El Palacio de Sanssouci, en Potsdam, el sueño de Federico II de Prusia.

Nada más comenzar el siglo XVIII un nuevo reino surge con fuerza en Europa. Sobre los territorios del antiguo electorado de Brandeburgo y unidos a los del Ducado de Prusia, con capital en Berlín. Su primer rey será Federico I y su nombre Prusia, que por cierto se convertirá en un verdadero “dolor de cabeza” para Europa los dos próximos siglos.

Para ponerse a la altura de los rivales europeos en ese siglo XVIII había que trabajar rápido. Su primer rey Federico I realiza la gran labor administrativa, poco después se sucesor Federico Guillermo I la convierte en una potencia militar. Así que para el tercero de ellos, aparte de consolidar el nuevo país, la misión consistía en embellecerlo y ponerlo a la altura de su nuevo y efímero aliado. Este no era otro que Francia, por lo tanto Federico II el Grande se dispuso a construir su propio Versalles. El lugar elegido las afuera de Potsdam.

Federico II el Grande.

Para entender un poco mejor el curioso Palacio de Sanssouci, debemos conocer a su mecenas. Federico II nació en Berlin en el año 1712, sus primeros años y posiblemente el resto de su vida, estuvieron marcados por la dura educación del Rey Sargento, como era conocido su padre. Este último nunca consistió que su hijo fuera un enamorado de la música, del arte y de la literatura, llegándolo a acusar directamente de homosexual por ello. Pero no solo eso, ya que incluso mandó ejecutar a su supuesta pareja, el joven Katte, con el que pensaba huir a Inglaterra.

Pese a su dura infancia nunca cejó en su empeño. En el año 1740 tras la muerte de su padre se convirtió en rey de Prusia. Como tal se convirtió en uno de los despostas ilustrados más importantes de Europa. Entre sus logros destaca la codificación del Derecho Prusiano, la abolición de la tortura, o la protección de la industria nacional. Todo ello sin olvidar la política de engrandecimiento de las fronteras y el fortalecimiento de nuevo Reino Prusiano.

Pero en lo que destacó con mayor brillantez fue en su talento innato por el arte. En la música ejerció desde compositor hasta intérprete de flauta. Además se convirtió en un gran poeta e incluso escribió sobre filosofía, todo ello en la lengua de moda entre la Ilustración francesa. Por su corte pasaron grandes hombres ilustrados, poetas, filósofos, matemáticos, músicos y así un amplio etcétera. Pero el que más destacado fue el escritor e historiador Voltaire, que paso tres años junto al rey Federico II en el Palacio de Sanssouci. Curiosamente destacar que nunca pasaron mujeres por el Palacio, posiblemente tenía razón su padre, pese su matrimonio con Isabel Cristina de Brunswick-Bevern con la que solo se reunía en las celebraciones familiares, y que por supuesto no le dio ningún hijo.

Palacio de Sanssouci.

En 1745 Federico II manda construir su palacio de verano. La obligaciones del cargo real debían ser muy grandes para nuestro personaje, y decidió buscar un lugar donde mostrarse sin tapujos tal y como era él. El lugar elegido fue las afueras de Postdam y el encargado de la obra  su amigo, el genial arquitecto G. W. Knobelsdorff. Tres años duraron las obras y el nombre elegido Sanssouci (sin preocupaciones), toda una declaración de intereses.

El Palacio de Sanssouci por encima de los viñedos

El Palacio en sí no es muy grande, es de una sola planta y con tres alas, si por fuera no es realmente muy espectacular, con escasos adornos de ángeles y jarrones. Por dentro en una demostración del más puro estilo rococó. Por cierto al de este palacio se le ha asignado el sobrenombre de “federiciano” en honor al rey Federico II.

La sala de mármol

Nada más entrar encontramos la sala del vestíbulo y justo detrás la Sala de mármol, donde Federico II recibía sus invitados.  Ambas adornadas con columnas de estilo corintio, y motivos dorados por doquier. El resto del Palacio son habitaciones específicas, una sala de conciertos, una biblioteca, la habitación de rey y la de los invitados, como por ejemplo la de Voltaire que sigue llevando su nombre.

La sala de conciertos.

El Palacio se completo los años posteriores con dos pequeñas alas más, en una de ellas se situaba el servicio, y la otra fue destinada a las colecciones privadas del rey Federico II. Este último murió en el mismo Palacio de Sanssouci en 1786 y allí está enterrado sin grandes pretensiones. Este punto es de destacar, ya que todo el lujo del palacio nunca fue transferido al panteón del rey fallecido, en definitiva era un ateo declarado y no necesitaba ciertos reconocimientos.

Los alemanes siguen llevando patatas a Federico II, para agradecer que fuera uno de los introductores del tubérculo en Prusia.

El Parque de Sanssouci.

Si el Palacio es espectacular, el resto de las instalaciones no le van a la zaga. La entrada al palacio se hace a través de una plaza semicircular porticada, según como visitemos el lugar nos puede parecer la parte trasera, pero no es así. De dicha parte trasera surge una escalinata que desciende al Parque de Sanssouci a través de seis terrazas de viñedos. En ambos costados del palacio existen dos lugares que son de obligada visita, en uno de ellos un cenador rococó adornado con un sol dorado. Mientras, en el otro encontramos la referida tumba de Federico II.

El cenador de Federico II, algunos dicen que era una especie de templo al sol.

El resto del Parque de Sanssouci  a parte de los grandes bosques rodeados de setos y con múltiples flores, que realmente aconsejan la visita en verano. Está repleto de otros singulares edificios.

Para conocer el primero de ellos deberemos salir del parque por una de las entradas laterales, por cierto bien visible. Me estoy refiriendo a un molino que se observa desde todos los lados en la parte trasera del Palacio de Sanssouci. Dicho molino fue mandado a construir por Federico II el Grande en sus últimos días de vida. El motivo conmemorar la tradicional forma de vida de los habitantes de Potsdam en la colina,  antes de la llegada de los reyes prusianos. Están documentados al menos 20 de ellos, que desaparecieron antes de dicha llegada. El actual sigue en servicio para demostración de los visitantes, además en él se puede observar una exposición sobre la vida en este tipo de edificaciones.

El molino tras el palacio de Sanssouci

Otros edificios singulares del Parque.

Entre los jardines del Parque de Sanssouci encontramos dos singulares edificios realizados en estilo rococó, pero con gran influencia Oriental. Ambos mandados construir por Federico II en los años posteriores a la construcción del Palacio de Sanssouci. En primer lugar el Palacio Chino, que en realidad fue un lugar donde acudir con altos mandatarios a tomar té. En segundo lugar un edifico todavía más pequeño y denominado la Casa del Dragón, su funcionalidad en tiempos de Federico el Grande una incógnita.

El Salón de Té

El Palacio de la Orangerie, mandado a construir por uno de los sucesores de Federico II a partir de 1850. Concretamente el rey Federico Guillermo IV, el palacio en realidad era una enorme nave con cerca  de cien metros de largo y con enormes ventanales. Su primer servicio fue almacenar los árboles frutales, para los largos inviernos de la ciudad de Potsdam.

El Palacio de la Orengerie

Dejamos para el final, el gran proyecto de Federico II. Al acabar la guerra de los Siete Años y para conmemorar su victoria, decide la construcción del Palacio Nuevo. En este caso el más grande de todos los palacios de Potsdam, de más de 200 metros de largo, su visión desde la avenida principal es impresionante. En su interior encontramos múltiples salas, entre ellas dos son las que más llaman la atención. La primera de ellas la sala de la Gruta rematada con adornos de conchas y corales. Además en ella observamos estatuas de Carlomagno, César y Constantino, hecho que nos releva el sueño de emperador que persigue a nuestro personaje. La otra de las salas más acorde con Federico II el Grande, ya que se trata de un pequeño y coqueto teatro.

El Palacio Nuevo de Potsdam
el pequeño teatro del Palacio.

Por último recomendar hacer la visita en verano, el paseo por los jardines es gratuito pero la entrada a los palacios no es excesivamente barata. Su precio depende de varios factores, que os animo a conocerlos en esta página:  spsg

Imágenes: pixabay

 

3s comentarios

  1. Gracias por hablarnos de Samsouci. Loche visitado en dos ocasiones y me encanta. Como me encantan sus jardines y sus bosques un placer pasear por ellos. Un remanso de paz y alimento para el alma.

  2. Es cierto Silvia, esa sensación que describes creo que la sentimos todos los que lo visitamos. Yo personalmente me encanta Berlín, por su dura historia. No me acerque hasta Potsdam, hasta el tercer viaje a ka capital alemana y te aseguro que estoy deseando volver.

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