19 abril, 2024

Imagen de portada de Alp Arslan, convertido en Turquía como una especie de héroe medieval por su victoria en Mantzikert 

A finales del siglo XI, en lo que hoy conocemos por Turquía, una serie de hechos cambiarían profundamente la rica historia de la Península de Anatolia. Una tierra que vio nacer las primeras culturas del mundo, y donde por primera vez los humanos decidieron instaurar las religiones. Por allí pasaron asirios, hititas, medos, persas, griegos y romanos. Una tierra que en el último cuarto del siglo XI pasó de ser cristiana o ser musulmana, hecho que ocasionó, tras la derrota bizantina en Mantzikert, la llegada de los ejércitos cruzados.

La batalla de Mantzikert.

La historia la podemos arrancar en la llanura frente a la ciudad de Mantzikert, el 26 de agosto de 1071. Allí miles de combatientes dejaron su vida bajo la eterna mirada del Monte Ararat. Dos meses antes las tropas bizantinas, en la que además se integraron mercenarios turcos y normandos, había partido de Constantinopla para recuperar la plaza perdida. No les debió costar mucho. El asedio comenzó a finales de julio, y ante el poderío bizantino, los nuevos dirigentes selyuquíes de la ciudad huyeron tras la rápida toma de la ciudad por los cristianos.

Las noticias volaron dirección a Siria donde se encontraba el líder turco Alp Arslan. En pocos días ya se encontraba reunido en Mosul con los huidos de Mantzikert, entre ellos el cadí de la ciudad, el nuevo líder político y religioso de la misma. Acto seguido Alp Arslan comienza a reclutar soldados, a la misma vez que ponía rumbo al norte.

batalla de Mantzikert
batalla de Mantzikert

Aquella mañana, según las crónicas, el calor era sofocante. Tras una noche en vela, por la caída de flechas selyuquíes, los catafractos bizantinos se pusieron en marcha. El primer choque con la caballería turca evidentemente les favoreció, los turcos comenzaron a huir. Es ese momento, el emperador bizantino que dirigía el combate, Romano IV, comete su enésimo error. Tras mandar a los pesados catafractos a perseguir a los ligeros jinetes turcos, estos acabaron agotados y deshidratados, convirtiéndose en pasto de las flechas rivales. Las tropas auxiliarles normandas eluden el choque, mientras la mitad del ejercito bizantino abandona el campo de batalla, la traición de Andrónico Ducas estaba servida. La masacre fue total, Romano IV acabó preso en las dependencias de Alp Arslan.

¿Quiénes eran los turcos selyuquíes?

Los vencedores de Mantzikert eran herederos de los pueblos nómadas que vivían en Asía Central, en concreto en torno al Mar de Aral, haciendo frontera con el Califato Abasí. Unos pueblos que se fueron islamizando por contacto comercial, y especialmente como mercenarios de los ejércitos califales. Dichos pueblos fueron fomentando sus propias estructuras políticas, así pronto surgieron los primeros reyes.

El primero del que se tiene constancia es Selyuk, que acabará dando nombre a la dinastía. Unas décadas antes de Mantzikert, los selyuquíes derrotaron a los sultanes Gaznavíes, proclamándose gobernadores de la zona del Jurasán. Sus herederos fueron conquistando territorios, entre ellos el segundo rey Turgul Beg, hijo del anterior, y el protagonista de Mantzikert Alp Arslan, sobrino de Turgul.

Ejército selyúcida
Ejército selyúcida

Alp Arslan no tuvo un reinado muy longevo, poco pudo saborear la victoria de Mantzikert, solo un año después encontró la muerte intentando conquistar el Turquestán. Su muerte elevaría a Malik Shah al puesto de sultán, que nombraría a Nizam al-Mulk como visir del Califato. Serían los años 1072-1092 los de mayor esplendor de la Dinastía Selyúcida. En pocos años consiguieron dominar políticamente un amplio territorio; Armenia, resto de Anatolia, Siria y gran parte de la Península Arábiga, incluida La Meca. Eso supuso lidiar una compleja diversidad étnica, turcos, iranios o árabes. Lo único que jugaba a su favor era la uniformidad religiosa, todos estos pueblos descendían de la rama suníes. Pero incluso eso fue precisamente su gran problema.

Suleiman ibn Kutalmish, fundador del Sultanato de Rum
Suleiman ibn Kutalmish, fundador del Sultanato de Rum

Volvemos a Anatolia para ver el nacimiento del Sultanato de Rum. Tras la victoria de Mantzikert y la muerte de Alp Arslan, un tal Suleiman ibn Kutalmish se hace fuerte al frente de los ejércitos selyuquíes encargados de conquistar la actual Turquía. En el año 1077 conquista la ciudad de Nicea, a solo tres días a caballo de la omnipresente capital imperial de Constantinopla. Se puede decir que desde ese momento el poder es ya totalmente independiente y así será hasta la muerte de Suleiman en el año 1086. Está visto, que la vida era muy corta para estos sultanes en un territorio de una altísima intensidad bélica.

Suleiman deja como heredero a un hijo de corta edad, que es apresado y enviado a Siria bajo custodia del sultán Malik Shah. Recordemos que dejamos a este último con su problema religioso. Ciertamente la mayor parte de los pueblos del califato profesaban la rama suní del islam, excepto la conocida secta secreta de los asesinos nizaríes. Estos acabaron en 1092, y en cuestión de pocos días con el sultán Malik y su fiel visir Nizam al-Mulk.

Muertos ambos, el hijo de Suleiman es enviado de vuelta al Sultanato de Rum, solo contaba con 13 años, pero los fieles a su padre lo colocan al frente del mismo. Cuatro años después, el Sultanato de Rum con, Kilij Arslan, un joven sultán de 17 años, se convierte en el tapón del islam para frenar al ejercito de los cruzados.

Sultanato de Rum a la llegada de los ejércitos cruzados
Sultanato de Rum a la llegada de los ejércitos cruzados

Cambio de dinastía en el Imperio Bizantino.

Como pudimos ver, el Imperio Bizantino que acudió a Mantzikert estaba profundamente dividido. Así había sido desde que en el año 1056 se extinguiera la poderosa Dinastía Macedónica. Dos familias y dos conceptos diferentes de ver el imperio se enfrentaron durante ese periodo: la familia Comneno que representaba los intereses de los ricos terratenientes militares de las provincias, y la familia Ducas defensores de la tradicional aristocracia de la ciudad de Constantinopla.

Catafracto bizantino
Catafracto bizantino

Los ocho años que pasó Constantino X Ducas (1059-1067) al frente del imperio hicieron estragos en el ejército bizantino. Las deserciones fueron constantes y las fronteras imperiales se fueron contrayendo. A su muerte, su esposa fue obligada a casarse con uno de los generales del ejército. Sí, Romano IV, el emperador que gestó el desastre de Mantzikert era, supuestamente, uno de los mejores militares para ocupar el puesto al frente de Bizancio. Ya conocemos el resultado…

La siguiente década no fue mucho mejor. A Romano IV en su retorno a Constantinopla, tras ser liberado por los turcos selyúcidas, fue cegado por sus enemigos y sustituido por un nuevo Ducas. Tal honor recayó en Miguel VII, un poeta que permitió durante los años siguientes campar a sus anchas a los bárbaros por las fronteras imperiales. Durante su reinado los selyúcidas prácticamente tocan las puertas de Constantinopla. A Miguel VII le sucedió otro militar, el viejo Nicéforo III (1078-1081), un militar de larga carrera, pero con demasiados años encima para hacerse valorar.

Alejo I, el emperador de la Cruzada.

La llegada de Alejo I supuso el final de las disputas familiares por el trono de Bizancio. De la familia Comneno, y por matrimonio de conveniencia, Ducas, tras su forzada boda con Irene Ducas.

El panorama que encontró Alejo I al llegar al trono fue poco halagüeño. El Imperio estaba destrozado. Los turcos asediaban toda Anatolia, los normandos apretaban por occidente, y la frontera balcánica estaba en manos de serbios, húngaros y pechenegos. Constantinopla enfrentada a la otrora hermana Roma, por culpa de una codiciosa iglesia ortodoxa. Además, las arcas imperiales estaban muy menguadas por el control comercial de las prosperas ciudades italianas, y el tapón que los musulmanes ejercían sobre gran parte del comercio oriental. Por si faltaba algo más, el ejército bizantino pasaba por sus horas más bajas. Al desastre de los gobiernos Ducas, tenemos que añadir la perdida de potencial reclutador en Anatolia, el principal granero de soldados imperiales. Los bárbaros, como había sucedido en el Imperio Romano, toman el ejército bizantino.

En definitiva, un verdadero infierno, pero a Constantinopla había llegado el emperador que el Imperio necesitaba. Las fuentes, que, aunque la mejor de ellas sea su propia hija Ana Comnena, lo tildan como un hombre dotado de gran inteligencia para reflotar la nave bizantina. Aunque la más curiosa sea la descripción de uno de sus enemigos, el joven turco Kilij Arslan:

“quincuagenario de menguada talla, ojos chispeantes de malicia, barba cuidada,

modales elegantes, siempre cubierto de oro y ricos paños azules”

Lo de “ojos chispeantes de malicia”, no tiene parangón. Y es que de sus primeras medidas como emperador fue enfrentar a los propios turcos. El poder de los selyúcidas era todavía inestable, y Alejo I decidió alentar a los reyezuelos turcos a levantase contra el nuevo poder “extranjero”. Sumiendo a Anatolia en una especie de guerra civil entre los partidarios de ambos bandos. Además, invitó a los turcos a su nuevo ejército de mercenarios, para contener la incursión normanda dirigida a la mismísima Constantinopla.

Alejo I Comneno
Alejo I Comneno

En 1084 Alejo I firmó un acuerdo con Venecia para proteger, con la flota de estos, las aguas del Adriático, a cambio de suculentos acuerdos comerciales para los italianos. En aquel momento le sirvió para sus propósitos, pero dicho acuerdo se convirtió en un tremendo lastre para el Imperio Oriental.

El curioso ejército cristiano.

Tras controlar a los normandos y la frontera norte del Danubio, al bueno de Alejo I solo le quedaba un gran problema, los turcos selyúcidas. Además, sus rivales, tras la muerte de Malik Shah, pasaban por problemas internos. El territorio se acabó de desfragmentar y recordemos que, en Anatolia un joven niño era proclamado sultán. Si para controlar a los normandos había contado con los selyúcidas, para controlar a los selyúcidas, ¿podría contar con los normandos? Así lo hizo, pero además a lo grande, llevando a oriente y occidente a una interminable guerra de dos siglos de historia.

Un embajador bizantino acudió en 1095 a Piacenza, donde se celebraba un concilio de la iglesia romana. Su intención pedir voluntarios para reconquistar los territorios perdidos en Península de Anatolia. No está clara la promesa a cambio, pero seguramente incluía una especie de declaración de sumisión de la iglesia ortodoxa a la iglesia romana. Posiblemente no hubiera pasado de ahí, si otro Papa hubiera estado enfrente. Pero Urbano II era ambicioso. Pocos meses después hizo el llamamiento de Clermont Ferrand.

Un año después Kilij Arslan, el joven sultán selyuquí de 17 años, miraba atónito al grupo de soldados turcos llegados a Nicea. Venían de Constantinopla, donde todavía ejercían como mercenarios del ejercito bizantino. Uno de ellos decía:

“Miles de occidentales vienen hacía Constantinopla. Se parecen poco a los mercenarios normados que estamos acostumbrados a ver por estos lares. Entre ellos vienen cientos de caballeros y miles de soldados de infantería. Pero también, mujeres, niños y ancianos. Todos sobre la espalda llevan cosidas tiras de tela en forma de cruz.”

Nicea, una espectacular ciudad con seis kilómetros de murallas y 240 torres defensivas fue la primera ciudad musulmana que recibió la llegada de los ejércitos cruzados.

Lecturas recomendadas:

Nadie mejor que Ana Comnena, hija de Alejo I, para explicarnos la vida de su padre. Esta obra escrita por ella nos llega con la revisión de Doctor en Filología Clásica, Emilio Díaz Rolando.

La Alexíada en Historioteca
La Alexíada en Historioteca

Pocos fueron los castellanos presentes en aquella Primera Cruzada, bastante tenían en la Península Ibérica. De ahí que esta novela de Agustín Tejada, que está a punto de llegar a nuestras librerías, sea de gran interés para conocer dicho periodo.

Cruzados en Historioteca
Cruzados en Historioteca

 

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