Condorcet, filósofo, ilustrado y feminista.

Según la Real Academia de la Lengua, el feminismo es una “ideología que defiende que las mujeres deban tener los mismos derechos que el hombre”. Hasta aquí podemos estar totalmente de acuerdo, pero si digo que él que sentó las bases de este movimiento social fue un hombre, todos nos podemos sorprender. En definitiva, entre todas las listas que se encuentran de defensores de dicho movimiento solo existen mujeres. Para muestra un botón: os dejo este enlace, mujeresenlahistoria que por cierto es genial.

A continuación os quiero presentar a un personaje coetáneo, a las primeras mujeres representantes de los inicios del feminismo. Vaya por delante que el resto de mujeres de las múltiples listas de feministas,  están tan capacitadas como él o más, para ocupar los primeros puestos en cuanto a importancia, lo que me resulta más extraño es que no aparezca en ninguna.

Marie-Jean-Antoine-Nicolas de Caritat, “marqués de Condorcet”.

Nuestro personaje nació en la región francesa de la Picardía, situada al norte de París en 1743. Su nacimiento en el seno de una familia noble y religiosa le permitió desde bien temprano el acceso a los estudios. A la edad de 15 años ingresó en el prestigioso colegio católico de Navarra, en la capital francesa. Allí se especializó en ciencias y matemáticas, de la cual con los años, se convertirá en uno de los mejores exponentes de la ilustración francesa. Tras terminar sus estudios y gracias a su prestigio como matemático entró de lleno en los círculos  ilustrados de París, donde conoció y trabajó con personajes como Voltaire y Turgot el experto en fisiocracia.

En la década de los años 70 del siglo XVIII, su entrada para trabajar en el gobierno de Francia a las órdenes de Turgot,  le llevará a realizar un giro en su labor.   Comenzará abandonando progresivamente sus matemáticas, para abrazar la filosofía y la defensa de los derechos humanos. En este aspecto destacar que en 1781 escribió, “Reflexiones sobre la esclavitud de los negros”, evidentemente una defensa de los derechos de esta raza.

Sophie de Grouchy

Otro giro en su vida llegó en 1786, cuando se casó con Sophie de Grouchy, veinte años más joven que Condorcet, pero con las mismas convicciones de lucha por los derechos y para cambiar políticamente Francia. Junto a la misma fundan las tertulias del Hotel de la Moneda en París, donde Condorcet trabajaba desde 1775 como Inspector general de la Moneda. A las mismas asistieron los más destacados personajes de la vida social parisina, por ejemplo Thomas Jefferson (tercer presidente de los EE.UU), que en las fechas previas a la Revolución francesa se encontraba en Paris como Embajador de los EE.UU en Francia. Otra de las asiduas, Olimpe de Gouges,  que era una de las más importantes defensoras de los derechos de las mujeres en la Francia de finales del siglo XVIII, por cierto su biografía a parece en el artículo de Mujeres en la Historia.

Olimpe de Gouges

Olimpe de Gouges junto a Sophie de Grouchy convertirán las reuniones del Hotel de la Moneda en sede del “Circulo Social”. Uno de los clubes más revolucionarios y activos de París en lo referente a la defensa de la participación de las mujeres en política. Algo que pese a la Revolución Francesa no fue muy bien visto en ninguno de los ambientes políticos franceses. Exceptuando posiblemente a nuestro personaje de hoy, algo que podemos deducir gracias a algunas de sus obras.

Ensayos filosóficos de Condorcet.

Condorcet dedica varias de sus obras a exponer la necesaria igualdad entre hombres y mujeres. La primera de ellas es un ensayo que divide en dos publicaciones, la primera es de 1787 y la segunda tras la revolución en 1790, las titula: “Sobre la admisión de las mujeres al derecho ciudadano”. En las mismas aborda el tema del republicanismo, desde la vertiente de los derechos políticos de los ciudadanos y en especial de las mujeres. En definitiva nos viene a decir que; ¿para qué cambiar una forma de gobierno? sino lo vamos a hacer coincidir con los intereses generales y en estos no se pueden olvidar de la mitad de la población.

Hotel de la Moneda de París, actualmente el Museo de la moneda.

Para Condorcet el ser humano obtiene sus derechos en base a la virtud de la razón y la moralidad, por lo tanto es este aspecto no existía ni una sola diferencia entre hombres y mujeres, de ahí la libertad de ambos de actuar en consecuencia. Este aspecto estaba en total discordancia con las constituciones presentes a final del siglo XVIII, que incluso negaban a las mujeres el derecho de ciudadanía. Por lo que insta a las mujeres a negarse a pagar impuestos, ante la evidencia de no ser ciudadanas de derecho.

Tras lo cual intenta poner como ejemplo a la constitución inglesa de 1771, la cual convierte a las mujeres en ciudadanas, por lo menos las solteras y viudas con el simple fin de que pagaran impuestos. Pero en cambio las mujeres casadas no son ciudadanas de derecho, ya que una vez casados el hombre y la mujer se convertían en uno solo para la ley, “evidentemente” el hombre.

Nicolas de Condorcet

La segunda de las obras de Condorcet que podemos destacar como base del feminismo, se trata de una más personal. La misma se encuentra encuadrada en su publicación de 1791, titulada: “Memorias sobre Instrucción Pública”, en la cual uno de sus capítulos se lo dedica a su hija, nacida un año antes. En ella a modo de testamento le indica a su hija, que exija, que la educación pública llegue por igual a hombres y a mujeres y además en todos los apartados, ya que estas últimas no pueden quedar excluidas de ningún plan de estudios, incluidos los científicos.

En definitiva, por otro lado es menester recordar el clima político de protestas que vivía Francia tras la Revolución de 1789, el cual pudo facilitar esta defensa a ultranza de los derechos de la mujer por parte de Condorcet. Pero aún así a este filósofo ilustrado se tuvo que enfrentar a los políticos y filósofos coetáneos que se olvidaron por completo de las mujeres, a la hora de proyectar las diferentes constituciones tras la revolución. De su obra prácticamente solo se hicieron eco mujeres, como la anteriormente nombrada Olimpe de Gouges, o también la británica y máxima exponente del feminismo en las islas, Mary Wollstonecraft.

El desgraciado final de Condorcet.

La llegada al poder de los Jacobinos en 1793, puso contra las cuerdas a los políticos girondinos, entre los que encontramos a nuestro personaje. El cual, parece ser que tras estar escondido cinco meses, cayó en manos del Comité de Salvación pública encabezado por Robespierre, tras dos días en la cárcel apareció muerto. Dos versiones encontradas, se suicidó o bien fue envenenado.

No quiero concluir sin decir que evidentemente Condorcet no es el único responsable en poner las bases del feminismo. Sino uno más de los hombres y mujeres que históricamente han luchado por la igualdad entre hombres y mujeres, algo que desgraciadamente todavía tenemos que seguir recordando en pleno siglo XXI. Por todo ello, humildemente pienso que Condorcet podía tener un hueco en las listas de personajes importantes en la defensa del feminismo.

Mas info: stanford.library

Imágenes: commons.wikimedia

Atrapados entre nacionalismos, si Confucio levantara la cabeza…

Es totalmente necesario comenzar este pequeño artículo recordando que esto no es un blog de política, aquí lo que se cuenta es la historia. Aunque ello no sea óbice para inhibirse de la política más reciente, más que nada que a día de hoy, os aseguro que no es nada fácil olvidarse de ella, viviendo en el centro geográfico de Cataluña. Sin embargo, estaréis de acuerdo conmigo, que la mejor manera de comprender el presente es estudiar el pasado. Aún y así, os aseguro que lo que sucede entre los dos nacionalismos, en que muchos ciudadanos nos sentimos atrapados, no lo arregla ni el mismísimo Confucio.

¿Quién es Confucio?

Conocemos del mismo gracias a la tradición china, ósea lo que se han contando los unos a los otros. Según estos, Confucio nació en el año 551 aC. conforme a nuestro calendario. Además como suele contar la historiografía fue una de las épocas más convulsas de China, ya que los antiguos reyes de la dinastía Zhou apenas contaban como meros comparsas. Mientras, todo el noroeste de China se había convertido en un puzle fragmentado de pequeños estados, que luchaban continuamente por aumentar sus dominios.

Pues bien, en este contexto, Confucio dedicó gran parte de su vida a estudiar cómo se debía gobernar. Dichos estudios le llevaron a observar como los reyezuelos, de los cada vez más pequeños estados, se rodeaban de los nobles y de los consejeros más despiadados para imponerse a sus rivales. Tras lo cual decidió recorrer gran parte del país, buscando que alguien le ofreciera un empleo dentro de estos gobiernos estatales. Para su sorpresa nadie le ofreció dicho empleo y tras doce años de peregrinaje decidió volver a Lu, su estado natal. Allí decidió que el resto de su vida la pasaría enseñando como se debía gobernar. Por cierto pronto descubriremos la causa de que nadie le ofreciera un empleo.

La cultura china todavía lo tiene presente en sus aulas

La filosofía de Confucio.

Como hemos dicho Confucio dedicó gran parte de su vida a estudiar. Su modelo fueron los antiguos reyes de la dinastía Zhou, aquellos que habían ido perdiendo progresivamente el poder en manos de los pequeños reyes. Como el mismo transmitió a sus alumnos, su saber no era propio, ya que el simplemente se había dedicado a sintetizar y juntar todas las enseñanzas previamente recibidas. Con la única intención de  plasmarlas en sus célebres Analectas, estas últimas era la versión escrita de las charlas a sus seguidores. Confucio era consciente del trabajo que debía realizar, sabía perfectamente que la época de guerras por la que acababan de pasar habían sumido a la población en un exacerbado escepticismo. Así mismo era consciente del desorden de la sociedad china, junto a la total ausencia de modelos morales.

En este punto nos preguntaremos, ¿que decían las Analectas de Confucio?, la respuesta es que eran realmente muy sencillas.

Los gobernantes según Confucio.

Para Confucio los gobernantes solo podían ser grandes si se regían por  la moralidad y llevaban una vida ejemplar. No en vano debían ser el ejemplo a seguir por todos sus ciudadanos. Las verdaderas virtudes de un buen gobernante debían ser la tolerancia, la bondad, la benevolencia y el amor al prójimo. Además debían dejar que sus súbditos imitaran el ejemplo de sus dirigentes, así  como los hijos imitan a sus padres. Además una de las principales obligaciones de los gobernantes debía ser la protección integral de sus inferiores. Es evidente que tras leer este párrafo pensareis como yo, que posiblemente llevamos  muchos siglos perdiendo las enseñanzas de Confucio.

Como ya hemos dicho el saber de Confucio provenía de sus predecesores, y esta, que era una virtud de la humanidad, se tenía que transmitir de generación en generación. Asimismo junto a la benevolencia, la lealtad, el respeto y la reprocidad.

Las máximas confucianas.

Confucio a parte de decirnos como debía ser el buen gobernante, nos dejo una gran cantidad de frases que debían ser de obligado cumplimiento para ser un buen dirigente. En este punto podemos preguntarnos:   ¿vemos alguna de ellas en nuestros políticos actuales?

  1. Cuando veas a un hombre bueno trata de imitarlo, cuando veas un malo reflexiona.
  2. Leer sin pensar es una ocupación inútil.
  3. El gobernante deber ser lento en sus palabras y rápido en sus hechos.
  4. El orgullo debe pertenecer siempre a los hombres inferiores, nunca jamás a sus dirigentes.
  5. Exígete a ti mismo mucho más que a los demás, solo así evitaras disgustos.
  6. Aprende del pasado para construir el futuro.

Son muchas más pero me da la sensación de que estaré “clamando al cielo”, si quiero que nuestros políticos se hagan eco de estas máximas confucianas.

Reconozco que esta es dura, pero posiblemente la más acertada en el problema actual.

A modo de conclusión.

Tras leer esto, muchos pensaréis que es una soberana tontería comparar la actualidad, con los pensamientos de un hombre que “posiblemente” vivió hace 2500 años y encima en China. Es evidente que la vida de hoy, en aspectos como la economía, la política, la tecnología, la cultura, la enseñanza, y así un amplísimo etcétera, no tienen absolutamente nada que ver con la vida que le tocó vivir a Confucio. Aunque especialmente la primera de ellas, la economía, que hoy lo invade todo y que está muy por encima de la política, en mi opinión lamentablemente.

Aún y así  creo que este filósofo chino, está sobradamente capacitado para dar una lección a todos los políticos que nos rodean hoy día. Además sin exclusión ninguna. En definitiva Confucio no nos hablaba de aspectos en los que se basaba la vida hace 2500 años, sino que nos hablaba de moralidad, algo que creo que han perdido hace muchos tiempo nuestros dirigentes.  Hoy en día vivimos en una sociedad con unos políticos realmente mediocres, que son totalmente incapaces de solucionar los problemas de una sociedad que solo reclama defender sus derechos, y esto humildemente en mi opinión es por falta de moralidad.

A la hora de escribir esto, estamos a la espera de ver como se soluciona uno de los episodios más tristes de nuestra historia reciente. No precisamente triste por el hecho en sí, en concreto, la reclamación de una parte de la sociedad de decidir su futuro. Si no por la forma de llevarlo entre nuestros representantes, que podíamos sintetizar en un burdo “a ver quién la tiene más larga”.

Un conflicto que nuestros dirigentes no han querido solucionar por si mimos, saltándose a la torera una de las principales obligaciones, según Confucio, de cualquier dirigente; la protección integral de sus inferiores. Sinceramente estaría aquí dos días escribiendo sobre cosas, que creo han podido hacer mal nuestros políticos, pero todo se resume en una: menudo ejemplo han dejado para las generaciones futuras, si Confucio levantara la cabeza…

Imágenes: commons.wikimedia