27 mayo, 2024

No hace mucho, en Caminando por la Historia os hablábamos del discurso de Urbano II que dio origen al movimiento de los Cruzados. Por muchas vueltas que le queramos dar, las cruzadas supusieron uno de los mayores vuelcos de la historia de la humanidad. Dos territorios unidos por el Mediterráneo, y hasta relativamente pocos siglos antes bajo un mismo poder político, el Imperio Romano, se disponen a enfrentarse durante casi dos siglos, bajo el pretexto de rendir cuantas a un Dios diferente. Los seguidores de Cristo, contra los seguidores de Mahoma, dos profetas nacidos en Oriente Próximo separados por seis siglos de historia, lanzarán al mundo Mediterráneo a su más descomunal enfrentamiento.

Aunque era evidente que los musulmanes hicieron suya la ciudad de Jerusalén, el verdadero génesis de esta interminable guerra fue producto de una nueva forma de ser de la Iglesia Católica. Aquella que se había dedicado durante largos siglos de la Alta Edad Media a expandirse por todos los rincones de Europa Occidental, incluso llegando a los más duros corazones de los paganos vikingos, ahora convertidos como normandos en los mejores guerreros de Cristo.

Pero por muchos territorios y corazones que hubiera conquistado, seguía estado supeditada al poder político. No hay que rebuscar mucho para encontrar la “Querella de las investiduras”, una “fraternal” guerra política entre el emperador alemán y el papado por el nombramiento de los principales cargos eclesiásticos. Al Papado solo le quedaba una solución para ganar esta pequeña guerra, convertirse en una verdadera Monarquía Pontificia.

Discurso de Urbano II en Clermont
Discurso de Urbano II en Clermont

La cruzada era la solución, y el llamamiento de Alejo I de Constantinopla el interruptor necesario para encender la llama. Por eso, Urbano II se fue a Clermont, y por eso llamó a los principales nobles europeos para que le acompañaran en la formación de un nuevo poder. Al otro lado del Mediterráneo había una ciudad, Jerusalén, donde nació, murió y resucitó Cristo, pero a su alrededor había algunos de los principales mercados del mundo. Ahora solo faltaba decirles a aquellos hombres, en gran parte creyentes, que había que hacerlo así porque Dios lo había mandado.

La Cruzada de los Pobres.

Posiblemente sin quererlo, Urbano II despertó también a otro tipo de fieles. Aquellos que nada tenían que perder, porque nada tenían, y, por lo tanto, tenían todo por ganar. Un mundo nuevo les había prometido el Papa de Roma. Solo faltaba un hombre dispuesto a recoger el mensaje de Urbano II para hacérselo llegar a los primeros aventureros. Pedro de Amiens, conocido históricamente por “Pedro el ermitaño” se convirtió en el profeta de pueblo. Un profeta que, a lomos de su burro había llegado de Jerusalén con el encargo de Cristo de recuperar los santos lugares.

Pedro "el ermitaño" delante de sus Cruzados.
Pedro «el ermitaño» delante de sus Cruzados.

Miles y miles de fieles enfervorizados, con las ropas raídas y sin armas emprenden desde Colonia a Constantinopla, tras Pedro de Amiens, el viaje de su vida. Principalmente llegados de las zonas devastadas por las largas sequías, en mayor medida del noroeste de Francia y el oeste de Alemania. Hombres que no temían a nada, y que hacen suya la defensa de Cristo para acabar con todos sus enemigos.  Los primeros en comprobarlo fueron los judíos alemanes, a los que con el pretexto de que lo habían vendido a los romanos, los expedicionarios esquilmaron y asesinaron para conseguir los recursos necesarios para tan “loable” viaje. Lo peor vino al final, tras dejar atrás las murallas de Constantinopla se lanzaron contra el poderoso ejército de los turcos selyuquíes. Pedro “el ermitaño” los espero en la capital bizantina. Pocos volvieron.

Cruzados de Agustín Tejada.

Este es el contexto elegido por Agustín Tejada para regalarnos su excelente cuarta novela histórica. Allí, en aquella expedición condenada al fracaso, el escritor navarro que nos conquistó con su trilogía sobre la Hispania Romana, introduce a cinco personajes nacidos de su fascinación por la Edad Media. Porque eso, fascinación, es lo que destila cada una de las 446 páginas de esta novela, un auténtico regalo para nuestros sentidos.

Personajes de la novela, Cruzados.

Cada uno de los cinco personajes nombrados, son elegidos por Agustín Tejada para mostrarnos los principales aspectos sociológicos de la Edad Media.

Dejarme empezar por el más denostado de ellos. Fray Genaro, el encargado por Bernardo de Séridac, arzobispo de Toledo desde su conquista cristiana en el año 1085, para aportar a la nueva ciudad las reliquias cristianas necesarias para su engrandecimiento. Durante toda la novela tendremos la impresión de que esa era la escusa esgrimida para apartarlo de Toledo. Un personaje al que le podemos acusar de simonía, de nicolaísmo y el resto de pecados que impunemente cometían muchos clérigos en la Edad Media. Un ser ruin y despiadado que se convierte en el principal apoyo de los dirigentes de la Cruzada de los Pobres.

Junto a él viaja Moraima, una joven mudéjar esclavizada que debe satisfacer personalmente a Fray Genaro. Pero una mujer fuerte y valiente que sabrá en todo momento que debe hacer para mantenerse viva, en aquel despropósito de violencia en que se vio convertido el viaje a Tierra Santa.

Alonso de Liébana es el personaje central de la novela. Un joven novicio al que su padre decide introducirlo en una vida religiosa, que ni comparte, ni entiende. Si a Fray Genaro, el arzobispo de Toledo, le encomienda traer reliquias de Cristo, al joven Alonso le invita a un camino para conocerse a sí mismo. Acude a Tierra Santa para salvar el honor de su familia, acusada en Toledo de vender caballos a los musulmanes. Esa también era la excusa, para convertir al novicio en soldado de Cristo, de la mano de Hervé, el siguiente personaje.

Hervé es el caballero medieval por excelencia. Sin duda el mejor soldado de Cristo. Si todos los integrantes de aquella denostada cruzada hubieran sido como Hervé, Jerusalén hubiera sido conquistada desde el primer día.  Un caballero francés al servicio de Dios y de sus compañeros, su misión proteger la vida de todos, para salvar la suya propia de un oscuro pasado.

Dejo para el final el personaje mejor logrado por Agustín Tejada. Con Hameth el escritor navarro consigue atraparnos línea tras línea. Si el pasado de Hervé es oscuro, el de Hameth es sencillamente cautivador para el lector. Un musulmán esclavo del monasterio de San Servando, que acude a la cruzada cristiana para servir a todos los protagonistas. Un musulmán que dice que Mahoma y Cristo es solo un invento de los hombres para hacer la guerra. Su propósito reunir el dinero necesario para escapar de la esclavitud, cuando lo más fácil sería escapar de aquella guerra. No lo hace. Sus motivos inconmensurables, el amor y la amistad son más importantes que cualquiera de los sufrimientos. Un personaje magistral, que nos regalará un magistral final.

Los personajes históricos.

Junto a los personajes que nos regala Agustín Tejada se mezclan algunos de los personajes históricos más importantes del periodo en cuestión. Papel destacado para Bernardo de Séridac, el monje cluniacense que Alfonso VI le da el difícil papel de Arzobispo, en la recién recuperada ciudad de Toledo.  Bernardo estuvo presente en la primera fila, gracias a su origen en la Orden de Cluny, del Concilio de Clermont. Posiblemente Urbano II buscaba una implicación de los valerosos “reconquistadores” castellanos, aunque estos, ya tenían su cruzada particular en la puerta de su casa. Un hombre profundamente religioso, culto y notablemente inteligente.

Pedro de Amiens en su localidad natal
Pedro de Amiens en su localidad natal

Muchos de los integrantes de la Cruzada de los Pobres son personajes reales. Por supuesto Pedro “el ermitaño”, un ser misterioso que Agustín Tejada no se atreve de desmenuzar. Ulmer, el líder de los tafures, los más despiadados viajeros, es un personaje que navega entre la delgada línea que separa la historia de la leyenda. Como Gualterio “el indigente”, que se une al esperpéntico ejército cruzado tras llegar a Constantinopla.

Llegados los cruzados a Constantinopla empieza la segunda parte del libro. En ella conoceremos a los personajes históricos más importantes del periodo. Alejo I el emperador bizantino, que sacó al Imperio de su enésima crisis política y que hizo frente a la llegada de los turcos selyúcidas. Su fiel general Tatikios, de origen turco, amigo personal del emperador, y principal puente entre los ejércitos bizantinos y turcos. Frente a ellos Kilij Arslan, el jovencísimo sultán turco encargado de parar la llegada de los ejércitos cruzados de occidente.

Ana Comnena
Ana Comnena

Pero el personaje desinado a enamorar a los amantes de la historia es Ana Comneno, la hija mayor de Alejo I, a la que veremos persiguiendo a todos los protagonistas por la esplendorosa Constantinopla con sus papiros bajo el brazo. Una de las primeras historiadoras de occidente, y una de las fuentes más fiables de la llegada de los ejércitos cruzados de Europa a Oriente.

Dejarme cerrar este capítulo, sobre los personajes reales, con dos de los más grandes caballeros del medievo. Raimundo IV de Tolosa, un casi sexagenario que llega a Constantinopla encabezando la verdadera Primera Cruzada, el caballero cruzado por excelencia, un hombre profundamente religioso que elige morir en Tierra Santa. Raimundo fue al autor de la carta a su amigo Rodrigo Ruiz de Vivar, que desencadenará el final de la historia. Una historia que como vemos es de ida y vuelta uniendo dos de las ciudades fronterizas de la Edad Media, Toledo y Constantinopla. El Cid, recibe a los personajes de su novela en Valencia, y la descripción que Agustín Tejada pone en boca de Alonso de Liébana es simplemente genial.

“A mí, el Cid Campeador se me antojo un gladiador cansado. Ruy Díaz era de mediana estatura y tenía hombros anchos, pero ya algo vencidos. Una profunda cicatriz le cruzaba la frente, y cojeaba un poco de la pierna derecha. Gastaba cabellos espesos pero muy grises, igual que sus barbas. Ya habría librado sus mejores batallas. Pero era cierto que sus ojos desprendían esa luz cegadora que solo se aprecia en la mirada de los santos y los héroes.”

Epílogo.

Como hemos visto, Cruzados, de Agustín tejada, es un viaje por las principales ciudades de la Edad Media. Desde la recién recuperada por los cristianos Toledo, a Clermont junto al Papa Urbano II, y hasta llegar a Nicea para estrellarse contra los turcos. Sin olvidarnos, por supuesto, de la esplendorosa Constantinopla, la ciudad más populosa junto a Córdoba de la Alta Edad Media. Pero también es un viaje por aquellas que vieron pasar a la moribunda Cruzada de los Pobres. Semlin, Nish o Civetot.

Una historia de asaltos, guerras, violaciones, asesinatos, canibalismo, saqueos e interminables desmanes. Pero una historia donde el ser humano también consigue sacar lo mejor de sí mismo, el valor, la amistad, el honor y el profundo amor.   

Evidentemente no voy a descubrir el final de Cruzados, solo faltaría. Pero es uno de los mejores momentos de la novela. A parte de sorprendente, como debe ser un buen final, esta magníficamente tejido por Agustín Tejada. En las últimas ochenta páginas es imposible hacer un parón. Solo me resta pedir al autor, si me lee esta reseña, que ya estoy esperando una segunda entrega, si está en tú mente, ya tienes el primer lector.

Cruzados en Historioteca
Cruzados en Historioteca

1 comentario en «Cruzados, la historia de los primeros castellanos rumbo a Jerusalén.»

  1. Los cruzados no fueron otra cosa que mercenarios buscando hegemonía, en nombre de un cristo que promulgaba el amor,,poder religioso político, y sin decir la verdad al mundo dicen ser la luz ,pero solo es una metáfora, no quieren hacer despertar al pueblo ,por eso la religión es de ignorantes, por que es útil para los ricos ,no exsiste para los sabios y para la gente común es Dios un hombre, vestido de púrpura, regia vestimenta romana ,,Constantino se auto proclamó maximus pontífice, fue el primer papado romano pagano ,no fue pedro como nos quieren hacer creer

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