentaremos conocerlos un poco mejor, no sin antes referirnos a algunas cuestiones previas interesantes para su comprensión.

¿Qué significaba el teatro para los romanos?

El teatro romano como representación escénica, tiene influencias de la tragedia y la comedia griegas, pero también el toque diferencial, que ofrecían las tradiciones itálicas. Las primeras representaciones curiosamente se realizan desde el año 250aC. casi dos siglos antes que aparezca el primer edificio destinado a tal menester. Por lo tanto se hacían en plena via pública con improvisados escenarios de madera.

Existían principalmente dos tipos de funciones. Una más bien de culto, ya fuera en forma de comedia o de tragedia, que trataban de temas cotidianos y de la vida real en clave de enredo. Sus principales autores fueron Plauto y Terencio en tiempos de la república, y Séneca, el autor nacido en  la Córdoba romana, en tipos de Augusto. El otro tipo de función se podría encuadrar en un ambiente más distendido, ya que se hacían representaciones de mimos con escenas cargadas de obscenidad e incluso con cierta propensión a la violencia. Sin olvidar la Atelana, un tipo de comedia donde cuatro personajes escondidos detrás de mascaras, llevaban a cabo un guión a base de golpes y caídas varias.

Mosaico de una de las representaciones teatrales.

Pese a lo que podamos pensar, los actores eran esclavos o bien libertos, muchos de ellos de procedencia oriental. Los cueles trabajaban por mínimos salarios y viviendo en los umbrales de la pobreza. Aunque existieran contadas excepciones eran vistos como personajes vulgares, con una profesión menospreciada por el resto de las clases sociales.

En cambio los espectadores solían ser de las clases más pudientes, ya que la sociedad romana vivía en exceso de las apariencias. La diversión era una forma de demostrar el status social, esto será aprovechado por los dirigentes políticos, para atraerse el control de estas clases sociales más altas. En definitiva los juegos públicos realizados en honor a los dioses, donde se encuadraban las representaciones teatrales, era una forma de tener contentos a Patricios y Plebeyos más adinerados.

Los teatros romanos.

El primer teatro, mandado a construir por Pompeyo en el Campo Marcio, fue en Roma en el año 55 aC. Su curiosidad principal residida en la construcción de un templo en la misma Cávea del edificio, algo no muy habitual. Por cierto no será muy anterior, como veremos pronto, al primero de la Hispania Romana. Pero antes de conocerlo, debemos echar un vistazo a las normas escritas en el tomo 5 del Tratado de Arquitectura escrito por Vitrubio. En el mismo se detallan todas las partes que deben tener los teatros romanos. Para no perdernos en un maraña de nombres, que irían desde la fea palabra del “vomitorium” que era la zona de acceso a las gradas. Hasta la “valva regia”, concretamente la entrada al escenario, creo que lo mejor es centrarnos en sus cuatro partes principales.

Maqueta del teatro de Pompeyo en Roma, se observa el templo como una parte más de la Cávea

Cávea, la parte más reconocida en todos los teatros romanos actuales, en otras palabras un graderío en forma semicircular. Según Vitrubio se debían separar tres zonas, en la parte inferior (ima Cávea), se acomodaría la aristocracia romana.  En el centro (media Cávea) los plebeyos con estatuto de libertad. Por último en la zona superior (summa Cávea), era el lugar  de las mujeres de estos últimos y  junto a ellas, los esclavos. Tras lo cual normalmente, se remataba la parte más alta del graderío con un pórtico.

Orchestra, como la Cávea en forma semicircular, a pesar de lo que pueda llegar a parecer no era usada como escenario, sino que solía servir para el acomodo de los magistrados de más alto rango.

Palpitum,  este sí que era el escenario de la actuación, estaba situado a poco más de un metro sobre el nivel de la Orchestra, y su forma era rectangular y alargada.

Scaene, fondo de escenario dotado de gran monumentalidad, entre dos y tres pisos con columnas de diferentes órdenes arquitectónicos. Normalmente contaban con tres puertas por las que solían salir los actores a escena.

Recreación de un teatro, se observan todas las partes principales, importante la visión que ofrecen del telón, tras el mismo los actores.

Estas eran la partes más importantes de los teatros romanos, evidentemente existían otras dependencias en  las edificaciones, como vestuarios o estancias reservadas para actores o clases más pudientes.

El siguiente enlace es muy complementario a todo lo relacionado con los teatros romanos: arraonaromana.

¿Qué nos vamos a encontrar en estos próximos artículos?

Tras esta breve introducción a la cultura romana asociada a los teatros, podemos pasar a conocer por orden cronológico los teatros de la Hispania Romana. Destacar, como ya hemos dicho,  que se conocen alrededor de una veintena, aunque en cualquier lista de este tipo se hace necesario recordar que los descubrimientos están a la orden del día, y a pesar de conocer la existencia de otros, no han sido sacados a la luz.

Como veréis los dividiremos en tres grandes conjuntos a través de tres diferentes artículos. En el primero de ellos, el que nos ocupa, hablaremos de los teatros realizados en los últimos suspiros de la Républica, aunque alguno de ellos ya fueron construidos tras su disolución por Augusto. En el segundo de ellos trataremos el periodo del primer emperador de Roma, que inició de la denominada Pax Romana, de gran importancia a la hora de  embarcarse en proyectos de construcción de los teatros romanos. Por último el tercer artículo se centrará en los siguientes años, donde antes de acabar el siglo I dC. se completará la lista definitiva de teatros romanos de la Hispania.

La intención es que podamos conocerlos desde tres aspectos diferentes, el primero de ellos su historia, tanto de la propia construcción, como del redescubrimiento. También conoceros su fisonomía, para acercarnos  la importancia que tuvo en su comunidad. Por último destacar la necesidad de la puesta en valor de estos edificios para su utilización en el siglo XX, en diferentes aspectos, y para dotarlos de la necesaria autosuficiencia. Ahora sí, sin más dilación pasamos a conocerlos.

Teatro romano de Cádiz.

Una de las ciudades más antiguas de España, fundada por los fenicios bien el siglo XII aC. o bien el VIII aC, no es el momento de discutirlo. Lo cierto es que se convertirá en romana con la llegada de Publio Cornelio el Escipión en el año 206 aC. Y a partir de ese momento se convertirá en una de las principales ciudades de la Hispania Ulterior. Su privilegiada situación como intermediaria del comercio de metales, su gran industria pesquera, y su excelente Garum, le reportarán una holgada posición económica.

Una de las épocas de mayor esplendor será con Lucio Cornelio Balbo el Menor, que en el año 44 aC. se convirtió en Cuestor de la Hispania Ulterior, cargo que pudo ser aprovechado para iniciar  las obras de construcción del teatro romano.  Ya que a ciencia cierta no se conoce cuando empezó a construirse, es evidente que sería casi coetáneo al de Pompeyo en Roma, o bien unos años posteriores, pero casi toda seguridad fue el primero de Hispania.

Tras su descubrimiento en 1980, pudimos conocer que además fue de los más grandes.  Con una Cávea de 120 metros de diámetro pudo llegar albergar a más de 10.000 personas. Desde ese año se han realizado diversas campañas de excavaciones para y descubriéndolo paulatinamente.  Hoy en día son visibles las partes inferiores de la Cávea, la zona de la Orchestra y algunas galerías de acceso al graderío.

Entrada al museo.

Los encargados de su mantenimiento son la Junta de Andalucía. Destacar que el teatro es visitable, así como su gran centro de interpretación donde podemos hacernos una idea de la función, y de las verdaderas dimensiones de este teatro romano. Por último destacar que la visita se pude completar, de forma gratuita, con el acceso por un lado a una fábrica de salazones y por otro a una necrópolis de la cual se ha conseguido extraer diversos ajuares.

Para más información podéis acudir a la web oficial: juntadeandalucia

Teatro romano de Mérida.

En el año 25 aC. el primer emperador que tuvo Roma, Octavio Augusto, mandó construir una nueva colonia, su nombre Emerita Augusta. Su cometido asentar a los veteranos de las legiones V Alaudae y X Gémina, tras su participación en las guerras cántabras. El lugar elegido fue el rio Guadiana, zona que ofrecía grandes posibilidades de agua y materiales de construcción, además de estar situada en un nudo de comunicaciones. Todo ello le servirá para que después de solo 10 años, se convirtiera en la capital de la nueva provincia romana de Lusitania.

Poco antes de ello, por lo tanto en torno al 16 aC. se inicia la construcción del teatro. Este fue un encargo personal del emperador a Marco Vipsanio Agripa, el promotor del Panteón de Roma. El diseño de Agripa siguió fielmente las normas de Vitrubio, una Cávea de 95 metros de diámetro que ofrecía una capacidad de 5800 localidades. Una orchestra de 30 metros, en la que se observa perfectamente, las tres gradas reservadas para la alta aristocracia de Emerita Augusta. Además decir que el teatro fue remodelado varias veces, una de ellas en torno al año 105 dC. por lo tanto durante el mandato de Trajano, con el espectacular fondo de escena. Posteriormente en el 333 dC, con Constantino, se reformó añadiendo nuevos y lujosos mármoles.

Tras la llegada del cristianismo se sumió en el olvido de la ciudad. Con el paso de los siglos y en torno a finales del siglo XVIII es redescubierto, pero tendrá que esperar a 1910 para que se inicie su restauración y puesta en servicio. Solo 23 años después, en el 1933 ya recibió la visita de los primeros actores, tras más de 15 siglos de ostracismo. Además tras la guerra civil ha tenido sucesivas restauraciones, que nos permiten contemplar el más espectacular y completo de los teatros de la Hispania Romana.

Sensacional forma de poner en valor el Teatro romano de Mérida

A parte de la Cávea, la Orchestra y el Palpitum, podemos observar el impresionante fondo de escena, en doble piso, con columnas corintias de cerca de 30 metros y rematadas con arquitrabe, friso y cornisa. El recinto se completa con jardines, lugares de culto, la casa del teatro dotada de peristilo y mosaicos, e incluso una zona de letrinas públicas.

Hoy en día el teatro es uno de los más visitados de España, se hacen visitas de viarios tipos y para todos los gustos. Pero además posee la mejor puesta en valor que podía tener un teatro romano. En 2017 se ha llevado a cabo, la 63 edición de uno de los mejores festivales de teatro clásico que se pueden ver en el mundo. Me estoy refiriendo, evidentemente, al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida que inunda de este arte las noches de verano de la ciudad extremeña.

Os invito a conocer más en las dos siguientes webs: consorciomerida  festivaldemerida

Teatro romano de Acinipo.

Para conocer el teatro romano de Acinipo debemos acercarnos al yacimiento arqueológico del mismo nombre,  situado a unos 20 kilómetros de la localidad de Ronda en Málaga. Un lugar que estuvo habitado desde el año 3.000 aC. Pero que deberá esperar al 206 aC. con la llegada de los romanos para convertirse en ciudad. Una ciudad que según las fuentes de Plinio y Ptolomeo pudo llegar a albergar cerca de 5.000 personas y su ocupación principal fue la agricultura.

Posteriormente entrará en decadencia y será completamente abandonada en el siglo VII. Por otro lado, el yacimiento es conocido desde 1650, pero no será hasta 1967 y tras múltiples expolios cuando se comiencen las excavaciones para sacar a la luz principalmente su teatro.

Sensacional emplazamiento del Teatro de Acinipo.

Del teatro de Acinipo se conservan varias partes, la Cávea de 62 metros de diámetro y con una capacidad de 2.000 personas, su mayor curiosidad reside en que fue excavada directamente sobre la piedra. También se conserva la orchestra, de la cual queda algún resto del mármol rosado, que la debió cubrir. Aunque lo que más salta a la vista es su fondo de escena, de doble piso y realizado con sillares. Sobre su datación existen diferentes versiones, la mayor parte apuesta que es prácticamente coetáneo con el de Mérida, aunque también existen los que defienden que fue anterior, pudiendo ser junto al de Gades, el primero de la península.

Por último os invito a conocer la página de Facebbok del propio yacimiento, el lugar más fiable para consultar horarios y actividades del mismo, el cual por cierto se visita de forma gratuita. acinipoenclavearqueologico

Teatro romano de Cartagena.

En el 209 aC. Publio Cornelio Escipión toma la capital del Imperio Cartaginés de la Península Iberia. La ciudad que había fundado solo 18 años antes Asdrúbal el Bello, pasará de ser la Qart Hadasht cartaginesa, a la Cartago Nova romana. Tras lo cual, el crecimiento de esta ciudad debió ser espectacular, gracias a sus recursos metalíferos que ya habían atraído a los cartagineses y anteriormente a los fenicios. Además se convirtió en uno de los principales puertos del mediterráneo.

La ciudad recibirá en el año 44 aC. el título de Colonia, solo reservado para las ciudades  más importantes del mundo romano. Tras las obras del anfiteatro, en el año 5 aC le llegaría el turno al foro y al gran teatro de Cartago Nova.  Nuestro protagonista contará con una Cávea de 88 metros de los cuales los centrales fueron escavados directamente sobre la piedra. En ella se podían acomodar unas 7000 personas, por lo tanto estamos ante uno de los más grandes de la Hispania romana. Destacar que según algunos restos hallados, el fondo de escena tenía una altura de 14,60 metros adornado con columnas de diferentes órdenes, y acabado en colores rojo, blanco y gris, que debió ser una seña de identidad del mismo, aunque desgraciadamente los expolios de hace siglos, no nos han permitido conocerlo.

El teatro que fue dedicado a los nietos de Augusto, Lucio César y Caio César, entrará en recesión en el siglo III dC. Con la posterior llegada de los bizantinos se llevó cabo la construcción sobre el mismo de un mercado, y en el siglo XIII se superpuso en uno de los laterales la Catedral de Santa María la Vieja. Estas construcciones llevarán al olvido el Teatro romano de Cartago Nova.

Una de las salas del magnifico museo del Teatro de Cartagena

A partir de este punto hay que empezar a felicitar a las autoridades de Cartagena, desde la localización fortuita del teatro en 1988, las actuaciones que se han ido efectuando en el mismo, son todas un completo acierto. De esta manera hoy podemos disfrutar de su recuperación total, en el mismo se efectúan múltiples actividades para todas las edades, como representaciones, congresos, exposiciones temporales, etc. Además todo ello integrado en el edificio museístico proyectado por Rafael Moneo, que integra perfectamente el edifico construido hace 2.000 años. De todas estas actividades, así como de la visita al mismo, os podéis informar en la siguiente web: teatroromanocartagena

Sin más os emplazamos al siguiente capitulo, en el que conoceremos los teatros romanos de principios de la Pax Romana. 

El Palacio de Sanssouci en Potsdam, el sueño de Federico II de Prusia.

Nada más comenzar el siglo XVIII un nuevo reino surge con fuerza en Europa. Sobre los territorios del antiguo electorado de Brandeburgo y unidos a los del Ducado de Prusia, con capital en Berlín. Su primer rey será Federico I y su nombre Prusia, que por cierto se convertirá en un verdadero “dolor de cabeza” para Europa los dos próximos siglos.

Para ponerse a la altura de los rivales europeos en ese siglo XVIII había que trabajar rápido. Su primer rey Federico I realiza la gran labor administrativa, poco después se sucesor Federico Guillermo I la convierte en una potencia militar. Así que para el tercero de ellos, aparte de consolidar el nuevo país, la misión consistía en embellecerlo y ponerlo a la altura de su nuevo y efímero aliado. Este no era otro que Francia, por lo tanto Federico II el Grande se dispuso a construir su propio Versalles. El lugar elegido las afuera de Potsdam.

Federico II el Grande.

Para entender un poco mejor el curioso Palacio de Sanssouci, debemos conocer a su mecenas. Federico II nació en Berlin en el año 1712, sus primeros años y posiblemente el resto de su vida, estuvieron marcados por la dura educación del Rey Sargento, como era conocido su padre. Este último nunca consistió que su hijo fuera un enamorado de la música, del arte y de la literatura, llegándolo a acusar directamente de homosexual por ello. Pero no solo eso, ya que incluso mandó ejecutar a su supuesta pareja, el joven Katte, con el que pensaba huir a Inglaterra.

Pese a su dura infancia nunca cejó en su empeño. En el año 1740 tras la muerte de su padre se convirtió en rey de Prusia. Como tal se convirtió en uno de los despostas ilustrados más importantes de Europa. Entre sus logros destaca la codificación del Derecho Prusiano, la abolición de la tortura, o la protección de la industria nacional. Todo ello sin olvidar la política de engrandecimiento de las fronteras y el fortalecimiento de nuevo Reino Prusiano.

Pero en lo que destacó con mayor brillantez fue en su talento innato por el arte. En la música ejerció desde compositor hasta intérprete de flauta. Además se convirtió en un gran poeta e incluso escribió sobre filosofía, todo ello en la lengua de moda entre la Ilustración francesa. Por su corte pasaron grandes hombres ilustrados, poetas, filósofos, matemáticos, músicos y así un amplio etcétera. Pero el que más destacado fue el escritor e historiador Voltaire, que paso tres años junto al rey Federico II en el Palacio de Sanssouci. Curiosamente destacar que nunca pasaron mujeres por el Palacio, posiblemente tenía razón su padre, pese su matrimonio con Isabel Cristina de Brunswick-Bevern con la que solo se reunía en las celebraciones familiares, y que por supuesto no le dio ningún hijo.

Palacio de Sanssouci.

En 1745 Federico II manda construir su palacio de verano. La obligaciones del cargo real debían ser muy grandes para nuestro personaje, y decidió buscar un lugar donde mostrarse sin tapujos tal y como era él. El lugar elegido fue las afueras de Postdam y el encargado de la obra  su amigo, el genial arquitecto G. W. Knobelsdorff. Tres años duraron las obras y el nombre elegido Sanssouci (sin preocupaciones), toda una declaración de intereses.

El Palacio de Sanssouci por encima de los viñedos

El Palacio en sí no es muy grande, es de una sola planta y con tres alas, si por fuera no es realmente muy espectacular, con escasos adornos de ángeles y jarrones. Por dentro en una demostración del más puro estilo rococó. Por cierto al de este palacio se le ha asignado el sobrenombre de “federiciano” en honor al rey Federico II.

La sala de mármol

Nada más entrar encontramos la sala del vestíbulo y justo detrás la Sala de mármol, donde Federico II recibía sus invitados.  Ambas adornadas con columnas de estilo corintio, y motivos dorados por doquier. El resto del Palacio son habitaciones específicas, una sala de conciertos, una biblioteca, la habitación de rey y la de los invitados, como por ejemplo la de Voltaire que sigue llevando su nombre.

La sala de conciertos.

El Palacio se completo los años posteriores con dos pequeñas alas más, en una de ellas se situaba el servicio, y la otra fue destinada a las colecciones privadas del rey Federico II. Este último murió en el mismo Palacio de Sanssouci en 1786 y allí está enterrado sin grandes pretensiones. Este punto es de destacar, ya que todo el lujo del palacio nunca fue transferido al panteón del rey fallecido, en definitiva era un ateo declarado y no necesitaba ciertos reconocimientos.

Los alemanes siguen llevando patatas a Federico II, para agradecer que fuera uno de los introductores del tubérculo en Prusia.

El Parque de Sanssouci.

Si el Palacio es espectacular, el resto de las instalaciones no le van a la zaga. La entrada al palacio se hace a través de una plaza semicircular porticada, según como visitemos el lugar nos puede parecer la parte trasera, pero no es así. De dicha parte trasera surge una escalinata que desciende al Parque de Sanssouci a través de seis terrazas de viñedos. En ambos costados del palacio existen dos lugares que son de obligada visita, en uno de ellos un cenador rococó adornado con un sol dorado. Mientras, en el otro encontramos la referida tumba de Federico II.

El cenador de Federico II, algunos dicen que era una especie de templo al sol.

El resto del Parque de Sanssouci  a parte de los grandes bosques rodeados de setos y con múltiples flores, que realmente aconsejan la visita en verano. Está repleto de otros singulares edificios.

Para conocer el primero de ellos deberemos salir del parque por una de las entradas laterales, por cierto bien visible. Me estoy refiriendo a un molino que se observa desde todos los lados en la parte trasera del Palacio de Sanssouci. Dicho molino fue mandado a construir por Federico II el Grande en sus últimos días de vida. El motivo conmemorar la tradicional forma de vida de los habitantes de Potsdam en la colina,  antes de la llegada de los reyes prusianos. Están documentados al menos 20 de ellos, que desaparecieron antes de dicha llegada. El actual sigue en servicio para demostración de los visitantes, además en él se puede observar una exposición sobre la vida en este tipo de edificaciones.

El molino tras el palacio de Sanssouci

Otros edificios singulares del Parque.

Entre los jardines del Parque de Sanssouci encontramos dos singulares edificios realizados en estilo rococó, pero con gran influencia Oriental. Ambos mandados construir por Federico II en los años posteriores a la construcción del Palacio de Sanssouci. En primer lugar el Palacio Chino, que en realidad fue un lugar donde acudir con altos mandatarios a tomar té. En segundo lugar un edifico todavía más pequeño y denominado la Casa del Dragón, su funcionalidad en tiempos de Federico el Grande una incógnita.

El Salón de Té

El Palacio de la Orangerie, mandado a construir por uno de los sucesores de Federico II a partir de 1850. Concretamente el rey Federico Guillermo IV, el palacio en realidad era una enorme nave con cerca  de cien metros de largo y con enormes ventanales. Su primer servicio fue almacenar los árboles frutales, para los largos inviernos de la ciudad de Potsdam.

El Palacio de la Orengerie

Dejamos para el final, el gran proyecto de Federico II. Al acabar la guerra de los Siete Años y para conmemorar su victoria, decide la construcción del Palacio Nuevo. En este caso el más grande de todos los palacios de Potsdam, de más de 200 metros de largo, su visión desde la avenida principal es impresionante. En su interior encontramos múltiples salas, entre ellas dos son las que más llaman la atención. La primera de ellas la sala de la Gruta rematada con adornos de conchas y corales. Además en ella observamos estatuas de Carlomagno, César y Constantino, hecho que nos releva el sueño de emperador que persigue a nuestro personaje. La otra de las salas más acorde con Federico II el Grande, ya que se trata de un pequeño y coqueto teatro.

El Palacio Nuevo de Potsdam
el pequeño teatro del Palacio.

Por último recomendar hacer la visita en verano, el paseo por los jardines es gratuito pero la entrada a los palacios no es excesivamente barata. Su precio depende de varios factores, que os animo a conocerlos en esta página:  spsg

Imágenes: pixabay

 

Anfiteatro romano de Arles, qué poco hemos cambiado.

En el año 123 aC. la República de Roma se hace con el control de la pequeña población celta de Arelete. Es precisamente en esa época cuando se establece la provincia de la Galia Narbonense. Además desde un principio aquella pequeña ciudad estaba destinada a ser un lugar importante para los romanos. Especialmente en el aspecto comercial, tras las obras en el año 104 aC. en las cuales se lleva a cabo un canal que unía la ciudad con el rio Ródano y así poder llegar desde la misma al mar Mediterráneo.

El siguiente impulso le llegará en el año 45 aC. al ser premiada por Julio Cesar con el titulo de Colonia. Detrás de este premio esta la ayuda de la ciudad a Julio Cesar en sus guerras civiles contra Pompeyo. Además otro hecho se vendrá a sumar, en concreto la pérdida de importancia de la capital de la Galia Narbonense, Narbona, en este caso por su apoyo al rival, Pompeyo. En vista de este apoyo se convertirá en sede de la Legión VI.

El anfiteatro de Arlés.

Aún y así nuestro protagonista deberá esperar hasta el año 80 dC. para que comenzará su construcción. Pocos meses después de acabar el Coliseo romano, el anfiteatro romano de Arles comienza su andadura. Si  nos fijamos en el mismo es prácticamente una copia del edificio romano, pero en reducidas dimensiones, aunque cuando fue terminado tenía una capacidad de 25.000 espectadores. Esta perfectamente documentado que fue usado hasta finales del Imperio Romano, para los cometidos habituales de este tipo de edificios. Dicho brevemente, luchas de gladiadores, luchas contra animales y por supuesto la mayor parte de festejos de los emperadores, en especial los de  Constantino I.

Tras la caída del Imperio Romano hubo intentos de utilización por reyes francos como  Childeberto I. Pero acabará sucumbiendo a la oscura Edad Media, ya que durante dicho periodo se construyeron en su interior 200 viviendas y 2 pequeñas iglesias. Este hecho posiblemente le salvó de la ruina y el expolio que otros edificios clásicos han sufrido en la Edad Media.

Pero en 1825 el alcalde de la ciudad, el Barón Chartrouse, decide recuperar el anfiteatro de Arlés para su uso público. Tras la expropiación de las 200 viviendas lleva a cabo las obras necesarias para la reutilización del mismo. Solo cinco años después, en 1830, el restaurado anfiteatro se inaugura con la celebración de la toma de Argel. Desde entonces el recinto a acogido múltiples actividades como conciertos, obras de teatro y espectáculos de todo tipo.  Pero su actividad principal han sido las corridas de toros, sin ir más lejos su nombre actual hace honor a esta actividad, Las Arenas de Arlés.

Una pequeña reflexión a la reutilización  de Arlés.

Realmente mi visita a Arlés me llevó a reflexionar sobre la utilización, que las autoridades de la ciudad han dado al monumento romano. Para comenzar he  de confesar que no me considero un antitaurino, aunque respete la postura, pero tampoco me puedo considerar un seguidor de la fiesta. Dicho todo esto, debo decir que tras salir del Anfiteatro de Arlés reconozco que sentí una especie de rechazo al ver una plaza de toros en su interior, pese a saber de ella previamente.

Unos días después empecé a verlo de otra forma. Para ello lo principal es evadirse del controvertido tema sobre: “toros si, toros no”, ya que no nos atañe juzgar ese tema, al menos en el contexto de reflexionar sobre su reutilización.

El uso continuado de un espacio con cerca de 2000 años de historia, le reporta al mismo, unos trabajos de mantenimiento que han llevado, en este caso al Anfiteatro de Arlés, a un magnifico estado de conservación. Dudo realmente que este hubiese sido posible de no haber hallado esta fórmula de rendimiento económico del mismo. Os dejo algunas imágenes  que demuestran su buen estado de conservación.

Por otro lado y volviendo al título, “qué poco hemos cambiado”, la utilización del mismo. Aunque pueda levantar discrepancias, es la misma que hace diecinueve siglos. En pocas palabras en la arena de Arlés se sigue viendo un espectáculo con los mismos ingredientes tanto estéticos como morales, que tenía en el Imperio Romano.

Por último antes de despedirme un par de cosas, en primer lugar invitaros a dar vuestra opinión sobre este tema en el apartado de comentarios. En segundo lugar daros a conocer la utilización, que supongo que os gustará, de las Arenas de Arles durante la segunda quincena del mes de Agosto. Se trata de uno de los festivales más importantes del sur de Europa de recreación romana, su nombre Arelate.

Ahora ya sí, termino recordando que el precio de la entrada es de 9€, aunque lo mejor es coger el pase conjunto con otros monumentos romanos, como el teatro, las termas de Constantino y los criptopórticos, el precio es de 16€. Además de regalo la entrada al Museo Arqueológico de Arlés en las afueras de la ciudad.

Teufelsberg, la montaña que intenta esconder el pasado nazi, tras la 2GM

Por decirlo de alguna forma, si Roma tiene su colina de Testaccio, donde se entierra su pasado romano en forma de ánforas. Berlín tiene Teufelsberg, una montaña para intentar enterrar su pasado nazi, posiblemente algún día lo consiga.

Para conocerla debemos acudir al oeste de la ciudad de Berlín, concretamente al precioso bosque de Grunewald. En el mismo se erige una colina de 117 metros sobre el nivel del mar, destaca perfectamente sobre el resto del bosque situado a solo 40 metros. Su nombre lo dice todo, ya que si traducimos Teufelsberg, nos encontramos “la Montaña del diablo”,  ante lo que dejo rienda suelta a la imaginación.

La historia de Teufelsberg.

Para comprender Teufelsberg, debemos acudir a los prolegómenos de la 2ª Guerra Mundial. Por lo tanto en plena preparación de la misma, donde Hitler sabia  la necesidad de soldados que tendría en adelante, pero aún más de altos mandos que dirigieran la contienda, y sobretodo necesitaba la mejor tecnología militar al  servicio del que debía ser el mejor ejército de la guerra.

Para la preparación de la Wehrmacht, decidió llevar a cabo el mayor complejo de enseñanza conocido. La espectacular academia militar fue encargada al más célebre de los arquitectos al servicio del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. En concreto el socio preferido de Hitler para llevar a cabo su manía por al megaconstrucciones, el discreto Albert Speer. Por cierto uno de los pocos que pidió perdón por el Holocausto, en los célebres juicios de Núremberg.

Hitler y Albert Speer en 1943

El proyecto era solo una pequeña parte, de lo que debía ser la nueva capital del mundo, que nacería tras la victoria del nazismo en la 2ª Guerra Mundial. Esta respondería al nombre de Germania, aunque nunca llegó a ver la luz.

El megacomplejo que acabó diseñando Speer y situado en el bosque de Grunewald era mucho más que una academia militar. Cuando estuviera terminado además de la universidad, contaría con talleres, laboratorios, hospitales y múltiples residencias. Además incluiría uno de los bunkers más grandes del mundo con capacidad para 5000 personas.

Maqueta de la Academia Militar proyectada por Albert Speer

De esta manera el propio Hitler fue el encargado de poner la primera piedra el 27 de noviembre de 1937. Pero también se hizo rápidamente evidente que habían comenzado tarde, ya que antes de que se cumpliera el segundo año de la obra, Alemania se lanzó a la 2ª Guerra Mundial.

Durante los primeros compases de la misma, la construcción continuó su curso, pero pronto los recursos económicos se desviarían a la primera línea de fabricación de maquinaría para la guerra. Finalmente en abril de 1940 y tras el suicidio del ingeniero jefe del proyecto, Karl Becker, se suspendió la ejecución de la Academia Militar.

La construcción de la montaña de Teufelsberg.

Tras el reparto de Potsdam, el megacomplejo nazi quedó en territorio inglés, aunque muy cerca del territorio norteamericano. Es a partir de 1952 cuando las autoridades se plantean un final para el proyecto de Hitler.  A partir de ese momento dos necesidades se juntaran para llevar a cabo la montaña en cuestión.

La primera de ellas el avanzado estado de las obras que dejó el régimen nazi de la academia militar. Este aspecto jugó en contra de las autoridades de la Alemania Occidental,  ya que no era precisamente fácil demoler las megaconstrucciones del dúo Hitler&Spree.

Por otro lado los enormes destrozos que dejo la guerra en la capital berlinesa, habiendo por doquier toneladas de escombros que se debían limpiar. En este aspecto también surgieron problemas para las autoridades, ya que es preciso recordar que la parte berlinesa occidental, era realmente una isla en medio de la Alemania Oriental controlada por la URSS. Por lo tanto no abundaban los lugares para almacenar dichos escombros.

Todo se confabuló para como se suele decir “matar dos pájaros de un tiro”. La solución era relativamente sencilla, todos los escombros debían servir para enterrar la mayor academia militar del mundo. De esta  manera nació la montaña de Teufelsberg, durante los siguientes 20 años los camiones acumularon todos los escombros de Berlin Occidental para enterrarla. Algunos cálculos, dan una cifra de 26 millones de m3 de escombros, que conforman la colina.

La montaña de los espías.

Tras un pequeño salto en el tiempo nos encontramos ante un nuevo panorama político. En 1961 se lleva a cabo la construcción del muro de Berlín, sin duda el símbolo de la guerra fría entre americanos y soviéticos. Ese mismo año, la Agencia Nacional de Seguridad norteamericana construyó la primera torre de espionaje de 27 metros de altura  en Teufelsberg. Aunque habrá que esperar a finales de los años 70, para que tome forma la actual vista de la montaña con las tres enormes esferas de color blanco,  la más alta de ellas de 69 metros. Sin duda esta estación espía es otro símbolo más del aplastamiento del nazismo por las fuerzas occidentales.

La estación espía

La estación en cuestión se mantuvo hasta el final de la guerra fría, se suele comentar que una mosca que abatiera sus alas en la parte oriental de Berlín era captada por los sensores instalados en Teufelsberg. Finalmente la estación es abandonada tres años después de la caída del muro de Berlín, por lo tanto en 1992.

La montaña hoy día.

Son  incontables los avatares por los que ha pasado la montaña de Teufelsberg desde el abandono norteamericano. Se montaron apartamentos, que se intentaron vender sin conseguirlo, por otro lado hubo intentos de construcción de un hotel de lujo, que tampoco fraguó. Pocos años después, el director de cine norteamericano David Lynch aduciendo que Teufelsberg era una montaña sagrada, intento fundar en ella una paranoica universidad de Meditación Trascendental. Por destacar alguna de las últimas utilidades, entre 2011 y 2015 se llevó a cabo solo y exclusivamente visitas guiadas al complejo para turistas.

Hoy día un espacio destinado a los artistas callejeros.

Por último decir que hoy en día la visita es libre. Los curiosos acuden a la montaña de Teufelsberg, para disfrutar de los espectaculares grafitis que han hecho allí los más destacados artistas del mundo. Además de contemplar algunas de las más bellas vista de la capital de Alemania.

Imagenes: commons.wikimedia   flickr

Castillo de Sarre, una historia con muchos cuernos.

El castillo de Sarre se encuentra en el valle alpino de Aosta, a poco más de 15 kilómetros de la capital que da nombre al valle. Este castillo se halla sobre una pequeña colina en el pueblecito de Sarre, desde domina perfectamente la cuenca del río Dora Baltea.

Breve historia del Castillo de Sarre

Los restos más antiguos encontrados en la colina pertenecen a una fortificación del siglo XII.  Curiosamente se ha encontrado, que en 1242 perteneció a Amadeo IV de Saboya, algo que hacía presagiar la historia que viene a continuación.

Desde ese siglo XIII apenas queda constancia de sus moradores, hasta comienzos del siglo XVIII en el cual encontramos a Jean François Ferrod. Este último, un rico industrial de la época, que se dedicó a las explotaciones mineras de la zona y mediante las cuales amasó una fortuna que le sirvió para la compra del Castillo de Sarre en 1708 y su posterior remodelación. Precisamente de esta época es el castillo que podemos visitar en la actualidad, ya que del antiguo medieval no queda absolutamente nada. Aunque de poco le sirvió a Jean François dicha remodelación, ya que tras la misma el precio de sus explotaciones cayó en picado, llevando al industrial a la ruina. Poco después fue encarcelado y morirá en la fortaleza de Bard en 1730.

Víctor Manuel II

Tras esta muerte, el castillo cambiará de manos varias veces, hasta 1869 que fue adquirido por el primer rey de Italia Víctor Manuel II. Por lo tanto el castillo tras seis siglos de historia volverá a las manos de la Casa Saboya. A partir de este momento empieza la historia de los cuernos, aunque debo hacer un inciso. Los que hayan entrado en la lectura buscando un culebrón, siento haberles decepcionado. Aunque los amantes de la historia y la naturaleza creo que van a disfrutar con el resto del relato.

Víctor Manuel II

Antes de hablar del primer rey de Italia, es necesario presentar al principal protagonista de la historia del Castillo de Sarre. Este se trata del Íbice, dicho de otra forma la cabra salvaje de los Alpes, ya que es la única cordillera del mundo en el que son presentes. Es necesario destacar que en la zona se instaló una especie de creencia por la cual diversas partes del cuerpo de Íbice tenían propiedades medicinales, y terapéuticas.  Por lo que incluso se hacían talismanes con ciertos huesecillos del bóvido, para la protección contra la muerte. Esto llevó a este animal cuyos cuernos podían medir más de un metro,  a prácticamente desaparecer a principios del siglo XIX.

Ejemplar de íbice macho

Volviendo a Víctor Manuel II debemos decir que era un consumado cazador. Su zona de caza favorita eran los valles cercanos al castillo de Sarre, concretamente los de Cogne y Valsavarenche.  No en vano en la zona se conserva uno de los refugios de montaña más importantes de los Alpes, que lleva por nombre el del primer rey de Italia. Teniendo en cuanta que especialmente en la segunda mitad del siglo XIX, la única zona donde se conservaban los íbices era precisamente en los valles nombrados, Víctor Manuel II decide crear la Reserva Real de Caza de Gran Paradiso en el año 1856.

Pocos años después, como se ha dicho en 1869, se asienta definitivamente en el castillo de Sarre, el cual reforma con una nueva torre y en especial la zona de caballerizas, muy necesaria para el menester de la caza. Por lo que respecta a nuestro protagonista el íbice tendrá una época relativamente tranquila, en definitiva si solo podían ser cazados por el rey y su séquito, su población aumento de número.

Humberto I

En 1878 muere Víctor Manuel II, su hijo Humberto I de Saboya le sucede en el cargo. A partir de este momento la historia de nuestro amigo el íbice volverá a entrar en peligro. La causa la caza indiscriminada que inicia este nuevo rey, el motivo la renovación de los salones del Castillo de Sarre. En realidad ser el único que tenía acceso al coto de caza real debía suponer una especie de placer perverso, en definitiva la creencia sobre los poderes curativos del animal seguían vigentes.

Figura de Humberto II en plena caceria

He de reconocer que esta parte de la visita es bastante desagradable, y más para un apasionado de la naturaleza como el que suscribe. Son varias las salas y pasillos adornados con los cuernos de los íbices machos, pero también las hembras tienen cabida en la masacre del Humberto I. Con las imágenes que veréis a continuación realmente sobran las palabras, definitivamente, que mal gusto tenía el segundo rey de Italia.

Uno de los pasillos adornado con cuernos de íbices macho
Detalle de un cuerno
Las hembras también tenían “derecho” a adornar las estancias reales

Su reinado duró 22 años, hasta que fue asesinado en el verano del año 1900 por un anarquista en la ciudad de Monza. Posiblemente gracias a dicho asesinato podemos seguir disfrutando del íbice en las montañas alpinas.

Víctor Manuel III

El último rey de Italia por fortuna no heredó ni el gusto decorativo de su padre, ni en cierta medida la pasión de su abuelo por la caza. Aunque posiblemente también la época en la que le tocó reinar no debía tener ni tanto tiempo libre, ni acceso fácil a la residencia de verano, por lo menos en el periodo de la Gran Guerra.

Si en el año 1900 a punto estuvo de desaparecer el íbice, tras la Primera Guerra Mundial en el año 1922, Víctor Manuel III decide vender sus territorios de caza al gobierno italiano. El motivo la institución del primer Parque Nacional de Italia, su nombre Gran Paradiso, por cierto este nombre es un gran acierto.

Parque Nacional de Gran Paradiso.

Sin duda una verdadera joya de la naturaleza, sus más de 70.000 hectáreas están repletas de íbices, por cierto fáciles de observar. Pero evidentemente no están solos, ya que les acompañan, gamuzas, ciervos, marmotas, gran cantidad de aves e incluso depredadores como el lobo y el lince.

Lo dicho, un autentico paraíso, en este caso la entrada uno de los lugares favoritos de Víctor Manuel II, Valsavarenche.

A parte evidentemente de espectaculares paisajes de montaña con cumbres por encima de los 4.000 metros, ríos, cascadas, enormes bosques de abetos y un amplio etcétera que posiblemente no viene a cuento.Pero no quiero dejar la oportunidad de aplaudir la decisión de Víctor Manuel III, la protección del íbice y de sus cuernos, ha valido un paraíso.

¿Cómo, cuándo y dónde surgió la arquitectura gótica?

Hoy día las catedrales góticas de gran parte de la Europa Occidental, se han convertido en los focos turísticos más importantes de numerosas ciudades. Los ejemplos son múltiples; la Abadía de Westminster en Londres, la catedral de Colonia en Alemania, la catedral de Milán en Italia, las españolas de Burgos o León. Además de por supuesto, el edifico más visitado de Paris, Notre Dame.

Todas ellas tuvieron un origen común, además, pocas veces la historiografía se ha puesto tan de acuerdo, en asignar un foco concreto al nacimiento de un proceso determinado, en este caso la arquitectura gótica medieval. Aunque antes de viajar a dicho lugar debemos conocer al principal responsable.

Abad Suger.

El abad Suger en las vidrieras de Saint Denis

Nacido probablemente en  los alrededores de París en año 1082, para convertirse en el Abad de la Abadía de Sant Denis a la edad de 40 años. Desde allí ejerció  como fiel consejero de los reyes de la Dinastía Capeto, incluso intercediendo entre Luis VII y el Papa Celestino II. El motivo, que este último levantará la excomunión que recaía sobre el rey Capeto. Además junto a su compañero Bernardo de Claraval, llevó a cabo la tan necesaria reforma eclesiástica. Pero el Abad Suger, no estuvo de acuerdo en todo con el creador de la Orden del Cister.

Si para Bernardo de Claraval las edificaciones religiosas, debían ser el signo de la pobreza y la austeridad que propugnaron los santos evangelios. En el caso del Abad Suger, la belleza de los edificios religiosos era necesaria para estar más cerca de Dios.

El sueño del Abad Suger

Pero no solo eso, sino que las nuevas catedrales debían ser el edificio más significativo de las nuevas ciudades medievales. Además de demostrar la fuerte unión de los dos principales poderes, la iglesia y en este caso los nuevos reyes Capetos. Así de esta manera nació el nuevo concepto de las catedrales, que debían tener a parte de gran belleza, dos cualidades principales.

Elevación y luz.

La primera el tamaño, ya que debían ser el edificio más alto de las ciudades, y además debían estar preparadas para acoger multitud de eventos, tanto religiosos, como oficiales, e incluso cívicos. Las catedrales debían ser el escenario de los sacramentos, de las investiduras de reyes, e incluso el marco de la venta del ganado, por poner algunos ejemplos. Por lo tanto, todos los actos importantes para la ciudad debían suceder en el interior de las nuevas catedrales.

En segundo lugar las catedrales debían tener una luz mágica. En ellas debía entrar dicha luz por enormes vidrieras, para ser matizada y reflejada en los interiores. Así de esta manera, los visitantes de las catedrales podrían sentir una elevación e ingravidez que le acercaran a Dios. En realidad la búsqueda de esta luz se convertirá en la obsesión, primero del Abad Suger, y posteriormente del resto de promotores de las nuevas Catedrales góticas.

Es evidente que para lograrlo debían acometerse ciertas reformas, además de conseguir los elementos arquitectónicos necesarios para llevar a cabo la consigna de Suger, elevación y luz.

A partir de este momento la narración cogerá la carretera, para mostrar cuatro lugares. Estos nos ayudaran a entender el proceso que siguieron los arquitectos y constructores para lograr las prodigiosas catedrales que se nombraron  al principio.

Abadía de Saint Denis.

La Abadía de Sant Denis está situada al norte de Paris, en el barrio del mismo nombre de la capital de Francia.  Es evidente, el lugar elegido no podía ser otro que la Abadía que dirigía Suger desde 1122, además era el mausoleo de reyes franceses desde los tiempos merovingios. Por si faltaba algo, en ella fue coronado el mismísimo Carlomagno como rey de Francia.

La actual fachada de la Basílica de Saint Denis.

El momento concreto elegido para llevar a cabo sus planes fue en la rehabilitación de la cabecera de la Abadía, era el año 1140. En dicha cabecera encontramos la primera construcción gótica de la historia. Para llevarla a cabo incorporó tres elementos que serán la base de este tipo de arquitectura, el arco apuntado y la bóveda de ojivas. Por cierto ambos elementos ya conocidos, pero que combinados y apoyados en finas columnas trasmitían el peso del techo al suelo. De esta forma posibilitó el tercero de los elementos, la obertura de vanos para colocar las vidrieras góticas.

Una de las capillas de Saint Denis

Hay que subrayar que estamos ante un ensayo puesto en marcha por Suger, pero que distaba mucho de la concepción que él mismo tenia de las catedrales góticas.

Catedral de Sens.

Para continuar nuestro viaje debemos acudir a la ciudad de Sens, esta se  encuentra a 115 kilómetros al sudeste de París. En dicha localidad nos encontraremos la Catedral gótica más antigua del mundo, además curiosamente se empezó a construir el mismo año que la Abadía de Sant Denis. Este hecho es primordial para explicar uno de los conceptos importantes de la arquitectura gótica. En concreto la trasmisión de ideas, en este caso las del Abad Suger, que rápidamente se distribuyeron por toda la Isla de Francia, nombre por el cual se conocían los dominios de los reyes Capetos.

La Catedral de Sens, y su gran parecido con Saint Denis

Hablado de la catedral en sí, fue mandada a construir por el Arzobispo Henri Sanglier. En realidad se trata del perfecto prototipo de catedrales góticas. Sus bóvedas de crucería sixpartitas se apoyan directamente en columnas que trasmiten el peso al suelo. De esta manera consiguieron los constructores elevar la nave central, y establecer su división vertical de arquerías, triforio y claristorio que se convertirá en la clásica del gótico.

Imagen del interior de la Catedral de Sens, donde se observa, las arquerías, el triforio y el Claristorio superior

Pero seguía quedando mucho camino por delante, a pesar de abrirse claramente los primeros vanos para la entrada de la luz, estos no eran suficientes para conseguir el efecto deseado. Así que durante el resto del siglo XII, los constructores medievales fueron perfeccionando los elementos arquitectónicos. En dicho periodo, denominado por la historiografía como gótico preclásico, se levantaron las catedrales de Soissons, Noyon, Laon o Senlis.  Por cierto, todas en la región de la Isla de Francia. Aunque en ninguna de ellas se encontró la clave para tan deseado efecto de luz, los progresos de los constructores durante este periodo dieron su fruto en nuestro próximo destino.

Catedral de Chartres.

Ahora debemos tomar rumbo al suroeste de Paris, concretamente a 90 kilómetros de esta encontramos la localidad de Chartres. Donde además de una de las célebres escuelas medievales, fundada por Fulberto de Chartres, encontramos la Catedral que servirá de modelo del gótico clásico. Dicho modelo será exportado al resto Europa.

Espectacular visión nocturna de la Catedral de Chartres.

En ella debemos destacar principalmente sus arbotantes. Esta especie de pilares horizontales fue la clave para la obertura definitiva de vanos, rellenados de vidrieras góticas. Todo el peso de las bóvedas que sustentan la cubierta recae sobre ellos, y es trasmitido por los contrafuertes al exterior del edifico, liberando los muros de carga. De esta forma definitivamente las catedrales se llenaron de la luz gótica del Abad Suger.

Debemos destacar que la invención de este elemento arquitectónico no surgió en Chartres, sino en la célebre Notre Dame de Paris  en 1180. Pero personalmente pienso que la belleza de la Catedral de Chartres superó a la protagonista parisina, además de tener la importancia de servir de copia al resto de Europa.

Arbotantes de Notre Dame

La capilla de Saint Chapelle.

La isla de Paris, donde se observa la espigada torre de la Capilla de Saint Chapelle y al fondo la Catedral de Notre Dame.

El viaje no podía acabar en otro sitio. Para encontrar esta pequeña capilla debemos acudir al mismo centro de la capital de Francia, en la Isla de la ciudad de Paris y muy cerca de la Catedral de Notre Dame. Es uno de los ejemplos más espectaculares del denominado efecto de la luz. Es considerada como una verdadera caja de cristal y sin duda uno de los mejores modelos del denominado gótico radiante, el sobrenombre evidentemente viene de su belleza. En esta capilla se consagra definitivamente la idea de Abad Suger, había pasado más un siglo desde que él lo soñara.

La capilla de Saint Chapelle.

El motivo de su construcción bien valía este esfuerzo. En el año 1241 llega a Paris de mano del rey San Luis de Francia, una de las reliquias más importantes de la cristiandad, me refiero a la corona de espinas de Jesús. La capilla que está rodeada de enormes ventanales de más de 15 metros de altura, se erigió para contener y exponer tan preciadas reliquias. En este lugar convertido en un autentico joyero no falta ningún detalle, las escenas narradas en las vidrieras nos relevan gran parte de los pasajes de la Biblia, además evidentemente no podía faltar el motivo principal de la misma un recordatorio de la Pasión de Cristo.

Hasta aquí este viaje por el nacimiento de gótico, dejaremos para otro artículo su rápida expansión por toda Europa Occidental. En definitiva, cabe señalar que esta apresurada expansión, propicio en cierta forma perder la originalidad que propugnó el propio Abad Suger.

Imágenes: commons.wikimedia

Caminando por la historia en la antigua Bética

Una de las tareas principales para el blog, consiste en la recopilación de información para la elaboración de entradas. Esta semana he tenido a fortuna de disponer de unas mañanas libres, por los otrora territorios de la Bética Romana.

Por un lado felicitar la labor de la Junta de Andalucía, por el enorme esfuerzo que representa el mantener este Patrimonio histórico y cultural. Todo ello, sin cobrar entrada en los monumentos y yacimientos que son gestionados por la misma. Aunque por el mismo cometido se le puede tirar un poquito de las orejas. Ya que  posiblemente cobrando estas entradas, se podía llegar a financiar parte de las necesarias excavaciones, para seguir gozando y aprendiendo del fenomenal legado que dejaron las múltiples culturas que por allí pasaron.

Tras esta humilde opinión personal,  es necesario comentar que la recopilación de información, consiste también en la toma de imágenes.  Algo por cierto,  imprescindible a la hora de fomentar estos lugares históricos. Mientras preparó las siguientes entradas me gustaría compartir con todos los lectores de Caminando por la historia, algunas de ellas. Espero que os gusten.

Jerez de la Frontera
Jerez de la Frontera
Museo arqueológico de Jerez de la Frontera
Medina Sidonia
Itálica
Mosaico del Planetario
Teatro romano de Itálica
Monasterio de San Isidoro
Baelo Claudia
Atardecer en Baelo Claudia
Esperando a Trajano
Castillo de Doña Blanca
Castillo de San Marcos
El Puerto de Santa Maria

Los romanos, los primeros turistas de la historia.

Hace unos días tuve la enorme fortuna de viajar hasta el Valle de Aosta en Italia. He de reconocer que buscaba el contacto con la naturaleza, y los fantásticos lugares que ofrece para mi pasión por el senderismo. Pero una curiosidad llamo mi atención, ¿que hacían tanto restos romanos en este valle? Tras lo cual y tirando del hilo apareció la Villa Consolata y por ende esta historia de romanos.

Si buscamos el origen de muchas de nuestras costumbres actuales, sabemos ciertamente que debemos acudir a nuestro pasado romano. En cuanto al tema que nos atañe sobre el turismo, sino fueron los primeros viajeros por placer, al menos son los que más pistas nos has dejado sobre ello. Si anteriormente los fenicios atravesaron el mediterráneo es pos del comercio, o los griegos para fundar colonias para el abastecimiento de sus metrópolis. Nuestros protagonistas romanos, tras conquistar su gran imperio a parte de los anteriores menesteres, se decidieron a conocerlo con el simple afán de nuevas experiencias, descansar, o culturizarse, como veremos a continuación.

¿Cómo viajaban?

La respuesta es obvia, las calzadas romanas. Los romanos tejieron una red de comunicaciones sin precedentes, esto no quiere decir que fueran pioneros. Pero a ellos les debemos gran parte de las infraestructuras actuales, ya que siguen en muchos casos los originales trazados de aquellas calzadas romanas. Baste como ejemplo la curiosa imagen que nos dejo el estudiante norteamericano Sasha Trubetskoy.

Mapa de Sasha Trubetskoy en la web Geografia Infinita

Estas calzadas construidas por las legiones romanas, después de servir para conquistar tan vasto territorio, y ser vehículo de la romanización de todo el mediterráneo. Se convirtieron en el camino de comerciantes, hombres de negocios, o dirigentes romanos, como los propios emperadores. Pero también vieron pasar por ellas a los turistas romanos.

Calzada romana en Siria.

Como sabemos las calzadas estaban preparadas para estos viajes, además de las medidas constructivas como los numerosos puentes e incluso túneles. Una serie de edificios hacían los viajes más cómodos a los turistas romanos, ya que las calzadas romanas tenían sus propios hoteles de carretera actuales, denominados Mansio. Además de estas,  también existían las Cauponas, pequeñas pensiones en este caso para los bolsillos menos pudientes.

Por último destacar las Mutationes, edificios construidos por las autoridades competentes del mantenimiento de las calzadas romanas. Se puede decir que eran los talleres de los carruajes y en especial el lugar de descanso de los caballos, los cuales eran a veces cambiados por otros en estos establecimientos.

El Mediterráneo como vehículo de los turistas romanos.

A falta de los aviones actuales, el mediterráneo se convirtió en la via rápida para viajar a largas distancias. Aunque estos viajes no estaban exentos de un cierto riesgo, por lo que se debían tomar ciertas precauciones.

En un primer lugar debemos hablar de los diferentes tipos de barcos que surcaban el mediterráneo romano. Aunque a groso modo los podemos dividir en dos tipos, la armada romana, basada en la gran flota griega, y por lo tanto con los consabidos barcos a remo. Desde los celebre trirremes, ósea filas de tres remos en cada costado, pasando por los más pequeños birremes y llegando a los hexarremes, enormes barcos que podían llevar hasta 120 toneladas con sus seis filas de remeros por cada lado.

Mosaico romano localizado en Ostia, con el típico barco de carga.

Por otro lado los denominados barcos de carga. Propulsados normalmente con velas y controlados mediante dos grandes remos, uno a cada costado, y manejados por un solo hombre. En este punto denotar que por doquier han quedado muestras de las ánforas que viajaron arriba y abajo por todo el mediterráneo, para transporte de aceite, vino, garum o trigo, por nombrar solo algunos ejemplos.  Ha quedado constancia que eran barcos más pequeños, con una media de veinte metros de largo por tres de ancho. Además estos debieron ser los que principalmente usaron los primeros turistas.

Los seguros de viaje.

Volviendo al tema de las precauciones existe constancia por un lado de los seguros comerciales para el transporte de mercancías, aunque no esta tan claro el de pasajeros. Para poderse acoger a ellos, se debía tener en cuenta el periodo de navegación. En primer lugar el periodo denominado “mar abierto”, en este caso del 27 de mayo al 14 de septiembre. Ampliable por delante al 10 de marzo y por detrás al 11 de noviembre, con ciertas restricciones. Por último desde ese 11 de noviembre y hasta el 10 de marzo del año siguiente existía el denominado “mar cerrado”, donde nadie se hacía responsable de los que se aventuraran al mar.

Todo el imperio se lleno de puertos marítimos, algunos tan destacados como Cartago Nova, Alejandría o Bríndisi. Pero el más importante para los romanos lo localizamos a 30 kilómetros de la capital, en concreto en la ciudad romana de Ostia. Desde este lugar se calcula que se llegaba a Gades, actual Cádiz en una semana, a Cartago Nova en cuatro días como máximo, y a Alejandría, como veremos un destino turístico, en menos de dos semanas.

Diferentes destinos y formas de turismo.

Es evidente que los destinos pudieron ser muchos y variados, pero podemos centrarnos en los siguientes, y además basarnos en actuales formas de turismo.

Turismo de larga distancia y exótico.

Uno de los lugares preferidos para los viajes romanos fue los territorios de la antigua cultura egipcia. No en vano debemos pensar que en tiempos del Imperio Romano, algunas pirámides llevaba allí más de 2.000 años. El exotismo de la Alejandría helenística, de las navegaciones por el Nilo o adentrarse el Sahara era un reclamo muy llamativo para los más adinerados patricios romanos.

Mosaico del Nilo en Palestrina

Ha quedado constancia de estos viajes en múltiples mosaicos romanos. De todos ellos podemos nombrar el Mosaico del Nilo de Palestrina. Esta última, localidad situada a unos 45 kilómetros de Roma. Dicho mosaico nos releva, en cerca de 24 m2, múltiples imágenes del Nilo desde su nacimiento en la antigua Nubia, hasta su llegada al mediterráneo. A parte de los paisajes, muestra la fascinación de los romanos por los animales exóticos que pronto inundarán los mercados del mundo romano o incluso los fosos de sus anfiteatros.

Otro lugar que denota la fascinación por el mundo egipcio es la tumba de un magistrado del siglo I aC. de nombre Cayo Cestio Epulión. Evidentemente estamos hablando de una pirámide de 30 metros de base y 36 de altura, que hoy día podemos observar incrustada en la muralla construida por el emperador Aureliano en el siglo III dC. Es preciso recordar en este punto, que la conquista de Roma del reino heredado por los Ptolomeos, se produjo en el año 31 aC.

Actual imagen de la pirámide Celsia en Roma.

Turismo de Segunda Residencia.

En este caso se evidencia, como en el anterior,  que fue por parte de la élite romana, en este caso los Patricios. Su hogar habitual estaba en las grandes ciudades del Imperio, pero se evidencia un claro resurgimiento de las denominadas villas romanas, con más ímpetu a partir de la llegada del Imperio Romano. Estas estaban situadas en el campo, y a parte de llenarlas de esclavos para el trabajo de las tierras, sirvieron como refugio de descanso y asueto para los romanos más pudientes.

Yacimiento de la Villa de los misterios, con el Vesubio de fondo.

Dos ejemplos claros, en primer lugar las villas romanas de Campania. Sin duda, una segunda residencia cerca del mar mediterráneo, algo muy habitual por aquel entonces entre los Patricios romanos y hoy día por un amplio sector de la población. El mejor ejemplo es la villa romana de los Misterios, situada a escaso 800 metros de Pompeya. Por otro lado destacar la espectacular terraza que sirve como portada a este articulo, y que corresponde a una villa romana de Cimbrone, situada el la localidad de Ravello, muy cerca de Salerno.

En segundo lugar y siguiendo con la comparativa, la segunda residencia en la montaña. He de confesar, como ya me he referido, que el lugar mostrado para constatar que los romanos viajaban a su segunda residencia en la montaña, fue el sitio que al conocer su existencia surgió la idea de este artículo. Me estoy refiriendo a la Villa romana de Consolata situada en las afueras de la ciudad romana de Augusta Praetoria, hoy en día la capital del Valle de Aosta, sin duda uno de los más bellos lugares de los Alpes. A buen seguro fue la residencia de un Patricio, que aparte de sacar partido de los numerosos esclavos que tenía, pasaba los días de verano rodeado de una magnífica naturaleza.

Ruinas del anfiteatro romano de Aosta.

Turismo cultural.

Dónde podían ir los romanos para instruirse, de no ser a la Antigua Grecia.  Si de alguna antigua cultura, o casi coetánea como en este caso, aprendieron en Roma fue de los griegos, desde su forma de construir hasta su compleja filosofía.

El lugar preferido para ello eran las bibliotecas, y para muestra un par de botones. En este caso ambas construidas tras la ocupación de Roma de los territorios de la otrora cultura Griega. Además por los romanos residentes en ella, y que supusieron una punta de lanza para los estudios helenísticos.

En primer lugar podemos nombrar la Biblioteca de Celso en Éfeso, actual Turquía. En este caso acabada en el año 135 dC por el gobernador de Asia, Celso, desde el año 115dC. y que pudo contener más de 12.000 ejemplares.

Fachada de la Biblioteca de Efeso.

Tras ella nos hacemos eco de la Biblioteca de las cien Columnas del emperador Adriano. Esta fue construida en el año 132 dC. por orden del emperador al norte del Ágora de Atenas. Sin duda un verdadero centro de intercambio cultural en su más de 10.000 m2, donde aparte de contener numerosas obras, había salas dedicadas a la lectura o a la enseñanza.

Maqueta de la Biblioteca de Adriano.

En este punto me atrevo con una licencia comparativa, ya que estas bibliotecas bien pudieron recibir a estudiantes de todo el Imperio.  Como hoy día las Universidades europeas, reciben los estudiantes que se acogen al programa Erasmus, una forma de compaginar los estudios con el conocimiento de otras culturas, ¿qué mejor forma de viajar?

Mas info: García Sánchez, Jorge. Viajes por el antiguo Imperio romano. Ediciones Nowtilus, 2016

Imágenes: commons.wikimedia