Los siete pecados “capitales” que llevaron a la hoguera a Jacques de Molay.

El día 18 de marzo de 1314 mientras Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple, ardía en la hoguera instalada frente a la catedral gótica de Notre Dame, no muy lejos de allí, el rey de Francia Felipe IV respiraba aliviado.  Sin duda un grave error como se demostraría poco tiempo después.

El juicio contra los Templarios.

Todo comenzó seis años antes, después del verano de 1307, el rey de Francia instó a su consejero Guillermo de Nogaret a que buscará los entresijos para poder condenar al Gran Maestre. Era evidente que detrás de esta inquietud existía un motivo económico, las deudas contraídas por el rey con los Templarios eran desorbitadas, y como estos solo debían rendir cuentas al Papa, o acababa con ellos, o la deuda se convertiría en su tumba.

Recreación animada de Felipe IV de Francia
Recreación animada de Felipe IV de Francia

El cometido era claro los templarios debían ser juzgados por sus pecados, y así el Papa les levantaría su protección. Aunque la lista de acusaciones parece ser que fue muy extensa, la podemos sintetizarla en los “siete pecados capitales de los Templarios” aduciendo a la célebre cifra de los vicios que todo buen cristiano debía eludir, por cierto con curiosas coincidencias.

Los siete pecados.

  1. Los templarios fueron acusados de tener una alianza con el diablo para obtener las riquezas, es decir ya encontramos la primera de las coincidencias con los siete pecados capitales, exactamente la avaricia. Que Felipe IV se atreviera a acusar a los templarios de avaros tiene su morbo, ya que fue el rey que estafó a su pueblo mediante la alteración de las aleaciones de las monedas, con tal de sanear sus paupérrimas finanzas.
  2. Profesar culto a Satán, concretamente en la figura de Baphomet, un ser mitológico con patas y cabeza de cabra, dotado de grandes alas negras. No se conoce a ciencia cierta cómo Felipe IV encontró relación entre los templarios y dicho ser mitológico. Es más, dicho ser parecer surgir en la mitología tras el proceso contra los Templarios, algunos simplemente lo relacionan con Mahoma, ya que el rey francés pudo aprovechar el paso de Jacques de Molay y los suyos por los territorios del islam, para asignarles este culto herético a sus acérrimos enemigos. El resto las continuas torturas para sonsacarles la declaración de que adoraban al desconocido hasta entonces Baphomet.

    Bapthomet
    Bapthomet
  3. De lujuria desenfrenada, volvemos a encontrarnos ante otro de los pecados capitales. Pero en este caso agravado con la acusación de que para mitigarla se convirtieron en homosexuales, un verdadero escándalo para la iglesia medieval. Bueno y para la de hoy día, algunas cosas no han cambiado tanto. Para conseguir las pruebas acusatorias, Guillermo de Nogaret acudió a las temerosas bases templarías para que corroboraran tan “enorme pecado”.
  4. Negación de los sacramentos, sin duda una de las acusaciones más graves, ya que intentaba poner al pueblo contra los Templarios. Al ser acusados de no ejercer en sus ceremonias con el rito cristiano de consagración de los sacramentos, les acusaban directamente de falsos. Hay que imaginar que podía pensar una viuda que su marido había sido enterrado sin el perdón de Dios, por la falta de esta consagración tras aplicarle la extremaunción un templario. Pero además este supuesto pecado equiparaba a los templarios con los cátaros, los grandes enemigos de los franceses en el sur de Francia.
  5. Besarse en la boca y en el culo, seguimos con la lujuria e indecencia. Aunque por cierto ambas actos eran verdad, ya que los caballeros del Temple juntaban sus labios como señal de iniciación, el motivo trasmitirse el aliento sagrado remitido en las antiguas escrituras. El otro beso, donde la espalda pierde su nombre, parece ser que no era tan habitual, pero también era parte del proceso iniciático de los templarios, en este caso como el lugar donde se juntaban las chacras el cuerpo según algunas tradiciones orientales.
  6. Escupir sobre la cruz, siguiendo con el rito de iniciación de los novicios templarios, encontramos que supuestamente eran obligados por sus superiores a escupir sobre el símbolo de los cristianos. Un acto que bien podía ser una prueba de obediencia después de la promesa del nuevo integrante de acatar todas las órdenes de sus superiores. Realmente es un hecho que siempre ha levantado grandes dudas de que fuera cierto, ya que se hacía en la completa intimidad. Pero que de nuevo tras las declaraciones de las capas más bajas de la sociedad Templaria sirvió de pretexto al rey, y a Nogaret para lanzarles la acusación.
  7. Renunciar a Cristo, si uno lo había hecho es que todos podían hacerlo. Es decir Nogaret se agarró a lo sucedido con Tomás de Berault el Maestre del Temple que quedó atrapado por los musulmanes durante el refugio de los cristianos en San Juan de Acre. Su única oportunidad para ser puesto en libertad pasaba por renunciar a Cristo, cosa que hizo a continuación.

El final de Jacques de Molay.

Como podemos observar Guillermo de Nogaret elaboró una lista con “gravísimos pecados”. El siguiente paso fue presentárselos al Papa Clemente V, el primer Papa que se instaló en el palacio de Aviñón y un auténtico títere en manos del rey de Francia. Este aspecto es discutido en la actualidad debido a la localización del Pergamino de Chinon,  escrito en el mes de agosto de 1308 por dicho Papa y en el cual exonera a Jacques de Molay, y por ende a los templarios de sus pecados.

Replica del pergamino de Chinon, el verdadero se expone en los Museos Vaticanos

A pesar de lo cual el denominado Proceso contra los Templarios siguió su curso. Casi seis años de torturas, persecuciones, interrogatorios y vejaciones, fueron poco a poco minando la moral del Maestre de la Orden y de sus más allegados colaboradores. Era evidente el final que les esperaba.

Es de sobras conocida la maldición que lanzó Jacques de Molay, así como su cumplimento, en menos de un año tras la muerte del Maestre, fallecieron en extrañas circunstancias los tres, Papa, Rey y consejero. Pero además solo catorce años después, tras la muerte de Carlos IV, se extinguía la Dinastía de los Capetos, lanzando a Francia contra la interminable Guerra de los Cien Años. (os invito a conocer más detalles de esta en siguiente artículo)

El último salto en el tiempo nos lleva al 21 de enero de 1793, es decir casi cinco siglos después del supuesto fin de los Templarios. Ese día mientras la guillotina de la Revolución francesa caía sobre el cuello del último Borbón francés, Luis XVI. Un grito surgió en medio de la gente; “Jacques de Molay, ahora sí ya has sido vengado”. El espíritu de la Orden del Temple seguía allí, e incluso posiblemente encabezando revoluciones o luchando por los derechos humanos.

Una pequeña reflexión

No quiero concluir sin haceros participe de un asunto que me ronda la cabeza cada vez que leo algo sobre los templarios. Por un lado convertidos, tras su triste final, en uno de los símbolos de la Edad Media como defensores del cristianismo y al lado de los más débiles, lugares donde especialmente la literatura nos lo han colocado. Pero, ¿qué decir de las fortunas que amasaban? Hoy día somos muchos los que dudamos de la bondad del Capitalismo, ¿Quién os parece que representaba el capitalismo medieval? No sé, pero posiblemente no soy el único que vislumbra una cruz patada, en la pechera de cualquiera de los asistentes al Foro de Davos, y sinceramente no se qué pensar. ¿Qué os parece a vosotros?

Jaime I el Conquistador, así se gestó el rey Templario.

Hoy nos encontramos ante la historia de unos de los reyes más importantes de la Corona de Aragón. Podemos decir que además fue uno de los más conocidos, tanto por ser el más longevo en el cargo, con más de 60 años en el mismo, como uno de los mayores conquistadores entre los reyes aragoneses. A pesar de lo cual su valoración histórica se reparte entre los que le culpan de la extraña línea fronteriza que hoy separa las comunidades de Cataluña y Aragón, y los que le alaban como el fundador de los reinos cristianos de Valencia y Mallorca.

El extraño engaño que propició el nacimiento de Jaime I

La historia de nuestro personaje comienza en la primavera del año 1207, con el rey Pedro II camino del Castillo de Miraval situado en la Occitania, durante el periodo que esta perteneció a la Corona de Aragón. El motivo del viaje encontrase con alguna de las doncellas occitanas, con las cuales solía tener encuentros amorosos, debido a su nula convivencia con la reina María de Montpelier. Pero la trampa está servida por la nobleza, sobre el lecho se encontraba la reina, la necesidad de un heredero de la Casa de Aragón bien valía la treta. Según la tradición el rey cayó en el engaño, y nueve meses después en Montpelier nacía un niño muy rubio y con ojos claros.

La elección del nombre del recién nacido corrió a cargo de un extraño juego. La reina mandó hacer doce grandes lirios, a los cuales bautizó con los nombre de los doce apóstoles, luego mandó prenderlos al unisonó, con la promesa de poner al niño el nombre del que tardará más tiempo en consumirse. De esta manera fue bautizado en Montpelier con el nombre de Jaime, por el apóstol Santiago.

Jaime I rey a los cinco años.

Pero Pedro II no pareció que perdonara muy fácilmente el engaño. A los cuatro años el joven Jaime fue entregado al noble occitano Simon de Monfort, el motivo a simple vista pareció ser doble, por un lado casarse con la hija de este y por otro alejarlo de la reina. Lo cierto es que las relaciones entre el rey Pedro II y el noble occitano no pasaban por un buen momento, el llamamiento del Papa Inocencio III a la cruzada albigense enfrentaba las aspiraciones de ambos.

Inocencio III, y los cruzados contra los cátaros.
Inocencio III, y los cruzados contra los cátaros.

Por un lado Simon de Monfort debía defender los intereses católicos del Papa frente a los herejes cátaros, por otro el rey Pedro, aunque declarado católico debía temer perder el apoyo de los cátaros, verdaderos aliados de la Corona de Aragón, frente al poder central de los Capeto franceses. Sin duda estos pretendían usar la cruzada para arrebatar a los aragoneses el reino occitano.

Además de la consabida guerra, el año 1213 será nefasto para el joven heredero Jaime. La primera noticia e inesperada llegaba de Roma, María de Montperlier moría en la ciudad Papal, donde había acudido para pedir ayuda al Papa ante los desmanes de Pedro II. Pero no quedaría ahí la cosa, unos meses después el conflicto albigense tiene uno de los episodios más cruentos con la Batalla de Muret. En ella fallecía Pedro II luchando prácticamente en solitario contra los ejércitos cruzados dirigidos por Simon de Monfort, el encargado de custodiar al futuro rey de Aragón, menudo situación tan contradictoria.

Tras la muerte de Pedro II, el único heredero consanguíneo de la Corona de Aragón, un niño de cinco años, se hallaba custodiado por un potencial enemigo. La nobleza aragonesa no podía consentirlo así que una delegación encabezada por Nuño Sánchez se dirige Roma. Un inciso para presentar a este noble, auténtica mano derecha del rey Pedro II, especialmente tras su participación en la Batalla de Navas de Tolosa, tras la que fue nombrado señor de la Cerdaña y el Rosellón, dos de los condados catalanes bajo el paraguas de la Corona de Aragón.

Las prerrogativas de Nuño Sánchez al Papa Inocencio III tuvieron un efecto positivo. Este último ejerciendo como cabeza visible del cristianismo hizo llegar la orden a Simon de Monfort de la entrega del heredero a la nobleza aragonesa. De tal forma que a principios del verano de 1214, Jaime partía hacia un nuevo destino para seguir formándose como rey de Aragón. Su siguiente instructor sería un compañero de su padre en la derrota de Muret, el maestro de la Orden del Temple Guillem de Montredon, su destino el Castillo de Monzón, donde pasaría los siguientes tres años.

La coronación de Jaime I.

El camino hacía Aragón de nuestro protagonista no fue hecho en solitario, junto a él viajaba Ramón Berenguer, su primo, algunos años mayor que Jaime I y que actuaría dentro del castillo como su protector. Sin duda el paso de ambos por Monzón está repleto de incógnitas, lo que debía ser un lugar de aprendizaje, fue visto por ambos y por sus allegados como una especie de cárcel, o al menos es lo que se deduce de las memorias escritas por Jaime I. En las cuales describe su salida del Castillo de Monzón con un lacónico “no podían tenernos encerrados más tiempo”. Lo dicho, una incógnita y más tras ver como se acabará convirtiendo en uno de los reyes aragoneses más prolíferos en cuanto a conquistas, de la mano de sus supuestos raptores los Templarios de Aragón.

Castillo de Monzón
Castillo de Monzón

Por otro lado destacar que el camino al Castillo de Monzón no fue realizado de forma directa. El clima de preguerra entre las diferentes facciones nobiliarias hizo que los nobles más afines al joven príncipe prepararan las denominadas “primeras cortes Catalano-aragonesas”. Estas se celebraron en el castillo de la Suda en la ciudad de Lérida, a pesar de que se suelen considerar las primeras, gran parte de la historiografía duda de esta afirmación. El motivo la gran preparación con la que contaban dichas cortes, a las mismas asistieron gran parte del clero, encabezado por arzobispos, obispos o los principales abades, los más destacados nobles y al menos diez jueces que debían atestiguar lo que allí se firmara.

De esta forma y en los brazos del arzobispo de Tarragona, Aspargo, entró el joven Jaime en el palacio de la Suda, donde se convirtió en Jaime I. Mientras Nuño Sánchez uno de sus protectores quedaba como regente del reino, el nuevo rey partía hacia Monzón para convertirse en un rey a la usanza de los templarios.

La salida del Castillo de Monzón.

El primero en ser “liberado” de Monzón fue Ramón Berenguer, tras un supuesto pacto con los templarios fue rescatado una noche y conducido al puerto marítimo de Salou, donde embarcó camino de la Provenza.

Por lo que respecta al rey Jaime I de Aragón fue rescatado unos días después por una serie de nobles contrarios a Nuño Sánchez, este último parecía estar disconforme con la salida del joven rey de Monzón, era evidente su futura pérdida de influencia.

Pese a estas discrepancias, dos días después de salir del Castillo de Monzón, el rey Jaime I hacia su entrada en Zaragoza, bajo las muestras de júbilo de sus ciudadanos. Acompañado por Rodrigo de Lizana, o Pedro Fernández entre otros, y ataviado con su primera cota de malla prestada. Tenía nueve años y todavía tuvo que esperar uno más, para que de nuevo en las Cortes de Lérida fuera declarado mayor de edad el 2 de septiembre de 1218.

Las conquistas de la Corona de Aragón en el mediterráneo
Las conquistas de la Corona de Aragón en el mediterráneo

De esta forma se ponía marcha uno de los reinados más fructíferos de la Corona de Aragón. Jaime I tuvo dos esposas, cinco hijas y cuatro hijos, dos de ellos llegaron a convertirse en reyes, como Pedro III y Jaime II. Pero además y junto a sus socios templarios y tras neutralizar las diferentes revueltas de la nobleza, conquistó las Islas Baleares, Valencia y por último Murcia, esta última perdida previamente por los castellanos. Jaime I el rey Templario murió en el año 1276.

Por último os invito a conocer una de las mejores biografías de Jaime I:

El castillo de Miravet, un refugio Templario a orillas del río Ebro.

En la margen derecha del río Ebro y a escasos kilómetros antes de que entregue sus caudalosas aguas al mar Mediterráneo, surge la figura imponente del Castillo Templario de Miravet. Su apelativo de Templario tiene su razón de ser, ya que a pesar de su origen islámico, y de mantenerse activo gran parte de la historia, sus enormes muros fueron construidos por los Templarios para poder ocultar sus grandes secretos.

La corona de Aragón y los Templarios.

La historia del Reino, posteriormente Corona de Aragón, con los caballeros de la Orden del Temple van inexorablemente unida. En especial desde la muerte de Alfonso I el Batallador (1134), que tras morir  convierte, entre otros, a los templarios en sucesores de los territorios aragoneses. A pesar de que no acabarán por heredarlos, por injerencias de la más alta nobleza, les reportó una posibilidad única de intervenir en la política aragonesa. Desde ese momento serán imprescindibles en la tarea de conquistar y administrar los territorios musulmanes con los que fue agrandado el Reino de Aragón.

Los templarios y Ramón Berenguer IV.

El elegido para sustituir a Alfonso I fue su hermano Ramiro II, este último impuesto por la alta nobleza, estaba más decidido a dedicarse a la vida monástica que ha reinar el joven reino. Por lo que tras casar a su hija de un año de edad, con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, decide dejar la corona en manos de su nuevo yerno.

La primera decisión del nuevo príncipe fue pactar con las órdenes militares religiosas, entre ellos la Orden del Temple, la polémica herencia de Alfonso I. Los territorios del Reino de Aragón serían hereditarios para la monarquía aragonesa, a cambio los templarios recibirían privilegios y grandes dominios de las nuevas tierras conquistadas. Tras el pacto todo estaba listo para la colaboración entre la monarquía, la alta nobleza y los templarios, para conquistar los territorios musulmanes del este de la Península Ibérica.

Conquista o reconquista, según se mire. Exactamente, no vamos en entrar en discusiones, para unos, en este caso los cristianos reconquista, para los musulmanes de enfrente, conquista.  Lo cierto que en pocos años el reino cristiano reconquistó todos los territorios al norte del rio Ebro, como por ejemplo Tortosa en el año 1148 o Fraga y Lérida de 1149.

Los dos últimos reductos musulmanes que quedaron fueron Siurana, un pequeño enclave situado sobre un peñón a más de 700 metros por encima del nivel de mar, y nuestro protagonista de hoy Miravet. Ambos resistieron hasta 1153 el asedio de las tropas cristianas.

La importancia del Castillo de Miravet.

 Tras la conquista, Ramón Berenguer IV concede el territorio a  los templarios, que rápidamente inician la construcción sobre la fortaleza musulmana, de uno de los mejores ejemplos de castillo monasterio románico cisterciense, de la Península Ibérica. Su cometido reforzar las líneas defensivas que los ríos ejercían de forma natural en el Reino de Aragón. Por dicho motivo los reyes cristianos concedieron los templarios, aparte de Miravet, Tortosa también en el río Ebro, Monzón en el río Cinca y Gardeny en el río Segre, estos dos últimos con anterioridad a nuestro protagonista. Tras lo cual, los cuatro formaron una línea defensiva, que además sirvió como punta de lanza para la conquista de los territorios valencianos.

Ramón Bereguer IV junto a sus esposa Petronila
Ramón Bereguer IV junto a sus esposa Petronila

La época de mayor esplendor de Miravet llegará con el rey criado como templario en el castillo de Monzón, Jaime I de Aragón (1213-1276). Durante este periodo, cuando se produjeron las grandes conquistas al sur del río Ebro y en el Mediterráneo, la sede provincial del archivo y el tesoro de la corona de Aragón tuvieron su sede en el Castillo Templario de Miravet.

El trágico asedio del Castillo de Miravet.

Como es conocido Jaques de Moley, el último Gran Maestre de la Orden del Temple, es apresado en París en el año 1307. Mientras el Reino de Aragón bajo las órdenes de Jaime II, si primeramente duda de las terribles acusaciones a las que son sometidos los templarios, posteriormente decide pasar a la acción.

A partir de finales de ese año 1307 comienza la persecución de la Orden, que se hace fuerte en algunas plazas como la de nuestra historia de hoy, donde el asedio duró prácticamente un año, hasta que el 6 de diciembre de 1308 los templarios de Miravet capitulan ante el rey de Aragón, Jaime II. Aunque no todos, ya que seis de ellos entre los cuales se hallaba su comendador Berenguer de Sant Just, deciden proteger en la torre principal del castillo el archivo y el tesoro de la orden, hasta el punto de encontrar allí mismo la muerte el día siguiente.

El castillo de Miravet hoy día.

Nada más llegar al aparcamiento que acoge a los visitantes, te das cuenta de que el Castillo de Miravet es un lugar preparado para resistir largos asedios y batallas. Parapetados tras un enorme muro de piedra de más de 25 metros de altura, que parece surgir de la misma roca de la montaña donde se sitúa, encontramos una serie de elementos construidos por los templarios, para convertir Miravet en su refugio particular.

La visita se puede dividir en dos partes principales:

Plantas inferiores.

El acceso principal al castillo se efectúa por la barbacana, es decir una rampa de acceso fuertemente protegida y construida en ángulo para evitar los ataques directos contra la entrada del castillo. Nada más entrar encontramos una gran terraza distribuida en tres niveles para compensar los desniveles de la montaña, dicha terraza se encuentra totalmente amurallada. En la misma encontramos los restos de varios edificios templarios, como almacenes, corrales, e incluso una caballeriza, posiblemente usada por los templarios como almacén de grano. Este último junto a un huerto y un olivar permitieron el autoabastecimiento del castillo.

Rampa de acceso al castillo
Rampa de acceso al castillo

Otra pequeña puerta construida posteriormente nos  da acceso hoy día al interior del castillo. Lo primero que encontraremos será el patio de armas, que a parte de su clásica función como punto de reunión de las tropas, servía como punto de unión de las diversas estancias del castillo.

 Las primeras dependencias que encontraremos alrededor del patio de armas fueron destinadas a la manutención de los habitantes de Miravet, estas fueron una cisterna excavada directamente sobre la roca y justo enfrente de la cocina principal. Esta última de gran importancia en la orden de los templarios, que a diferencia de otras órdenes, cuidaba muy bien la alimentación de sus caballeros de armas. La estancia anexa a estas es un gran comedor con una bóveda de cañón apuntada. No podía faltar un granero, una bodega y un almacén para recibir los pagos mediante especies de los ganaderos, agricultores e incluso pescadores de la zona.

Cocina del castillo de Miravet
Cocina del castillo de Miravet
Comedor del castillo de Miravet
Comedor del castillo de Miravet

Planta superior.

En ella, a parte de las dependencias de los habitantes más ilustres del castillo de Miravet, como por ejemplo el comendador, encontramos la iglesia del recinto. Los templarios debían cumplir con los diferentes rezos diarios, en un espacio decorado muy austeramente. Dicha iglesia era de planta basilical cubierta de bóveda de cañón, desde el ábside donde se encontraba una pequeña sacristía surgía un estrecho pasadizo que comunicaba la iglesia con la torre del tesoro, donde con toda probabilidad fueron derrotados los últimos templarios de Miravet.

Iglesia de la planta superior.
Iglesia de la planta superior.

Aunque todavía quedaba una planta por encima, pero era simplemente una gran terraza de observación, se accedía y se accede por una estrecha escalera de caracol, y sus vistas son realmente impresionantes.

Os dejo la web del castillo donde podéis encontrar información sobre precios y horarios:

Miravet tras los templarios.

Tras la desaparición de la Orden del Temple, los hospitalarios se harán con el castillo de Miravet hasta la llegada de las liberaciones y desamortizaciones del siglo XIX. Desde ese momento comenzará un peregrinaje por las manos diferentes particulares, y no será hasta el año 1990 que recaía su titularidad en la Generalitat de Catalunya, hoy día propietaria del castillo.

Durante este periodo será testigo de escasas renovaciones destinadas a las nuevas guerras con artillería. En efecto será testigo de varias guerras, como la de los Segadores en el siglo XVII, la Sucesión en el siglo XVIII,  las guerras carlistas en el XIX y finalmente la guerra civil española del siglo XX.

Os invito a conocer otros castillos templarios:

El castillo de Peñiscola, el retiro de los viejos Templarios.

El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.

 

 

Las otras órdenes militares cristianas, no solo de Templarios vivieron las cruzadas.

Durante los siglos que van del XI al XIII, en los reinos cristianos de occidente se fue consolidando una obsesión por conquistar la ciudad de Jerusalén, la misma que había visto morir hacía más de 1000 años a Jesús de Nazaret. Por este motivo Oriente Próximo, en manos del islam, se vuelve unas de las zonas más conflictivas de la Edad Media. Para mitigar dicha conflictividad y en protección de los cristianos que se dirigían a la Ciudad Santa, una serie de congregaciones religiosas comienzan a asentarse en la proximidades de Jerusalén. Pero para que su lucha obtuviera el efecto deseado no bastaba con rezar, así que los monjes, tras recibir su adiestramiento con las armas se convierten en monjes soldados.

Fueron varias las congregaciones religiosas que se dirigieron a la zona, de todas ellas una brillará por encima de la demás. La Orden del Temple, que tras nacer en los primeros compases de las cruzadas, se convertirá en uno de los poderes económicos más importantes de la Edad Media. Entre ese aspecto y su repentino final, toda su historia se ha visto envuelta en múltiples misterios, que han alimentado la imaginación de los hombres y mujeres desde entonces hasta  nuestros días. Pero como reza el título, no todo el peso de las cruzadas recayó en las manos de los Templarios, otra serie de monjes soldados cogieron las armas para defender el legado de Jesús de Nazaret.

Templarios.

Destacar que no todas las órdenes religiosas que surgieron durante las cruzadas, tuvieron su papel protagonista en Oriente Próximo. Sin ir más lejos, la Península Ibérica fue uno de los espacios geográficos más prolíferos en cuanto a congregaciones de este tipo. Pero bastante tenían con parar al enemigo en su propia casa, ya que la reconquista o conquista según se mire, ancló a estas órdenes militares en la Península. Aún así varias sacaron la cabeza en pos de proteger la tierra Santa, entre ellas, la Orden de Monte Gaudio, la Orden de Calatrava o la Orden de Santiago.

La Orden de San Juan de Jerusalén, los Hospitalarios.

A mediados del siglo XI, cuando todavía faltaba medio siglo para la primera de las cruzadas. Una pequeña representación de comerciantes de la República de Amalfi recibe de manos del califa Fatimí, el permiso de construcción de un Hospital de peregrinos en la ciudad de Jerusalén. Tras lo cual la Orden de San Juan de Jerusalén se hace cargo del funcionamiento del lugar, su misión cuidar de los peregrinos que se dirigían a la ciudad. Este aspecto les llevará a ser conocidos como los “Hospitalarios”.

Caballero hospitalario

Tras la conquista cristiana de la ciudad santa en el verano de 1099, momento en el que se establece el Reino cristiano de Jerusalén, la comunidad monástica que se ocupaba del hospital se incorpora a la lucha contra el “infiel”. Dos hechos marcarán este cambio; en primer lugar la Bula Papal de febrero de 1113, con la que el hospital queda bajo tutela de la Santa Sede. El otro la llegada del Gran Maestre Raymond du Puy que ejerció el cargo entre 1120-1160. Tras dichos cambios, la comunidad monástica acogió en su seno a los caballeros nobles, tras la aceptación de estos de las reglas de dicha comunidad, entre las cuales se encontraban la pobreza, la obediencia y la castidad.

Su símbolo; la estrella blanca de ocho puntas sobre el hábito de color negro que vestían, se convirtió en uno de los más importantes durante las cruzadas. Actuaron en la defensa de los terrenos conquistados, pero también se atrevieron con las conquistas. Todo ello desde su sede, la fortaleza del Crac de los caballeros, sin duda una de las más imponentes de todas las de Oriente Próximo. Precisamente su pérdida ante los mamelucos de Egipto en el año 1271, fue una de las claves en la decadencia de los cruzados cristianos en Oriente.

La fortaleza del Crac de los caballeros, hoy en peligro por la Guerra de Siria.

Tras la relatada pérdida,  se convertirán en unos de los más fieles defensores de San Juan de Acre, el último reducto cristiano en Oriente, hasta su capitulación en 1291. Fecha en la que tras su expulsión de la Tierra Santa iniciaron una peregrinación por las islas del mediterráneo. Con una nueva misión en la mente, la protección de los barcos cristianos que surcaban el mar, en busca por ejemplo de los mercados orientales. Tras un breve paso por Chipre y dos siglos en Rodas, recalan de la mano de Carlos V en Malta. Este hecho les reportará el actual nombre de la Orden de Malta, a pesar que ya no tengan su sede en dicha isla, tras una nueva expulsión en este caso por parte de Napoleón.

Hoy día tienen sede en Roma, la Orden de Malta se ha convertido en una especie de ONG, con algunos claroscuros muy significativos.

La  Orden Teutónica, los caballeros teutones.

Su constitución es posterior a la de los “Hospitalarios”. Las primeras noticias que se tienen  sobre ellos surgen en la propia capital del Reino cristiano de Jerusalén. Allí y para la protección de los cruzados alemanes, construyen un pequeño hospital adosado a una iglesia erigida al culto de la Virgen María. Ambos edificios son destruidos tras la toma de la ciudad por Saladino en el año 1187.

Caballero teutónico

La respuesta alemana llevará a la consolidación de una nueva orden. En plena tercera cruzada y durante la conquista cristina de  la ciudad de Acre, donde los cruzados alemanes tuvieron una destacada actuación. Los peregrinos de Lübeck y Bremen con la velas de sus propios barcos improvisaron un nuevo hospital de campaña. Tras lo cual Federico de Suabia decide la construcción de un nuevo hospital, que quedará encomendado a los monjes guerreros alemanes, conocidos desde entonces como los Caballeros Teutones. En 1192 son consagrados por el Papa Celestino III, con lo que obtuvieron los mismos privilegios que los de la Orden de San Juan de Jerusalén.

Su poder creció rápidamente, los nuevos monjes guerreros ataviados de blanco y con la cruz de color negro como símbolo, se hicieron con un papel importante en la defensa de San Juan de Acre. Pero también extendieron sus dominios a Alemania, con la inestimable colaboración del Papa  y del Emperador Federico II, ambos interesados en la evangelización de los territorios germanos, como por ejemplo Prusia. Este menester tomaría mayor auge tras la caída y la expulsión de Oriente, momento en el cual dedican todos sus esfuerzos a la conquista de los territorios bálticos. Buena fe del poder que llegaron a adquirir fue la construcción de su impresionante sede en el Castillo de Malbork.

El castillo de Malbork en la actual Polonia

Hoy día todavía tiene alguna sede en Austria y en los Países Bajos. Curiosamente adscritas a las dos ramas de la Iglesia Cristina, la Católica y la Protestante respectivamente.

La Orden de San Lázaro de Jerusalén, los Lazaristas.

Su origen es bastante incierto, pero en todo caso anterior a las cruzadas. Su vocación el cuidado de los enfermos de lepra que acudían a la ciudad Santa, fuera cual fuera su procedencia y orden religiosa. Por este motivo tuvo gran afecto entre el resto de las otras órdenes.

La orden fue consagrada como independiente en el año 1115 y ratificada poco después por el Papa Pascual II. A partir de ese momento combinaron su labor de cuidado de los leprosos, con la guerra contra el infiel. Aunque parece ser que en este último menester obtuvieron más disgustos que alegrías, con sonoras derrotas como en la Batalla de Gaza, donde perecieron la casi totalidad de Lazaristas. O la pérdida de su Gran Maestre durante la toma de San Juan de Acre.

Caballero Lazarista

A pesar de lo cual no desaparecieron gracias al Rey de Francia, Luis IX, conocido como San Luis. El cual con anterioridad al desastre en Tierra Santa invitó a doce Lazaristas a que se instalaran en el castillo Boigny, cerca de Orleans para que ejercieran la labor de cuidado sobre los leprosos. El resto de su historia, tras la pérdida de Acre hasta nuestros días, ha estado rodeada de grandes personajes que han ejercido de Maestres de la Orden, como el Archiduque Leopoldo de Austria. Hoy día, a pesar de la erradicación occidental de la enfermedad, siguen presentes en varios países, como España, Holanda, Alemania, Suiza, etc.

La Orden del Santo Sepulcro.

Una figura destaca por encima de todas, su fundador Godofredo de Bouillón, es decir, el primer cristiano que entra en la ciudad de Jerusalén, tras derrotar a los  musulmanes apostados en la ciudad Santa. Una de sus primeras decisiones la fundación de esta orden religiosa y militar que quedaría en la ciudad para la custodia del Santo Sepulcro. Este último lugar es conocido a través de los Evangelios, como el sitio donde se sepultó y luego resucitó Jesús de Nazaret.

Godofredo de Bouillón ataviado con la Orden del Santo Sepulcro.

En un principio la orden fue fundada con cincuenta hombres para la protección del lugar santo, a los que se sumaron cien más al servicio de la nueva casa real de Jerusalén. A pesar de no contar con el título oficial de rey de Jerusalén, el mismo Godofredo se puede considerar el primero de ellos, posteriormente tras la muerte de este, su hermano fue coronado primer Rey de Jerusalén con el nombre de Balduino I. A partir de ese momento dos títulos quedaron unidos; el de protector del Santo Sepulcro y el de Rey de Jerusalén, además ambos bajo la protección de la orden que nos ocupa.  Destacar que su símbolo es una cruz potenzada de color rojo, sobre túnicas de color blanco.

Podemos deducir que fue una de las Órdenes militares de carácter religioso, más importantes de los reinos cristianos orientales. Participaron en diversas batallas al lado del rey de Jerusalén, como por ejemplos en los asedios de Tiro, Damasco o San Juan de Acre, lugar donde el prior de la Orden encontró la muerte. A ella pertenecieron destacados nobles de toda Europa, como por ejemplo el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV.

La tumba de Ramón Berenguer IV con el símbolo de la Orden.

Como el resto de las órdenes fue obligada a abandonar Oriente Próximo tras la pérdida de San Juan de Acre en el año 1291. Tras este final la Orden del Santo Sepulcro se asienta en diversos territorios de Europa, como Francia, Italia o Polonia. Hoy día siguen en activo y se considera una de las más poderosas del mundo con más de 20.000 miembros, y prácticamente con representación  en los cinco continentes.

Si os apetece conocer algo más sobre los Caballeros Templarios:

http://caminandoporlahistoria.com/bancos-templarios/

Mas Info: Breve historia de las cruzadas, Juan Ignacio Cuesta, Ed. Nowtilus, 2009

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El castillo de Peñiscola, el retiro de los viejos Templarios.

Cuando a finales de mayo de 1291, los mamelucos musulmanes toman la fortaleza de Acre, no solo fue el final de la presencia cristiana en las cercanías de Jerusalén. Sino que para los caballeros templarios, aquellos que tenían por principal misión la protección de los peregrinos que acudían a la ciudad santa, fue el principio del final de una época. Pese a lo cual en la otra orilla del mediterráneo, extrañamente tres años después se inicia la construcción del que debía ser el último refugio de los caballeros templarios.

Los caballeros del Temple y la corona de Aragón.

Indiscutiblemente la elección, por parte de los templarios de aquel saliente rocoso en el Mediterráneo para la construcción de su fortaleza, no solo fue por las excelentes condiciones de protección  que este ofrecía. Sino que venía de una larga y fructífera relación entre las autoridades del temple y la Corona de Aragón.

Para acercarnos un poco a dicha relación nos debemos trasladar a dos siglos antes. En tiempos de la 1ª cruzada, Alfonso I el Batallador ya contó con la amistad de muchos de los caballeros que acudieron a la misma.  Por dicho motivo el joven Reino de Aragón se nutrió de ellos para su cometido principal, la reconquista iniciada de los territorios hispanos ocupados, por el mismo infiel que ocupaba Jerusalén, el islam. Aunque también es menester nombrar al obispo de Huesca y Jaca, Esteban, que tras su paso en 1105 por las tierras recién conquistadas en oriente, fue el impulsor de la llegada de caballeros cruzados para la conquista de la ciudad de Zaragoza.

Armas templarias del Museo del Castillo de Peñiscola

La relación fue tal, que tras la muerte de Alfonso I el Batallador, los Caballeros Templarios del Reino de Aragón, que surgieron en el término de Monreal,  se hicieron merecedores de la herencia de los territorios reales. Hecho por cierto que no se llevará a efecto por la negativa de los señores feudales y el hermano de Alfonso,  Ramiro II, aunque ello no fuera óbice para continuar con la relación. En definitiva tenían un propósito en común muy importante, la comentada reconquista.

Deberán pasar unos decenios para encontrar la época de mayor esplendor de la Orden del Temple en Aragón. A principios del siglo XIII un niño de 6 años llega al castillo templario de Monzón para recibir la protección y formación durante tres años, tras lo cual se convertirá en Jaime I de Aragón, el rey templario por excelencia. Durante su reinado y con la ayuda templaría la Corona de Aragón se lanzará a la conquista del Mediterráneo, sucesivamente incorporó, Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera que se convertirán los próximos años en la punta de lanza del control marítimo, que la corona aragonesa efectuó en el mediterráneo occidental. Todo ello sin olvidar el principal propósito de la reconquista de la península, en este contexto llegará la conquista de la ciudad de Peñiscola en el año 1243.

La llegada de los templarios a Peñiscola.

La historia de los templarios en Peñiscola sigue estando impregnada de ciertos interrogantes, que nos pueden hacer más curiosa si cabe, la visita actual al mismo. En el año 1294, como ya hemos dicho tras la pérdida de los últimos territorios cristianos en Oriente Próximo, un nieto del mayor rey templario, en este caso Jaime II, decide intercambiar con los templarios los terrenos de Peñiscola por los de la ciudad de Tortosa. Tras lo cual, unos años después estos últimos comparan por una gran suma de dinero el señorío de Culla, lo curioso del tema reside en la poca valía de dichos territorios, pero parece ser que su propósito era rodearse de un cinturón de seguridad.

Dos son los personajes claves que aparecen en este contexto de intercambios entre el rey de Aragón y los Templarios. Por un lado el joven Arnau de Banyuls que se convertirá en el encomendador de Peñiscola, junto a él el penúltimo Maestre Templario de la Orden de Aragón, Berenguer de Cardona. Ambos acometerán la labor de levantar sobre los restos de una antigua alcazaba musulmana el Castillo de Peñiscola.

Escudos de armas, entre ellos los de Berenguer de Cardona y Arnau de Banyuls

De esta manera ese mismo año 1294 se inicia la construcción del que debía ser el punto de partida de los caballeros del Temple, para volver a recobrar su posición al frente de la lucha contra el infiel. La construcción siguiendo los cánones de las antiguas construcciones templarías así lo atestiguan. En definitiva este aspecto es motivo de grandes interrogantes, ¿por qué los constructores de Peñiscola usan las mismas técnicas que en el castillo de Miravet, un siglo y medio antes? Si no es para volver a reverdecer antiguos laureles.

El final de los templarios de Peñiscola.

Aunque todo se truncará aquel fatídico año de 1307, con un Castillo de Peñiscola inconcluso, los caballeros templarios se enfrentan a su final definitivo. No sin antes conocer la muerte del Maestre Berenguer de Cardona, acontecida en uno de sus viajes a la isla de Chipre, allí donde un año antes se había reunido con Jacques de Molay para intentar relanzar la Orden Templaria.

Parece ser que fue tarde, en octubre de 1307, Jacques de Molay junto a sus compañeros es apresado por el rey de Francia Felipe IV, acusándolo de horrendos crímenes. Tras la confesión bajo tortura del último Maestre del Temple, el rey francés envía una misiva a su primo el rey de Aragón Jaime II. En la misma y tras relatar la confesión de Jacques de Molay, le pide que haga lo mismo con los templarios de Aragón. En primera instancia el rey aragonés no parece creer lo que está leyendo. Sus más fieles servidores y protectores del cristianismo frente al islam no podían haber cometido aquellos crímenes.

A los pocos días Jaime II le devuelve la carta a Felipe IV, en ella ya parece expresar sus dudas, ¿por qué de la construcción de nuevas fortalezas, si no tenían que temer a los reyes cristianos? Además le asegura que si se prueba que los delitos de  los que eran acusados, que iban desde la corrupción, a la sodomía y pasando por la negación de Cristo, o bien lo exigía el Papa, los detendría de inmediato. Aunque esta última no hizo falta, tras la acusación de la inquisición que ya ejercía en el Reino de Aragón, Jaime II se puso manos a  la obra.

Entrada al Castillo Templario de Peñiscola

En este punto vuelven aparecer los interrogantes sobre la historia del Castillo de Peñiscola, el cual fue entregado sin poner prácticamente oposición, incluso se dice que el comendador fue visto en barca camino del exilio. Mientras sus vecinos de Miravet y especialmente los templarios de Monzón lucharon dos largos años para mantener sus posiciones. Sea como fuese el final de los caballeros Templarios del Reino de Aragón se produjo en el año 1309 con la caída del nombrado Castillo de Monzón. Ocho años después en 1317, la nueva Orden de Santa María de la Montesa, fundada por el propio Jaime II se hará con las riendas del Castillo de Peñiscola y de todos los bienes templarios del reino de Valencia.

El Castillo de Peñiscola en la actualidad.

Tras ser declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931, y con las diversas actuaciones de mejora acometidas en el mismo, especialmente las que finalizaron en 2014. El Castillo de Peñiscola además de ser uno de los mejores conservados, nos muestra uno de los mejores espacios museizados para acercarnos al pasado de la Orden del Temple. Y por lo tanto para conocer un poco mejor lo aquí explicado.

Caballerizas convertidas en Museo

La entrada al castillo se realiza por el antiguo zaguán, desde ese mismo momento nos adentraremos en el mundo templario, ya que las estancias colindantes, ocupadas por las antiguas caballerizas y cuerpos de guardia son hoy día parte del museo comentado.

Para comenzar una de las salas nos expone claramente el proceso constructivo del castillo, nos será muy fácil comprender lo inacabado del mismo. Justo al lado la estancia que hará la delicia de los más pequeños y de los mayores, dedicada a  las armas y armaduras templarías. Para continuar el museo nos lleva por la historia de la Orden del Temple, nos da a conocer sus mayores héroes, o su estructura interna. Una de las salas más curiosas es la dedicada al mundo del simbolismo templario muy importante en la Edad Media. Otra de estas salas está dedicada a la relación que existió durante todo el periodo templario con la orden del Cister.

Escaleras del Patio de Armas

Antes de pasar al piso superior del castillo, bajaremos a las dependencias de la llamada Sala del Cónclave. Recibe este nombre por ser el lugar donde se eligió el sucesor del otro ilustre inquilino del castillo, el Papa Benedicto XIII, más conocido como Papa Luna, su larga historia la dejaremos para otro día. Dicha sala era la bodega mayor en tiempos templarios.

Iglesia de Santa María
Salón gótico

Tras subir a dicho primer piso, al cual llegaremos por un espectacular patio de armas cara al Mediterráneo, nos adentraremos en las principales estancias del Castillo Templario. La primera de ellas, el Salón Gótico era el lugar de recepción de los ilustres visitantes del castillo. Continuamos la visita por la sala de la Rebotica, denominada Casa del Agua, donde los templarios seguramente llevaron a la práctica la alquimia. Dejaremos para el final la iglesia de estilo cisterciense, dedicada al culto de la Virgen María y a los tres reyes magos, en ella todavía se observa la losa que cubrió la tumba del Papa Luna, antes del traslado de sus restos. Por cierto la visita se completa a través de todas las dependencias que ocupó a principios del siglo XV el Papa Benedicto XIII.

Para concluir os dejo la pagina web donde podéis consultar los precios y horarios de la visita.  castillodepeniscola

Para completar la información sobre los templarios y la Corona de Aragón, os invito a leer estos otros dos artículos:

http://caminandoporlahistoria.com/bancos-templarios/

El castillo-abadía de Montearagón, el “hermano pobre de Loarre”.

Mas info: LosTemplariosEnLaCoronaDeAragon

Alamut, la mítica fortaleza de la secta de los asesinos.

Nos dirigimos a las montes Elbruz, frontera natural al norte de Irán entre el Mar Caspio y la meseta iraní. Para conocer los restos, situados a más de 2000 metros sobre el nivel del mar, del que fue uno de los lugares más misteriosos, a la vez, que temibles de la toda la Edad Media. La mítica fortaleza de Alamut, conquistada a finales del siglo XI por la denominada “secta de los asesinos”, y reconstruida para convertirla en su sede.

Los restos de la fortaleza de Alamut

Los Nizaríes.

Podemos decir que es el nombre de Nizaríes, es él que la historia ha asignado a esta secta de los asesinos, mitad leyenda, mitad realidad.

Pero para conocerlos un poco mejor debemos remontarnos a los primeros tiempos del islam, tras la muerte de Mahoma en el año 632, se producen las luchas sucesorias. Por un lado los partidarios de Ali ibn Abi Talib, yerno de Mahoma tras casarse con Fátima la hija del profeta, a partir de entonces conocidos como Chiitas. Por otra el resto, denominados sunitas, descendientes de las tribus de Mahoma. Mientras los primeros legitimaban su posición como herederos del profeta, los segundos se apoyaban en la condición tribal de sucesión, se hace evidente que los sunitas serán siempre mayoría respecto a los chiitas.

A pesar de las disputas internas, el islam se expandió muy rápidamente los siguientes años. Hecho que llevó a la conversión de los nuevos pueblos conquistados, entre ellos por ejemplo, los antiguos persas que añadieron al islam sus antiguas creencias zoroástricas. Este aspecto no fue bien recibido por los sunitas ortodoxos, por lo que los nuevos conversos a parte de acercarse a las posturas chiitas, comenzarán a reunirse secretamente para preservar sus más antiguas tradiciones. Tras lo cual, estas últimas y su adaptación al Corán dejado por Mahoma, llevará al nacimiento de grupos secretos que llegaran a conseguir altas cotas de poder en el mundo islámico.

Mezquita de Kairuan, primera capital de la dinastía chiita de los Fatimí

La clave de estos grupos parece ser que estuvo en el alto nivel intelectual y educativo que adquirieron, hecho que les permitió viajar por los territorios islámicos, uniendo continuamente fieles a la causa chiita. Aunque concretamente a una nueva rama del chiismo conocida como los ismaelíes. Su llegada al poder ocurre en al año 909, tras la conquista de los territorios del actual Túnez y la instauración de la dinastía Fatimí, la capital elegida para ello Kairuán.

La llegada de los nazaríes a Alamut.

La dinastía fatimí llegará con el tiempo a conquistar gran parte de los territorios islámicos, en especial en el norte de África y una gran franja costera de la península Arábiga. Años después una nueva dinastía vendrá a sumar esfuerzos a la causa chiita, los búyidas, originarios precisamente de la zona de nuestra protagonista la fortaleza de Alamut, y que tomarán el control de una de las capitales del Islam, Bagdad. Ambas llevaron al chiismo a la época de mayor control de islam, que está rama ha tenido en toda su historia.

Pero como ya hemos comentado el sunismo siempre fue mayoritario y nueva dinastía vendrá a corroborarlo, en este caso los vecinos del norte y nuevos conversos, los turcos Selyuquíes. Los cuales en el año 1055 se harán nuevamente con el control de una de las capitales del Islam, Bagdad. Este hecho, junto al caldo de cultivo de los tres siglos de disputas religiosas, fue el entorno que encontró un joven estudiante persa a su llegada a El Cario, su nombre Hasan Sabbah el fundador de la secta de los asesinos.

Hasan Sabbah

Tras su formación en las antiguas tradiciones ismaelíes en la capital chiita del Islam, un El Cairo, venido a menos por diversas crisis económicas. Hasan Sabbah inició un nuevo reclutamiento de fieles, que le llevó a la toma de la fortaleza de Alamut en el año 1090, convirtiéndola en la sede de la secta de los Nizaríes. Por cierto cuando nuestro personaje toma la fortaleza, ya no es aquel joven estudiante sino “el viejo de la montaña” o “el señor de las dagas”.  A pesar de este último apelativo, se dice que dicha toma no fue por la fuerza, sino gracias a la persuasión, el engaño, y las grandes habilidades de los miembros de esta secta. Lo cierto es que a partir de ese momento inician su lucha particular para acabar con los enemigos del chiismo más radical, pero lejos de las guerras y con métodos muy particulares.

Los restos de la fortaleza, son un lugar muy visitado en la actual Irán.

Las víctimas de la secta de los asesinos.

Es evidente que la primera víctima, al menos importante,  fue un dirigente sunita, en concreto el visir Nizam al-Mulk, conocido por ser el impulsor de las reformas administrativas que organizaron el nuevo Imperio Selyuquíe. Su asesinato está envuelto entre las leyendas y la realidad, se dice que en mitad de un viaje entre las ciudades de Bagdad e Isfahán un miembro de la secta de los asesinos acabó con su vida, tras clavarle su daga.

Nizam al-Mulk

Las conjeturas comienzan al intentar encontrar un promotor a dicho magnicidio, ya que muchas miradas apuntan al sultán Malik Shah I, en el poder en aquellos momentos, la causa a la que se suele acudir, los celos por el poder del visir asesinado. Pero no acaba aquí la historia, ya que un mes después el sultán es encontrado muerto en su cama, tras ser víctima de un envenenamiento, el culpable parece ser uno de sus sirvientes, la mano escondida es de la secta de los asesinos. Las consecuencias parecen dar la razón a la vía de los que apuestan por los Nizaríes de Alamut, no en vano ambos asesinatos propiciaron el final de los Selyuquíes en Oriente Próximo, al producir una gran fragmentación.

Las siguientes victimas importantes de la secta de los asesinos vendrán desde el lado cristiano. Pese a que al parecer,  al final llagaron grandes acuerdos entre los guerreros de Cristo, encarnados por las órdenes Templarías y Hospitalarias principalmente, el camino a los mismos no estuvo falto de obstáculos. La primera de las victimas cristianas de las que se tiene presente, fue el Conde de Tripolí Raimundo II, los motivos como en gran parte de los asesinados por la secta, un misterio, aunque se especula con las desavenencias con su esposa, que a la postre se hará con el control del condado. Pero también se sospecha de los caballeros Templarios, ya que tras la muerte de Raimundo II se convertirán en dueños de algunas fortalezas que custodiaban los Hospitalarios, los preferidos por el Conde asesinado.

Pero sin duda la más célebre de las victimas Nizaríes es Conrado de Montferrato, rey de Jerusalén, por unos días. Su matrimonio de conveniencia con la heredera al trono, Isabel de Jerusalén, le elevó hasta tan ansiado puesto.  A pesar de que la ciudad santa ya había caído en manos musulmanas unos años antes y los cristianos solo controlaban una escasa franja cercana al Mediterráneo, seguía siendo un puesto de honor entre los reyes cristianos.

Volviendo al personaje de Conrado I, el puesto le duró menos de una semana, ya que fue asesinado por dos Nizaríes mientras regresaba a casa. Uno de ellos hecho prisioneros culpo al rey inglés Ricardo Corazón de León, según el asesino para devolver el puesto real a su protegido Guido de Lusignan. Hecho que nunca fue probado, y esto sirvió para diferentes conjeturas, incluso que había sido orden de Saladino, el nuevo rey musulmán de Jerusalén.

La caída de la fortaleza de Alamut.

Fueron muchos los asesinatos que la secta de los asesinos llevó a cabo en sus cerca de dos siglos de historia, pero uno de ellos parece ser que le repercutirá en el inicio de su ocaso. En 1241 muere el segundo hijo de Gengis Kan, Chagatai, que heredó de su padre los territorios más próximos al islam, no existen pruebas pero se culpa a los Nizaríes. Pocos años después Hulagu, nieto de Gengis Kan y por lo tanto sobrino de Chatagai decide vengarse de la secta de los asesinos. Se dice que el ejército que reunió fue uno de los mayores de la historia de los mongoles, su propósito era acabar con la secta de los asesinos, para tener vía libre y conquistar el moribundo Imperio abasí de Bagdad.

Un lugar a simple vista difícil de conquistar.

Parece ser que poca resistencia pudieron ejercer los Nizaríes ante las huestes mongolas, el por entonces líder de la secta de los asesinos,  Rukn al-Din entregó Alamut a cambio de su rendición. Pero Hulagu no se contentó, arrasó la fortaleza y con ella una de las mejores bibliotecas de la Edad Media, corría el año 1256.

Aunque queda claro que no fue el final de la secta, los supervivientes se dispersaron por el islam y bien es sabido que siguieron cometiendo asesinatos selectivos, uno de los cuales pudo ser Eduardo I de Inglaterra, que se salvó por los pelos.

Fábulas, historias y literatura sobre los Nizaríes.

Tras la exposición del relato queda claro que la secta de los asesinos, es una vez más una de las múltiples historias de la Edad Media, a camino entre la ficción y la realidad. Se ha escrito mucho sobre ellos, algunas fuentes dicen que para reclutar gente los lideres Nizaríes usaban las mismas drogas, que los sus súbditos para cometer los asesinatos.

La mítica fortaleza a los ojos de los creadores de Assasin’s Creed

El primero en trasmitir su historia a los europeos fue Marco Polo, aunque parece ser que la debió conocer más bien a través otros, ya que no puede ser cierta su estancia en Alamut. Es preciso recordar que el mayor viajero de la Edad Media nació en 1254 y su viaje a tierras asiáticas se inició en 1271, años después del final de Alamut. Pero la referencia más clara de los asesinos de Alamut nos llegó en 1938 con la sensacional novela de Vladimir Bartol, Alamut. Por cierto y para concluir, inspiradora de uno de los videojuegos que más sensación han causado en los últimos años, Assassin´s Creed.

La entrada a la fortaleza en la actualidad.

Mas info: Alamut, Vladimir Bartol, 1938

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La Casa de los Templarios, el Banco Central de la Edad Media.

El 16 de julio de 1099 los cruzados cristianos toman Jerusalén,  la ciudad donde Jesús vivió, murió y resucitó. Ese día entre otros muchos, llegan a la ciudad Hugo de Payens y Godofredo Saint-Omer para arrebatarles el control de la ciudad santa a los musulmanes. Pocos meses después Balduino I es coronado como primer rey cristiano de Jerusalén. A los caballeros cruzados se les encomendada la tarea de proteger a los peregrinos que se dirigen a la ciudad y por ende al nuevo rey,  que se alojará en la mezquita musulmana erigida sobre el antiguo Templo de Salomón. En 1119 el rey se retirará a su nueva residencia en la Torre de David, con lo que acababa de nacer la Orden Militar del Temple, entre sus fundadores los dos referidos anteriormente y siete compañeros más.

Balduino II junto a Hugo de Payens y Godofredo.

A partir de ese momento, los conocidos como Templarios se extenderán por toda Europa, para convertirse en uno de los poderes más fuertes de la Edad Media. Ríos de tinta se han escrito sobre sus historias, pero para la que nos atañe hoy la mejor descripción viene de un autor del siglo XIII. Este en su obra “sobre los estados del mundo”, hace una somera descripción de todos los estamentos medievales, al llegar a los templarios los define así:

Son hombres muy valientes y es evidente que saben velar por sus intereses; pero les encanta el dinero. Cuando suben los precios prefieren vender su trigo antes que ofrecérselo a sus dependientes”

No sabemos a ciencia cierta cómo su pasión por el dinero, como mínimo al principio, pudo influir en la forma en que la sociedad medieval veía a esta orden militar y religiosa. En definitiva, dicha pasión, llevó a los Templarios a convertirse muy  pronto en los grandes banqueros de la Edad Media. Aunque más bien pudieron ser las “cajas de ahorro medievales”, ya que como las del siglo XX, dedicaron sus ganancias a las “labores benéficas” en este caso la protección de Jerusalén y de los peregrinos que acudían  a ella.

La financiación de los Templarios.

Es evidente que para negociar con el dinero, lo primero que había que hacer era  ganarlo. Los templarios diversificaron sus diversas fuentes de ingresos a conveniencia propia. Las primeras rentas le llegaron via donaciones de los reyes de Jerusalén, en particular a partir de Balduino II, especialmente en forma de tierras y diezmos. Pero también mediante el ingreso en la orden de un sector más pudiente  de la aristocracia, que ponía al servicio del Temple sus fortunas. El resto los consabidos testamentos de incluso reyes, como el rey aragonés Alfonso I el Batallador, que acabaron de llenar las cada vez más amplias arcas de los templarios.

Tras los primeros ingresos debieron poner en marcha sus propios negocios.Sin duda la mayor actividad económica del siglo XII era la agricultura y en ella pusieron sus ojos. Fueron unos de los pioneros en la roturación de nuevas tierras que se extendieron por toda Europa a partir del siglo XIII, las cuales cultivaban, bien directamente o en régimen de “diezmo”. Pero también a la agricultura supieron buscarle otras formas de negocio.

 Por ejemplo, en la Baja Edad Media tener un molino de viento para moler el grano era fuente de ingresos importante. Los Templarios se hicieron con varios de ellos, por aquel entonces eran de los mejores posicionados para efectuar su costosa construcción y mantenimiento. Así mismo construyeron amplios graneros, que si por una parte nos muestran su alto nivel productor, por otro debieron servir como almacén distribuidor, menester por el cual también debieron incrementar las ganancias.

Graneros en la comarca de Essex, hoy convertidos en museo.

Pero no solo de la agricultura obtuvieron ingresos, como hemos dicho diversificaron su negocio. Sin ir más lejos en las costas de Palestina se han localizado restos de salinas, usadas por los Templarios para la fabricación de sal, otro de los grandes negocios, en este caso a través de los tiempos. En el caso de la industria textil, fueron de los primeros en usar una nueva técnica para la obtención de tejidos más resistentes. Se trataba de un molino de abatanado, que mediante la corriente de agua movía unas amplias mazas que compactaban dichos tejidos.

 No podemos terminar esta sección de negocios templarios, sin hablar del comercio con oriente, por un lado su posición geográfica, y por el otro su flota, estuvieron al servicio de este lucrativo comercio.

Recreación de un navío templario.

El negocio bancario.

Es importante tener en cuenta que el negocio bancario en la Edad Media, no fue exclusivo de la Orden Templaria, pero si uno de sus principales impulsores. En primer lugar podíamos hablar de un producto financiero, que la historiografía ha asignado a los Templarios como sus inventores. Me refiero a las letras de cambio, cuando un peregrino decidía  por ejemplo viajar a Santiago de Compostela o bien a Jerusalén, depositaba su dinero en la oficina más próxima. En dicha oficina le entregaban una letra de cambio, con ella, podía efectuar el peligroso camino sin riegos a perder el dinero. Asimismo una vez llegado a destino podía retirar este, en la oficina correspondiente. Aquel fue fue el principio de las letras de cambio, aunque posteriormente debieron esperar un tiempo hasta que se regularizaran, se convirtieron en un producto financiero clave en el resurgimiento del comercio del siglo XIV.

Sin duda la imagen del Caballero templario es de las más icónicas de la Edad Media.

Tras las letras de cambio pusieron en marcha las cuentas corrientes, estas eran usadas principalmente por los nobles más pudientes, e incluso por los reyes. Su funcionamiento debió ser muy similar a las anteriores, se depositaba el dinero o los bienes en la oficina próxima, para poder ser utilizados en otras más lejanas. Hay diversos ejemplos, como el del monarca ingles Enrique III, que debía hacer frente a pagos al otro lado del Canal de la Mancha, es preciso recordar que los territorios de Aquitania pertenecían a su corona. Por otro lado este servicio financiero de los templarios fue utilizado por Papas, como Inocencio III, para la manutención de las diversas cruzadas que decidió poner en marcha.

Los préstamos personales debieron ser uno de los más lucrativos servicios financieros. A este servicio, una vez más, acudían los reyes de las monarquías de Europa Occidental, sin ir más lejos para el financiamiento de sus guerras. Pero también para otros menesteres, por ejemplo ha quedado constancia del préstamo al que tuvo que acudir Alfonso X el Sabio para pagar la dote de su hija, y de esta manera casarla con el heredero de Francia.

Estos préstamos acarreaban otros tipos de negocios bancarios a los Templarios. Para el pago de los mismos era menester el depósito de algún tipo de garantía, con o que nació unas especie de casa de Empeños, de la cual también debieron hacer negocio. Las oficinas bancarias de los Templarios sirvieron también como depositarias de todo tipo de objetos de valor, por ejemplo en Londres acogieron las joyas de las Corona Inglesa a principios del siglo XIII, con el rey Juan Sin Tierra.

El poder económico de los Templarios fue tan importante que algunos lo han considerado el primer Banco Nacional, especialmente en la Francia del siglo XIII y durante el largo reinado de Luis IX (1226-1270). Este rey llevó a la Casa del Temple de Paris el tesoro real, además el mismo tesorero templario ejerció como el principal asesor financiero del rey durante este periodo. Tras conocer un poco la historia de los Templarios en Francia, es más fácil entender su final, el cual si necesitáis recordarlo os invito a leer este articulo: La maldición de Jacques de Molay.

Las Casas del Temple.

Hasta aquí hemos hablado de las “oficinas” como lugar donde se realizada el negocio bancario, por parte de los Templarios. Todos los indicios nos llevan  a pensar que el negocio bancario se llevaba a cabo en las Casas del Temple. En definitiva todo lo relacionado con los Templarios está repleto de múltiples dudas e historias a medio camino entre la realidad y la ficción, de ahí que asegurar algo sobre ellos ofrezca ciertos temores.

Castillo Templario de Ponferreda, uno de los mejore conservados de España.

La unidad territorial sobre la que se basaba la Orden del Temple era denominada encomienda. En ella podíamos encontrar todos sus bienes económicos, como los campos del cultivo, las diferentes industrias, los célebres castillos templarios, iglesias, etc. Uno de los bienes inmuebles fueron estas denominadas casas del Temple. Existían prácticamente en todas las ciudades medievales importantes, hoy día ha quedado constancia en varias. Sin  ir más lejos en Toledo, inauguró hace unos meses las visitas a una de ellas.

Pero la que parece que se llevó la palma fue la Casa del Temple de Paris, situada en la margen izquierda del rio Sena. Los templarios se establecieron en la ciudad a partir de 1146, pero no sería hasta 1240 durante el reinado de Luis IX, cuando llevaron a cabo una auténtica ciudad dentro de Paris. Hasta dos distritos de la ciudad llegaron a ocupar tras unas enormes murallas, algo por cierto controvertido y difícil de comprender, ¿Qué temían si eran los protegidos del rey?, ¿o bien, escondían algo? Como vemos las conjeturas con los Templarios se disparan rápidamente.

Plano de la ciudad Templaria que la Orden del Temple construyó en París.

En definitiva dentro de su ciudad contaban con todo lo necesario, ya que como hemos dicho anteriormente fueron los auténticos gestores económicos del reinado de Luis IX. Así que su Casa del Temple de París sería la más importante de Europa. En la actualidad no queda prácticamente nada, sus últimos inquilinos importantes fueron los reyes franceses, encarcelados allí tras la revolución de 1789. Este hecho llevó a Napoleón a mandar su completa destrucción, para que no se convirtiera en un lugar de peregrinaje de los monárquicos franceses. Aunque también, desgraciadamente, se llevaría por delante buena parte de los secretos templarios.

Mas info: Los templarios, una nueva historia, Helen Nicholson, Ed. Crítica, 2009

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El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.

En la margen derecha del rio Cinca y sobre una colina, aparece uno de los castillos más impresionantes del norte de España. Su denominación como Castillo Templario de Monzón, no hace completo honor a sus 1200 años de historia, sino a la época donde dicho castillo pudo tener su máximo esplendor.

Pocos castillos mantienen la vigencia e importancia durante prácticamente la totalidad de su historia como el castillo de Monzón. Su origen debemos buscarlo en el siglo IX, cuando el territorio oscense estaba dominado por los musulmanes. De dicha época es la torre del homenaje y de la cual todavía se conserva un ajimez restaurado, como fiel reflejo de sus primeros moradores.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
La restaurada torre musulmana del siglo IX

Pero si por algo es conocido este castillo, es por haber asistido como espectador privilegiado, a algunas de las contiendas principales sucedidas en la Península ibérica. Esto le ha llevado a continuas remodelaciones, hasta conseguir la fisonomía actual.

El castillo de Monzón durante la Reconquista.

Como bien es sabido, la Reconquista cristiana de la Península ibérica terminó en 1492, con la toma de Granada por los Reyes Católicos. Pero cuatro siglos antes, los primeros reyes de la Corona de Aragón, deciden expulsar a los musulmanes de los otrora territorios cristianos al sur de los Pirineos.

En esta reconquista será clave la toma del castillo de Monzón, no en vano suponía cortar las comunicaciones entre dos de las taifas musulmanas más importantes. En concreto la Taifa de Zaragoza en manos de los sucesores del rey Al-Muqtadir, mecenas del Palacio de la Aljafería. Y por otro lado la Taifa de Lérida en manos de la dinastía Banu hud. Además de cortar estas comunicaciones existía la necesidad de controlar el curso medio del río Cinca, uno de los principales caminos desde los Pirineos al centro peninsular.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
La iglesia de San Nicolás construida tras la llegada de los primeros templarios.

Así que el Infante de Aragón, Pedro, y futuro rey como Pedro I, conquistó el castillo en el año 1089. A partir de ese momento y hasta 1143 se puede considerar el periodo de máxima actividad belicosa de la reconquista aragonesa. Durante dicho periodo el castillo irá cambiando de manos continuamente, ya que al menos durante dos periodos, los comprendidos entre 1126-1130 y 1136-1141 estuvo nuevamente bajo dominio musulmán. Finalmente la llegada de los caballeros templarios en 1143 pondrá fin a este primer periodo bélico del castillo.

El asedio contra los templarios.

Concretamente más de 150 años duró el paso de los caballeros templarios por el Castillo de Monzón, y por ende de la nueva Corona de Aragón. Templarios y reyes compartieron durante este periodo la lucha contra el infiel del sur de la Península. Pero a finales del siglo XIII comenzará la decadencia de la Orden del Temple.

En el año 1293 Jacques de Molay fue proclamado Maestre del Temple, el principal cargo del mundo de los templarios. Además ese nombramiento fue dos años después de la perdida de Acre, último reducto cristiano de los conquistados en oriente por los cruzados cristianos. Por lo tanto el sino, por el que nacieron los templarios se había perdido.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
Los símbolos templarios están muy presentes en todo el castillo

Así mismo, esto lo debemos unir a las continuas acusaciones a las que fueron sometidos, desde ritos iniciativos, adoración a ídolos no católicos, o practicar la homosexualidad, aspectos muy alejados de la doctrina cristiana. Todo ello sin olvidar su continuo secretismo y sus enormes acumulaciones de riqueza.

En consecuencia el rey de Francia Felipe IV inicia su persecución, tras lo cual en 1312 la Orden Templaria es disuelta y dos años después Jaques de Molay muere en la hoguera como hereje.

Todos estos hechos los podemos trasladar a la Corona de Aragón. Ya que si al principio el Rey Jaime II desistió de ir contra de ellos, pronto es obligado por las circunstancias a cambiar de parecer. Las tropas de la corona inician los asedios a las plazas templarias, una a una van cayendo las más importantes. La primera en rendirse será Peñiscola, tras ella Cantavieja y Miravet entre otras.

Precisamente en este el momento, el Castillo de Monzón vuelve a ser protagonista, puesto que se convertirá en el abanderado de la defensa de la orden de Temple. En definitiva será el último en capitular, aunque rodeado y en solitario nada pudo hacer contra los ejércitos de la Corona de Aragón. La entrega definitiva se llevará a cabo el 24 de Mayo de 1309.

La remodelación durante la Guerra de Sucesión.

La llegada de la Edad Moderna y las guerras contra los franceses, por parte del monarca español,  Felipe IV en el siglo XVII, llevarán a la pérdida progresiva de interés en el castillo y en la ciudad de Monzón.

Pero un nuevo acontecimiento proporcionará un nuevo cambio de rumbo a la historia del Castillo de Monzón. En concreto la Guerra de Sucesión española, que si comenzó con el siglo XVIII, no será hasta 1705 cuando llegue a España.

Esta llegada de la guerra de Sucesión se producirá con el desembarco del archiduque Carlos en Barcelona, con la intención de hacerse con el control que ejercía en España el rey designado como heredero al trono, Felipe V. Durante este primer periodo en los territorios aragoneses se puede decir que vivieron entres dos aguas. Por un lado condes aragoneses apoyaban a Carlos, mientras otros apoyaban a Felipe V. Conviene subrayar que no será hasta el año 1710, cuando la frontera quede establecida en Lérida, que Felipe V mande convertir el Castillo de Monzón una fortaleza Moderna.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
Garita de vigilancia

Para ello se construían baluartes, se colocaran baterías de cañones y se reforzará toda la muralla exterior para contener los ataque modernos a base de cañonazos. Una de las remodelaciones más curiosas tendrá lugar en la torre del homenaje, precisamente la primera en ser construida durante el periodo musulmán. Esta se trató de recortar la altura de la misma, el propósito era evidente, restar un punto de referencia a la artillería enemiga. Esta remodelación es la que ha conferido al Castillo de Monzón la fisonomía actual, más alejada de los castillos medievales, y más cercana a las fortalezas modernas.

El Castillo de Monzón visto desde sus cinco de sus periodos bélicos.
La nueva puerta de entrada, donde se observan las rendijas para las armas de fuego

La Guerra de Independencia en el Castillo de Monzón.

El levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid, contra el gobierno francés de José Bonaparte, es el pistoletazo de salida de la Guerra de Independencia española. Solo un año después las tropas francesas dirigidas por el Mariscal Suchet se hacían con el control del Castillo de Monzón.

Tras 4 años de guerra las tropas española inician el asedio al Castillo de Monzón, este está considerado uno de los mayores ejemplos de resistencia por parte del ejército francés. De la táctica usada por las tropas española, ha quedado constancia en las bases del castillo.

El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.
Las galerías excavadas en piedra.

Varias galerías fueron excavadas, por los soldados españoles, directamente sobre  las rocas  que sustentaban  la zona amurallada del castillo. El propósito era claro, colocar una serie de explosivos que echaran abajo los cimientos del castillo. Algo que no conseguirán entre otros motivos por la resistencia de la montaña. Pero también por el contraataque de los franceses, que excavaron túneles desde los anteriores dormitorios de época templaria, hasta dichas galerías. Todo ello con el firme propósito de abortar el avance de los españoles,mediante la colocación de minas trampa.  Este juego de guerrillas duro más de un año, hasta que el 15 de febrero de 1815 y tras la caída de la ciudad de Lérida, las tropas francesas se ven en la obligación de abandonar el castillo de Monzón.

El castillo de Monzón como escenario de la Guerra Civil española.

Este conflicto no necesita presentación, la guerra sucedida entre 1936 y 1939 tiene su reflejo en la sociedad actual. Aunque sí que es más desconocida la participación del castillo de Monzón en la contienda.

El valle del Cinca fue uno de los sitios más complicados de controlar por la fuerzas del Bando Sublevado. La forma de resistencia fue mediante la elaboración de las denominadas colectividades. En concreto estas estaban formadas por miembros de los partidos republicanos como el PCE, a los que se sumaban los sindicatos pobreros de la CNT y la UGT.

El Castillo de Monzón visto desde cinco de sus periodos bélicos.
La galería excavada en piedra que sirvió como refugio antiaéreo

Para acabar con estas colectividades, aparte de las evidentes detenciones de sus miembros, se inicia una campaña de bombardeos. Es en este punto donde los milicianos deciden utilizar las dependencias del castillo de Monzón con un doble motivo. En concreto como almacén y en segundo lugar como refugio antiaéreo. Para este menester son usadas tanto las galerías subterráneas excavadas un siglo antes por el ejército español, como las dependencias interiores, En concreto una sala también excavada en piedra bajo la antigua iglesia Templaria de San Nicolás. Esta que anteriormente había sido usada como almacén de municiones, caballerizas, e incluso como cárcel, pasará a la historia de la Guerra Civil como refugio antiaéreo de la población de Monzón.

El castillo de Monzón a día de hoy.

Hoy día está catalogado como bien de interés cultural y protegido como monumento nacional. Además se pude visitar de Miércoles a Domingo a un precio de 3€, con los consiguientes descuentos.

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