Cuatro batallas de Roma perdidas que forjaron un Imperio.

De todas aquellas frases que nos presentan a las derrotas como punto de aprendizaje para que lleguen las victorias, permitirme quedarme con la pronunciada por Ernest Shackleton. El explorador británico, tras ver la muerte de sus compañeros camino del Polo Sur y tras comprobar cómo el noruego Roald Amundsen les conseguía ganar la partida, dejó caer la siguiente frase:

 “los hombres no se hacen a partir de victorias fáciles, sino en base a las grandes derrotas”

Dicha frase sin duda se puede extrapolar al Imperio Romano, si bien es cierto, que con las victorias de las legiones romanas se consiguió expandir el territorio. Con las derrotas se forjó socialmente, políticamente y militarmente el Imperio más grande que ha visto el mar Mediterráneo. De todas estas derrotas que evidentemente fueron muchas, hoy nos quedaremos con estas cuatro.

La Batalla de Horcas Caudinas (321 aC.)

La primera de las grandes derrotas, o más bien la más deshonrosa, que sufrió la República de Roma fue durante las denominadas guerras Samnitas, sucedidas durante la conquista de la Península itálica.  A mediados del siglo IV aC., la República de Roma contaba con apenas los territorios del actual Lacio conquistados en las guerras latinas. Mientras, sus vecinos los Samnitas se localizaban en torno a las montañas del centro sur de Italia.

El principal motivo del conflicto vino de la necesidad de ambos de la conquista de las ricas tierras de la Campania. Los primeros en dirigirse hacia estas tierras para hacerse con ellas fueron los Samnitas, ante dicha agresión las autoridades de Capua, la capital de la Campania, fue la de entregar a Roma sus territorios. Ante tal sorpresa Roma se ve obligada a exigir a los Samnitas su retirada, la negativa de estos condujo a la primera de las tres guerras Samnitas (343-341 aC.)

El resultado fue confuso, posiblemente debido al temor mutuo de que su lucha fuera aprovechada por terceros, en el caso de los romanos el temor venia de los galos del norte, mientras que los Samnitas temían un ataque marítimo de los espartanos. De esta manera pasaron los años, mientras ambos contendientes se preparaban para el nuevo asalto.

Batalla-de-Horcas-Caudinas-Milek-Jakubiec
Batalla de Horcas Caudinas Milek Jakubiec

La nueva chispa saltó en el año 326 aC., en este caso por el control de Nápoles la ciudad fundada por los griegos unos siglos antes. Las primeras escaramuzas resultaron positivas para los romanos, que poco a poco iban conquistado nuevos territorios y sus ánimos se fueron enalteciendo.

 Ese fue su gran error, en el año 321 aC., los cónsules de Roma; P. Albino y V. Calvino consiguieron reunir un gran ejército, con el cual se dirigieron a la ciudad de Luceria. Las falta de previsión y la demasía de confianza llevaron a los ejércitos romanos a introducirse en el desfiladero de Horcas Caudinas, cerca de la actual ciudad de Montesarchio. Allí fueron sorprendidos por el ejército Samnita, que acorraló entre aquellas montañas a más de 30.000 romanos. Ante la imposibilidad de combatir, y de Roma de mandar refuerzos, los romanos se vieron en la obligación de rendirse. Esto supuso una de las mayores ofensas que sufrió la joven República de Roma, ya que sus soldados fueron invitados a abandonar el desfiladero sin armas y bajo las lanzas enemigas.

El pueblo Samnita evidentemente acabará pagando con creces tal ofensa, a pesar de que Roma sufrió para derrotarlos, en el año 290 aC., los Samnitas se ven obligados a firmar la capitulación, exhaustos ante una Roma que poco a poco fue consiguiendo el dominio de la Península Itálica.

La batalla de Cannas, agosto del 216 aC.

Sin duda, la más sonada derrota de Roma durante toda su historia, tuvo lugar durante la segunda de las guerras púnicas. Estas comenzaron  con la toma de Sagunto por las tropas cartaginesas de Aníbal en el año 218 aC. Luego tras pasar el invierno preparando la guerra, la suerte estaba echada.

Aníbal conocía  que los planes de Roma podían ir encaminados a la toma de Cartago, la capital africana del Imperio Cartaginés. Por lo que hizo buena la teoría que la mejor ofensa es un buen ataque, en una de las más célebres imágenes de la historia cruzó los Alpes en el mes de Agosto del año 218 aC., con él iban 50.000 hombres a pie, 9.000 a caballo y 37 elefantes. La intención de Aníbal era ir reclutando por el camino enemigos de Roma que se sumaran a su causa, a su llegada a Italia las primeras victorias elevaron su moral, y además contó con la ayuda de los galos, por lo que la reposición de cartagineses estaba asegurada.

El año siguiente, 217 aC., las victorias siguieron sonriendo al ejército cartaginés, que pronto vio como Roma podía caer a sus pies, pero posiblemente el temor a un largo asedio frenó las aspiraciones de Aníbal. Pero lo cierto es que todavía quedaba la mayor derrota de Roma pendiente.

Aníbal cruzando los Alpes, Mariusz Kozik
Aníbal cruzando los Alpes, Mariusz Kozik

Esta sucedió en el año 216 aC., E. Paulo y T. Varrón reclutaron en Roma el ejército más grande visto hasta ese momento, muy superior en número a sus rivales cartaginenses. Según los cálculos unos 80.000 romanos  se dirigieron hacia el Mar Adriático donde las tropas de Aníbal estaban acantonadas, mientras este último los esperó cerca de la pequeña localidad romana de Cannas. El enfrentamiento ha sido descrito como una de las más celebres victorias en un campo de batalla. Aníbal colocó la mejor caballería en las alas, mientras hacía ceder el centro, los mejores jinetes africanos  fueron encerrando a los romanos en un gran círculo. Tras interminables horas de batalla, dos pequeños destacamentos romanos con menos de 10.000 hombres, consiguieron huir. La mayor masacre de romanos en la historia acababa de suceder.

A partir de este punto entramos en uno de aquellos misterios que nos ha dejado la historia. Dos preguntas quedan en el aire;  ¿Por qué Aníbal no entró en Roma? ¿Por qué nunca llegaron los refuerzos hispanos, o griegos? Lo cierto es que 14 años después, Roma acababa con su gran rival de mediterráneo. El imperio comenzaba a expandirse fuera de Italia.

La Batalla de Carras, junio del 53 aC.

En el año 60 aC., se estrena lo que la historiografía ha denominado el primer triunvirato de Roma. Es decir una especie de pacto encubierto entre tres destacados generales romanos, véase, Pompeyo, Julio Cesar y Craso, para el control de una República de Roma sumida  en una interminable crisis política.

A pesar de las enormes diferencias entre ellos, consiguieron comandar los designios de la República hasta el año 55 aC., año en que se ven obligados a reunirse en Luca, para controlar los movimientos políticos de la clase más conservadora del Senado. Tras la renovación del pacto del triunvirato, Julio Cesar seguiría en la Galias, Pompeyo era designado para el control de Hispania pero ejerciendo desde la misma Roma a través de legados. Por último a Craso se le designó la administración de la provincia romana de Siria, es en este punto cuando empieza el problema.

Es evidente que era un pacto de poder, es decir tres culos para un solo sillón, el del trono imperial que en Roma se llevaban años barruntando. Por lo que cada cual debía ir presentando sus credenciales, Julio César las tenía de sobras presentadas con sus victorias en la Galias. Pompeyo pasaba por ser uno de los más destacados generales de los últimos 30 años, con diferentes actuaciones desde Hispania, hasta Asía y pasado por el norte de África. En cambio Craso desde sus éxitos en la rebelión de los esclavos de hacía cerca de 20 años, se había dedicado mayormente a ejercer asuntos políticos y económicos, por lo que necesitaba una gran victoria en el campo de batalla.

Batalla de Carras, Dariusz Bufnal
Batalla de Carras, Dariusz Bufnal

La elección del escenario para su gran victoria, no pareció estar muy bien escogido. El Reino de los Partos que se expandía entre los ríos Eúfrates e Indo, estaba conformando por una gran serie de tribus seminomadas, que entre sus diferentes virtudes se encontraba ser extraordinarios jinetes.

Tras preparar durante un año el asalto, en el año 53 aC., entres seis y siete legiones según las fuentes, atravesaron el río Eúfrates. Al principio parece ser que la táctica de los partos pasó por la pasividad, para conseguir que las tropas romanas se confiaran y tomaran más riesgos de los necesarios.  Sobre el mes de junio dichas tropas se habían alejado en exceso de las fuentes de aprovisionamiento, y ese fue el momento elegido por las tropas partas para caer sobre el rival. En un lugar cercano a la actual ciudad turca de Altinbasak, la movilidad del ejército parto rompió la férrea estructura de las cohortes romanas. La sed, el hambre y el fuerte calor hicieron el resto.

El resultado más de 20.000 muertos, incluido el propio Craso, tras ser hecho prisionero y ejecutado en el campo de batalla, además de 10.000 desaparecidos que se convirtieron en la célebre Legión Perdida. Sin contar que tuvieron que pasar unos 150 años para que el mayor conquistador de Roma, Trajano, se hiciera con los territorios partos.

La matanza de Teutoburgo en el 9 dC.

Nos encontramos ante la única de las batallas que presentamos hoy, que ocurrió durante el recién estrenado Imperio romano. Tras la llegada al poder de Augusto en el año 27 aC., se desvelaron sus planes respecto a la zona norte del Rin. Estos pasaban por establecer una nueva provincia romana, denominada Germania, aunque de facto nunca se llegó a hacer debido entre otras causas a la matanza de Teutoburgo.

En el año 7 dC., Augusto envía a Quitilio Varo, hombre de confianza y yerno de Agripa, al mando de tres legiones al interior de los territorios germanos, con la labor de pacificar y consolidar dicha provincia. El modus operandi de estas legiones era ocupar dicho territorio durante los veranos, para ir consolidando las tradiciones romanas y de paso ejecutar los correspondientes impuestos imperiales. Tras el verano y ante la llegada del crudo invierno las legiones se retiraban a los  reforzados campamentos  en torno al río Rin.

Batalla de Teutoburgo, Milek Jakubiec
Batalla de Teutoburgo, Milek Jakubiec

El verano del año 9, no fue diferente, el mes de septiembre las tres legiones romanas inician la tradicional vuelta a las bases, pero un hecho cambiará su destino. Uno de los auxiliares de Quitilio Varo, el teutón Arminio, le avisó de una rebelión de varios pueblos germanos en una zona situada al sur del camino de vuelta. Como buen conocedor del lugar, este último aconsejó al legado romano como podían ser controlados, pero para ello debían desviar su camino para pasar por un bosque, hoy día denominado Kalkriese. Al llegar al bosque, las persistentes lluvias y la espesa vegetación hicieron imposible la defensa romana ante los bárbaros teutones.

La masacre fue una de la humillaciones más grandes del Imperio, de 20.000 hombres se cuenta que alcanzaron el río Rin escasamente 80 legionarios. El propio Varo parece ser que se suicido para no tener que presentarse ante Augusto. Desde ese momento la decisión de establecer el limes germánico en el río Rin se convirtió en una solución sin vuelta atrás. Solo con el inciso de la venganza protagonizado por el general romano Germánico al someter a diferentes tribus y volver a Roma con los estandartes de las legiones que quedaron en el Bosque de Teutoburgo.

Más info:

Diccionario de batallas de la historia de Roma (753 a.C.-476 d.C.) Julio Rodríguez González, ed. Almena 2017.

Historia Antigua Universal III, historia de Roma, varios. Ed. Uned, 2008

Imágenes:

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