La rocambolesca historia del descubrimiento del Tesoro de Villena.

Nos trasladamos a la ciudad alicantina de Villena y concretamente al año 1963, ese año una serie de sucesos llevan al descubrimiento del tesoro prehistórico más importante de Europa Occidental.

José María Soler García.

Antes de nada, debemos conocer al verdadero artífice de hoy día podamos asombrarnos con tan espectacular tesoro. José María Soler nació en la misma Villena en 1905, como el mismo relata, pudo llegar a ser uno más de los músicos valencianos o incluso bailarín, pero la arqueología se cruzo en su camino.

A la edad de 12 años ya tenía su plaza como repartidor de correos, tras lo cual tuvo que emigrar a Madrid para ejercer la profesión. Posiblemente gracias a su tiempo libre se comenzó a interesar por los primeros libros de prehistoria, además de acudir a museos para contemplar aquellas piezas de sílex, que aparecían en los mismos. Pero el verdadero punto de inflexión se produjo tras su vuelta a Villena, ya que junto a algunos amigos se dedica a la búsqueda de yacimientos arqueológicos. No en vano varios años antes había pasado por allí, Juan Vilanova, uno de los padres de los estudios prehistóricos en España, tras la pista del yacimiento de Cabezo Redondo.

José Maria Soler con el Tesoro de Villena

La zona de Villena demostró ser un verdadero laboratorio para conocer la prehistoria. Los primeros moradores llegaron hace unos 50.000 años, con tecnología musteriense, pero además en las numerosas cuevas de la zona existe constancia de diferentes culturas como magdalenienses, las mesolíticas, y así hasta la Edad de Bronce. Fueron años de muchos descubrimientos que a punto estuvieron de truncarse tras el paso de José María Soler por el ejército republicano y la posterior cárcel. Pero afortunadamente esta última no ocupó demasiado tiempo en la vida de nuestro personaje.

Tras la guerra civil se tuvo que ganar la vida con múltiples empleos, pero sin abandonar su vocación. En dicho periodo continuó las excavaciones y publicó sus primeros libros, además de inaugurar en 1957 el Museo Arqueológico de Villena, un lugar donde depositar todos los materiales recuperados. Aunque evidentemente lo mejor estaba por llegar aquel año 1963

El curioso descubrimiento.

Nada más comenzar la primavera de 1963, unos canteros de Villena se hallaban trabajando en la zona conocida Cabecicos, a escasos 4 kilómetros al este del centro de la población, su cometido la extracción de yeso. A los pocos días llega al joyero del pueblo uno de dichos canteros, en sus manos dos extraños brazaletes de oro puro. Tras lo cual la llamada a José María Soler no se hace esperar.

Los días siguientes y siguiendo las instrucciones del cantero, son hallados en la zona, varios colgantes, pendientes, brazaletes, un collar y diferentes pequeñas piezas de oro algunas incluso sin fundir. En total 35 piezas de oro con un peso conjunto de 147 gramos, los cuales componen el denominado Tesorillo del Cabezo. Sin duda un espectacular hallazgo. Muy cerca del mismo se halló la tumba de un niño, este motivo ha llevado a especular que el tesoro fuera el ajuar funerario del mismo.

El tesorillo del Cabezo

Pero nada de lo relatado hacía presagiar lo que sucedería tras el verano de 1963 en Villena.  La tarde del 23 de octubre sonó el teléfono en casa de José María Soler, al otro lado del hilo telefónico el mismo joyero al que meses antes habían llevado el brazalete del tesorillo del Cabezo. En este caso para comunicar que una mujer le acaba de llevar un brazalete de oro que pesaba medio kilo. Con la mayor celeridad posible el arqueólogo se presentó en la joyería para indagar la procedencia del mimo. La respuesta de la mujer fue que su marido, albañil de profesión, la había encontrado en la obra que estaban realizando.

Por más que se tiró de los hilos en los días siguientes, no se consiguió saber la procedencia del mismo. Es más en realidad la declaración del albañil escondía alguna mentira, ya que días después saldría la versión oficial.

La verdad sale a la luz.

Unos días después, otra llamada del joyero, en esta caso tras haberle llegado otro brazalete  aunque en este caso de menor tamaño. Pero detrás del mismo otra rocambolesca historia. Una mujer y su marido transportista llevaron la pieza a vender al joyero, aduciendo que era motivo de la herencia de la abuela de la primera. Era evidente que la mentira tenía las patas muy cortas, y ante el temor de acabar en el juzgado acabaron confesando la verdad.

El transportista era el encargado de llevar la arena desde una rambla cercana a Villena,  a la obra del albañil anterior. En  uno de los viajes descubrió el brazalete de menor tamaño que acabó en su bolsillo. No así el brazalete de mayor valor que en otro de los viajes acabó en la obra anteriormente descrita. Allí un albañil creyendo que era el cojinete del camión, lo dejo colgado de un cordel, ante lo que nuestro primer personaje aprovechó la ocasión para llevárselo.

El tesoro en la vasija

Tras descifrar la rocambolesca historia, ya solo faltaba acudir al lugar descrito por el transportista. Así de esta manera el 30 de noviembre de 1963, José María Soler y sus compañeros acudieron a la rambla situada unos 8 kilómetros al norte de Villena. Tras las indicaciones del camionero empezó la búsqueda, aunque esta no surgió efecto hasta las cinco de la tarde del día 1 de diciembre. En ese momento la azada de Pedro Domenech descubría un par de brazaletes más y a continuación una vasija con gran parte del tesoro en su interior.

El tesoro de Villena.

Exponer una detallada lista de lo que se localizó en el interior de aquella vasija puede estar fuera de lugar. Simplemente para hacernos una idea el peso total casi llegaba a los 10 kilos, tenía 28 brazaletes y 113 cuencos todos ellos de oro, pero no estaban solos, ya que junto a ellos aparecieron otros objetos que han despertado la curiosidad.

Es realmente llamativo que en un tesoro relleno de oro y plata, las piezas que llame más la atención sean dos de hierro. Evidentemente tiene su explicación, ya que estas dos pequeñas piezas, que a ciencia cierta se desconoce su utilidad, están catalogadas como los restos más antiguos del uso del hierro en la Península Ibérica. Además también son las piezas que más han hecho dudar para el establecimiento de la datación del tesoro. De ser correcta la hipótesis planteada por José María Soler, podemos estar hablando de unos 1.000 aC. y por lo tanto adelantarse en más de dos siglos a la llegada de los primeros artesanos del hierro en la Península. Junto a esta, podíamos hallar decenas de especulaciones más, en cuanto a la procedencia, datación, propiedad y un amplio etcétera, ya que algunas siguen siendo una verdadera incógnita.

En el aspecto que existe un mayor consenso sería en asignar el hallazgo a las postrimerías de la Cultura Argárica de la Edad del Bronce. Esta es una de las primeras culturas en las que la arqueología demuestra una clara distinción de clases, incluso especulando la posibilidad de autenticas dinastías de aristócratas guerreros. Una de sus principales características los ricos ajuares con que enterraban a sus muertos, por lo tanto el hallazgo de los tesoros de Villena, no viene más que a refrendar esta hipótesis.

El tesoro hoy día.

En primer lugar destacar que existen dos copias, las cuales son usadas en distintas exposiciones. El motivo no es otro que preservar el original, este último se expone en el Museo Arqueológico de Villena, que lleva por nombre el de su promotor José María Soler García. Es evidente las medidas de seguridad del mismo, ya que sin ir más lejos, su precio al peso puede superar los 300.000 euros. Es evidente que su valor histórico es incalculable.

Mas info: cervantesvirtual

Imágenes: commons.wikimedia

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