Carlos V contra todos, cómo pasarse una vida en guerra.

Para ser correctos debemos comenzar diciendo que hablamos de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Solo el título que ostentó ya nos da una pista del amplio poder que atesoró. A lo que podemos añadir, que pocas veces en la historia, se ha producido tal concatenación de casualidades para otorgar a una misma persona tan amplio territorio. Aunque este hecho a principios de la Edad Moderna, ya sabemos lo que supuso, pasarse una vida de guerra en guerra, permitirme un lacónico; “ten abuelos para eso”.

Carlos fue el segundo hijo, primer barón, del matrimonio entre Juana de Castilla y Felipe el Hermoso, nació en Gante con el mismo siglo XVI, por aquel entonces capital del Condado de Flandes. No había cumplido ni los dos años y ya era duque de Luxemburgo, caballero de la Orden del Toisón de Oro, y estaba comprometido con la heredera de Francia, este último punto no se llevó a efecto debido a la prematura muerte de esta.

La herencia de Carlos.

Ni más ni menos que cuatro herencias, una de detrás de otra, fueron recayendo sobre los hombros del joven Carlos. Un hecho sin paragón en la Historia Europea, que llevaron a  nuestro protagonista a tener que gestionar tres  líneas sucesorias y una cantidad de territorio que ni el mismo Carlomagno había disfrutado.

A los 6 años de edad, la inesperada muerte de su padre con solo 28 años, le otorgó el condado de Flandes y el señorío de los Países Bajos, es decir gran parte de los territorios del anterior Ducado de Borgoña, a lo que debemos sumar el Franco Condado situado más al sur. Aunque dicha herencia no se hizo efectiva  hasta la mayoría de edad (15) de Carlos.

A los 16 años el premio más importante, ante la supuesta incapacidad de su madre, y tras la muerte de su abuelo materno Fernando II de Aragón heredó los territorios de una de las monarquías más pujantes de Europa, sino la que más, España. Por primera vez desde la muerte del último rey visigodo, bajo un solo hombre se reunía, con la excepción de Portugal, la antigua Hispania. Además llevaba consigo algunos territorios del sur de Italia.

A los 19 años y tras la muerte de su abuelo paterno Maximiliano I recibe el patrimonio de la familia de los Habsburgo, es decir la zona austriaca del Sacro Imperio Romano Germánico. Pero de retruque es convertido en emperador de este último, por lo que se tiene que  hacer cargo de mantener la primacía sobre una serie de pequeños estados, que ya llevaban un tiempo en un extraño estado de semi independencia.

Mapa de la herencia de Carlos V
Mapa de la herencia de Carlos V

Más tierras e inicio de los problemas.

No quedaría aquí la cosa, al otro lado del Atlántico, los súbditos castellanos del nuevo monarca irían incorporando los territorios del continente americano a la corona de Carlos V. Entre ellos el Virreinato de Nueva España (1521) y el Virreinato del Perú (1542), ambos verdaderas cajas de financiación a través de los metales de las guerras a las que se tuvo que enfrentar en Europa.

Destacar que en el antiguo régimen había una regla no escrita; por la cual “los monarcas son los verdaderos representantes del linaje familiar,  y por lo tanto obligados a administrar, defender y transmitir todo lo heredado”. Las cualidades de un buen rey se medían por este aspecto, si crecían los territorios en posesión, estábamos ante un gran rey,  por lo tanto si decrecían no era tan bueno.

Carlos I de España, vivió en diferentes  zonas del continente dependiendo del momento, del rival, o de los problemas a resolver. Pero eligió la Península como sede predilecta, en concreto al menos al principio, pasaba grandes periodos en Granada símbolo del triunfo de sus abuelos ante el infiel. Es de suponer que él hubiese preferido Flandes, pero este territorio era la verdadera piedra en el zapato de la monarquía hispana. Uno de los territorios más prósperos de la recién pasada Edad Media, pero que desde 1477 basculaba entre la independencia y el control de los franceses. El otro territorio, el Imperio germánico, parece que nunca interesó en exceso a Carlos I, denota este hecho  la trasmisión de los poderes a su hermano Fernando en el año 1531.

Los primeros problemas para el nuevo rey surgieron en casa. Posiblemente lo de menos fuera el idioma, que Carlos I no supiera hablar el castellano era un problema menor, comparado con la posibilidad de pérdida de competencias de nobles y burgueses. Además de ambos lados de los anteriores reinos hispánicos, por un lado tuvo que hacer frente a los comuneros de Castilla, y por otro atender a las revueltas de las germanías  en las costas de la Corona de Aragón.

Los enemigos de la Corona, franceses, turcos y protestantes.

Si en casa tenía problemas, fuera se le multiplicaron, la defensa de las distintas zonas del Imperio de Carlos V, fueron financiadas con el oro y la plata que llegaba en los barcos de América. Por lo que la primera necesidad era controlar tanto las revueltas  indígenas, como el propio control marítimo del Atlántico. Además se convirtió en el defensor del catolicismo, verdadero signo de sus abuelos, como se demuestra con la expulsión en 1525 de los últimos musulmanes de la Corona de Aragón.

Francia la gran enemiga.

Solo hace falta ver el mapa de los dominios de Carlos V, para entender los problemas que le ocasionará el vecino francés y más tras su victoria en la guerra de los cien años medio siglo antes. (Os invito a conocerla un poco mejor en este enlace; la-guerra-de-los-cien-años ).El temor de Francia de verse rodeada por el Imperio Español siempre estuvo presente.

Los problemas con Francia se arrastraban de lejos, incluso antes de nacer el propio Carlos V. En 1494, tras la muerte de rey de Nápoles Fernando I, el rey de Francia reclama para él los territorios de dicho reino. Dichos territorios que habían pertenecido a la Corona de Aragón fueron conquistados rápidamente por Carlos VIII el rey francés. Solo su muerte impidió consolidarlos, pero el daño estaba hecho, a su paso por Italia doblegó varios estados italianos, que en aquellos momentos a pesar de no ser fuertes militarmente eran de los más avanzados de Europa en cuestiones monetarias. De esta manera Italia se convirtió en un tablero de ajedrez entre españoles y franceses.

La llegada al poder de dos jóvenes monarcas, Francisco I en Francia y Carlos I en España, pareció calmar los ánimos. De tal manera que a finales de 1516 se firma el tratado de Noyon, por el cual Francia pasa a controlar Milán y España el reino de Nápoles.  Pero la tranquilidad no duró mucho, tres años después Carlos V es proclamado emperador germano, hecho que le reportó adquirir algunos territorios del norte de Italia. La respuesta no se hizo esperar, Francisco I no podía consistir el crecimiento de poder de su adversario.

Francisco I de Francia

La nueva guerra se inició en 1521, si al principio esta pareció sonreír a los galos, la Batalla de Pavía en 1525 fue un verdadero varapalo para Francisco I, tras perder el ducado de Milán y verse conducido prisionero a Madrid para firmar el acuerdo de devolución del ducado de Borgoña.

Luego tras ser puesto en libertad, el rey de Francia buscó la complicidad del Papa Clemente VII, este último temía también el fuerte poder que estaba adquiriendo el emperador en Italia. Ambos forman la alianza denominada “la liga de la Santa Cognac”, poco eficaz por cierto, ya que en este contexto llega el saqueo de las tropas imperiales a la ciudad de Roma, sometida durante al menos ocho meses. Además los éxitos siguieron sonriendo al bando de Carlos V, con las liberaciones de Milán o la República de Florencia, donde los Sforza y los Medici respectivamente se mantendrán en la órbita imperial. Pero la mayor humillación para el Papa Clemente VII llega en 1530, cuando es obligado a oficiar la proclamación imperial de Carlos V en la Catedral de Bolonia.

Cinco años duró la paz con Francia, hasta la muerte de Francisco Sforza en Milán, cuando dicho ducado pasó a ser regido por el emperador Carlos V. Hecho por supuesto inaceptable para Francisco I que invade el norte de Italia, la respuesta del emperador invadir a su vez la Provenza. Solo la mediación del Papa Paulo III impidió un nuevo enquistamiento y tras dos años del renovado conflicto, un nuevo acuerdo vio la luz en este caso en Niza (1538),  por el cual ambos monarcas se comprometen ante el Papa a defender el catolicismo delante protestantes y turcos.

Pero evidentemente el nuevo acuerdo volvió a ser insuficiente, la Paz de Niza fue firmada para 10 años y a los cuatro, las alianzas estaban configuradas para internacionalizar más si cabe el conflicto. Los turcos atacan por el mediterráneo las posiciones de Carlos V en el sur de Francia, con la toma de Niza en 1542. Pero más decisiva fue la participación de Inglaterra por el norte, el recuerdo de la guerra de los cien años a buen seguro estuvo presente. En 1544 las tropas imperiales tras recuperar Luxemburgo con la ayuda inglesa, se dirigen hacia Paris. Francia acorralada firma la paz en Crépy (1544), que parece decisiva, y permite a Carlos V centrarse definitivamente en el problema con los protestantes.

Los problemas de Lutero.

Cuando Carlos I recibe el titulo imperial en 1519, podemos decir que venía envenenado. Concretamente desde que el 31 de octubre de 1517, Lutero clavó sus 95 tesis en las puertas del Palacio de Wittenberg. Es decir el nieto de los reyes católicos bien pudiera haber sido el elegido para la protección del catolicismo romano ante los ataques del fraile alemán.

Lutero y sus 95 tesis
Lutero y sus 95 tesis

A pesar de que el conflicto armado tardará unos ciertos años en llegar, los viajes de Carlos V al Imperio fueron continuos. El primero de ellos ya marcó el camino, ante el requerimiento del emperador en la dieta de Worms (1521), Lutero se niega a retractarse, a lo que se sumó la ayuda del príncipe elector de Sajonia Federico III. Hasta tres intentos más hizo Carlos V para lograrlo, pero el amplio espacio de tiempo entre ellos, junto a un emperador enfrascado en la lucha contra franceses y turcos, hizo crecer el protestantismo entre los ciudadanos del imperio.

Si al principio el problema solo se basaba en elementos ideológicos, en 1531 comienzan a ser militares y políticos. Ese año capitaneada por Felipe de Hesse se crea la Liga Smalkanda, un grupo de dirigentes alemanes proclives al protestantismo, que junto al apoyo francés crearon un ejército de más de 10.000 hombres al servicio de la doctrina luterana. Esto proporcionó el ascenso imparable de esta última y en el año 1546, se produce un hecho peligroso.

Un inciso para presentar “la dieta alemana”.  Desde la Alta Edad Media el espacio donde se encontraban representados los nobles y clérigos alemanes y destinado a tomar las decisiones más importantes para el futuro del Sacro Imperio Germánico. Variable durante el tiempo, en ese año 1546 tenía siete miembros, y tras la conversión al protestantismo del elector del Palatino, estos tenían ventaja al ser cuatro por tres católicos.  Evidentemente esto levantó las alarmas del emperador Carlos V.

Con un ejército dirigido por el Duque de Alba muy superior  al de la Liga, estalla la guerra de Smalkanda, dos años para reprimir la revuelta protestante entre 1546-1547, el resultado la aplastante victoria del emperador en Mülhberg. Pero de nada sirvió, se pueden vencer a los ejércitos pero no a las creencias, además siempre le faltó al emperador la verdadera ayuda del Papado. De tal manera que el problema siguió enquistado.

El Mediterráneo en manos de los turcos.

Por si le faltaba algún frente  a Carlos V, el histórico enemigo religioso de Europa, el Islam, seguía representado por el Imperio Otomano. Desde la misma toma de Constantinopla en 1453, habían sido un quebradero de cabeza para los reinos cristianos más orientales. Pero más aún tras la llegada al poder del sultán Solimán I, en el año 1520. Solo seis años después se hizo con los territorios húngaros, tras acabar en Mohács con el monarca Luis II, un aliado del Sacro Imperio. Tras ello se produjo en 1529 el primer asalto a este último con la llegada de los ejércitos de Suleimán I a la propia Viena.

Pero el peligro era compartido también via marítima, destacar al almirante Barbarroja que al servicio del sultán otomano se hizo con el control del Mediterráneo oriental. Este personaje no dudo en repartir su protagonismo entre mantenerse al servicio de los otomanos, o convertirse en pirata del mar para favorecer sus intereses personales. Lo cierto es que sus actuaciones se contaron por victorias, sobre todo a partir de que Carlos V, con la ayuda de los barcos venecianos recuperan Túnez en 1535, a la vista de los resultados un espejismo.

El corsario Barbarroja

La mayor derrota naval tuvo lugar en la Batalla de Préveza en 1538. Después de la cual, Carlos V se dedicó con ahincó a proteger las costas, paso del ataque a la defensa llenando todas las costas de fortificaciones y defensas antes las galeras otomanas. Pese a ello hubo dolorosas pérdidas como la comentada de Niza, o la Trípoli en 1551.

Los últimos años del Emperador Carlos V.

A partir de mediados del siglo XVI las buenas noticias para el Emperador Carlos V brillaron por su ausencia. En 1551 el sultán Solimán I vuele  a tomar posiciones en los territorios cristianos más orientales. Un año después el nuevo rey de Francia Enrique II se vuelve a aliar con los protestantes alemanes, ante el ataque por los Alpes el emperador es obligado a refugiarse en Innsbruck. Finalmente en 1553 los franceses con la ayuda de los corsarios berberiscos toman la isla de Córcega.

Demasiados frentes abiertos, llevan al monarca a una clara reflexión, favorecida por la muerte de Juana la Loca en la primavera de 1555. Desde ese momento con plenos poderes sobre la Corona Española decide abdicar totalmente agotado. Su decisión evidencia la imposibilidad de mantener imperios, en una Edad Moderna que trajo los enormes gastos militares con los renovados ejércitos. Su decisión así lo hace ver, en las abdicaciones de Bruselas (1555-1556), al repartir su herencia entre su hermano Fernando que se hace cargo del Imperio Habsburgo, y su hijo futuro Felipe II que deja al cargo de España y el resto de territorios que atesoraba la Corona Española.

El monasterio de Yuste

Tras un largo viaje llega al idílico lugar para acabar sus días, el Monasterio de Yuste en la comarca cacereña de La Vera, acoge a un monarca totalmente agotado. A pesar de sus 56 años parecía haber vivido dos vidas juntas. Tras cerca de dos dolorosos años, aquejado de gota y de paludismo, Carlos V murió el 21 de septiembre de 1558.

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