La guerra de los Dos Pedros, 1356-1367. España en juego.

A mediados del siglo XIV la península estaba dividida en cinco reinos diferentes. Uno de ellos, Portugal, se lamía las heridas de sus últimas guerras civiles. Mientras, Navarra se contentaba con inmiscuirse en los asuntos de Francia, su vecino del norte, desde sus cada vez más menguados territorios. Si miramos al sur encontramos el Reino de Granada, los sometidos musulmanes vasallos de Castilla, con el simple sueño de seguir manteniendo las tierras heredadas de sus antecesores.

Nos quedan dos; el Reino de Castilla, el más grande territorialmente y la Corona de Aragón, con sus continuas miras en su expansión mediterránea. Ambos deciden jugarse la supremacía de la Península en una intrascendente Guerra de los Dos Pedros, que acabó como empezó, al menos en el aspecto político. Pero que sentó las bases de una unión dinástica que tardaría un siglo y medio más en dar sus frutos, el nacimiento de la España como hoy conocemos.

La península Ibérica durante la Guerra de los Dos Pedros.
La península Ibérica durante la Guerra de los Dos Pedros.

A toro pasado podemos pensar que esta guerra no llegó en los mejores momentos, si es que alguna vez lo hay. El occidente europeo pasaba por una sangrante crisis, sumido en la Guerra de los Cien Años entre franceses e ingleses que salpicaba a los reinos hispanos. Además, seguían los estragos de la denostada peste negra, que había diezmado la población europea entre 1348 y 1353. Guerra y peste trajeron de la mano hambre y conflictos sociales entre las diferentes capas de la sociedad bajomedieval.

Los protagonistas de la Guerra de los Dos Pedros.

Pedro I de Castilla, 1350-1369.

Pedro I de Castilla
Pedro I de Castilla

Hijo de Alfonso XI, solo tenía 16 años cuando llegó al poder, encontrándose en frente el problema dejado por su padre. Nada más, y nada menos, que diez hermanos bastardos, nacidos del matrimonio entre Alfonso y Leonor de Guzmán. Pedro I apodado “el cruel” dedicó buena parte de los primeros años de su reinado a acabar con los pretendientes bastardos a su corona. Con la excepción de Enrique de Trastámara, que buscó el apoyo extranjero a su causa. Así metió a Castilla en la guerra de los Cien Años. Es decir, Pedro I se encontró sumido en tres guerras, la importada de Europa, la casera contra su hermanastro y la de los Dos Pedros, con Aragón.  Ninguna de las tres se puede disociar de las restantes, es más, como veremos se mezclan continuamente.

Pedro IV de Aragón, 1336-1387.

Pedro IV de Aragón

Pedro IV, al igual que su tocayo de Castilla, llegó al poder de la Corona de Aragón en un momento donde la nobleza valenciana y aragonesa intentaban alcanzar altas cotas de poder político. De ahí que los primeros años de su reinado fueran dedicados a erradicar la insurgencia de la Alta Nobleza. Periodo donde se ganó uno de sus apodos; “el del puñalet”, ganado tras rasgar delante del pueblo de Zaragoza, los privilegios concedidos por sus antecesores a los nobles aragoneses. Pero sus grandes miras fueron puestas en la conquista del Mediterráneo; Mallorca, Sicilia, Cerdeña e incluso Atenas estuvieron bajo el dominio de la Corona de Aragón, durante el reinado de este monarca nacido en Balaguer.

Los inicios de la Guerra entre los Dos Pedros.

Como ha quedado dicho, la Guerra entre los Dos Pedros, no se puede disociar, ni de la Guerra Civil Castellana, ni de la Guerra de los Cien Años. El clima prebélico entre ambas coronas estaba muy presente en el siglo XIV. Pedro I de Castilla acusaba a su homólogo de proteger los intereses de sus hermanos bastardos, incluido Fernando de Trastámara. Pero los castellanos no estaban libres de culpa, ya que desde 1348 se hallaba refugiado en tierras de Castilla Fernando de Aragón, el dirigente de la revuelta nobiliaria aragonesa contra Pedro IV y que seguía aspirando el trono de este.

Además, las pretensiones mediterráneas de Aragón chocaban directamente con las de la República de Génova tradicional aliada política y económica de Castilla. Por si no fuera suficiente, en el seno castellano seguía escociendo el Tratado de Elche (1305), por el que el monarca de Castilla, Fernando IV, cedió amplios territorios de Murcia y del sur de Alicante a la Corona de Aragón.

Con todo ello el incidente sucedido en aguas gaditanas, nos puede sonar directamente de escusa. Algunas naves aliadas de Génova fueron apresadas cerca de Sanlúcar de Barrameda por navíos catalanes de la Corona de Aragón. El incidente, ya es casualidad, fue en presencia del rey castellano Pedro I. Acto seguido Castilla impone severas restricciones a los comerciantes catalanes asentados en su territorio, embargando todos sus bienes, y lanzando un ultimátum al rey de Aragón. Este recoge el guante lanzado y la guerra está servida.

La primera acción bélica importante fue el asedio de Alicante por parte de las tropas castellanas en el mes de septiembre de 1356. La ciudad parece que fue tomada, pero en ningún caso se consolidó la conquista, el ejército castellano fue expulsado por los propios alicantinos pocos días después.

En la parte aragonesa comenzó a trabajar el ingenio de su rey para poner en marcha la diplomacia. Pedro IV de Aragón ha pasado a la historia como un estratega de los despachos. A finales de ese propio año, firma el Tratado de Pina con el insurgente castellano Enrique de Tratámara, al que cede varios territorios pertenecientes a Fernando de Aragón, con el fin de ganarse el vasallaje del pretendiente a la Corona de Castilla. También ejerce de cicerone a una rebelión interna de Castilla, al apoyar a una parte de la nobleza andaluza en su levantamiento contra Pedro I.

Ante tales movimientos el rey castellano, y tras aplacar la revuelta andaluza, decide poner en marcha la primera tregua, apoyado por el legado pontificio. La firma tuvo lugar en territorios navarros, concretamente en Tudela. Estaba claro el rey de Castilla, necesitaba tiempo para acabar con cualquier atisbo de revuelta interna, sabedor que en el campo de batalla era superior a Aragón.

Fue el periodo donde el rey de Castilla se ganó el apelativo de “el cruel”. Consecutivamente acabó con Fadrique, maestre de la Orden de Santiago, y hermano gemelo de Enrique de Trastámara. Juan de Aragón, otro de sus hermanos bastardos y señor de Vizcaya. La siguiente de la lista fue Leonor de Castilla, su propia tía y madre de Fernando de Aragón. Con lo que Pedro I se ganó la enemistad hasta de sus propios seguidores, el infante aragonés desertó volviendo a su tierra y poniéndose al servicio de Pedro IV.

Reivindicado una flota castellana.

Si Castilla tenía más poder por tierra, Aragón tenía su fuerte en el mar, la flota aragonesa a mediados del siglo XIV controlaba buena parte del Mediterráneo Occidental. Pedro I, pensó que era el momento de, al menos, de igualar la contienda.

Réplica de la Nao Victoria, con la que Magallanes dio la vuelta el mundo. Este tipo de barcos tuvo su origen en el siglo XIV, y eran parte de la flota castellana que surcaba el Mediterráneo durante la Guerra de los Dos Pedros. 
Réplica de la Nao Victoria, con la que Magallanes dio la vuelta el mundo. Este tipo de barcos tuvo su origen en el siglo XIV, y eran parte de la flota castellana que surcaba el Mediterráneo durante la Guerra de los Dos Pedros.

Sus contactos portugueses prometieron ayuda. También encontró el apoyo de su fiel aliado Génova, varios genoveses, avezados marineros, comandaron las naves castellanas que fueron fabricadas entre 1358-1359 en los puertos de Sevilla y del Cantábrico. Castilla mandó más de un centenar de barcos contra Barcelona, no lograron desembarcar, pero al menos consiguieron que Aragón desviará la atención que tenía puesta en Génova. Luego el ataque fue lanzado contra Ibiza, con idéntico resultado. La flota castellana reculó a sus puestos, no consiguió nada, pero al menos lograron por primera vez su presencia en el Mediterráneo.

Enrique de Trastámara entra en acción.

Hasta ese momento, el rival castellano de Pedro I había permanecido a la espera de una oportunidad. La encontró en septiembre de 1359, mientras el rey castellano analizaba las oportunidades de su renovada armada.  Enrique de Trastámara financió una expedición a Castilla contando con el apoyo aragonés. El lugar elegido fue el campo soriano, la pequeña ciudad de Ólvega fue arrasada. Acto seguido las tropas de frontera castellanas de Soria, entre ellas las de Almazán, Gómara y Agreda se pusieron en marcha para frenar la invasión. El encuentro tuvo lugar en la ladera del Moncayo, en un paraje conocido como la Araviana. La derrota castellana fue estrepitosa, murieron algunos de sus dirigentes, otros fueron aprisionados, y el resto huyó a Aragón temeroso de las represalias de Pedro I.

El rey aragonés decide aprovechar la victoria de su aliado. Pone rumbo a la localidad de Tarazona, una de las plazas fronterizas más fuertes del ejército castellano.  A su llegada se le abren las puertas de la ciudad, debido a la deserción del capitán de la guarnición castellana.

A posteriori se reúnen ambos vencedores, Enrique de Trastámara lleva al ejército aragonés a su terreno. Su propósito invadir Castilla. Pedro IV, le toma la palabra y preparan el asalto terrestre, en pocos días el ejército aragonés se planta en las cercanías del desfiladero de Pancorbo.

De esta forma Pedro I es obligado a abandonar su aventura mediterránea. El nuevo encuentro entre castellanos y aragoneses tuvo lugar en las cercanías de Nájera. En este caso la victoria favoreció al contendiente más poderoso en el cara a cara. Enrique de Trastámara fue obligado a refugiase en la actual ciudad riojana y escapar de ella por la puerta de atrás para preservar su vida.

La Paz de Terrer.

Parecía estar claro que Aragón no podría con Castilla. Además, estos últimos deciden reforzar sus aliados internacionales. Con Portugal llegan a un pacto de devolución de adversarios políticos, nobles castellanos son devueltos desde Portugal a Castilla. Mientras otros hacen el viaje a la inversa, es decir nobles portugueses de Castilla a Portugal. El destino de todos común, el ajusticiamiento sin juicio previo.

El otro pacto castellano es con Inglaterra. Por lo que Castilla se metía de lleno en la Guerra de los Cien Años en el bando vencedor, ya que, en el año 1360, los ingleses aparecían en clara ventaja ante los franceses de la sempiterna guerra, aunque en esos momentos esta estuviera en tregua.

En el bando contrario, Aragón no podía más que pedir la paz. Su inferioridad ante el rival le llevó a la necesidad reforzar toda la línea fronteriza, desde Tarazona a Albarracín, de este periodo surgió uno de los castillos más imponentes que recuerdo, el Castillo turolense de Peracense. Pedro I de Castilla también fue partidario de la esta siguiente tregua, ya que le había surgido un nuevo enemigo. Fue en el sur donde el rey de Granada fue depuesto y sustituido por Muhammad VI, que ya tenía firmado una especie de pacto para apoyar a la Corona de Aragón en la contienda hispana.

El impresionante Castillo de Peracense, fue remodelado durante la Guerra de los Dos Pedros
El impresionante Castillo de Peracense, fue remodelado durante la Guerra de los Dos Pedros

La paz fue firmada en Terrer el 13 de mayo de 1361. Por la misma, el rey castellano renunciaba a algunas de sus pretensiones territoriales, a cambio de que Pedro IV prescindiera de los servicios de Enrique de Trastámara.  El rey aragonés accedió, y el rival de Pedro I fue obligado a refugiarse en Francia.

La gran ofensiva de Pedro I de Castilla.

La paz de Terrer duró lo que tardaron los contendientes en recuperar el aliento. Pedro I, según las fuentes, con sus propias manos acaba con el nuevo rey de Granada, Muhammad VI, volviendo a colocar en el puesto a su antecesor. Con esto se cubría las espaldas de un ataque desde tierras andalusís.

Acto seguido prepara la campaña militar más importante de toda la contienda. Sucesivamente van cayendo las poblaciones fronterizas de Alhama, Ariza y Ateca. Luego tras un terrible asedio, en el duro mes de agosto, la ciudad de Calatayud es conquistada por las tropas castellanas, desde allí a Zaragoza el camino queda más despejado. Pero no fue ese el lugar elegido por Pedro I, al parecer le resultó más osado intentar conquistar la capital del reino de Valencia, posiblemente buscando el control del Mediterráneo. En la primavera de 1363, caen las importantes plazas de Teruel y Segorbe. Aragón humillada vuelve a pedir una nueva tregua, con la ciudad de Valencia sometida a asedio.

La vuelta de Enrique de Trastámara y la internacionalización de la guerra.

La enésima firma de paz se llevó a cabo en Sagunto. Inútil como las anteriores. Pocos días después de dicha firma se destapan algunos secretos. El primero en caer fue el Infante Fernando de Aragón, que en aquellos momentos era el principal candidato al trono de Castilla ante la muerte del heredero de Pedro I. El asesinato solo tiene un “presunto” culpable, el rey de Aragón, para poder llevar a cabo un nuevo pacto secreto con Enrique de Trastámara.  Este se había firmado entre ambos, tres meses antes en el castillo de Monzón. El rey aragonés reconocía y apoyaba a Enrique, como legitimo rey de Castilla, a cambio de amplios territorios castellanos, como Murcia y otras zonas de Soria, Cuenca y Molina.

En 1365 encontramos el punto de inflexión, que dará un nuevo giro en la Guerra de los Dos Pedros, por cierto, tras una curiosa alineación de personajes. Por un lado, encontramos a Pedro IV de Aragón contra las cuerdas, dentro de la ciudad de Valencia sitiada. Por otro Enrique de Trastámara, ahora sí, principal candidato al trono de Castilla y una enorme sed de venganza por los asesinatos de Pedro I. Solo faltaba un as para el trio, lo puso Francia en la figura de Bertrand du Guesclin, que estaba presto a cruzar los Pirineos al mando de un ejército de mercenarios franceses en paro, tras la Paz de Bretigny entre estos y los ingleses.

Bertrand du Guesclin, estatua en la ciudad de Dinan, en la Bretaña francesa

A partir de este punto de la historia es cada vez más difícil adivinar si se estaba batiendo la Guerra de los Dos Pedros, la Guerra Civil de Castilla, o incluso las coletillas de la Guerra de los Cien Años entre las dos potencias europeas.

El fin de la Guerra de los Dos Pedros.

A partir de marzo de 1366 encontramos ya dos reyes de Castilla. Pedro I y el recién autonombrado rey en Calahorra, conocido como Enrique II de Castilla, que contaba con el apoyo aragonés y sobre todo de los mercenarios franceses que habían atravesado Navarra en pos de llegar a Castilla.

Enrique II en el Ayuntamiento de León

Las primeras deserciones entre los partidarios del rey legitimo llevan a este a huir de Burgos, donde se hallaba tras huir de la sitiada ciudad de Valencia. Tomó rumbo a Andalucía, Portugal y Galicia, en búsqueda de apoyos para su causa. Pero el destino final fue el sur de Francia, la Aquitania francesa que se hallaba en manos de los ingleses. Allí pacto la ayuda de Eduardo de Woodstock, conocido como Príncipe Negro, a cambio de suculentas porciones del territorio castellano. Además, no dudo de dejar a sus propias hijas prisioneras, como garantía al cumplimiento de los acuerdos tratados en Libourne.

El pacto entre el Principe Negro y Pedro I, según James William Edmund Doyle.

Solo dos meses después del pacto entre Pedro I y el Príncipe Negro, en febrero de 1367 se produjo la denominada Segunda Batalla de Nájera. El resultado idéntico al primero, Pedro I esta vez con la ayuda de los arqueros ingleses derrotó al Trastámara, obligado de nuevo a huir a Francia.

Aragón vuelve a estar en peligro, al potencial de Castilla se une el mejor ejército de Europa en aquellos momentos. Todo se precipita, Pedro IV toma la rápida decisión de rescindir de sus acuerdos con Enrique II.

La Segunda Batalla de Nájera, según Jean Froissart.

Pero incompresiblemente Pedro I, vuelve a tirarlo todo por la borda, con todo a su favor se enemista con su nuevo socio inglés. Este no ve con buenos ojos el trato dispensado por el rey castellano a sus enemigos detrás del campo de batalla. Lo tilda de cruel y de mal pagador, al no compensar con lo prometido a las tropas inglesas. El Príncipe Negro abandona Castilla, no sin antes ser garante de la paz definitiva entre el Reino de Castilla y la Corona de Aragón, firmada el 13 de agosto de 1367.

La muerte de Pedro I, el Cruel.

La guerra civil en Castilla siguió al año siguiente. En ella, Enrique de Trastámara volvió a contar con la ayuda francesa. Estos tenían como prioridad la victoria de Enrique II de Castilla en la Guerra Civil, para poder contar con la ayuda de Castilla en su guerra contra Inglaterra. Los territorios castellanos se hallaban sumidos en un enorme caos, unas ciudades apoyaban a Pedro I y otras a Enrique II, propiciando guerras y asedios por doquier. La popularidad de Pedro I caía a pasos agigantadas mientras pactaba con el mismo diablo, con tal de acabar con el Trastámara. Así fue como llegaron a la Península nuevos contingentes de musulmanes.

En este contexto acaeció la muerte de Pedro I el Cruel. Se produjo en Montiel (Ciudad Real), donde llegó el francés Bertrand du Guesclin en aras de recibir un pacto con el rey castellano, que le ofrecía una ingente cantidad de dinero y posesiones si cambiaba de bando. Junto al mismo llegó a la tienda de campaña del campo de batalla Enrique II, que dio muerte a Pedro I con sus propias manos.

La muerte de Pedro I «el Cruel», según  Arturo Montero y Calvo

Un Trastámara inauguraba una nueva dinastía en el Reino de Castilla, poco más de medio siglo después, otro Trastámara se hará con la Corona de Aragón, ya faltaba menos para la definitiva unión de Castilla y Aragón y el nacimiento de España, como hoy conocemos.

Mas info:

Historia de España de la Edad Media, Cood. Vicente Ángel Álvarez Palenzuela, Ed. Ariel, 2011.

La contraofensiva aragonesa en la Guerra de los dos Pedros, Antonio Gutiérrez de Velasco, 1963

https://historiaragon.com

 

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