Anfiteatro romano de Arles, qué poco hemos cambiado.

En el año 123 aC. la República de Roma se hace con el control de la pequeña población celta de Arelete. Es precisamente en esa época cuando se establece la provincia de la Galia Narbonense. Además desde un principio aquella pequeña ciudad estaba destinada a ser un lugar importante para los romanos. Especialmente en el aspecto comercial, tras las obras en el año 104 aC. en las cuales se lleva a cabo un canal que unía la ciudad con el rio Ródano y así poder llegar desde la misma al mar Mediterráneo.

El siguiente impulso le llegará en el año 45 aC. al ser premiada por Julio Cesar con el titulo de Colonia. Detrás de este premio esta la ayuda de la ciudad a Julio Cesar en sus guerras civiles contra Pompeyo. Además otro hecho se vendrá a sumar, en concreto la pérdida de importancia de la capital de la Galia Narbonense, Narbona, en este caso por su apoyo al rival, Pompeyo. En vista de este apoyo se convertirá en sede de la Legión VI.

El anfiteatro de Arlés.

Aún y así nuestro protagonista deberá esperar hasta el año 80 dC. para que comenzará su construcción. Pocos meses después de acabar el Coliseo romano, el anfiteatro romano de Arles comienza su andadura. Si  nos fijamos en el mismo es prácticamente una copia del edificio romano, pero en reducidas dimensiones, aunque cuando fue terminado tenía una capacidad de 25.000 espectadores. Esta perfectamente documentado que fue usado hasta finales del Imperio Romano, para los cometidos habituales de este tipo de edificios. Dicho brevemente, luchas de gladiadores, luchas contra animales y por supuesto la mayor parte de festejos de los emperadores, en especial los de  Constantino I.

Tras la caída del Imperio Romano hubo intentos de utilización por reyes francos como  Childeberto I. Pero acabará sucumbiendo a la oscura Edad Media, ya que durante dicho periodo se construyeron en su interior 200 viviendas y 2 pequeñas iglesias. Este hecho posiblemente le salvó de la ruina y el expolio que otros edificios clásicos han sufrido en la Edad Media.

Pero en 1825 el alcalde de la ciudad, el Barón Chartrouse, decide recuperar el anfiteatro de Arlés para su uso público. Tras la expropiación de las 200 viviendas lleva a cabo las obras necesarias para la reutilización del mismo. Solo cinco años después, en 1830, el restaurado anfiteatro se inaugura con la celebración de la toma de Argel. Desde entonces el recinto a acogido múltiples actividades como conciertos, obras de teatro y espectáculos de todo tipo.  Pero su actividad principal han sido las corridas de toros, sin ir más lejos su nombre actual hace honor a esta actividad, Las Arenas de Arlés.

Una pequeña reflexión a la reutilización  de Arlés.

Realmente mi visita a Arlés me llevó a reflexionar sobre la utilización, que las autoridades de la ciudad han dado al monumento romano. Para comenzar he  de confesar que no me considero un antitaurino, aunque respete la postura, pero tampoco me puedo considerar un seguidor de la fiesta. Dicho todo esto, debo decir que tras salir del Anfiteatro de Arlés reconozco que sentí una especie de rechazo al ver una plaza de toros en su interior, pese a saber de ella previamente.

Unos días después empecé a verlo de otra forma. Para ello lo principal es evadirse del controvertido tema sobre: “toros si, toros no”, ya que no nos atañe juzgar ese tema, al menos en el contexto de reflexionar sobre su reutilización.

El uso continuado de un espacio con cerca de 2000 años de historia, le reporta al mismo, unos trabajos de mantenimiento que han llevado, en este caso al Anfiteatro de Arlés, a un magnifico estado de conservación. Dudo realmente que este hubiese sido posible de no haber hallado esta fórmula de rendimiento económico del mismo. Os dejo algunas imágenes  que demuestran su buen estado de conservación.

Por otro lado y volviendo al título, “qué poco hemos cambiado”, la utilización del mismo. Aunque pueda levantar discrepancias, es la misma que hace diecinueve siglos. En pocas palabras en la arena de Arlés se sigue viendo un espectáculo con los mismos ingredientes tanto estéticos como morales, que tenía en el Imperio Romano.

Por último antes de despedirme un par de cosas, en primer lugar invitaros a dar vuestra opinión sobre este tema en el apartado de comentarios. En segundo lugar daros a conocer la utilización, que supongo que os gustará, de las Arenas de Arles durante la segunda quincena del mes de Agosto. Se trata de uno de los festivales más importantes del sur de Europa de recreación romana, su nombre Arelate.

Ahora ya sí, termino recordando que el precio de la entrada es de 9€, aunque lo mejor es coger el pase conjunto con otros monumentos romanos, como el teatro, las termas de Constantino y los criptopórticos, el precio es de 16€. Además de regalo la entrada al Museo Arqueológico de Arlés en las afueras de la ciudad.

6s comentarios

  1. Excelente información y publicación, creo que si se hubiera hecho esto mismo con todo lo de las culturas y civilizaciones antiguas, tendríamos maravillas que disfrutar.

    1. Totalmente de acuerdo, en especial las construcciones romanas, podían seguir dando un servicio a la sociedad. En definitiva como dice el articulo, seguimos siendo romanos.

  2. Muchísimas gracias por el artículo. Lamentablemente, conservamos algunas de las peores tradiciones romanas; pero, afortunadamente, seguimos siendo latinos en muchas de nuestras mejores facetas culturales. Enhorabuena.

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