La guerra de los cien años (1337-1453) en seis minutos.

A pesar del nombre acuñado por la historiografía en el siglo XIX, la guerra de los cien años, ni fue un conflicto continuado, ni duró cien años, ya que si contamos desde que estalló hasta que se resolvió pasaron 116 años. Intentar contarla en seis minutos es nuestro propósito.

Los contendientes antes de empezar.

Por un lado encontramos la Francia de principios del siglo XIV, sin duda el mayor poder de Europa Occidental. Aunque antes de empezar la guerra las cosas se empezaron a torcer, ya que la profecía que lanzó en la hoguera el templario Jaques de Moley, se acababa de cumplir con la muerte Carlos IV en 1328, dando por extinguida la dinastía de los Capetos. Mientras por otro lado, las revueltas en Flandes dejaron bien claro, la falta de renovación en su vetusta hueste feudal.

 

Al otro lado del Canal de la Mancha se encontraba una Inglaterra mucho menos poblada que Francia, además con continuos problemas con su vecino del norte, Escocia. Por si fuera poco el rey Eduardo II (1307-1327), está considerado uno de los peores reyes de la historia inglesa, por tener revueltas tuvo hasta la de su esposa la Reina Isabel. Pero al contrario que los franceses su suerte cambió en 1327 con la llegada al poder de su hijo Eduardo III, que restableció el orden interno y aprovechó la guerra contra Escocia para modernizar sus tropas.

Las causas de la guerra.

La historiografía las suele contemplar como complejas, dado los habituales problemas dinásticos entre las dos coronas. Pero dos se pueden considerar como los principales detonantes de la guerra. El primero de ellos el control de la Aquitania francesa, que a principios del siglo XIV estaba en poder de los ingleses. En aquellos momentos uno de los territorios más rentables de la Corona inglesa, gracias a la exportación de vino a través del Puerto de Burdeos.

El otro problema era la narrada sucesión de la dinastía de los Capetos. Dos eran los candidatos; Felipe de Valois primo del fallecido por parte de padre, y el rey de Inglaterra Eduardo III, Capeto por parte de madre. En un principio la línea sucesoria debía recaer en este último, pero no se hizo efectiva tras agarrarse los franceses a la ley sálica. Gracias a esta última Felipe de Valois se convirtió en Rey de Francia con el nombre de Felipe VI.

Solo faltó, que nueve años después el rey de Francia mandará intervenir a sus tropas en Guyena, como era conocido el Ducado de Aquitania. La respuesta no se hizo esperar, Eduardo III en virtud de sus derechos sucesorios declara la guerra a la Francia de Felipe VI.

Las fases de la guerra.

Inglaterra pone contra las cuerdas a Francia, (1338-1360).

La guerra comenzó con sorpresas, Inglaterra en vez de ir a liberar Aquitania se dirigió al norte de Francia. Lo primero que hizo fue controlar el Canal de la Mancha, utilizando su superioridad marítima. El siguiente paso fue desembarcar por Flandes tras aprovechar los problemas de Francia en dicho Condado.

Tras llegar al continente, los ingleses a pesar de contar con menor número de efectivos pusieron en marcha su mejor estrategia. Para luchar contra la poderosa, pero lenta caballería francesa, Inglaterra llevó a cabo improvisadas construcciones defensivas en suelo francés, al intentar cargar contra ellas los franceses eran abatidos mediante los ejércitos de arqueros ingleses. Esta táctica les reportó importantes victorias como la de Poitiers en 1356, batalla esta, donde comenzó la leyenda del Príncipe Negro, el hijo del Rey Eduardo III.

La batalla de Poitiers

A ello le debemos sumar los problemas internos que surgieron en Francia, como las revueltas campesinas de la Jacquerie, a las que se sumó la de la burguesía de París. De esta manera la monarquía francesa se vio abocada a acatar la primera tregua, con la firma de enormes pérdidas territoriales, (tratado de Brétigny en 1360), entre ellas la ampliación de Aquitania y el fin del vasallaje de esta con respecto a la Corona Francesa.

La guerra se extiende a la Península Ibérica.

Si en un principio Castilla había mirado la guerra entre Francia e Inglaterra desde la distancia, todo cambió tras la muerte de Alfonso XI. Su heredero Pedro I no contaba con el visto bueno de la nobleza castellana, que prefería e Enrique de Trastámara. Este último decide buscar el apoyo en el vecino francés, hecho que le vino bien al rey de Francia Carlos V, no en vano, tras la Paz de Brétigny no tenía trabajo para sus mercenarios. Así que en 1366 las tropas galas invaden Castilla y destronan a Pedro I.

La tumba del Príncipe Negro.

La respuesta de Pedro I fue pedir ayuda al rey inglés Eduardo III, este aludiendo a alianzas anteriores con los castellanos decide mandar a Castilla las tropas inglesas encabezadas por su propio hijo, el Príncipe Negro. La principal batalla tuvo lugar en Nájera y acabó con una contundente victoria de las tropas inglesas, las cuales devolvieron el trono de Castilla a Pedro I. Pero este no pagó el precio acordado para la ayuda y las tropas inglesas abandonaron Castilla, tras lo cual  Enrique de Trastámara recuperó el trono tras asesinar al propio Pedro I. El resultado fue un firme aliado para Francia en su disputa con Inglaterra, desde ese momento la potente flota castellana se puso al servicio de la corona francesa, para control del Canal de la Mancha.

Otra de las grandes coronas de la Península Ibérica tomará partido por Inglaterra. En concreto Portugal que pidió ayuda a los ingleses, tras el intento de anexión por parte de los Trastámara de Castilla de los territorios portugueses. Con la victoria en Aljubarrota (1385), los portugueses salvaron su independencia, tras la cual se convirtieron en aliados de Inglaterra.

Francia comienza a recuperarse del desastre de 1360.

La primera consecuencia de la ayuda de Castilla a Francia fue el control marítimo, en especial tras la victoria castellana en la batalla de La Rochela (1372). El mar se convirtió en principal aliado de los de franceses, ya que sus enemigos tuvieron mucho más difícil el acceso al continente.

La Batalla de la Rochela

Otro aspecto positivo se vendría a sumar en esta recuperación,  el cambio de táctica de las tropas francesas. Tras los resultados de los primeros años de clara superioridad en el campo de batalla de los ingleses, los franceses dirigidos por Bertrand Du Guesclin y su táctica de guerrillas desconcertaron al enemigo. De esta manera en el año 1380 el otrora gran Ducado de Aquitania se había convertido en una escasa franja de territorio, que unía su capital Burdeos con la costa atlántica.

El agotamiento llevó a continuas treguas.

Efectivamente la guerra comenzó a pasar sería factura entre los contendientes. Sin solución de continuidad, Carlos VI por Francia y Ricardo II por Inglaterra, se reúnen en Leulinghen en 1389. En la cartera llevaban acordar una tregua temporal, así poderse reponer y solucionar los graves problemas internos que acuciaban a las dos coronas.

Por un lado la Inglaterra de Ricardo II se hallaba literalmente en bancarrota. Para solucionarla, como siempre, la solución elevar los impuestos, lo que llevo al país a un continuo estado de protestas. Estas fueron aprovechadas por la familia Lancaster, con la ayuda de la aristocracia inglesa para alzarse con el poder, corría el año 1399 cuando Enrique IV de Inglaterra (1399-1413), se convertía en el primer rey de la Casa de Lancaster en Inglaterra.

Mosaico con la rosa de los Lancaster

En segundo lugar los franceses con un rey Carlos VI (1380-1422) de solo 12 años el día que subió al trono. Para más inri desequilibrado mental según las fuentes de la época. Este aspecto llevó al país francés a una lucha de poder entre diferentes facciones, entre ellas, dos familias destacaban por encima de todas; los Borgoña que intentaban emanciparse y conseguir su propio estado en el este de Francia, y los Armagnacs partidarios de que el hijo del Carlos VI sustituyera a su padre. La disputa fue aprovechada por Inglaterra para reanudar la contienda.

La doble monarquía de Inglaterra.

La situación francesa era un caramelo para Inglaterra. En 1415, es decir casi 35 años después de las últimas batallas en suelo francés, el nuevo rey de Inglaterra Enrique V (1413-1422) desembarcó en el norte de Francia. El encuentro con las tropas francesas se produjo en Azincourt y nuevamente la derrota en campo abierto de los franceses fue clara.

Pero la victoria más importante se llevó a cabo en los despachos. En el tratado firmado en Troyes (1420), por el rey de Inglaterra y los Borgoña que buscaban el apoyo de los primeros para su emancipación. El trato consistía en la boda del rey inglés con la hija del desequilibrado Carlos VI, tras la cual el rey de Inglaterra pasaría al primer puesto entre los sucesores del rey francés. Ante los acontecimientos el hijo de Carlos VI es obligado a abandonar París y refugiarse en el sur de Francia.

Tras lo cual los ingleses se hacen dueños del norte de Francia. Posteriormente tras la muerte de ambos reyes en 1422, un inglés en este caso el Duque de Bedford, como regente del hijo de Enrique V, se convierte en rey de Francia. La doble corona estaba en disposición de hacerse realidad y con ella el final de la guerra, pero quedaba un escollo, el joven Delfín Carlos de poco más de 20 años y refugiado en el sur de Francia.

El Delfín Carlos, que como Carlos VII vencerá en la guerra de los Cien Años.

La heroína de Francia, Juana de Arco, entra en acción.

El hecho ocurrió durante el asedio a la ciudad de Orleans por parte de los ingleses. De la cual parece que escapó Juana de Arco para decirle al Delfín Carlos que una voz celestial le había invitado a liberar Francia de los ingleses. El joven heredero no debía contar con muchas soluciones más, y decidió creer a la doncella de Orleans. De esta manera y junto a los restos de militares reclutados por el Delfín, Juana de Arco liberó Orleans, tras lo cual abrió un pasillo hasta Reims lugar de coronación de los reyes franceses, para que Carlos VII fuera coronado legítimo rey de Francia.

Dos años después con solo 19 años, Juana de Arco fue apresada por los borgoñeses y enviada a la hoguera. Pero no sin antes convertirse en la heroína que necesitaba el país galo. A partir de aquel momento Carlos VII se convirtió en el rey que precisaba Francia. Su tarea consistió en rehabilitar la administración francesa y modernizar el ejército, convirtiéndolo en profesional y dotándolo de los mejores avances en la nueva artillería del siglo XV.

Juana de Arco entrando en Orleans

El resultado fue la reconquista del territorio de Francia. Primero llegando a París y luego expulsando a los ingleses de la zona que había sido causa de la guerra más de un siglo antes. Con la toma de Burdeos por los franceses en 1453 se dio por finalizada la guerra de los Cien Años.

Las consecuencias.

Además del destrozo, saqueo y destrucción generalizada que cualquier guerra lleva consigo, en este caso principalmente en Francia. La guerra más larga que vio la Edad Media tuvo enormes repercusiones en el futuro. De ella surgieron dos estados, ya que si Francia e Inglaterra entraron en la misma como reinos feudales, durante la misma fueron cambiando sus estructuras internas. En especial la administración para fomentar la fiscalidad que debía pagar los nuevos ejércitos profesionales.

Tras este resumen que nos puede servir para contextualizar la guerra, os invito a conocer esta serie de artículos del blog historiae, que os servirán para ampliar diversos aspectos de la guerra de los cien  años:

historiaeweb.com

Imágenes: commons.wikimedia 

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