Viaje a Samarcanda de la mano de González Clavijo el Marco Polo español.

Los que conocéis Caminando por la Historia, habréis comprobado mi inclinación a escribir solo sobre los lugares que visito. Pero los que me acompañen en este viaje a Samarcanda, no van a conocer lugares históricos de mi propia experiencia, sino que van a ser participes de mi viaje soñado. Todo ello gracias de uno de los grandes viajeros medievales.

La literatura de viajes tuvo su máximo esplendor entre los siglos XIV y XV de la Edad Media. El caso más conocido es Marco Polo, el denominado primer viajero medieval, pero posiblemente el más espectacular fue el árabe Ibn Battuta. Finalmente entre los españoles el pionero será nuestro personaje, Ruy González Clavijo, con su célebre libro Embajada en Tamorlán, que por supuesto está basado en su experiencia personal.

Manuscrito de La Embajada a Tamorlán.

Los personajes.

Antes de narrar mi viaje soñado y de la compañía del primer viajero medieval español, es necesario conocer a los principales impulsores del mismo.

Enrique III de Castilla.

Reinó en Castilla entre 1390 y 1406.  Su frágil salud, murió con solo 27 años,  no le dejó acometer sus grandes empresas. Entre ellas la más importante la conquista de Granada y la expulsión de los musulmanes de la península. Este hecho, junto a su visión de construir una gran flota castellana, fueron dos motivos de los motivos por los que aleccionó a González Clavijo a visitar al Gran Kan.

Tamerlán.

Era el sobrenombre de Amir Temur. El más grande de los conquistadores mongoles desde el gran Gengis Kan. A finales del siglo XIV reúne para su gran Imperio Timúrida, gran parte de los territorios de Asia Central y Oriente Próximo. Así mismo llegó hasta la India, China y  controló gran parte del Kanato de la Horda de Oro, lo que hoy en día, sería la parte más meridional de Rusia. En otras palabras fue el mayor rival que tuvo el Imperio Otomano, en su afán de acabar con Constantinopla. Esta ciudad en realidad,  era el último bastión del otrora gran Imperio Bizantino, y por cierto último reducto cristiano de Oriente.

Este último punto, posiblemente sea el mayor motivo de que Enrique III enviara  un emisario a Samarcanda. Su intención no era otra, que impulsar una coalición para acabar con el peligroso Imperio Otomano, el cual llevaba tiempo presionado las puertas del cristianismo en la Europa Oriental.

Ruy González Clavijo.

El elegido para tal menester fue el camarero real de Enrique III. Antes de que podamos pensar lo que no es… Dicho oficio era uno de los más importante en la corte reales medievales. En concreto se ocupaban de todo lo necesario en la Cámara privada del rey, por lo tanto eran criados de lujo y  para lo cual necesitaban el titulo de Grande de Castilla. En consecuencia Ruy González Clavijo era uno de los nobles mejor preparados para acometer dicha aventura.

Así será como el  21 de mayo de 1403 parta desde El Puerto de Santa María nuestro personaje. En este caso acompañado entre otros; por un guardia real, Gómez de Salazar,  y un sacerdote experto en teología, Alonso Páez de Santa María.

El resto del relato navegará entre la Edad Media y la actualidad.  Así que intentaré compaginar, lo que estos personajes se pudieron encontrar, junto al deseo del suscribe, por conocer estos sitios con historia.

Gaeta.

La primera gran parada de la expedición, tras las de rigor en Málaga o en las Baleares, tuvo lugar en Gaeta. Hay que mencionar que era la denominada “puerta de Nápoles”, dicho apelativo le vino condicionado por ser la localidad costera más al norte del  Reino medieval de Nápoles. Así mismo hay que destacar, que se hallaba en manos de los reyes franceses de la Casa de Anjou.

Gaeta estaba considerado uno de los puertos mediterráneos más importantes de la Edad Media. Dado que dio alguno de los navegantes más importantes de dicha época.  En concreto  Juan Cabot, nacido medio siglo después que pasara por allí González Clavijo, y que resultó ser el primer europeo en llegar a Terranova. Evidentemente con el permiso de los vikingos.

En la actualidad es uno de los múltiples pueblos mediterráneos, que combinan perfectamente el turismo de costa con su rico pasado histórico, en este caso medieval.

Messina.

Tras recorrer la costa del Reino de Nápoles, la siguiente parada y tras varias vicisitudes fue en Messina. Esta ciudad frente al estrecho del mismo nombre y que le separa del continente fue fundada por los griegos. Cuando llegaron allí nuestros protagonistas, la ciudad pertenecía al Reino Medieval de Sicilia, en este caso en manos de los reyes de la Corona de Aragón. Este hecho fue posible por la reclamación de los derechos sucesorios de la esposa de Pedro III el Grande, a los que se sumó los incidentes de las vísperas sicilianas. Dichos acontecimientos tuvieron lugar un siglo antes de la llegada de González Clavijo y su séquito y fueron el preludio del dominio español en el sur de Italia durante los siglos siguientes.

Las ciudad era tristemente conocida como una de las posibles entradas del la Peste Negra en 1347, la cual podemos recordar como la más cruel plaga, sufrida por la población europea.

Hoy en día Messina sigue trabajando por recuperar su espectacular pasado histórico. Teniendo en cuenta su terrible siglo XX, que comenzó con un devastador terremoto seguido de un tsunami. Entre ambos y en la navidades de 1908 dejaron más de 60.000 muertos. Para postre los bombardeos norteamericanos durante la 2ª Guerra Mundial.

A pesar de todo, las restauraciones posteriores han dejado estampas como la de su espectacular Catedral. Además el viajero histórico, no deberá perderse los ricos  yacimientos griegos y romanos diseminados por la isla Siciliana.

Constantinopla.

Tras cortas paradas en el Peloponeso y en la isla de Rodas, nuestros aventureros se dirigieron, a la que en mi opinión, es la ciudad más codiciada de la historia. Por cierto, cualquier cosa que escriba sobre ella se quedará corta.

La ciudad fue fundada por el emperador romano Constantino en el año 324, y construida sobre las ruinas de Bizancio. Definitivamente su estratégica posición entre oriente y occidente y la puerta de entrada al Mar Negro, le marcarán durante toda su historia.

Por lo que respecta a la época en la que llegó González Clavijo, destacar que la capital del Imperio Bizantino era prácticamente una isla en medio del Imperio Otomano. De ahí que el emperador Manuel II Paleólogo, recibiera a nuestro personaje como un héroe, ya que sabía que en el éxito de la misión castellana residían gran parte de las oportunidades de supervivencia de Constantinopla.

En el presente aquella vieja Constantinopla reside en el interior de Estambul. Definitivamente esta última, se ha convertido en una de las ciudades más grandes del mundo, situada a caballo entre Europa y Asia. Lo que puede ver un turista histórico en esta ciudad, tampoco tendría cabida en un solo artículo, ya que se ha convertido en uno de los mayores focos culturales del mundo. Por lo tanto solo quiero dejar constancia de un sueño personal, desde que comencé a estudiar historia. En concreto la visita a Santa Sofía, lugar de paso de las más importantes religiones del mundo, y desde 1935 convertida en museo donde mostrar el pasado de las mismas.

Trebisonda.

Tras varios meses en la capital bizantina, el séquito prosigue el camino adentrándose en el Mar Negro. A continuación y tras bordear la costa meridional del mismo, llegan a Trebisonda, capital del imperio del mismo nombre.

El pequeño Imperio de Trebisonda se fundó en 1204 coincidiendo con la época más vulnerable del Imperio Bizantino, en plena lucha contra los cruzados católicos. Fue fundado por la dinastía Comneno, y por lo tanto se convertirá en un calco de su hermano mayor Bizancio. A pesar de encontrarse totalmente aislado y rodeado por los turcos, consiguió subsistir más de dos siglos y medio. Esto fue posible debido al apoyo de los mongoles, que favorecieron su puerto en el Mar Negro, para el tránsito de la Ruta de la Seda.

Dicho puerto y ciudad fueron los elegidos por González Clavijo para abandonar la ruta marítima. A partir de ese momento y ayudado por los cristianos ortodoxos se adentrarán en la Península de Anatolia, para proseguir  por las tierras previamente conquistadas por el Gran Tamerlán.

Hoy día la localidad de Trebisonda pertenece a Turquía. Uno de los puntos más destacables, y posiblemente zona de paso de nuestros viajeros medievales, es el Monasterio de Sumela.  Este se encuentra encaramado a más de 1.200 metros en las montañas del sur de la ciudad de Trebisonda. Hay que mencionar además que fue fundado en el año 386, en honor a la Virgen María, y a pertenecido durante toda su historia al la congregación ortodoxa. Su época de más esplendor durante el Imperio de Trebisonda, pero respetados tras la conquista por los sultanes turcos.

Monte Ararat.

Uno de los primeros lugares, pertenecientes  al Imperio de Talmerlán por los cuales discurrió el séquito. El Monte Ararat está considerado uno de los lugares más sagrados de la Tierra. No en vano es el elegido por las principales religiones monoteístas, por ser el lugar donde descansan los restos de la mítica arca de Noé. Este hecho es puesto de manifiesto por escritores como Javier Sierra, que incluso se atrevió a escalar gran parte de sus 5.165 metros en su busca.

Misticismo aparte, el Monte Ararat es el símbolo de Armenia y visible prácticamente desde todos los puntos del país. Por otra parte podemos destacar que estamos ante un paraíso para cualquier viajero histórico. Ya que este país ha sido cuna de míticos imperios como el Hitita o el desconocido Mitanni. Además puede alardear de ser el primer país del mundo en adoptar como religión oficial el cristianismo, este hecho tuvo lugar durante la ocupación romana.

Tabriz.

Se conoce su existencia desde el siglo VIII aC. Ya que fue nombrada por uno de los reyes asirios más importantes, en concreto Sargón II. Situada en la mítica Ruta de la Seda, motivo por el cual será conocida por los grandes viajeros desde los tiempos remotos.

Posiblemente nuestros protagonistas llegaron a ella guiados por la descripción de Marco Polo. El más célebre de los viajeros medievales, la describió como una de las más bellas ciudades de la Ruta de la Seda. Además rodeada de exuberantes jardines y  provista de mercancías de todos los rincones conocidos.

En el presente se ha convertido en una de las ciudades más prosperas y modernas de Irán, en la cual viven más de dos millones de personas. Su principal atracción para el visitante reside en su pasado histórico. Me estoy refiriendo a su bazar, que aunque su origen sea incierto, se convirtió en uno de las más importantes de la Ruta de la Seda. Por dicho motivo fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2010.

Por la ruta de la Seda.

Desde Tabriz hasta su destino final en Samarcanda, nuestros viajeros seguirán la Ruta de la Seda. Fue una de las partes menos peligrosas del camino, ya que serán acogidos en todas las pequeñas poblaciones como los invitados del Gran Kan Tamerlán. Pero también de las más duras debido al calor que debieron pasar, que les llevó a diezmar el séquito con la muerte entre otros de Gómez de Salazar.

Imagen actual, que nos recuerda perfectamente la visión de la mítica ruta de la Seda

En este trayecto pasaron por diferentes poblaciones nacidas al albor de la ruta más célebre de la historia. Muchas de ellas pequeñas aldeas, sin ir más lejos una de ellas fue Teherán. Descrita por González Clavijo como tal, y hoy convertida en la capital de Irán, con más de ocho millones de personas. Finalmente tras 465 días González Clavijo y sus acompañantes, junto a la caravana de obsequios, llegan a su destino la capital del Imperio Timúrida.

Samarcanda.

Cuando llegaron nuestros viajeros a Samarcanda, esta era la ciudad más próspera de la ruta de la seda. Todo ello gracias a la conquista de la misma por Tamerlán en el año 1370, y a su decisión de convertirla en capital del Imperio Timúrida. Según el propio González Clavijo llegaban gentes de todos los rincones, viajeros, comerciantes y en especial artistas de la más amplia gama. Durante el periodo de dicho Imperio, la ciudad por la que habían pasado conquistadores como el mismísimo Alejandro Magno, se llenó de nuevas y destacadas edificaciones.

Así mismo fueron recibidos con todo tipo de festejos por el propio Tamerlán, convirtiéndose en sus más destacados huéspedes. Aunque poco les durará esta condición, ya que poco después son invitados a abandonar la ciudad, ante la intención de la Gran Kan de invadir China. Por otro lado destacar que de poco les sirvió la visita, ya que  solo un par de meses después y camino de China, Tamerlán encontrará la muerte. Esta será el inicio del declive del Imperio Timúrida y por ende el ascenso de mayor rival de los reinos cristianos de Oriente, en concreto en Imperio Turco que pronto se hará con Constantinopla y los Balcanes.

Hoy día Samarcanda es la segunda ciudad más importante del joven país de Uzbekistán. Además está considerada una de las ciudades más antiguas del mundo con más de 2.700 años de historia. A pesar de lo cual la visita nos transportará definitivamente a la época del Gran Tamerlán, artífice de la mayor parte de los monumentos de esta ciudad, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad a principios del siglo XXI. Por cierto en los alrededores del Registán, la plaza pública, se encuentran todavía gran cantidad de artistas herederos de las tradiciones antiguas, entre ellos bordadores de oro, ceramistas o pintores.

Hasta aquí el viaje a Samarcanda de la mano de González Clavijo y su libro Embajada a Tamorlán. Para mí el inicio de un propósito, y si alguno pretende acompañarme lo primero que debe hacer es compartir esta historia.

Imágenes: flickr / pixabay

Mas info: En el Nº 590 de Historia y Vida, pag; 58-67

Deja un comentario