Claudio el emperador que surgió tras una cortina.

Los que tenemos una cierta edad y siempre nos ha llamado la atención la historia, seguro que recordamos aquellas noches delante de la televisión, en la que nos divertía ver como un personaje cargado de defectos, se enfrentaba a dirigir el mayor imperio conocido. Qué mínimo que dedicar un artículo a recordarlo y si puede ser a conocerlo un poco mejor.

Destacar que la imagen elegida para titular este artículo bien pudiera ser un resumen de sus 51 años de vida previos a convertirse en el emperador Claudio. En la misma se observa al yaciente Calígula tras ser asesinado por su guardia pretoriana y el pueblo de Roma como mira impasible el desenlace. En el otro extremo del cuadro del pintor inglés Alma-Tadema, observamos como un soldado pretoriano descubre tras la cortina al temeroso Claudio, a buen seguro que pensado que sus días estaban a punto de llegar a su fin. Evidentemente no fue así…

El niño más feo del mundo.

Tiberio Claudio César Augusto nació el 1 de agosto del año 10 aC., en la ciudad gala de Lugdunum, la actual Lyon, para entre otras cosas convertirse en el hazmerreír de la familia Julio-Claudia.  La salud no fue su fuerte, desde bien pequeño sufrió diversas enfermedades que hicieron pensar a sus familiares un triste desenlace, pero no fue así.

Es de suponer que dichas enfermedades tuvieron algo que ver en su desgraciado aspecto físico. Su madre llegó a decir que era un engendro humano inconcluso, y consta que acudía a diversos actos público con la cabeza tapada. Por otro lado su abuela prefería no dirigirse a él, y si tenía que comunicarle algo lo hacía mediante una carta. Por último destacar que su tío abuelo, el emperador Augusto, se debatía entre la pena que le daba el muchacho, y su necesidad de mantener las apariencias de la familia imperial.

Bajo los mandatos de sus antecesores, Tiberio y Calígula.

De esta forma la salida más lógica para el joven Claudio fue su dedicación por un lado a los estudios, y por otro lado su entrega a los placeres cotidianos de la vida entre ellos la bebida y el juego, algunos ven  su finca de Campania como un lugar de desenfreno, vicio o lujuria.

Sobre la primera de ellas, destaca su dedicación al estudio de la historia, no en vano su protector fue Tito Livio, el historiador romano que vivió el paso de la República el Imperio. Precisamente de este periodo fue la obra más polémica de Claudio, al escribir sobres las guerras civiles de Roma entre sus dos tíos abuelos, Augusto y Marco Antonio, tomando partido por este último vio su obra bastante silenciada, es más no volvió a escribir sobre el tema.

El actor británico Derek Jacobi, interpreta al emperador en la serie, Yo Claudio
El actor británico Derek Jacobi, interpreta al emperador en la serie, Yo Claudio

Su carrera política estuvo llena de altibajos, la inicio junto al emperador Tiberio, pero con mal pie, ya que tras conseguir plaza como cuestor esta le fue denegada por su tío, que no estaba dispuesto a que un “estúpido” según sus palabras pudiera empañar su mandato. Las oportunidades le llegaron con su sobrino Calígula al ejercer dos veces el consulado, la primera de ellas durante dos escasos meses y la segunda durante más de tres años.

Su estado de salud parece que mejoró con el tiempo, ya que durante el resto de su vida solo queda constancia de grandes dolores de estómago. Pero las secuelas de sus primeros años dejaron grandes efectos en su imagen. Claudio es descrito como un hombre de una estatura por encima de la media, e incluso con “buena percha”. Mientras descansaba su aspecto era de un hombre corriente con un bonito pelo de color blanco. El problema era cuando comenzaba a caminar encorvado y con temblores en las piernas debido a unas rodillas que no conseguían sostener su peso. El otro problema residía cuando empezaba a hablar, su tartamudeo era difícil de contener, su cabeza era un continuo tic nervioso y de la comisura de su boca solían surgir brotes de la saliva continuos. Por no decir que sus risas se convertían en la comidilla de la sala.

Camino de convertirse en emperador Claudio.

A pesar de lo descrito Claudio se convirtió el favorito de gran parte de los estamentos romanos. Para empezar de los integrantes del orden ecuestre, es decir de los militares, que contaron con su presencia como patrón durante dos veces, una de ellas para transportar el cuerpo sin vida de Augusto durante la ceremonia de sepelio del mismo. También hubo muestras de aprecio por parte de los senadores, haciendo miembro honorario de diferentes estamentos, entre ellos el Sodales Augustales, es decir un restringido grupo encargado de promover el culto a Roma y a los emperadores. Por último destacar al pueblo que le mostró en diversas ocasiones su cariño, especialmente cuando acudía a presidir los espectáculos en nombre de Calígula, era continuamente recibido con gritos de “prosperidad al tío del emperador”.

Es de suponer que todos estos parabienes estuvieron presentes en lo que pasó a continuación de ser descubierto por el pretoriano, tras aquella cortina, la noche en que fue asesinado Calígula. Su rostro de aterrorizado paso inmediatamente ha sorprendido al ver como el soldado le dirigió el saludo que correspondía a los emperadores. Tras ello ambos se dirigieron a donde estaba la guardia pretoriana que con premura acomodó a Claudio en una litera, cargado sobre los hombros de los soldados recorrieron el espacio que les separaba del campamento de estos.

Claudio no salía de su asombro, la noche se le debió hacer eterna, custodiado por centinelas y alejado del lugar donde se estaba decidiendo el futuro del Imperio. Precisamente el Foro y Capitolio fueron ocupados por cónsules, senadores y diferentes curiales dispuestos asestar un golpe al Imperio, con la intención de retornar a los tiempos de la República. Frente a ellos el ejército, que ya había elegido sucesor, con 15.000 sestercios prometidos en los bolsillos, y el pueblo de Roma que coreaba el nombre de Claudio. Así comenzada el 24 de enero del año 41 el mandato del cuarto emperador de Roma.

Claudio emperador.

Según muchos, con el permiso de Tiberio,  el mejor emperador de la dinastía Julio-Claudia después de Augusto. No fue un periodo de grandes conquistas, solo se incorporó la provincia de Britania dos años después (43 dC.), de iniciado el mandato de Claudio. Este al mando de cuatro legiones se presentó en la isla para su pacificación, ya que tras Julio César y a pesar de mantenerse en la órbita de Roma, ningún emperador había conseguido someterla por completo.

Pero en lo que destacó Claudio fue en el engranaje de la maquinaria administrativa imperial. Retomó el trabajo de Augusto para desarrollar las cancillerías imperiales, es decir la profesionalización de la administración del Imperio.  Completó lo que hoy podíamos reseñar como “carteras ministeriales”, sumidas todas en ellas en una caos administrativo ocasionado por su antecesor. Entre ellas destacaban las de hacienda, cultura, finanzas, cancillería o de solicitudes. Como figura visible de estas promocionó a dos estamentos de vital importancia dentro del Imperio, por un lado los altos cargos del orden ecuestre y por otro los libertos de origen oriental, griegos en su mayoría. Todos ellos expertos conocedores por tradición, de la administración de las monarquías helenísticas, sin duda el espejo de Roma.

Agripina su última mujer coronando al sucesor de Claudio, su hijo Nerón.
Agripina su última mujer coronando al sucesor de Claudio, su hijo Nerón.

Son muchas las muestras que nos presenta la historiografía sobre el buen hacer de este emperador, en especial hacia la gran capital de Imperio. Una de las más significativas ocurrió durante uno de los habituales incendios que sufría Roma, en concreto en el barrio Emiliano. Lejos de abandonar el lugar hizo que le prepararan una sala para comandar las labores de extinción, (vamos, con un buen ministro del interior que se precie de serlo). Desde allí al ver como soldados y esclavos no daban abasto para apagar el fuego, hizo que los magistrados convocaran a la plebe de Roma, a cambio de sacos de dinero esta colaboró en las tareas que días después dieron su fruto.

De su vida privada mejor dejarla para otro día, para no enturbiar su curriculum. Comía y bebía como si no existiera un mañana. Se casó hasta cuatro veces, con la fortuna de encontrar verdaderas “joyas”, como Mesalina, una de las mujeres más bellas de Roma, que durante su matrimonio con Claudio mantuvo encuentros amorosos, entre otros con la mitad de los gladiadores que pasaban por Roma. Entre todas les dieron cinco hijos (2 niños y 3 niñas), ninguno llegó a emperador. Dejarme que os aconseje este estupendo artículo sobre Mesalina de mi amiga Maribel Bofill: gladiatrixenlaarena

La muerte de Claudio.

Durante el mandato de Claudio, como el caso de las conquistas, no es que se hicieran gran cantidad de obras públicas, aunque las pocas que se llevaron a  cabo fueron de gran trascendencia. Entre ellas un nuevo acueducto que surtía de agua una ciudad de Roma que no paraba de crecer. Pero la obra más significativa de su mandato fue el Puerto romano de Ostia, con dos grandes diques de contención, gran cantidad de edificios públicos y un faro a imagen y semejanza del célebre Faro de Alejandría.

Maqueta del puerto de Ostia.
Maqueta del puerto de Ostia.

Posiblemente camino de este puerto encontró la muerte el emperador Claudio, no está claro ni contrastado y su muerte puede recordar en parte la del gran Trajano.  Lo cierto es que tras rehacer su testamento y dejar el Imperio en manos de Nerón, todo el mundo coincide que fue envenenado, el artífice del envenenamiento genera aún más dudas. Muchas papeletas caen sobre Haloto el eunuco que le acompañaba y era el encargado de probar sus alimentos. Aunque la sombra de Agripina, su última esposa,  sigue siendo muy alargada llegando incluso a la escena del crimen. Por cierto, una muerte anunciada por el mismo durante su última comparecencia ante el Senado romano, ante las muestras de incredulidad de los allí presentes.

Más info: Vidas de los doce cesares, Suetonio.

Mosaicos romanos, tipos, temáticas y su proceso de elaboración.

Los mosaicos no son una invención de los romanos, ya que se han hallado en diferentes culturas anteriores, desde Creta a Mesopotamia. Pero estos consiguieron convertirlos en habituales en todos los edificios, tanto públicos como privados. Gracias una vez más a Vitruvio y los restauradores de nuestro tiempo, hemos conseguido conocer, cómo se elaboraban, sus diferentes tipos, o bien cuáles eran los temas plasmados más habituales.

¿Cómo se elaboraban los mosaicos?

Dos son las fuentes principales para conocer el proceso de elaboración de los mosaicos romanos, el gran Vitruvio y los estudios de conservación actuales. Gracias a ambos conocemos el complicado, largo y costoso proceso, para el cual eran necesarios gran cantidad de profesionales. A pesar de que los mosaicos romanos se colocaban en paredes o incluso techos, los más habituales eran los colocados en el suelo, y en su proceso de elaboración nos vamos a centrar.

La primera labor era realizada por los albañiles romanos (caementarius) y consistía en la creación de una superficie lisa, estable e impermeable. Normalmente se colocaban tres capas, (de abajo a arriba; statumen, rudus y nucleus), los materiales principales de estas eran la cal y la tierra. Lo que cambia eran los componentes que llevaban estos mezclados, de abajo arriba era cada vez de menor tamaño, para conseguir más dureza en la parte inferior y una superficie más lisa en la parte superior.  Entre los diversos materiales que servían para compactar la superficie estaban; grandes cantos rodados, pequeñas piedras, restos de conchas, o polvo de ladrillo y tejas con los que culminar la preparación de la base. En los más laboriosos y caros la parte superior era rematada con una fina capa de mortero.

Sección de la construcción de un mosaico

Tras fraguar la obra el turno correspondía los pintores, en primer término dibujaban un boceto con algún tipo de carboncillo, por si tenía que ser rectificado. Una vez repasado y aprobado por el dueño de la casa, o por el supervisor de la obra pública, se repasaba todo el dibujo con pintura para proseguir la obra.

Los dos siguientes artistas en entrar en acción, eran el musivario y el teselario. Mientras el primero de ellos preparaba la zona recortando el mortero sirviéndose de las marcas del pintor, el segundo iba preparando las teselas a base de cortarlas a la medida precisa, parece ser que esta debía ser la parte más compleja de toda la obra. Tras lo cual solo restaba la colocación de las teselas, esta se solía hacer mediante dos técnicas diferentes. La primera de ellas directamente sobre la mezcla previo humedecimiento del suelo. Mientras que para la segunda se usaba una tabla por colocar previamente las teselas, luego eran depositadas en el suelo y con dicha tabla se ejercía una presión para su mejor fijación.

Es necesario recalcar que los materiales de las teselas eran muy diversos.  Desde los clásicos mármoles y granitos, las piedras preciosas como el lapislázuli oriental, vidrios, cerámicas, o los diferentes metales, por supuesto con el oro como elemento estrella en las ricas domus de todo el Imperio Romano. Una vez colocadas se solía pasar una fina capa de mortero para rellenar los huecos y finalmente se pulían con arenilla. Precisamente esta última acción era repetida a menudo para que el mosaico estuviera siempre liso y brillante, además de arena se utilizaba polvo de mármol.

¿Qué se representaba en los mosaicos?

 Los temas representados en los mosaicos eran muy diversos, además de diferentes ámbitos de la vida romana. Podemos constatar que el tema preferido era el relativo a las divinidades y el que se llevaba la palma era el Dios griego Dioniso, Baco para los romanos, que se ocupaba de proveer de vino y manjares las ricas mansiones del Imperio.  Aunque tanto el resto de compañeros del panteón griego, así como la mitología helénica estaban ciertamente muy bien representados.

El dios Baco de Complutum

El mar parece ser que también era un tema muy apreciado entre los romanos, encabezados por el Dios Neptuno, pero sin eludir un recuerdo de la rica fauna marítima, o las bellas escenas cotidianas en torno a los puertos y villas marineras.

La vida diaria de los romanos también tenía un lugar destacado en los mosaicos, como por ejemplo las típicas escenas de caza o los trabajos agrícolas. Pero el tiempo de ocio y de sociabilidad era muy importante para los ciudadanos de la Antigua Roma, escenas de teatro, de circo, de gladiadores, o del tiempo pasado en las termas inundaron los mosaicos romanos. Dos temas aunque más minoritarios llaman la atención, la obsesión por el tiempo, representado con los signos zodiacales o las estaciones, y su preocupación por la geografía con mapas de diferentes partes del Imperio Romano.

Tipos de mosaicos.

Dependiendo del lugar de destino del mosaico se debía elegir la técnica y el material adecuado, es evidente que no era lo mismo colocar un mosaico en medio de un jardín que en el despacho del emperador. Estos son los principales tipos de mosaicos romanos.

-Opus Signium

El más económico y simple de todos los tipos, se usaba con una mezcla de cerámica que le dotaba de un color rojizo. Antes de que fraguara la última capa de mortero se colocaban unas teselas de color negras o blancas, con sencillos dibujos geométricos o bien con inscripciones en las diversas lenguas de las zonas que iba conquistando Roma.  Parece ser que este tipo de mosaico fue importado por los romanos de las tierras cartaginesas, ya que estos lo usaban en el siglo III aC.  Destacar que debido a su alta impermeabilidad era usado en termas,  peristilos, o zonas exteriores, pero también en el resto de la casa especialmente de las menos pudientes.

-Opus Sectile

Más vistoso que en anterior, debido a que estaba realizado con teselas de mármol de múltiples colores, su destino eran las domus más acomodadas, pero especialmente  los edificios públicos.  A pesar de que las grandes dimensiones de las teselas ofrecían un aspecto un poco tosco, de los temas representados.

Se puede decir que es de tradición romana inspirada por las visitas a Grecia a finales de la República. Pero que irá adquiriendo protagonismo a lo largo del Imperio, y será con Nerón cuando tenga su mayor apogeo con mármoles de importación de los territorios conquistados, véase el norte de África o Asia Menor.

-Opus scutulatum

 Convive con los dos anteriores, es de los menos representados y no deja de ser un opus Sectile realizado con dibujos en forma de rombo. Curiosamente está más escenificado en las provincias que en la propia capital romana, además suele aparecer acompañado de otros tipos de mosaicos.

-Opus Tessallatum

De uno de los menos representados a uno de los más importantes. Son todos aquellos que están realizados con teselas cuadradas de entre 0,5-1,5 cm2, y en diferentes combinaciones de colores; en blanco y negro, en tres colores sumando a los anteriores el rojo, o bien en ricos policromados. Como ha quedado reflejado era el tipo de mosaico más habitual tanto Roma como en las provincias.

A través de una serie de dataciones se ha podido comprobar que los estilos y los gustos, se basaban en lo que podíamos denominar modas del momento. Por poner algunos ejemplos durante los tiempos de Adriano aparecen mosaicos con tendencias arabescas repletas de escenas vegetales. Mientras que los tiempos de la Dinastía de los Severos se caracteriza por el predominio de color negro.

-Opus vermiculatum

 Sin lugar a dudas los más espectaculares y matizados mosaicos romanos, es una variedad del anterior, pero con diminutas teselas cuadradas de menos de 0,5 cm de lado. Se solían construir en talleres especializados y llegaban a las obras en paneles preparados para insertarlos directamente. Añadir que normalmente no se hacían mosaicos exclusivos de este tipo, ya que debían ser enormemente costosos, de tal manera que eran combinados con el Opus Tessallatum.

-Opus musivum

Se trata del mosaico que se colocaba en las paredes, es decir el único mural de todos los tipos relatados. Debemos añadir que estos sí que son invención del mundo romano, posiblemente tras su paso por Egipto. Sus primeros ejemplares fueron a finales del siglo I aC., pero los más espectaculares comienzan aparecer con la técnica del Opus vermiculatum durante el siglo I. Pero su máximo esplendor llegará con el Bajo Imperio, y especialmente con sus herederos el Imperio Bizantino en las célebres basílicas de Rávena.

Catedral de Rávena
Catedral de Rávena

Más Info:

De Architectura, trad. José Luis Oliver domingo, Ed. Alianza, 1997

Historia de la cultura material del mundo clásico, entre otras Carmen Guiral Pelegrín, Ed. Uned, 2011

Imágenes: commons.wikimedia

Una mirada al debate sobre el mundo de Tartessos.

Sin duda el conocimiento de la pretendida primera cultura autóctona de la Península Ibérica, es decir los tartessos, sigue siendo hoy día uno de los mayores quebraderos de cabeza de historiadores y arqueólogos. Es cierto que no existe una postura oficial sobre el tema, pero hoy día se da por sentado que estamos hablando de la primera entidad política autóctona de la Península Ibérica.

En este artículo intentaremos poner un poco de luz en el estado actual de las investigaciones, por cierto muy escasas, a modo de resumen conoceremos los principales aspectos sociales, económicos, culturales y religiosos en especial de los primeros pasos de la cultura tartésica. Todo ello desde un enfoque de curiosidad y de interrogación, ante claras políticas nacionales que dan la espalda al intento de los profesionales del sector por sacar a la luz la verdad sobre los Tartessos.

Dónde se desarrollo Tartessos.

Es evidente que lo primero que debemos conocer es el espacio geográfico donde surgió la cultura tartésica. Hoy día existe el consenso generalizado que dicha cultura surgió aproximadamente en el siglo X aC,  en el triangulo que forman las actuales ciudades de Huelva, Cádiz y Sevilla, pero más concretamente en torno a los cursos bajos del rio Guadiana y Odiel, o al menos eso reflejan los hallazgos arqueológicos. Destacar que posteriormente se expandirá por el resto de la actual Andalucía y Extremadura.

Este espacio geográfico en torno a dicho siglo X aC., se le asigna a la cultura prehistórica del Bronce Atlántico final. Una de sus restos arqueológicos que denotan su particularidad son las estelas de guerreros, que son grandes lajas de piedra grabadas con figuras de un guerrero. Debido a la descontextualización con las que fueron halladas la gran mayoría, al principio fueron asignadas como señalización de sus tumbas. Pero la falta de registro óseo, no solo en torno al hallazgo de las mismas, sino en el espacio geográfico asignado al inicio de la supuesta cultura tartésica, ha llevado a consensuar que son marcadores territoriales, ya fueran de explotaciones agrícolas, mineras o simplemente lugares de paso a los mismos.

Este hecho, junto a la falta de enterramientos, puede ser uno de los indicios de que estamos ante una cultura diferente, tanto del resto de la Península Ibérica, como la de sus futuros integrantes venidos de fuera, véase fenicios y griegos. Para solucionar el entuerto respecto a la forma de despedir a sus muertos, los expertos ven en algunos restos arqueológicos hallados en los ríos de la zona, una posible respuesta.

Depósito de la Ría de Huelva.

En la primavera del año 1923 durante los trabajos de limpieza del fondo de la Ría de Huelva una draga extrajo del fondo 397 piezas metálicas. La gran mayoría eran armas y entre ellas destacaban algunos de los mejores ejemplos de espadas en lengua de carpa de la Península. Junto a ellas lanzas, puñales, o puntas de flecha completaban el atuendo de un supuesto guerrero tartésico, pero a ello debemos añadir adornos como fíbulas y alfileres.

Lo fácil era creer que llegaron allí debido al hundimiento de algún barco mercante, pero posteriores hallazgos pusieron en entredicho esta hipótesis, entre ellos un casco griego o una estatuilla del Dios Melkart. Además de las diversas dataciones que daban fechas comprendías entre el 1300 y el 750 aC.

Con todo ello los profesores de la Universidad de Sevilla, Belén y José Luis Escacena, nos proponen una hipótesis en 1995. El ritual para el traspaso de sus muertos por parte de los Tartessos consistía en depositarlos mediante algún sistema en los ríos de la zona, junto a ellos los típicos ajuares. Este hecho no es exclusivo de la cultura tartésica, sino una corriente que llega desde las culturas Atlánticas, ya que en diferentes zonas se han hallado vestigios similares e incluso algunas veces junto a restos óseos.

Depósito de la Ría de Huelva

A pesar de ello, esta falta de exclusividad no puede restar un ápice de importancia del hecho diferenciador con las costumbres mayoritarias en la Península Ibérica, antes y durante la cultura de Tartessos, evidentemente hablamos de la inhumación y de la incineración. Por cierto prácticas que adoptaran nuestros protagonistas, tras la llegada de fenicios y griegos a la Península Ibérica, cambiando su peculiar forma de despedirse de sus allegados.

También decir que esta postura encuentra sus detractores, que ven muy difícil que todos los materiales depositados a lo largo de un amplio espacio temporal fueran a parar al mismo destino. Estos siguen apostando por el hundimiento de un supuesto barco, o bien una deposición ante el final de un linaje que perdió sus posesiones. A ambas posturas se les escapan detalles, como el casco griego.

La religión de los Tartessos.

Un pequeño inciso para recordar a la religión como la gran desconocida de esta supuesta cultura tartésica. El hecho diferencial de despedirse de sus muertos en un entorno natural, nos puede llevar a interpretar prácticas religiosas arraigadas a la naturaleza, posiblemente muy similares a celtas o íberos. Es evidente que hablamos de su religión intrínseca, ya que tras el contacto con fenicios y griegos adoptaron, como en el caso de las ciudades  que veremos a continuación, tradiciones alóctonas.

A partir de este punto entraría en juego, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Península, en lo referente al mundo de los Tartessos. Estamos hablando de Cancho Roano en la provincia de Badajoz, según todos los indicios un templo religioso. Pero a mi parecer poco definitorio para conocer dicha religión tartésica, solo es necesario recordar que este yacimiento esta datado aproximadamente en el año 550 aC., fecha donde se inicia el colapso de los tartésicos y el traspaso al pueblo prerromano de los turdetanos.

El nacimiento de las ciudades ¿Tartésicas?

Dos han sido las principales posturas entre la historiografía para el conocimiento de la génesis de la cultura de los Tartessos.  La primera de ellas denominada “colonialista” nos muestra un sustrato oriental en el inicio de la misma, sus defensores por cierto cada vez menos, se apoyan en la llegada de fenicios y griegos. Estos desde el siglo X aC., y con anterioridad a los primeros asentamientos de estas culturas en la Península se fueron introduciendo entre los indígenas del Bronce Atlántico final, cambiando sus costumbres y gestando esta cultura tartésica.

Pero la que con más evidencias se defiende es la postura “evolucionista”. También se basa en la llegada de fenicios y griegos, pero para interactuar comercialmente con los indígenas y conformar esta supuesta sociedad Tartésica. A través de estos contactos las élites locales introducirán estas nuevas costumbres, adaptándolas a la idiosincrasia de la población autóctona. Es en este lugar en que aparecen las ciudades en la Península Ibérica, dejemos de lado si son fenicias, los primeros orientales en asentarse, o son Tartésicas, ya que sigue siendo motivo de discusión diaria entre los expertos, sino que se lo expliquen al célebre tesoro del Carambolo, que un día se levanta como tartésico y al otro como fenicio.

Los asentamientos del siglo X aC., es decir al principio de Tartessos, son los típicos poblados de la prehistoria reciente de la Península Ibérica, en este caso en forma de casas circulares de una sola estancia y con materiales poco duraderos. Sin duda como era habitual entre las economías dedicadas a la agricultura y ganadería de subsistencia, regidas por algún tipo de entidad superior, como nos muestran las estelas guerreras. Pero algo cambió con la llegada de los primeros fenicios en el siglo IX aC., como es sabido esta se produjo, entre otros aspectos, para conseguir minerales con los que pagar tributos a los Asirios. Por lo que la serranía de la actual Huelva se convierte en su destino, oro, plata, cobre o estaño fue su reclamo.

Esto produjo un rápido cambio en los asentamientos, los fenicios aportaron sus casas rectangulares, con diferentes estancias e incluso de dos niveles. Todas ellas en torno a calles estructuradas y la aparición de los edificios públicos, ya fueran económicos, políticos o religiosos. Ambos aspectos son importantes para asignarles el cambio de nomenclatura de poblados a ciudades.  De esta primera fase son ciudades como la actual Cádiz o el Poblado de Doña Blanca, ambas de clara asignación a los fenicios. Pero también otras como Huelva, que como veremos posteriormente se sigue dudando seriamente en asignarlas a unos, a otros, o a ambos.

Tejada la Vieja.

Sin duda uno de los yacimientos más significativos de esta transición, además el más claramente asignado a una cultura autóctona, es decir Tartésica, aunque usando la fisonomía de las ciudades fenicias de la costa. Su extensión de más de 6 hectáreas nos revela una ciudad de mediano tamaño, a mitad de camino entre las zonas de extracción de minerales y los puertos de embarque de los mismos.

 

Estamos por lo tanto ante una de las primeras ciudades supuestamente tartésicas, bien organizada mediante manzanas y calles, pero todavía en fase incipiente de separación de lo público y lo privado. Es necesario recalcar que su técnica constructiva a base de un zócalo de piedras que se apoya en la montaña sin ningún tipo de cimiento, es la habitual en las culturas mediterráneas de esa época.

La cerámica de los Tartessos.

Como es conocido en la prehistoria, a partir del neolítico, uno de los mejores marcadores de las diferentes sociedades o culturas son los restos de cerámicas. Tartessos también encuentra en este aspecto un hecho diferenciador. Si bien estamos hablando de un periodo donde la cerámica de boquique inunda gran parte de la Península Ibérica, en el espacio geográfico que se asigna a la cultura tartésica aparecen dos bien diferentes.

Por un lado encontramos la que podemos decir como vajilla de diario, se trata de la cerámica de retícula bruñida, de color oscuro y hecha de forma rudimentaria a mano o bien a torno lento, su aspecto es bastante tosco. En cambio la denominada cerámica pintada de estilo Carambolo, ofrece un aspecto bastante mejor, debía ser la vajilla de las clases más altas. Su elaboración no debía ser muy diferente a la anterior, pero pintada con tonos rojos sobre un fondo ocre, su aspecto era mucho más agradable.

La llegada a la historia de los Tartessos.

Hasta este momento hemos hablado de enterramientos, hábitats o cultura material, aspectos todos ellos que nos sirven para diferenciar a los Tartessos de otras sociedades prehistóricas de la Península Ibérica.  Pero con la llegada a la zona de los griegos en el siglo VII aC., de repente nos encontramos que aparte de evidencias arqueológicas, tenemos evidencias escritas para pensar en la existencia de esta cultura tartésica.

Sin duda la principal viene del padre de la historia de occidente. Heródoto nos describe los contactos de los griegos foceos con el rey Argantonio, en algún momento entre los siglo VII-VI aC. Además nos lo describe como un rey que ejerce la tiranía como forma de gobierno. Es preciso recordar que ese adjetivo no es para nada peyorativo en el mundo griego, que ven a los tiranos como los que proporcionaron a la Antigua Grecia, las mejoras económicas que propiciaron la llegada de la democracia griega.  Por lo tanto no es de extrañar que Heródoto nos describiera a Argantonio como un rey bueno, que ayudara a su pueblo e incluso a los griegos.

Sobre la cuestión de la longevidad de este rey, 120 años de ellos 80 en el cargo, se suele solucionar con el pensamiento de encontrarnos ante una dinastía, todos ellos con el mismo nombre. Pero además en esta lista de reyes tartésicos, según el profesor Gonzalo Bravo,  aparecen otros nombres, unos de ellos míticos como Nórax o Gargoris, junto a otros supuestamente reales como el rey Habis.

Los Tartessos en el periodo orientalizante.

A partir de aquí, entre las escasas fuentes literarias y la arqueología, se nos ha presentado esta primera entidad política en forma de estado de la Península Ibérica. Supuestamente con una gran capital de nombre Tartessos, que a pesar de los esfuerzos entre otros de A. Shulten seguimos sin conocer su paradero.

Como ha quedado reflejado anteriormente, la llegada de fenicios y griegos transformó esta sociedad. Su economía pudo ser de las más prósperas del Mediterráneo. Su minería especialmente en cuanto a la plata, complementada con los avances tecnológicos llegados con los fenicios hizo que su orfebrería recorriera el Mediterráneo. Se generalizó el torno alfarero para una producción en serie de cerámica de alta calidad, junto a la introducción de la metalurgia del hierro.

Anillo de oro de la Necrópolis de la Joya en Huelva
Anillo de oro de la Necrópolis de la Joya en Huelva

Todo ello de la mano de las mejoras ganaderas y agrícolas, especialmente en el aprovechamiento de las ricas tierras para la producción de vid y olivo, productos de un alto rendimiento económico. Esto proporcionó las evidentes élites locales que acometieron las referidas mejoras en las ciudades, además de las fortificaciones de las mismas.

Necrópolis de la Joya en Huelva.

Pues bien todo este espectacular Tartessos, sigue esperando una confirmación clara de su existencia. Mientras historiadores y arqueólogos siguen buscando evidencias, nuestras autoridades parece que no han estado, ni están por la labor de desenterrar esta primera entidad política de la Península Ibérica, o al menos ese puedo deducir, de hechos como el que quiero narrar a continuación.

Hace unos meses en Caminando por la historia hacíamos referencia a Asta Regia, el yacimiento cercano a Jerez de la Frontera como una posible Tartesso (si os apetece conocerlo seguir este enlace). A los pocos días,  via redes sociales, se puso en contacto con nosotros uno de los arqueólogos encargado de las excavaciones en el centro de Huelva, en los años 80 del siglo XX. Su contestación me llamó la atención; “que nadie busque Tartessos, porque está debajo de Huelva y nadie la va a sacar de allí”.  Además de asegurar que las tumbas reales de los reyes tartésicos se encontraba en ese lugar. Hacía referencia, entre otros, al yacimiento arqueológico de la necrópolis de la Joya de Huelva, como  muestra me envió estas dos fotografías sobre un periódico del 29 de diciembre de 1982, sin duda como se suele decir no tienen desperdicio.

Como evidentemente no podemos asegurar nada, nos debemos dirigir a los museos, para localizar algunas de las piezas extraídas del lugar antes de que fuera abandonado el yacimiento, y puesto tierra sobre el mismo, al menos en ciertas partes. Parece ser que las autoridades municipales temían por sus planes urbanísticos.

Museo de Huelva.

Según el director de este museo en el año 2015, el Sr Pablo S. Guisande. La necrópolis de la Joya de Huelva tenía al menos 19 tumbas con abundantes muestras de que sus inquilinos podían haber sido reyes tartésicos. Entre otros elementos se localizaron gran cantidad de joyas de oro, plata y bronce, además de elementos foráneos como el marfil o los huevos de avestruz.

De todos ellos destacar una pieza hallada en la tumba nº 17 que servía de tapacubos para un carro, hecho que demuestra el alto estatus del individuo que allí se hallaba.  También podemos destacar dos jarrones con una fisonomía única en el mundo, hecho diferencial que nos puede remitir a una cultura única. Uno de ellos compartía tumba con el anterior elemento, se trata de un jarrón con una flor de loto invertida con soporte en forma de cono. El otro se halló en la tumba de al lado, la nº 18, y se trata de un curioso jarro con un asa en forma de ciervo y parte superior en forma de caballo. Os dejo al final la web del museo para que podáis conocer el resto de elementos.

Jarrones de la Necrópolis de la Joya en Huelva

Conclusiones.

Hemos comenzado diciendo que estamos ante uno de los periodos más significativos de la protohistoria de nuestra Península Ibérica. Sin duda poder conocer algún día los inicios de nuestra historia es una tarea apasionante. La mítica ciudad de Tartessos podría desvelarnos muchos secretos y además poderla comparar con ciudad históricas de este periodo, como Atenas o la propia Roma dando sus primeros pasos.

Los detractores de esta pretendida primera cultura Hispana, suelen poner el acento en la similitud con los fenicios. Y digo yo, más de 300 años de convivencia son suficientes para adquirir comportamientos y aprender de otras culturas para hacer progresar la propia. Está claro por el registro arqueológico que los tartésicos aprendieron muchas cosas de los fenicios, y estos últimos han pasado a la historia como comerciantes. Por lo que el espacio de convivencia y no de ocupación parece el más lógico para encontrar la verdad sobre el mundo de los Tartessos. Intentaremos estar atentos a las noticias que sigan surgiendo en este apasionante tema.

Os dejo con una de las historias más entretenidas que podéis encontrar sobre el mundo tartésico de la pluma de Manuel Pimentel.

Más info:

Tarteso y el periodo colonial, María Pilar San Nicolás, Tema 9 de Prehistoria reciente de la Península Iberica, Ed. Uned, 2013.

Nueva Historia de la España Antigua, Gonzalo Bravo, Ed, Alianza, 2011

Imágenes:

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Leptis Magna, la Roma del desierto.

Detalles del mercado de Leptis Magna donde aparece Gorgona (su sola mirada te dejaba petrificado)

 

Viajamos al norte de Libia, concretamente a unos 125 km al este de su capital Trípoli, para conocer uno de los restos arqueológicos más espectaculares que el Imperio Romano dejó en tierras africanas. Es preciso recordar las dificultades que en la actualidad tiene recorrer ese país, parece ser que el norte es una de las zonas más seguras, pero lo primordial es informarse previamente, os dejo el enlace del ministerio del interior de España, por si lo queréis consultar; exteriores.gob

La historia de Leptis Magna.

La ciudad de Leptis Magna debe su fundación a los fenicios. Situada en la desembocadura del Wadi Lebda, su orografía era la ideal para el establecimiento de una colonia fenicia, en este caso de la ciudad de Tiro. Es decir un territorio fértil, con salida al mar y en las cercanías de las rutas caravaneras que venían del interior del desierto del Sahara. Desafortunadamente son muy escasos los restos de este periodo, que se circunscriben a unas pocas tumbas de los siglos III-IV aC. Así como las escasas fuentes, las cuales nos desvelan una próspera ciudad púnica al servicio de Cartago, la capital de los cartaginenses.

Tras la segunda guerra púnica la ciudad pasará a estar regida por los númidas al servicio de los romanos, en concreto tras alguna especie de pacto entre el rey númida Missinisa y las autoridades romanas. Aunque se trata de un periodo bastante desconocido y no se descarta que pasara de manos númidas a cartaginesas, debido a sus continuas disputas.   Posteriormente a finales del siglo I aC., ante el levantamiento de Yugurta contra Roma, la ciudad de Leptis Magna se convirtió en residencia militar romana, desde ese momento se mantendrá definitivamente en la órbita de Roma.

Leptis Magna romana.

La anexión definitiva de la ciudad a las estructuras romanas se produjo tras la Batalla de Tapso (46 aC.). Dicha guerra tuvo como contendientes al Senado Romano encabezado por los herederos políticos de Pompeyo, con la ayuda de los Númidas, contra las tropas de Julio Cesar. La victoria de este último acabará imponiendo a la ciudad de Leptis Magna su anexión la provincia romana de África.

Su progreso político, económico y social  a partir de ese momento fue en continuo crecimiento, a la misma vez que se iba gestando la ciudad romana de Leptis Magna. Desde los tiempos del primer emperador Augusto (27aC.-14 dC.) se introdujeron en la antigua ciudad púnica los planes urbanísticos romanos, es decir la clásica retícula atravesada por el cardo y el decumanus. Además  de los primeros edificios propiamente de la cultura romana, como fueron el mercado y el teatro.

Teatro romano de Leptis Magna
Teatro romano de Leptis Magna

Su sucesor Tiberio no le fue a la zaga, acometiendo la construcción del templo de Roma y de Augusto en el entorno del primer foro de la ciudad. Tras este posiblemente Nerón, le concedió el estatuto de municipio romano y finalmente Trajano la convirtió en Colonia.

Con todo ello Leptis Magna estaba preparada para ver nacer al primer emperador romano nacido en África, descendiente de una familia de bereberes númidas. En concreto este hecho se produjo el 11 de abril del año 146, evidentemente nos referimos a Septimio Severo emperador entre 193-211. Desde su nombramiento, el embellecimiento de su ciudad natal sería un aspecto muy importante para el nuevo emperador. De tal manera, que durante el periodo de la dinastía severa, que incluye sus sucesores, Leptis Magna se convirtió en la ciudad romana más bella de toda África.

El declive de Leptis Magna.

Se puede decir que nuestra protagonista pasó en pocos años del todo al nada. Tras la caída de la dinastía Severa, la gran crisis del siglo III pasó factura a Leptis Magna, los problemas surgieron por motivos naturales, el torrente que pasaba por la ciudad fue anegando las calles, mientras las arenas del mar eran arrastradas a los bordes de la ciudad. Poco a nada se podía hacer, ya que la comentada crisis no dio la oportunidad de acometer las obras urbanísticas necesarias para revertir la situación.

El siglo siguiente la ciudad fue continuamente presa de las tribus bereberes, su debilitamiento fue de la mano  del declive del Imperio, hasta que en el año 445 es tomada por los bárbaros vándalos. Aunque durante el periodo bizantino, entre finales del siglo VI y principios de VII, pareció resurgir, la llegada de los musulmanes la sumió en las arenas de la costa tripolitana.

Allí se mantuvo hasta principios del siglo XX, momento en el que los arqueólogos italianos comenzaron a sacar a la luz esta joya del Imperio romano, la cual fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Los edificios más destacados de Leptis Magna.

Algunas fuentes señalan que en Leptis Magna pudieron existir cerca de 180 edificios públicos, que daban servicio a más de 100.000 romanos en tiempos de la Dinastía Severa.

Zona próxima al mar.

Como toda ciudad costera que se precie, Leptis Magna contaba con un espectacular puerto de más de 100.000 m2, rodeado de templos, pórticos y almacenes. Construido sobre los restos del antiguo puerto púnico fue adecuándose al crecimiento de la ciudad, por lo que la última restauración en tiempos de los Severos quedó completada con un gran pórtico de columnas dóricas. Otros edificios anexos al puerto era el faro de la ciudad y dos templos uno de ellos dedicado al Dios Júpiter.

Muy cerca del puerto se localiza el primer foro de la ciudad, hoy denominado Foro Viejo. Fue construido durante el mandato de Augusto, posiblemente sobre los restos de la ciudad púnica. Entre dicho foro y el mar se alzaron tres templos, uno de ellos en honor a Hércules, el siguiente a Liber Pater y entre ambos el principal de ellos, erigido por Tiberio en honor a Roma para divinizar al primer emperador Augusto.

La ciudad de los arcos romanos

Por otro lado parece ser, que cada emperador tenía costumbre por hacerse construir en Leptis Magna su propio arco, o al menos esto podemos deducir de la proliferación de estos monumentos en dicha ciudad. Por orden destacar los de Tiberio y Vespasiano, este último el único que genera dudas reales sobre su origen. Para continuar con los emperadores antoninos, encabezados por Trajano, Antonino Pio y Marco Aurelio. Pero el que se llevó la palma fue el erigido en honor a su hijo predilecto, el arco de Septimio Severo, situado en una de las entradas que vienen del suroeste, es un espectacular tetrápilo en el cual aparecen representados la familia de los severos.

Arco de Septimio Severo en Leptis Magna
Arco de Septimio Severo en Leptis Magna

Zona oeste de Leptis Magna.

En la zona más occidental de la ciudad, en las proximidades del limes de la misma, se construyeron tres de los edificios más significativos de la cultura romana. Por un lado el mayor teatro romano que se construyó en todo el continente africano, edificado por el primer emperador Augusto, y que hoy día uno de los edificios más significativos de las ruinas de Leptis Magna y uno de los teatros mejor conservados del mundo.  Construido bajo el mecenazgo de un tal Annobal Rufo, es una muestra de los poderes locales que adquirieron los ricos comerciantes de la nueva ciudad romana.

Precisamente para fomentar ese comercio, principal fuente de ingresos de Leptis Magna, en la insula contigua se construyó con anterioridad al teatro, el mercado de la ciudad. De estructura rectangular y con dos grandes construcciones circulares en el centro del mismo, las tiendas y tabernas daban al interior del recinto. Este espacio comercial fue completado unas décadas después con otro edificio destinado al mismo uso, se trata del “Chalcidicum” también de forma rectangular y rodeada de un pórtico donde se alojaban las tiendas.

Construcciones circulares del mercado de Leptis Magna
Construcciones circulares del mercado de Leptis Magna

Termas, circo y anfiteatro.

Edificios que no pueden faltar en una ciudad romana que se precie como tal. La termas romanas fueron construidas por el emperador viajero, Adriano, como es conocido, un enamorado del continente africano. Fueron situadas al lado del cauce del Wadi Lebda completadas con una Palestra y ambas de grandes dimensiones, queda constancia de grandes obras de mejoras durante los mandatos de Cómodo y por supuesto de los Severos.

El anfiteatro romano con capacidad para más de 15.000 espectadores fue construido cerca del mar, fuera de la ciudad en la zona más oriental de la misma, debió ser una de las zonas más perjudicadas por la crisis del siglo III y por lo tanto de los primeros edificios que se abandonaron.

Anfiteatro romano de Leptis Magna
Anfiteatro romano de Leptis Magna

La ciudad completada por los Severos.

Recordar que la Dinastía de los Severos procedentes de esta ciudad mandó en el Imperio entre los años 193-235. A parte de los edificios que nombraremos, es preciso comentar que la ciudad fue sometida en este periodo a una gran ampliación. El proyecto urbanístico fue dirigido por un amigo personal de Septimio Severo, conocido como Fulvio Plautiano. Toda esta ampliación tiene el sello de los gustos personales del emperador y de su esposa Julia Domna, su origen siriano llevo a la ciudad africana a tener una fisonomía muy cercana a las grandes ciudades romanas de oriente Próximo, como por ejemplo Palmira.

Entre los edificios construidos en esta época destaca el foro Severiano, que tenia las dimensiones de un campo de fútbol actual (100 x 70 m). Rodeado en tres de sus lados de un espectacular pórtico con columnas, sus capitales recuerdan a los de Pérgamo y además fueron construidos en Asia Menor, único espacio geográfico con ese tipo de mármol blanco.

La Basílica de los Severos en Leptis Magna
La Basílica de los Severos en Leptis Magna

La basílica es de planta cuadrada con tres naves y dos de ellas culminadas en ábside, fue construida en la zona más cercana a la ciudad vieja. Por último destacar otro nuevo templo construido entre el foro nuevo y la zona de las termas, que recuerda al Altar de Pérgamo, para su culminación fue revestido con un espectacular granito de color rojo.

¿A dónde fueron a parar los misteriosos Pueblos del mar?

Posiblemente estamos ante una de las preguntas más repetidas por los amantes de la historia antigua. Lo cierto es que a finales del siglo XIII aC., una serie de movimientos migratorios  con sus consiguientes guerras y destrucciones, a los que debemos sumar, supuestamente, algunas catástrofes naturales, conformaron un nuevo mapa político en el mediterráneo oriental.  No vamos a ser nosotros los que descifremos este enigma de la historia, ya nos gustaría, pero si vamos a conocer un poco mejor los pueblos que desaparecieron, y también a los nuevos poderes emergentes de dicho espacio geográfico, tras el paso de estos primeros piratas de la historia.

Los pueblos de mar.

No sin antes conocer algunos aspectos y nombres, que la historiografía les ha ido asignado a estos Pueblos del mar. Por cierto este nombre genérico fue introducido en el siglo XIX, por Emmanuel de Rouge el destacado egiptólogo francés, para dirigirse a los diferentes pueblos que se hallaron en las inscripciones de los templos de Medinet Habu en Egipto. De la multitud de apelativos asignados a los diferentes pueblos y movimientos, nos vamos a quedar con los más importantes.

Denyen.

Uno de los más significativos, dado la importancia que como veremos posteriormente tuvo el movimiento de este pueblo para el fin de la civilización micénica. En definitiva se les suele asignar un origen griego, son los denominados aqueos, que parecen ser un pueblo originario del Peloponeso.

Pelesets.

Localizados en una estela asignada al reinado de Ramsés III (1184-1153 aC.), es decir el faraón egipcio que más sufrió de estos movimientos de los Pueblos del mar. Su origen es muy discutido existiendo dos versiones principales; la primera nos revela que provienen de las islas del mar Egeo.  Aunque las más entendida los sitúa como herederos de la cultura cananea proveniente del bronce de Oriente Próximo. Lo cierto es que son expulsados por el faraón egipcio, y desde ese momento aparecerán en el Antiguo Testamento como los filisteos y asentados en la actual Palestina.

Relieve de los filisteos en Medinat Habu

Weshesh.

El pueblo con uno de los orígenes más discutidos, al toparse su historia con la mítica ciudad de Troya. Si bien es cierto que esta última ha sido hallada arqueológicamente, no es menos cierto que todas sus leyendas siguen despertando grandes controversias. La más extendida nos habla de su destrucción en el año 1184 aC., por lo tanto en plena crisis de los Pueblos del mar. En este contexto entraría este pueblo, que se ha asignado a los archivos hallados en la ciudad de Hattusa, donde aparecen los “wilusa” como habitantes hititas de la ciudad de Troya. Para acabar con ellos significar que algunos fuentes los sitúan como uno de los pueblos más belicosos, que actuaron en Egipto y Oriente Próximo tras sufrir la comentada destrucción  de su principal ciudad.

Tjeker.

Algunos autores los han calificado como los “piratas del mediterráneo”. Su origen, como no, muy confuso, unos los sitúan en la Península de Anatolia, otros ven en el Papiro del “viaje de Wenamon” que la capital de los Tjeker se situaba en la falda sur del Monte Carmelo. Aunque nos podemos quedar con el relato mitológico que les asigna un origen entre los seguidores de Teucro. Este fue el mejor arquero de los aqueos que luchó para acabar con la ciudad de Troya.

Shardana.

Nos acercamos al único de estos denominados Pueblos del mar, que no tiene un origen oriental. Ya que se han encontrado diversos indicios que lo relacionan, ya sea como origen o destino con la actual isla francesa de Cerdeña. Sin duda un pueblo de guerreros, algunos le atribuyen la destrucción de la cultura micénica. Pero la mayor parte de las fuentes, localizan a este pueblo en las diversas batallas que mantuvieron los egipcios con sus enemigos, precisamente como integrantes de los ejércitos de estos últimos, como en la célebre batalla de Kadesh con los hititas.

Arawanna, Derden, Lukka, Sherden, etc.

Es decir una lista que parece no tener fin, ya que un indeterminado número de pueblos aparece tanto en las confusas fuentes egipcias, como en las tradicionales epopeyas de la mitología griega. Por lo tanto todos difíciles de encasillarlos correctamente la historia.  Pero para seguir fomentado la imaginación sobre estos Pueblos del mar, vamos a ver el antes y después de este espacio geográfico del mediterráneo oriental. Por cierto, en el cual las fuentes que van del periodo comprendido entre los siglo XIII-XI aC., son tan escasas que cualquier especulación puede tener cabida en la relación de estos cambios y la realidad histórica.

Las grandes culturas que desaparecieron.

Mapa del Mediterráneo oriental en el año 1200 aC.
Mapa del Mediterráneo oriental en el año 1200 aC.
Mapa del Mediterraneo Oriental en el año 1000 aC.
Mapa del Mediterraneo Oriental en el año 1000 aC.

La cultura Micénica.

Los micénicos fue la cultura más importante de la fase final del Bronce en el Heládico, aproximadamente en el periodo comprendido entre el 1600-1100 aC. Conocida por el nombre de su ciudad-estado más significativa, Micenas. Podemos añadir que fue en parte herencia de la cultura minoica, de la cual adaptó la forma de organización  palaciega, e incluso en parte su escritura. Conocidos como grandes guerreros por los diversos hallazgos de ajuares en las grandes tumbas micénicas. A parte de Micenas los mayores asentamientos se llevaron a cabo en el Peloponeso, en el Ática y en la zona de Beocia.

Pues bien, esta esplendorosa cultura de guerreros fue borrada del mapa en el año 1100 aC. Los motivos no están claros, pero  lo cierto es que comenzaron al menos un siglo antes. La arqueología nos ha demostrado que durante el siglo XIII aC., se acometen la construcción de grandes  murallas y cisternas para posiblemente resistir duros asedios. Pero tampoco se descarta que fueran una forma de defenderse de epidemias producidas por terremotos o grandes sequias.

El siguiente paso fue la interrupción del prospero comercio micénico en el mediterráneo oriental, en este caso achacado a las injerencias de los Pueblos del mar. El resultado las primeras migraciones y colonizaciones griegas que acabaron revirtiendo en una gran crisis que acabó con la cultura micénica. Las ciudades se abandonaron, se saquearon y fueron quemadas, hecho que produjo la llegada de nuevos pueblos como el caso de los Dorios, uno de los protagonistas del futuro griego.

El Imperio hitita.

Su origen se considera que estuvo entre las tribus asentadas en el Cáucaso, que llegan a la Península Anatólica a partir de principios del II milenio aC., tras lo cual fundan su capital Hatussa a mediados del siglo XVII aC. Uno de los aspectos más destacados de los hititas fue la utilización del hierro por primera vez en la historia, que les sirvió para la elaboración de armas con las que vencer al gran Imperio Egipcio.

El gran Imperio sucumbió de la noche al día a partir del año 1200 aC., sí lo reflejan las célebres tablillas de Bogazköy encontradas en el yacimiento arqueológico de Hatussa y que narran la historia de los hititas. Los motivos de la desaparición de uno de los pueblos mejor estructurados de Oriente Próximo sigue siendo un misterio, la mano de los Pueblos del mar se hace evidente, ya que queda demostrado que asolaron las ciudades costeras del Imperio Hitita en la actual Siria.

Los egipcios.

Vaya por delante que la gran cultura egipcia no sucumbió ante los Pueblos del mar. El motivo de su aparición en este apartado viene dado por ser el inicio de un declive imparable, tras luchar contra la invasión de estos piratas del mar, como se les ha dado por llamar en ocasiones.

Lo cierto es que los conocemos gracias a las inscripciones efectuadas durante el reinado de Ramsés III, el último de los grandes faraones egipcios conocidos, que gracias a su dedicación logró que su pueblo no siguiera el camino de micénicos e hititas. Pero como ha quedado dicho tras la muerte de este faraón la caída de la primera gran cultura del mundo, fue imparable, sin ir más lejos a mediados del siglo XI aC., aparecen divididos en dos, además tras haber perdido la totalidad de las tierras del Canaán.

Las nuevas culturas que protagonizarán el I milenio aC.

A pesar de que no hay absolutamente nada probado, lo cierto es que la zona del levante mediterráneo adquirirá tras el paso de los Pueblos del mar una fisonomía política totalmente diferente a la que existía en el año 1200 aC. Si debemos buscar un origen no se puede obviar a los protagonistas de hoy, que posiblemente acabaran integrando estas nuevas realidades.

El pueblo Arameo.

Las primeras noticias que nos llegan de los arameos provienen de Babilonia a principios del siglo XIII aC., donde su rey se queja de unas bandas nómadas que ponen en peligro la integridad de la gran capital del Éufrates. Se les suele asignar como expertos caravaneros que muchas veces se pusieron al servicio de las potencias de Oriente Próximo, como los Hititas o los Asirios.  Nadie como ellos podía conducir a los ejércitos a través del desierto.

Las invasiones de los Pueblos del mar llevaron por efecto dominó a los arameos a establecerse en nuevos territorios, dando el paso definitivo para abandonar el nomadismo e iniciar autenticas dinastías principescas. Sin ir más lejos en el año 1067 aC., un arameo, Apla-Iddina se hará con las riendas del reino de Babilonia. Los siguientes años se expandirán por todo Oriente Próximo, organizándose en una especie de principados independientes entre sí, pero con una lengua en común, el arameo que se hará oficial en las diferentes cortes asirias, babilónicas y persas. Este hecho nos demuestra la enorme importancia que tuvieron los movimientos de los Pueblos del mar, en este espacio geográfico.

Los fenicios.

Decir que el origen de los fenicios de debe a los Pueblos del mar, sería contradictorio, pero en cambio podemos afirmar que los movimientos de estos los introdujeron en la historia, para ser conocidos como los mejores navegantes del mediterráneo. El origen de este pueblo se remonta a miles de años, por parte del pueblo de los cananeos asentados en la estrecha franja costera mediterránea, como curiosidad destacar que en el año 2650 aC., ya comerciaba madera con los egipcios.

A partir de los sucesos de los Pueblos del mar la historia de los fenicios parece acelerarse, ciudades como Biblos, Ugarit, Sidón o Tiro se comienzan a superpoblar, por dicho motivo nace la necesidad de expandirse por el mediterráneo. A partir de ese momento conoceremos sus mejores virtudes, que sin duda estaban destinadas a ser los mejores comerciantes. El resto lo pusieron las condiciones climáticas y orográficas, en un espacio agotado para la producción de la agricultura, pero con exceso de árboles. La solución era evidente se debían construir barcos con los que conquistar el mediterráneo, de esta forma sobre el año 1000 aC., ya lo habían cruzado de punta a punto ejerciendo como los mejores comerciantes del momento.

Recreación del Mundo fenicio por
Recreación del Mundo fenicio por Navarro Ilustración

Además los fenicios se convirtieron en herederos de dominio marítimo que los micénicos habían efectuado en el mediterráneo oriental. A pesar de que no existe ningún indicio ni certeza, permitirme la curiosidad de preguntarme; ¿Qué casualidad que tras las invasiones del los Pueblos del mar, los fenicios se conviertan en los mejores navegantes del momento?

El pueblo de Israel

Tras la desaparición de los egipcios de la zona de Canaán, este nuevo pueblo aprovechara el vacío de poder dejado por estos. No eran unos recién llegados a  la zona, ya que tres siglos antes aparecían en las estelas egipcias con el nombre de “apiru”. Pero el momento y la forma de asentarse en torno al valle del río Jordán sigue siendo un misterio para la historiografía. Para algunos fue debida a una evolución in situ, para otros una llegada del exterior para asentarse en estos territorios. Por último destacar el éxodo que nos narra el Antiguo Testamento según el cual los israelitas son expulsados del antiguo Egipto, entre los siglos XV-XI aC.

Lo cierto es que en dicho siglo XII aC., los israelitas viven bajo las reglas establecidas por la Confederación de las Doce Tribus,  sin un poder central y actuando bajo consejo de los más mayores. Sin duda podemos afirmar que era la típica organización política de cualquier pueblo nómada.

Pero los movimientos de los Pueblos del mar, también ejercerán gran influencia en el pueblo israelita. Recordemos a los filisteos, los pelesets de la estela de Ramsés III, que se asentaran a principios del siglo XII aC., en la zona más septentrional del Canaán. Desde allí entraran continuamente en disputas con los israelitas, como la célebre pérdida del Arca de la Alianza por estos últimos en la Batalla de Afec en el año 1050 aC.  Poco después y para ejercer un poder central y fuerte se instaura la monarquía hebrea de Israel con el Rey Saúl (1030-1010 aC.).

Conclusiones

Como hemos visto estamos ante uno de los episodios con más interrogantes de la Historia Antigua, la falta de fuentes entre los años 1200-900 aC., es prácticamente generalizada, por lo que cualquier especulación es difícilmente demostrable. Para la historiografía es sin duda uno de los retos más significativos.

Por otro lado y sin obviar las destrucciones, los Pueblos del mar  también aportaron aspectos positivos, como por ejemplo la generalización del uso del hierro que fue expandida gracias a estos movimientos, o bien la difusión del alfabeto obra de los fenicios. No quiero concluir sin significar que el espacio dejado por las estructuras micénicas, se rellenará a partir del siglo IX aC., con la aparición de la madre de todas las culturas occidentales, efectivamente me refiero a los griegos.

Imágenes: commons.wikimedia

Cuatro batallas de Roma perdidas que forjaron un Imperio.

De todas aquellas frases que nos presentan a las derrotas como punto de aprendizaje para que lleguen las victorias, permitirme quedarme con la pronunciada por Ernest Shackleton. El explorador británico, tras ver la muerte de sus compañeros camino del Polo Sur y tras comprobar cómo el noruego Roald Amundsen les conseguía ganar la partida, dejó caer la siguiente frase:

 “los hombres no se hacen a partir de victorias fáciles, sino en base a las grandes derrotas”

Dicha frase sin duda se puede extrapolar al Imperio Romano, si bien es cierto, que con las victorias de las legiones romanas se consiguió expandir el territorio. Con las derrotas se forjó socialmente, políticamente y militarmente el Imperio más grande que ha visto el mar Mediterráneo. De todas estas derrotas que evidentemente fueron muchas, hoy nos quedaremos con estas cuatro.

La Batalla de Horcas Caudinas (321 aC.)

La primera de las grandes derrotas, o más bien la más deshonrosa, que sufrió la República de Roma fue durante las denominadas guerras Samnitas, sucedidas durante la conquista de la Península itálica.  A mediados del siglo IV aC., la República de Roma contaba con apenas los territorios del actual Lacio conquistados en las guerras latinas. Mientras, sus vecinos los Samnitas se localizaban en torno a las montañas del centro sur de Italia.

El principal motivo del conflicto vino de la necesidad de ambos de la conquista de las ricas tierras de la Campania. Los primeros en dirigirse hacia estas tierras para hacerse con ellas fueron los Samnitas, ante dicha agresión las autoridades de Capua, la capital de la Campania, fue la de entregar a Roma sus territorios. Ante tal sorpresa Roma se ve obligada a exigir a los Samnitas su retirada, la negativa de estos condujo a la primera de las tres guerras Samnitas (343-341 aC.)

El resultado fue confuso, posiblemente debido al temor mutuo de que su lucha fuera aprovechada por terceros, en el caso de los romanos el temor venia de los galos del norte, mientras que los Samnitas temían un ataque marítimo de los espartanos. De esta manera pasaron los años, mientras ambos contendientes se preparaban para el nuevo asalto.

Batalla-de-Horcas-Caudinas-Milek-Jakubiec
Batalla de Horcas Caudinas Milek Jakubiec

La nueva chispa saltó en el año 326 aC., en este caso por el control de Nápoles la ciudad fundada por los griegos unos siglos antes. Las primeras escaramuzas resultaron positivas para los romanos, que poco a poco iban conquistado nuevos territorios y sus ánimos se fueron enalteciendo.

 Ese fue su gran error, en el año 321 aC., los cónsules de Roma; P. Albino y V. Calvino consiguieron reunir un gran ejército, con el cual se dirigieron a la ciudad de Luceria. Las falta de previsión y la demasía de confianza llevaron a los ejércitos romanos a introducirse en el desfiladero de Horcas Caudinas, cerca de la actual ciudad de Montesarchio. Allí fueron sorprendidos por el ejército Samnita, que acorraló entre aquellas montañas a más de 30.000 romanos. Ante la imposibilidad de combatir, y de Roma de mandar refuerzos, los romanos se vieron en la obligación de rendirse. Esto supuso una de las mayores ofensas que sufrió la joven República de Roma, ya que sus soldados fueron invitados a abandonar el desfiladero sin armas y bajo las lanzas enemigas.

El pueblo Samnita evidentemente acabará pagando con creces tal ofensa, a pesar de que Roma sufrió para derrotarlos, en el año 290 aC., los Samnitas se ven obligados a firmar la capitulación, exhaustos ante una Roma que poco a poco fue consiguiendo el dominio de la Península Itálica.

La batalla de Cannas, agosto del 216 aC.

Sin duda, la más sonada derrota de Roma durante toda su historia, tuvo lugar durante la segunda de las guerras púnicas. Estas comenzaron  con la toma de Sagunto por las tropas cartaginesas de Aníbal en el año 218 aC. Luego tras pasar el invierno preparando la guerra, la suerte estaba echada.

Aníbal conocía  que los planes de Roma podían ir encaminados a la toma de Cartago, la capital africana del Imperio Cartaginés. Por lo que hizo buena la teoría que la mejor ofensa es un buen ataque, en una de las más célebres imágenes de la historia cruzó los Alpes en el mes de Agosto del año 218 aC., con él iban 50.000 hombres a pie, 9.000 a caballo y 37 elefantes. La intención de Aníbal era ir reclutando por el camino enemigos de Roma que se sumaran a su causa, a su llegada a Italia las primeras victorias elevaron su moral, y además contó con la ayuda de los galos, por lo que la reposición de cartagineses estaba asegurada.

El año siguiente, 217 aC., las victorias siguieron sonriendo al ejército cartaginés, que pronto vio como Roma podía caer a sus pies, pero posiblemente el temor a un largo asedio frenó las aspiraciones de Aníbal. Pero lo cierto es que todavía quedaba la mayor derrota de Roma pendiente.

Aníbal cruzando los Alpes, Mariusz Kozik
Aníbal cruzando los Alpes, Mariusz Kozik

Esta sucedió en el año 216 aC., E. Paulo y T. Varrón reclutaron en Roma el ejército más grande visto hasta ese momento, muy superior en número a sus rivales cartaginenses. Según los cálculos unos 80.000 romanos  se dirigieron hacia el Mar Adriático donde las tropas de Aníbal estaban acantonadas, mientras este último los esperó cerca de la pequeña localidad romana de Cannas. El enfrentamiento ha sido descrito como una de las más celebres victorias en un campo de batalla. Aníbal colocó la mejor caballería en las alas, mientras hacía ceder el centro, los mejores jinetes africanos  fueron encerrando a los romanos en un gran círculo. Tras interminables horas de batalla, dos pequeños destacamentos romanos con menos de 10.000 hombres, consiguieron huir. La mayor masacre de romanos en la historia acababa de suceder.

A partir de este punto entramos en uno de aquellos misterios que nos ha dejado la historia. Dos preguntas quedan en el aire;  ¿Por qué Aníbal no entró en Roma? ¿Por qué nunca llegaron los refuerzos hispanos, o griegos? Lo cierto es que 14 años después, Roma acababa con su gran rival de mediterráneo. El imperio comenzaba a expandirse fuera de Italia.

La Batalla de Carras, junio del 53 aC.

En el año 60 aC., se estrena lo que la historiografía ha denominado el primer triunvirato de Roma. Es decir una especie de pacto encubierto entre tres destacados generales romanos, véase, Pompeyo, Julio Cesar y Craso, para el control de una República de Roma sumida  en una interminable crisis política.

A pesar de las enormes diferencias entre ellos, consiguieron comandar los designios de la República hasta el año 55 aC., año en que se ven obligados a reunirse en Luca, para controlar los movimientos políticos de la clase más conservadora del Senado. Tras la renovación del pacto del triunvirato, Julio Cesar seguiría en la Galias, Pompeyo era designado para el control de Hispania pero ejerciendo desde la misma Roma a través de legados. Por último a Craso se le designó la administración de la provincia romana de Siria, es en este punto cuando empieza el problema.

Es evidente que era un pacto de poder, es decir tres culos para un solo sillón, el del trono imperial que en Roma se llevaban años barruntando. Por lo que cada cual debía ir presentando sus credenciales, Julio César las tenía de sobras presentadas con sus victorias en la Galias. Pompeyo pasaba por ser uno de los más destacados generales de los últimos 30 años, con diferentes actuaciones desde Hispania, hasta Asía y pasado por el norte de África. En cambio Craso desde sus éxitos en la rebelión de los esclavos de hacía cerca de 20 años, se había dedicado mayormente a ejercer asuntos políticos y económicos, por lo que necesitaba una gran victoria en el campo de batalla.

Batalla de Carras, Dariusz Bufnal
Batalla de Carras, Dariusz Bufnal

La elección del escenario para su gran victoria, no pareció estar muy bien escogido. El Reino de los Partos que se expandía entre los ríos Eúfrates e Indo, estaba conformando por una gran serie de tribus seminomadas, que entre sus diferentes virtudes se encontraba ser extraordinarios jinetes.

Tras preparar durante un año el asalto, en el año 53 aC., entres seis y siete legiones según las fuentes, atravesaron el río Eúfrates. Al principio parece ser que la táctica de los partos pasó por la pasividad, para conseguir que las tropas romanas se confiaran y tomaran más riesgos de los necesarios.  Sobre el mes de junio dichas tropas se habían alejado en exceso de las fuentes de aprovisionamiento, y ese fue el momento elegido por las tropas partas para caer sobre el rival. En un lugar cercano a la actual ciudad turca de Altinbasak, la movilidad del ejército parto rompió la férrea estructura de las cohortes romanas. La sed, el hambre y el fuerte calor hicieron el resto.

El resultado más de 20.000 muertos, incluido el propio Craso, tras ser hecho prisionero y ejecutado en el campo de batalla, además de 10.000 desaparecidos que se convirtieron en la célebre Legión Perdida. Sin contar que tuvieron que pasar unos 150 años para que el mayor conquistador de Roma, Trajano, se hiciera con los territorios partos.

La matanza de Teutoburgo en el 9 dC.

Nos encontramos ante la única de las batallas que presentamos hoy, que ocurrió durante el recién estrenado Imperio romano. Tras la llegada al poder de Augusto en el año 27 aC., se desvelaron sus planes respecto a la zona norte del Rin. Estos pasaban por establecer una nueva provincia romana, denominada Germania, aunque de facto nunca se llegó a hacer debido entre otras causas a la matanza de Teutoburgo.

En el año 7 dC., Augusto envía a Quitilio Varo, hombre de confianza y yerno de Agripa, al mando de tres legiones al interior de los territorios germanos, con la labor de pacificar y consolidar dicha provincia. El modus operandi de estas legiones era ocupar dicho territorio durante los veranos, para ir consolidando las tradiciones romanas y de paso ejecutar los correspondientes impuestos imperiales. Tras el verano y ante la llegada del crudo invierno las legiones se retiraban a los  reforzados campamentos  en torno al río Rin.

Batalla de Teutoburgo, Milek Jakubiec
Batalla de Teutoburgo, Milek Jakubiec

El verano del año 9, no fue diferente, el mes de septiembre las tres legiones romanas inician la tradicional vuelta a las bases, pero un hecho cambiará su destino. Uno de los auxiliares de Quitilio Varo, el teutón Arminio, le avisó de una rebelión de varios pueblos germanos en una zona situada al sur del camino de vuelta. Como buen conocedor del lugar, este último aconsejó al legado romano como podían ser controlados, pero para ello debían desviar su camino para pasar por un bosque, hoy día denominado Kalkriese. Al llegar al bosque, las persistentes lluvias y la espesa vegetación hicieron imposible la defensa romana ante los bárbaros teutones.

La masacre fue una de la humillaciones más grandes del Imperio, de 20.000 hombres se cuenta que alcanzaron el río Rin escasamente 80 legionarios. El propio Varo parece ser que se suicido para no tener que presentarse ante Augusto. Desde ese momento la decisión de establecer el limes germánico en el río Rin se convirtió en una solución sin vuelta atrás. Solo con el inciso de la venganza protagonizado por el general romano Germánico al someter a diferentes tribus y volver a Roma con los estandartes de las legiones que quedaron en el Bosque de Teutoburgo.

Más info:

Diccionario de batallas de la historia de Roma (753 a.C.-476 d.C.) Julio Rodríguez González, ed. Almena 2017.

Historia Antigua Universal III, historia de Roma, varios. Ed. Uned, 2008

Imágenes:

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Caminando por el muro de Adriano.

El muro de Adriano es una de las construcciones defensivas más importantes de Europa. En su época de construcción en el siglo II, contaba con una longitud de 135 km con los cuales unía el Mar del Norte y el Océano Atlántico, cortando prácticamente por la mitad la mayor de las Islas Británicas. Hoy día sus restos se han convertido en uno de los lugares más visitados de Inglaterra, además de un reclamo para los excursionistas que deciden unir a pie sus dos extremos.

Publio Elio Adriano (117-138).

Conocido como Adriano se convertirá en emperador de Roma tras suceder en extrañas circunstancias a Trajano. Las cuales os invito a conocer un poco mejor en este artículo:  sobre la muerte de Trajano.

Otro de los asuntos a resolver por la historiografía es el lugar de nacimiento de nuestro personaje, ya que a ciencia cierta se desconoce si nació en Itálica o bien en la propia Roma. A pesar de lo cual siempre se le ha asignado como el segundo emperador hispano, tras el malogrado Trajano. Este último asumió la tutela del joven Adriano, que a la edad de 10 años se quedó huérfano de padre. A los 14 años llegó a Roma, donde los años siguientes comenzó un rápido ascenso en su “Cursus Honorum”. En el año 108 ya era cónsul, y poco antes de su polémica designación como emperador se hallaba como legado de las legiones en Siria.

Busto de Adriano
Busto de Adriano

A grandes rasgos la figura de Adriano, emperador a la edad de 41 años, es muy diferente a la de sus antecesores. Las fuentes hablan de él como un gran político, un militar metódico, aunque con escasa ambición o prudencia, según se mire. Pero sobre todo destacan su gran nivel cultural y religioso, en toda su acción de gobierno se observa su pasión por la cultura helenística y su profunda religión hacía el culto de Roma.

Dicho gobierno del Imperio romano fue destinado al pacifismo, dejando de lado las conquistas pero con una enorme preocupación por la defensa de los territorios adquiridos por sus antecesores. Además se convertirá en un emperador viajero, poco permaneció en Roma, ya que viajó por todas las provincias para conocer los problemas reales de tan vasto imperio. Cuando era la hora de descansar, lejos de volver a la caótica Roma, se dirigía a su villa en Tívoli situada en las afueras de la capital del Imperio.

Contexto histórico.

Desde que Julio Cesar llegara a la isla en el año 55 aC., el proceso de conquista de la Britania romana estuvo salpicado de grandes enfrentamientos, ya que el año siguiente comenzaron los tributos a Roma y con ellos las rebeliones. La invasión más importante tuvo lugar durante el mandato del emperador Claudio en el año 40 de nuestra era, y tras ella llegaron las revueltas más significativas como la de la reina celta Boudica en el año 61. Tanto el control de esta rebelión como el mandato del gobernador Agrícola (78-85), están atestiguados como de gran violencia, acarreando el exterminio de diversas tribus locales. La última gran rebelión antes de la llegada al poder de Adriano sucedió en el año 115 con el saqueo y destrucción de la ciudad romana de York.

Cuatro años después de llegar al poder Adriano se dispuso a conmemorar en Roma, la fundación de la capital imperial. Las celebraciones se llevaban a cabo en el denominado “Pomerium”, el verdadero centro fundacional de Roma, solo lo que hubiera en el interior de este recinto era Roma, el resto se consideraban territorios de Roma. En el existía una ley no escrita que decía; que solos los que agrandaran el Imperio tenían derecho a agrandar el “Pomerium”. Adriano lo reformó, pero no lo amplio, es decir la decisión estaba tomada. El Imperio romano se había convertido en un espacio demasiado grande para su control total, ahora era el momento de ponerle un límite.

En el año 122, Adriano llega a la provincia de Britania, tras lo cual se acercó al centro de la isla para visitar algunos de los cuarteles romanos de la zona, con la tarea de encomendarles la protección del Imperio. Para ello lo mejor forma seria construir un muro, que marcara definitivamente las posiciones separadas entre los romanos y las tribus indígenas.

Os invito a leer el artículo: sobre la reina Boudica

La construcción del muro de Adriano.

El lugar elegido para la construcción del muro era la franja más estrecha de la isla,  es decir uniendo la desembocadura del rio Tyne, con el estuario de Solway. Según algunos fue proyectado por el propio Adriano, lo que proporcionaría algunos extraños fallos de diseño.

El primer muro que se construyó seguía unas férreas medidas, que no tenían en cuanta algo tan evidente como los diferentes desniveles del terreno. Se especula con la posibilidad de que los ingenieros no quisieron cambiar el diseño, por temor a las represalias del emperador. La estructura consistía en un muro de 4,6 m de altura por 3 m de ancho, dada la dificultad de hacerlo todo en piedra se diseño partes del mismo hechos con muros de tierra y césped, estos debían medir 6 m de altura. Cada milla debía construirse una puerta con un puesto de vigilancia, y entre cada una de ellas un pequeña torreta. El principal problema fue que algunos de estos puestos de vigilancia y puertas quedaron en lugares de difícil acceso para los caminos, por lo tanto inútiles.

El plan no se ejecutó por completo, o más bien debió haber un cambio de modelo constructivo. A partir de ese momento se comienza la construcción de diferentes fuertes en el lado sur del muro, junto a ellos tres grandes puertas que debían comunicar ambos territorios. Estos cambios han abierto un debate sobre la utilidad del muro, evidentemente era defensivo, pero hasta cierto punto, ya que no parecía difícil que algún grupo atacara alguna de estas puertas y se introdujera en el imperio. Por ese motivo se construirían los fuertes, para la defensa activa de las puertas que más bien resultaban ser aduanas comerciales.

Destacar que el muro fue construido por tres legiones, es decir 15.000 legionarios, con la ayuda de diversos contingentes desplazados desde el continente, las obras duraron seis años. Añadir que se mantuvo activo los tres próximos siglos, debido al fallido intento de Antonino, el siguiente emperador que pensó avanzar la frontera 150 km al norte, hecho que se mantuvo durante escasas dos décadas.

El muro de Adriano ¿a pie o en coche?

Vaya por delante que ambas son dos magnificas opciones para descubrir hoy día el muro de Adriano, que por cierto se ha convertido en uno de los rincones de turismo cultural más importante de las Islas Británicas.

Pero antes de pasar a conocer los destinos más significativos del muro os quiero presentar el: “Hadrian’s wall path national trail”, es decir el camino que recorre el muro de punta a punta. La mayor parte del recorrido se realiza muy cerca del muro, un camino que combina zonas, de tierra, césped y asfalto por partes muy similares, además excepto los kilómetros intermedios, zona de Birdoswald, que se convierte en un continuo sube y baja, el camino no representa grandes dificultades. Perfectamente señalizado en todo momento con bellotas y flechas, ofrece al visitante todos los servicios necesarios para el descanso.

Destacar que se suele tardar una semana en realizarlo, evidentemente dependiendo de las paradas. Es aconsejable que se realice entre los meses de mayo y octubre, que es cuando la mayor parte de los servicios de la ruta están abiertos. Hoy día se ha convertido en lugar de peregrinaje obligatorio para los apasionados de la historia y el senderismo. Por último os invito a conocerlo un poco mejor con el folleto en ingles, que podéis descargar desde la siguiente dirección: hadrianswallcountry

Las visitas más interesantes.

Birdoswald

Nos encontramos ante los restos de fuerte romano mejor conservado. Construido a partir de la tala de árboles necesaria para la construcción del muro de Adriano. Se mantuvo ocupado durante todo el periodo en que se mantuvo vigente la provincia romana de Britania.

Recreación-de-Birdoswald

Se trata de la planta básica de construcción de fuertes romanos, su puerta norte quedó totalmente adosada al muro. Precisamente era una de las seis con las que contaba el levantamiento, cada una de ellas contaba con dos torretas defensiva. Dentro de las murallas de unos dos metros de altura, se construyeron los habituales barracones, edificios administrativos, e incluso dos graneros, que hoy día se observan perfectamente. Os invito a conocer este articulo sobre los campamentos romanos: gladiatrixenlaarena

Para visitarlo una vez más levantar una protesta por los abusivos precios de los monumentos cedidos para su explotación a la “English Heritage”, en 2017 costaba 6,50 libras, es decir unos 7,50€. Además parece ser que en 2018 están en obras de adecuación del museo.

Walltown Crags

El único de los lugares de los que presentamos que se pueden visitar gratuitamente. Se trata de la parte central del muro y posiblemente la más espectacular, debido al paso que tuvieron que franquear los constructores  por la zona rocosa de Whin Sill.

Walltown-Crags

Para su visita existe una zona de aparcamiento, desde la cual nos podemos acercar al muro a través de una corta subida. Durante los cerca de 1.500 m de recorrido a través del muro, podemos encontrar diferentes paneles explicativos de las enormes dificultades, que se encontraron en este tramo para su construcción.

Housesteads

Conocido en tiempos del Imperio como “Vercovicium”, se trata de los restos de un fuerte militar que se comenzó a construir en el año 124. Su misión a parte de la evidente defensa del muro de Adriano, fue la de acoger una cohorte de 800 legionarios de la tribu de los Tungrians, originarios del norte de las Galias, lo que hoy correspondería a Bélgica.

Housesteads

Su planta rectangular es la habitual en este tipo de construcciones, tiene 4 puertas aunque dos de ellas quedaron inutilizadas. En su interior encontramos los restos de varios edificios entre ellos, la casa del comandante, un granero que a simple vista puede parece unas termas por la elevación de suelo, letrinas o los edificios destinados al alojamiento de los legionarios. Al salir del mismo nos encontraremos los restos de un pequeño poblado extramuros, además de un tramo del muro de Adriano con un buen estado de conservación.

Una veza más destacar el alto precio de la entrada, en este caso 7,80 libras, con la cual también se tiene acceso a un museo situado en el exterior del recinto fortificado.

Corbridge

En este caso visitaremos los restos de una de las dos ciudades más importantes que crecieron al amparo del Muro de Adriano. Parece ser que sus restos más antiguos pertenecerían al año 85, es decir cuatro décadas antes de la construcción del muro, durante la fase de conquistas del gobernador Agrícola. Desde ese momento se sucedieron las construcciones y destrucciones, de diferentes fuertes romanos hasta la construcción del muro.

Corbridge

Está situada unos 4 kilómetros al sur del muro en las cercanías del rio Tyne. Su crecimiento correspondió especialmente entre los años 140-160, es decir el periodo donde la frontera se expandió 150 kilómetros al norte con la protección del muro de Antonino. El motivo fue que se convirtió en el centro de suministros de la conquista de los territorios de los Pictos. Gracias a esto la ciudad creció alrededor del fuerte romano, algo no muy habitual, ya que este quedó en el centro de la ciudad.

El precio es de 7,50 libras y como en el caso de Birdoswald, el museo es motivo de reformas que esperan tener listas para el mes de mayo de 2018. Por cierto este es uno de los mejores de todo el recorrido.

Vindoland

Dejamos para el final uno de las visitas más interesantes, se trata de otro de los restos de fuertes romanos que podemos encontrar al recorrer el muro de Adriano. En este caso su construcción es anterior al muro, ya que se comenzó en el año 85 tras la pacificación de la zona, durante el periodo del gobernador Agrícola. Aunque sea un aspecto sin confirmar, se supone que Adriano pudo permanecer en este enclave durante un tiempo, coincidiendo con la construcción de muro, este hecho se ha deducido de una rica construcción con incluso pinturas murales.

vindolanda

La verdadera importancia del yacimiento, y que enriquece la visita, son la gran cantidad de restos que se han hallado en las excavaciones, tanto del fuerte, como del poblado surgido en las afueras del mismo. Sin ir más lejos se hallaron más de 1300 tablillas en Vindolandia, acabadas en madera y que fueron utilizadas como correspondencia. Así como gran cantidad de zapatos, vestimentas, y diversas piezas en madera. Detrás de estos hallazgos están las excelentes condiciones del suelo de Vindolandia, que ha conservado estos restos  prácticamente únicos.

El precio de la visita también es caro, unas 11 libras, que dan derecho a visitar todo el yacimiento y el museo, que tras algunos acuerdos con el Museo Británico, ha incorporado recientemente algunos de los magníficos hallazgos de Vindolandia.

También os puede interesar este otro artículo sobre la relación entre Adriano y Trajano:

A pesar de todo, Adriano convirtió en Dios a Trajano.

Más info: english-heritage

Imágenes:  english-heritage   commons.wikimedia

Los bagaudas de Basilio, los “indignados” del Bajo Imperio.

Se conoce como bagaudas a los integrantes de las revueltas campesinas, que sucedieron en el Bajo Imperio y en la Alta Edad Media, en especial en las Galias y en la Hispania Romana. Pese a esta descripción genérica, como veremos a continuación la situación era más compleja, sin olvidar la complicada interpretación de las escasas fuentes de la época y por supuesto la enorme descomposición del otrora Imperio Romano.

Contexto del siglo V en la Hispania Romana.

Tras la ruptura del limes germánico y en especial desde el año 409, el control político de la Hispania Romana ya prácticamente no pertenecía al emperador romano de turno, en este caso Honorio el hijo de Teodosio el Grande, el último emperador hispano. A lo sumo la única provincia hispana que parecía estar bajo la órbita de dicho emperador era la Tarraconensis, pero en el año 414 los visigodos encabezados por su rey Ataulfo se instalan en Barcino.

A pesar de que llegaron como protectores de las estructuras romanas,  como es sabido se acabaran convirtiendo durante el siguiente siglo en los dueños de la Península ibérica. Solo cuatro años después de su llegada a Barcino, es decir en el 418, consiguieron el reconocimiento romano como el primer reino bárbaro dentro del territorio geográfico del Imperio de Occidente. Su primera capital fue Tolosa, y los territorios asignados para su asentamiento fueron al otro lado de los Pirineos. Para desde allí poder ejercer un control del territorio que ya pudo venir bien al emperador Honorio, a sabiendas de que el peligro venía del norte, por lo que el nuevo reino Visigodo les podía ejercer de tapón de las continuas invasiones de otros pueblos bárbaros.

La Hispania alrededor del año 420

Lo sucedido el resto del siglo V fue una progresiva desintegración de las estructuras hispanorromanas. Mientras, emergían otras realidades apoyadas en costumbres aportadas por los pueblos bárbaros, que en definitiva acabarán dando los siglos posteriores  las conocidas realidades feudales. En este punto podemos añadir que la historiografía sigue debatiendo el protagonismo de los hispanorromanos en este cambio, bien desde la grandes domus del mundo rural o desde las mermadas ciudades romanas.

¿Quiénes eran los bagaudas?

Sobre los bagaudas, la historiografía actual también se encuentra en plena revisión sobre los datos aportados, por las escasas fuentes y la arqueología. Las cuales han llevado a la opinión generalizada que los protagonistas de estas revueltas no eran simples campesinos disgustados, o como mínimo no actuaron solos. Hoy día se piensa más bien que tuvieron un fuerte apoyo de las clases medias de las ciudades, a las que deberíamos sumar, los forajidos del sistema, los desocupados, o incluso los miserablemente asalariados.

Las revueltas surgen como una forma de protesta por la fuerte presión fiscal, de un Imperio que ya ofrecía poco a cambio, pero también para reivindicar una justicia social que se había ido perdiendo con la merma de las estructuras romanas. El foco de las miradas recayó en los dos poderes más visibles de estas estructuras, que además debían ser los protectores de las mismas. Por un lado los grandes propietarios rurales, y por el otro los escasos poderes civiles y militares de las ciudades, o en su defecto las cabezas más visibles de la religión.

Dada la escasez de fuentes es difícil conocer su imagen, pero posiblemente no fue muy diferente a esta.

Es decir, el campo de abono para las revueltas estaba bien preparado, los poderes de las ciudades escaseaban, los militares mal pagados pudieron incluso pasar al campo contrario. En dicho entorno el poder más fuerte lo constituían los obispos de las ciudades tardorromanas, pero estos tenían graves problemas que resolver; las controversias en el seno de una iglesia católica envuelta en luchas internas con los priscilianistas. Mientras, los grandes propietarios posiblemente estaban más cerca de los bagaudas de lo que se pudiera pensar, no en vano fueron los principales beneficios de estas revueltas, a menor poder central, mayor poder de los aristócratas rurales.

Basilio y los bagaudas de la Tarraconense.

Para comenzar señalar que lo poco que conocemos de este colectivo, se los debemos al obispo hispanorromano Hidacio, uno de los mejores cronistas de la Hispania tardorromana.

Las primeras noticias que surgen sobre los bagaudas hispanos corresponden al año 441, es decir prácticamente 30 años después de que sucedieran las primeras en las Galias. El foco parece estar muy concentrado en torno al curso medio del río Ebro, antes de la llegada de este Caesaraugusta. Estas primeras no parece que fueran muy importantes y rápidamente reprimidas por el general Asturio, mandado por el emperador Valentiniano III para reprimirlas. Parece evidente por la falta de mención de un dirigente, que fueron más bien escaramuzas poco organizadas.

Valentiniano III.

Pero el general romano a pesar de dar muerte muchos de ellos, no consiguió erradicar el movimiento bagáudico. No en vano las revueltas prosiguieron meses después, ahora el nuevo enviado para acabar con ellos fue el sobrino del primero. Su nombre Merobaudes, un militar hisparromano que curiosamente también era poeta.  Corría el año 443 cuando, según Hidacio, los bagaudas dirigieron su posición más al norte, ya que en el relato coloca un gentilicio a la palabra bagaudas, en este caso aracelitanos. Se especula que puedo ser o bien la actual Huarte-Arakil , situada en el sur de Navarra, o Araciel un pequeño enclave romano situado en las afueras de Alfaro en La Rioja.

El resultado fue el mismo de las primeras revueltas, los bagaudas fueron fuertemente reprimidos, pero no se consiguió acabar con ellos. Mas bien al contrario, ya que cuando vuelven a aparecer seis años después ya están plenamente organizados en torno a un líder sólido, Basilio el bagauda. El origen de este individuo es totalmente desconocido, se especula que pudo ser un militar, pero existiendo la posibilidad de que su origen fuera romano, visigodo o incluso suevo. Aunque otra gran mayoría defiende su origen civil dotado de un alto estatus social, hipótesis que de ser cierta podía significar un intento más de usurpación dentro de las estructuras del bajo Imperio.

El asesinato del obispo de Tarazona.

Nos encontramos ante el hecho más destacado de la revuelta de los bagaudas. En el siglo V, Turiaso la Tarazona romana, pasaba por ser una de las ciudades más importantes de la zona media del rio Ebro. Así lo atestigua la existencia de un obispado, dirigido en el año 449 por el obispo León. Su muerte a manos de los bagaudas ese mismo año, es vista como un ataque directo al poder más alto de dicha ciudad tardorromana.

Mapa de la zona en que actuaron los bagaudas

En aquellos momentos la iglesia recibía un alto porcentaje de los impuestos, para la construcción de los edificios de culto, es decir; basílicas, iglesias o palacios episcopales. Por lo que el hecho de su asesinato, es visto como una forma de establecer un poder dentro de esta ciudad, desde la cual poder actuar. Pero además poder financiar la causa de la revuelta, ya que es necesario recordar que los bagaudas buscan reconocimiento y sustento económico.

A partir del momento en que se hacen fuertes en una ciudad, ya no podemos hablar de unos simples “indignados”. Basilio y sus bagaudas debieron conformar un ejército dispuestos a cambiar el régimen establecido, que a buen seguro veían factible debido a las débiles estructuras romanas de la Tarraconensis. De esta manera los siguientes años siguieron las conquistas y los saqueos por toda la región del Ebro. Queda atestiguado su llegada a Caesaraugusta y posteriormente el asedio de la ciudad de Ilerda.

Pero el asedio de Ilerda no fue realizado en solitario, ya que contaron con la ayuda de los suevos, tras una especie de pacto entre Basilio y el rey de estos, Requiario. Ante el cariz que estaba tomando el asunto, el emperador romano Valentiniano III se ve en la necesidad de volver a pedir ayuda al reino visigodo de Tolosa. De esta manera en el año 454 el rey visigodo Teodorico II envía un ejército a la Tarraconense al mando del cual se encuentra su hermano Federico. El ejército visigodo actuando como federado, reprime la revuelta de los bagaudas. Las consecuencias parecen estar cada vez más claras, como se ha dicho con anterioridad los visigodos irán progresivamente ocupando el poder de una Hispania romana encaminada a la oscura Alta Edad Media.

Si os apetece completar información sobre la época, es muy recomendable el siguiente artículo:

Los pueblos bárbaros que acabaron con el Imperio Romano tenían un nombre

Imágenes: pinterest

Micenas el reino del mítico Agamenón.

Según Homero, el autor de la Ilíada y de la Odisea, Agamenón era hijo del rey micénico Atrio. Tras la muerte de este, Agamenón con la ayuda del rey de Esparta se hizo con el trono de Micenas, mientras, su hermano Menelao se convirtió en rey de Esparta al morir Tindareo. Es decir, ambos gobernaban dos de los pequeños reinos micénicos en un punto entre los siglo XIII-XII aC.

Como relata la Ilíada, Helena la mujer de Menelao es raptada por el príncipe de Troya. Dicha ofensa no se podía permitir, de tal manera que Agamenón reunió un gran ejercito entre los reinos micénicos y tras cruzar el mar Egeo se presentó en la ciudad de Troya. Diez años duró el asedio de la ciudad, hasta que un día tras la construcción de un gran caballo de madera, que consiguió engañar a los troyanos, los aqueos como los denominaba Homero, se introdujeron en la ciudad para arrasarla por completo.

Recreación de la entrada en Troya
Recreación de la entrada en Troya

Agamenón, siempre bajo el prisma de Homero, era el rey más valiente de los reyes micénicos, pero también el más despiadado, arrogante y cabezota. No dudo ni siquiera en entregar a  su propia hija para que fuera sacrificada en honor a la Diosa Artemisa, a cambio de que esta mediara en la buena marcha de la expedición a Troya.

¿Existió Agamenón?

Vaya por delante que afirmarlo a día de hoy sigue sin poder ser demostrado. Pero también podemos decir que desde el siglo XIX, la perspectiva sobre el mismo ha cambiado sustancialmente. Si en la Edad Moderna era conocido simplemente como un personaje de ficción, que nos fue presentado por Homero. Hoy día podemos señalar, que los descubrimientos arqueológicos a partir del siglo XIX, han abierto una ventana a la esperanza, de aquellos que como Heinrich Schliemann creen que la Ilíada pudo estar basada en hechos reales.

Heinrich Schliemann

Además podemos decir que dichos descubrimientos fueron gracias a este arqueólogo aficionado alemán, que no se contentó con pensarlo y quiso demostrar que los hechos de Troya y por lo tanto Agamenón fueron ciertos.

En primer lugar se dirigió a Hisarlik, un lugar en la costa de Turquía que desde principios del siglo XIX se suponía era la antigua Troya. Heinrich Schliemann llegó en el año 1870, desde entonces 140 años de excavaciones han demostrado que la ciudad homérica de Troya, si existió fue en dicho lugar.

Brian Cox interpretando a Agamenón en la película Troya (2004)

Cuatro años después el multimillonario alemán quiso demostrar donde se hallaba la morada de Agamenón. Por lo que se dirigió al destino que hoy conoceremos un poco mejor: Micenas un pequeño yacimiento arqueológico descubierto unos años antes por arqueólogos griegos, los cuales habían reconstruido la célebre Puerta de los Leones. Desde el año 1874, que llegó Schliemann, las excavaciones han ido dando sorprendentes descubrimientos, que ha día de hoy nos permiten suponer que si Agamenón existió, Micenas fue su hogar.

La civilización micénica.

Se conoce como mundo micénico la última cultura del bronce, que surgió entre los años 1600-1100 aC., en el territorios de la posterior cultura griega. Durante dicho periodo florecieron una serie de ciudades-estado autónomas regidas por una aristocracia guerrera. Con gran probabilidad entre ellas debió existir algunos lazos familiares que las unían, pero también enemistades que llevaron a un alto grado de violencia. Sobre este aspecto no queda demostrado, ni que fueran guerras internas, pero tampoco de que fueran causadas por un tercero.

Dichas ciudades-estado se distribuyeron por una amplia geografía, con especial incidencia en el Peloponeso, en el Ática y en Beocia. Pero también se localizaron algunas más al norte, o también en las islas cicladas, por último destacar que llegaron incluso a la costa de la Península de Anatolia. En los sustratos arqueológicos inferiores se localizaron restos de procedencia minoica, es decir de la primera cultura helénica de la isla de Creta.

Gracias especialmente a su escritura lineal B, conocemos a grandes rasgos su estructura social, que nos acerca si cabe un poco más a la leyenda de Homero. Cada pequeña ciudad estaba regida por un soberano (wanax), junto al cual una serie de compañeros (equetas) eran los encargados de llevar a cabo la dirección de la ciudad. También contaban con un jefe del ejército (lawagetas), que bien pudo ser el mismo soberano, puesto que evidentemente recayó en el supuesto Agamenón. Junto a ellos ya existían los terratenientes, pequeños propietarios y el pueblo llano que ya adquirió la denominación de Damos.

Micenas.

La ciudad de donde surgió el nombre de la civilización micénica fue encontrada en el siglo XIX, en la entrada al Peloponeso desde el continente. Por los restos encontrados podemos pensar que estamos ante la más rica de todas las ciudades micénicas.

Si atendemos a la mitología griega, Micenas fue fundada por Perseo uno de los hijos de Zeus. Sus descendientes reinaron sobre ella durante tres generaciones, el último de ellos fue Euristeo que murió sin dejar descendencia. Tras lo cual el “wanax” elegido fue Atreo el padre de nuestro protagonista Agamenón.

Arqueológicamente la zona está situada entre dos colinas, alrededor de unos  300 metros por encima del nivel del mar. Muy cerca del istmo que une el Peloponeso con el continente, por lo tanto era un punto evidentemente de control. Los restos más antiguos se remontan al segundo milenio aC. Pero no será hasta alrededor del año 1.700 aC., cuando empiecen aparecer las primeras tumbas monumentales. Su época de mayor esplendor coincide con la época micénica, en la misma entre los años 1.650-1.200 aC., encontramos las construcciones más significativas.

Circulo de tumbas B.

Construido aproximadamente sobre el año 1.650 aC., para acoger durante un siglo los restos mortales de la que debía ser la primera familia real de Micenas. Destacar que se sitúa a más de 100 metros de la entrada principal de la posterior ciudadela y que su diámetro era de unos 27 metros.

 Tras su descubrimiento en los años 50 del siglo XX, se hallaron en su interior 26 restos humanos, repartidos en 14 tumbas señalizadas con estelas, es decir que pudieron significar tumbas familiares. Queda demostrado que las ceremonias se realizaban en el interior del circulo, gracias a la localización de los restos de las ofrendas entre ellas pequeños animales.

Restos hallados en el Círculo B

Pero lo más espectacular fueron los diferentes objetos hallados y que denotan el pasado guerrero de Micenas. Dichos guerreros eran enterrados con sus espadas que en las empuñaduras presentaban oro y marfil, junto a las mismas se hallaban sus lanzas y diferentes adornos, como collares de oro o amuletos, sin olvidar la rica cerámica micénica. Aunque de todos los ajuares, podemos destacar uno que precisamente no correspondía a un guerrero, sino a una mujer que se deduce era hija de algún rey. Su vestido mortuorio llevaba incrustado oro y plata y fue enterrada con todo tipo de joyas, como collares, pendientes o diademas.

Círculo de tumbas A.

Descubierto por Schliemann durante sus primeras excavaciones. Su datación ha resultado posterior al círculo B, y prácticamente consecutiva, además podemos añadir que su utilización debió ser muy similar al anterior. Pero su localización en el interior de la ciudadela ha llevado a una evidente hipótesis de que fuera construida por otra familia real.

El círculo A junto a la puerta de los leones.

Si debemos buscar una originalidad entre los ajuares, podemos hablar de una espada con empuñadura de ámbar báltico, así como diferentes joyas con este material que desvela un contacto comercial con 3.000 km de distancia. Tampoco podemos dejar de hablar de la supuesta máscara de Agamenón, nombrada así por el propio Schliemann en su búsqueda del rey que venció a los troyanos.

La máscara de Agamenón

Puerta de los Leones.

La imagen por excelencia del yacimiento de Micenas. Aunque precisamente fue una de las últimas construcciones de la ciudad micénica, datada aproximadamente del año 1.250 aC. Se trata de la entrada a la ciudadela o espacio amurallado que contenía los principales edificios. La puerta en sí es una obertura prácticamente cuadrada de 3 metros, que en su tiempo contaba con dos enormes puertas de hoja construidas en madera. Son varios los motivos que llaman la atención, desde su profundidad de cerca de dos metros, al acabado del dintel superior, que para rebajar el enorme peso se optó por un triangulo de descarga, adornado con dos leonas, y no leones,  enfrentadas. Se apunta que fue el símbolo de la ciudad de Micenas.

Las murallas, realizadas como la Puerta de los Leones en el siglo XIII aC.,  son sin duda la parte más espectacular de la visita. Gracias a sus enormes muros ciclópeos, denominación acuñada en la antigua Grecia, al suponer que habían sido construidas por los míticos gigantes de un solo ojo.

El interior de la Ciudadela.

Desde la construcción de las murallas, los habitantes de Micenas vivieron intramuros.

En lo más alto de la ciudad destacaba el palacio de los reyes de Micenas, construido a partir del 1.350 aC., sobre tres terrazas. Destacar que contaba con las principales partes de cualquier palacio micénico, es decir almacenes, talleres y diferentes dependencias para la vida en palacio. A las que debemos sumar el gran patio central y el mégaron, el lugar donde el wanax recibía las visitas, dotado de un hogar central y cuatro columnas rodeando el trono real.

Recreación de la Ciudadela de Micenas

Otra de las partes más significativas fue el centro de culto, situado en el suroeste de la ciudadela. Durante los siglos XIV-XIII aC., se construyeron diferentes edificios superpuestos ente ellos, destacar que se unían con el palacio a través de la calle principal de la ciudadela.

En el noroeste de Micenas encontramos una de las construcciones más originales, se trata de una enorme cisterna subterránea, la cual se llenaba a través de unos conductos de terracota desde una fuente situada a 300 m. de la Ciudadela. Para evitar las filtraciones se selló con una doble capa de yeso de gran calidad, y contaba con una especie de filtro a base de piedras situado en la entrada del conducto. Quedo atestiguado que las murallas ciclópeas fueron modificadas en el siglo XIII aC., para que la entrada a la misma se ejerciera intramuros.

El tesoro del Atrio.

La entrada a la supuesta tumba de Agamenón

Dejamos para el final la construcción más espectacular de Micenas, para ello volvemos a las afueras de la ciudadela para encontrar la supuesta tumba de Agamenón. El tesoro del Atrio se considera una de las tumbas más espectaculares de la antigua Grecia.  Se trata de una cúpula con un diámetro de 14,60 m. y una altura de más de 13 metros, a la cual se entraba por un pasillo de 36 m. de largo por 6 de ancho. La puerta mide 7 m. de altura y algunas de sus piezas pesan 120 toneladas.  Construida entre los años 1.350-1.250 aC., a buen seguro fue utilizada por los reyes micénicos.

Posteriormente en el siglo II, Pausanias el viajero griego le asignó el nombre de Atrio, pensando que fue la tumba del primer rey de Micenas Atreo. Por lo que no es tan descabellado pensar, que si Agamenón existió posiblemente, sus huesos acabaran en esta tumba. Desgraciadamente fue saqueada muchos años antes de la llegada de la arqueología en el siglo XIX.

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Magno Máximo el “otro” emperador hispano del Imperio romano.

Antes de entrar en materia comentar que el entrecomillado de la palabra “otro” tiene su razón de ser. Para algunos, nuestro personaje no pasó de ser uno de más de los usurpadores del tambaleante Imperio romano de Occidente, para otros uno de los mejores generales romanos del Bajo Imperio. A lo que debemos sumar las leyendas medievales que lo colocan como uno de los primeros reyes británicos. Aunque después de conocer algo más su historia, tampoco es tan descabellado llamarlo emperador de occidente. En definitiva fue alzado por el ejército, algo muy habitual en especial desde la crisis del siglo III en el Imperio.

Una revisión al contexto histórico del siglo IV.

Para conocer un poco mejor, el cómo y dónde gobernó Magno Máximo entre los años 383-388, debemos mirar atrás en el tiempo. Concretamente alrededor del año 337, tras la muerte de Constantino el Grande, el imperio queda dividido en dos. Por un lado el Imperio Oriental, es decir Bizancio, bajo el mandato de Constancio II, mientras que la parte Occidental queda bajo su hermano e hijo también de Constantino, en homónimo Constantino II.

Pero no quedaron aquí las divisiones imperiales. Ya que a su vez el denominado Imperio Occidental queda dividido en dos partes, denominadas prefecturas. La más occidental de todas es la que precisamente nos atañe en el relato de Magno Máximo. Se trataba de  la denominada Prefectura de las Galias, que incluía cuatro diócesis; la Hispania, la Vienense, la Galia y la Britania. Añadir además que la capital fue instaurada muy cerca de la frontera con los pueblos bárbaros, en Tréveris.

La Puerta negra de Treveris, la entrada a la ciudad desde el año 180

La carrera de Magno Clemente Máximo.

En dicho contexto político y geográfico, nació Magno Máximo en la diócesis Hispana, probablemente en la provincia de Gallaecia, extremo este sin confirmar. Su familia, los Flavio, era una de las más importantes de la aristocracia hispana, por lo que Magno encaminó su carrera hacía el ejercito romano. A pesar de tratarse de un personaje bastante oscuro y poco conocido para la historiografía llegó a tener altas cotas de poder en el ejército romano.

Su primer destino importante le hizo coincidir con el que posteriormente sería su gran enemigo, nos referimos al emperador Teodosio el Grande. Ambos junto al padre de este último, el magister Teodosio, son enviados por el emperador occidental Valentiniano I a defender la frontera norte de Britania, en un periodo donde las incursiones de pictos y escotos debían ser muy frecuentes. A partir de ese momento, corría el año 369, Magno Máximo se comenzó a labrar el reconocimiento de sus soldados.

Teodosio el Grande en su supuesta ciudad de nacimiento Coca.

El siguiente destino de Magno y Teodosio (padre)  fue el norte de África. Su misión controlar la revuelta encabezada por Firmo, que se había proclamado emperador en el año 372, ante la impasibilidad del emperador Valentiniano I para controlar las tribus indígenas del norte de África. Luego, precisamente estas, se convirtieron en el principal aliado de usurpador africano en su lucha contra las tropas imperiales.

Tras la victoria en el norte de África aparece en la historiografía de nuestro personaje un lapsus de diez años, donde no se conocen noticias fiables del mismo. En dicho periodo sí que aparecen varios hechos significativos en el Imperio romano, entre otros la muerte en extrañas circunstancias de su mentor; Teodosio el viejo. Además tenemos que tener en cuenta, la terrible derrota del Imperio de Oriente ante los godos en Adrianópolis,  que abrió las puertas a Teodosio para que fuera proclamado emperador de Oriente. Junto a Graciano en Occidente son los dos emperadores que encontramos en la vuelta de Magno Máximo a la historia en el año 383.

La subida al poder de Magno Máximo.

Aunque algunas fuentes lo sitúan en el Danubio intentado controlar a los godos, lo más probable es que Magno Máximo volviera a Britania en el año 376, es decir tras la muerte de Teodosio el viejo. Allí se instalaría cerca de los puestos fronterizos del Imperio, ya que cuando se vuelven a encontrar noticias suyas es luchado de nuevo, para evitar las invasiones bárbaras desde el norte de la isla. Su liderazgo, en dicha defensa, le valió ser nombrado por sus hombres emperador del Imperio de Occidente.

Pero es evidente que debía refrendar su posición al frente del Imperio, y para ello debía dirigirse al continente. Graciano, el legítimo emperador de occidente, le salió al paso en las inmediaciones del actual París. Pero este no contaba con que propios  soldados le dieran la espalda, en definitiva todos debieron reconocer a Magno Máximo como mejor emperador dada sus dotes militares. Tras la traición Graciano decide volver a Italia, pero es atrapado y asesinado en las inmediaciones del Lugdunum (Lyon).

Existen muy pocas imágenes de Magno Máximo

Tras los hechos, Magno Máximo se instala en Tréveris con la intención de ejercer desde allí como emperador. Pero para ello todavía faltaba el reconocimiento de sus homónimos. El primero en dárselo fue Teodosio el Grande en el año 384, tras llegar a un acuerdo con su compatriota, ya que como es sabido Teodosio también era hispano. El acuerdo dejaba a Magno Máximo como emperador de la Prefectura de las Galias, a Valentiniano II como emperador del resto de occidente, es decir las dos diócesis itálicas y Panonia. Por último Teodosio como emperador de oriente. Tras el pacto estaba claro que estos dos últimos, necesitaban de Magno Máximo para la defensa del limes germánico. En este punto podemos añadir que Magno Máximo fue emperador entre los años 384-388, fecha esta última en la que encontró la muerte.

La ambición de Magno Máximo.

Como reza el subtítulo,  la ambición pudo con nuestro personaje, en definitiva no tuvo bastante con conformarse con ser emperador de la Prefectura gala y lo pagó bien caro. En la primavera del año 387 el ejército de Magno Máximo entra en la Península Itálica. Lo que debía ser una misión de apoyo al emperador Valentiniano II, en su lucha contra los alamanes que habían invadido la provincia de Retia, se convirtió en la conquista de Milán y la consiguiente expulsión del emperador occidental. El cual  se tuvo que exiliar en Oriente bajo la protección de  Teodosio el Grande.

Pero tras este movimiento el poder de Magno Máximo creció desmesuradamente. A parte de los territorios anexionados, su fuerza consistía en su enorme poder religioso, que había adquirido durante aquellos años en su defensa del cristianismo. Especialmente tras lograr que decapitaran a Prisciliano, uno de los primeros herejes de la historia, hecho que le sirvió para ser proclamado “defensor del cristianismo” y así ponerse a la altura de Teodosio en oriente.

Una imágen de la Iglesia galesa de LLanbeblig, se dice que es Magno Máximo actuando como rey de Britania.

Era evidente que Teodosio no lo podía permitir, a principios del año 388 reunió un gran ejército con la ayuda de Valentiniano II. Desembarcaron en Italia y derrotaron a Magno Máximo en  Aquilea, este último según algunas fuentes fue asesinado por sus propios hombres, aunque según otras fue decapitado por el propio Teodosio. Lo cierto es que tras la muerte de este emperador hispano poco reconocido, la diócesis que más alto precio pago fue Britania, ya que fue el principio de su denominada época oscura con la invasión de los pueblos bárbaros.

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