Ingunda, la princesa franca que cambió la religión de los visigodos.

Si algo en lo que se ponen de acuerdo la mayor parte de las fuentes del periodo visigodo, es la figura del Rey Leovigildo. Ya que está considerado uno de los monarcas que mayores esfuerzo realizó para consolidar el reino visigodo Hispano. De tal forma que este se convirtiera en  una de las monarquías altomedievales más importantes de la Europa Occidental.

Podemos asegurar que lo consiguió en muchos aspectos. Ya que conquistó los territorios de sus vecinos los suevos, pacificó la zona cántabra sumida en continuas rebeliones, y arrinconó a los bizantinos en el sudeste peninsular. Además consiguió revolucionar la presencia de la monarquía visigoda, si hasta entonces seguían pareciendo unos bárbaros, Leovigildo copió el ceremonial bizantino y comenzó a vestir con ricos atuendos de telas importadas.

En definitiva su reinado entre 571-586 fue uno de los más exitosos del periodo visigodo, con el único “pero” de la elección de la mujer de su hijo y futura reina.  Esta estuvo a punto de costarle el reino y que acabará poniendo un grano de arena muy importante, para que el catolicismo sustituyera el tradicional arrianismo, como religión oficial de la Hispania Visigoda.

El lio familiar del rey Leovigildo.

Cuando Leovigildo llegó al poder, aproximadamente en el año 571, llevaba consigo dos hijos de su primera esposa fallecida, y de la cual no se conoce ni su nombre. El mayor de ellos Recaredo, el menor Hermenegildo. Nada más llegar al poder decide buscar una reina y madre para sus hijos, la elegida fue Gosvinda, que ya contaba con experiencia previa tras haber sido reina consorte con Atanagildo, uno de los antecesores de nuestro protagonista.

Leovigildo
Leovigildo

Además Gosvinda tenía algunos lazos familiares que parecían interesantes para el rey visigodo, siempre dispuesto a reforzar su posición con  pactos con los vecinos francos. La nueva reina era madre de Brunequilda, desde el año 575 monarca del reino franco de Austrasia, después de enviudar del rey Sigeberto I. Además ambos tenían dos hijos Childeberto futuro rey franco de Austrasia, y la joven princesa Ingunda.

La llegada de la princesa Ingunda.

Efectivamente quién mejor para casarse con un futuro rey que la nieta de la propia reina. En este lugar debemos hacer un inciso, ya que a pesar de que Hermenegildo era el más pequeño de los dos hermanos, ambos fueron asociados al trono por su padre Leovigildo. Por cierto, en una decisión no exenta de conflictos con la alta nobleza, que veía poner en peligro la costumbre de elegir al futuro rey por la asamblea de nobles.

Lo cierto es que en el año 579 la princesa Ingunda se encamina hacia Toledo, en una práctica muy habitual en la época de matrimonios concertados para reforzar la relación franco-visigoda. Su destino casarse con Hermenegildo, y su único problema su declarado catolicismo, algo que podía causar inconvenientes en la corte toledana regida por el culto arriano.

Aspecto este último que no debió preocupar en exceso a la reina Gosvinda, convencida de poder convertir a la joven princesa al arrianismo. Pero a los francos no les debió parecer una buena opción, antes de ser enviada a Toledo, Ingunda fue dirigida hacia la ciudad Agde en la Septimania. Allí se encontró con Fronimio recientemente elegido obispo de la ciudad que se ocupó de reforzar la fe de la princesa católica. De esta manera a su llegada a Toledo, todos los esfuerzos fueron en vano, a pesar de los maltratos, las palizas, e incluso un forzado bautismo arriano, Ingunda no renunció a su fe católica.

Hermenegildo e Ingunda a la Bética.

Ante el cariz que estaba tomando el asunto el rey Leovigildo decide mediar. Si un año antes había fundado una ciudad para su hijo Recadero, en este caso Recópolis. A Hermenegildo y su esposa Ingunda, los envía a la Bética, por aquel entonces uno  de los territorios más prósperos del reino.

Restos de la antigua Basílica de Recopolis
Restos de la antigua Basílica de Recópolis

A partir de este punto es difícil conocer las causas que llevaron a Hermenegildo a levantarse en armas contra su padre. Lo evidente es que sí en aquellos momentos, año 579, todavía no había abrazado el catolicismo, sí que lo haría en el 582. Es decir que fue antes el huevo o la gallina, la causa de la rebelión se puede buscar en la defensa del catolicismo de Ingunda, frente al arrianismo de la corte toledana.

Aunque este aspecto es visto por una gran parte de la  historiografía, como una forma de mitificar la figura tanto de Ingunda, como de Hermenegildo. Ya que para gran parte de dicha historiografía pesó más las causas económicas y políticas, por parte de unos terratenientes hispano-romanos, dispuestos a acabar con el poder centralizador de la monarquía visigoda. Además de poder convertir la Bética en la cabecilla de los reinos católicos de la antigua Hispania, para ello contaron con el inestimable apoyo de uno de los más fieles asesores de Ingunda y de Hermenegildo, el obispo de Sevilla, San Leandro.

La revuelta de Hermenegildo.

A finales del año 579, Hermenegildo se proclama rey en la ciudad de Sevilla. Tras lo cual se dispuso a encontrar las alianzas necesarias para acabar con su padre. Además a este último no parecían faltarle los enemigos, los suevos, los bizantinos y los francos con lazos sanguíneos con la pretendida reina Ingunda, debían apoyar a Hermenegildo y con ello debilitar el gran reino que en años precedentes había ido consiguiendo el rey visigodo Leovigildo. Aunque  la historiografía no es muy clara con las diversas participaciones de estos reinos enemigos.

A pesar de todo, Leovigildo no pareció tomar muy en serio la revuelta de su hijo, posiblemente le pesaba más la inestabilidad en el norte de la península, donde los pueblos vascones no acababan de acatar el domino visigodo. Pero todo cambió tres años después, en el 582, el obispo Leandro tras volver de Constantinopla, donde pudo haber pactado con el emperador bizantino Tiberio II una unión católica para acabar con el arrianismo, bautiza a Hermenegildo convirtiéndolo al catolicismo.

Ahora la reacción de Leovigildo no se hizo esperar. La primera ciudad atacada fue Mérida donde las tropas de Hermenegildo pudieron contar la con la ayuda de los suevos, pero ni esta fue suficiente, la ciudad fue tomada ese mismo año 582. Las consecuencias para los suevos fueron el fin de su reino tres años después, con la conquista de Leovigildo de los restos suevos en el noroeste de la Península.

La siguiente ciudad en ser atacada fue Itálica, la cuna de emperadores romanos sirvió como punta de lanza de las tropas arrianas para el asedio de Sevilla, la gestante capital católica de Hermenegildo. Para sacudirse el asedio, este último pidió la nueva ayuda a los bizantinos, pero parece ser que esta nunca llegó gracias a un suntuoso pago del rey visigodo Leovigildo a los bizantinos. Pero la suerte estaba echada, los dos últimos reductos béticos, Córdoba y Sevilla, cayeron en el año 584.

Pese a todo el catolicismo se impuso en la corte visigoda.

Poco antes de sucumbir, Hermenegildo puso a salvo a Ingunda junto a su recién nacido, enviándolos a los dominio bizantinos de la Península Ibérica. Desde allí partirían a Constantinopla, capital del Imperio, pero desgraciadamente Ingunda encontró la muerte por el camino, durante una parada en la ciudad de Cartago.

En lo referente a Hermenegildo, una serie de actos lo acabaran convirtiendo en uno de los santos del calendario cristiano. Tras la toma de Córdoba es apresado por las tropas del rey Leovigildo, pese a lo cual, este no quiso acabar con la vida de su hijo. Poco después fue enviado a la Tarraconese, donde encontró la muerte en el año 585 a manos de Sisberto, un declarado arriano. La respuesta del hermano de Hermenegildo, Recaredo, fue que ejecutaran al asesino, aspecto que dejaba a las claras la postura del futuro rey. Volviendo a Hermenegildo fue declarado santo y mártir en 1585, desde cuando cada 13 de abril se festeja su onomástica, convertido en San Hermenegildo patrón de los conversos.

San Hermenegildo patrón de los conversos

Muchos cronistas ven en los últimos dos años de vida de Leovigildo un arrepentimiento. Pero la evidencia era clara, la nobleza y las altas instancias religiosas que habían emanado de la época tardorromana, nunca habían renunciado a su catolicismo. Este hecho sin duda pesó en la decisión del sucesor de Leovigildo, Recaredo, que se convirtió en el primer rey católico y visigodo de la Península Ibérica. A buen seguro la lucha de su cuñada Ingunda debió estar presente en su mente, el día que decidió cambiar la religión oficial del reino visigodo de Hispania.

Más info: Breve historia de los godos, Fermín Miranda García, Ed. Nowtilus, 2007

Imágenes: commons.wikimedia

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