Cómo entrar en la historia en 15 días, Palacio de Cecilienhof.


 

El protagonista de nuestra historia es el Palacio de Cecilienhof. Un lugar destinado a principios del siglo XX a ser la morada del rey del Imperio Alemán, pero que pasará la mayor parte de su existencia en el ostracismo, del cual solo salió en aquellos  fatídicos quince días del verano de 1945, en los que entrará en la historia por la puerta de atrás.

Su historia comienza en el inverno de 1914, el entonces emperador del II Reich Alemán, Guillermo II, decide la construcción de un palacio destinado a su hijo y heredero Guillermo, el mayor de siete hermanos. El lugar elegido estaba recientemente remodelado, y era conocido como el Jardín Nuevo. Se trataba de un espectacular parque de estilo inglés que se encontraba en las afueras de Potsdam.

Aunque pronto comenzarán los inconvenientes, el 28 de junio de 1914 moría asesinado un gran amigo de Guillermo II, el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo.  La respuesta de Alemania no  se hizo esperar, pese a las primeras reticencias del propio Guillermo, los decididos militares alemanes y su perfecto plan Schlieffen enviaron a Alemania, y posteriormente al mundo a su Primera Guerra Mundial.

Pese a todo en plena guerra mundial el palacio se siguió construyendo, hasta tenerlo terminado en 1917. El día de su inauguración en agosto de ese año, el espectacular palacio de estilo inglés Tudor, contaba con 6 patios, 55 chimeneas y 176 habitaciones. En el mismo se alojó el futuro rey con su esposa Cecilia de Mecklemburgo-Schwerin, de la cual adoptó el nombre, y sus 5 hijos, ya que la última nació días después en dicho palacio. Poco le duraría la alegría al príncipe Guillermo, el año siguiente tras perder la guerra Alemania, se ve obligado a exiliarse a Holanda junto a su padre,  en el Palacio se quedará su esposa hasta 1945.

La monarquía fue abolida al terminar la guerra, pese a lo cual el príncipe impulsado por su padre, y último emperador alemán  Guillermo II, volvió varias veces durante los primeros años de mandato de Hitler. En definitiva, la Casa de Hohenzollern siempre creyó en la posibilidad que el dictador les retornaría la Corona. Evidentemente estaban equivocados, los planes de Hitler pasaban por otro sitio. Dichos planes estallaron en septiembre de 1939, enviando esta vez a Alemania y otra vez al mundo a la más devastadora guerra de la historia. La princesa Cecilia permaneció en el Palacio hasta el final de la guerra, solo unos días antes de la llegada del ejército rojo a Potsdam, momento en que se vio obligada a abandonarlo. Solo unos pocos meses después este magnífico Palacio se disponía a entrar en la historia mundial, durante sus quince días de gloria.

Sorpresa de Stalin.

El 26 de Julio de 1945, Josif Stalin,  secretario general del Partido Comunista de la URSS, (que por cierto se adelantó a sus compañeros, adornado el patio con una estrella roja), Winston Churchil relevado por Clement Attlee como Primer Ministro del Reino Unido ese mismo día, y Harry S. Truman presidente de los EE.UU,  se reunían en el Palacio de Cecilienhof, para cambiar el mundo.

El primer acuerdo que tomaron ese mismo día, fue realizar la llamada Declaración de Potsdam, Truman, Churchil y el Presidente de la República China Chiang Kai-Shek realizaron un ultimátum  a Japón, o se rendían o caería sobre el país toda la fuerza aliada. El resultado el conocido; el 6 de agosto caía la primera bomba atómica sobre Hiroshima, el 9 de agosto la siguiente sobre Nagasaki.

Reuniones en Cecilienhof

El resto de lo sucedido en el Palacio de Cecilienhof, fue de la denominada Conferencia de Potsdam, es decir poner la  firma a los numerosos acuerdos a los que fueron llegando los aliados durante la guerra. Dicho de otra forma,  el punto y final a la terrible 2ª Guerra Mundial, el reparto de Alemania entre Rusia, EE.UU, Reino Unido y Francia.

Churchill, Truman y Stalin, los tres vencedores de la 2GM

En definitiva estos dos hechos; (la bomba atómica y el reparto de Alemania, pondrán las bases de la Guerra Fría). Al día siguiente Stalin se unió a  la carrera atómica que habían comenzado los EE.UU previamente, hecho que mantendrá en vilo al mundo hasta la caída del régimen soviético en 1989.

Mientras, el protagonista de esta historia pasará al olvido, y al más completo abandono. Un hecho que nos puede llevar a entender su ostracismo durante la Guerra Fría, es los escasos metros que separan el Palacio de Cecilienhof del Puente Glienicke, el cual pasará a la historia como punto ideal, por su discreción, de intercambios de espías entre las dos potencias, EE.UU y la URSS. Por último es importante destacar que durante esos años, Potsdam perteneció a la República Democrática Alemana, uno de los países más afines a la potencia comunista.

Tras la caída de Telón de Acero y del Muro de Berlín en 1989, el Palacio se recuperará para ser uno de los muchos monumentos que hacen de Potsdam una de las ciudades más bonitas de Alemania. Hoy en día se puede disfrutar en él de un museo y un fantástico Hotel, en el entorno magnífico del jardín Nuevo.

Articulo publicado previamente en Queaprendemoshoy.com el 16 de febrero de 2017

Imágenes: commons.wikimedia

Scapa Flow, buceando entre los barcos de dos guerras mundiales.

Scapa Flow es una bahía situada en las escocesas Islas Orcadas, de poco más de 20 km de largo por unos 15 km de ancho. Su posición geográfica, sus resguardadas aguas  y una profundidad casi constante de 40 metros, le han convertido en un auténtico puerto natural. El cual ha sido aprovechado desde los vikingos en la Edad Media, hasta el siglo XX. Precisamente en este último y convertida en la base naval más importante de la Royal Navy británica, será cuando entre de lleno en la historia.

¿Quién iba a decirle, a los tranquilos ciudadanos de estas islas del norte de Escocia, que los incidentes sucedidos durante las dos guerras mundiales, iban a convertir a su bahía en un paraíso para los buceadores de todo el mundo?

Scapa Flow durante la Gran Guerra.

La marina Imperial de Alemania fue uno de los principales brazos de la ofensiva teutona para ganar la Gran Guerra. Pero su fracaso en el bloqueo a las islas británicas, junto al error de hundir los barcos mercantes norteamericanos, que llevaban el suministro a Gran Bretaña, puso en jaque al Imperio Alemán. En definitiva fue la principal causa de la entrada de los EE.UU en la guerra. Lo cual propició el lento final de la misma, tras la retirada paulatina de la contienda de los aliados de Alemania.

Por otro lado, el amotinamiento de los marinos alemanes, a finales de octubre de 1918 en la localidad de Kiel, ante la llamada a participar en la última guerra naval contra la Royal Navy, desencadenó el final de la 1ª Guerra Mundial. Ya que a estos se unieron los soldados de tierra, y los  trabajadores de las principales ciudades alemanas. Estos hechos llevaron a  Alemania la necesidad de pedir un armisticio el 11 de noviembre de 1918.

Pocos días después, concretamente el 21 de noviembre, 74 barcos alemanes partían escoltados por los vencedores británicos rumbo a Scapa Flow. Al mando de la flota alemana un experimentado almirante prusiano, Ludwing von Reuter, con una misión explicita, esperar los resultados de las conversaciones de paz del Tratado de Versalles. Aunque parece ser que tenía bien clara cuál era su misión, ya que la preparó a conciencia.

Ludwing von Reuter

Las noticias de los preocupantes acuerdos que los aliados estaban preparando para los barcos alemanes, que suponía el reparto de los mismos entre italianos, franceses, e ingleses, llevó a von Reuter a ejecutar su plan. La mañana del 21 de Junio de 1919, los focos y las banderas alemanas empezaron a trascribir en Morse las instrucciones. Solo cinco horas después, 52 de los 74 barcos estaban en el fondo de Scapa Flow. Por cierto el resto los recuperó la marina inglesa. Por otro lado Ludwing van Reuter que fue arrestado y condenado por los ingleses, se convirtió en unos de los héroes de la derrota alemana en la Gran Guerra, y el primer condecorado por Hitler a principios de la siguiente Guerra Mundial.

Ernest Cox, el chatarrero más rico del mundo.

Tras la guerra vino la reconstrucción, para la cual las necesidades de acero llevaron a elevar considerablemente el precio de este metal. Ernest Cox, un adinerado empresario del mundo del metal se puso manos a la obra, entre 1924 y 1932 reflotó gran parte de la flota, tanto alemana, como algunos barcos ingleses que habían sido hundidos en el desarrollo de la Gran Guerra. Su gesta le valió el sobrenombre del “el hombre que compró un flota”, título del libro escrito en 1964 en su honor. Aunque la gran crisis acabó con la rentabilidad de esta operación, la cual tuvo que abandonar definitivamente en 1933, dejando todavía gran cantidad de barcos en el fondo de Scapa Flow, a la espera del más ilustre de todos.

El hundimiento del HMS Royal Oak.

El acorazado británico nació en los inicios de la 1ª Guerra Mundial. Tras lo cual se convirtió en uno de los principales protagonistas de la Batalla de Jutlandia, contra la flota de la marina Imperial Alemana, en 1916. Tras la guerra recorrió las aguas del Atlántico y del Mediterráneo en misiones de vigilancia de la precaria paz entre guerras. El verano de 1939 a pesar de ser mucho más lento, tanto ante sus rivales, como ante sus nuevos compañeros de flota, se preparó para ocupar su puesto en la retaguardia de la Royal Navy ante la nueva Guerra Mundial. Evidentemente en aguas de Scapa Flow.

El HMS Royal Oak

No había pasado ni un mes y medio del principio de la 2ª Guerra Mundial, cuando aquel 14 de octubre de 1939, Günther Prien aprovechando la marea alta, logró introducir un submarino U-47 alemán, por los escasos centenares de metros que separan las islas de Burray y Mainland. Tras lo cual ejecutó dos disparos de torpedos que alcanzaron de pleno el HMS Royal Oak, que rápidamente se hundió en las aguas de Scapa Flow llevándose consigo la vida de 834 personas, de las 1200 que se hallaban a bordo.

La respuesta británica fue cerrar la parte oriental de la bahía, mediante la conexión a través de carreteras de las diferentes islas. Para acabarlas fue necesaria la utilización de la mano de obra de los prisioneros de guerra, concretamente de los italianos que iban llegando a las islas británicas a partir de enero de 1942. El resultado se puede ver hoy día en las denominadas barreras de Churchill y en la preciosa capilla de los italianos situada en la isla de Lamb Holm, construida con los mismos materiales de la obra principal.

Una de las cuatro barreras de Churchill.

Todo ello mientras la bahía de Scapa Flow se convertía en uno de los puntos más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Desde allí salían los barcos con destino a la URSS ocupada por el III Reich, para propiciar un alivio al asedio, al que fueron sometidas ciudades como el actual San Petersburgo, la otrora Leningrado. Además de servir como punta de lanza en la caza del más célebre acorazado alemán, el Bismark, que fue hundido frente a las costa de Francia. Todo ello tras haber causado enormes bajas a la Royal Navy británica, en la Batalla del Estrecho de Dinamarca a finales de mayo de 1941.

Scapa Flow en la actualidad.

Toda esta peculiar historia ha convertido a Scapa Flow en un entorno marino único en el mundo. Como ya ha quedado dicho para la práctica del submarinismo, pero también para cualquier viajero apasionado de la historia del siglo XX.

La pequeña iglesia italiana de Scapa Flow

Hoy día siguen habiendo cerca de 60 barcos hundidos, además de cuatro aviones. Se puede bajar a casi todos, con algunas excepciones como la del HMS Royal Oak, ya que está  prohibida, después de ser convertida por las autoridades británicas en una especie de tumba nacional. Por cierto, cada 14 de octubre se hace una bajada para el cambio de la bandera de proa, a modo de homenaje a los fallecidos.

Las grandes atracciones son los tres enormes acorazados de más de 26.000 Tn cada uno, y los cuatro cruceros de alrededor de 5.000 Tn, aunque a ellos solo pueden acceder los expertos buceadores. Para el resto quedan los pequeños pecios que se localizan en las cercanías de las costas, muchos de ellos se pueden observar desde dicha costa cercana, sin la necesidad del remojo en las gélidas aguas del Atlántico Norte.

Por último os invito a conocer un poco mejor la historia, y la localización de los barcos, en la siguiente página web oficial de Scapa Flow: scapaflowwrecks

Imágenes: commons.wikimedia

La Torre del Reloj de Jaca, la cárcel de Franco y Hitler durante la 2GM.

Hoy viajamos a la ciudad francesa de Pau, situada a los pies de la Cordillera Pirenaica. Concretamente a una fría mañana de principios de Marzo de 1943, para conocer a dos hermanos; Marcel Proust, no confundir con el autor de “En busca del tiempo perdido”, ya que en este caso estamos hablando de un joven Teniente de la Aviación francesa. Él cual viajó junto a su hermano, Robert, tres años menor que él y en este caso sargento del mismo cuerpo, a dicha ciudad con la intención de escapar de Francia, llegar al norte de África, y así ponerse en manos de la resistencia.

A simple vista la empresa no parecía excesivamente complicada, ya que tras  traspasar los Pirineos llegarían a un “supuesto” país neutral. Tras lo cual solo faltaba cruzarlo de norte a sur y a través de un ferry llegar a suelo africano, por aquel entones controlado por la Francia de Vichy.

Evidentemente no contaron que el único lugar  dentro del estado español en el cual actuaba la Wehrmacht, era Canfranc, un lugar muy cercano a Pau, y donde a buen seguro se ejerció la presión oportuna para la colaboración del régimen con la Alemania de la 2GM. En definitiva las ordenes parecían claras, cierre total de la puerta de escape para cualquier aliado o afín. Esta orden clara y concisa fue acatada por el régimen de Franco.

Canfrac con la esvástica

Echando la vista atrás y con perspectiva que da el paso del tiempo, se hace evidente que los Junkers Ju 52 y Heinkel He 111, que en manos de la legión Cóndor bombardearon las posiciones republicanas de Madrid, Valencia, Barcelona, o la más célebre Guernica, no fueron en balde. Todo ello a pesar de la negativa de colaboración de Franco tras la entrevista con Hitler en Hendaya. Lo cierto es que con el tiempo han ido saliendo a luz diversos aspectos, que hacen entrever una especie de “devolución de favores” entre ambos líderes. Al menos durante la ocupación total por parte de Alemania del país vecino del norte, desde finales de 1942 hasta el verano de 1944.

Franco en Hendaya con Hitler.

Los ejemplos son varios, desde los más conocidos como la venta de Wolframio imprescindible para la construcción de los Panzer alemanes. O la utilización del Campo de Concertación de Miranda de Ebro, tras el paso de Heinrich Himmler en 1940 por sus instalaciones, desde lo cual se convirtió en improvisada base de la Gestapo. Y por último la menos conocida, en este caso la cárcel que nos ocupa hoy.

La cárcel de la Torre del Reloj en Jaca.

Volvemos al punto donde habíamos dejado a los hermanos Proust. Aquella mañana en Pau, ambos no debieron encontrar la mejor vista posible, la ciudad estaba ocupada por los soldados alemanes, con esvásticas por doquier, o los nombrados panzers. Se hace evidente pensar que detrás de este despliegue estaba la cercanía de la ciudad de Pau, con la frontera española.

Hitler y Petain se dan la mano en Paris. el régimen colaboracionista estaba en marcha.

A pesar de ello nuestros protagonistas se dirigieron a alguno de los cafés frecuentados por los disidentes, muchos de ellos republicanos españoles huidos durante la Guerra Civil. En el mismo tomaron contacto con un tal Juan Pablo, por aquel entonces residente en la cercana Laruns. Este, tras el pago de entre 3000 y 5000 francos de la época, un verdadero dineral, los acompaño primero hasta Laruns, desde donde se dispusieron a cruzar los Pirineos Centrales por el Puerto de Portalet, es de suponer que en esas fechas nevado.

Pero en el otro lado de la frontera estaban en sobre aviso, o por lo menos eso rezaba en una especie de libro de actas hallado posteriormente. Fechado el 14 de marzo de 1943, llamaba al control de todos los pasos fronterizos posibles, ante la posibilidad de una avalancha de personas procedentes de la nación vecina. Detrás de dicha avalancha estaba la mejor climática, y  el deshielo tras el duro invierno.

Solo dos días después, tras pasar el puerto de Portalet, a su llegada a la primera población española, Biescas, Marcel y Robert Proust son detenidos a las 8 de la mañana por la Guardia Civil. Tras los interrogatorios pertinentes, donde Marcel Proust declara abiertamente su animadversión a las tropas alemanas y diagnostica una clara victoria alidada. Y por otro lado su hermano Robert denuncia la ocupación alemana de Francia, que no hace más que provocar el hambre entre los franceses. Ambos son conducidos junto a otros ocho franceses a las dependencias de la Cárcel del Reloj de Jaca, donde ingresan el 26 de marzo de 1943, acusados de paso clandestino.

272 presos, 272 historias.

La Cárcel del Reloj de Jaca era y es uno de los edificios más peculiares del casco histórico de la capital jacetana. Construida en estilo gótico civil en 1445 y anexa a las dependencias de la Corona de Aragón. No será hasta el siglo XVII cuando se convierta en cárcel. A pesar de los avatares de guerras como las de la Independencia en el siglo XIX, siendo Jaca lugar de paso, se mantuvo intacta hasta la llegada de los  presos que el régimen encarceló en la misma entre 1942 y 1944. Por cierto ya conocida por los mismos tras su uso en la Guerra Civil.

Cuando hablamos de 272, hablamos de los únicos a los podemos poner nombre y apellidos, gracias a los papeles encontrados. Pero consta que al menos 1115 pasaron por la Cárcel del Reloj de Jaca solo en el año 1943, sin duda el más represivo de todos.

Entre los presos que llegaron a la Torre los había de múltiples condiciones,  desde judíos, a soldados franceses, polacos, o ingleses. Algunos de ellos célebres como el productor de cine alemán y contrario al nazismo, Max Heilbronner, o el periodista norteamericano Franklin L. Wyld. Muchos de ellos, simples campesinos,  que atestiguaron que venían huyendo de la posibilidad real de ser expatriados a Alemania como fuerza de trabajo. Se calcula que hasta 60.000 franceses fueron deportados desde Pau para tal menester.

La torre en la actualidad

El primer preso, en este caso un italiano Angelo Ceresetti,  llegó a la Cárcel del Reloj, el 20 de junio de 1942, tras él un total de 74 más antes que se acabará ese año. Con especial incidencia en el mes de noviembre ante la inminente llegada del invierno. El resto lo hicieron los dos siguientes años.

Tras el paso por dicha cárcel de Jaca el destino que aguardaba a los presos, era el traslado a otras cárceles más grandes como las de Huesca o Zaragoza, o incluso el Campo de Concentración de Miranda de Ebro. Con la llegada de los aliados a Francia para desocuparla, lo cual sucedió en el verano de 1944, la Cárcel del Reloj de Jaca, perdió su labor.  El camino ofrecido a muchos de ellos durante esos dos años es desconocido, algunos debieron ser puestos en libertad y se les perdió la pista, otros a buen seguro llegaron al norte de África. Curiosamente no conocemos lo que pasó con los dos hermanos Proust, pero a buen seguro nuestro próximo personaje intentó tener conciencia de ello.

Ramón J. Campo.

No puedo acabar sin nombrar a uno de los principales artífices, aunque no el único,  de la salida a luz de esta historia en 2002, y de muchas relacionadas con el paso de los Pirineos. Antes de presentarlo, un inciso personal para declararme un apasionado de la cordillera y de su historia. Por ello un reconocimiento muy especial a un libro que cayó en mis manos hace relativamente poco; Canfranc, el oro y los nazis,  su autor Ramón J. Campo, Máster en Periodismo por la Autónoma de Madrid y ejerciendo en el Heraldo de Aragón, sinceramente Ramón me apasiona su lectura.

Si os ha gustado esta historia, os recomiendo esta lectura:

El Schindler de Canfranc, Albert Le Lay

Mas info:

Canfranc, el oro y los nazis, Ramón J. Campo, Ed. Mira Editores, 2012

heraldo

Imágenes:

commons.wikimedia    flickr

La maleta mexicana encontrada en 1999 con 4.500 fotografías de la Guerra Civil Española.

El día 5 de agosto de 1936 llegaban a Barcelona Robert Capa, el fotógrafo nacido en Budapest 23 años antes, y Gerda Taro tres años mayor, y nacida en Stuttgart. A parte de pareja compartían profesión, fotógrafos de guerra, trabajo que por cierto iban a ejercer juntos por primera vez, tras haberse conocido dos años antes en París, donde decidieron empezar una relación personal y profesional.

A su llegada, con un contrato bajo el brazo con la revista VU, se encontraron una Barcelona que contenía todavía la ilusión, de que la guerra que acababa de comenzar, no se iba a alargar en exceso. Este aspecto se puede comprobar en las  imágenes tomadas durante sus primeros días en la ciudad Condal.

 

Dos jóvenes republicanos en Barcelona al inicio la Guerra, foto de Gerda Taro

 

A la pareja se uniría unos días después, la última pieza de la tripleta. Me refiero a David Seymour “chim”, otro joven judío como Robert y Gerda, que nació en la Polonia de 1911. Los tres respondían a un perfil político muy similar, evidentemente contrarios a los regímenes fascistas de los años 30, que les habían obligado a huir de sus respectivos países, recalando todos tres, en el París republicano. Por lo tanto estaba claro al bando que se iban a sumar, para ejercer el periodismo de guerra durante la contienda española.

Tres fotógrafos, tres historias, tres estilos.

Robert Capa llegó a Paris con 18 años plenamente decidió a llevar a cabo su pasión, la fotografía. El primero en darle una oportunidad fue David Seymour, en la revista Regards, de la cual era colaborador el fotógrafo polaco. Pocos años después, como ya hemos dicho,  conoció a Gerda Taro con la que rápidamente entabló una relación. En pocos años se convirtió en uno de los mejores reporteros de guerra, los expertos destacan que su principal cualidad era el saber narrar, como pocos, la secuencia en imágenes de una batalla. Gracias a su continua puesta en peligro, de su cámara salió la foto más internacionaliza de la guerra civil española, “muerte de un miliciano”, realizada en los primeros compases de la guerra en Córdoba.

Muerte de un Miliciano de Robert Capa

David Seymour “chim”, se puede decir que llega a París prácticamente al unísono con Robert Capa, dos años mayor que él prepara el camino de ambos hacia la profesión de reportero de guerra. No dudó cuando recibió la llamada de la Guerra Civil Española, para alistarse en el bando republicano. Su fotografía dista mucho de la su amigo, no retrata la guerra en sí, sino que se detiene en presentarnos la sociedad que existe detrás del conflicto. De este modo sus imágenes más célebres son las de los hombres, las mujeres, y los niños que sufrieron la barbarie de la Guerra Civil.

Dolores Ibárruri “la pasionaria” en 1936 foto de David Seymour que viajo en dicha maleta.

Gerda Taro, con decir que está considerada la primera reportera de guerra, ya la estamos retratando. Cuando conoció a Robert Capa en Paris, no tenía ni decidido el dedicarse a este arte, más bien le ayudaba a este con la edición de imágenes, a cambio Robert  le obsequió con un curso acelerado de fotografía.

Gerda Taro y Robert Capa en Paris, días antes de viajar a Barcelona.

Las fotografías de Gerda Taro reflejan su frescura, su falta de experiencia detrás de la cámara se cubre perfectamente con grandes dosis de moralidad. Sus imágenes son una mezcla de las de sus compañeros, Gerda nos retrata desde las sufridoras mujeres de los milicianos, a los tanques de la batalla de Brunete.

Gerda y Robert tras trabajar prácticamente un año juntos, desde su llegada a Barcelona, deciden separarse para cubrir distintos frentes. Desgraciadamente nunca volverán a encontrarse. Gerda elige el norte de Madrid, la batalla de Brunete, donde los republicanos intentan controlar el flanco norte de Madrid. Dicha batalla está considerada una de las más duras de la guerra, y en ella encontró la muerte la fotógrafa alemana.

Precisamente durante una huida del frente, no halló más vehículo que el estribo exterior de un Chevrolet Matford, el cual volvía al Escorial cargado de heridos. La fortuna hizo que un bache la expulsará del mismo y que un tanque pasará por encima de ella. Tras lo cual, y a pesar de que fue evacuada murió al día siguiente.

Tras el terrible incidente Robert Capa abandonó España camino de Asia Oriental,  para cumplir con otra guerra, en este caso entre China y Japón. Solo volvió en los últimos días de la Guerra Civil, para ver como los republicanos no pudieron hacer nada, y cayeron derrotados contra el bando franquista.

El itinerario de la maleta con los 4.500 negativos.

Tras la finalización de la Guerra Civil en la primavera de 1939, Robert Capa vuelve a París. Junto al mismo viajó la maleta en cuestión, con todos los negativos no utilizados, en la gran cantidad de portadas que en toda Europa protagonizaron las fotografías de nuestros tres personajes.

A los pocos meses empieza la 2ª Guerra Mundial, Robert Capa y David Seymour, como judíos y pro comunistas saben que tienen los días contados, y deciden emigrar a EE.UU. No sí antes pedirle a un amigo que enviara la maleta en cuestión a Nueva York, aunque esta debió en algún momento tomar un camino equivocado. En consecuencia acabó en manos del embajador mexicano que actuaba al servicio del Gobierno colaborador de Vichy, su nombre Francisco Javier Aguilar González. Precisamente con el mismo debió volar a México la maleta de Robert Capa.

Siguiendo con nuestros protagonistas, ambos actuaron como reporteros al servicio de los aliados en la 2ª Guerra Mundial. De Robert Capa conocemos que fue el primero en desembarcar en Normandía en el día D. Os invito a conocer la historia en el siguiente enlace: robert-capa. A pesar de los avatares, ambos sobrevivieron a la misma, pero pronto correrían la misma suerte que Gerda Taro.

Imágenes del Desembarco de Normandía de Robert Capa

El primero de ellos Robert Capa, tras una serie de años de calma relativa decide coger la invitación de la revista Life, para acudir a fotografiar la guerra de Indochina.  Allí una mina anti-persona acabará con la vida de uno de los mejores corresponsales de guerra de la historia.  Solo dos años después su compañero y amigo David Seymour, durante la Crisis del Canal de Suez, fue ametrallado por soldados egipcios, mientras viajaba en coche para cubrir una entrega de prisioneros.  Es de suponer que con ellos, se hubiera podido esfumar  el secreto de las 4.500 negativos inéditos de la Guerra Civil Española, pero no fue así.

En 1999 Cornel Capa, hermano de Robert y ocho años menor, conoce la noticia de unos negativos de la Guerra Civil española, que habían surgido hacía unos años en México. Tras largos años de litigio en 2007, un año antes de su muerte a la nada despreciable cifra de 90 años consigue la maleta en cuestión. En la misma para sorpresa de todos, ya que creían que solo había fotos de Capa, aparecieron a parte iguales las de los tres protagonistas. Fue una de las confirmaciones, como excelente corresponsal de guerra, de Gerda Taro, hay que recordar que solo pudo ejercer la profesión un año.

La oficina de New York donde se encuentran los negativos.

Hoy día son propiedad de la Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, aunque disponibles en agencias como Magnum, y para su exposición por el mundo. Por cierto uno de los últimos lugares que viajó fue a Córdoba, con motivo de la XV edición de Bienal de Fotografía de la ciudad Andaluza, en la primavera de 2017.

A continuación os dejo una pequeña recopilación de las imágenes que viajaron en la maleta, el resto se puede encontrar en la siguiente web: pro.magnumphotos.com

Valencia, marzo de 1937
Madrid, febrero de 1937
Paso de Navacerrada, junio de 1937
Valencia, marzo de 1937

Mas info: nytimes     tramayfondo

Imágenes: magnumphotos

La cámara de Ámbar, el secreto nazi mejor guardado de la 2GM.

El pasado mes de octubre salió a la luz la noticia sobre una desclasificación  de papales de la CIA y del FBI, en lo concerniente al asesinato de John F. Kennedy. Pero para sorpresa de muchos, lo que más llamó la atención fueron unos papales, que aseguraban que Hitler había sido visto con vida en el año 1955 en Colombia. Es evidente que este hecho siguió ahondando en dividir a los que afirman que murió en el Bunker de Berlín, y los que afirman que escapó a Sudamérica. Personalmente no voy a opinar, pero si quiero contar lo que pasó por mi cabeza, al recordar una historia que leí hace unos años.

Fotografía de los archivos desclasificados de la CIA, hecha en 1955, donde se ve a Hitler.

Para comenzar hay que remontarse al verano de 1944, ya que en aquellos días desapareció para siempre la cámara de Ámbar, está, totalmente desmontada contenía  más de 6000 kg de Ámbar del Báltico. Aunque su precio total fuera una incógnita, hoy día de encontrarse intacta,  podría superar los 450 millones de euros.

Breve historia de la cámara de Ámbar.

Para entender lo sucedido durante aquel verano de 1944 en plena Segunda Guerra Mundial, debemos retroceder algo más de dos siglos. Concretamente al año 1701, en aquellos días la nueva potencia europea, Prusia, empezaba a dar sus primeros pasos. Por lo tanto, y ante la necesidad de equiparse en lujo al resto de potencias europeas de la época, su primer monarca, Federico I manda construir una habitación en el Palacio Real de Berlín. El material elegido el Ámbar del Báltico, por aquella época doce veces más caro el oro.

El Palacio Real de Berlín a principios del siglo XX

Años después uno de sus ilustres visitantes, Pedro I de Rusia,  se enamoró de la misma. Así que Federico Guillermo I sucesor en Prusia de su padre Federico I decidió donarla al nuevo aliado. Así será como en 1717 y tras ser desmontada, inicie el recorrido de más 1.700 km que llevaría a nuestra protagonista a San Petersburgo. La nueva ciudad  que a principios del siglo XVIII  acogía a los zares de Rusia en el mar Báltico.

Desde su llegada al Palacio de Catalina, en las afueras de la ciudad de San Petersburgo, fue ampliada y remodelada.  Ya que la nueva estancia era más grande, y a los paneles que se extrajeron de Berlín  se le tuvieron que añadir 40 m2 más de Ámbar. En total al finalizar las remodelaciones en 1770, la cámara de Ámbar contaba con más de 6.000 kg de este preciado material. A partir de ese momento se convertirá en una de las principales atracciones de los zares de Rusia,  permaneciendo intacta incluso durante la Revolución de 1917, hasta la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué pasó en la Segunda Guerra Mundial con la cámara de Ámbar?

Es preciso recordar que San Petersburgo, rebautizada como Leningrado, fue castigada por la Alemania nazi con uno de los asedios más brutales de la historia. Más de 900 días y un millón de muertos, pese a ello la ciudad nunca cayó en manos alemanas, pero si sus alrededores, donde concretamente en la localidad Tsárskoye Seló (actual Pushkin) se encontraba el Palacio de Catalina, que como hemos dicho había sido sede de los zares de Rusia, y que contenía aún la cámara de Ámbar. En definitiva los rusos, previendo la llegada nazi, se habían llevado del Palacio todo lo que pudieron y que tuviera un cierto valor. Pero evidentemente las placas de Ámbar no pudieron llevárselas, aún así decidieron tapar las paredes, para intentar engañar a los alemanes.

Una de las escasas imágenes que se tienen de la cámara de Ámbar original.

Pero Hitler había mandado a Leningrado a uno de sus mejores expertos en arte, Alfred Rohde, que localizó rápidamente la cámara y la desmontó en menos de 36 horas. Pronto se cumplieron las ordenes del Fhürer, “la cámara debe volver a su hogar”, así que fue trasladada al castillo de Königsberg, capital de la Prusia Oriental y sede de coronación de los antiguos reyes prusianos, por cierto hoy conocida como Kaliningrado. Allí incluso se volvió a montar y llegó a estar expuesta pese al peligro de la guerra, corría el año 1944. Pero también cabe decir que poco más sabemos de ella. Algunas especulaciones señalan que fue desmontada de nuevo y embalada para un nuevo transporte. Todo ello antes de los bombardeos aliados sobre la ciudad de Königsberg, que quedaron arrasado el castillo en cuestión.

Königsberg al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el castillo en el centro de la imagen.

¿Dónde está la cámara de Ámbar?

A partir de aquí abrimos un amplio abanico de posibles escenarios. Una parte de expertos se decanta porque el Ámbar no llegó a salir del castillo, una posibilidad que ofrece muchas dudas, ya que no se han encontrado restos en las excavaciones. La gran mayoría apuesta por que salió del Castillo de Königsberg, pero, ¿dónde fue a parar? La cámara de Ámbar ha sido buscada con cierta insistencia, no es de extrañar dado su valor, tanto en el mar donde se cree que yace en un barco alemán.  Hasta por los lugares más inverosímiles, definitivamente en Alemania, Polonia, Austria o Dinamarca hay múltiples  bunkers, cuevas o túneles donde podían haber sido depositadas.

Aunque otra parte de los buscadores se ha dirigido al otro lado del Atlántico, ya que algunos piensan que ha ido a parar a manos norteamericanas como compensación por la guerra. Por último y volviendo al principio, quién puede negar tras las noticias de la CIA y el FBI, que la cámara del ámbar no sirvió para financiar la fuga y posterior mantenimiento de Hitler en Sudamérica. Sea como fuese, hoy día, según los expertos si no se ha mantenido bajo unos mínimos parámetros de temperatura y humedad su valor se habrá visto muy mermado.

La actual reconstrucción visitable en el Palacio de Catalina.

Destacar para acabar, que desde 2003 se puede visitar una réplica de la cámara de Ámbar, en el lugar donde ocupó la genuina en el Palacio de Catalina en San Petersburgo. A cual fueron llegando varias piezas devueltas por Alemania.

Imágenes: commons.wikimedia

Tras los pasos de Robert Capa, el primer fotógrafo del día D.

Hoy nos trasladamos a los últimos días de la primavera de 1944. En concreto a la localidad portuaria de Weymouth, situada en la desembocadura del rio Wey, en el sur de Inglaterra. Precisamente paso a la historia durante la Segunda Guerra Mundial, debido a los persistentes bombardeos de la Aviación alemana, el motivo la ubicación del Fuerte Nothe una de las sedes de la Marina Real Británica.

Esos días el puerto de Pórtland era un auténtico hervidero, entre los acorazados, cargueros, y barcazas de invasión paseaban gran cantidad de simulados turistas, entre ellos Robert Capa, con su única arma, una cámara fotográfica.

Robert Capa.

Estamos ante uno de los mejores reporteros gráficos de guerra de la primera mitad del siglo XX. Sus imágenes han ilustrado algunos de los conflictos más importantes del siglo pasado, desde la Guerra Civil Española, a la Guerra de Liberación entre árabes y israelitas y por supuesto la 2ª Guerra Mundial.

Pero Robert Capa no es un personaje real sino un personaje inventado por una joven pareja de judíos. En primer lugar Endre Erno Friedmann que nació en Budapest  en 1913, desde muy joven se interesó por la fotografía, dado la falta de recursos en su ciudad natal decide emigrar para buscarse la vida como fotógrafo. Primeramente recala en Alemania desde donde tiene que huir por las primeras persecuciones de judíos dirección a Paris donde llega en 1932.

Endre Erno Friedmann

Allí será donde conozca a Gerda Taro nacida en 1910 en la ciudad Alemana de Stuttgart, desde donde tiene que huir a Paris por idéntico motivo que Endre. Desde la llegada a Paris establecen una doble relación, por un lado la sentimental y por otra la laboral. Dada la falta de trabajo, la discriminación femenina de Gerda, y el escaso rédito económico de los encargos, deciden la invención del personaje en cuestión. Robert Capa un fotógrafo norteamericano que empieza a recibir trabajos por parte de las mejores publicaciones del momento, en definitiva este último tenia mejor cartel que dos jóvenes judíos.

Gerda Taro

Así de esta manera les llegó el encargo de varios medios para participar en la Guerra Civil española, donde sus vidas cambiaran para siempre. Tras empezar a trabajar juntos se separan en mitad del conflicto, será a partir de ese momento donde se reconozcan los meritos de la joven fotógrafa. Todo ello antes de encontrar la muerte durante la escapada del ejército republicano,  tras la derrota en la Batalla de Brunete y en un terrible accidente.

Camino del Día D.

Tras conocer un poco mejor a nuestro personaje, volvemos a la acción de la 2ª Guerra Mundial. Concretamente a la mañana del 5 de junio de 1944 y a bordo del USS Chase encontramos a Robert Capa. Camino del mayor desembarco de la historia, aquel que los aliados habían proyectado para llegar a Francia y así poder hacer retroceder a las fuerzas Alemanas.

Mientras los soldados juegan a los dados o escriben cartas en la cubierta. En el gimnasio y sobre una improvisada mesa, se encuentra la maqueta de la costa de Francia. Encima de ella los planificadores resuelven los últimos preparativos del desembarco. El barco atracaría a 10 millas de la costa, para que las múltiples barcazas llevaran a los soldados hasta la misma. En realidad en ese momento se toma una decisión crucial para nuestro personaje, este viajará en la barcaza del Coronel Taylor la que mejor visión tendría del desembarco, y la que más posibilidades de protección ofrecía a  Robert Capa.

Preparando el desembarco.

Trascurridas unas horas, y mientras nuestro personaje junto a algunos soldados disputaban una partida de póker, llego la orden para preparar el abandono del barco. Eran las dos de la madrugada, tras revisar todo el material, que incluía la incómoda máscara de gas o el chubasquero Burberry entre multitud de pequeños detalles de supervivencia. Robert Capa y los soldados de asalto se dispusieron a tomar el que para muchos sería su último desayuno, no faltaba de nada, salchichas, huevos, bollos o café.

A las cuatro en punto, 2000 soldados en completo silencio estaban en la cubierta del USS Chase. A partir del primer rayo de sol empezaron a salir las barcazas en dirección a la costa. El trayecto se hizo eterno para Robert Capa, entre el agua que entraba, los vómitos de los soldados y las detonaciones lejanas, nuestro personaje preparó su Contax para lo que se presagiaba.

El desembarco de Normandía para Robert Capa.

El contramaestre abrió la plancha de acero de la barcaza, justo frente a ellos aparecía la silueta de la costa francesa. Los compañeros de viaje de Robert Capa saltaron rápidamente de la misma, entretanto las metralletas alemanas hacían fuego por doquier. En ese mismo momento el fotógrafo hacia la primera instantánea del desembarco, posiblemente habrían sido más, si Robert no hubiera sentido una patada en el culo grito de: “tenemos que cerrar”.

El camino de la barcaza a la playa necesitaba de cobijos para eludir el fuego alemán. Después de un par de ellos pocos seguros, Robert Capa se escondió tras uno de los tanques anfibios que los alemanes acababan de inutilizar, ese precisamente será el lugar elegido por el fotógrafo para acabar con el primer carrete.

El siguiente paso consistía en llegar a la playa, ya que era imprescindible tomar instantáneas desde la misma arena. Allí, junto al soldado Larry, encontró el cobijo de una pequeña zanja protegida por la inclinación de la playa. Por si no tenían bastantes enemigos, otro se unía a la contienda, la marea del Atlántico les empujaba hacia el fuego enemigo. Robert Capa sacó la segunda Contax de la mochila efectuado continuamente disparos con la misma, el panorama que describió fue de botas mojadas, caras verdes, tanques quemados y barcazas hundidas por todos lados. En ese momento los ojos del desembarco dieron por hecho su trabajo. Robert Capa, el hombre que fotografiaba las guerras, confesó que aquel escenario superaba con creces cualquiera de los que hubiese visto con anterioridad.

La vuelta de Robert Capa al USS Chase.

Si el viaje de ida había sido duro, al de vuelta había que sumarle el trabajo de socorrer los heridos y de colocar a los muertos. Las últimas instantáneas fueron para estos compañeros de viaje y para los que habían servido por la mañana los desayunos. Aunque en el caso de estos últimos, en una situación bien diferente, con la bata blanca llena de sangre tras el enorme trabajo de enfermería. Robert Capa decidió dejar al lado su cámara para sumar esfuerzos, pero tras ello ya no recuerda nada más.

Se despertó la mañana siguiente junto a un cartel de que decía “por agotamiento”.  Junto a él el único de los conductores de tanques anfibios que logró sobrevivir a la primera oleada, la que precedió a la llegada de la infantería. Al poco rato llegaron de vuelta a Weymouth, allí se entero de varias cosas, entre ellas que varios fotógrafos habían sido incapaces de abandonar las barcazas. Por lo tanto, las únicas imágenes de la primera invasión eran aquellas que viajaban junto a él, en el interior de sus Contax. Robert Capa, o Endre Erno Friedmann, como prefieran, fue recibido como un héroe, y que a su disposición se puso el primer avión que surgiera camino de Londres.  Pero el pensamiento del fotógrafo estaba en las playas de Normandía, tras mandar revelar los carretes, se subió al primer barco que volvía hacia las costas francesas.

Una  semana después se demostró que las fotos de Robert Capa eran las mejores del desembarco. Pero el terrible error del ayudante de revelado, que aplicó un exceso de calor,  nos privó de ellas para siempre. De las 106 que tiró nuestro protagonista solo 8 de ellas tenían una calidad aceptable, el resto aparecieron corridas y la culpa fue a parar al fotógrafo. El miedo de Robert Capa le hizo temblar el pulso, fue la respuesta de la empresa encargada de dicho revelado.

Para terminar comentar que en 1947 y junto a otro de los grandes reporteros de guerra, David Seymour, fundan la agencia de fotógrafos Magnum. Como se puede comprobar las imágenes exhibidas en este artículo corresponden a dicha agencia. Pero os animo a encontrar muchas más en el siguiente enlace:

magnumphotos.com

Mas info: M. Leguineche y G. Sánchez, Los ojos de la guerra, Editorial Plaza&Janés, 2001

Atrapados entre nacionalismos, si Confucio levantara la cabeza…

Es totalmente necesario comenzar este pequeño artículo recordando que esto no es un blog de política, aquí lo que se cuenta es la historia. Aunque ello no sea óbice para inhibirse de la política más reciente, más que nada que a día de hoy, os aseguro que no es nada fácil olvidarse de ella, viviendo en el centro geográfico de Cataluña. Sin embargo, estaréis de acuerdo conmigo, que la mejor manera de comprender el presente es estudiar el pasado. Aún y así, os aseguro que lo que sucede entre los dos nacionalismos, en que muchos ciudadanos nos sentimos atrapados, no lo arregla ni el mismísimo Confucio.

¿Quién es Confucio?

Conocemos del mismo gracias a la tradición china, ósea lo que se han contando los unos a los otros. Según estos, Confucio nació en el año 551 aC. conforme a nuestro calendario. Además como suele contar la historiografía fue una de las épocas más convulsas de China, ya que los antiguos reyes de la dinastía Zhou apenas contaban como meros comparsas. Mientras, todo el noroeste de China se había convertido en un puzle fragmentado de pequeños estados, que luchaban continuamente por aumentar sus dominios.

Pues bien, en este contexto, Confucio dedicó gran parte de su vida a estudiar cómo se debía gobernar. Dichos estudios le llevaron a observar como los reyezuelos, de los cada vez más pequeños estados, se rodeaban de los nobles y de los consejeros más despiadados para imponerse a sus rivales. Tras lo cual decidió recorrer gran parte del país, buscando que alguien le ofreciera un empleo dentro de estos gobiernos estatales. Para su sorpresa nadie le ofreció dicho empleo y tras doce años de peregrinaje decidió volver a Lu, su estado natal. Allí decidió que el resto de su vida la pasaría enseñando como se debía gobernar. Por cierto pronto descubriremos la causa de que nadie le ofreciera un empleo.

La cultura china todavía lo tiene presente en sus aulas

La filosofía de Confucio.

Como hemos dicho Confucio dedicó gran parte de su vida a estudiar. Su modelo fueron los antiguos reyes de la dinastía Zhou, aquellos que habían ido perdiendo progresivamente el poder en manos de los pequeños reyes. Como el mismo transmitió a sus alumnos, su saber no era propio, ya que el simplemente se había dedicado a sintetizar y juntar todas las enseñanzas previamente recibidas. Con la única intención de  plasmarlas en sus célebres Analectas, estas últimas era la versión escrita de las charlas a sus seguidores. Confucio era consciente del trabajo que debía realizar, sabía perfectamente que la época de guerras por la que acababan de pasar habían sumido a la población en un exacerbado escepticismo. Así mismo era consciente del desorden de la sociedad china, junto a la total ausencia de modelos morales.

En este punto nos preguntaremos, ¿que decían las Analectas de Confucio?, la respuesta es que eran realmente muy sencillas.

Los gobernantes según Confucio.

Para Confucio los gobernantes solo podían ser grandes si se regían por  la moralidad y llevaban una vida ejemplar. No en vano debían ser el ejemplo a seguir por todos sus ciudadanos. Las verdaderas virtudes de un buen gobernante debían ser la tolerancia, la bondad, la benevolencia y el amor al prójimo. Además debían dejar que sus súbditos imitaran el ejemplo de sus dirigentes, así  como los hijos imitan a sus padres. Además una de las principales obligaciones de los gobernantes debía ser la protección integral de sus inferiores. Es evidente que tras leer este párrafo pensareis como yo, que posiblemente llevamos  muchos siglos perdiendo las enseñanzas de Confucio.

Como ya hemos dicho el saber de Confucio provenía de sus predecesores, y esta, que era una virtud de la humanidad, se tenía que transmitir de generación en generación. Asimismo junto a la benevolencia, la lealtad, el respeto y la reprocidad.

Las máximas confucianas.

Confucio a parte de decirnos como debía ser el buen gobernante, nos dejo una gran cantidad de frases que debían ser de obligado cumplimiento para ser un buen dirigente. En este punto podemos preguntarnos:   ¿vemos alguna de ellas en nuestros políticos actuales?

  1. Cuando veas a un hombre bueno trata de imitarlo, cuando veas un malo reflexiona.
  2. Leer sin pensar es una ocupación inútil.
  3. El gobernante deber ser lento en sus palabras y rápido en sus hechos.
  4. El orgullo debe pertenecer siempre a los hombres inferiores, nunca jamás a sus dirigentes.
  5. Exígete a ti mismo mucho más que a los demás, solo así evitaras disgustos.
  6. Aprende del pasado para construir el futuro.

Son muchas más pero me da la sensación de que estaré “clamando al cielo”, si quiero que nuestros políticos se hagan eco de estas máximas confucianas.

Reconozco que esta es dura, pero posiblemente la más acertada en el problema actual.

A modo de conclusión.

Tras leer esto, muchos pensaréis que es una soberana tontería comparar la actualidad, con los pensamientos de un hombre que “posiblemente” vivió hace 2500 años y encima en China. Es evidente que la vida de hoy, en aspectos como la economía, la política, la tecnología, la cultura, la enseñanza, y así un amplísimo etcétera, no tienen absolutamente nada que ver con la vida que le tocó vivir a Confucio. Aunque especialmente la primera de ellas, la economía, que hoy lo invade todo y que está muy por encima de la política, en mi opinión lamentablemente.

Aún y así  creo que este filósofo chino, está sobradamente capacitado para dar una lección a todos los políticos que nos rodean hoy día. Además sin exclusión ninguna. En definitiva Confucio no nos hablaba de aspectos en los que se basaba la vida hace 2500 años, sino que nos hablaba de moralidad, algo que creo que han perdido hace muchos tiempo nuestros dirigentes.  Hoy en día vivimos en una sociedad con unos políticos realmente mediocres, que son totalmente incapaces de solucionar los problemas de una sociedad que solo reclama defender sus derechos, y esto humildemente en mi opinión es por falta de moralidad.

A la hora de escribir esto, estamos a la espera de ver como se soluciona uno de los episodios más tristes de nuestra historia reciente. No precisamente triste por el hecho en sí, en concreto, la reclamación de una parte de la sociedad de decidir su futuro. Si no por la forma de llevarlo entre nuestros representantes, que podíamos sintetizar en un burdo “a ver quién la tiene más larga”.

Un conflicto que nuestros dirigentes no han querido solucionar por si mimos, saltándose a la torera una de las principales obligaciones, según Confucio, de cualquier dirigente; la protección integral de sus inferiores. Sinceramente estaría aquí dos días escribiendo sobre cosas, que creo han podido hacer mal nuestros políticos, pero todo se resume en una: menudo ejemplo han dejado para las generaciones futuras, si Confucio levantara la cabeza…

Imágenes: commons.wikimedia

Teufelsberg, la montaña que intenta esconder el pasado nazi, tras la 2GM

Por decirlo de alguna forma, si Roma tiene su colina de Testaccio, donde se entierra su pasado romano en forma de ánforas. Berlín tiene Teufelsberg, una montaña para intentar enterrar su pasado nazi, posiblemente algún día lo consiga.

Para conocerla debemos acudir al oeste de la ciudad de Berlín, concretamente al precioso bosque de Grunewald. En el mismo se erige una colina de 117 metros sobre el nivel del mar, destaca perfectamente sobre el resto del bosque situado a solo 40 metros. Su nombre lo dice todo, ya que si traducimos Teufelsberg, nos encontramos “la Montaña del diablo”,  ante lo que dejo rienda suelta a la imaginación.

La historia de Teufelsberg.

Para comprender Teufelsberg, debemos acudir a los prolegómenos de la 2ª Guerra Mundial. Por lo tanto en plena preparación de la misma, donde Hitler sabia  la necesidad de soldados que tendría en adelante, pero aún más de altos mandos que dirigieran la contienda, y sobretodo necesitaba la mejor tecnología militar al  servicio del que debía ser el mejor ejército de la guerra.

Para la preparación de la Wehrmacht, decidió llevar a cabo el mayor complejo de enseñanza conocido. La espectacular academia militar fue encargada al más célebre de los arquitectos al servicio del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. En concreto el socio preferido de Hitler para llevar a cabo su manía por al megaconstrucciones, el discreto Albert Speer. Por cierto uno de los pocos que pidió perdón por el Holocausto, en los célebres juicios de Núremberg.

Hitler y Albert Speer en 1943

El proyecto era solo una pequeña parte, de lo que debía ser la nueva capital del mundo, que nacería tras la victoria del nazismo en la 2ª Guerra Mundial. Esta respondería al nombre de Germania, aunque nunca llegó a ver la luz.

El megacomplejo que acabó diseñando Speer y situado en el bosque de Grunewald era mucho más que una academia militar. Cuando estuviera terminado además de la universidad, contaría con talleres, laboratorios, hospitales y múltiples residencias. Además incluiría uno de los bunkers más grandes del mundo con capacidad para 5000 personas.

Maqueta de la Academia Militar proyectada por Albert Speer

De esta manera el propio Hitler fue el encargado de poner la primera piedra el 27 de noviembre de 1937. Pero también se hizo rápidamente evidente que habían comenzado tarde, ya que antes de que se cumpliera el segundo año de la obra, Alemania se lanzó a la 2ª Guerra Mundial.

Durante los primeros compases de la misma, la construcción continuó su curso, pero pronto los recursos económicos se desviarían a la primera línea de fabricación de maquinaría para la guerra. Finalmente en abril de 1940 y tras el suicidio del ingeniero jefe del proyecto, Karl Becker, se suspendió la ejecución de la Academia Militar.

La construcción de la montaña de Teufelsberg.

Tras el reparto de Potsdam, el megacomplejo nazi quedó en territorio inglés, aunque muy cerca del territorio norteamericano. Es a partir de 1952 cuando las autoridades se plantean un final para el proyecto de Hitler.  A partir de ese momento dos necesidades se juntaran para llevar a cabo la montaña en cuestión.

La primera de ellas el avanzado estado de las obras que dejó el régimen nazi de la academia militar. Este aspecto jugó en contra de las autoridades de la Alemania Occidental,  ya que no era precisamente fácil demoler las megaconstrucciones del dúo Hitler&Spree.

Por otro lado los enormes destrozos que dejo la guerra en la capital berlinesa, habiendo por doquier toneladas de escombros que se debían limpiar. En este aspecto también surgieron problemas para las autoridades, ya que es preciso recordar que la parte berlinesa occidental, era realmente una isla en medio de la Alemania Oriental controlada por la URSS. Por lo tanto no abundaban los lugares para almacenar dichos escombros.

Todo se confabuló para como se suele decir “matar dos pájaros de un tiro”. La solución era relativamente sencilla, todos los escombros debían servir para enterrar la mayor academia militar del mundo. De esta  manera nació la montaña de Teufelsberg, durante los siguientes 20 años los camiones acumularon todos los escombros de Berlin Occidental para enterrarla. Algunos cálculos, dan una cifra de 26 millones de m3 de escombros, que conforman la colina.

La montaña de los espías.

Tras un pequeño salto en el tiempo nos encontramos ante un nuevo panorama político. En 1961 se lleva a cabo la construcción del muro de Berlín, sin duda el símbolo de la guerra fría entre americanos y soviéticos. Ese mismo año, la Agencia Nacional de Seguridad norteamericana construyó la primera torre de espionaje de 27 metros de altura  en Teufelsberg. Aunque habrá que esperar a finales de los años 70, para que tome forma la actual vista de la montaña con las tres enormes esferas de color blanco,  la más alta de ellas de 69 metros. Sin duda esta estación espía es otro símbolo más del aplastamiento del nazismo por las fuerzas occidentales.

La estación espía

La estación en cuestión se mantuvo hasta el final de la guerra fría, se suele comentar que una mosca que abatiera sus alas en la parte oriental de Berlín era captada por los sensores instalados en Teufelsberg. Finalmente la estación es abandonada tres años después de la caída del muro de Berlín, por lo tanto en 1992.

La montaña hoy día.

Son  incontables los avatares por los que ha pasado la montaña de Teufelsberg desde el abandono norteamericano. Se montaron apartamentos, que se intentaron vender sin conseguirlo, por otro lado hubo intentos de construcción de un hotel de lujo, que tampoco fraguó. Pocos años después, el director de cine norteamericano David Lynch aduciendo que Teufelsberg era una montaña sagrada, intento fundar en ella una paranoica universidad de Meditación Trascendental. Por destacar alguna de las últimas utilidades, entre 2011 y 2015 se llevó a cabo solo y exclusivamente visitas guiadas al complejo para turistas.

Hoy día un espacio destinado a los artistas callejeros.

Por último decir que hoy en día la visita es libre. Los curiosos acuden a la montaña de Teufelsberg, para disfrutar de los espectaculares grafitis que han hecho allí los más destacados artistas del mundo. Además de contemplar algunas de las más bellas vista de la capital de Alemania.

Imagenes: commons.wikimedia   flickr

El museo de historia bélica más alto de Europa, la Marmolada.

A 2.950 metros sobre el nivel del mar, y a la falda del glaciar de la Marmolada, por cierto la cumbre más alta de los Dolomitas italianos, está el Museo de la Gran Guerra de la Marmolada. Se accede al mismo a través de las telecabinas de la estación de esquí de la Marmolada.

Vista de la sede del museo junto al glaciar de la Marmolada

La historia del Museo comienza en el año 1.990. Mario Bartoli, un hombre del mundo del cine y apasionado de la historia militar inicia el proyecto. En concreto después de la creación de una asociación sin ánimo de lucro, su objetivo era claro, la conservación de la memoria histórica de los trágicos sucesos de la Gran Guerra.

En 2015 y con motivo de conmemorar los cien años desde el inicio del denominado Frente Italiano, se decide llevar a cabo una gran restructuración y fundar la empresa que explota hoy día el complejo. Por cierto, el que suscribe le debe una visita, ya que la mía fue con anterioridad, aunque ya me impresionó.

Una mirada a la Gran Guerra.

En el verano de 1914, el mundo se dirige a su Primera Guerra Mundial. No vamos a entrar ni en detonantes, ni causas, aunque como siempre la codicia humana estaba detrás. Con esto quiero decir, que sin ir más lejos Italia y tras decidir ser neutral, en mayo de 1915 decide incorporarse a la contienda. Los motivos podían ser muchos pero todos giraban en torno a las promesas aliadas de fuertes recompensas monetarias y concesiones coloniales tanto en África como en los Balcanes.

Llagados a este punto nos encontramos que los Dolomitas son una frontera, tanto natural como política, entre los dos nuevos rivales, el Imperio Austro-Húngaro (a partir de ahora Austria) y la joven Italia. Por lo tanto el denominado Paso de Serauta, fue juntos a otros similares,  el lugar elegido por el ejército italiano para invadir Austria.

Soldados italianos en el frente de los Dolomitas

De esta forma resumida comenzará la guerra de guerrillas en los Alpes. Por un lado encontramos al ejército italiano parapetado en  la zona de Serauta, y al ejército austriaco justo en la montaña de enfrente. Sobre la forma que tuvo este último de defenderse, permitirme que os lo desvele cuando cuente la visita al Museo, ya que es uno de los puntos más sorprendentes de la batalla de los Alpes.

Destacar que esta situación duró, con diferentes intervalos, desde el 24 de mayo de 1915 al 4 de noviembre de 1917. A una incursión italiana en la parte austriaca, seguía otra al contrario. Por lo tanto, dos años y medio de batallas sobre los 3.000 metros en verano,  y en invierno, que tuvieron como resultado unas tablas. Además miles de muertos y la retirada de unos y otros, antes de la llegada del último invierno en guerra, el de 1917.

¿Qué podemos ver en el museo?

El museo en sí se divide en dos partes principales, una interior y otra exterior. Por lo tanto aunque sea obvio decirlo, mientras que la interior se puede visitar todo el año. Con respecto a la exterior debemos tener en cuenta su altitud cercana a los 3.000 metros, y por lo tanto nevada y helada una gran parte del año. Aunque esta situación no fue ajena, como hemos visto, a soldados italianos ni austriacos.

El museo interior.

El puente de entrada al museo, que simula el paso a través de una grieta en el hielo, nos adentra en una serie de salas bien estructuradas.

En primer lugar nos encontramos una sala dedicada a la vida de los soldados de montaña, tanto de un lado como al otro, de la actual frontera entre Austria e Italia. Este es un punto importante, ya que a pesar de estar en territorio italiano el museo hace gala de una excelente neutralidad, respecto al trato de la guerra. La siguiente sala nos muestra que la lucha de los soldados también fue contra la naturaleza. No en vano, posiblemente murieron más por causas de avalanchas, provocadas o naturales, o por las diferentes inclemencias meteorológicas, que directamente por la guerra en sí.

A continuación nos adentraremos en salas dedicadas a mostrar los trajes militares de los contendientes, y por supuesto del armamento utilizado por ambos ejércitos. En una de las salas anexas a esta zona, se encuentra gran cantidad de planos originales y recreaciones. Todos ellos destinados a mostrar los diferentes movimientos que realizaron ambos ejércitos, y que nos ayudarán a entender mejor el proceso del Frente Italiano.

Las últimas salas están dedicadas a las condecoraciones de los soldados y gran cantidad de fotografías y documentos de la época. Para acabar encontraremos una dedicada a las donaciones de objetos personales, por parte de los herederos de los soldados que participaron en las batallas alpinas.

El museo exterior.

Aunque perfectamente explicado en el interior, la zona exterior a la que me refiero, no está bajo la supervisión del Museo. En definitiva esta es una cuestión de seguridad, de la cual este último no se hace responsable.

Dicho lo anterior, comentar que la parte museística exterior consiste en visitar la zona por la que discurrieron los movimientos  de los soldados italianos. Se distribuye en 3 rutas, con diferentes desniveles y dificultades. En todas ellas se encuentran, como ya he referido las instalaciones italianas, desde cuevas, gargantas, estaciones de servicio, puntos de observación o las trincheras. Por último destacar que durante los recorridos se encuentran varias zonas dedicadas al recuerdo de la victimas en forma de monumentos.

Una de las múltiples estancias que jalonan el recorrido.

Para la visita se recomienda el uso de guantes, casco de seguridad, mosquetones, linternas y si es de menester crampones para el hielo. A pesar de lo cual no son excesivamente complicadas ni peligrosas, pero sin olvidar que se trata de Alta Montaña.

La ciudad de hielo.

Como se suele decir, lo prometido es deuda. En este punto del Museo descubriremos el perfecto sistema defensivo del ejército austriaco, todo ello para contrarrestar el menor número de efectivos italianos.

Es necesario comentar que los primeros compases de la contienda favorecieron al ejército italiano. Entre otros motivos por el mayor número de efectivos, pero también por las mayores dificultades, por culpa del terreno que se encontraron los austriacos. No en vano su parte de la montaña era más fría y escarpada y la subida de provisiones, tanto de alimentos, como armamento se hacía mucho más difícil.

La solución la aportó el teniente austriaco Leo Handl, supuso la construcción de una autentica ciudad de hielo en las entrañas del glaciar de la Marmolada. Está conto con hasta 12 kilómetros de túneles que unían dormitorios, cocinas, enfermerías y hasta una capilla. En las cuales el ejército austriaco se instaló en el verano de 1916, para equilibrar la contienda, gracias al poder suministrar por la misma los víveres y municiones al frente sin ser vistos.

Diferentes imágenes de la época.

Desgraciadamente hoy día no es visitable, ya que los pocos restos que han quedado con el retroceso del glaciar no son seguros. Lo que sí es perfectamente visitable es la sección del Museo que relata lo sucedido en la ciudad de hielo, además de mostrar planos, documentos, y fotografías. Por los cuales, en definitiva conocemos hoy día la existencia de esta ciudad de hielo.

Por último destacar la necesidad de acudir al mismo mediante la telecabina de la estación de La Marmolada. Sobre los precios y tarifas depende de la estación y de otros parámetros, por los que os animo a contrarrestar esta información en el siguiente enlace: museomarmoladagrandeguerra

Mas info e imágenes : museomarmoladagrandeguerra  infodolomit 

La historia de Moscú, la ciudad que se convirtió en la obsesión de los estrategas europeos.

La historia de Moscú, la actual capital de Rusia, comienza oficialmente para los historiadores en el año 1147, aunque los arqueólogos avancen la fundación de la ciudad  a un siglo antes. Fue saqueada y conquistada por los mongoles en  el año 1237, para convertirla en ciudad vasalla de los kanes mongoles, durante cerca de un siglo. Este punto es importante, ya que desde su liberación en 1317 nunca volverá a ser una ciudad sometida, a pesar de los numerosos intentos.

El punto de inflexión en la historia de la ciudad de Moscú lo marca la caída de Constantinopla en 1453, y la llegada al poder de Ivan III en 1462. Concretamente tras casarse con Sofía Paleóloga, descendiente de los últimos emperadores bizantinos, y que imprimirá en el Gran Príncipe de Moscú el deseo de expandir su territorios.  De este modo se convertirá Ivan III en el unificador de los territorios rusos, convirtiendo la ciudad de Moscú, en la denominada tercera Roma. Además podemos añadir que fue el inspirador de la Plaza Roja de Moscú verdadero símbolo de la ciudad y centro de todas las miradas del denominado occidente europeo.

Todo ello junto a los enormes recursos económicos de los territorios rusos, en aspectos que iban desde la agricultura cerealista altomedieval, hasta los recursos energéticos contemporáneos. Han convertido a la ciudad de Moscú en la gran deseada por los dirigentes de toda Europa, aunque hoy concretamente nos fijaremos en tres de ellos y en tres siglos diferentes.

Carlos XII de Suecia y la Guerra del Gran Norte.

Sin duda estamos ante el episodio más desconocido de los tres. Además como muchas veces ha nombrado la historia, este joven rey Sueco fue sin saberlo el que mostró el camino para intentar conquistar Moscú a Napoleón y a Hitler.

Estatua de Carlos XII en Estocolmo

Cuando comenzó la Guerra del Gran Norte, Carlos XII contaba con solo 18 años. No obstante ello no fue óbice para ser considerado por la historia un brillante general, aunque poco realista. El año 1700, a la misma vez que comenzaba la Guerra de Sucesión europea, se ponía en marcha esta guerra por el dominio del Báltico. Los primeros compases de la misma fueron favorables al joven rey que pronto se hará con el dominio de Polonia y Lituania. La consecuencia directa de esto fue la polarización entre dos bloques de dicha guerra, por un lado Suecia, la otrora dominadora del Báltico, y la Rusia de Pedro el Grande. Esta última ya había conseguido su propósito de hallar una salida al Báltico, en 1703 cuando fundó la ciudad de San Petersburgo. Esta será una de las causas principales que lleven al joven rey sueco a intentar llegar a Moscú.

Camino de Moscú.

Si existía un camino fácil hacia Moscú, era a través de Minsk y Smolensk. Pero ese no fue el elegido por el joven rey Carlos, en cierta manera buscaba la sorpresa, algo necesario ya que contaba con un ejército más pequeño que su rival ruso. Por lo que decide encarar el camino más al sur, esto cogió desprevenido al ejército ruso a principios de julio de 1708. Por lo que la primera gran victoria en la Batalla de Holowczyn sonrió a los suecos. La consecuencia el control de un nuevo camino hacia Moscú, el problema que no llegaron los refuerzos esperados desde Riga a cargo del general  Lewenhauph.

El paso siguiente de Carlos XII fue irse hacia el sur buscando el prometido apoyo del líder cosaco Iván Mazepa en Ucrania. Ambos debían unirse para la toma de Moscú. Pero a partir de ese momento, dos serán los escudos de Rusia y Moscú para no ser dominadas, y ambos se perpetuaran durante la historia como sistema de defensa. El primero la política de tierras quemadas, para que el ejercito rival en este caso el sueco no encontrará modo de sobrevivir. El otro un aliado natural, el frio, que diezmará los ejércitos. Es por esto que los ejércitos suecos deciden pasar el invierno de 1709 apostados en Ucrania.

Carlos XII y el cosaco Ivan Mazepa

Pero el invierno fue muy duro, y el ejército sueco siguió perdiendo efectivos y recursos, si a ello sumamos que el pueblo de Ucrania no apoyó la decisión de su líder de enfrentarse a la Rusia de Pedro el Grande. Era evidente que el desastre de la Batalla de Poltava estaba servido. La derrota sueca se basó en que sus efectivos estaban más cansados y además en clara inferioridad, por cada sueco había dos rusos.  La batalla acabó en masacre y Carlos XII se tuvo que olvidar de llegar a Moscú, así de esta manera la capital de Rusia se libraba por primera vez.

Napoleón Bonaparte en busca de completar su Imperio.

El siguiente de la lista en intentar conquistar Moscú fue el que más cerca estuvo de conseguirlo. El Emperador de Francia Napoleón, sin duda uno de los conquistadores más importantes de todos los tiempos y en especial de la historia contemporánea. Tras conquistar la práctica totalidad de Europa, con la excepción de Gran Bretaña, dirigió sus designios sobre Moscú, que por cierto durante aquella época no era la capital de Rusia, ya que esta había sido trasladada a San Petersburgo 100 años antes. La escusa la alianza comercial entre rusos y británicos.

Napoleón en un principio lo tuvo más fácil que Carlos XII. Ya que poseía  el mayor ejército conocido. En concreto la Grande Armée de Francia que para este menester contaba con alrededor de medio millón de hombres, aunque los historiadores no se ponen muy de acuerdo con la cifra.

Napoleón llegando a Moscú

El camino elegido fue el directo, aquel que no se había atrevido el rey sueco, por lo tanto encaró por Minsk y directo a Smolensk, donde pensaba encontrarse la gran batalla. Pero lejos de esto, lo que paso en la denominada puerta de Moscú, fue una simple escaramuza. Pero también fue el inicio del desastre de Napoleón. El ejército ruso encabezado por el Zar Alejandro I desde San Peterburgo, mandó iniciar la táctica de tierra quemada.

La única gran batalla en Borodino.

Pero Napoleón se salió con la suya, que no era otra que una victoria sobre el campo de batalla, esta tuvo lugar en Borodino, a poco más de 100 kilómetros de Moscú. La batalla fue una auténtica masacre, la Grande Armée venció la batalla pero las bajas fueron numerosas por ambos lados. Sin embargo el camino hacia Moscú quedó expedito para las tropas francesas.

Una semana después Napoleón entraba en Moscú, que si que fue conquistada por el emperador francés, pese a lo cual, de poco le sirvió. A su llegada encontró una ciudad en llamas, con todos sus habitantes evacuados, además las autoridades rusas desde la capital San Petersburgo, nunca dieron por perdida Moscú. Todo ello llevó a la dramática vuelta de las tropas hacia Paris, sobre tierra quemada y con un ejército que sucumbió a la falta de alimentos y al frio desolador de la estepa Rusa.

La desoladora retirada de Rusia de la Grande Armée

Hitler y su operación Barbaroja en la 2ª Guerra Mundial.

El tercero de la lista en intentar llegar a Moscú, por cierto nuevamente capital de la ahora URSS. Será Hitler el canciller alemán, durante la 2ª Guerra Mundial. Además dispuesto a no cometer los mismos errores que Napoleón.

Tras llegar a un acuerdo con Stalin, líder de la Unión Soviética,  Hitler se lanzará al control de Polonia. Sus intenciones pronto resultaron estar claras, Polonia sería la entrada de Alemania para conquistar el gigante comunista. Dicho y hecho, el 22junio de 1941 arranca la operación Barbaroja, el fin conquistar toda la URSS y por supuesto tomar el control de su capital, Moscú.

Alemania preparó la toma de la URSS con 3 millones de soldados, además proyectó el ataque por tres flancos diferentes. El ejército del Norte tomaría Leningrado, nombre soviético de San Petersburgo. El ejército del sur se dirigiría a Kiev y a Stalingrado, actual Volvogrado. Mientras el más numeroso tomaría el mismo camino que siguió Napoleón, directamente a Moscú, donde esperaría el control del norte y del sur para llegar todos juntos a la capital.

La tactica de guerra más usada para la defensa de Moscú, la tierra quemada.

En el mes de agosto la Wehrmacht, ya había tomado Smolensk. A partir de ese punto, como a Napoleón, le comienzan los problemas. Si un siglo antes la táctica de la tierra quemada, le surgió efecto a los rusos. Durante la 2ªGuerra Mundial, otro factor se sumará a favor de los soviéticos. Concretamente lo que empezó a fallar fue la tecnología, algo que no existía 100 años antes. Los tanques alemanes se quedaban en el barro y los aviones eran continuamente abatidos, el problema en este caso no era sustituirlos, ya que la industria alemana los reponía continuamente. El verdadero problema residía en la sustitución de los pilotos.

Nuevamente en invierno se llega a Moscú.

Aún y así en octubre de 1941 los alemanes estaban a las puertas de Moscú. El cuerpo diplomático soviético abandonaba la ciudad cargados con todo aquello que les aportaba un valor económico. Pero lo que cambió respecto a un siglo antes fue la actitud de los rusos.  El general Zhukov, uno de los héroes de la 2ª Guerra Mundial, vuelve de Siberia para ponerse al frente de las operaciones de defensa de la capital. Las primeras medidas fusilar a todos los sospechosos de colaborar con los alemanes. Tras lo cual llevó a la ciudad a todos los reservistas disponibles y para postre puso a mujeres, niños y ancianos, a cavar zanjas para colocar minas que acabaran con los tanques alemanes.

la Wehrmacht alemana y su escasa preparación para el frío.

El 17 de noviembre estaba todo preparado, los alemanes inician la última batalla para el control de la capital. Los alemanes solo consiguieron el control de algunos barrios, pero nunca llegaron al corazón de Moscú. Finalmente el 5 de diciembre el alto mando alemán decide retirarse de la toma a Moscú. Los inconvenientes que encontró Hitler, en el fondo los mismos que halló Napoleón. El 17 de noviembre estaban a 42º bajo cero y solo había 5 horas de sol. Además los alemanes perdieron muchos hombres por el camino, y los refuerzos del norte y del sur no llegaron. Por último debemos destacar las enormes dificultades de abastecimiento de los alemanes, así como la reposición de vehículos.

A pesar de todo y tras abandonar la idea de tomar Moscú al menos momentáneamente. Hitler siguió el acoso de las otras dos grandes ciudades, Leningrado al norte y Stalingrado al sur. El resultado, el enorme desgaste que sufrió la Alemania de Hitler, que junto a la recuperación occidental supuso el desastre alemán de 1945.

Más Info: cienciahistorica  lasegundaguerra

Imagenes: commons.wikimedia