La historia de las pequeñas cosas de la Edad Media, el Ajedrez de Lewis

Cuando solemos pensar en la Edad Media, nos vienen a la mente los bellos pueblos medievales, los grandes castillos, las catedrales románicas o góticas. Así mismo las grandes guerras, conquistas, epidemias u otras vicisitudes. Pero pocas veces pensamos en la vida cotidiana, el día a día de estas personas. En definitiva, desde el pueblo llano a los poderosos nobles y reyes vivían rodeados de una serie de pequeños objetos, a los que hoy pretendo acercarme.

Llegados a este punto, debo decir que son los museos repartidos por el mundo los que nos acercan a estos pequeños detalles. En concreto en este año 2017, contamos con la colaboración entre la Obra Social de La Caixa y el Museo Británico. Dicha colaboración ha dado lugar a la exposición itinerante de los “Pilares de Europa”, que ha mostrado en Madrid y Barcelona más de 250 piezas, algunas de ellas inéditas.

A partir de este punto, me gustaría mostrar algunos de los que más curiosidad me han despertado en mi reciente visita.

Astrolabio.

Estamos ante uno de los apartados de navegación más impotentes de la Edad Media, gracias al cual, los barcos europeos recorrieron el mundo hasta el siglo XVIII.  Su funcionamiento se basa en el cálculo de la posición de las estrellas y de la luna. A pesar de no conocer a su inventor, podemos decir que es un invento musulmán y usado desde el siglo VIII. Pero será en el siglo XII cuando llegue a Europa, gracias a los contactos de las coronas de Castilla y Aragón con el mundo musulmán de Al-Andalus.

Pero está no será la única utilidad, ya que la mayor parte de los astrolabios recuperados son de los castillos y residencias de la nobleza o la alta burguesía. También era habitual su uso como sistema para contar el tiempo. En vista de que muchos de ellos, cuando fueron perfeccionados, a parte de la escala de grados tenían otra de minutos y horas.

El que muestra la imagen es de 1342 y realizado con una aleación de cobre.

Broche de la Rosa de los tudor.

Me resulto realmente llamativo su pequeño tamaño, ya que no llega a los 2 centímetros. Es un broche realizado en plata, por otro lado un auténtico “pin” de los habituales hoy día. Su principal cometido sería condecorar a personajes distinguidos por sus servicios a la casa Real de los Tudor. Es preciso recordar que dicha Casa Real fue la causante del cambio religioso más importante de Inglaterra. En concreto la instauración del Anglicanismo, definitivamente durante el reinado de la última Tudor en Inglaterra, Isabel I. Otros reyes importantes fueron Enrique VII, primer Tudor rey de Inglaterra y el archiconoconido Enrique VIII, el rey de las seis mujeres.

Por último destacar que dichas rosas de plata, viajarían con toda seguridad por el mundo, ya que esta en concreto fue encontrada en Grecia.

Objetos de mesa.

Una de las imágenes más típicas de la Edad Media son sus banquetes, muchas veces mostrados con una cierta falta de higiene y dando muestras de barbaridad. No obstante estos objetos nos pueden dar otra visión de dichos banquetes.

En primer lugar encontramos un mango de cuchillo del siglo XIV, acabado con una empuñadura de hueso, hábilmente tallada. La figura nos muestra un caballero medieval joven, por lo que con toda probabilidad era un objeto personal. Es más, dicho individuo seguramente viajaba con su cuchillo, para ser usado en diferentes mesas.

El segundo objeto que despertó mi curiosidad, fue un aiguamanil realizado en bronce y también del siglo XIV. En otras palabras, un lavamanos. Estos aparatos se usaban directamente en las mesas de los banquetes. Además los comensales lo utilizaban para lavarse las manos antes y después de comer, ya que era habitual compartir platos, de ahí la necesidad de higiene.

Grabado de Florencia.

Un hecho muy habitual en la Edad Media, estos pequeños grabados que bien pudieran competir con los comics de siglo XX.

En concreto el expuesto fue realizado por el florentino Baccio Baldini en el siglo XV. Gracias a este grabado, podemos hacernos una idea de la forma de vida, de esta ciudad clave del Renacimiento Italiano. Ya que es un fiel reflejo de la vida medieval. Es decir, una ciudad industrial y comercial, además en plena ebullición cultural, con escultores, pintores e intelectuales, entre otros.

Símbolos  de poder.

Durante el siglo XV proliferan los representantes, tanto del Papado como de los reyes y príncipes, en las Cortes extranjeras. En otras palabras, en dicho siglo se asistió al nacimiento de las embajadas como hoy día conocemos. Estos primeros embajadores eran conocidos por llevar una serie de objetos, a modo de símbolo de poder.

Por un lado, encontramos los grandes anillos realizados en aleación de cobre dorado, que adornaban las manos de los representantes Papales. En concreto en la imagen observados dos: el de la izquierda de un consejero del Papa Eugenio IV, mientras el de la derecha perteneció a uno del Papa Pio II. Como ya se ha dicho, estos actuaban como representantes del Papa en las Casas Reales Europeas.

El otro símbolo de poder es el Bastón de Mando, en este caso realizado con cristal de roca y adornando en plata con incrustaciones de perlas. Al contrario que los anteriores objetos, estos representan el poder civil. Este en concreto, pudo pertenecer a un embajador de un estado Italiano, en alguna Casa Real Europea.

El juego en la Edad Media.

Pudo ser más importante de lo que podamos imaginar. En primer lugar nos encontramos ante unas cartas de la baraja francesa del siglo XVI. Un juego que debió presidir las mesas de muchos nobles y príncipes medievales, desde el siglo XIV. Así mismo, podemos asegurar que los actuales palos de la baraja francesa, son los mismos con los que se jugaba en la Edad Media. Es decir, los tréboles, los corazones, las picas y los diamantes surgieron en el siglo XIV.

En la imagen y de izquierda a derecha, el rey de trébol, la reina de corazones y la sota de corazones.

Dejo para el final el plato fuerte. Sin duda, una de las piezas más famosas de la Edad Media, el Rey del ajedrez de Lewis, elaborado con marfil de morsa.

Sobre la invención del juego del ajedrez, no existe consenso. Aunque se cree que pudo ser en la India, o en China en el siglo III aC. Algo más clara está la llegada a Europa, después de la conquista musulmana de Imperio Persa en el siglo VII. Por lo tanto los musulmanes a través del mediterráneo llevarán el juego del ajedrez a todos los rincones de Europa.

El ajedrez de Lewis, una isla de Escocia, sigue siendo motivo de controversia. Nada más y nada menos que 78 piezas y 14 tableros se encontraron en manos de un ciudadano de Stornoway, capital de la isla de Lewis en el siglo XIX. Su procedencia también sigue en entredicho, pero la mayoría de expertos señalan Noruega, su datación ha resultado ser de mediados del siglo XII. Por último destacar la fidelidad de las figuras con la realidad, en concreto el Rey, que nos muestra un personaje fuerte y seguro de sí mismo.

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