Portmán en la provincia de Murcia, es un barrio de la población de La Unión situado en la bahía del mismo nombre. Para conocer algo más de su historia es aconsejable dirigirse al PR-MU 88 un sendero de poco más de 7 km que une el pueblo con el barrio. Llegué al mismo de casualidad: en verano de 2016 acudimos a La Unión con motivo del LVI Concurso Internacional Cante de las Minas. Como alma inquieta y con las mañanas libres me acerqué a la Oficina de Turismo a preguntar un lugar para ir a caminar, la recomendación fue dicho sendero y a pesar del desolador paisaje, el recorrido te lleva a conocer uno de los mayores desastre ecológicos de la historia de España.
La ruta y sus recomendaciones.
Las básicas, calzado cómodo y sobre todo si es verano, litros de agua. Totalmente desaconsejable desde mi punto de vista los días muy calurosos, estamos en el sur de España, y de hacerla evidentemente lo más temprano posible, el recorrido es de unas 2 horas. Hay que pensar que la ruta consiste en traspasar la sierra minera, pero el desnivel no es muy acusado.
Para ir al inicio de la ruta hay que acudir a las estación de tren de La Unión, justo tras cruzar la vía aparece señalado el camino con la marcas amarillas y blancas, está perfectamente señalizado con excepción de la bajada por el lado contrario de la montaña, pero no tiene pérdida, ya que ves todo el rato la población de Portmán. Al principio se pasa por una ruta asfaltada que llevan al Parque Minero de la Unión, un conjunto de minas recuperadas que se pueden visitar. Tras ellas el camino se vuelve sendero y da paso a un paisaje típico de semidesierto pero con un gran encanto por la proximidad del mar. Durante el recorrido de subida llama la atención los enormes agujeros de gran profundidad, que eran los antiguos respiraderos, te dan una idea de estar caminando por encima de un auténtico “queso de Gruyere”, pero además nos sirve para hacernos a la idea del amplio espacio que tenían las minas. Durante toda la caminata se pueden observan restos de la antigua explotación minera.
Al comenzar a bajar hacia la localidad de Portmán, es cuando te das cuanta del desastre ecológico, y más tras ver en la oficina de turismo la típica foto del antes y después. Todo el recorrido esta jalonado de los enormes lavaderos, donde se separaba el metal de la tierra, tras lo cual la vista se dirige a la enorme zona costera invadida por la tierra producto del vertido de este sobrante. Sin duda una imagen vale más que mil palabras, el mar llegaba antiguamente prácticamente a las casas del pueblo.
Breve historia de Portmán.
La espectacular bahía de cara al mediterráneo esta habitada desde el Neolítico, también se han encontrado restos íberos. Pero la mayor presencia vino del mundo romano, el Portus Magnum, fue uno de los grandes puertos romanos del sur de España, es conocida la extracción de sus ricos minerales (en especial plata, hierro y plomo) por los romanos desde su llegada al sur de Hispania en el siglo III aC. Se han localizado varios yacimientos, desde grandes villas romanas hasta las calzadas que comunicaban el puerto con el interior peninsular.
Tras los romanos nunca se ha llegado a abandonar la zona, hay restos medievales y torres de vigilancia de los siglos XVI y XVII para el control de los corsarios. Pero por lo que pasará finalmente a la historia ocurrirá a partir del siglo XX, tras la profunda crisis de posguerra se retoman con más fuerzas las explotaciones mineras a cielo abierto, con los enormes lavaderos que causarán uno de los mayores desastres ecológicos del mediterráneo entre 1945 y 1992. El problema era gravísimo, por una parte los vertidos de materias contaminantes acabaron con la flora y la fauna de la zona, el lavadero Roberto era una de las mayores construcciones de este tipo en el mundo, vertía en la bahía más de 8.000 toneladas al año. Todo ello agravado por decirlo de alguna manera por el secuestro moral de sus ciudadanos, si querían trabajar solo existía la mina, por lo que todo en cierta forma se silenciaba. Todo empezó a cambiar en 1986, cuando los grupos ecologistas toman mano en el asunto, tras años de protesta llega el cierre definitivo en 1992. Ya pocas cosas tenían remedio, el pueblo se quedo con su costa inutilizable, sin trabajo en la mina y sin posibilidades de convertirse en uno de los pueblos turísticos que jalonan la zona del levante español.
Hoy día Portmán sigue esperando que se lleven a cabo las grandes promesas de regeneración de su costa. Es hora que las autoridades se pongan en la labor de devolver a Portmán aquello que le robo el abuso humano y de volverlo a convertir en el magnifico escaparate que encontraron fenicios, cartagines y en especial los romanos a su llegada hace más de 2000 años.
Imágenes: José Mari Escalante y Rosalba Sánchez
Vídeo: Rtve
José Mari Escalante