Dídimo y Veriniano, la última defensa de la Hispania Romana, ante los bárbaros.

Septimani Seniores Legio Comitatensis, unidad móvil del ejercito Tardoromano en una escaramuza en la Via Romana de “Capsacosta”, antiguamente llamada Vía Annia y era un ramal de la Vía Augusta. (imagen cedida por el grupo de recreación histórica Septimani Seniores, podéis conocerlos mejor en el siguiente enlace: SeptimaniSeniores)

Volvemos en Caminando por la Historia a un tema que nos encanta tratar, el siglo V en la Hispania Romana, sin duda uno de los más convulsos de toda la historia de la Península Ibérica. Pero también uno de los más desconocidos y apasionantes para su estudio, ya que intentar conocer los entresijos del cambio, del todopoderoso Imperio Romano, a una sociedad bajomedieval encarnada por los supuestos bárbaros, es sin duda un reto apasionante para la historiografía actual. Hoy nos detendremos en la historia de dos personajes poco conocidos, Dídimo y Veriniano, en su intento de protección de las fronteras pirenaicas ante la inexorable llegada de las tribus germanas.

Contexto histórico.

Nos remontamos al año 407, para observar como grandes grupos de suevos, vándalos, o alanos, entre otros, atraviesan la Galia arrasando todo a su paso ante la mirada impasible del Imperio romano. En aquellos momentos este último se hallaba partido en dos y concretamente en la parte occidental se encontraba en manos de un joven de 23 años, Honorio, hijo del Emperador hispano Teodosio al cual os invito a conocer un poco mejor en el siguiente artículo: teodosio

El desconcierto producido por los bárbaros fue aprovechado por el ejército asentado en Britania, para nombrar emperador a Constantino III, un militar de bajo perfil al que solo se le puede reconocer como positivo, llevar el mismo nombre del gran Constantino el Grande. A pesar de ello sus primeras decisiones parece ser que fueron acertadas, ya que cruzó el Canal de la Mancha a principios del año 407 para contener los primeros avances bárbaros desde las fronteras del limes. Tras ello comienza a formar los mimbres políticos para asentarse como emperador occidental. Para dar mayor empaque a su conquista de la Galia, nombra a Geroncio magister militum y a su hijo Constante lo nombra heredero, con el título de César.

Honorio
Honorio

Tras ello Constantino III pone su mirada en Hispania, la patria del padre de su rival, Honorio. Sin duda su control le era necesario para desbancar a este último de su trono imperial. Sus primeras decisiones de cara a la provincia hispana, fueron acabar con los cargos políticos afines a Honorio, sustituyéndolos por hombres de su confianza, a los cuales Orosio, la principal fuente de la época, los denominó “iudices”. Pero Honorio seguía contando en Hispania con el favor de gran parte de la alta aristocracia, dispuestos a defender mediante las armas los intereses de su emperador romano. A partir de aquí, en las fuentes de la época aparecen varios nombres; entre ellos, Logodio o Teodosiolo, pero los más destacados son los personajes presentados en el título de hoy.

 

Dídimo y Veriniano entran en acción.

Es preciso recordar la falta de fuentes que tratan el periodo en cuestión, y las pocas que existen son a veces muy imprecisas. Entre ellas la principal, como ha quedado dicho es Paulo Orosio, un sacerdote viajero, e historiador nacido posiblemente en Braga, que nos presenta a estos personajes en su obra “Historia contra los paganos”:

“Constantino envió a las Hispanias gobernadores (iudices): como las provincias los hubieran aceptado obedientemente, dos jóvenes hermanos, nobles y ricos propietarios, se dispusieron no a asumir la tiranía frente al tirano, sino a protegerse a sí mismos y a su patria contra el tirano y los bárbaros en beneficio del emperador legítimo, lo que quedó patente por el mismo orden de los hechos”

Si bien Zósimo, otro de los historiadores de la época, en este caso griego y de finales del siglo V, se decanta por que los ejércitos hispanos de la provincia de Lusitania, se pusieron al servicio de Dídimo y Veriniano.  La mayor parte de la historiografía pone en duda esta apreciación, ya que estas mermadas legiones hispanas entre ellas la Legión VII Gémina con sede en León, posiblemente habían abandonado Hispania al reclamo de Estilicón. El general romano de origen vándalo, los debió reclamar para la lucha en otras zonas del Imperio, posiblemente en la defensa de la zona de Italia.

Acueducto del cuartel de la Legión VII Gémina en León
Acueducto del cuartel de la Legión VII Gémina en León

Por lo que los hermanos hispanos decididos a contener al usurpador Constantino III, deciden hacerse con su propio ejército. El reclutamiento debió tener dos fuentes principales, por un lado las milicias locales, en muchos casos antiguos legionarios que se ocupaban del control de las ciudades hispanas, y por el otro sus propios hombres, ya fueran esclavos u hombres libres dedicados al campo. Aunque tampoco está claro, se especula con que Mérida se convirtió en ese año 407 en sede del poder hispano. El gran prestigio de su familia, emparentada con el propio Honorio sirvió de acicate para que los ciudadanos se fueran uniendo al proyecto de Dídimo y Veriniano. Tras el reclutamiento emprendieron camino hacia los angostos pasos pirenaicos con la misión de protegerlos de la entrada tanto de bárbaros como de los ejércitos de Constante, propósito este, que parece ser que nunca consiguieron.

Panoplia soldado romano finales siglo IV, (imagen cedida por Septimani Seniores)
Panoplia soldado romano finales siglo IV, (imagen cedida por Septimani Seniores)

La respuesta de Constantino III.

Ante el revuelo, el usurpador britano que no podía consentir un poder fuerte que le restase protagonismo en el Imperio Occidental, decide dar un golpe de efecto. En primer lugar se dispuso a cambiar de residencia, instalándose en Arlés, la capital de la prefectura de la galias, que geográficamente le permitía cortar el camino por tierra entre Hispania y el emperador Honorio instalado en Rávena. Después manda hacia Hispania a su hijo Constante junto, entre otros, al general Geroncio. Ambos e instalan en Caesaraugusta  para combatir desde  esa ciudad la llegada de las tropas de Dídimo y Veriniano, para lo cual contaron con la ayuda de algunas tropas federadas de bárbaros, el precio que pagó como veremos fue excesivamente alto.

Paulo Orosio, la principal fuente de la época
Paulo Orosio, la principal fuente de la época

De ser ciertas algunas conjeturas extraídas de Orosio; Geroncio y Constante llegaron a Hispania con la clara misión de acabar con los hermanos hispanos. Desafortunadamente no existen fuentes que nos lleven a conocer el enfrentamiento directo, por lo tanto desconocemos si fueron vencidos en el campo de batalla o bien hechos prisioneros en plena fase de preparación de la expedición. Lo cierto es que Constante fue el encargado de conducir a Dídimo y Veriniano junto a sus esposas a Arlés, para ser puestos a disposición de Constantino III, el cual decidió su ejecución.

Consecuencias de la derrota de Dídimo y Veriniano.

Es indudable que fue la última oportunidad de Hispania de librarse de la incursión de los bárbaros en los territorios de la rica provincia romana. Tras estos hechos, Geroncio, el general al mando de la misión hispana, decide caminar por su cuenta.  En primer lugar acabó nombrando emperador a un tal Máximo, colocándolo  en la sede de Tarraco, curiosamente la única que tras la entrada de los bárbaros nos quedó bajo el dominio de estos. Además de ello, reeditó su pacto con los “honoroci” para protegerse de Constantino III,  lo que supuso la llegada definitiva de suevos, vándalos y alanos a la Península Ibérica a través de los pasos libres que dejaron las tropas de Geroncio en los valles pirenaicos. Fue el principio del fin de la provincia  Hispana y del largo y agónico siglo V.

Este artículo está dedicado a Federico Romero Díaz, historiador, bloguero y escritor, y sobre todo un gran tipo.  Os invito a que lo conozcáis un poco mejor en su blog: historiayromaantigua. Aquel día en Madrid surgió el comentario sobre estos dos personajes poco conocidos, gracias amigo por tus lecciones.

Más info:

Historia antigua de la Península Ibérica, J. J. Sayás y M. Abad, Ed. UNED, 2013.

revistas.ucm

 

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