El Tratado de Versalles, el primer día de la 2ª Guerra Mundial

El Tratado de Versalles es uno de los mayores errores en la historia de Europa. Acababa de terminar la Gran Guerra, la primera vez que una contienda como esta se extendía a todos los continentes, en el recuerdo cerca de 10 millones de soldados muertos y un número incontable de vidas civiles. El corazón de Europa estaba destruido y por delante una reconstrucción que indudablemente iba generar una crisis económica de dimensiones gigantescas.

Por si no fuera suficiente, desde el otro lado del Atlántico, EE. UU, ahora ya sí como primera potencia mundial dispuesto a mandar en Europa. En el otro extremo, en Rusia, había triunfado la Revolución bolchevique de 1917 y el temor al comunismo se extendía por los despachos de Europa. Con todo ello sobre la mesa, los dirigentes europeos cometieron un error que les llevaría directamente a la Segunda Guerra Mundial.

Los participantes de Versalles.

El Tratado de Versalles refrendado el 28 de junio de 1919, no fue el único de los pactos que tuvieron que acatar los países perdedores de la 1ª Guerra Mundial. Con cada uno de ellos y en diferentes castillos de las cercanías de Paris, se llegaron a una serie de medidas impositivas. Con Austria en Saint Germain, con Hungría en Trianón, con Bulgaria en Neuilly y con Turquía en Sèvres. Eso sí, todos estos fueron después de la humillación que sufrió el Imperio Alemán, en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles.

La firma del Tratado de Versalles en la Galería de los Espejos
La firma del Tratado de Versalles en la Galería de los Espejos

Las reuniones previas habían comenzado en el invierno de 1919, hasta París llegaron delegaciones de todo el mundo. Todos los continentes estaban representados; África con la escueta participación de Liberia, u Oceanía con Australia y Nueva Zelanda. Más numerosa fue la participación de asiáticos con China y Japón a la cabeza, y sobre todo países americanos como Cuba, Brasil, Canadá o Honduras, por nombrar algunos. Evidentemente Europa no podía faltar a la cita, allí estaban Grecia, Portugal, Polonia o Bélgica, entre otros. Pero el papel principal recayó en los grandes vencedores, Francia, Gran Bretaña, Italia y EE.UU. Obviamente entre las ausencias los perdedores; el Imperio Alemán, el Austro-húngaro, el Otomano, y uno que no había perdido, pero que había que alejar de cualquier mesa de negociación, la antigua Rusia zarista ahora en mano de la Revolución comunista.

Por los EE. UU acudió a París su presidente Thomas W. Wilson que rápidamente tomo las riendas del encuentro. A priori sus intenciones pasaban por lograr una paz duradera en el mundo. Para ello se presentó como adalid de la democracia que había que inculcar en la sociedad de posguerra, y bajo el brazo un memorándum de 14 puntos que debían ser la guía de las futuras reuniones. Entre dichos puntos estaban el fin de las medidas proteccionistas, para fomentar la libre circulación de personas y productos, una medida muy acorde con la necesidad de colocar el excedente industrial de su país, que había seguido produciendo mientras los otros estaban inmersos en la guerra. Otras propuestas se ceñían al ámbito de las fronteras y concernían principalmente a restar territorios a Alemania, y fomentar un cordón sanitario de países democráticos alrededor de los soviéticos.

El último punto era el más importante para su delegación. La propuesta de una Sociedad de Naciones, todas ellas democráticas y que desde entonces debían dirimir los conflictos, valga la redundancia, democráticamente. A pesar que la institución funcionó hasta la Segunda Guerra Mundial, solo sirvió para atajar algunos problemas menores.

Evidentemente el país anfitrión, Francia, también tuvo un papel preponderante. De la mano de su primer ministro George Clemenceau llevó a las reuniones la necesidad de aislar por completo a Alemania. Su rivalidad como países vecinos se hunde en la historia, pero en Versalles seguía planeando la venganza a los acontecimientos de 1871, tras la guerra franco-prusiana que acabó con el sitio alemán de la capital parisina. A Alemania había que achacarle toda la responsabilidad de la guerra, y por ende motivar que toda la reconstrucción de Francia, uno de los países más afectados por la contienda, corriera a cargo de los teutones.

Una de las reuniones, con Clemenceau en pie.
Una de las reuniones, con Clemenceau en pie.

Gran Bretaña afrontaba las reuniones en un tono más mediador, en definitiva, la delegación capitaneada por su primer ministro David Lloyd George debía defender, como es lógico, sus intereses nacionales. Estos pasaban por seguir siendo la principal potencia marítima y colonial del mundo. Para ello debía fomentar el fin de la flota alemana, e intentar reducirla a la mínima existencia. Una vez conseguido su propósito, como parecía por la evolución de las negociaciones, debía poner coto a las proposiciones del norteamericano Wilson, ya que los ingleses no podían permitir la libre navegación tanto en tiempos de paz, como de guerra, ya que esto ponía en grave peligro su posición colonial.

El último de los protagonistas principales de Versalles fue Italia, de la mano de su presidente del Consejo de Ministros Vittorio Emmanuel Orlando. Se le suele asignar este papel en las reuniones, pero en vista de los resultados bien podemos pensar que al país transalpino le salió mal el negocio de Versalles. Los italianos acudían a París con la demanda de las promesas territoriales, que los países aliados le ofrecieron para su participación en la Gran Guerra. Pero apenas consiguió sus propósitos, en los territorios que pensaba anexionar después de Versalles, nacía un país al amparo de EE. UU que se convertiría en Yugoslavia. En pocos años Italia se une a Alemania, camino de una nueva guerra.

Los cuatro principales protagonistas en Versalles. De izquierda a derecha, el británico, el italiano, el francés y el norteamericano
Los cuatro principales protagonistas en Versalles. De izquierda a derecha, el británico, el italiano, el francés y el norteamericano

Los principales acuerdos de Versalles.

Parte I.

Está dedicada a la creación de la Sociedad de Naciones, con sede en la ciudad suiza de Ginebra. Sobre el papel una institución democrática, integrada por 42 países, con un voto cada uno, eso sí con un Consejo principal de nueve países y con cinco de ellos de forma permanente, que llevaran la batuta de dicha organización. Qué, por cierto, no empezó con buen pie, ya que su impulsor EE. UU pronto desapareció de escena al no aprobar su propio Senado la inclusión del país en la organización, que ellos habían fomentado.

Parte II, III, IV

El propósito de estas disposiciones es establecer el nuevo territorio de Alemania recortando sus fronteras. La decisión más importante la devolución a Francia de Lorena y Alsacia, como bien dice el tratado: “reparar la injusticia, hecha por Alemania en 1871”. Pero también por el este perdía territorios en favor de Polonia (Silesia) y por el norte con la entrega de territorios a Dinamarca (Schleswig-Holstein).

Además, perdía todo su Imperio colonial, repartido por África y el Pacifico. También era obligada a devolver los territorios conquistados durante la guerra, de Bélgica, Luxemburgo o Checoslovaquia, este último otro de los países que nacía en Europa.

Europa en 1914 antes de la Gran Guerra
Europa en 1914 antes de la Gran Guerra
La Europa que dejó el Tratado de Versalles.
La Europa que dejó el Tratado de Versalles.

Parte V.

Enteramente dedicada al desmantelamiento del ejército alemán. A partir de la aplicación definitiva del Tratado de Versalles, dicho ejército no podría sobrepasar los 100.000 hombres, incluidos 4.000 oficiales. Un dato que nos puede servir para medir esta cifra, son los 11 millones de alemanes que combatieron en la Gran Guerra. A Alemania se le prohibía desde aquel momento el servicio militar obligatorio. Además, el ejército debía ser distribuido por toda la geografía germana con el propósito de no tener contingentes grandes, y su única labor el orden interior del país y la vigilancia de las fronteras.

También se introdujeron clausulas para desarmar a Alemania. Algunos datos nos pueden hacer valorar la situación, como por ejemplo la limitación a 84.000 fusiles, 1184 ametralladoras ligeras y 792 pesadas. La poderosa flota alemana quedaría reducida a 6 acorazados, 12 torpederos y ningún submarino, es decir Alemania se quedaba sin su baza principal en el mar. El resto de barcos debían ser puestos en la reserva o bien utilizarlos como barcos mercantes. Nueve días antes de la firma del Tratado de Versalles, el almirante Ludwig von Reuter mandó hundir los 51 barcos alemanes que se hallaban en la bahía de Scapa Flow para que no cayeran en manos británicas. Destacar por último la prohibición de mantener la aviación alemana, solo los primeros meses tras la firma se permitirían 100 hidroaviones, con la única misión de recoger en el mar minas submarinas.

Scapa Flow
Scapa Flow

Parte VIII.

Llegamos al más polémico de los puntos del Tratado de Versalles, el nefasto para la historia artículo 231.

“Los gobiernos aliados y asociados declaran y Alemania reconoce que ella y sus aliados son responsables, por haberlos causado, de todas las perdidas y todos los perjuicios que han sufrido los Gobiernos aliados y asociados y sus nacionales a consecuencia de la guerra, que les ha sido impuesta por la agresión de Alemania y de sus aliados”

Como tal era obligada a pagar todos los gastos de la reconstrucción. Aquellos días en París se cerraron sin ni siquiera poner una cifra definitiva. Por si no fuera suficiente castigo, se creó una Comisión de Indemnizaciones que debía canalizar todas las reclamaciones de los países vencedores. Solo dos años después, en la Conferencia de Londres se cerraron las cuentas, reclamando a Alemania 6.500 millones de libras. No creo que fuera el mayor problema de los germanos el asumir una cifra, por otro lado, inasumible. El asunto era otro, Alemania había sufrido la ofensa más grande que se puede causar a un país, no creo que hubiera aquellos momentos muchos alemanes que no se sintiesen profundamente humillados.

Del resto de las partes del tratado, es de suponer, que ya perdieron importancia para los alemanes, a pesar de ser también abusivas. Estaban referidas a las clausulas financieras, obligado a Alemania a endeudarse con los países aliados. A la perdida de los recursos de la explotación minera de la Cuenca del Sarre, que pasaba a Francia. Del control del comercio fluvial alemán por parte de los países aliados, y un sinfín de garantías para que estos cobraran de los germanos el montante de las reparaciones.

La cuenca del Sarre, una de las zonas carboníferas más importantes de Europa
La cuenca del Sarre, una de las zonas carboníferas más importantes de Europa

Consecuencias del Tratado de Versalles.

Destacar que algunas se sufrieron durante mucho tiempo, no hay más que recordar las terribles guerras yugoslavas de finales del siglo XX, que sin duda tienen su origen el Versalles.

Por lo que respecta a Alemania, no es difícil pensar lo estigmatizado que estarían los personajes que firmaran el tratado en cuestión. Los militares pronto se retiraron de escena, ya que no acudieron a Paris. El “honor” recayó en una serie de políticos encabezados por el socialista Scheidemann y el católico Erzberger, es decir una especie de gobierno de concentración que debía poner en marcha la recién nacida República alemana, denominada posteriormente como Weimar, por el lugar donde se reunió la Asamblea Constituyente.

Pero lo peor se estaba gestando esos mismos días al amparo de las decisiones de Versalles. Adolf Hitler era uno de aquellos soldados que una vez terminada la Gran Guerra deambula por el ejército, de puesto en puesto buscando una relevancia que había sido prohibida por las imposiciones del tratado parisino. Sin solución de continuidad entre las filas militares decide dar el paso a la política, posiblemente el mejor lugar que se le ocurrió para restaurar el poderoso ejército alemán. Es evidente que no le faltaban razones, a los pocos días de abandonar de abandonar el ejército, el Partido Obrero Alemán cambia de nombre para pasarse a nombrar Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, en sus filas ingresa Adolf Hitler, solo un año después ya era presidente y una cruz gamada alumbraba su escudo. El resto de la historia, es de sobras conocida.

Adolf Hitler durante la Gran Guerra.
Adolf Hitler durante la Gran Guerra.

El que pretenda ver en este articulo la justificación de la barbarie criminal de Hitler, está totalmente equivocado. Es evidente que Hitler fue el mayor Psicópata del siglo XX, sino uno de los mayores, ya que hubo varios. Pero que el caldo de cultivo que encontró en Alemania, para que una gran parte de país le siguiera, se debe al desastroso Tratado de Versalles también está fuera de toda duda. Como queda fuera de toda duda, que Hitler fue la primera y única causa de la Segunda Guerra Mundial.

Más info:

Historia contemporánea (1914-1989), cood. Hipólito de la Torre Gómez, Ed. Universitaria Ramón Areces, 2010.

Historia del siglo XX, Eric Hobsbawm, Ed. Crítica, 1994

Tratado de Versalles, Archivo Nacional de Honduras.

3 comentarios de “El Tratado de Versalles, el primer día de la 2ª Guerra Mundial”

  1. La guerra es la culminación de la división interna. Primero, hay un rechazo de lo que se percibe, se ve, se está observando. Luego, queremos apartarnos, descartar, destruir eso que nos causa rechazo, aversión, repulsión. Todo esto, que en un nivel higiénico-biológico tiene sentido. En el ámbito psicológico, humanístico, espiritual, es cuando empieza el conflicto, la contienda, la guerra. Primero de palabras, de opiniones, de ideas, todas enfrentadas. Y finalmente llegan los hechos, las acciones. Las amenazas, humillaciones, imposiciones, injusticias. Y finalmente llega, la violencia, la máxima crueldad que es la guerra, con sus matanzas en masa.

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