La infructuosa búsqueda de rey Arturo en Tintagel, Glastonbury y Cadbury.

Nos remontamos a principios del siglo XII, a la Inglaterra ocupada por los normandos franceses desde el año 1066. Estos últimos muy dados a contar sus viejas historias apoyadas en su célebre Carlomagno, rey de los francos y emperador carolingio, debieron dar un poco de celos a los ingleses, que decidieron buscar su héroe soberano particular. El encargado de buscarlo fue Geoffrey de Monmouth, un monje metido a escritor y dado a contar historias fantásticas.

La labor de este monje galés consistió en recuperar  todas aquellas historias que habían ido pasando de voz en voz, aunque no solo eso, ya que incluso algunos lo habían plasmado por escrito. En concreto un tal Nenius, que ya en el siglo IX se aventuró a escribir una historia sobre los antiguos ingleses, en la cual aparecía un caudillo militar de nombre Arturo. Por otro lado también se debió de nutrir de una serie denominada los “Anales de Gales”, una especie de libro de crónicas, anteriores al siglo X. En dicho libro aparecía un tal Arturo venciendo a los invasores sajones en el año 516, y su posterior muerte en Camlann, 21 años después.

Historia Regum Britanniae.

Con todo ello en el año 1133 Geoffrey de Monmouth escribe la “Historia de los reyes Británicos”. Esta historia que empieza delante de las mismísimas puertas de Troya muchos siglos antes, guarda un lugar destacado el Rey Arturo. En definitiva fue el único capaz de mantener a raya a principios del siglo VI, junto a sus caballeros de la mesa redonda, a los temibles bárbaros sajones, que llegaron a Inglaterra dispuestos a acabar con las tradiciones de aquellos celtas romanizados.

Aunque la historia del Rey Arturo puede ser muy conocida, vale la pena recordarla. Comienza en un castillo apostado en una pequeña isla al suroeste de Inglaterra, allí tras recibir la magia de mago Merlín, Uther Pendragon, consigue hacerse pasar por el rey Gorlois, y tras lo cual deja embarazada a su bella esposa Ingerna. Del encuentro nace un niño de nombre Arturo. Pocos años después tras conseguir arrancar la espada Excalibur de la piedra donde se hallaba clavada, su futuro no deja dudas, apoyado por el Mago Merlín se convertirá en el Rey de los británicos.

Grabado de Gustave Doré del siglo XIX, donde aparecen el Rey Arturo y el mago Merlín.

A partir de ese momento la historia de Geoffrey de Monmouth, nos muestra el idílico Reino de Camelot, a su preciosa y adultera mujer Ginebra, o a su fiel Lancerot que solo le pierde la fidelidad en la cama de esta última. Además por supuesto de su célebre Tabla Redonda, paradigma de todos los caballeros medievales en su unión por un fin común. El rey Arturo luchó toda su vida por mantener el reino a salvo, tanto dentro como fuera de las fronteras, incluso contra los romanos si era menester. Pero la traición le llegó desde dentro, por la usurpación de su supuesto hijo Mordred. De vuelta a Inglaterra el rey Arturo, ambos se  enfrentarán muriendo los dos.

La realidad histórica.

Como bien dice; George Macaulay Trevelyan, profesor en Cambrigde y uno de los más importantes historiadores británicos del siglo XX, tiene narices que la parte más importante de la historia británica siga siendo un folio en blanco. Tras la salida a principios del siglo V de los romanos, una serie de jefes locales se harán con las riendas de la defensa de la isla, ante la llegada de las tribus bárbaras.

Este es el contexto asignable al posible Rey Arturo, de ahí, que bien pudo ser un militar romano que se quedará en la isla. Tras lo cual dirigió con éxito la defensa de la misma gracias a los avances técnicos que el Imperio dejó en Inglaterra. Este aspecto daría razón a la raíz de su nombre, más hispano que celta. Así como a la presunta defensa ante los invasores, los cuales nunca llegaron a conquistar plenamente la actual Gales, dicho sea de paso el hogar del Rey Arturo según Geoffrey de Monmouth.

El rey Arturo pintado a principios del siglo XX por C. E. Butler

Volviendo al libro en cuestión, o más bien tras la escritura  del mismo, el rey Arturo se hizo más famoso que el propio Carlomagno. A pesar de que este, sí que había sido de carne y hueso.  A partir de aquí todas las dinastías reales inglesas se han aprovechado de una forma u otra de la historia del “posible rey Arturo”. Desde el mismo Ricardo Corazón de Léon  que camino de la ciudad Santa de Jerusalén durante las cruzadas, regalo la espada Excalibur a su homónimo de Sicilia. O bien a los reyes de la Casa de los Tudor, que tras la guerra de las Dos Rosas a finales del siglo XV, se legitiman en el poder como descendientes directos del propio Rey Arturo. Por no decir de la literatura contemporánea y su aprovechamiento de los denominados mitos artúricos.

Además sin olvidar que hoy día entre series, dibujos animados, videojuegos, y superproducciones de Hollywood, la arqueología y los historiadores siguen buscado una verdad difícil de encontrar. Por nuestra parte vamos a acompañarlos a los supuestos lugares donde supuestamente habitó el Rey Arturo.

Tintagel

Para encontrar el Castillo de Tintagel, el supuesto lugar donde nació el Rey Arturo, nos tenemos que dirigir al Condado de Cornualles, situado al suroeste de la mayor isla Británica. Donde desde 2016, tras los últimos descubrimientos arqueológicos, podemos decir que su historia se ha reescrito en gran parte, además curiosamente acercándolo a las tesis de los que defienden la veracidad del Rey Arturo. Cabe decir que el lugar es ideal para construir un castillo, una isla solamente conectada al resto por una lengua de tierra, es evidente que no hay mejor defensa posible. Eso sin decir las impresionantes vistas que debieron tener sus moradores.

El acceso a la isla y la cueva del mago Merlín.

El lugar pudo estar habitado desde la Edad del Hierro, pero las primeras evidencias arqueológicas y además de poca importancia nos revelan una ocupación de época romana, a través de unas monedas y cerámicas encontradas en las últimas campañas. Lo que sí que revelan estas con mayor claridad, es la ocupación entre los años 450-650, es decir en el “folio en blanco” de la historia de Inglaterra. Es de suponer por los restos hallados que se encontraron, que se trató de un lugar medianamente habitado en dicha época. Además, por una serie de mercaderes dedicados al comercio con el mediterráneo. Por último decir que hubo un castillo, el cual pudo ser habitado por una monarquía local. Pero a partir de ahí no se sabe absolutamente nada más. Los motivos que llevaron a Geoffrey de Monmouth a decir que fue el lugar de nacimiento del rey Arturo, son un verdadero misterio.

Un siglo después de que el monje gales escribiera el libro, en 1233, el Conde de Cornualles decide la construcción sobre las antiguas ruinas de su nuevo castillo, es de suponer que atraído por la leyenda del Rey Arturo y buscando su fama. Dicho castillo será habitado esporádicamente hasta el siglo XVI donde aparece de nuevo totalmente abandonado. Poco después en el año 1650 aparece por primera vez registrado como el Castillo del Rey Arturo.

La entrada al Castillo de Tintagel

En la actualidad los encargados de mantener y explotar el lugar turísticamente es  la English Heritage, es decir el gobierno de Inglaterra, lo cual es sinónimo de dejarse una buena pasta para entrar. La visita se puede completar con un museo y la bajada a la cueva donde supuestamente el Mago Merlín, llevaba a cabo su magia. Os dejo el siguiente enlace con horarios y precios: english-heritage

Cadbury.

El siguiente lugar artúrico que debemos encontrar, es la mítica fortaleza de Camelot, el lugar donde el Rey Arturo se reunía con sus caballeros de la mesa Redonda. A pesar de que existen varios lugares candidatos, entre ellos algunos campamentos romanos, apoyados por los que pretenden colocar al rey Arturo, como un antiguo general de las legiones romanas, el que más consenso ha levantado es el Castillo de Cadbury.  Para llegar al mismo debemos dejar atrás Tintagel, y a unos 190 km por la A-30 dirección a Londres, encontraremos dicho castillo, o más bien los escasos restos arqueológicos que quedan del mismo.

Aspecto de Camelot bajo la mirada del cine en el siglo XX

Las distintas actuaciones arqueológicas que se llevaron a cabo en esta pequeña colina, han dado como resultado que estaba ya habitada en el Neolítico. Las siguientes noticas destacables son mucho más cercanas en el tiempo, concretamente en el año 60 aC., cuando sufrió una gran destrucción que ha sido achacada a la invasión romana.

Cinco siglos después, alrededor del año 450, se producen las mayores reparaciones. Entre ellas un espacio amurallado de 1.200 m perimetrales, y con 5 metros de altura, dicha muralla se efectuó aprovechado antiguos restos romanos y según los expertos era de tradición celta.  No queda ahí la cosa, ya que una estructura central en forma rectangular  20×10 m., ha servido a los artúricos para hallar el verdadero lugar donde se reunían los caballeros de la mesa Redonda.

El supuesto lugar donde existió Camelot

Aunque lo más evidente arqueológicamente hablando es el periodo de máxima ocupación de la colina, alrededor de los años 480-510, estrato donde se han localizado grandes cantidades de ánforas mediterráneas de vino y aceite. ¿Vendrían desde Tintagel? Realmente la coincidencia temporal da derecho a  sospechar, más sabiendo que a finales del siglo VI queda totalmente abandonada. Hoy día no es más que un gran campo donde pasta el ganado, aunque desde allí en un día despejado se puede observar el siguiente y último destino.

Glastonbury.

Como ha quedado dicho muy cerca del anterior destino, a unos 20 km,  encontramos Glastonbury.  Una colina que se eleva 160 metros sobre el nivel del mar, y que durante ciertos periodos de la historia aparece rodeada de agua. Por cierto el lugar más misterioso de todos los relacionados con el mítico Rey Arturo. En definitiva este lugar de peregrinaje está repleto de leyendas, mitos, y según algunos, de grandes fuerzas telúricas.

Hablando arqueológicamente ha sido lugar de paso desde el Neolítico, y por supuesto en tiempos romanos. En cuanto al periodo de la Alta Edad Media aparecen restos de ánforas mediterráneas  muy similares a las de los vecinos de Cadbury, aunque lo más curioso son dos enterramientos, posiblemente de adolescentes y datados en el siglo VI.

A partir del año 900 aparecen claramente los restos de un cenobio y una iglesia, que debieron estar ocupados por algún grupo de monjes. Aunque no es confirmada su presencia hasta el año 1243, gracias al encuentro de una carta, que dotaba de permiso para la realización de la feria de San Miguel. Lo siguiente es la destrucción por un terremoto en el año 1275, y finalmente su reconstrucción en el siglo XIV de la cual podemos observar hoy la magnífica torre que corona la colina.

La torre de la colina de Glastonbury

A continuación saltamos al mundo de la mitología celta, según la cual Glastonbury sería Avalon, es decir el lugar donde se reúnen los muertos para pasar al otro mundo.

Pero Glastonbury también vive de las leyendas cristianas, sin ir más lejos fue el lugar donde fue a parar José de Arimatea. Nada más y nada menos que con el Santo Grial,  la de leyendas que han salido del mismo da para muchos libros. Pero la que   acerca definitivamente  a Glastonbury al Rey Arturo, es el hallazgo por parte de unos monjes de las supuestas tumbas del mítico rey,  y su esposa Ginebra en el año 1190. Según los monjes se hallaban 2,7 metros por debajo del suelo y tapadas con una losa. ¿Coincidencia con los dos enterramientos adolescentes?

La Abadía de Glastonbury, muy ligada a la historia de la colina de Glastonbury

Hoy día Glastonbury, gracias a todas estas leyendas es un lugar de culto y visita obligada para cristianos, paganos celtas, y los denominados artúricos, es decir que están por la labor de reconocer al Rey Arturo como el primer rey de Inglaterra.

En definitiva que cada cual saque sus propias conclusiones. Aunque volviendo al principio del texto, fuese mito o realidad, lo que sí que consiguió Geoffrey de Monmouth con el Rey Arturo, al menos en la Edad Media fue eclipsar la figura del gran Carlomagno en tierras inglesas.

Si os ha gustado, os invito a conocer una historia muy similar, en este caso con el sobrino de Carlomango, Roldán y su mítica espada Durandal.

En busca de Durandal, la espada viajera del Cantar de Roldán

Mas info:

Templarios, griales, vírgenes negras y otros enigmas de la historia, Juan Eslava Galán, Ed. Planeta, 2011

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Imágenes: flickr  commons.wikimedia   pixabay

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