Cómo entrar en la historia en 15 días, Palacio de Cecilienhof.


 

El protagonista de nuestra historia es el Palacio de Cecilienhof. Un lugar destinado a principios del siglo XX a ser la morada del rey del Imperio Alemán, pero que pasará la mayor parte de su existencia en el ostracismo, del cual solo salió en aquellos  fatídicos quince días del verano de 1945, en los que entrará en la historia por la puerta de atrás.

Su historia comienza en el inverno de 1914, el entonces emperador del II Reich Alemán, Guillermo II, decide la construcción de un palacio destinado a su hijo y heredero Guillermo, el mayor de siete hermanos. El lugar elegido estaba recientemente remodelado, y era conocido como el Jardín Nuevo. Se trataba de un espectacular parque de estilo inglés que se encontraba en las afueras de Potsdam.

Aunque pronto comenzarán los inconvenientes, el 28 de junio de 1914 moría asesinado un gran amigo de Guillermo II, el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo.  La respuesta de Alemania no  se hizo esperar, pese a las primeras reticencias del propio Guillermo, los decididos militares alemanes y su perfecto plan Schlieffen enviaron a Alemania, y posteriormente al mundo a su Primera Guerra Mundial.

Pese a todo en plena guerra mundial el palacio se siguió construyendo, hasta tenerlo terminado en 1917. El día de su inauguración en agosto de ese año, el espectacular palacio de estilo inglés Tudor, contaba con 6 patios, 55 chimeneas y 176 habitaciones. En el mismo se alojó el futuro rey con su esposa Cecilia de Mecklemburgo-Schwerin, de la cual adoptó el nombre, y sus 5 hijos, ya que la última nació días después en dicho palacio. Poco le duraría la alegría al príncipe Guillermo, el año siguiente tras perder la guerra Alemania, se ve obligado a exiliarse a Holanda junto a su padre,  en el Palacio se quedará su esposa hasta 1945.

La monarquía fue abolida al terminar la guerra, pese a lo cual el príncipe impulsado por su padre, y último emperador alemán  Guillermo II, volvió varias veces durante los primeros años de mandato de Hitler. En definitiva, la Casa de Hohenzollern siempre creyó en la posibilidad que el dictador les retornaría la Corona. Evidentemente estaban equivocados, los planes de Hitler pasaban por otro sitio. Dichos planes estallaron en septiembre de 1939, enviando esta vez a Alemania y otra vez al mundo a la más devastadora guerra de la historia. La princesa Cecilia permaneció en el Palacio hasta el final de la guerra, solo unos días antes de la llegada del ejército rojo a Potsdam, momento en que se vio obligada a abandonarlo. Solo unos pocos meses después este magnífico Palacio se disponía a entrar en la historia mundial, durante sus quince días de gloria.

Sorpresa de Stalin.

El 26 de Julio de 1945, Josif Stalin,  secretario general del Partido Comunista de la URSS, (que por cierto se adelantó a sus compañeros, adornado el patio con una estrella roja), Winston Churchil relevado por Clement Attlee como Primer Ministro del Reino Unido ese mismo día, y Harry S. Truman presidente de los EE.UU,  se reunían en el Palacio de Cecilienhof, para cambiar el mundo.

El primer acuerdo que tomaron ese mismo día, fue realizar la llamada Declaración de Potsdam, Truman, Churchil y el Presidente de la República China Chiang Kai-Shek realizaron un ultimátum  a Japón, o se rendían o caería sobre el país toda la fuerza aliada. El resultado el conocido; el 6 de agosto caía la primera bomba atómica sobre Hiroshima, el 9 de agosto la siguiente sobre Nagasaki.

Reuniones en Cecilienhof

El resto de lo sucedido en el Palacio de Cecilienhof, fue de la denominada Conferencia de Potsdam, es decir poner la  firma a los numerosos acuerdos a los que fueron llegando los aliados durante la guerra. Dicho de otra forma,  el punto y final a la terrible 2ª Guerra Mundial, el reparto de Alemania entre Rusia, EE.UU, Reino Unido y Francia.

Churchill, Truman y Stalin, los tres vencedores de la 2GM

En definitiva estos dos hechos; (la bomba atómica y el reparto de Alemania, pondrán las bases de la Guerra Fría). Al día siguiente Stalin se unió a  la carrera atómica que habían comenzado los EE.UU previamente, hecho que mantendrá en vilo al mundo hasta la caída del régimen soviético en 1989.

Mientras, el protagonista de esta historia pasará al olvido, y al más completo abandono. Un hecho que nos puede llevar a entender su ostracismo durante la Guerra Fría, es los escasos metros que separan el Palacio de Cecilienhof del Puente Glienicke, el cual pasará a la historia como punto ideal, por su discreción, de intercambios de espías entre las dos potencias, EE.UU y la URSS. Por último es importante destacar que durante esos años, Potsdam perteneció a la República Democrática Alemana, uno de los países más afines a la potencia comunista.

Tras la caída de Telón de Acero y del Muro de Berlín en 1989, el Palacio se recuperará para ser uno de los muchos monumentos que hacen de Potsdam una de las ciudades más bonitas de Alemania. Hoy en día se puede disfrutar en él de un museo y un fantástico Hotel, en el entorno magnífico del jardín Nuevo.

Articulo publicado previamente en Queaprendemoshoy.com el 16 de febrero de 2017

Imágenes: commons.wikimedia

La cámara de Ámbar, el secreto nazi mejor guardado de la 2GM.

El pasado mes de octubre salió a la luz la noticia sobre una desclasificación  de papales de la CIA y del FBI, en lo concerniente al asesinato de John F. Kennedy. Pero para sorpresa de muchos, lo que más llamó la atención fueron unos papales, que aseguraban que Hitler había sido visto con vida en el año 1955 en Colombia. Es evidente que este hecho siguió ahondando en dividir a los que afirman que murió en el Bunker de Berlín, y los que afirman que escapó a Sudamérica. Personalmente no voy a opinar, pero si quiero contar lo que pasó por mi cabeza, al recordar una historia que leí hace unos años.

Fotografía de los archivos desclasificados de la CIA, hecha en 1955, donde se ve a Hitler.

Para comenzar hay que remontarse al verano de 1944, ya que en aquellos días desapareció para siempre la cámara de Ámbar, está, totalmente desmontada contenía  más de 6000 kg de Ámbar del Báltico. Aunque su precio total fuera una incógnita, hoy día de encontrarse intacta,  podría superar los 450 millones de euros.

Breve historia de la cámara de Ámbar.

Para entender lo sucedido durante aquel verano de 1944 en plena Segunda Guerra Mundial, debemos retroceder algo más de dos siglos. Concretamente al año 1701, en aquellos días la nueva potencia europea, Prusia, empezaba a dar sus primeros pasos. Por lo tanto, y ante la necesidad de equiparse en lujo al resto de potencias europeas de la época, su primer monarca, Federico I manda construir una habitación en el Palacio Real de Berlín. El material elegido el Ámbar del Báltico, por aquella época doce veces más caro el oro.

El Palacio Real de Berlín a principios del siglo XX

Años después uno de sus ilustres visitantes, Pedro I de Rusia,  se enamoró de la misma. Así que Federico Guillermo I sucesor en Prusia de su padre Federico I decidió donarla al nuevo aliado. Así será como en 1717 y tras ser desmontada, inicie el recorrido de más 1.700 km que llevaría a nuestra protagonista a San Petersburgo. La nueva ciudad  que a principios del siglo XVIII  acogía a los zares de Rusia en el mar Báltico.

Desde su llegada al Palacio de Catalina, en las afueras de la ciudad de San Petersburgo, fue ampliada y remodelada.  Ya que la nueva estancia era más grande, y a los paneles que se extrajeron de Berlín  se le tuvieron que añadir 40 m2 más de Ámbar. En total al finalizar las remodelaciones en 1770, la cámara de Ámbar contaba con más de 6.000 kg de este preciado material. A partir de ese momento se convertirá en una de las principales atracciones de los zares de Rusia,  permaneciendo intacta incluso durante la Revolución de 1917, hasta la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué pasó en la Segunda Guerra Mundial con la cámara de Ámbar?

Es preciso recordar que San Petersburgo, rebautizada como Leningrado, fue castigada por la Alemania nazi con uno de los asedios más brutales de la historia. Más de 900 días y un millón de muertos, pese a ello la ciudad nunca cayó en manos alemanas, pero si sus alrededores, donde concretamente en la localidad Tsárskoye Seló (actual Pushkin) se encontraba el Palacio de Catalina, que como hemos dicho había sido sede de los zares de Rusia, y que contenía aún la cámara de Ámbar. En definitiva los rusos, previendo la llegada nazi, se habían llevado del Palacio todo lo que pudieron y que tuviera un cierto valor. Pero evidentemente las placas de Ámbar no pudieron llevárselas, aún así decidieron tapar las paredes, para intentar engañar a los alemanes.

Una de las escasas imágenes que se tienen de la cámara de Ámbar original.

Pero Hitler había mandado a Leningrado a uno de sus mejores expertos en arte, Alfred Rohde, que localizó rápidamente la cámara y la desmontó en menos de 36 horas. Pronto se cumplieron las ordenes del Fhürer, “la cámara debe volver a su hogar”, así que fue trasladada al castillo de Königsberg, capital de la Prusia Oriental y sede de coronación de los antiguos reyes prusianos, por cierto hoy conocida como Kaliningrado. Allí incluso se volvió a montar y llegó a estar expuesta pese al peligro de la guerra, corría el año 1944. Pero también cabe decir que poco más sabemos de ella. Algunas especulaciones señalan que fue desmontada de nuevo y embalada para un nuevo transporte. Todo ello antes de los bombardeos aliados sobre la ciudad de Königsberg, que quedaron arrasado el castillo en cuestión.

Königsberg al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el castillo en el centro de la imagen.

¿Dónde está la cámara de Ámbar?

A partir de aquí abrimos un amplio abanico de posibles escenarios. Una parte de expertos se decanta porque el Ámbar no llegó a salir del castillo, una posibilidad que ofrece muchas dudas, ya que no se han encontrado restos en las excavaciones. La gran mayoría apuesta por que salió del Castillo de Königsberg, pero, ¿dónde fue a parar? La cámara de Ámbar ha sido buscada con cierta insistencia, no es de extrañar dado su valor, tanto en el mar donde se cree que yace en un barco alemán.  Hasta por los lugares más inverosímiles, definitivamente en Alemania, Polonia, Austria o Dinamarca hay múltiples  bunkers, cuevas o túneles donde podían haber sido depositadas.

Aunque otra parte de los buscadores se ha dirigido al otro lado del Atlántico, ya que algunos piensan que ha ido a parar a manos norteamericanas como compensación por la guerra. Por último y volviendo al principio, quién puede negar tras las noticias de la CIA y el FBI, que la cámara del ámbar no sirvió para financiar la fuga y posterior mantenimiento de Hitler en Sudamérica. Sea como fuese, hoy día, según los expertos si no se ha mantenido bajo unos mínimos parámetros de temperatura y humedad su valor se habrá visto muy mermado.

La actual reconstrucción visitable en el Palacio de Catalina.

Destacar para acabar, que desde 2003 se puede visitar una réplica de la cámara de Ámbar, en el lugar donde ocupó la genuina en el Palacio de Catalina en San Petersburgo. A cual fueron llegando varias piezas devueltas por Alemania.

Imágenes: commons.wikimedia

El Palacio de Sanssouci en Potsdam, el sueño de Federico II de Prusia.

Nada más comenzar el siglo XVIII un nuevo reino surge con fuerza en Europa. Sobre los territorios del antiguo electorado de Brandeburgo y unidos a los del Ducado de Prusia, con capital en Berlín. Su primer rey será Federico I y su nombre Prusia, que por cierto se convertirá en un verdadero “dolor de cabeza” para Europa los dos próximos siglos.

Para ponerse a la altura de los rivales europeos en ese siglo XVIII había que trabajar rápido. Su primer rey Federico I realiza la gran labor administrativa, poco después se sucesor Federico Guillermo I la convierte en una potencia militar. Así que para el tercero de ellos, aparte de consolidar el nuevo país, la misión consistía en embellecerlo y ponerlo a la altura de su nuevo y efímero aliado. Este no era otro que Francia, por lo tanto Federico II el Grande se dispuso a construir su propio Versalles. El lugar elegido las afuera de Potsdam.

Federico II el Grande.

Para entender un poco mejor el curioso Palacio de Sanssouci, debemos conocer a su mecenas. Federico II nació en Berlin en el año 1712, sus primeros años y posiblemente el resto de su vida, estuvieron marcados por la dura educación del Rey Sargento, como era conocido su padre. Este último nunca consistió que su hijo fuera un enamorado de la música, del arte y de la literatura, llegándolo a acusar directamente de homosexual por ello. Pero no solo eso, ya que incluso mandó ejecutar a su supuesta pareja, el joven Katte, con el que pensaba huir a Inglaterra.

Pese a su dura infancia nunca cejó en su empeño. En el año 1740 tras la muerte de su padre se convirtió en rey de Prusia. Como tal se convirtió en uno de los despostas ilustrados más importantes de Europa. Entre sus logros destaca la codificación del Derecho Prusiano, la abolición de la tortura, o la protección de la industria nacional. Todo ello sin olvidar la política de engrandecimiento de las fronteras y el fortalecimiento de nuevo Reino Prusiano.

Pero en lo que destacó con mayor brillantez fue en su talento innato por el arte. En la música ejerció desde compositor hasta intérprete de flauta. Además se convirtió en un gran poeta e incluso escribió sobre filosofía, todo ello en la lengua de moda entre la Ilustración francesa. Por su corte pasaron grandes hombres ilustrados, poetas, filósofos, matemáticos, músicos y así un amplio etcétera. Pero el que más destacado fue el escritor e historiador Voltaire, que paso tres años junto al rey Federico II en el Palacio de Sanssouci. Curiosamente destacar que nunca pasaron mujeres por el Palacio, posiblemente tenía razón su padre, pese su matrimonio con Isabel Cristina de Brunswick-Bevern con la que solo se reunía en las celebraciones familiares, y que por supuesto no le dio ningún hijo.

Palacio de Sanssouci.

En 1745 Federico II manda construir su palacio de verano. La obligaciones del cargo real debían ser muy grandes para nuestro personaje, y decidió buscar un lugar donde mostrarse sin tapujos tal y como era él. El lugar elegido fue las afueras de Postdam y el encargado de la obra  su amigo, el genial arquitecto G. W. Knobelsdorff. Tres años duraron las obras y el nombre elegido Sanssouci (sin preocupaciones), toda una declaración de intereses.

El Palacio de Sanssouci por encima de los viñedos

El Palacio en sí no es muy grande, es de una sola planta y con tres alas, si por fuera no es realmente muy espectacular, con escasos adornos de ángeles y jarrones. Por dentro en una demostración del más puro estilo rococó. Por cierto al de este palacio se le ha asignado el sobrenombre de “federiciano” en honor al rey Federico II.

La sala de mármol

Nada más entrar encontramos la sala del vestíbulo y justo detrás la Sala de mármol, donde Federico II recibía sus invitados.  Ambas adornadas con columnas de estilo corintio, y motivos dorados por doquier. El resto del Palacio son habitaciones específicas, una sala de conciertos, una biblioteca, la habitación de rey y la de los invitados, como por ejemplo la de Voltaire que sigue llevando su nombre.

La sala de conciertos.

El Palacio se completo los años posteriores con dos pequeñas alas más, en una de ellas se situaba el servicio, y la otra fue destinada a las colecciones privadas del rey Federico II. Este último murió en el mismo Palacio de Sanssouci en 1786 y allí está enterrado sin grandes pretensiones. Este punto es de destacar, ya que todo el lujo del palacio nunca fue transferido al panteón del rey fallecido, en definitiva era un ateo declarado y no necesitaba ciertos reconocimientos.

Los alemanes siguen llevando patatas a Federico II, para agradecer que fuera uno de los introductores del tubérculo en Prusia.

El Parque de Sanssouci.

Si el Palacio es espectacular, el resto de las instalaciones no le van a la zaga. La entrada al palacio se hace a través de una plaza semicircular porticada, según como visitemos el lugar nos puede parecer la parte trasera, pero no es así. De dicha parte trasera surge una escalinata que desciende al Parque de Sanssouci a través de seis terrazas de viñedos. En ambos costados del palacio existen dos lugares que son de obligada visita, en uno de ellos un cenador rococó adornado con un sol dorado. Mientras, en el otro encontramos la referida tumba de Federico II.

El cenador de Federico II, algunos dicen que era una especie de templo al sol.

El resto del Parque de Sanssouci  a parte de los grandes bosques rodeados de setos y con múltiples flores, que realmente aconsejan la visita en verano. Está repleto de otros singulares edificios.

Para conocer el primero de ellos deberemos salir del parque por una de las entradas laterales, por cierto bien visible. Me estoy refiriendo a un molino que se observa desde todos los lados en la parte trasera del Palacio de Sanssouci. Dicho molino fue mandado a construir por Federico II el Grande en sus últimos días de vida. El motivo conmemorar la tradicional forma de vida de los habitantes de Potsdam en la colina,  antes de la llegada de los reyes prusianos. Están documentados al menos 20 de ellos, que desaparecieron antes de dicha llegada. El actual sigue en servicio para demostración de los visitantes, además en él se puede observar una exposición sobre la vida en este tipo de edificaciones.

El molino tras el palacio de Sanssouci

Otros edificios singulares del Parque.

Entre los jardines del Parque de Sanssouci encontramos dos singulares edificios realizados en estilo rococó, pero con gran influencia Oriental. Ambos mandados construir por Federico II en los años posteriores a la construcción del Palacio de Sanssouci. En primer lugar el Palacio Chino, que en realidad fue un lugar donde acudir con altos mandatarios a tomar té. En segundo lugar un edifico todavía más pequeño y denominado la Casa del Dragón, su funcionalidad en tiempos de Federico el Grande una incógnita.

El Salón de Té

El Palacio de la Orangerie, mandado a construir por uno de los sucesores de Federico II a partir de 1850. Concretamente el rey Federico Guillermo IV, el palacio en realidad era una enorme nave con cerca  de cien metros de largo y con enormes ventanales. Su primer servicio fue almacenar los árboles frutales, para los largos inviernos de la ciudad de Potsdam.

El Palacio de la Orengerie

Dejamos para el final, el gran proyecto de Federico II. Al acabar la guerra de los Siete Años y para conmemorar su victoria, decide la construcción del Palacio Nuevo. En este caso el más grande de todos los palacios de Potsdam, de más de 200 metros de largo, su visión desde la avenida principal es impresionante. En su interior encontramos múltiples salas, entre ellas dos son las que más llaman la atención. La primera de ellas la sala de la Gruta rematada con adornos de conchas y corales. Además en ella observamos estatuas de Carlomagno, César y Constantino, hecho que nos releva el sueño de emperador que persigue a nuestro personaje. La otra de las salas más acorde con Federico II el Grande, ya que se trata de un pequeño y coqueto teatro.

El Palacio Nuevo de Potsdam
el pequeño teatro del Palacio.

Por último recomendar hacer la visita en verano, el paseo por los jardines es gratuito pero la entrada a los palacios no es excesivamente barata. Su precio depende de varios factores, que os animo a conocerlos en esta página:  spsg

Imágenes: pixabay

 

Teufelsberg, la montaña que intenta esconder el pasado nazi, tras la 2GM

Por decirlo de alguna forma, si Roma tiene su colina de Testaccio, donde se entierra su pasado romano en forma de ánforas. Berlín tiene Teufelsberg, una montaña para intentar enterrar su pasado nazi, posiblemente algún día lo consiga.

Para conocerla debemos acudir al oeste de la ciudad de Berlín, concretamente al precioso bosque de Grunewald. En el mismo se erige una colina de 117 metros sobre el nivel del mar, destaca perfectamente sobre el resto del bosque situado a solo 40 metros. Su nombre lo dice todo, ya que si traducimos Teufelsberg, nos encontramos “la Montaña del diablo”,  ante lo que dejo rienda suelta a la imaginación.

La historia de Teufelsberg.

Para comprender Teufelsberg, debemos acudir a los prolegómenos de la 2ª Guerra Mundial. Por lo tanto en plena preparación de la misma, donde Hitler sabia  la necesidad de soldados que tendría en adelante, pero aún más de altos mandos que dirigieran la contienda, y sobretodo necesitaba la mejor tecnología militar al  servicio del que debía ser el mejor ejército de la guerra.

Para la preparación de la Wehrmacht, decidió llevar a cabo el mayor complejo de enseñanza conocido. La espectacular academia militar fue encargada al más célebre de los arquitectos al servicio del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. En concreto el socio preferido de Hitler para llevar a cabo su manía por al megaconstrucciones, el discreto Albert Speer. Por cierto uno de los pocos que pidió perdón por el Holocausto, en los célebres juicios de Núremberg.

Hitler y Albert Speer en 1943

El proyecto era solo una pequeña parte, de lo que debía ser la nueva capital del mundo, que nacería tras la victoria del nazismo en la 2ª Guerra Mundial. Esta respondería al nombre de Germania, aunque nunca llegó a ver la luz.

El megacomplejo que acabó diseñando Speer y situado en el bosque de Grunewald era mucho más que una academia militar. Cuando estuviera terminado además de la universidad, contaría con talleres, laboratorios, hospitales y múltiples residencias. Además incluiría uno de los bunkers más grandes del mundo con capacidad para 5000 personas.

Maqueta de la Academia Militar proyectada por Albert Speer

De esta manera el propio Hitler fue el encargado de poner la primera piedra el 27 de noviembre de 1937. Pero también se hizo rápidamente evidente que habían comenzado tarde, ya que antes de que se cumpliera el segundo año de la obra, Alemania se lanzó a la 2ª Guerra Mundial.

Durante los primeros compases de la misma, la construcción continuó su curso, pero pronto los recursos económicos se desviarían a la primera línea de fabricación de maquinaría para la guerra. Finalmente en abril de 1940 y tras el suicidio del ingeniero jefe del proyecto, Karl Becker, se suspendió la ejecución de la Academia Militar.

La construcción de la montaña de Teufelsberg.

Tras el reparto de Potsdam, el megacomplejo nazi quedó en territorio inglés, aunque muy cerca del territorio norteamericano. Es a partir de 1952 cuando las autoridades se plantean un final para el proyecto de Hitler.  A partir de ese momento dos necesidades se juntaran para llevar a cabo la montaña en cuestión.

La primera de ellas el avanzado estado de las obras que dejó el régimen nazi de la academia militar. Este aspecto jugó en contra de las autoridades de la Alemania Occidental,  ya que no era precisamente fácil demoler las megaconstrucciones del dúo Hitler&Spree.

Por otro lado los enormes destrozos que dejo la guerra en la capital berlinesa, habiendo por doquier toneladas de escombros que se debían limpiar. En este aspecto también surgieron problemas para las autoridades, ya que es preciso recordar que la parte berlinesa occidental, era realmente una isla en medio de la Alemania Oriental controlada por la URSS. Por lo tanto no abundaban los lugares para almacenar dichos escombros.

Todo se confabuló para como se suele decir “matar dos pájaros de un tiro”. La solución era relativamente sencilla, todos los escombros debían servir para enterrar la mayor academia militar del mundo. De esta  manera nació la montaña de Teufelsberg, durante los siguientes 20 años los camiones acumularon todos los escombros de Berlin Occidental para enterrarla. Algunos cálculos, dan una cifra de 26 millones de m3 de escombros, que conforman la colina.

La montaña de los espías.

Tras un pequeño salto en el tiempo nos encontramos ante un nuevo panorama político. En 1961 se lleva a cabo la construcción del muro de Berlín, sin duda el símbolo de la guerra fría entre americanos y soviéticos. Ese mismo año, la Agencia Nacional de Seguridad norteamericana construyó la primera torre de espionaje de 27 metros de altura  en Teufelsberg. Aunque habrá que esperar a finales de los años 70, para que tome forma la actual vista de la montaña con las tres enormes esferas de color blanco,  la más alta de ellas de 69 metros. Sin duda esta estación espía es otro símbolo más del aplastamiento del nazismo por las fuerzas occidentales.

La estación espía

La estación en cuestión se mantuvo hasta el final de la guerra fría, se suele comentar que una mosca que abatiera sus alas en la parte oriental de Berlín era captada por los sensores instalados en Teufelsberg. Finalmente la estación es abandonada tres años después de la caída del muro de Berlín, por lo tanto en 1992.

La montaña hoy día.

Son  incontables los avatares por los que ha pasado la montaña de Teufelsberg desde el abandono norteamericano. Se montaron apartamentos, que se intentaron vender sin conseguirlo, por otro lado hubo intentos de construcción de un hotel de lujo, que tampoco fraguó. Pocos años después, el director de cine norteamericano David Lynch aduciendo que Teufelsberg era una montaña sagrada, intento fundar en ella una paranoica universidad de Meditación Trascendental. Por destacar alguna de las últimas utilidades, entre 2011 y 2015 se llevó a cabo solo y exclusivamente visitas guiadas al complejo para turistas.

Hoy día un espacio destinado a los artistas callejeros.

Por último decir que hoy en día la visita es libre. Los curiosos acuden a la montaña de Teufelsberg, para disfrutar de los espectaculares grafitis que han hecho allí los más destacados artistas del mundo. Además de contemplar algunas de las más bellas vista de la capital de Alemania.

Imagenes: commons.wikimedia   flickr

No le den más vueltas, la muerte de Hitler será de un tiro en la cabeza.

A pesar de la mayor parte de la historiografía mundial da por hecho la muerte de Hitler por suicidio. No es menos cierto, que la falta de los restos humanos del líder nazi han despertado todo tipo de interpretaciones.  Por otro lado destacar, que lo más curioso de la frase que da título a esta entrada, fue escrita por Haffner, cinco años antes del supuesto suicidio de Hitler en su bunker de Berlín.

Antes de entrar en materia, me gustaría explicar algo que me persigue desde que visito los sitios históricos, y no es otra cosa que las sensaciones que a veces estos te despiertan. En concreto esta sucedió durante una de mis visitas a Berlín, en la cual puse mis pies sobre aquel frio e impersonal aparcamiento de tierra. A sabiendas que debajo del cual se encuentran los restos del bunker, donde presuntamente paso sus últimos días Hitler.

la muerte de Hitler será de un tiro en la cabeza
Debajo de este aparcamiento están los restos del bunker de Hitler.

Aunque en un principio aplaudo la decisión de las autoridades berlinesas de cubrirlo bajo toneladas de tierra. Evidentemente con la intención de no convertirlo en un santuario a Hitler. Tuve la extraña sensación que este hecho podía suponer un efecto contrario, ya que algunos se escudan en este hecho, para asegurar que dicha acción está promovida para esconder pruebas de la supervivencia de Hitler.

Estos últimos, se aferran a los supuestos  de una figura como la de Stalin, que perjuraba que Hitler estaba vivo. Obviando que lo más propicio para el régimen comunista, era que el hombre más cruel del mundo, había sido engendrado por el capitalismo. Otros se aferran a la mítica escapada de Martin Bormann por el metro de Berlín, aunque este muriera, ¿porque no pudo escapar Hitler? Sin obviar el manido tema de los dobles de Hitler, y que ha fue visto en Galicia, en la Antártida y por supuesto en el Hotel Edén de Argentina.

El mítico Hotel Edén, fuertemente ligado a un pasado nazi. (foto tomada en 2010)

Todo lo anteriormente comentado del parking de Berlín, volvió a mi cabeza tras leer el estupendo articulo de Jesús García Barcala, La cuestión del cráneo de Hitler,  os animo a leerlo. A modo de resumen decir que el supuesto cráneo del dictador parecía corresponder a una mujer, por lo tanto ser falso.  Tras lo cual, pocos días después,  llegó a mis manos fortuitamente la novena entrega de los Grandes Enigmas de la Humanidad, en ella se describen muchos de los aspectos sobre las sombras de la muerte de Hitler.

En definitiva varios desencadenantes me llevaron a escribir esta entrada. Es evidente que no me mueve el motivo de resolver una de las mayores incógnitas del siglo XX, más que nada, que si no lo han resuelto los grandes expertos imaginaros lo que puede hacer un estudiante de Historia. Pero si de aportar una visión premonitoria, de uno de los periodistas y escritores que mejor conocieron el proceso de nazificación de Alemania.

Sebastian Haffner.

Nació en Berlín en el año 1907, dentro de una familia de clase media que se podía permitir unas mínimas vacaciones. Este aspecto viene a coalición por ser el inicio de su obra biográfica. Ya que precisamente en la vacaciones de 1914 mientras él y su familia estaban de vacaciones estalló la Primera Guerra Mundial. En dicha obra biográfica,  lleva al lector al conocimiento de primera mano del proceso por el cual el nazismo caló en Alemania. Desde unos niños que juegan a la guerra, a la completa humillación de Versalles, o la más cruel de las crisis que se cebó sobre esta nación.

la muerte de Hitler será de un tiro en la cabeza

A pesar de que por algún momento parece justificar el nazismo, nada más lejos de la realidad. Es más, tras conocer los entresijos de la justicia del régimen nazi, decide escapar de Alemania en 1938, considerándose uno más, de las víctimas del nazismo, a pesar de su condición aria.

El lugar elegido para exiliarse, Inglaterra donde se convierte en periodista para The Observer, el periódico de tendencia socialdemócrata. Es en este periodo donde se pierde la pista de su biografía, encontrada por una de sus hijas tras su muerte en 1999 y automáticamente publicada bajo el titulo “Historia de un Alemán”.

Nada más llegar a Inglaterra entre 1939 y 1940 escribe la obra que nos descubre el mismo interior del nazismo. El libro lleva por título; Alemania: Jekyll y Hyde, y como subtitulo un revelador; 1939, el nazismo visto desde dentro.

En este libro Sebastian Haffner nos presenta de primera mano a todos los colaboradores del régimen. También nos radiografía la sociedad alemana, los que están a favor y los que están en contra. Pero además nos acerca a las víctimas, como la familia de su primera novia y de origen judío.

Aunque lo más significativo, para el tema que estamos tratando, es el apartado donde sugiere que Hitler morirá suicidándose.

Si algún día se derrumba el partido, en cinco minutos pondré fin a mi vida con una pistola.

Esta frase de Hitler, que pronunció en 1932, es repetida en varias ocasiones por uno de sus más fieles lugartenientes. En efecto, estoy hablando de Goebbels, por cierto, que extraña coincidencia que se quitara la vida, pocas horas después de que lo hiciera el propio Hitler.

Sebastian Haffner va mucho más allá de la mítica frase: Hitler es Alemania y Alemania es Hitler, pronunciada por el régimen propagandístico del nazismo, en manos de Goebbels. Para el dictador la única importancia de Alemania residía en su partido, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán estaba por encima de todo, tanto de Alemania como de su propia existencia.

Hitler und Schwarz bei der Einweihung des Umbaus des Palais Barlow in der Brienner Straße zum "Braunen Haus", 1930
Una de las múltiples reuniones del Partido Nacionalsocialista de Hitler

Este aspecto se pondrá en evidencia, el día que Hitler pronunció la frase en cuestión. Era en diciembre de 1932, en una reunión con los miembros más importantes del partido. Entre ellos se encontraba Gregor Strasser, conviene subrayar que este era el máximo rival dentro del partido para Hitler y representaba el ala más izquierdista del mismo. Su poder en el partido consistía en haber sido la máxima cabeza visible del mismo durante el encarcelamiento de Hitler.

 Aquel día Kurt von Schleicher, último canciller de la República de Weimar, designó a Gregor Strasser como futuro primer ministro de Prusia. La intención era clara dividir el partido nazi para restarle protagonismo. Cuesta poco imaginar la reacción de Hitler, golpe en la mesa  pronunciamiento de la frase en cuestión y Gregor Strasser de vacaciones y sin ningún cargo en la cartera.

Gregor Stasser, uno de los mayores rivales de Hitler dentro del partido.

Solo dos años después, en la célebre Noche de los Cuchillos Largos, tanto Gregor Strasser, como Kurt von Schleicher morían asesinados de sendos tiros en la nuca.

Para acabar como he comenzado, es evidente que no conocemos la verdad, ya que una minoría se encarga de que las dudas continúen. Pero es evidente que aquel 30 de abril de 1945, la situación del partido nazi, no era la mejor por la que habían pasado, y por lo tanto, si atendemos a Sebastian Haffner,  no le demos más vueltas, la muerte de Hitler como había dejado dicho  fue de un tiro en la cabeza.

Imágenes: commons.wikimedia

Tempelhof, escenario del mayor hito de la historia de la aviación

 

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El Aeropuerto de Tempelhof, se ha convertido hoy día en el parque urbano más grande de la ciudad de Berlín. Así mismo, es conocido por su papel decisivo en la vida de los berlineses durante el siglo XX.

 

¿Cómo llegar?

Desde cualquier punto de la ciudad de Berlín se puede llegar mediante:

  • Metro, linea 6, parada Tempelhof
  • Tren, lineas S45 y S47, parada Tempelhof

Ambas paradas están situadas muy cerca a una de las entradas del actual parque.

caminadoporlahistoria Tempelhof
Atardecer en la instalaciones de Tempelhof Feld

Los inicios de Tempelhof

Sin duda el aeropuerto de referencia de Berlín durante todo el siglo XX,  un fiel reflejo de los avatares de los berlineses en uno de los siglos más horribles de su historia.

El recinto fue inaugurado en 1909, pero su principal cometido no fue el de aeropuerto. Dado que hasta 1923 que se realizó el primer vuelo desde Tempelhof, su uso estuvo en manos de  los ejércitos alemanes, estos realizaban en el mismo  las maniobras y los desfiles militares. Simultáneamente comienza su vocación pública, ya que los fines de semana en dicho periodo, Tempelhof es utilizado por los berlineses como lugar de recreo y encuentro familiar en torno a un mantel de picnic.

A partir de 1923 comienza su utilización como aeropuerto. Pero su consagración llegará de la mano de Lufthansa, la primera compañía aérea de Alemania en 1926.  Pocos años después más de 40 vuelos internacionales usaban diariamente las pistas de Tempelhof.

La llegada de Hitler.

Una de las principales manías de Hitler era la construcción de mega-edificios, ya  que debía demostrar su poder en el contexto internacional. Esta era una de las principales estrategias puestas el servicio del revisionismo alemán. Con respecto a Tempelhof no iba a ser menos. Así será como entre 1936 y 1941 construya en mayor edificio de mundo, la terminal del aeropuerto de Tempelhof. Aunque poco le durará la alegría, solo dos años después EE.UU inauguraba uno mayor, el edificio de Pentágono.

Edificio de la terminal de Tempelhof

Con el estallido de la 2ª Guerra Mundial Tempelhof quedó en un segundo plano. Teniendo en cuanta que no fue utilizado como aeropuerto principal de Luftwaffe de Hitler. Aunque si que serian usados los sótanos de la enorme terminal para la construcción de motores de los  Stuka. Conviene subrayar que este  avión se convirtió el protagonista de las 2ª Guerra Mundial, tras ser probado en la Guerra Civil española.

El Stuka

La guerra fría.

Pero el hecho que marcará este aeropuerto para siempre, y que personalmente llamó mi curiosidad, ocurrió durante el inicio de la Guerra Fría. Tras el reparto de la Conferencia de Potsdam, nuestro protagonista quedó en territorio de los EE.UU.

Solo unos años después, el 20 de junio de 1948, la URSS bloqueaba por tierra la parte occidental de la ciudad de Berlín. En consecuencia, tres cuartas partes de la ciudad se convierten en una isla de más de un millón personas, en medio del comunismo soviético.

Imágenes del bloqueo

La solución fue uno de los mayores éxitos de la historia de la aviación.  Un puente aéreo efectuado por la RAF inglesa y la USAF norteamericana, que proporcionó todo lo necesario a la población sitiada. Es decir desde alimentos, a todo tipo de productos necesarios para el día a día. De modo que hasta 1400 aviones aterrizaban sin parar día y noche, a ritmo de un avión por minuto. Para dicho triunfo, el aeropuerto de Tempelhof contó con la ayuda del recién inaugurado aeropuerto de Tegel, en la parte francesa de Berlín. Este hecho llevó al dictador soviético Stalin a replantarse la utilidad del bloqueo, abandonándolo el 12 de Mayo de 1949 sin cumplir su objetivo, que no era otro que hacerse con toda la ciudad de Berlín.

Tras lo cual llegó la cruda realidad de las cerca de cuatro décadas de Guerra Fría. Los aviones alemanes no podían utilizar las instalaciones de Tempelhof, debido a una serie de acuerdos con la URSS. Por lo tanto solo operaban en él las compañías internacionales norteamericanas, inglesas y francesas. Así mismo se utilizó como base de la fuerza aérea norteamericana, la USAF. Todo ello comportó al aeropuerto una cierta peligrosidad que le llevó a perder importancia continuamente.

La decadencia de Tempelhof

La reunificación de Alemania en 1989 llegó tarde para Tempelhof. Tanto Schönefeld como Tegel eran aeropuertos mejor preparados, en este caso para las ampliaciones que necesitaban  los nuevos aviones. Además su posición en el centro de la ciudad era un hándicap más, por evidentes motivos medioambientales.  Todo ello le reportó una continua pérdida de pasajeros, que le llevó al cierre definitivo en el año 2008.

El nuevo Tempelhof Feld

Solo dos años después nacía el mayor parque urbano de la ciudad de Berlín. Hay que mencionar además que existen varias formas de disfrutar de este histórico lugar. La más evidente es hacer caso a la frase “donde fueres haz lo que vieres“.

Hoy en día Tempelhof Feld es el fiel reflejo de una joven ciudad tras la caída del Muro de Berlín. Para conocerlo lo mejor es ir un domingo por la mañana,  para vivir junto a sus vecinos una matinal deportiva. En concreto en el mismo se practican todo tipos de deportes tanto a pie, como sobre ruedas. Así que cientos de patines recorren las antiguas pistas de despegue, o cientos de perros juegan junto a sus dueños. Tras la matinal todos están dispuestos a compartir una comida campestre y acabar de pasar el día festivo. En pocas palabras  este espacio se ha convertido en el  pulmón de la ciudad de Berlín, además de contar con todos los servicios básicos perfectamente cubiertos.

Otra forma de conocerlo, es mediante una visita guiada a la antigua terminal. Sinceramente no voy a opinar de ella, porque no tuve la oportunidad de acceder a una de estas visitas. Pero os dejo un enlace a la página web de la empresa que realiza las mismas: Getyourguide

Pero Tempelhof es mucho más

Por último me gustaría destacar algunos de los proyectos actuales, en los que trabaja el gobierno de la ciudad de Berlín. Ya que desde 2014 existen programas abiertos para inversiones en dichas instalaciones, que lleven a cabo el asentamiento de este espacio de ocio. Con la finalidad de preservar el actual modelo de parque urbano y deportivo.

Pero sobre todo hacer eco de la reciente utilización desde finales del año 2015. En particular de los hangares donde Hitler construía sus aviones para la guerra, y en este caso para una labor muy diferente. Esta no es otra que servir como lugar de residencia a  miles de refugiados llegados de Oriente Próximo. Desde los primeros 660 que llegaron a finales de dicho año y que ocuparon el hangar nº 1, hasta los miles que acoge hoy día. Es muy grato pensar que algo construido para la guerra, sirva para precisamente para paliar hoy día los efectos de esta.

Credit Gordon Welters para The New York Times

Es indudable que no estamos ante uno de los lugares más visitado de Berlín. El muro, el monumento al Holocausto, la Puerta de Brandeburgo, la Cúpula de Reichtag realizada por Norman Foster o la Torre de Televisión de Alexanderplatz lo son en mayor medida.  Pero el Aeropuerto de Tempelhof es para mí: el fiel reflejo de la nueva sociedad surgida tras la reunificación. Además del glorioso recuerdo de una de las mayores gestas de la aviación en el siglo XX.

Fuentes: gruen-berlin / nytimes / wikipedia

Imagenes: commons.wikimedia

La Iglesia de Berlín Kaiser Wilhelm, un monumento de paz tras la 2GM

Imagen actual de la Iglesia Memorial Emperador Guillermo
Imagen actual de la Iglesia Memorial Emperador Guillermo

La calle Kurfürstendamm de Berlín esta dominada por una extraña figura en su extremo oeste, la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm. He de reconocer, que desde la primera vez que la vi me llamo la atención,  ya que parecía sacada de un cuento de Hans Christian Andersen. Pese a lo cual  en mi primera visita a Berlín no me acerque a la misma, y nada más volver de aquel viaje me informé sobre el motivo de la extraña figura. Tras lo cual en los dos siguientes viajes a dicha ciudad, me he acercado hasta tres veces.

Breve historia de la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm

La iglesia conmemorativa del Emperador Guillermo fue construida entre 1891 y 1895, e concreto durante el reinado de su nieto Guillermo II. Definitivamente fue concebida para ser la más grande de todas las iglesias luteranas de Alemania. De tal manera que el día de su inauguración, el 1 de septiembre de 1895, la espectacular iglesia tenia una torre de 113 metros de altura. Así mismo podía acoger sentados más de 2.000 personas, y detrás del altar quedaba un espacio para un coro de 300 voces y 80 músicos.

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Imagen de la Iglesia con su espectacular torre

Así fue hasta el 23 de noviembre de 1943, ese día en el en el marco de la 2ª Guerra Mundial, se efectuaron a cargo de la RAF británica los más violentos bombardeos sobre Berlín.  La iglesia quedó prácticamente destruida, esto se puede comprobar en las imágenes del siguiente vídeo,  tomadas los días posteriores a dicho bombardeo.

Tras finalizar la guerra  comenzaron los trabajos de reparación de la capital alemana. Es preciso recordar que tras el reparto de la Conferencia de Potsdam, la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm quedó en territorio británico evidentemente las primeras reparaciones se dirigieron a los edificios de mayor necesidad. Por dicho motivo, la iglesia quedó en un segundo plano. Es más, en realidad y dado el lamentable estado en que se hallaba, se decidió su demolición. A partir de ese momento, corría año 1950, es cuando la iglesia se convierte en símbolo de la paz, la causa hay que buscarla en  los miles de ciudadanos que salieron a la calle para protestar contra el derrumbe. De ahí que las autoridades de Berlín, encabezadas por su alcalde Ernst Reuter, deciden mantenerla como símbolo de la destrucción que producen las guerras.

A finales de los años 60, se inicia la construcción del nuevo espacio destinado al culto. En efecto, a una banda de los restos de la iglesia destruida se coloca una torre, y al otro lado el actual espacio religioso. Su inauguración el 17 de diciembre de 1961. Pero habrá que esperar  a 1987, dos años antes de la caída del Muro de Berlín, a que se habite definitivamente el recinto destruido. Como ya se ha dicho, para ser el símbolo de la paz de la ciudad de Berlín.

¿Qué podemos ver hoy día?

Hoy día todo el conjunto arquitectónico forma parte de la vida diaria de los berlineses, y de los turistas que llegan a la ciudad. La extraña figura, que domina la plaza berlinesa, es la torre de la antigua iglesia, de las cual solo restan 68 metros de los 113 que llegó a tener. Cariñosamente se la denominada la Muela picada de Berlín.

Imagen de las antiguas escaleras

El espacio destruido durante la 2ª Guerra Mundial, se ha convertido en un museo de la Paz. Hay que mencionar además, que en él se dan cita algunos de los objetos destinados a este menester: En primer lugar la exposición permanente, que a través de paneles informativos nos muestra la historia de la destrucción de la Iglesia y de la ciudad.

techo original

En el fondo de la iglesia existen tres cruces. La primera una cruz ortodoxa en conmemoración de los muertos, de los países que profesaban este fe durante la guerra. Seguidamente, la cruz de Clavos de Coventry recuerda  los fallecidos en dicha ciudad inglesa, durante los bombardeos de la Luftwaffe alemana en 1940. Por otra parte entre ambas cruces, el crucifijo luterano de la antigua Iglesia del Kaiser-Wilhelm.

El edificio se puede visitar todos los días, desde las 9 a las 19 horas de forma gratuita.

A ambos lados, como ya ha quedado dicho, la nueva construcción. Esta se divide en dos partes;  en primer lugar un octágono de 35 metros de diámetro y 20 metros de altura donde se lleva a cabo el culto. Hay que mencionar ademas, que se realizan excelentes conciertos de música clásica. A su vez en su interior, otro de los símbolos de paz que acoge este complejo religioso. La Madona de Stalingrado que fue pintada durante la toma de dicha ciudad, en la Navidad de 1942.  Dos copias de la misma adornan las catedrales de Coventry y Volvogrado (nombre actual de Stalingrado).  Para convertirse entre las tres, en una especie de triángulo de paz.

Al otro lado, la nueva torre hexagonal de 12 metros de diámetro y 53 de alto.  Conviene subrayar que no podía ser más alta que la antigua, evidentemente para no restarle protagonismo. Por otra parte ambos edificios son de acero y repletos de vidrios azules, rojos, verdes y amarillos.

Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm
Interior de la Iglesia Nueva

Sobre este escenario de paz se cometió el pasado 20 de diciembre de 2016 el atentado que costó la vida a 12 personas, mientras paseaban tranquilamente por un mercado navideño.

Sobre este último punto me gustaría aportar una apreciación especial. Ya que realmente no se hizo gran hincapié en el hecho, de que el ataque fuera contra un símbolo de paz. . Posiblemente no buscando mayor repercusión de la que estos atentados islámicos provocan en la Europa actual, aunque para mí sigue quedando la duda, sobre si el lugar fue casualidad o no.

Video: Panzerargentino1 

 

Cinco consejos para una visita barata a Berlín.

Los consejos viajeros no son mi fuerte, pero el perseguir la historia me ha llevado a visitar Berlín 3 veces, por lo que a “base de palos” se aprenden cosas:

Lo primero que hay que decir es que Berlín es una de las ciudades europeas más económicas para visitar. Partiendo de esta premisa, mi intención es comentar las cosas que a mi parecer hacen que la visita a Berlín sea más accesible a cualquier bolsillo. Aunque todas ellas son muy obvias, en mis  visitas a Berlín he comprobado como a veces hace falta recordarlas.

1.Alojamiento.

Aquí hay que tener muy presente los nuevos Hostels que pueblan la ciudad, ya que son bastante nuevos en su mayoría. Debemos tener en cuenta que una gran parte de ellos poseen habitaciones de diferentes capacidades e incluso con baño privado, por lo que alojarse en ellos te ofrece las comodidades de un hotel a precios más reducidos, con lo que nos aseguramos estar más cerca del centro de la ciudad a un precio más asequible.  Existen muchos y se pueden reservar en las páginas habituales. Pero sin duda y teniendo muy en cuenta reservar con tiempo, recomiendo el siguiente:

http://www.plushostels.com/en/plusberlin

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Hostel Plus Berlín, en al última visita en diciembre de 2016

2. Comida.

En este apartado si que se puede ahorrar, a pesar de lo comentado, que no es caro comer en Berlín. Esto tiene una causa; el berlinés no suele cocinar, una gran mayoría comen fuera de casa, por eso la ciudad esta muy preparada. Puedes comer cualquier plato por unos 10€, eso sí vigilando no meterse en los sitios más turísticos, pero eso es evidente. Pero si de verdad queréis comer económico hacer caso una vez más de la frase “donde fueres haz lo que vieres“. La mayoría de berlineses comen en las estaciones, sin ir más lejos un desayuno para tres 7€, además si no tenéis problema podéis prepararos unas cena rápida para tres por 10€, como esta:

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3. Bebida.

Aquí ya entramos en uno de los apartados más curiosos de Berlín. Rápidamente observareis que; “es más barata la cerveza que el agua“. Obvio, como todo mercado existe la oferta y la demanda, fuera tópicos es cierto, en un restaurante mediano te pueden cobrar 3€ por una cerveza y 5€ por un agua. Pocos consejos caben cuando hay sed, sobre todo en verano, pero se puede ahorrar un buen pico comprando las botellas de agua en los supermercados alemanes, no confundir con las típicas tiendas 24h que allí también existen. Y sobre todo tener en cuenta algo que no os dirán, sino tenéis suerte; por cada botella de plástico te cobran una tasa de 25 céntimos, que son devueltos solo a través de unas maquinas alojadas en los supermercados alemanes. Son muy similares a esta:maquina-de-reciclar-botellas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4. Trasporte público.

Otro de los campos curiosos en Berlín (no se, si al resto de Alemania), no existe ningún tipo de barreras para entrar o salir de un metro, de un tren, de un autobús, etc. Pero es imprescindible viajar con el correspondiente billete y sobre todo que este sellado, hay revisores (no es habitual verlos), pero como te cojan viajando sin billete las multas son muy importantes. En el transporte público de Berlín existen tres zonas, A, B y C, ´por la diferencia de precio, sin pensarlo coger la denominada ABC, que incluye las tres. Las maquinas están en varios idiomas incluyendo el español, lo cual facilita la compra. Mi consejo; coger el billete de grupo ABC (cubre hasta 5 personas viajando juntas, por un precio de 17,60€) cuando un individual sale sobre los 7€ )por lo tanto a partir de tres personas, ya es rentable).

billete

5. Visitas guiadas gratis.

Este apartado es entrecomillado, me explico: Hay muchas empresas, que ofrecen los denominados “Free Walking Tour”, de todas ellas me quedo con esta:

http://www.berlin-tours.es/

Lo ofrecen gratis, porque esta comprobado que al final de la visita “las propinas” cubren el pago de pago del servicio, ¿quién no va a dar mínimo 5€? y si realmente quedas contento que es una mayoría acabas abonando los 10€. El problema de estos tours es su masificación, son grupos mucho más grandes que los denominados de pago y realmente acabas pagando lo mismo. Por lo tanto aquí va el consejo: me encantan los tours de esta empresa y por 10€ tienes el básico de Berlín y por poco más otros:

http://visitasguiadasberlin.com/

Su nombre en Vera Tours, van de color rojo y su punto de encuentro es bajo el Reloj del Mundo en Alexanderplatz.

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Jose Mari Escalante.

Potsdam, caminando por la ciudad que cambió la historia de Europa.

Potsdam, capital del estado de Brandeburgo, es una bella ciudad al lado de Berlín.  Pero asimismo su visita es de especial interés para todos los amantes de la historia moderna y contemporánea. Ya que sus grandes parques y jardines, además de un magnifico escaparate para la práctica de los más diversos deportes, han sido testigos de algunos de los episodios más importantes de la historia de Europa en los siglos XIX y XX.  A través de esta y caminando, que es como mejor se conocen las ciudades, os quiero presentar algunos de ellos.

Antes de comenzar unas pequeñas recomendaciones. Como observamos en el mapa es un paseo de de poco más de 7 km totalmente planos y acto para cualquier persona mínimamente acostumbrada a caminar. Con cualquier calzado deportivo cómodo lo podéis hacer, la primera parte del recorrido por tierra y la segunda por asfalto. Si empezáis a media mañana, tener en cuenta dependiendo del tiempo climatológico, coger cualquier “picnic” para comer en el parque por el que pasa la ruta. Sino es factible ir a comer a la segunda parte del recorrido en el que encontraréis restaurantes y puestos de comida rápida para todos los bolsillos.

Aunque es una caminata para cualquier época del año, (vigilar en pleno invierno con las nevadas y hielos de la zona), es recomendable en verano para un chapuzón, en otoño para contemplar los bosques caducifolios  y en primavera con la floración.

Para llegar al principio de la ruta, desde el centro de Berlín , lo mejor es coger el  transporte público. En concreto las líneas S5 y S7 del metro, que nos dejaran en la estación de Wannsee.  Nada más salir de la estación coger el autobús 316 que nos dejará tras cuatro paradas al borde del puente Glienicke, el comienzo de la ruta. 

La vuelta también en metro, linea S5 y S7 que podemos coger en estación principal de Potsdam Hauptbahnhof.  Desde la cual también salen trenes, pero es más aconsejable el metro, por combinaciones al llegar a Berlín y prácticamente igual de rápido.

Principales escenarios de la ruta.

Puente de Glienicke, “puente de los espías”.

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Desde el siglo XVII, punto de paso entre la ciudad de Berlín y Potsdam, el actual puente se construyó en 1907, aunque tuvo que ser reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial. Es a partir de ese punto de la historia cuando se convierte en uno de tantos símbolos de la Guerra Fría, ni para la reconstrucción se pusieron de acuerdo las potencias occidentales y orientales. Hoy día todavía existen las huellas de esas disputas, si os fijáis la parte occidental esta de un verde más intenso que el de la parte oriental, la causa evidentemente la diferente pintura que escogieron sus reparadores.

Su relevancia histórica viene del intercambio de espías entre las dos grandes potencias EE.UU y la URSS. En el periodo 1962-1986 , hecho que es recordado por Steven Spielberg, en su célebre película de 2015 “El Puente de los Espías”. Es evidente que a parte de estas historias, tubo que ser un pasillo de ilusiones, esperanzas y secretos en los duros años de separación alemana.

Neuer Garten, (Nuevo Jardín).

Nada más traspasar el puente, se gira hacia la derecha bordeando el lago, en ese momento se entra dentro de este “Nuevo Jardín”, mandado a construir por Federico Guillermo II  a partir de 1787.  El motivo de su construcción fue alejarse de los dominios de su tío el gran rey prusiano Federico II el grande. Para mi, hoy día el mejor jardín de Postdam, aunque esta opinión levantará opiniones en contra.

No es un jardín para el lucimiento, sino un bosque perfectamente acondicionado para el disfrute al aire libre, lleno de caminos y bosques, que junto al lago Heiliger, confieren un genial espacio para la practica de deportes, ya sea a pie, en bicicleta o nadando, en el cual esta prohibido los vehículos a motor. En dicho jardín encontramos las dos siguientes paradas del recorrido.

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En invierno
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En verano

Palacio de Cecilienhof.

Para entrar hay que abonar una entrada de 6€, en caso de combinarlo con el Palacio de Mármol que hablaremos a continuación su precio total será de 8€.

Su nombre proviene de Cecilia, la esposa del príncipe Guillermo, al cual iba destinado dicho palacio construido por el padre de este último, el Emperador Guillermo II. Este último un año después de comenzarlo a construir, llevó a su país a la Primera Guerra Mundial.  Por lo que el palacio nunca pudo ser aprovechado por el príncipe, pero si por la esposa Cecilia, que se mantuvo en el mismo hasta los días previos a la llegada de los rusos, casi 30 años después tras el fin de la 2ª Guerra Mundial y la liberación de Berlín de nazismo impuesto por Hitler.

Tras lo cual llegará el momento crucial de dicho palacio para entrar en la historia por la puerta de delante. Nada más concluir la guerra se reúnen en el mismo, el soviético Stalin, el norteamericano Truman y el inglés Churchil, en la cartera el nefasto reparto al que fue sometida Alemania y que protagonizará la Guerra Fría del siglo XX. No contentos con eso, Truman y Churchill, llegan al acuerdo de los términos de rendimiento de Japón, autorizando la utilización de bombas atómicas si así lo requería la ocasión. Pocos días después caía la primera bomba atómica de la historia  en Hiroshima.

Hoy en día, a parte del museo, se están terminando las obras de mejora en el Hotel Cecilienhof, por lo que en breve se podrá dormir en sus instalaciones.

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Palacio de Mármol.

Muy cercano al anterior, además este si que fue construido por el mismo rey que el jardín nuevo, Federico Guillermo II. Su palacio tenia que ser el mejor de toda Prusia, así encargo a los mejores arquitectos, tanto alemanes como holandeses, su construcción a finales de siglo XVIII. El resultado un espectacular palacio de mármol, aunque sinceramente si me tengo que quedar con algo, son las espectaculares vistas al lago Heiligen.

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Tras la salida del Jardín Nuevo, hay que dirigirse por la ciudad hacia la Puerta de Nauen, (Nauener Tor), a través de las calles Alleestrabe y Friedrich-Ebert Strabe. Aunque sin preocupaciones, ya que Potsdan esta perfectamente marcada para rutas a pie y en bicicleta. Cuando lleguéis a Nauener Tor, entrareis en el próximo destino.

Barrio Holandés.

Una de las sorpresas al visitar Postdam.  Su historia comienza en el siglo XVIII, casi un siglo después de finalizar la Guerra de los Treinta años. Tras las destrucciones de la ciudad , el rey Federico Guillermo I, manda a unos constructores holandeses la reconstrucción de esta parte de la ciudad, entre otros motivos para la repoblación de la misma, tras el balance de la guerra. El resultado 134 casas holandesas, el mayor barrio de este estilo fuera del territorio de los Países Bajos, pero no consiguió el segundo objetivo, su apreció por los holandeses nunca se vio recompensado.

No se cubrieron las expectativas, y gran parte del barrio quedó vacío.  Al resto acudieron franceses, suizos o italianos, pese a lo cual fue un barrio muy poco valorado durante  toda su historia. Aunque todo cambió tras la caída del Muro de Berlín, en los años 90 del pasado siglo, el barrio se comenzó a llenar de artesanos, artistas y jóvenes de todo el mundo.  Hoy día sus calles se han convertido es un agradable paseo de verano entre las terrazas o de invierno entre sus cafeterías, tiendas de antigüedades y talleres de artistas.

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Mi recomendación a parte de perderse por todos estos talleres, tiendas, cafeterías etc. es recorrer la Brandenburger Strabe, y conocer los dos monumentos que se encuentran en ambos extremos de la calle:

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Brandenburger Strabe durante el mercado de Navidad

Puerta de Brandenburgo de Potsdam, no confundir con la de Berlín. Mandada a construir por Federico II el grande, como puerta de entrada a la ciudad a finales del siglo XVIII.  Justo en la otra parte de la calle la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo.

 Desde el final de la Brandenburger Strabe, lo mejor es buscar de nuevo la Friedrich-Ebert Strabe, (la última antes de llegar a la iglesia), desde la cual en 20 minutos y a través de la zona de los museos  se llega a la estación principal de Potsdam.

Es una ruta para hacerla en cualquier época del año, en verano se disfruta la calle y en invierno sus magnificas visitas. Sin olvidar la espectacular visión del Parque Nuevo, en los últimos días de otoño. En Potsdam hay muchos más lugares a visitar, pero lo más recomendable es visitarla a pie o en bicicleta, ya que existen maravillosos rincones por cualquier sitio.