La Casa de los Templarios, el Banco Central de la Edad Media.

El 16 de julio de 1099 los cruzados cristianos toman Jerusalén,  la ciudad donde Jesús vivió, murió y resucitó. Ese día entre otros muchos, llegan a la ciudad Hugo de Payens y Godofredo Saint-Omer para arrebatarles el control de la ciudad santa a los musulmanes. Pocos meses después Balduino I es coronado como primer rey cristiano de Jerusalén. A los caballeros cruzados se les encomendada la tarea de proteger a los peregrinos que se dirigen a la ciudad y por ende al nuevo rey,  que se alojará en la mezquita musulmana erigida sobre el antiguo Templo de Salomón. En 1119 el rey se retirará a su nueva residencia en la Torre de David, con lo que acababa de nacer la Orden Militar del Temple, entre sus fundadores los dos referidos anteriormente y siete compañeros más.

Balduino II junto a Hugo de Payens y Godofredo.

A partir de ese momento, los conocidos como Templarios se extenderán por toda Europa, para convertirse en uno de los poderes más fuertes de la Edad Media. Ríos de tinta se han escrito sobre sus historias, pero para la que nos atañe hoy la mejor descripción viene de un autor del siglo XIII. Este en su obra “sobre los estados del mundo”, hace una somera descripción de todos los estamentos medievales, al llegar a los templarios los define así:

Son hombres muy valientes y es evidente que saben velar por sus intereses; pero les encanta el dinero. Cuando suben los precios prefieren vender su trigo antes que ofrecérselo a sus dependientes”

No sabemos a ciencia cierta cómo su pasión por el dinero, como mínimo al principio, pudo influir en la forma en que la sociedad medieval veía a esta orden militar y religiosa. En definitiva, dicha pasión, llevó a los Templarios a convertirse muy  pronto en los grandes banqueros de la Edad Media. Aunque más bien pudieron ser las “cajas de ahorro medievales”, ya que como las del siglo XX, dedicaron sus ganancias a las “labores benéficas” en este caso la protección de Jerusalén y de los peregrinos que acudían  a ella.

La financiación de los Templarios.

Es evidente que para negociar con el dinero, lo primero que había que hacer era  ganarlo. Los templarios diversificaron sus diversas fuentes de ingresos a conveniencia propia. Las primeras rentas le llegaron via donaciones de los reyes de Jerusalén, en particular a partir de Balduino II, especialmente en forma de tierras y diezmos. Pero también mediante el ingreso en la orden de un sector más pudiente  de la aristocracia, que ponía al servicio del Temple sus fortunas. El resto los consabidos testamentos de incluso reyes, como el rey aragonés Alfonso I el Batallador, que acabaron de llenar las cada vez más amplias arcas de los templarios.

Tras los primeros ingresos debieron poner en marcha sus propios negocios.Sin duda la mayor actividad económica del siglo XII era la agricultura y en ella pusieron sus ojos. Fueron unos de los pioneros en la roturación de nuevas tierras que se extendieron por toda Europa a partir del siglo XIII, las cuales cultivaban, bien directamente o en régimen de “diezmo”. Pero también a la agricultura supieron buscarle otras formas de negocio.

 Por ejemplo, en la Baja Edad Media tener un molino de viento para moler el grano era fuente de ingresos importante. Los Templarios se hicieron con varios de ellos, por aquel entonces eran de los mejores posicionados para efectuar su costosa construcción y mantenimiento. Así mismo construyeron amplios graneros, que si por una parte nos muestran su alto nivel productor, por otro debieron servir como almacén distribuidor, menester por el cual también debieron incrementar las ganancias.

Graneros en la comarca de Essex, hoy convertidos en museo.

Pero no solo de la agricultura obtuvieron ingresos, como hemos dicho diversificaron su negocio. Sin ir más lejos en las costas de Palestina se han localizado restos de salinas, usadas por los Templarios para la fabricación de sal, otro de los grandes negocios, en este caso a través de los tiempos. En el caso de la industria textil, fueron de los primeros en usar una nueva técnica para la obtención de tejidos más resistentes. Se trataba de un molino de abatanado, que mediante la corriente de agua movía unas amplias mazas que compactaban dichos tejidos.

 No podemos terminar esta sección de negocios templarios, sin hablar del comercio con oriente, por un lado su posición geográfica, y por el otro su flota, estuvieron al servicio de este lucrativo comercio.

Recreación de un navío templario.

El negocio bancario.

Es importante tener en cuenta que el negocio bancario en la Edad Media, no fue exclusivo de la Orden Templaria, pero si uno de sus principales impulsores. En primer lugar podíamos hablar de un producto financiero, que la historiografía ha asignado a los Templarios como sus inventores. Me refiero a las letras de cambio, cuando un peregrino decidía  por ejemplo viajar a Santiago de Compostela o bien a Jerusalén, depositaba su dinero en la oficina más próxima. En dicha oficina le entregaban una letra de cambio, con ella, podía efectuar el peligroso camino sin riegos a perder el dinero. Asimismo una vez llegado a destino podía retirar este, en la oficina correspondiente. Aquel fue fue el principio de las letras de cambio, aunque posteriormente debieron esperar un tiempo hasta que se regularizaran, se convirtieron en un producto financiero clave en el resurgimiento del comercio del siglo XIV.

Sin duda la imagen del Caballero templario es de las más icónicas de la Edad Media.

Tras las letras de cambio pusieron en marcha las cuentas corrientes, estas eran usadas principalmente por los nobles más pudientes, e incluso por los reyes. Su funcionamiento debió ser muy similar a las anteriores, se depositaba el dinero o los bienes en la oficina próxima, para poder ser utilizados en otras más lejanas. Hay diversos ejemplos, como el del monarca ingles Enrique III, que debía hacer frente a pagos al otro lado del Canal de la Mancha, es preciso recordar que los territorios de Aquitania pertenecían a su corona. Por otro lado este servicio financiero de los templarios fue utilizado por Papas, como Inocencio III, para la manutención de las diversas cruzadas que decidió poner en marcha.

Los préstamos personales debieron ser uno de los más lucrativos servicios financieros. A este servicio, una vez más, acudían los reyes de las monarquías de Europa Occidental, sin ir más lejos para el financiamiento de sus guerras. Pero también para otros menesteres, por ejemplo ha quedado constancia del préstamo al que tuvo que acudir Alfonso X el Sabio para pagar la dote de su hija, y de esta manera casarla con el heredero de Francia.

Estos préstamos acarreaban otros tipos de negocios bancarios a los Templarios. Para el pago de los mismos era menester el depósito de algún tipo de garantía, con o que nació unas especie de casa de Empeños, de la cual también debieron hacer negocio. Las oficinas bancarias de los Templarios sirvieron también como depositarias de todo tipo de objetos de valor, por ejemplo en Londres acogieron las joyas de las Corona Inglesa a principios del siglo XIII, con el rey Juan Sin Tierra.

El poder económico de los Templarios fue tan importante que algunos lo han considerado el primer Banco Nacional, especialmente en la Francia del siglo XIII y durante el largo reinado de Luis IX (1226-1270). Este rey llevó a la Casa del Temple de Paris el tesoro real, además el mismo tesorero templario ejerció como el principal asesor financiero del rey durante este periodo. Tras conocer un poco la historia de los Templarios en Francia, es más fácil entender su final, el cual si necesitáis recordarlo os invito a leer este articulo: La maldición de Jacques de Molay.

Las Casas del Temple.

Hasta aquí hemos hablado de las “oficinas” como lugar donde se realizada el negocio bancario, por parte de los Templarios. Todos los indicios nos llevan  a pensar que el negocio bancario se llevaba a cabo en las Casas del Temple. En definitiva todo lo relacionado con los Templarios está repleto de múltiples dudas e historias a medio camino entre la realidad y la ficción, de ahí que asegurar algo sobre ellos ofrezca ciertos temores.

Castillo Templario de Ponferreda, uno de los mejore conservados de España.

La unidad territorial sobre la que se basaba la Orden del Temple era denominada encomienda. En ella podíamos encontrar todos sus bienes económicos, como los campos del cultivo, las diferentes industrias, los célebres castillos templarios, iglesias, etc. Uno de los bienes inmuebles fueron estas denominadas casas del Temple. Existían prácticamente en todas las ciudades medievales importantes, hoy día ha quedado constancia en varias. Sin  ir más lejos en Toledo, inauguró hace unos meses las visitas a una de ellas.

Pero la que parece que se llevó la palma fue la Casa del Temple de Paris, situada en la margen izquierda del rio Sena. Los templarios se establecieron en la ciudad a partir de 1146, pero no sería hasta 1240 durante el reinado de Luis IX, cuando llevaron a cabo una auténtica ciudad dentro de Paris. Hasta dos distritos de la ciudad llegaron a ocupar tras unas enormes murallas, algo por cierto controvertido y difícil de comprender, ¿Qué temían si eran los protegidos del rey?, ¿o bien, escondían algo? Como vemos las conjeturas con los Templarios se disparan rápidamente.

Plano de la ciudad Templaria que la Orden del Temple construyó en París.

En definitiva dentro de su ciudad contaban con todo lo necesario, ya que como hemos dicho anteriormente fueron los auténticos gestores económicos del reinado de Luis IX. Así que su Casa del Temple de París sería la más importante de Europa. En la actualidad no queda prácticamente nada, sus últimos inquilinos importantes fueron los reyes franceses, encarcelados allí tras la revolución de 1789. Este hecho llevó a Napoleón a mandar su completa destrucción, para que no se convirtiera en un lugar de peregrinaje de los monárquicos franceses. Aunque también, desgraciadamente, se llevaría por delante buena parte de los secretos templarios.

Mas info: Los templarios, una nueva historia, Helen Nicholson, Ed. Crítica, 2009

Imágenes: commons.wikimedia 

Marco Vitruvio, el arquitecto de un Imperio.

Vitruvio es uno de aquellos personajes, que aún pareciendo que no han existido, más constancia nos ha quedado de ello. En definitiva poco sabemos de su figura, más allá, que según el mismo ya era mayor al escribir su obra “De Architectura”. Por lo tanto podemos deducir que si la escribió durante los primeros años de mandato de  Augusto, debió nacer en torno al 75 aC. Así que fue testigo directo del paso de la República al Imperio Romano.  Este último periodo, bajo los cánones de Vitruvio,  sería el que expandiría por gran parte de Europa, norte de África y Oriente Próximo, la que algunos expertos han denominado Arquitectura de la Antigua Roma.

Vitrubio enseñado su obra al Emperador Augusto, dibujo de 1684

Siguiendo con Vitruvio, hubiéramos podido dudar incluso si fue un arquitecto, ya que solo nos ha quedado constancia de una construcción suya, la Basílica de Fano, de la cual con conocemos ni su ubicación exacta. En palabras de G. Barbieri, “Vitruvio no existe, solamente existe su libro”. A pesar de ello resulta curiosa la imagen que se le dio en la Italia del siglo XV, en definitiva fueron los que lo rescataron del olvido, tras la caída del Imperio romano diez siglos antes.  Dicha imagen  que aparece en los nuevos códices trascritos del original de Vitruvio, nos muestran la figura de nuestro protagonista dirigiendo una obra con el plomo en la mano, o bien usando las herramientas del cantero. Por cierto, dichos códices serán la base del Renacimiento de finales de la Edad Media, quince siglos después de ser escritos por Vitruvio.

De Architectura.

 

Si conocemos poco de Vitruvio, de su obra todo lo contrario. En ella nos describe en griego y latín todo lo necesario para construir un Imperio. Desde las profesiones, las técnicas, los materiales y todo ello perfectamente descrito en diez volúmenes, ¿os apetece conocerlos?

Primer libro.

Para empezar Vitruvio este primer volumen lo divide en siete capítulos. En ellos nos  comienza hablando del concepto arquitectura, de los elementos que la componen y en las partes en que se divide. Para acabar hablándonos de uno de los elementos más importantes en las ciudades de nueva planta, la construcción de sus murallas y torres defensivas, así como la división interna de la ciudad diferenciando las partes públicas de las privadas.

La obra fue transcrita por primera vez en 1486

Pero el capítulo  estrella de este primer libro es la descripción de las cualidades que deben tener un buen arquitecto. Algunas de ellas nos pueden resultar evidentes, ya que debe ser ingenioso, trabajador, buen dibujante o experto en geometría.  Otras nos pueden resultar más curiosas, aunque el mismo se encarga de desvelarnos la necesidad de estas cualidades. Debe conocer la historia ya que alguien le puede preguntar sobre la procedencia de cualquier escultura. Es importante que sea un entendido en música, ya que la ciencia de los sonidos y las matemáticas, como aventuro Pitágoras,  iban de la mano. También debe estar instruido en filosofía, para ser un hombre justo, firme y generoso, y por último conocer la medicina, ya que debe elegir el mejor sitio salubremente hablando, para las nuevas construcciones.

Segundo Libro.

Un libro dedicado al principio de las cosas, un dechado filosófico al arché de los griegos, de los que por cierto bebe toda la obra de Vitruvio. Evidentemente si para Tales de Mileto el principio era el agua, para la arquitectura el principio de todo son sus materiales, si estos no son buenos, la obra no puede ser buena. Así que Vitruvio nos descubre que cualidades debe tener cada uno de los materiales necesarios, los ladrillos, las piedras, la cal, la arena e incluso la forma de trabajar la extracción de sillares de las canteras.

En este segundo libro, Vitruvio, ya nos demuestra un gran conocimiento de la geografía, ya que describe perfectamente los lugares donde se localizan las piedras más ligeras, tanto de la Hispania Ulterior, como de la provincia de Asia Menor. Así como los mejores lugares para la obtención de maderas, dependiendo de su uso posterior, ya que tenía perfectamente estudiado las horas de sol y la humedad que estos recibían en  las zonas meridionales del Adriático y el Tirreno.

Tercer y cuarto libro.

Dos libros y en total catorce capítulos, dedica Vitruvio a elaborar las instrucciones para la construcción de los templos romanos. En ellos desgrana todas las características que deben tener cada uno de los estilos elegidos, tanto los de tradición helenística, como etrusca. Cual debe ser la estructura, las medidas de los cimientos, la distribución de cellas y pronaos, o evidentemente la orientación que deben tener. También dedica algunos capítulos, a los diferentes tipos de puertas o altares, ya que dependiendo de la divinidad incluso estos  cambian su altura.

Templo de Diana en Mérida

Es obvio que hablando de templos dedique varios apartados a los conocidos órdenes de procedencia griega,  jónico, dórico y corintio. Además dependiendo del uso de cada uno de ellos, así como su separación, cantidad,  o medidas,  Vitruvio nos enseña los 5 tipos de templos diferentes.

Quinto libro.

Podemos decir que en este libro Vitruvio no se aparta excesivamente del tema anterior. En definitiva continúa describiéndonos las normas constructivas de los edificios públicos. Empezando por el foro, las basílicas, las cárceles y la curia y dedicando un capítulo completo a los puertos romanos, vehículo de transmisión de la romanización junto a las calzadas, que curiosamente no son descritas por Vitruvio.

Aunque pone mayor énfasis en la descripción de los teatros, además tanto de estilo romano como griego, con la finalidad de mostrarnos sus diferencias en cuanto al apoyo de la cávea, sobre una montaña en los griegos, o  directamente sin apoyo en los romanos. También y siguiendo con los teatros, dedica un par de capítulos exclusivamente a la armonía y la acústica de estos edificios públicos.

Teatro romano de Aspendo claramente de estilo romano

Otros edificios públicos que nos describe son los baños públicos, que con el tiempo se acabaran convirtiendo en las termas romanas, el lugar de recreo preferido de los habitantes del Imperio Romano. Por último destacar las palestras, edificio que solo se construye en la zona griega, pero que Vitruvio describe perfectamente basándose en sus viajes.

Sexto libro.

En la sexta entrega de su Architectura, Vitruvio cambia de contexto, ya que en ella nos define la arquitectura domestica, o como dice el mismo los edificios privados. Desde varios aspectos, como las proporciones que deben tener los edificios, o las medidas de sus cimientos y pilares. Además nos describe las distintas y conocidas estancias, atrium, triclinium, cubiculum, culina, tablinium, etc.

Todo ello desde un aspecto que puede llamar la atención, ya que define, como deben ser las domus para que sean adecuados al estamento social de los inquilinos. Es evidente que ha día de hoy no hace falta decir que se sigue la misma tónica.

Vista cenital de la Casa de los Pájaros en Itálica, al lado plano de la planta. Uno de los mejores ejemplos de villa romana.

Pero lo que resulta más curioso es la comparación que nos hace previamente. Tras definir como deben ser las viviendas en los diferentes climas del vasto territorio romano. En el sur deben ser abiertas y de cara al viento del norte, mientras que en dicho norte cerradas y orientadas al sur,  tras lo cual de sorprendentemente  compara a los hombres con las viviendas romanas. Para Vitruvio los habitantes de las casas del sur son personas dotadas de una inteligencia superior, pero con menor fortaleza debido a la merma que produce el calor. En cambio nos describe a los habitantes de norte, que debido a la mayor densidad del aire, tienen menos reflejos mentales pero están mucho más capacitados para el empleo de las armas. Por lo tanto, aventura que bien dirigidos pueden ser los mejores guerreros, en este punto es preciso recordar como acaba el Imperio romano.

Séptimo Libro.

Tras construir edificios públicos y privados toca embellecerlos. Para ello Vitruvio en primer lugar nos muestra las diferentes técnicas para trabajar los pavimentos, desde los clásicos mosaicos romanos, a los acabados en lujosos mármoles. Además de estos últimos dedica un apartado especial a su localización, volviéndonos a dar la lección de geografía.  En segundo término nos define las distintas formas de embellecer las paredes, como el enlucido de yeso y la posterior pintura en múltiples colores.

A estos últimos dedica varios capítulos de este libro. Un apartado que llama la atención vuelve a ser su destreza con la geografía, al darnos la localización de los denominados colores de la naturaleza. El verde lo extrae de la zona de Esmirna (Asía Menor), mientras el blanco, de la Isla de Melo una de las Cícladas. Sobre el ocre, nos cuenta que el mejor siempre había sido el del Ática, pero en tiempos de Vitruvio había que buscarlo en otra localización, dado su escasez en dicha localización. Por último para obtener rojo el mejor lugar era Egipto o las Islas Baleares.

Fresco romano de la Villa de los Milagros en Pompeyo, ejemplo de enlucido

Un capítulo que llama la atención, es el que nos habla de dos productos muy usados en la actualidad, pero que en tipos de Vitruvio no se encontró su utilidad. El minio hoy muy usado para la protección del hierro, pero utilizado para pintar paredes en el Imperio romano, con pobres resultados. El segundo Vitruvio lo denomina azogue, usado para embellecer algunos metales, hoy conocido como mercurio.

Octavo libro.

Nadie mejor para definir esta octava entrega que el mismo Vitruvio; “El agua es imprescindible para la vida, para satisfacer necesidades placenteras y para el uso de cada día”. Por ello dedica un libro exclusivo al líquido elemento.

Empieza describiendo las cualidades del agua de lluvia, muy superiores a las encontradas en la naturaleza, de estas últimas las mejores suelen ser las situadas en las zonas más septentrionales. En definitiva como dice Vitruvio, todos los grandes ríos tienen el nacedero en el norte, desde los de la India, Ganges e Indo, a los de Siria Tigris y Éufrates y por supuesto los de la Galia, Ródano y Rin. Por cierto con la única excepción del rio Nilo.

A continuación nos muestra las pruebas que mejor análisis, nos dará de la calidad del agua. La primera la observación del lugar donde se encuentra, si es limpio, el agua tendrá más posibilidades de pureza, pero también había que observar a las personas del entorno, si tienen robustez y buen color de cara es porque el agua es de buena calidad. Por último si necesitas mejor diagnostico, lo mejor es hervirla, si una vez evaporada no deja posos o barro la calidad es buena.

Uno de los acueductos que llevaba el agua a Roma

Tras ello y después de obtener las mejores aguas, debemos transportarlas a la ciudad. Aquí entraran en juego los célebres acueductos, las canalizaciones de obra y por último las cañerías metálicas, especialmente de plomo.

Noveno Libro.

Un libro dedicado a la contemplación del cielo con el simple fin, al parecer,  de la elaboración de relojes de sol. Aunque lo empieza con una crítica a las sociedad de la época, que a buen seguro nos resultará familiar. En ella expone que no entiende como a Milón de Crotona, un simple atleta, había sido continuamente agasajado con palmas y coronas sin haber aportado nada a la humanidad. Mientras, genios como Platón, Pitágoras o Arquímedes, que habían dedicado toda su vida a transmitir conocimientos, habían pasado por ella sin pena ni gloria.

Milón de Crotona en el Louvre (París)

Tras la crítica se lanza a trasmitir todo aquello, que sobre el cielo, le habían enseñado los clásicos griegos. Aunque todavía con la visión de un universo que gira alrededor de la tierra, ya conocen cinco de los planetas que acompañan  a la tierra en el sistema solar. Tras dárnoslos a conocer, dedica los siguientes capítulos a las fases lunares, al transcurso del sol por los doce signos, y a todas las constelaciones de estrellas conocidas.

Por último y para la construcción de un reloj de sol, nos presenta una ciencia denominada gnomónica, la cual se basa en la relación entre el sol y las sombras que proyecta.

Décimo Libro.

Volvemos a dejar a Vitruvio, presentarnos el tema de su último libro de Architectura: “Se define una máquina como un conjunto de piezas de madera que permite mover grandes pesos”. Es evidente sin ellas no se hubiera construido el Imperio romano.

El Hombre de Vitrubio, un dibujo de Leonardo da Vinci hecho a finales del siglo XV. Se trata de su visión de las medidas perfectas del hombre según las anotaciones de Vitrubio en su Architectura.

Los primeros capítulos del libro los dedica a explicar cómo se construyen la maquinaria denominada de tracción, la cual es necesaria para la elevación de los bloques de piedra en la construcción, de las espectaculares obras romanas. A continuación dedica tres capítulos  a las maquinas  destinadas a la elevación del agua, aquí tras las clásicas norias encontramos una de bien curiosa. Se trata de una serie de tubos por los que gracias  a un juego de presiones de aire se consigue elevar el agua a gran altura. Su elaborador, un griego de nombre Ctesibio, que está considerado el padre de la neumática.

Para concluir su libro y su obra maestra Architectura, Vitruvio nos presenta las máquinas de guerra, a las que curiosamente las define como necesarias para protegerse de los peligros, y poder defenderse de los invasores. Las principales son  las ballestas y las catapultas.

Como vemos Vitruvio elaboró una verdadera enciclopedia de la construcción, posiblemente no debió ser la única, pero por fortuna para él, es la única que ha llegado a nuestros días.  Este hecho que por mi parte, le ha valido el título de Arquitecto del Imperio Romano.

Mas info: De Architectura, trad. José Luis Oliver domingo, Ed. Alianza, 1997

Imágenes: commons.wikimedia

La cámara de Ámbar, el secreto nazi mejor guardado de la 2GM.

El pasado mes de octubre salió a la luz la noticia sobre una desclasificación  de papales de la CIA y del FBI, en lo concerniente al asesinato de John F. Kennedy. Pero para sorpresa de muchos, lo que más llamó la atención fueron unos papales, que aseguraban que Hitler había sido visto con vida en el año 1955 en Colombia. Es evidente que este hecho siguió ahondando en dividir a los que afirman que murió en el Bunker de Berlín, y los que afirman que escapó a Sudamérica. Personalmente no voy a opinar, pero si quiero contar lo que pasó por mi cabeza, al recordar una historia que leí hace unos años.

Fotografía de los archivos desclasificados de la CIA, hecha en 1955, donde se ve a Hitler.

Para comenzar hay que remontarse al verano de 1944, ya que en aquellos días desapareció para siempre la cámara de Ámbar, está, totalmente desmontada contenía  más de 6000 kg de Ámbar del Báltico. Aunque su precio total fuera una incógnita, hoy día de encontrarse intacta,  podría superar los 450 millones de euros.

Breve historia de la cámara de Ámbar.

Para entender lo sucedido durante aquel verano de 1944 en plena Segunda Guerra Mundial, debemos retroceder algo más de dos siglos. Concretamente al año 1701, en aquellos días la nueva potencia europea, Prusia, empezaba a dar sus primeros pasos. Por lo tanto, y ante la necesidad de equiparse en lujo al resto de potencias europeas de la época, su primer monarca, Federico I manda construir una habitación en el Palacio Real de Berlín. El material elegido el Ámbar del Báltico, por aquella época doce veces más caro el oro.

El Palacio Real de Berlín a principios del siglo XX

Años después uno de sus ilustres visitantes, Pedro I de Rusia,  se enamoró de la misma. Así que Federico Guillermo I sucesor en Prusia de su padre Federico I decidió donarla al nuevo aliado. Así será como en 1717 y tras ser desmontada, inicie el recorrido de más 1.700 km que llevaría a nuestra protagonista a San Petersburgo. La nueva ciudad  que a principios del siglo XVIII  acogía a los zares de Rusia en el mar Báltico.

Desde su llegada al Palacio de Catalina, en las afueras de la ciudad de San Petersburgo, fue ampliada y remodelada.  Ya que la nueva estancia era más grande, y a los paneles que se extrajeron de Berlín  se le tuvieron que añadir 40 m2 más de Ámbar. En total al finalizar las remodelaciones en 1770, la cámara de Ámbar contaba con más de 6.000 kg de este preciado material. A partir de ese momento se convertirá en una de las principales atracciones de los zares de Rusia,  permaneciendo intacta incluso durante la Revolución de 1917, hasta la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué pasó en la Segunda Guerra Mundial con la cámara de Ámbar?

Es preciso recordar que San Petersburgo, rebautizada como Leningrado, fue castigada por la Alemania nazi con uno de los asedios más brutales de la historia. Más de 900 días y un millón de muertos, pese a ello la ciudad nunca cayó en manos alemanas, pero si sus alrededores, donde concretamente en la localidad Tsárskoye Seló (actual Pushkin) se encontraba el Palacio de Catalina, que como hemos dicho había sido sede de los zares de Rusia, y que contenía aún la cámara de Ámbar. En definitiva los rusos, previendo la llegada nazi, se habían llevado del Palacio todo lo que pudieron y que tuviera un cierto valor. Pero evidentemente las placas de Ámbar no pudieron llevárselas, aún así decidieron tapar las paredes, para intentar engañar a los alemanes.

Una de las escasas imágenes que se tienen de la cámara de Ámbar original.

Pero Hitler había mandado a Leningrado a uno de sus mejores expertos en arte, Alfred Rohde, que localizó rápidamente la cámara y la desmontó en menos de 36 horas. Pronto se cumplieron las ordenes del Fhürer, “la cámara debe volver a su hogar”, así que fue trasladada al castillo de Königsberg, capital de la Prusia Oriental y sede de coronación de los antiguos reyes prusianos, por cierto hoy conocida como Kaliningrado. Allí incluso se volvió a montar y llegó a estar expuesta pese al peligro de la guerra, corría el año 1944. Pero también cabe decir que poco más sabemos de ella. Algunas especulaciones señalan que fue desmontada de nuevo y embalada para un nuevo transporte. Todo ello antes de los bombardeos aliados sobre la ciudad de Königsberg, que quedaron arrasado el castillo en cuestión.

Königsberg al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el castillo en el centro de la imagen.

¿Dónde está la cámara de Ámbar?

A partir de aquí abrimos un amplio abanico de posibles escenarios. Una parte de expertos se decanta porque el Ámbar no llegó a salir del castillo, una posibilidad que ofrece muchas dudas, ya que no se han encontrado restos en las excavaciones. La gran mayoría apuesta por que salió del Castillo de Königsberg, pero, ¿dónde fue a parar? La cámara de Ámbar ha sido buscada con cierta insistencia, no es de extrañar dado su valor, tanto en el mar donde se cree que yace en un barco alemán.  Hasta por los lugares más inverosímiles, definitivamente en Alemania, Polonia, Austria o Dinamarca hay múltiples  bunkers, cuevas o túneles donde podían haber sido depositadas.

Aunque otra parte de los buscadores se ha dirigido al otro lado del Atlántico, ya que algunos piensan que ha ido a parar a manos norteamericanas como compensación por la guerra. Por último y volviendo al principio, quién puede negar tras las noticias de la CIA y el FBI, que la cámara del ámbar no sirvió para financiar la fuga y posterior mantenimiento de Hitler en Sudamérica. Sea como fuese, hoy día, según los expertos si no se ha mantenido bajo unos mínimos parámetros de temperatura y humedad su valor se habrá visto muy mermado.

La actual reconstrucción visitable en el Palacio de Catalina.

Destacar para acabar, que desde 2003 se puede visitar una réplica de la cámara de Ámbar, en el lugar donde ocupó la genuina en el Palacio de Catalina en San Petersburgo. A cual fueron llegando varias piezas devueltas por Alemania.

Imágenes: commons.wikimedia

Caminando por los teatros romanos de la Antigua Hispania (I)

Desde que Publio Cornelio Escipión en el año 218 aC. puso sus pies en la Península Ibérica, y hasta la llegada de los pueblos godos seis siglos después. La cultura romana se estableció paulatinamente en toda ella, de manera que todas y cada una de sus costumbres fueron calando en la sociedad ibérica. El caso que nos atañe nos podía ser menos, ya que se han contabilizado más de una veintena de teatros romanos, repartidos por toda la antigua Hispania. A partir de este punto y durante los tres próximos capítulos de este serie que comenzamos hoy, intentaremos conocerlos un poco mejor, no sin antes referirnos a algunas cuestiones previas interesantes para su comprensión.

¿Qué significaba el teatro para los romanos?

El teatro romano como representación escénica, tiene influencias de la tragedia y la comedia griegas, pero también el toque diferencial, que ofrecían las tradiciones itálicas. Las primeras representaciones curiosamente se realizan desde el año 250aC. casi dos siglos antes que aparezca el primer edificio destinado a tal menester. Por lo tanto se hacían en plena via pública con improvisados escenarios de madera.

Existían principalmente dos tipos de funciones. Una más bien de culto, ya fuera en forma de comedia o de tragedia, que trataban de temas cotidianos y de la vida real en clave de enredo. Sus principales autores fueron Plauto y Terencio en tiempos de la república, y Séneca, el autor nacido en  la Córdoba romana, en tipos de Augusto. El otro tipo de función se podría encuadrar en un ambiente más distendido, ya que se hacían representaciones de mimos con escenas cargadas de obscenidad e incluso con cierta propensión a la violencia. Sin olvidar la Atelana, un tipo de comedia donde cuatro personajes escondidos detrás de mascaras, llevaban a cabo un guión a base de golpes y caídas varias.

Mosaico de una de las representaciones teatrales.

Pese a lo que podamos pensar, los actores eran esclavos o bien libertos, muchos de ellos de procedencia oriental. Los cueles trabajaban por mínimos salarios y viviendo en los umbrales de la pobreza. Aunque existieran contadas excepciones eran vistos como personajes vulgares, con una profesión menospreciada por el resto de las clases sociales.

En cambio los espectadores solían ser de las clases más pudientes, ya que la sociedad romana vivía en exceso de las apariencias. La diversión era una forma de demostrar el status social, esto será aprovechado por los dirigentes políticos, para atraerse el control de estas clases sociales más altas. En definitiva los juegos públicos realizados en honor a los dioses, donde se encuadraban las representaciones teatrales, era una forma de tener contentos a Patricios y Plebeyos más adinerados.

Los teatros romanos.

El primer teatro, mandado a construir por Pompeyo en el Campo Marcio, fue en Roma en el año 55 aC. Su curiosidad principal residida en la construcción de un templo en la misma Cávea del edificio, algo no muy habitual. Por cierto no será muy anterior, como veremos pronto, al primero de la Hispania Romana. Pero antes de conocerlo, debemos echar un vistazo a las normas escritas en el tomo 5 del Tratado de Arquitectura escrito por Vitrubio. En el mismo se detallan todas las partes que deben tener los teatros romanos. Para no perdernos en un maraña de nombres, que irían desde la fea palabra del “vomitorium” que era la zona de acceso a las gradas. Hasta la “valva regia”, concretamente la entrada al escenario, creo que lo mejor es centrarnos en sus cuatro partes principales.

Maqueta del teatro de Pompeyo en Roma, se observa el templo como una parte más de la Cávea

Cávea, la parte más reconocida en todos los teatros romanos actuales, en otras palabras un graderío en forma semicircular. Según Vitrubio se debían separar tres zonas, en la parte inferior (ima Cávea), se acomodaría la aristocracia romana.  En el centro (media Cávea) los plebeyos con estatuto de libertad. Por último en la zona superior (summa Cávea), era el lugar  de las mujeres de estos últimos y  junto a ellas, los esclavos. Tras lo cual normalmente, se remataba la parte más alta del graderío con un pórtico.

Orchestra, como la Cávea en forma semicircular, a pesar de lo que pueda llegar a parecer no era usada como escenario, sino que solía servir para el acomodo de los magistrados de más alto rango.

Palpitum,  este sí que era el escenario de la actuación, estaba situado a poco más de un metro sobre el nivel de la Orchestra, y su forma era rectangular y alargada.

Scaene, fondo de escenario dotado de gran monumentalidad, entre dos y tres pisos con columnas de diferentes órdenes arquitectónicos. Normalmente contaban con tres puertas por las que solían salir los actores a escena.

Recreación de un teatro, se observan todas las partes principales, importante la visión que ofrecen del telón, tras el mismo los actores.

Estas eran la partes más importantes de los teatros romanos, evidentemente existían otras dependencias en  las edificaciones, como vestuarios o estancias reservadas para actores o clases más pudientes.

El siguiente enlace es muy complementario a todo lo relacionado con los teatros romanos: arraonaromana.

¿Qué nos vamos a encontrar en estos próximos artículos?

Tras esta breve introducción a la cultura romana asociada a los teatros, podemos pasar a conocer por orden cronológico los teatros de la Hispania Romana. Destacar, como ya hemos dicho,  que se conocen alrededor de una veintena, aunque en cualquier lista de este tipo se hace necesario recordar que los descubrimientos están a la orden del día, y a pesar de conocer la existencia de otros, no han sido sacados a la luz.

Como veréis los dividiremos en tres grandes conjuntos a través de tres diferentes artículos. En el primero de ellos, el que nos ocupa, hablaremos de los teatros realizados en los últimos suspiros de la Républica, aunque alguno de ellos ya fueron construidos tras su disolución por Augusto. En el segundo de ellos trataremos el periodo del primer emperador de Roma, que inició de la denominada Pax Romana, de gran importancia a la hora de  embarcarse en proyectos de construcción de los teatros romanos. Por último el tercer artículo se centrará en los siguientes años, donde antes de acabar el siglo I dC. se completará la lista definitiva de teatros romanos de la Hispania.

La intención es que podamos conocerlos desde tres aspectos diferentes, el primero de ellos su historia, tanto de la propia construcción, como del redescubrimiento. También conoceros su fisonomía, para acercarnos  la importancia que tuvo en su comunidad. Por último destacar la necesidad de la puesta en valor de estos edificios para su utilización en el siglo XX, en diferentes aspectos, y para dotarlos de la necesaria autosuficiencia. Ahora sí, sin más dilación pasamos a conocerlos.

Teatro romano de Cádiz.

Una de las ciudades más antiguas de España, fundada por los fenicios bien el siglo XII aC. o bien el VIII aC, no es el momento de discutirlo. Lo cierto es que se convertirá en romana con la llegada de Publio Cornelio el Escipión en el año 206 aC. Y a partir de ese momento se convertirá en una de las principales ciudades de la Hispania Ulterior. Su privilegiada situación como intermediaria del comercio de metales, su gran industria pesquera, y su excelente Garum, le reportarán una holgada posición económica.

Una de las épocas de mayor esplendor será con Lucio Cornelio Balbo el Menor, que en el año 44 aC. se convirtió en Cuestor de la Hispania Ulterior, cargo que pudo ser aprovechado para iniciar  las obras de construcción del teatro romano.  Ya que a ciencia cierta no se conoce cuando empezó a construirse, es evidente que sería casi coetáneo al de Pompeyo en Roma, o bien unos años posteriores, pero casi toda seguridad fue el primero de Hispania.

Tras su descubrimiento en 1980, pudimos conocer que además fue de los más grandes.  Con una Cávea de 120 metros de diámetro pudo llegar albergar a más de 10.000 personas. Desde ese año se han realizado diversas campañas de excavaciones para y descubriéndolo paulatinamente.  Hoy en día son visibles las partes inferiores de la Cávea, la zona de la Orchestra y algunas galerías de acceso al graderío.

Entrada al museo.

Los encargados de su mantenimiento son la Junta de Andalucía. Destacar que el teatro es visitable, así como su gran centro de interpretación donde podemos hacernos una idea de la función, y de las verdaderas dimensiones de este teatro romano. Por último destacar que la visita se pude completar, de forma gratuita, con el acceso por un lado a una fábrica de salazones y por otro a una necrópolis de la cual se ha conseguido extraer diversos ajuares.

Para más información podéis acudir a la web oficial: juntadeandalucia

Teatro romano de Mérida.

En el año 25 aC. el primer emperador que tuvo Roma, Octavio Augusto, mandó construir una nueva colonia, su nombre Emerita Augusta. Su cometido asentar a los veteranos de las legiones V Alaudae y X Gémina, tras su participación en las guerras cántabras. El lugar elegido fue el rio Guadiana, zona que ofrecía grandes posibilidades de agua y materiales de construcción, además de estar situada en un nudo de comunicaciones. Todo ello le servirá para que después de solo 10 años, se convirtiera en la capital de la nueva provincia romana de Lusitania.

Poco antes de ello, por lo tanto en torno al 16 aC. se inicia la construcción del teatro. Este fue un encargo personal del emperador a Marco Vipsanio Agripa, el promotor del Panteón de Roma. El diseño de Agripa siguió fielmente las normas de Vitrubio, una Cávea de 95 metros de diámetro que ofrecía una capacidad de 5800 localidades. Una orchestra de 30 metros, en la que se observa perfectamente, las tres gradas reservadas para la alta aristocracia de Emerita Augusta. Además decir que el teatro fue remodelado varias veces, una de ellas en torno al año 105 dC. por lo tanto durante el mandato de Trajano, con el espectacular fondo de escena. Posteriormente en el 333 dC, con Constantino, se reformó añadiendo nuevos y lujosos mármoles.

Tras la llegada del cristianismo se sumió en el olvido de la ciudad. Con el paso de los siglos y en torno a finales del siglo XVIII es redescubierto, pero tendrá que esperar a 1910 para que se inicie su restauración y puesta en servicio. Solo 23 años después, en el 1933 ya recibió la visita de los primeros actores, tras más de 15 siglos de ostracismo. Además tras la guerra civil ha tenido sucesivas restauraciones, que nos permiten contemplar el más espectacular y completo de los teatros de la Hispania Romana.

Sensacional forma de poner en valor el Teatro romano de Mérida

A parte de la Cávea, la Orchestra y el Palpitum, podemos observar el impresionante fondo de escena, en doble piso, con columnas corintias de cerca de 30 metros y rematadas con arquitrabe, friso y cornisa. El recinto se completa con jardines, lugares de culto, la casa del teatro dotada de peristilo y mosaicos, e incluso una zona de letrinas públicas.

Hoy en día el teatro es uno de los más visitados de España, se hacen visitas de viarios tipos y para todos los gustos. Pero además posee la mejor puesta en valor que podía tener un teatro romano. En 2017 se ha llevado a cabo, la 63 edición de uno de los mejores festivales de teatro clásico que se pueden ver en el mundo. Me estoy refiriendo, evidentemente, al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida que inunda de este arte las noches de verano de la ciudad extremeña.

Os invito a conocer más en las dos siguientes webs: consorciomerida  festivaldemerida

Teatro romano de Acinipo.

Para conocer el teatro romano de Acinipo debemos acercarnos al yacimiento arqueológico del mismo nombre,  situado a unos 20 kilómetros de la localidad de Ronda en Málaga. Un lugar que estuvo habitado desde el año 3.000 aC. Pero que deberá esperar al 206 aC. con la llegada de los romanos para convertirse en ciudad. Una ciudad que según las fuentes de Plinio y Ptolomeo pudo llegar a albergar cerca de 5.000 personas y su ocupación principal fue la agricultura.

Posteriormente entrará en decadencia y será completamente abandonada en el siglo VII. Por otro lado, el yacimiento es conocido desde 1650, pero no será hasta 1967 y tras múltiples expolios cuando se comiencen las excavaciones para sacar a la luz principalmente su teatro.

Sensacional emplazamiento del Teatro de Acinipo.

Del teatro de Acinipo se conservan varias partes, la Cávea de 62 metros de diámetro y con una capacidad de 2.000 personas, su mayor curiosidad reside en que fue excavada directamente sobre la piedra. También se conserva la orchestra, de la cual queda algún resto del mármol rosado, que la debió cubrir. Aunque lo que más salta a la vista es su fondo de escena, de doble piso y realizado con sillares. Sobre su datación existen diferentes versiones, la mayor parte apuesta que es prácticamente coetáneo con el de Mérida, aunque también existen los que defienden que fue anterior, pudiendo ser junto al de Gades, el primero de la península.

Por último os invito a conocer la página de Facebbok del propio yacimiento, el lugar más fiable para consultar horarios y actividades del mismo, el cual por cierto se visita de forma gratuita. acinipoenclavearqueologico

Teatro romano de Cartagena.

En el 209 aC. Publio Cornelio Escipión toma la capital del Imperio Cartaginés de la Península Iberia. La ciudad que había fundado solo 18 años antes Asdrúbal el Bello, pasará de ser la Qart Hadasht cartaginesa, a la Cartago Nova romana. Tras lo cual, el crecimiento de esta ciudad debió ser espectacular, gracias a sus recursos metalíferos que ya habían atraído a los cartagineses y anteriormente a los fenicios. Además se convirtió en uno de los principales puertos del mediterráneo.

La ciudad recibirá en el año 44 aC. el título de Colonia, solo reservado para las ciudades  más importantes del mundo romano. Tras las obras del anfiteatro, en el año 5 aC le llegaría el turno al foro y al gran teatro de Cartago Nova.  Nuestro protagonista contará con una Cávea de 88 metros de los cuales los centrales fueron escavados directamente sobre la piedra. En ella se podían acomodar unas 7000 personas, por lo tanto estamos ante uno de los más grandes de la Hispania romana. Destacar que según algunos restos hallados, el fondo de escena tenía una altura de 14,60 metros adornado con columnas de diferentes órdenes, y acabado en colores rojo, blanco y gris, que debió ser una seña de identidad del mismo, aunque desgraciadamente los expolios de hace siglos, no nos han permitido conocerlo.

El teatro que fue dedicado a los nietos de Augusto, Lucio César y Caio César, entrará en recesión en el siglo III dC. Con la posterior llegada de los bizantinos se llevó cabo la construcción sobre el mismo de un mercado, y en el siglo XIII se superpuso en uno de los laterales la Catedral de Santa María la Vieja. Estas construcciones llevarán al olvido el Teatro romano de Cartago Nova.

Una de las salas del magnifico museo del Teatro de Cartagena

A partir de este punto hay que empezar a felicitar a las autoridades de Cartagena, desde la localización fortuita del teatro en 1988, las actuaciones que se han ido efectuando en el mismo, son todas un completo acierto. De esta manera hoy podemos disfrutar de su recuperación total, en el mismo se efectúan múltiples actividades para todas las edades, como representaciones, congresos, exposiciones temporales, etc. Además todo ello integrado en el edificio museístico proyectado por Rafael Moneo, que integra perfectamente el edifico construido hace 2.000 años. De todas estas actividades, así como de la visita al mismo, os podéis informar en la siguiente web: teatroromanocartagena

Sin más os emplazamos al siguiente capitulo, en el que conoceremos los teatros romanos de principios de la Pax Romana. 

San Pedro el Viejo, la joya románica donde descansa Alfonso I el Batallador.

El monasterio de San Pedro el Viejo, que está situado en el casco histórico de la ciudad de Huesca, pasa por ser una de las construcciones románicas mejor conservadas de España. Además de ser la morada eterna de uno de los reyes más destacados de la reconquista cristina, Alfonso I el Batallador.

Breve historia de San Pedro el Viejo.

En el año 1096 las tropas cristianas dirigidas por el rey Pedro I de Aragón, con la inestimable ayuda del mítico personaje de San Jorge, expulsan de la ciudad de Huesca a los árabes. Estos últimos dirigidos por el rey de la taifa de Zaragoza, Al-Mustain II y con la ayuda de Castilla, no consiguen retener el impulso de los aragoneses tras meses de asedio de la ciudad.

De esta forma Huesca se convirtió en la primera gran ciudad cristiana del nuevo Reino de Aragón. A su llegada los nuevos dirigentes de la ciudad recuperaron el único templo cristiano que se había mantenido en territorio musulmán. Concretamente una pequeña iglesia mozárabe, de la cual, en la actualidad todavía queda algunas estancias como veremos a continuación. Es preciso recordar que esta última estaba construida sobre restos visigodos, además estos a su vez, sobre restos romanos. Es uno de los mejores ejemplos de superposición de cultos.

Pues bien, esto es lo mismo que hicieron los nuevos inquilinos de San Pedro el Viejo. Tras donar el edificio a un monasterio francés, estos decidieron convertirlo en un monasterio benedictino, del cual podemos disfrutar en la actualidad.

La iglesia de San Pedro el Viejo.

Desde la plaza de San Pedro en Huesca y antes de entrar, ya encontramos un par de detalles que llaman la atención. En primer lugar la puerta principal, no excesivamente grande, rematada con un arco de medio punto con tres arquivoltas, destaca en el tímpano un bello crismón sujetado por dos ángeles.

Justo al lado aparece la torre del campanario, de forma hexagonal y adornada con varios vanos en forma de medio punto. Estos sirven para dar algo de luz a la Capilla de San Ponce que está en su interior.

Tras pagar la correspondiente entrada de 2,5€ entramos en la estancia principal muy bien conservada. Se trata de una pequeña iglesia que podemos denominar de un románico clásico, es decir, tres naves paralelas terminadas en ábsides. Todas tres rematadas con una cubierta de bóvedas de cañón, sujetadas con grandes arcos fajones. Los amantes del arte renacentista también están de enhorabuena, ya que el ábside principal o central aparece tapado mediante un retablo de madera del escultor Juan de Berrueta, de principios del siglo XVII.

Dos detalles de la estancia llaman la atención a los incondicionales del arte románico.  El primero de ellos un curioso ajedrezado de tipo jaques, que remata una de las paredes laterales.  Síntoma del paso de un maestro de la zona de Jaca, que terminó su muro dejando su huella personal, sin tener continuidad en la obra.

El segundo detalle es un pequeño paño que todavía conserva la pintura mural original. Detalle que nos lleva a deducir el enorme colorido que tendría la iglesia a principios del siglo XIII.

El claustro de San Pedro el Viejo.

Saliendo por una de las puertas laterales accedemos al claustro, uno de los espacios favoritos para el que suscribe, de este tipo de construcciones. Qué tendrán los claustros…

El de San Pedro el Viejo es excepcional, se trata de un pequeño cuadrilátero donde destacan sus 38 excelentes capiteles. Además magníficamente conservados, sustentado los arcos de medio punto y transmitiendo la fuerza al basamento a través de dos sencillos pilares.

Los capiteles exhiben diversos temas. Unos con la vida de Jesús y del antiguo testamento, otros contienen las típicas escenas de vicios y pecados,  a modo de enseñanza de lo que no debía hacerse. Por último los conquistadores de Huesca también están representados.  Algo que llama la atención son los enormes ojos que tienen todos los protagonistas de los capiteles.

Destalles sobre la toma de Huesca, donde se aprecia el tamaño de la cabeza y de los ojos.

Finalmente destacar la capilla de San Bartolomé, la estancia comentada que es de la parte mozárabe de la construcción. Dicha estancia fue usada siglos después para albergar los restos de dos de los primeros reyes Reino de Aragón. Los cuales tienen una historia que merece ser conocida.

Alfonso I el Batallador.

Alfonso I nació en el año 1073, su educación para convertirse en rey corrió a cargo de los monjes del monasterio de San Pedro Siresa y fue instruido en las armas en la cercana Jaca, por aquellos tiempos capital del Reino de Aragón.

En el año 1094 acompañaba a su padre, Sancho Ramírez,  durante el asedio a las ciudad de Huesca, donde por cierto este, encontró la muerte. Tras esta le sucedió Pedro I de Aragón, hermano mayor de nuestro protagonista, que conseguirá por fin conquistar la capital oscense, como ha quedado dicho en el año 1096.

Alfonso I del batallador será nombrado rey de Aragón y Navarra en el año 1104, tras la muerte de su hermano. A partir de ese momento se convertirá en uno de los reyes aragoneses más prolíferos en cuanto a tierras conquistadas. Se dice que prácticamente triplicó los territorios del Reino de Aragón, entre sus grandes conquistas destacan Zaragoza (1118) y Calatayud (1120). Tras lo cual se dirigió a los territorios del Al-Andalus, donde convenció a muchos mozárabes incómodos con un rey musulmán a emigrar a tierras aragonesas, con la intención de repoblar sus territorios conquistados.

Pues bien, tras sus grandes logros decide, para algunos incomprensiblemente, donar todos sus bienes a las órdenes militares religiosas. Templarios, Hospitalarios y la Orden del Santo Sepulcro serán la beneficiadas a cambio de seguir luchado contra el infiel y así proseguir la reconquista.

Ramiro II el Monje.

A partir de ese momento, año 1134, entra en escena su hermano Ramiro II el Monje, con dicho sobrenombre es fácil conocer su principal ocupación. Nació trece años después que Alfonso, y dedico toda su vida a la iglesia, primero como monje y llegando con posterioridad a Abad de San Pedro el Viejo e incluso a Obispo de Roda. Desde donde fue llamado por la nobleza aragonesa para convertirse en rey. Era evidente que los nobles no podían permitir que todo el poder fuera a manos de las órdenes militares. Además debieron pensar que sería fácil controlar aquella corona en manos de un servidor de Dios.

Nada más lejos de la realidad, ya que demostró sobradamente que no sería así. En especial durante el episodio de la célebre leyenda de la campana. Tras sentir las mofas sobre su persona, decidió llamar a algunos nobles  para mostrarles la nueva campana de la iglesia. Al llegar lo que encontraron fue el filo del cuchillo, con el que Ramiro el Monje fue degollándoles uno a uno. Evidentemente a partir de aquel momento se ganó el respeto de todos los nobles.

Aunque unos meses después decidió en cierta forma abdicar, a pesar de seguir contando como rey a todos los efectos, el poder paso a su nuevo yerno. Me estoy refiriendo a Ramón Berenguer IV, que se acaba de casar con Petronila la hija de 1  año de edad de Ramiro II el Monje, en definitiva Ramón Berenguer “solo” le llevaba 24 años.

Ramiro el Monje pasó el resto de sus días en San Pedro el Viejo, tras su muerte en 1157 fue enterrado en la Capilla de San Bartolomé, donde mora en la actualidad en el interior de un sarcófago romano del siglo II. En compañía de su hermano, Alfonso I el Batallador, aquel que no pareció confiar mucho en él, al negarle la sucesión.

El gran mosaico de pueblos prerromanos de la Península Ibérica (II)

Antes de entrar directamente a la cuestión que nos ocupa, debemos recordar algunos puntos del anterior artículo de esta serie.  El cual por cierto podéis leer completo en este enlace: pueblos-prerromanos

Como ya quedó dicho, el principal problema para el conocimiento de los pueblos prerromanos es la falta de fuentes escritas. Más si cabe en el espacio geográfico que nos ocupa hoy, ciertamente mientras los pueblos íberos tuvieron visitas continúas vía mediterráneo, prácticamente durante el I milenio aC. Los pueblos celtas solo tendrán contactos importantes a partir del siglo III aC, de ahí que no aparezcan con tanta frecuencia en la literatura de los clásicos. Tras este inciso entramos en materia.

Los celtas.

No está realmente claro el momento en que se produjo la entrada de este pueblo en la península ibérica. A pesar de ello la actual historiografía descarta la anterior visión que se tenía sobre su llegada, en forma de invasión. Hoy se conoce gracias a los registros arqueológicos que fue una sucesión temporal de penetraciones vía pirenaicas, de diversos grupos del centro y del este de Europa. Denominados comúnmente indoeuropeos. Los recién llegados portaban una lengua y etnia bien diferente a la íbera, e incluso entre ellos mismos no existía homogeneidad, como veremos a continuación.

Otro matiz a reseñar es la desmitificación de algunos aspectos sobre el mundo celta, que se han podido deducir en los últimos años. Ni fueron los que aportaron la metalurgia del hierro, o por lo menos de forma exclusiva. Ni tampoco la incineración, ya que esta existía previamente en la cultura de Campos de Urnas.  sobre esta coincidencia, aunque no quede demostrada la relación entre ambas culturas, esta  es muy probable.

Algunos aspectos generales.

Debido a la amplia extensión de la zona a la que nos referimos, se hace difícil generalizar. Pero todos los pueblos de los que hablaremos a continuación tenían unos aspectos comunes. Podemos empezar por su economía, basada principalmente en tres aspectos, la ganadería, la agricultura y la guerra, con evidentes regionalizaciones. En este primer punto ya podemos encontrar un aspecto que los diferencia de los íberos, la escasa importancia que se daba al comercio, aunque con algunas excepciones como veremos a continuación.

Recreación de un poblado celta

Otra de las diferencias con el mundo íbero fue su organización política, muy poco conocida, pero en todo caso alejada de los supuestos reyes íberos.  A lo sumo algún caudillo militar como veremos en el mundo lusitano, pero el resto pareció estar regido una especie de unidad suprafamiliar. Esta giraba en torno a tres colectivos, una joven aristocracia guerrera, un consejo de ancianos y las mujeres que se ocupaban de la familia y su manutención.

La forma de enterrar a sus muertos era la cremación, y el posterior enterramiento de la urna junto a los ajuares de guerreros, minoritarios en todo caso, y los ajuares domésticos mucho más habituales. Otra forma contrastada era el ofrecimiento del cuerpo de los difuntos, supuestamente guerreros,  a los buitres. Este aspecto ha levantado controversias sobre si eran los enemigos los que los ofrecían, o sus compañeros para elevar el alma del difunto al cielo. Por último destacar su religión politeísta, en torno a divinidades protectoras, infernales, guerreras y especialmente a la naturaleza.

La simbología es algo muy importante en el mundo celta, en este caso del trisquel celta

Ahora sí, tras esta introducción pasamos a conocer un poco mejor a este gran mosaico de pueblos celtas, los cuales poblaron casi dos terceras partes de la Península Ibérica. Los podemos separan en dos grandes grupos, uno al norte y el otro en el centro peninsular.

Los pueblos del norte.

Geográficamente nos referimos a todos aquellos pueblos en torno el mar Cantábrico. Por lo tanto las actuales, Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y grandes zonas del norte de Castilla-León. Se trata de una zona de gran desfragmentación en la cual aparecen multitud de nombres, un caso similar a la zona norte de los íberos, donde cada comarca parece que busque su pasado diferenciador. Aún así los podemos diferencias en tres grupos principales y otros de menor transcendencia.

Galaicos.

En primer lugar nos iremos al puesto más alejado que encontraron los romanos. Como ya hemos dicho, sus nombres son interminables, por nombrar algunos, los Ártabros, los Quarquernos, los Gigurros, los límicos, los tamagunos, y así un completísimo etcétera. Es de suponer que llegaron a estos lares en busca de la obtención de metales, como el oro y el estaño, no en vano Galicia está situada en la mítica ruta  a las islas Casíteridas.

Lo más conocido de estos pueblos es su hábitat, debido a la gran cantidad de yacimientos encontrados, que nos indica que pudo ser una zona muy  habitada. La denominada cultura castreña, con viviendas circulares de paja, cañas, barro y techos cónicos, las conocemos bien, ya que se han encontrado miles de ellas. Si al principio eran pequeños castros con unas decenas de casas, con el paso de los siglos fueron creciendo hasta adoptar algunos prácticamente la fisonomía de pequeñas ciudades, como por ejemplo Briteiros en el norte de Portugal, y Santa Tecla en la provincia de Pontevedra.

Yacimiento de Santa Tecla en la provincia de Pontevedra.

Un aspecto que no queda bien resuelto es su romanización. Conocidos por Roma desde el año 137 aC. con las expediciones de Décimo Junio Bruto. A pesar de ello dos siglos después, Estrabón los sigue considerados un pueblo escasamente civilizado. Además como provincia romana no aparece hasta los tiempos de Diocleciano, por lo tanto a finales del siglo III dC.

Astures.

Geográficamente los encontramos entre el mar Cantábrico y la línea del río Duero, ocupando la provincia de Asturias y algunas zonas de León, Palencia y  Zamora. Curiosamente reciben el nombre del actual rio Esla, denominado Astur los romanos. También existe gran diversificación de nombres, Orniacos, lugones, paesicos, entre otros.

El castro de Coaña, la cultura castreña en su máximo esplendor.

Su hábitat es muy similar al de sus vecinos galaicos, se han localizado grandes castros como por ejemplo Coaña, que pudo albergar cerca de 2000 personas. En ellos se han llevado a cabo unos estudios referentes a la relación organizativa, de las comunidades celtas del norte peninsular. A través de la epigrafía, conocemos la gran importancia que el parentesco familiar tenia para la distribución de los ciudadanos dentro de las aldeas.

Cántabros.

De nuevo nos encontramos ante una gran desfragmentación, pero que hicieron causa común ante el invasor romano, vendieron cara la derrota y fueron los últimos en caer ante Roma. Entre ellos encontramos, Tamaricos, ConiscosOrgenomescos, o Vadanienses, todos en un espacio geográfico que va desde el río Esla, al río Deva, entre la comunidad autónoma de  Cantabria, y las provincias castellanas de Palencia y Burgos. Su principal sustento económico fue la ganadería debido en parte a las dificultades ortográficas para la agricultura.

Es una zona donde la presencia de castros comienza a disminuir, así y todo la que se piensa que pudo ser su ciudad más importante, Amaya, fue un gran castro situado a más de 1.300 metros sobre el nivel del mar. De todas formas el registro arqueológico es menor que por ejemplo en Galicia.

La recreación de las Guerras Cántabras suelen ser habituales en las festividades de Cantabria.

Pero por contra los conocemos mejor por la fuentes escritas, es evidente, ya que que fueron los últimos en caer ante Roma. Aunque en este aspecto también subsisten errores, como la crónicas de Estrabón que nos presenta a los cántabros como una sociedad muy matriarcal. Es evidente que en una sociedad guerrera como fue esta, la principal actividad para el sustento familiar recae en la mujer. Pero la epigrafía demuestra un fuerte protagonismo masculino en la onomástica de los cántabros.

Otros pueblos del norte.

Siguiendo el recorrido por la cornisa cantábrica, encontramos otros pueblos de menor magnitud o menos conocidos. Como los Turmódigos, Nervios o Várdulos, todos ellos antes de llegar a la zona más oriental de los celtas. En ella hallamos un pueblo difícil de adscribir al mundo celta, pero también al íbero. Concretamente habló de los Vascones, con una lengua diferente a todas que sigue siendo motivo de controversia. El principal problema parece ser la escasez de fuentes antiguas, ya que no son conocidos hasta la llegada de los romanos, a los cuales por cierto no parece que pusieran mucha resistencia.

Zona Centro.

A pesar de la falta de rígidas fronteras, la zona centro de la península puede ser la mejor delimitada del mundo celta. Una serie de grandes pueblos que recibieron al invasor dispuestos a que no se quedara en este espacio geográfico. En el mismo, la historia a conocido a los grandes héroes de la protohistoria peninsular, desde los anónimos que prefirieron morir como numantinos, antes que vivir como romanos. Al conocido como rey de los hispanos por las fuentes romanas, a pesar de no pasar de ser un caudillo. Evidentemente estoy hablando de Viriato.

Antes de pasar a los más conocidos y con intención de que no se me olvide nadie, nombrar a los Túrdulos en la desembocadura del Duero,  a los Brácaros vecinos sureños de los Galaicos, ambos en tierras portuguesas, como los Conios que encontramos al sur. Por último destacar a los célticos asentados en curso del río Guadiana.

Celtíberos.

Uno de los pueblos más importantes a la llegada de los romanos. Asentados desde el siglo V aC. en torno a los ríos meseteños, Ebro, Duero, Tajo o Jalón.

A pesar de que la historiografía más antigua le asignó el papel de promotor de celtas e íberos, de ahí su nombre. Hoy en día existe un consenso muy generalizado sobre su origen celta, y además le asignan el papel de ser los más fieles a su pasado centroeuropeo, a pesar de su llegada a Iberia.

Conocemos el nombre de sus diversos pueblos gracias a las crónicas romanas, que los separan en dos grandes grupos. Al este del Sistema Ibérico encontramos a los Titos, a los Belos, y a los Lusones, además de tribus íberas como los Turboletas o los Lobetanos, a los que se les suelen asignar un componente celta. Mientras al oeste del mismo Sistema, encontramos a Pelendones, Arévacos y Berones, sin olvidar que algunos expertos incluyen a los Vacceos en este grupo, merced a sus continuos contactos.

Recreación de las murallas de Numancia en la entrada del yacimiento.

Su hábitat preferido los grandes Oppida celtas, destacan Tiermes, Numancia, Clunia o Segóbriga, todos ellos convertidos posteriormente en ciudades romanas importantes. Su economía principal estuvo basada en la ganadería, especialmente de consumo, pero sin descartar la agricultura. Además posiblemente fueron los mejores comerciantes entre los celtas, en especial de armas de hierro, donde demostraron ser unos expertos.

La arqueología nos ha demostrado sobradamente el punto anterior de autenticidad celta. Las urnas funerarias nos han desvelado una aristocracia guerrera, con cascos, espadas, escudos o fíbulas. Pero también una élite dirigente sin armas pero con objetos personales, como brazaletes y collares. También nos ha mostrado su religión politeísta, debido al hallazgo de piezas votivas con motivos diversos, como caballos, ninfas y arboles de la vida. También podemos señalar que el culto era al aire libre sin templos, ni santuarios.

Pero su virtud más reconocida fue su fuerte resistencia a la invasión romana, el episodio de la ciudad de Numancia es el más célebre de la historia.  Veinte años de asedio a la ciudad situada en las inmediaciones de la actual Soria, le costó a las legiones romanas para doblegar a los numantinos, que prefirieron morir antes de  convertirse en romanos. Aunque igual de cierto parece ser su gran servicio militar que los nuevos numantinos, posteriormente ofrecieron a romanos como por ejemplo a Sertorio.

Vacceos.

Geográficamente los podemos encontrar como vecinos de los celtíberos, en el área comprendida entra las provincias de Zamora, León, Palencia y Valladolid, además podemos afirmar que tuvieron una gran influencia de los primeros. En definitiva su principal fuente económica era muy complementaria con los Celtíberos, mientras estos tenían su predilección por la ganadería, los Vacceos se convirtieron en grandes productores de cereales. Hoy día la comarca de Tierra de Campos, sigue siendo considerada el granero de España, por lo tanto podemos asegurar que la tradición cerealista le viene de lejos.

La arqueología y las fuentes clásicas nos descubren un inicio de la celtificación a partir del siglo IV aC. Cuando los Vacceos abandonarán su tradicional forma de vida en los llanos y cerca de los ríos, por los tradicionales Oppida celtas, en alto y con estructuras defensivas. Pese a ello uno de los mejores ejemplos de ciudad Vaccea, es Pintia en la provincia de Valladolid, que atiende mejor a la primera descripción  de asentamiento básico en torno a la agricultura.

Ajuar funerario de tipo domestico hallado en el yacimiento de Pintia. Aunque puede ser representativo de todos los pueblos celtas.

Uno de los aspectos más destacado de los Vacceos aparece en las fuentes clásicas, concretamente a través de Diodoro de Silicia y Frontino.  Ambos lo denominan colectivismo agrario, es decir, entre las diferentes comunidades se repartían el trabajo y los beneficios a través de una especie de sorteo. Es uno de los primeros ejemplos de este sistema en la historia, aunque sigue levantando suspicacias sobre su verdadero alcance.

Por último destacar que a pesar de ser considerados como excelentes agricultores, la guerra también está presente en este pueblo, buena muestra de ello son los ajuares de armas localizados.

Lusitanos.

Para comenzar con ellos, es preciso hacer un inciso, a pesar de ubicarlos entre los pueblos celtas, los expertos lo sitúan como un pueblo indoeuropeo que entró en la península en el mismo espacio temporal que estos, pero no son considerados como celtas. Los localizamos entre la cuenca baja de dos ríos, el Tajo y el Guadiana, por lo tanto en el actual Portugal. Sus principales ciudades se convertirán en las más representativas ciudades romanas, como por ejemplo Coimbra y Conínbriga.

Monumento a Viriato en la localidad portuguesa de Viseu

Su principal fuente económica fue la ganadería, especialmente la porcina, la ovina y la equina. Este punto entronca directamente con una de sus mejores cualidades, ya que son considerados como los mejores jinetes de la Iberia. Esta habilidad les llevará a ser uno pueblos mejor preparados para luchar contra los romanos.  Una aristocracia guerrera, que podemos conocer gracias a sus cultos principales, a la Diosa Bandua o la Diosa Epona. Dicha aristocracia estaba regida por una especie de caudillos, el más conocido de todos el gran Viriato, según los romanos el rey de Hispania, hasta su muerte por traición en plena lucha contra el invasor romano.

Vetones.

Arqueológicamente se les conoce como Cogotas II o bien como la “Cultura de los verracos”, debido a las extrañas figuras zooformas localizadas en su contexto geográfico. Como sus vecinos los lusitanos son considerados indoeuropeos pero no celtas. Se distribuyen en un espacio geográfico poco definido y sujeto a diferentes influencias. Aunque su núcleo principal lo ocuparían las provincias de Cáceres, Ávila y Salamanca. Su hábitat preferido fueron los Oppida de tradición celta, poblados elevados desde dominaban los ríos, con casas rectangulares. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en Salamanca, el cerro de San Vicente.

Su economía pudo ser una  de las más diversificadas del mundo celta. A pesar de que la principal fuera la ganadería, tanto la agricultura, como el comercio a través de la Vía de la Plata pudieron tener aportes muy significativos.

Altar de Ulaca, se ha especulado mucho sobre los sacrificios humanos entre los Vacceos, previa llegada de los romanos que incluyen este hecho en sus narraciones.

Uno de los aspectos de este pueblo que mejor se han estudiado son sus necrópolis, que han dado unos resultados muy significativos. Los ajuares localizados los podemos separar en tres tipos principales; Los guerreros con fíbulas y armas, los femeninos con collares y broches, y por último unas urnas más pequeñas que debían contener restos de niños. Al ser hallados varios de ellos juntos y mezclados los expertos han deducido un fuerte componente suprafamiliar, es decir convivencia de varias familias juntas.

Carpetanos.

Otra vez nos encontramos ante un espacio geográfico poco definido.  A este pueblo se la ha asignado La Mancha como centro difusor de su cultura, la cual tenía grandes influencias de los vecinos. Su posición entre Celtíberos e íberos Carpetanos le reportó esta diversidad.

Su economía principal fue la agricultura, pero también explotaron el comercio, gracias a los contactos antes relatados. Sus ciudades fueron de las más importantes del mundo celta, se hallaban en zonas de control de las rutas y estaban fuertemente fortificadas. Para encontrar algunos ejemplos debemos acercamos a Toledum o al Complutum.

Como el resto del mundo celta, la guerra ocupó un lugar destacado, es conocido su amplio desgaste para controlar a los cartagineses, antes de la llegada de los romanos.

Pátera de Titulcia, elemento usado en las ceremonias religiosas de los Carpetanos, claramente exportable a otros pueblos celtas.

Hasta aquí el viaje a través de dos capítulos por la multitud de pueblos prerromanos. Como en el primer capítulo, os animo a completar cualquier información que creáis necesaria en el apartado de comentarios. Posiblemente esta es la parte más desconocida de nuestra historia, y por los tanto abierta a múltiples reinterpretaciones.

Mas info: Gonzalo Bravo, Nueva historia de la España Antigua, Ed. Alianza, 2011

Imágenes: commons.wikimedia   flickr

Tiermes, la ciudad romana excavada en piedra.

En el sur de la provincia de Soria encontramos uno de los yacimientos romanos más interesantes de la Península Ibérica. Una ciudad romana que en su época de mayor esplendor entre los siglos I y III dC. pudo llegar a albergar más de 3.000 personas.

Pero lo más llamativo de esta ciudad es su forma constructiva, que la hace realmente singular dentro del panorama peninsular de época romana. Esta técnica, denominada “rupestre”, consiste en excavar directamente la ciudad sobre la roca. Dicha técnica constructiva posiblemente fue iniciada por sus primeros pobladores, los celtiberos. Pero la llegada de la romanización, con nuevas métodos y herramientas, le dio a la ciudad la fisonomía, que hoy día podemos observar al pasear por el yacimiento.

Una de las zonas del yacimiento, donde se observa la excavación directa de la piedra.

Breve historia de Tiermes.

La zona donde esta situada la ciudad romana está ocupada como mínimo desde el Neolítico, ya que existen en las inmediaciones del lugar diversas pruebas de ello. Especialmente en unos abrigos situados a unos centenares de metros,donde se han localizado algunas pinturas rupestres.

Sobre el siglo V aC. aparecen las primeras evidencias de ocupación del cerro. Algún grupo celtíbero se hizo acreedor del mismo, llegando incluso a utilizar la necrópolis de urnas funerarias,  situada a unos 800 metros del mismo. Pero será a partir del siglo siguiente, cuando se pueda afirmar que existió una ciudad celtíbera en forma del clásico Oppida de esta cultura. Además podemos añadir, que la historiografía le ha asignado a este pueblo celtíbero, la denominación del grupo étnico de los arévacos.

Posteriormente la ciudad se debió convertir en una de las más importantes de la zona, especialmente como centro ganadero. Esta forma de economía será la principal durante toda la historia de la ciudad. Buena prueba de este hecho, ha quedado documentado en las fuentes clásicas. Las cuales nos describen, que en las denominadas guerras celtíberas durante la ocupación romana de la península, el cónsul de Roma, Quinto Pompeyo llegó a un acuerdo con Tiermes en el año 141 aC.

Dicho acuerdo contenía una especie de pacto, por el cual la ciudad celtíbera debía entregar a Roma 9.000 abrigos para las tropas romanas, 3.000 pieles de buey, 800 caballos, y todas las armas. Es de suponer  que las primeras partes del mismo fueron cumplidas por las autoridades de Tiermes, pero no la última, ya que siguió habiendo levantamientos hasta el año 98 aC. Fecha definitiva de la toma de la ciudad por las legiones romanas.

Único resto arqueológico encontrado de calzada romana en Tiermes

Pocos años después, en torno al año 70 aC. la ciudad ya aparece plenamente romanizada. Aunque tendrá que esperar a la época de Tiberio (14-37 dC.) para convertirse de facto en municipio romano, adscrito a la provincia romana de la Hispania Citerior Tarraconense.

Murallas del siglo III dC. que muestran la decadencia de la ciudad.

El yacimiento romano de Tiermes.

El título de este apartado está puesto expresamente para afirmar, que lo que podemos ver hoy día en el yacimiento es exclusivamente de época romana. El que suscribe acudió al mismo con la curiosidad de encontrarse con restos celtiberos, pero no fue así. Ya que estos prácticamente han desaparecido bajo la ciudad romana,  y por los continuos expolios iniciados en época  visigoda y medieval, como por ejemplo para la construcción de la ermita románica de Tiermes.

Excavaciones de la parte superior del foro de Tiermes.

Pero como ya he comentado es realmente llamativo encontrar una ciudad excavada en piedra, por lo que la visita no puede decepcionar a nadie. Conviene subrayar que dicha visita es gratuita, el yacimiento se encuentra al aire libre y sin ningún cerramiento. Pero en épocas de más actividad turística acuden al mismo guías especializados, que llevan a cabo visitas guiadas.

A partir de este punto iniciamos un recorrido por las partes más interesantes del mismo.

Foro de Flavio.

En torno al año 70 dC. se inicia la construcción de un nuevo foro, sobre los restos de uno anterior y primitivo. Una de las cosas que más llama la atención es la ubicación del mismo, pese a que es la típica de las construcciones romanas, por lo tanto en el centro de la ciudad. En consecuencia de lo cual ,se halla en lo más alto del cerro y por lo tanto en época romana pudo llegar a recordar a las antiguas ciudades griegas en torno a una acrópolis.

Zona baja del Foro, donde se observa perfectamente los restos de la zona de Tiendas

Por otro lado en lo referente a las edificaciones comentar que se situaron en un doble plano, el superior estuvo ocupado por los edificios principales de la ciudad, mientras el plano inferior fue ocupado por las tiendas de la misma.  De esta zona destacar por último que encontramos el único tramo que se ha localizado de calzada romana en todo el yacimiento, que se distingue perfectamente por la diferente composición de la piedra respecto a la base rojiza de todo el yacimiento.

Acueducto romano.

Llevado a cabo durante la época de Tiberio.  Es una de las construcciones más significativas del yacimiento, a pesar de que no han quedado grandes evidencias del resto, en época romana se extraía el agua del rio Pedro, situado a unos 3,5 kilómetros de la ciudad. Pero cuando llegó a la ciudad se excavaron gran cantidad de conductos que distribuyeron el agua por toda ella. Así de esta forma se conoce que toda la villa romana de Tiermes contaba con agua pública.

Acueducto excavado en la piedra directamente.

Casa del acueducto.

Sobre una de las terrazas que ofrece la orografía del terreno,  nos encontraremos con los restos de una antigua domus romana de 1.800m2. Su construcción en sí, no difiere en exceso de las típicas villas romanas de época imperial, un atrio dotado de peristilo en torno al cual se sitúan al estancias de la casa. No falta en la misma ni las estancias privadas, ni las públicas donde posiblemente existió una especie de tienda, ni las dedicadas al servicio.

Panorámica general de la Casa del Acueducto, donde se observa sus impresionantes vistas.

Como el resto del yacimiento lo más destacado en su forma constructiva, ya que los pavimentos de la misma descansan directamente sobre la roca. La cual hace tanto de cimiento de la casa, como de basamento de las paredes que se colocaron directamente sobre la roca de Tiermes.

Piscina del atrio, como el resto excavada sobre la piedra de Tiermes.

Su construcción se llevo a cabo entre los siglo I-II dC. Dicha datación ha sido posible gracias al hallazgo de algunos restos de pinturas murales, de dicha época, en las partes más nobles de la vivienda. Destacar por último otro aspecto que denota la alta posición  económica que debían tener sus habitantes. Se trata de una entrada directa de agua a la vivienda para alimentar las piscinas de la misma, la cual es extraída directamente del acueducto público de la ciudad.

En la imagen se observa perfectamente la entrada del agua desde el acueducto a la casa, además de la piedra a modo de grifo, y una balsa de decantación.

Conjunto de viviendas.

En toda la zona sur del yacimiento aparecen diversas viviendas excavadas directamente sobre la piedra. Se observa claramente los huecos dejados por las vigas de madera, síntoma inequívoco de viviendas de varias plantas. Como he dicho son varias las casas en la que se puede entrar, por ejemplo en una llamada la Casa de Pedro, con una escalera central que da paso a las diferentes estancias de la vivienda.

En la imagen se observa perfectamente los huecos dejados por la vigas de separación de pisos.

Otra de ellas ha sido denominada como la Casa de las Hornacinas, debido a una serie de huecos excavados en las paredes, de los cuales no conocemos su función. Uno de ellos pudo ser un extraño horno, pero sin salida de humos.  Es preciso señalar también, que es la pared sur de la villa del acueducto aparecen muestras de viviendas que pudieron pertenecer de una forma u otra relación con la gran domus romana.

Fotografía realizada desde el interior de una de las habitaciones.

Por último destacar que una gran parte de ellas fueron abandonadas a partir del siglo III dC. En su lugar aparecen unas murallas defensivas que muestran la decadencia de la ciudad romana de Tiermes.

Escaleras de separación de viviendas.

Puerta del sol.

Tallada sobre la misma roca, era la puerta de entrada y salida a los grandes pastos de la comarca. Es preciso recordar que la ganadería fue el principal sustento de esta villa, tanto en época celtibera como en la romana. Precisamente se piensa que pudo ser tallada por los mismos celtiberos, pero será en época romana cuando se coloque una gran puerta para cerrar el acceso a la ciudad. Además de colocar la calzada romana sobre la roca, no sin antes realizar los desagües para extraer de la ciudad las aguas de lluvia.

Entrada del sol, se observa perfectamente las marcas tanto de la puerta, como de los desagües de la ciudad.

A parte de la entrada y salida del ganado, pudo ser la puerta principal por donde  llegaban las mercancías a la ciudad, sin ir más lejos, nada más entrar hay numerosos silos excavados en la roca. Estos pudieron contener el grano en una especie de bodegas destinadas a este menester.

Graderío exterior.

Dejo para el final, la construcción que más puede llamar la curiosidad de todas las que existen en el yacimiento de Tiermes, dada su originalidad dentro del marco peninsular. Está situado justo al lado de la puerta del sol, pero en la parte exterior de la ciudad. A simple vista puede parecer el teatro romano de Tiermes, pero este supuesto se descartó cuando surgió una especie de cávea en la parte norte de la ciudad.

Por lo tanto estas gradas excavadas directamente sobre la roca de Tiermes, se piensa que pudieron servir para la principal actividad de la ciudad, las ferias de ganado. En realidad compradores y vendedores pudieron compartir este graderío, mientras el diferente ganado circulaba por la explanada de 200×80 metros que está situada frente al mismo.  Esta es la versión más aceptada del uso de esta instalación, ello no es óbice para que también hubiera podido servir como centro deportivo. Por último destacar que algunos expertos señalan la posibilidad que fuera realizada en tiempo de los celtiberos, y que su función fuera las ceremonias religiosas dirigidas por los druidas celtas.

La explanada delante del graderio, donde supuestamente desfilaba el ganado para ser comprado.

Antes de terminar un par de incisos; el primero es que las excavaciones continúan aunque a ritmo muy lento, los próximos proyectos se sitúan en las termas romanas y el teatro antes comentado. Además de otra gran domus que ha surgido a continuación de la Casa del Acueducto. En segundo término recomendar la visita al museo situado antes de la llegada al yacimiento, especialmente a los amigos del mundo celtíbero.

La inscripción de Behistún, la Piedra Rosseta de la escritura cuneiforme.

Para conocer la historia, especialmente la antigua, dos elementos son imprescindibles. En primer lugar los restos arqueológicos, y en segundo lugar las fuentes escritas. El primero de ellos está sujeto a interpretaciones, por eso evidentemente el segundo es más fiable. El problema de este último reside en que gran parte de las lenguas antiguas han desaparecido, o bien ha evolucionado a otras formas prácticamente irreconocibles.

La escritura cuneiforme, mayoritariamente aceptada como la primera de la historia.

Por lo tanto es necesario estudiar las lenguas antiguas para acercarnos con mayor fidelidad a los hechos históricos. En este momento entra en juego la Paleografía, ciencia que se ocupa de descifrar las escrituras antiguas. Así que los arqueólogos y los historiadores, especialmente en el siglo XIX se pusieron manos a la obra, en la búsqueda de evidencias escritas. La más célebre de todas estas evidencias fue la Piedra Rosseta, encontrada por los franceses en Egipto, pero que acabó en el Bristish Museum tras la derrota de Napoleón. Pese a ello, finalmente sería una francés, Champllion, el que descifró la misma para descubrirnos los secretos de la civilización Egipcia.

Pocos años después en 1835 un británico, Sir Henry Rawlinson, se hizo eco de una piedra similar a la Rosseta. Como esta última, la inscripción de Behistún, bautizada así por los británicos, constaba de tres párrafos en diferentes lenguas, pero que decían lo mismo. Es de suponer que esta última hubiese tomado el mismo camino que la Piedra Rosseta. El problema es que estaba a 50 metros de altura, grabada sobre un acantilado y sus dimensiones eran de 30 metros de altura por 50 metros de largo.

Panorama de la inscripción desde el museo de Behistún

El rey aqueménida Dario I.

Este fue el rey que mandó llevar a cabo tan descomunal obra. Su intención era que todos sus enemigos la pudieran ver, pero que nadie la pudiera tocar, y así perdurara durante siglos. Ciertamente lo consiguió, ya que fue escrita en el año 520 aC. por lo tanto hace más de 2.500 años. Aunque para conocer lo que pone en la inscripción, debemos retroceder unos años al momento en la cual fue realizada.

Darío I

Ciro II el Grande, en el año 559 aC. y tras unir a persas y medos, fundó uno de los imperios más importantes de Oriente Próximo, El Imperio Persa Aqueménida, que años después pondrá contra las cuerdas a Grecia, en las célebres Guerras Médicas.

Tras su nombramiento engrandeció notablemente el imperio, llegando los dominios del mismo hasta las puertas de las ciudades-estado griegas en la península de Anatolia. Su sucesor Cambiases II continuó la empresa de su padre, consiguiendo proclamarse faraón de Egipto, e incluso llegando hasta la misma Cartago. Pero la larga ausencia, debida a sus campañas de conquista, fue aprovechada por un sacerdote medo, el impostor Gaumata, para proclamarse rey de Persia. Al llegar las noticias, Cambiases decide volver a Persia, pero muere por el camino dejando el futuro de su imperio en manos del Gaumata.

Esto llevará a un acuerdo entre las tribus persas para nombrar a Darío, como sucesor de Cambiases, aludiendo motivos sanguíneos. Poco después se encargó personalmente de acabar con el impostor, y esto es precisamente lo que mandó a grabar en aquel acantilado.

La inscripción de Behistún.

El sitio elegido no fue fruto de la casualidad, el acantilado en cuestión era un lugar de paso de las caravanas que se dirigían desde la capital de Mesopotamia a Ecbactana, capital de los medos. Por lo tanto todos sus enemigos se harían eco de su triunfo.

La inscripción de Behistún

En la inscripción se observa, en relieve, al propio Darío I que tiene el pie encima de su enemigo Gautama, tras él dos servidores del rey persa observan la escena. Frente al propio Darío aparecen una serie de hombres atados, que eran los que se habían rebelado contra el nuevo rey. Por último por encima de todos aparece la figura de Faravahar, una especie de ángel de la guarda de la religión Zoroastra. Este es el símbolo de aceptación por parte de Ahura Mazda, dios de los persas, de Darío I como nuevo rey de Persia.

Todo ello junto al texto escrito, donde relata lo sucedido, en los tres idiomas entendidos por sus enemigos, el persa antiguo, el elamita y el babilonio. Conviene subrayar que el texto tiene gran coincidencia con lo escrito años después por parte de Herodoto.

Aunque la historia del sacerdote Gautama, es puesta en entredicho por una gran parte de la historiografía. La cual prefiere pensar que Gautama fue una figura inventada por el propio Darío I, para justificar su usurpación del trono de Persia al verdadero heredero real, el hermano de Cambiases cuyo nombre era Bardiya.

Volvamos al siglo XIX.

Es evidente que lo sucedido con la sucesión de Cambiases, puede ser lo menos importante de la historia de la Inscripción de Behistún. Lo  verdaderamente significativo es que por fin en 1835, Henry Rawlinson, se sube a un andamio y copia el texto escrito en Persa Antiguo.

Sir Henry Rawlinson

Tres años después el trabajo dio sus frutos, junto a los textos de Herodoto, con sus listas de reyes  y en comparación con Behistún. La escritura cuneiforme, aquella de la que se tenía cientos o miles de tablillas, dejo  de ser un misterio. Tras el éxito, Rawlinson volvió para copiar los otros dos textos, así definitivamente entre 1835 y 1843 a parte de la escritura cuneiforme, se conocían perfectamente las lenguas habladas por las primeras culturas de la historia. Así de esta manera culturas como la sumeria, la acadia, la babilónica o la hitita, por poner algunos ejemplos, empezaron a desvelarnos sus secretos.

Imágenes: commons.wikimedia

El gran mosaico de pueblos prerromanos de la Península Ibérica (I)

En el año 218 aC. los romanos desembarcan en Ampurias,  al principio su intención es la lucha contra su gran enemigo Cartago. Pero sus planes cambiaran  tras la victoria ante estos,  ya que será cuando decidan modificar su planteamiento inicial y quedarse en la Península Ibérica. Así que durante los dos próximos siglos se llevará a cargo la romanización, para unos, y la ocupación para otros de Iberia, nombre acuñado para la península por los primeros griegos. Finalmente en el año 19aC. y tras la victoria en las guerra cántabras los romanos se harán con el mando de toda la Península Ibérica.

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Tanto en los momentos previos a la llegada de las legiones romanas, como en las guerras contra estos, e inclusive tras las mismas. La Península era un gran mosaico de pueblos, realmente un verdadero rompecabezas para los historiadores o para los aficionados a la historia. A través de estas líneas vamos a intentar  resumir y mostrar los principales actores de la denominada protohistoria de España.

Un problema de fuentes y registros.

Es cierto que no existe un gran registro arqueológico de la época protohistórica, aunque desde hace unos años los avances son continuados. Pero el principal problema reside en la falta de registro escrito, las lenguas ibéricas a pesar de que hoy día son conocidas e incluso entendidas, no se pueden leer. Dicho de otra manera, estas lenguas están faltas de estructura sintáctica, pero además la mayor parte del registro encontrado son textos breves y gran cantidad de restos epigráficos.

Por lo tanto nos debemos dejar guiar por los denominados textos clásicos, es decir los griegos y romanos. Pero aquí surgen varios inconvenientes: por ejemplo los conocimientos más primitivos llegan de Rufo Festo Avenio, un autor del siglo IV dC. que nos retrata en su “Ora Maritima” la cornisa Cantábrica del siglo VI aC.  Es evidente que se pueden tener ciertas dudas acerca de la veracidad, tras cerca de diez siglos de diferencia.

Astrabón en su ciudad natal Amasya (Turquía)

Los otros grandes referentes para el estudio de la Península serian los griegos Polibio y Estrabón, que con un siglo de diferencia relataron la conquista de los romanos de la Iberia. Aquí las dudas residen en la imparcialidad, mientras los pueblos más cercanos a las costas son los más avanzados, debido a sus contactos con griegos, púnicos o romanos. Los pueblos de interior son poco más que unos bárbaros tanto urbanísticamente como culturalmente. Dicho esto, se hace evidente que la visión de los clásicos de todos estos pueblos prerromanos, podemos pensar que está bastante distorsionada.

El siguiente problema,  ¿cómo los clasificamos?

Este es otro de los quebraderos de cabeza para los historiadores. Uno de los primeros motivos para  su clasificación reside en su nivel de culturización, es indudable que recordemos el punto anterior, para comprobar estos problemas.  Como ya hemos comentado los pueblos más cercanos a las costas, especialmente mediterránea, tuvieron contactos con fenicios, griegos o púnicos. Su forma de vida se centro más en el urbanismo y el comercio. Mientras los pueblos del interior seguían en un proceso de culturización cuando llegaron los romanos.

Otra forma de clasificarlos, que también ha levantado controversias, es mediante las diferencias étnicas. En este apartado algunos expertos han llegado a separar a los habitantes prerromanos de la Península en cuatro grandes grupos: los celtas, los iberos, los celtiberos y los lusitanos.

Aunque lo más correcto hoy día parece ser separarlos en dos grandes grupos: los íberos y los celtas, también denominados indoeuropeos. Las principales diferencias podíamos buscarlas en la lengua, a pesar de diferentes dialectos, la raíz de las lenguas íberas y celtas son diferentes. En segundo término encontramos  la forma de enterrar a los suyos. Mientras los íberos se decantan principalmente por la inhumación, aunque con excepciones como las incineraciones en el Levante. Los indoeuropeos prefieren la incineración.

Tras esta introducción podemos pasar al conocimiento de los diferentes pueblos prerromanos.

Los íberos.

La dama de Elche, el recuerdo íbero más conocido.

 

Alrededor del VIII aC. y sobre un sustrato de las poblaciones indígenas, con gran influencia de fenicios y griegos, comienza el denominado periodo de iberización.  Desde los pirineos de Cataluña y hasta el estrecho de Gibraltar, encontramos múltiples pueblos con unas ciertas costumbres en común. Una de ellas estar regidos por una especie de reyes, en pequeñas tribus, que crecen al son del comercio con el mediterráneo. Todos ellos con una legua común, aunque poco conocida y que serán absorbidos rápidamente por la romanización.  A pesar de las cosas en común podemos diferenciar tres grandes zonas.

Zona Sur.

Sin duda la más desarrollada tanto urbanísticamente como culturalmente a la llegada de los romanos, ocuparía la actual Andalucía y sus zonas de influencia.  En ella y junto al pueblo de los Mastienos, ubicados cerca de Cartagena y que se encontrarán con las huestes de Cartago, hallamos a tres de los principales pueblos prerromanos.

Los turdetanos, para Estrabón los más avanzados culturalmente, en realidad eran los herederos de la que se piensa fue la primera civilización hispana, la Tartésica. Por lo tanto pudieron coger de estos la forma política en torno a los reyes apoyados por alguna especie de nobleza.  Su posición geográfica la podemos buscar en torno a las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz, pero con grandes influencias en sus alrededores. La  económica de este pueblo se basaba en la agricultura y el comercio. La urbanización del territorio, pudo surgir tardíamente, pero con gran celeridad, ya que existen varios restos arqueológicos de grandes Oppidum, como los de Ilipa en Alcalá del Río, o Carmo la actual Carmona. Finalmente destacar la Urso íbera, en la actual Osuna, que nos ha dejado grandes vestigios culturales.

Guerreo íbero de Osuna, con falcata incluida.

Los Bastetanos, ubicados en la zona más oriental de Andalucía. Algunos autores los colocan junto a los Bástulos, en un principio estos últimos ocuparan la zona litoral de la actual Granada con grandes contactos con los fenicios. Mientras los primeros se localizan en la denominada hoya de Granada. Ambos pueden recibir el nombre de la ciudad íbera de Basti, la actual Baza. Su magnífica posición geográfica les llevará a dominar el comercio del mediterráneo con el interior, lo cual proporcionará grandes riquezas a la clase aristocrática. Buena cuenta de ello son los ricos ajuares y la pieza más célebre de este pueblo, la Dama de Baza.

La Dama de Baza, expuesta en el MAN de Madrid.

En torno al curso alto de Guadalquivir encontramos a los Oretanos. Reciben el nombre del yacimiento de Oreto, situada entre las localidades de Ciudad Real y Valdepeñas. El principal motor de su economía fue la explotación de los metales de Sierra Morena.  A parte de Oreto, se han localizado otras grandes ciudades fortificadas, como Obulco en la actual Porcuna, y especialmente Cástulo, en Linares, que posiblemente fuera  la capital de los Oretanos. Además esta última es conocida por sus grandes contactos con el general cartaginés Aníbal, el cual se casó con la princesa local Himilce, lo que ha suscitado diversas leyendas.

Himilce en Baeza, la princesa íbera.

Zona Central.

Para conocer estos pueblos debemos dirigirnos al Levante español y su área de influencia especialmente en la actual provincia de Teruel. Posiblemente estemos ante una de las zonas más influenciadas por la cultura púnica, a pesar de no tener un claro registro de datos, se piensa que muchos guerreros íberos de esta zona combatieron con los ejércitos de Cartago en virtud de mercenarios.

Son varios los pueblos de los que se tiene constancia, en primer lugar podemos nombrar a los Ilercavones en la zona del Maestrazgo.  Los Turboletas en la provincia de Teruel, aunque sobre estos algunos autores los identifiquen con grupos celtíberos. Por último, antes de pasar a los dos más importantes, los Lobetanos en la zona de Albarracín que posiblemente junto a los Turboletas fueron dos de los pueblos más activos en las filas púnicas.

Junto a estos, encontramos a los dos pueblos más representativos de esta zona. En primer lugar debemos hablar de los Edetanos, ocuparían prácticamente la totalidad de la provincia de Valencia, debió ser una zona dedicada a la agricultura, la ganadería y la pesca. Además podemos pensar que fue una de las zonas más pobladas del Levante, debido al gran número de yacimientos localizados. De uno de ellos, Edeta,  situado cerca de Liria recibe este pueblo el nombre. Pero la cuidad Edetana que más evidencias históricas nos ha dejado es la actual Sagunto, la Arse íbera asediada durante ocho meses por el general cartaginés Aníbal en su camino a Roma. Este punto es considerado uno de los detonantes de la Segunda Guerra Púnica.

Recreación de la ciudad íbera de Edeta, en el yacimiento del Tosal de San Miguel.

El otro pueblo más conocido  fueron los Contestanos, que ocuparon la provincia de Alicante, extendiéndose a las colindantes de Murcia y Albacete. La historiografía nos lo presenta como los herederos en esta zona del comercio mediterráneo ejercido por fenicios y griegos. Por la tanto debieron tener grandes contactos con los vecinos, tanto del norte, los Edetanos, como del sur Bastetanos, Oretanos y Turdetanos. Esto les pudo valer en convertirse en ricos comerciantes que nos han dejado los dos vestigios íberos más  populares de la península. En concreto el momento funerario del Pozo Moro, y la Dama de Elche. Pero como hemos empezado comentando, en este punto dedicado a la zona central, los íberos del Levante debieron ser un pueblo acostumbrado a la guerra, buena prueba de ello es la figura del guerrero íbero de Mogente.

El guerrero de Mogente.

Zona Norte.

Se trata de la zona íbera más fragmentada, ya que ella encontramos multitud de gentilicios dejados por las fuentes clásicas. Geográficamente podemos encuadrar a estos pueblos en la zona de Cataluña y la provincia de Huesca, con la extensión hacia el interior a través del valle de río Ebro. Al intentar sintetizarlos todos da la impresión de que cada comarca actual busqué su punto diferenciador. Pero en realidad todos pudieron seguir patrones comunes en pequeñas comunidades agrícolas regidas por una especie de noble.

De muchos de ellos solo conocemos el nombre, nombres que por cierto, de una forma u otra como veréis han llegado a nuestros días. En torno a la actual Barcelona encontramos a los Laietanos, en la plana de Vic a los Ausetanos, en la de Berga a los Bergistanos, los Andosinos en la actual Andorra, o los Lacetanos en la comarca de la Jacetania al norte de Huesca. Como vemos la lista podía ser interminable, pero de todos, dos son los más representativos de la zona.

En primer lugar los indigetes, pueblo íbero que se sitúa en la actual provincia de Gerona. Deben su nombre a su capital Indaka, la cual no se sabe con certeza su localización, aunque algunos vaticinan que pudo ser su yacimiento más representativo, el poblado de Ullastret. Este pueblo íbero también es señalado como uno de los primeros en acuñar moneda, es evidente que su contacto con la colonia griega de Ampurias pudo ser el motivo. Por último destacar los espectaculares emplazamientos de algunos de sus poblados, como el del Castell, cerca de la localidad de Palamós.  Su emplazamiento sobre un promontorio rocoso le da un amplio campo de visión de la costa, además de servirle como sistema defensivo.

Yacimiento del poblado íbero del Castell

Por último destacaremos el pueblo íbero de los Ilergetes. Su localización en las tierras regadas por los ríos Cinca y Segre, provincia de Lérida,  les permitieron ser uno de los principales focos de producción de cereales en el mundo íbero. De este hecho ha quedado constancia en los múltiples silos que han sido localizados en su territorio. Pero también, según las fuentes romanas conocemos que estaban regidos por un “regulo”, forma de designar a los jefes o reyes de los estos pequeños grupos aristocráticos guerreros. Uno de estos reyes Indíbil, sale en las fuentes clásicas como uno de los principales problemas que los romanos encontraron en este territorio. El motivo sus continuos  pactos  tanto con Roma, como Cartago, con el único fin de defender los intereses de su pueblo. Por último destacar que en el territorio de los Ilergetes se localizó a finales del siglo XX, uno de los mejores sistemas defensivos iberos, en el poblado íbero de los “Vilars de Arbeca”. Una espectacular muralla con más de 2.700 años de historia, y por lo tanto heredada por los iberos de culturas anteriores.

Panorámica del yacimiento del “Vilars de Arbeca”.

Para terminar y como ya he comentado la protohistoria de la Península Ibérica sigue siendo motivo de continuas revisiones. Por lo tanto el tema abordado aquí puede ser motivo de diferentes puntos de vista, de todos ellos se aprende algo. Por lo que os animo, más que nunca, a usar debidamente el apartado de comentarios situado al final del texto.

Además de emplazaros al capítulo 2 de esta serie que intentaremos sintetizar el mosaico de pueblos celtas. Lo podeís leer en el enlace siguiente:

http://caminandoporlahistoria.com/pueblos-prerromanos-ii/

Mas info: Gonzalo Bravo, Nueva historia de la España Antigua, Ed. Alianza, 2011

Imágenes: commons.wikimedia