La inscripción de Behistún, la Piedra Rosseta de la escritura cuneiforme.

Para conocer la historia, especialmente la antigua, dos elementos son imprescindibles. En primer lugar los restos arqueológicos, y en segundo lugar las fuentes escritas. El primero de ellos está sujeto a interpretaciones, por eso evidentemente el segundo es más fiable. El problema de este último reside en que gran parte de las lenguas antiguas han desaparecido, o bien ha evolucionado a otras formas prácticamente irreconocibles.

La escritura cuneiforme, mayoritariamente aceptada como la primera de la historia.

Por lo tanto es necesario estudiar las lenguas antiguas para acercarnos con mayor fidelidad a los hechos históricos. En este momento entra en juego la Paleografía, ciencia que se ocupa de descifrar las escrituras antiguas. Así que los arqueólogos y los historiadores, especialmente en el siglo XIX se pusieron manos a la obra, en la búsqueda de evidencias escritas. La más célebre de todas estas evidencias fue la Piedra Rosseta, encontrada por los franceses en Egipto, pero que acabó en el Bristish Museum tras la derrota de Napoleón. Pese a ello, finalmente sería una francés, Champllion, el que descifró la misma para descubrirnos los secretos de la civilización Egipcia.

Pocos años después en 1835 un británico, Sir Henry Rawlinson, se hizo eco de una piedra similar a la Rosseta. Como esta última, la inscripción de Behistún, bautizada así por los británicos, constaba de tres párrafos en diferentes lenguas, pero que decían lo mismo. Es de suponer que esta última hubiese tomado el mismo camino que la Piedra Rosseta. El problema es que estaba a 50 metros de altura, grabada sobre un acantilado y sus dimensiones eran de 30 metros de altura por 50 metros de largo.

Panorama de la inscripción desde el museo de Behistún

El rey aqueménida Dario I.

Este fue el rey que mandó llevar a cabo tan descomunal obra. Su intención era que todos sus enemigos la pudieran ver, pero que nadie la pudiera tocar, y así perdurara durante siglos. Ciertamente lo consiguió, ya que fue escrita en el año 520 aC. por lo tanto hace más de 2.500 años. Aunque para conocer lo que pone en la inscripción, debemos retroceder unos años al momento en la cual fue realizada.

Darío I

Ciro II el Grande, en el año 559 aC. y tras unir a persas y medos, fundó uno de los imperios más importantes de Oriente Próximo, El Imperio Persa Aqueménida, que años después pondrá contra las cuerdas a Grecia, en las célebres Guerras Médicas.

Tras su nombramiento engrandeció notablemente el imperio, llegando los dominios del mismo hasta las puertas de las ciudades-estado griegas en la península de Anatolia. Su sucesor Cambiases II continuó la empresa de su padre, consiguiendo proclamarse faraón de Egipto, e incluso llegando hasta la misma Cartago. Pero la larga ausencia, debida a sus campañas de conquista, fue aprovechada por un sacerdote medo, el impostor Gaumata, para proclamarse rey de Persia. Al llegar las noticias, Cambiases decide volver a Persia, pero muere por el camino dejando el futuro de su imperio en manos del Gaumata.

Esto llevará a un acuerdo entre las tribus persas para nombrar a Darío, como sucesor de Cambiases, aludiendo motivos sanguíneos. Poco después se encargó personalmente de acabar con el impostor, y esto es precisamente lo que mandó a grabar en aquel acantilado.

La inscripción de Behistún.

El sitio elegido no fue fruto de la casualidad, el acantilado en cuestión era un lugar de paso de las caravanas que se dirigían desde la capital de Mesopotamia a Ecbactana, capital de los medos. Por lo tanto todos sus enemigos se harían eco de su triunfo.

La inscripción de Behistún

En la inscripción se observa, en relieve, al propio Darío I que tiene el pie encima de su enemigo Gautama, tras él dos servidores del rey persa observan la escena. Frente al propio Darío aparecen una serie de hombres atados, que eran los que se habían rebelado contra el nuevo rey. Por último por encima de todos aparece la figura de Faravahar, una especie de ángel de la guarda de la religión Zoroastra. Este es el símbolo de aceptación por parte de Ahura Mazda, dios de los persas, de Darío I como nuevo rey de Persia.

Todo ello junto al texto escrito, donde relata lo sucedido, en los tres idiomas entendidos por sus enemigos, el persa antiguo, el elamita y el babilonio. Conviene subrayar que el texto tiene gran coincidencia con lo escrito años después por parte de Herodoto.

Aunque la historia del sacerdote Gautama, es puesta en entredicho por una gran parte de la historiografía. La cual prefiere pensar que Gautama fue una figura inventada por el propio Darío I, para justificar su usurpación del trono de Persia al verdadero heredero real, el hermano de Cambiases cuyo nombre era Bardiya.

Volvamos al siglo XIX.

Es evidente que lo sucedido con la sucesión de Cambiases, puede ser lo menos importante de la historia de la Inscripción de Behistún. Lo  verdaderamente significativo es que por fin en 1835, Henry Rawlinson, se sube a un andamio y copia el texto escrito en Persa Antiguo.

Sir Henry Rawlinson

Tres años después el trabajo dio sus frutos, junto a los textos de Herodoto, con sus listas de reyes  y en comparación con Behistún. La escritura cuneiforme, aquella de la que se tenía cientos o miles de tablillas, dejo  de ser un misterio. Tras el éxito, Rawlinson volvió para copiar los otros dos textos, así definitivamente entre 1835 y 1843 a parte de la escritura cuneiforme, se conocían perfectamente las lenguas habladas por las primeras culturas de la historia. Así de esta manera culturas como la sumeria, la acadia, la babilónica o la hitita, por poner algunos ejemplos, empezaron a desvelarnos sus secretos.

Imágenes: commons.wikimedia

Un comentario

  1. Desvelar: no poder dormir.-
    Develar: Expresar conocimientos sobre lo no conocido.

    El resto de la nota, una hermosura. Sólida y bien escrita. Felicitaciones.

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