19 abril, 2024

Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, nacido en la abulense villa de Piedrahita en el año 1507, se convirtió en un hombre imprescindible para los Austria. Carlos I y Felipe II contaron con sus inestimables servicios, desde sus tempranos 17 años, hasta el día de su muerte en Portugal a la edad de 75 años.  Sirvió a los ejércitos españoles en Navarra, Túnez, Smalcanda, Mühlberg o Milán.  Entre 1567 y 1573 abrió un camino desde el norte de Italia hasta el corazón de los Países Bajos, para defender con capa y espada las posesiones que su rey tenía en Flandes.

Un hombre culto, huérfano desde los tres años, de ahí, que su abuelo se ocupara de su educación contratando a los profesores italianos, Bernardo Gentile y Severo Marini. Dominaba el latín, hablaba italiano, francés, inglés y alemán, buena cuenta de ello eran su presencia en los principales eventos internaciones. Ocupó los cargos de representación que sus reyes le pidieron, desde gobernador en Milán a Virrey en Nápoles, sin olvidar su paso por los sublevados Países Bajos en calidad de gobernador.

Pero tenía un gran problema; era católico hasta el tuétano, y cometió un gran error; hacer lo que su rey le pidió. Cuando recibió la orden de controlar la insurrección de las diecisiete provincias españolas de los Países Bajos, actuó de forma férrea y disciplinada. Instauró un Tribunal de Tumultos para juzgar a los insurgentes y castigar la quema de iglesias católicas, y fomentó nuevos impuestos para sufragar la guerra que se venía encima, cansado de sacar de su bolsillo el dinero para pagar los Tercios.

Después de todo ello, tras su muerte, en Portugal y de nuevo luchando por España, de Felipe II solo consiguió agradecimiento en forma de resignación cristiana; “es una gran pérdida, pero debido a que es obra de Dios, no hay más que decir que agradecerle por todo”. Menos consiguió de los Países Bajos, que desde ese momento lo convirtieron en foco principal de la Leyenda Negra, que castigó de esta forma la supremacía en Europa del Imperio Español. Hoy día en zonas de Bélgica u Holanda se sigue obligando a los niños a comer, bajo la amenaza de que no si lo hacen “vendrá el Duque de Alba”.

El miserable estado de los Países Bajos bajo la cruel tiranía del Duque de Alba.

Estamos ante un grabado de 1569, posteriormente copiado por pintores holandeses durante la tregua de los Doce Años (1609-1621), en busca de adeptos para continuar la guerra contra España y liberar de la tiranía a los Países Bajos del Sur. Es indiscutible que pesar de que había pasado medio siglo, el Duque de Alba estaba en el punto de mira de los holandeses como el gran culpable.

Retratado el Duque, sentado en su trono con una ordenanza de Felipe II en la mano incitando a la persecución religiosa. Un cuadro al que no le faltan los detalles. El mismo diablo coloca la Corona Imperial sobre la cabeza del Duque, rodeado este de su fiel nobleza. Destacan Juan de Vargas y Luis del Rio, jueces ejecutores de la sentencia contra Egmont y Hoorne, dos nobles rebeldes condenados a la decapitación en la Plaza Mayor de Bruselas y convertidos en mártires de la causa. Las doncellas arrodillas y encadenadas frente al Duque son 17, las mismas que las provincias en posesión de España, recordemos que por herencia. Tras ellas una nobleza autóctona con los dedos en la boca, señal de su sometimiento a los designios de España representada por el Duque de Alba.

Caricatura de la estatua del Duque de Alba.

Estaba claro, que el Duque de Alba era el principal peligro público por los holandeses de principios del siglo XVII. En 1571 tras la victoria en Amberes, el propio Duque había mandado a colocar una estatua suya en la ciudadela de Amberes, duró poco, fue derribada. Cuatro décadas después, cuando es de suponer que la estatua ya debía estar olvidada, un dibujante holandés, Simon Frisius, saca un dibujo recordando el pasado.

Como se puede ver, aparece un descomunal Duque de Alba en el propia Ciudadela pisoteando a dos hombres que simulan el pueblo de los Países Bajos. En el interior del recinto armas, en el exterior un bucólico paisaje rural repleto de paz.

En Briel el Duque de Alba perdió sus gafas.

Sobre la desidia ante el Duque no nos ha quedado solo pinturas o grabados. Durante la Guerra de los 80 años, nacieron en Holanda tradiciones, que a día de hoy siguen siendo motivo de celebración folclórica entre los holandeses. El 1 de abril se conmemora en Brielle una de las primeras victorias de los denominados “mendigos del mar” ante el Imperio Español.  Se hace todavía cantando una tonadilla que recuerda al Duque de Alba.

Celebración en Brielle
Celebración en Brielle

“Cantemos y hagamos música, toquemos el tambor y la flauta en honor de Dios; que también el órgano, la citara, el arpa y el laúd se dediquen al Señor, quien alejará de nosotros al duque de Alba, el tirano”

Alba abandona los Países Bajos.

Debió ser un día feliz para los españoles de los Países Bajos. Dibujado así por Frans Hogenberg, durante el periodo de paz entre 1613-1615, donde el Duque el Alba se convirtió en protagonista de la Leyenda Negra. El Duque de Alba sale de Bruselas a la que se dirige tras el saludo de rigor el comendador Mayor de Castilla Luis de Requesens. Bajo el grabado en forma de panfleto reza:

“a los confines de su tierra natal se va el Duque de Alba monstruo cruel, perverso, no satisfecho con la sangre de los ciudadanos. Una cosa triste sale de su boca que vomita sangre negra de rabia, hydra perniciosa, se jacta de que él era el padre del alumno”.

Por cierto, he tenido que buscar “Hydra”; según la mitología griega un monstruo en forma de serpiente con muchas cabezas, y que, además, cada vez que le cortes una, aparecen dos. Vamos, que no sale muy bien parado el Duque de Alba.

La guerra de papel. Melquíades Prieto.

La Leyenda Negra es evidente que enturbia sobremanera la realidad histórica. Este pequeño artículo sobre el Duque de Alba, es solo la punta del iceberg de una grave tergiversación sobre la historia de los siglos de Oro del Imperio Español. Los motivos son evidentes teñir de negro al rival político, económico y militar. El problema reside cuando esta arma traspasa los tiempos, algo que se tenía que haber quedado en el periodo de esplendor en el mundo del Imperio Español, es incompresible que siga llenado las páginas de los periódicos. O bien, que sea usado en la actualidad para reivindicaciones nacionalistas, por otro lado, legítimas, pero que no tienen absolutamente nada que ver, con los hechos por ejemplo del Duque de Alba.

Para muestra un botón; la frase del presidente de México Andrés Manuel López Obrador el 25 de marzo de 2019:

“Envié ya una carta al rey de España y otra al Papa para que se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos”

La frase, desde luego, no tiene desperdicio, permitirme ser soez, “menuda meada fuera de tiesto”

De ahí la gran importancia de obras como La guerra de Papel. Origen iconográfico de la Leyenda Negra, de Melquíades Prieto. Una estupenda obra, excelentemente documentada y sobre todo muy rigurosa con las fuentes consultadas en varios años de trabajo. Que analiza un periodo de más de cuatro siglos, para mostrarnos cómo se gestó la historia de esta nefasta leyenda negra. Toda la información para este articulo está presente en dicha obra, publicada por la Editorial Modus Operandi en abril de 2020. Una obra que podemos calificar de definitiva para entender este periodo de nuestra historia.

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Mi pequeña reflexión personal sobre el tema.

No soy un gran admirador de los Imperios. Es más, suelo pensar que son los causantes de las grandes guerras de la humanidad, el ansía imperialista a arrastrado al ser humano a lo peor de sí mismo. Pero no debemos confundirnos en un aspecto, los militares, desde el soldado raso al más alto general están sometidos a unas premisas impuestas por sus respectivas entidades políticas, da igual que sea un reino medieval o un estado del siglo XXI.

Esto viene a colación de que dada vez que leo algo sobre la Leyenda Negra, me viene a la imagen una comparación. El Duque de Alba era el general de un ejército que, llegó a Bruselas en 1567 para a hacer cumplir unas leyes impuestas por un estado, en aquellos momentos el Imperio Español, en un cierto territorio geográfico, los Países Bajos. 1940, idéntico territorio geográfico, Erwin Rommel general de la 7ª División Panzer, en nombre del Tercer Reich, arrasa con todo lo que pilla a su paso, para instaurar un nuevo régimen en Bélgica. Igual estoy diciendo una barbaridad, pero no entiendo como El Duque de Alba se sigue comiendo a los niños que no se van a la cama, y Erwin Rommel es estudiado como uno de los mejores militares de la historia.

6 comentarios en «El Duque de Alba, el favorito de la Leyenda Negra.»

  1. Fue una tragedia que España adoptara la Catolicismo para España , lo cual los llevo a extremos con la institución de la Inquisición que se practico hasta el Siglo XIX. DE este modo se perdió todo el proceso de la Reforma que nos trajo la mejor epoca de la historia europea el Renacimiento.

  2. Asesinos tiranos, los ha habido siempre y en todo lugar. Pero hay algunos tiranos asesinos. Que son vistos con comprensión, cariño, afecto, justificación. Si se trata de un natural de la misma nación. Por ser un personaje de su nacionalismo.
    Todos los asesinos, si son nuestros, los vemos diferentes a los que no son nuestros.
    En definitiva, todos los tiranos asesinos. Cumplían con su deber: hacer la guerra, para ganarla. Y para ello habían de ser los más crueles asesinos, sin escrúpulos, ni moralidad. Lo que se llama: estaban más allá del mal y del bien.
    Todo vencedor lo es porque es inmoral, está más allá del bien y del mal. O sea, no le importa nada si es asesino tirano. Si mata a un niño, a una mujer embarazada, a un hombre mayor que vive recluido en su apartamento. Cuando ordena -porque le ordenan a él- bombardear una ciudad.

  3. Interacciones sociales se les denomina a toda forma de relación entre culturas. La guerra ha sido la forma más prolífica de “interacción social” que la humanidad conoce y ha conocido. Un poco en broma: ¿Será que después de 10 000 años de “darnos de cocachos” aun no entendemos que funciona mucho mejor el hacer el amor que la guerra? Claro que con preservativo de por medio, pues que ya mismo, ni mudarnos a Marte alcanza.
    Bromas aparte. Me parece que una sociedad intergaláctica, la que supuestamente nos visita discretamente, debió superar siglos atrás la codicia, el germen de todas las disputas. La codicia, la elemental forma de la mirada del reptil… con el perdón de las iguanas.

    1. Para superar la codicia, el deseo exacerbado, el miedo, el luchar para sobrevivir. Nos tenemos que desprogramar del viejo programa.
      ¿Cómo lo haremos?
      Cada cual lo tiene que descubrir. De lo contrario, seguiremos en el mismo viejo programa.

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