Ibn Mardanish (rey Lobo), el muladí que quiso conquistar al-Ándalus a los almohades.

Ibn Mardanish, renombrado como rey Lobo por los cristianos coetáneos, nació en torno al año 1125 en la localidad de Peñiscola, durante el dominio almorávide de al-Ándalus.  Lo hizo en el seno de una familia de origen hispano convertidos al islam, aspecto este que marco gran parte de su devenir en la historia.

La llegada al poder de Ibn Mardanish.

En torno al año 1143, tras la muerte del emir Alí ibn Yusuf, el emirato almorávide queda herido de muerte. La presión ejercida por los reyes cristianos, en especial por parte de Alfonso VII de León que tenía sus mirar puestas en el sureste peninsular, llevó a los sucesores del emir fallecido al continuo aumento de impuestos con el fin de sufragar la defensa de al-Ándalus. Este hecho repercutió en el incremento de las insurrecciones, llevando al emirato a una creciente debilidad política, militar y religiosa, que fue aprovechada por una serie de señores musulmanes, para emanciparse del poder central ejercido desde el norte de África. Dicho periodo es conocido como los Segundos Reinos de Taifas.

Uno de estos señores fue Ibn Hud al-Mustansir, conocido por los cristianos como Zafadola, hijo del último rey de taifas de Zaragoza, antes de ser conquistada esta por los almorávides en 1110, y que se hizo con el poder de Murcia convertido en vasallo del rey de León, Alfonso VII. Este hecho ocurrió en torno al año 1144.  Solo dos años después, por medio de la traición de algunos caballeros cristianos, Zafadola falleció en las cercanías de Albacete. Tras un par de herederos poco capacitados, Ibn Mardanish aparece como rey de Murcia (1147-1172).

Castillo de Monteagudo reforzado en tiempos del Rey Lobo
Castillo de Monteagudo reforzado en tiempos del Rey Lobo

El único poder musulmán de la Península.

Al menos podemos pensar que ese era el sueño de Ibn Mardanish, y por lo que luchó el resto de su vida. Según nos describen las fuentes de la época, el Rey Lobo era un musulmán bastante atípico; un “mal musulmán” para las fuentes árabes. Vestía como un cristiano, luchaba con las armas de estos, y su ejército estaba compuesto principalmente de aragoneses, navarros y catalanes. Su visión de la época era clara, prefería pagar sus correspondientes parias, a cambio de protección, por lo que se conformaba con libertad política, a cambio de perder su independencia económica. Religiosamente su islamismo era moderado, adscrito a la doctrina de la escuela maliki, y por dicho motivo chocó contra los almorávides y sus sucesores almohades.

Todos estos aspectos concordaban con el sueño descrito de Ibn Mardanish, que intentó convertirse en el único poder musulmán de al-Ándalus. En definitiva, podemos pensar que veía a los almohades como invasores venidos del norte de África. No le importaba ni siquiera que el resto de la Península cayera en manos cristianas, con el fin de que los almohades la perdieran. Lejos de crear su particular califato, sus pensamientos eran someterse religiosamente a Bagdad, y económicamente a los reinos cristianos.

Recientes excavaciones en la residencia del Rey Lobo
Recientes excavaciones en la residencia del Rey Lobo

Para ello contó con numerosos apoyos, a parte de su señor Alfonso VII, pudo contar con un aliado de lujo en su suegro Ibrahim b. Ahmed, Abenmochico para los cristianos, que era señor de Jaén. Es evidente que para los reinos cristianos y sobre todo para los reinos de Castilla y León, la actitud del Rey Lobo era vista como una tabla de salvación. En definitiva, los problemas internos de estos, sumados a los que tenían con los vecinos portugueses, eran más fácil de resolver con el tapón que ejercía sobre los musulmanes, el Reino de Ibn Mardanish.

El Rey Lobo contra los magrebíes.

Nada más hacerse con el poder, el Rey Lobo, en una fase de impase entre la caída de los almorávides y la consagración del poder almohade, aprovecha para asediar la capital andalusí, Sevilla. El control político de la capital por parte de Ibn Mardanish, podía poner en grave peligro la presencia del Califato almohade en la Península Ibérica. De ahí la rápida respuesta del Califa Abd al-Mumin, que envió un ejército a tras traspasar el mediterráneo, que tras llegar a Sevilla aparentemente sin mucho esfuerzo levantó el asedio de la capital andalusí.

La Sevilla almohade, el sueño del rey Lobo.
La Sevilla almohade, el sueño del rey Lobo.

Luego 10 años de relativa calma, que el Reino de Ibn Mardanish aprovecha para hacerse fuerte en el comercio mediterráneo, con pactos con los reinos cristianos y las repúblicas italianas de Pisa y Génova. Antes de un segundo intento de conquistar Sevilla en 1159, en este caso los preparativos fueron más importantes.

Para la empresa contó con la ayuda de Abenmochico, y de algunos ejércitos cristianos, que rápidamente conquistaron Úbeda, Baeza, Écija o Carmona. Para colocarse de nuevo a las puertas de las dos ciudades andalusís más importantes, Córdoba y la capital almohade en la Península, Sevilla. Pero al-Mumin volvió a reaccionar rápidamente, en este caso se puso él mismo al frente del ejército, dejando un puesto de control al otro lado del estrecho, para asegurar la continua llegada de tropas desde África. Parece ser que, ante el numeroso ejército musulmán, el Rey Lobo decide retirar el asedio a la espera de mejores oportunidades.

Dos años después, en 1161, el principal encontronazo entre mozárabes y magrebíes tuvo como escenario otra de las capitales andalusís, Granada. Donde con la ayuda de la población, entre ellos judíos perseguidos por los almohades, y los propios musulmanes descontentos con el Califato, las tropas de Abenmochico se hacen fuertes en torno a la zona de la Alhambra, iniciando un duro asedio a la ciudad que duró cerca de un año. Al Califa almohade no le queda otro remedio que enviar a sus propios hijos para reconquistar la ciudad, todo ello mientras él, en el norte de África prepara el gran ejército que debía acabar con las insurgencias de Ibn Mardanish.

Máxima extensión del reino del Rey Lobo
Máxima extensión del reino del Rey Lobo

Los números de dicho ejército entre los cronistas musulmanes, como era habitual en las fuentes de la época, son totalmente exagerados. 300.000 jinetes, 400 barcos y miles de voluntarios, es decir, aunque de estas cifras quitemos el último cero estamos hablando de un contingente importante. De ahí que las fuentes hablen de que la empresa al-Mumin iba más allá de controlar al Rey Lobo. Su verdadera intención era reconquistar los territorios fronterizos, ocupados en los últimos años del periodo almorávide por las órdenes militares cristianas, que ejercían de tapón defensivo a los reinos cristianos.

Pero la suerte sonrió tanto al Rey Lobo, como a los reinos cristianos. En mayo de 1163 muere el primer Califa almohade al-Mumin. Su sucesor fue su hijo Abu Yakub Yusuf, en aquellos momentos gobernador andalusí instalado en Sevilla. De donde parte para tomar posesión del califato. Pero no le resultó sencillo, la prueba de ello es el parón que sufrió la preparación del gran ejército almohade.

El declive de Ibn Mardanish, todos contra el Rey Lobo.

Es evidente que el Rey Lobo debía intentar aprovechar los problemas internos de los almohades. En el invierno de 1164 inicia un nuevo asedio de Córdoba y Sevilla, al frente de sus ejércitos mercenarios, de mayoría cristiana, conseguidos con el rico comercio mediterráneo. Todo fue un espejismo, en la primavera del año siguiente comienzan a desembarcar tropas almohades en la zona del estrecho. Al frente de las mismas, los gobernadores almohades de Córdoba y Málaga, hermanos del nuevo Califa Abu Yakub.

El nuevo contingente toma rápidamente el control de al-Ándalus, levanta el asedio de Sevilla y posteriormente se decide avanzar hacia el este. El camino del ejército africano parecía triunfal, una tras otra, las plazas afines al Rey Lobo o bien se entregaban al nuevo poder almohade, o dejaban el paso libre, entre estos últimos el propio suegro de Ibn Mardanish. Abenmochico no obstruyó el camino de los africanos, lo que le costó para el resto de sus días la enemistad de su yerno.

Dinar de oro de la época del Rey Lobo, muestra de la riqueza que atesoró
Dinar de oro de la época del Rey Lobo, muestra de la riqueza que atesoró

Solo y abandonado por los reinos cristianos y sus más allegados, se debe enfrentar al todopoderoso ejército almohade. Por si fuera poco, el Reino de Aragón decide romper los pactos con el Rey Lobo. Mientras, los castellanos inmersos en problemas sucesorios tras la muerte de Alfonso VII, y la llegada de un niño, el futuro Alfonso VIII, no está por la labor de ayudar a su protegido. De tal forma que los almohades toman el control y saquean la mayor parte de los alrededores de Murcia. Solo se salva la capital, con el Rey Lobo agazapado en su interior y sometido a un duro asedio. Por suerte para ellos la salvación le llego del otro extremo peninsular, el joven reino de Portugal ataca las posiciones almohades de Badajoz, la “campana” acababa de salvar a nuestro protagonista.

En el año 1169 los enemigos del Rey Lobo se multiplican, Aragón con Alfonso II le atacan por el norte. Los almohades no dejan de presionar por el sur. Además, enemistado con su suegro en el oeste y con Castilla intentando sacar tajada de los problemas de Ibn Mardanish, con nuevo pacto de protección a cambio de los importantísimos castillos de Vilches y Alcaraz.

Un Califato almohade en plenitud política, religiosa y económica hace el resto, parecía que estos no necesitaban ni siquiera atacar al Rey Lobo para acabar con él. En los siguientes meses ante el poderío almohade y las acusaciones de “mal musulmán” las deserciones están a la orden del día. Finalmente, Abenmochico entrega Jaén, le siguen Valencia al norte y Lorca al sur. En 1171 solo se mantiene afín al Rey Lobo la ciudad de Murcia.  Empobrecido y por lo tanto abandonado por su ejército mercenario, Ibn Mardanish el Rey Lobo, muere en marzo de 1172, acto seguido sus hijos entregan Murcia a los almohades. Fue el final del sueño andalusí, al-Ándalus cayó en manos de uno de los califatos más radicales, que tuvo que soportar en sus ocho siglos de historia.

Más info:

Una revisión de la figura de Ibn Mardanish, Ignacio González Cavero, Miscelánea Medieval Murciana, 2007.

Moros y cristianos, la gran aventura de la España Medieval, Juan José Esparza, Ed. La esfera de los libros, 2011.

Historia de España de la Edad Media, Cood. Vicente Ángel Álvarez Palenzuela, Ed. Ariel, 2011.

  1. Se está cambiando la fisonomía del paseo Alfonso X en Murcia y está proyectado eregir una estatua al Rey Lobo en dicho paseo, concretamente delante del Alcázar Seguir ( actual convento de Las Claras), en ese paseo peatonal habrá las estatuas de tres reyes:Alfonso X ( ya existe), Jaime I y el Rey Lobo.

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