19 abril, 2024

La Guerra del Peloponeso enfrentó durante cerca de tres décadas a los griegos contra los griegos. Una guerra devastadora y una catástrofe para los pueblos del Egeo, que perdieron por sus propias diferencias, toda la hegemonía cultural y económica que ejercían hasta ese momento. Sus valores morales y su propia identidad colectiva como madre de la cultura occidental fueron puestos en juego, y perdieron. Tras el final de la guerra nacería otra Grecia, una Grecia empobrecida y temerosa que será rápidamente conquistada por los vecinos del norte.

Hoy en Caminando por la Historia, vamos a desmenuzar los principales aspectos que merecen ser destacados, con el fin de hacernos una idea general de aquella nefasta parte de la historia del pueblo griego.

¿Por qué estalló la guerra?

En el apartado siguiente tendremos oportunidad de ver algunas de las escusas esgrimidas por los protagonistas para justificar la guerra. Pero verdad solo hay una, y la Guerra del Peloponeso no fue diferente a la gran mayoría de las contiendas de la humanidad. El ansiado poder económico fue la causa principal y casi única de la guerra.

Atenas estaba, y está, situada en un árido pedregal, en que plantar algo y esperar que dé frutos es una auténtica quimera. La metrópoli dependía a todos los efectos del dominio marítimo para poder comer. Por el mar llegaban los productos de las colonias situadas en el Egeo, el Jónico o el Mediterráneo Oriental. La talasocracia ateniense era indispensable.

Qué casualidad que sus vecinos del Peloponeso, tuvieran a su disposición el mayor vivero de trigo, y que los atenienses no tuvieran acceso de a él. Pericles, el político que estaba al frente de Atenas lo debió tener claro; si quería conseguir que su Atenas natal se convirtiera en un Imperio a la altura de Persia, solo tenía un camino, derrotar a sus rivales en Grecia y someterlos a sus intereses antes de que estos se les ocurriera dominar el mar. Ahora, al bueno de Pericles solo le faltaba provocar a sus rivales espartanos para que estos iniciaran la contienda.

Las excusas de la guerra.

Ni más ni menos, Pericles debía provocar a sus vecinos para que estos volvieran al campo de batalla, sobre el papel no le debió ser muy complicado, a los hoplitas espartanos no había que insistir mucho para que cogieran la espada y el escudo.

El decreto de Mégara fue una de las armas usadas para esta provocación, ocurrió en el 433 a. C. La excusa de Atenas, fue que los megarenses se habían saltado una regla sagrada y habían plantado sus productos agrícolas en tierra sagrada de la diosa Démeter. El castigo de Atenas fue prohibirles comerciar en cualquier puerto de la liga Ático- Délica, es decir que en la práctica un bloqueo en toda regla a la ciudad de Mégara, afín en aquellos momentos a Esparta.

Estatua de la Diosa Démeter en Postdam
Estatua de la Diosa Démeter en Postdam

Otra de las escusas era curiosa, la falta de democracia de la sociedad espartana, oligárquica y aristócrata. Pericles como “buen demócrata” hacía gala de las instituciones de Atenas, y si quería expandir Atenas, debía ser para llevar la democracia ateniense a todos los rincones de Grecia.

Estaba claro que Atenas quería la guerra, y todos los pequeños conflictos parecían escusas para fomentar la gran guerra. Atenas apoyó o Corcira en su disputa con Corintio por el control de las aguas del mar Jónico. Posteriormente ante los abusos atenienses, Potidea ciudad perteneciente a la Liga Ático-Délica se cambia de socio y pide ayuda a Esparta para deshacerse de los lazos con Atenas. Hasta tres embajadas mandó Esparta a Atenas para detener la guerra, las declaraciones de los enviados a la última no dejan lugar a dudas; “los lacedemonios queremos la paz, y la habrá si devolvéis la independencia a los griegos”, ¿Quién empezó la guerra?

Dos bloques irreconciliables.

Tras el punto anterior está relativamente claro que la guerra era inevitable, dos formas de entender el mundo griego, que solo se dieron la mano para defenderse de los persas, sin estos en juego nada les unía.

Mapa de Egeo, antes de la Guerra del Peloponeso
Mapa de Egeo, antes de la Guerra del Peloponeso

Confederación Ático-Délica.

Cerca de doscientas ciudades, bajo el mando de Atenas, dominaban el Egeo y tenían el inestimable apoyo en la Grecia Central de Tesalia, y de muchas ciudades de la Magna Grecia y Sicilia. Solo la flota de Atenas contaba con 300 trirremes de guerra, a los que se unían las de sus socios. 13.000 hoplitas, 16.000 reservistas y el apoyo de la experimentada caballería de Tesalia, conferían un importe ejercito terrestre.

La financiación de la guerra no era un problema, las arcas atenienses estaban repletas gracias a la prosperidad del periodo de la Pentecontecia y los tributos anuales cobrados a las ciudades de la Liga.

Liga del Peloponeso.

Esparta sometió al vasallaje a todas las ciudades del Peloponeso, con excepción de Argos y Acaya. También contaba con el apoyo de los rivales que iba dejando Atenas; como Mégara y las federaciones de Locria y Focea, a las que debemos sumar algunas ciudades de Magna Grecia, aun así, muy lejos del poder ateniense.

Esparta no contaba con flota de guerra, dependiendo de las de sus socios; Mégara o Corintio a años luz de la de Atenas. Tampoco contaba con presupuesto para la guerra, como se suele decir, vivían al día, y de ir a la guerra debían pedir ayuda económica a los persas, algo peligroso. Pero contaban con el mejor ejército de tierra que había visto el mundo griego. 4.000 hoplitas profesionales y altamente cualificados, un ejército que se multiplicaba por 10 en caso de guerra, es decir 40.000 hombres dispuestos a dejarse la vida por Esparta, sin olvidar los 1.600 jinetes de la potente caballería de Beocia.

Tucídides, “el reportero de guerra”.

Pocas guerras de la antigüedad conocemos con los detalles que nos ofrece la Guerra del Peloponeso. Este aspecto es gracias a Tucídides, político y militar ateniense que vivió en sus carnes la gran derrota de Anfípolis, de la cual fue culpado y obligado al exilio. Desde allí escribió “Historia de la Guerra del Peloponeso”, ocho libros donde la profundidad de sus datos y las alusiones al conflicto denotan su gran conocimiento de todos los hechos.

Tucídides
Tucídides

A pesar de su amistad con los atenienses, su obra es totalmente objetiva y neutral, esto hecho relevante le ha valido a la misma, ser considerada la primera gran obra de la historia.

El problema fue su muerte en el 411 a. C. y con la guerra en marcha. Su sucesor fue otro ateniense, Jenofonte, que tomó el relevo narrador del conflicto en su obra “Helénicas”, donde dedica sus dos primeros libros a la Guerra del Peloponeso entre los años 411-404 a. C.

Cronología de la Guerra del Peloponeso.

Gracias a los escritos de Tucídides y Jenofonte los historiadores han dividido el conflicto en cuatro fases bien definidas.

Guerra Arquidámica (431-421 a. C.)

Debe su nombre al rey espartano Arquídamo II que invadió el Ática iniciando el conflicto. El punto de inflexión del periodo lo marcó la peste en Atenas. Por decisión de Pericles el Ática fue abandonado y todos sus hombres se hacinaron en la defendida ciudad de Atenas, a donde llegó la peste que se llevó la vida de un tercio de los atenienses entre ellos el propio Pericles.

Diez años que dieron para mucho, victorias terrestres de Esparta y marítimas de Atenas. Dos hombres, heredaron el poder ateniense, Cleón de Atenas partidario de la guerra total y Nicias, que prefería buscar la paz con los espartanos. Tras la muerte del primero en Anfípolis, el segundo se sale con la suya.

Paz de Nicias (421-416 a. C.)

La paz de Nicias tuvo toda la solemnidad que requería la ocasión. Se firmó en ambas ciudades y aportaba interesantes acuerdos para espartanos y atenienses. Permisos de paso a los santuarios panhelénicos, devoluciones de ciudades territorios y prisioneros, y 50 años de paz.

Monedas conmemorativas del mandato de Nicias
Monedas conmemorativas del mandato de Nicias

Poco duró la cosa, todos los demás estuvieron en desacuerdo, en especial los socios de Esparta. Corintio, Mégara o Beocia, no vieron satisfechas ninguna de sus peticiones. Así nació una nueva coalición griega, la tercera en liza, que, tras la unión a la misma de Argos, puso el problema en la misma ciudad de Esparta.

Atenas en Sicilia (416-413 a.C)

Las ansias imperiales de Atenas llaman a su puerta. Segesta una pequeña colonia de Sicilia, pide ayuda a la metrópoli para defenderse de los ataques sufridos por Selinunte. A Atenas poco le importaba la colonia, pero era la posibilidad que llevaban tiempo soñando de expandir sus dominios al mediterráneo occidental.

100 trirremes, 4.000 hoplitas y 300 jinetes ponen rumbo al oeste en el mayor error de Atenas, al confiar en uno de los personajes más arrogantes de la Guerra del Peloponeso. Luego os hablamos de él. En definitiva, Esparta se une al conflicto y la Paz de Nicias, pasa rápidamente a la historia.

Un Trirreme griego. Principal fuerza de de Atenas.
Un Trirreme griego. Principal fuerza de de Atenas.

La aventura siciliana acabó en desastre, la llegada de espartanos y corintios a la bahía de Siracusa, lugar de los hechos, obligó a los atenieses a pedir refuerzos a la metrópoli. Así llegó una nueva flota de Atenas, bajo el mando de Demóstenes, dejando desguarecida un Ática, supuestamente en paz. La batalla fue una auténtica emboscada para los atenienses, Demóstenes y Nicias ejecutados en la propia playa y sus hombres esclavizados en las canteras de Siracusa.

Guerra Decélica (413-404 a. C.)

Bien aconsejado, Agis de Esparta toma la ciudad de Decelía, en el propio Ática y a 120 estadios (22 km) de la metrópoli, por cierto, una ciudad que tenía las principales minas de plata de toda Grecia. Rápidamente manda amurallarla para convertirla en punta de lanza del asedio final a Atenas. Una Atenas contra las cuerdas, sin soldados, sin dinero, y con los ciudadanos en contra de sus gobernantes tras el desastre en Sicilia. Las ciudades aliadas, comienzan a abandonar la liga, Eubea, Lesbos o Mileto dan la espalda a Atenas.

Esparta se erigió en salvadora del mundo griego, antes las ansias imperialistas de Atenas. Para ello no dudó en pactar con el gran rival, Persia. ¡Qué gran error!, la llegada el conflicto del temido rival, dejó como único salvador a uno de los personajes más controvertidos de la historia de Grecia. Dejamos es sus manos el resto del relato.

El insolente y apuesto Alcibíades.

Si todavía alguien se pregunta quien aconsejó a Agis de Esparta a invadir el Ática, aquí tiene la respuesta. De Alcibíades han corrido ríos de tinta. Descendiente de los Alcmeónidas y por lo tanto emparentado con los “demócratas” Clístenes y Pericles. Según lo que nos dejó escrito Tucídides, podemos listar del él una serie de adjetivos, era uno de los más reputados jóvenes intelectuales de Atenas, lúcido, inteligente, valiente, y con una ambición sin límites.

Alcibiades por François André Vincent (1776)
Alcibiades por François André Vincent (1776)

Alcibíades detestaba la paz, simplemente porque llevaba el nombre de Nicias. De tal forma que fue el principal inspirador de la aventura siciliana, para poner a Atenas en la cúspide del imperialismo griego. Pero la noche antes de partir, un hecho cambiará la historia. En Atenas aparecen mutiladas las estatuas en honor al Dios Hermes, patrón de los viajeros que cruzan las fronteras. Un mal augurio para el viaje. Alcibíades aparece como el principal investigado, tras su enfado por la designación de Nicias como estratega principal de la expedición a Sicilia. Temiendo un complot contra su vida, huye de la expedición y se refugia en la morada del rey Agis de Esparta.

Pero había otro aspecto que destacaba en el ateniense, su pasión por meterse en cama ajena. El principal perjudicado fue el rey Agis, que tras volver del campo de batalla se encontró al apuesto Alcibíades yaciendo con la reina. A Alcibíades le tocó buscar nuevos aires, llevando parte de la flota que mantenía a su servicio a las costas de Asia Menor.

Mientras en Atenas no es difícil imaginar la situación. Cuando el hambre aprieta se pone en peligro la “democracia” más estable. Las disputas entre las diversas facciones políticas de Atenas acaban con las instituciones, los órganos de representación de los ciudadanos como la Boulé, o el consejo de los Quinientos, son suspendidos y los magistrados apartados de sus funciones. Atenas queda bajo las manos un consejo de los Cinco Mil, que poco sabemos de él, pero que al parecer será el causante de la vuelta de Alcibíades al bando ateniense. A partir del 410 a. C. la guerra vuelve a sonreír a Atenas, con las primeras victorias navales en Cinosema, Abidos y Cicíco.

La Batalla naval de Natio.

Pocas veces una pequeña batalla puede significar tanto en el trascurso de una guerra. Ciertamente lo sucedido frente las costas de Éfeso, no pasaría de la perdida de una decena de trirremes atenienses, pero la pérdida moral supero con creces a la pérdida material y de hombres.

Unos meses antes Lisandro se había convertido en navarco, es decir comandante de la flota de Esparta. Por primera vez, los rudos espartanos tenían un general con más cabeza que músculo, sabía que solo dominando el mar acabarían con Atenas. Tras hacerse cargo de la flota, la dirigió al puerto de Éfeso, allí le espero su amigo, el joven príncipe persa Ciro, con el dinero de este se construyeron los trirremes necesarios para acabar definitivamente con la talasocracia ateniense.

Por si faltaba algún ingrediente, ahora el traicionado seria el propio Alcibíades, que dejó en manos de su hombre de confianza, Antíoco, la fortuna de la flota ateniense. No sin antes advertirle de que no hiciera movimientos, antes de que se pudiera comprobar la fuerza de la renovada flota espartana. Antíoco no quiso desaprovechar su oportunidad de colgarse una medalla, se aproximó con una decena de barcos, para que hicieran de señuelo y despegar a los espartanos de la costa, con el fin de acabar con ellos en alta mar. Fracaso monumental, los diez barcos acaban bajo el mar, Antíoco muerto y Alcibíades culpabilizado y expulsado de Atenas por un error que no cometió.

Tras la derrota de Notio, para los atenienses llego la triste victoria de Arginusas. Si triste, ya que después de vencer a los espartanos en las cercanías de la isla de Lesbos, los generales atenienses denegaron la ayuda a sus propios hombres que habían quedado en las playas de dicha isla. El motivo esgrimido el temor a una gran tormenta que llegaba a la zona. Nada más llegar a Atenas los generales son juzgados por las instituciones atenienses, fueron declarados culpables y apartados de la guerra, solo fueron defendidos por el viejo y sabio Sócrates, que comprendió que aquel era el final de Atenas.

Recreación de la Batalla de Arguinusas
Recreación de la Batalla de Arguinusas

¿Quién gano la Guerra del Peloponeso?

El mismo que gana el resto de las guerras, un señor llamado “nadie”. Se dice que Esparta gano la guerra, pero Atenas no la perdió, directamente se murió de hambre, y eso que Esparta solo les exigió el pago de los gastos de la guerra.

Lo que nadie le podrá quitar a Esparta es su honor en el campo de batalla. Sus socios, en especial Corintio y Tebas, pidieron la destrucción definitiva de Atenas, es evidente que con las oscuras intenciones de suplantar su papel como centro del mundo griego. Esparta demostró que, dentro de aquellos musculosos cuerpos de guerrero, además de honor había un gran ápice de inteligencia.

Conocía perfectamente la idiosincrasia del mundo antiguo griego, un mundo de pequeños y egoístas estados que nunca supieron convivir, un mundo expuesto a que cualquier emperador se hiciera cargo de él, y ellos no iban a ser los culpables de que eso sucediera.

El siguiente siglo nos dará la razón, durante las primeras décadas espartanos, atenienses e incluso tebanos se fueron intercambiando como dirigentes del mundo griego. Hasta la llegada de Filipo II. Un emperador llegado de las tierras al norte de Grecia, que bien pudiera pasar por un bárbaro, se hacía dueño de todos los griegos. Su hijo un tal Alejandro Magno, más bárbaro todavía, extendería el mundo griego a los confines de Asia.

Historia Universal II: el mundo griego, Pilar Fernández Uriel, Ed. Uned, 2007

Historia de los griegos, Indro Montanelli, 1959

Mis lecturas recomendadas sobre el conflicto:

Novela histórica.

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Ensayo divulgativo.

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5 comentarios en «Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). La muerte de Grecia.»

  1. Solamente un apunte linguïstico: Hablas de las «Escusas de la Guerra». Debo decirte que es un término incorrecto. Querrás decir «Excusas», y no «Escusas», que son otra cosa diferente. Y, además, según la RAE, «excusa» es lo «que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión», no para hacer algo, ni que sea una guerra. Deberías cambiar el ´termino por «Motivo o pretexto».

  2. Gracias, por recordarnos lo que somos, cómo somos. Y cómo actuamos.
    La guerra está dentro de nosotros. ¿Por qué? Porque tenemos miedo a los demás. Ya que se pueden convertir en nuestra pesadilla, nuestros enemigos.
    Y según las circunstancias, necesidades, volvernos crueles asesinos. Eso sí, invocando que los otros, son los culpables de nuestra crueldades y asesinatos. Nosotros somos el orden, nuestro orden. Que los otros, ven como caos, el mal, el desorden.

    1. Hola Toni. Sabias palabras, como siempre. Pero esta vez tengo que hacer un inciso, hay una sentimiento humano que está muy por encima del miedo a la hora de enfrentarse a una guerra. La codicia.

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