Los almohades y el Alcázar de Jerez de la frontera.

A mediados del siglo XII, el imperio almorávide que controla al-Ándalus se encuentra prácticamente desmembrado. El emir Alí ibn Yusuf ante el empuje de los reyes cristianos de Aragón, de Castilla, y apoyados por los cruzados del Papa Inocencio II, decide centrar sus esfuerzos en el norte de África. En definitiva era allí donde este tenía su peor enemigo, los almohades. Estos últimos, dispuestos a recuperar el territorio perdido por el islam en la Península Ibérica, cruzan el estrecho en el año 1146. Uno de sus primeros lugares en conquistar Sherish, como llamaban los musulmanes a la ciudad que hoy conocemos como Jerez de la Frontera.

Los almohades.

En el año 1106 a la edad de 26 años, Ibn Tumart, inicia un recorrido por el mundo islámico. El primer lugar que recaló fue Córdoba, sin duda uno de los centros del saber más importantes de la época, tras instruirse en la doctrina de Ibn Hanz se dirigió, como buen musulmán, a La Meca, y finalmente a Bagdad. Doce años después estaba preparado para volver, en su zurrón una nueva teoría para el islam. Nada más volver empezó a predicar sobre la vuelta al islam más puro, acusó a los almorávides de politeístas y ateos, haciendo un llamamiento a los fieles para oponerse a ellos.

Para ocultarse de los almorávides fundó un ribat en las montañas del Atlas, desde allí organizó esta nueva comunidad, mitad religiosa, mitad militar. Varias tribus de las montañas se unirán al nuevo líder del Islam en el Magreb, según el mismo, descendiente del propio Mahoma. Pronto sus seguidores comenzarán a llegar a las ciudades, su misión difundir las nuevas doctrinas de Ibn Tumart y de paso contralar el cumplimento de las doctrinas del Corán.

Abd al-Mumin era el líder militar necesario que necesitaba la causa. Esta no era otra que lanzar la Yihad contra el infiel en este caso el Imperio Almorávide. A pesar de la muerte del líder religioso, unida al primer fracaso de no poder conquistar la capital almorávide en 1130, el proceso era irreversible. Como ha quedado dicho en 1146 llegan a la Península, una de las primeras plazas en entregarse fue Jerez de la Frontera. Finalmente un año después, la capital Marrakesh, cae bajo el dominio almohade, de esta manera Abd al-Mumin se convierte en el primer califa almohade de al-Ándalus.

Los almohades en Jerez.

Aunque esta época se considera bastante oscura en cuantos a fuentes, lo evidente es la fuerte islamización de la ciudad de Jerez. Al menos 18 mezquitas existían en la ciudad un siglo después cuando llegaron los cristianos. Por cierto de todas solo se ha mantenido la del Alcázar de Jerez, el hecho se lo tenemos que agradecer a Alfonso X el Sabio, que la convirtió al culto cristiano.

A pesar de que la capitalidad de al-Ándalus recaerá en Sevilla, Jerez de la Frontera fue la capital de la Cora de Sidonia y una de las ciudades más importantes del sur peninsular. Destacar que se convirtió en uno de los centros de enseñanza de muladíes, gracias a la construcción de varias escuelas coránicas. Parece ser que el propio califa se dirigía a Sherish, con el sobrenombre de “los primeros creyentes”, no en vano como hemos dicho fue uno de los primeros lugares en la península en acatar la imposición del nuevo Califato Almohade.

Su posición a mitad de camino entre el estrecho de Gibraltar y la capital Sevilla, parece ser la razón para convertirse en uno de los puestos militares con los que contaron los califas almohades. La ciudad de Jerez, que quedó completamente amurallada, fue uno de los centros de reclutamiento principales para relanzar la Yihad en el al-Ándalus.  Aunque será en el mandato de Yúsuf I, el Califa culto, amigo de Averrores, que vivió en Sevilla y proyecto la construcción de la Giralda. Ha quedado constancia también de su paso por el Alcázar de Jerez de la Frontera, lugar habitual de alguna de sus reuniones.

Detalle del ventanal de la Real colegiata de Roncesvalles, donde se observa la Batalla de Navas de Tolosa

La historia de los almohades en al-Ándalus es una historia de victorias como la de la Batalla de Alarcos, donde el Califa Al-mansur derrotó al rey de Castilla Alfonso VIII para frenar la reconquista, “la conquista para otros”. Pero también de derrotas como la de la Batalla de Navas de Tolosa en el año 1212, donde el sucesor de aquel, el Califa  Muhámmad an-Násir cayó derrotado ante la coalición formada por los cuatro reinos cristianos de la Península Ibérica, véase Castilla, Aragón, Navarra y Portugal. Esta última fue el inicio de la inexorable caída del Imperio Almohade en Al-andalus.

Pese a la caída de Córdoba en 1236 y la de la capital Sevilla en 1248, Jerez de la Frontera continuó bajo el dominio árabe hasta aquel día del 9 de octubre de 1264.  Ese día tras cinco meses de asedio por parte de las tropas castellanas, Alfonso X el Sabio entró en el Alcázar de Jerez de la Frontera para convertirla desde ese momento en cristiana. Parece ser que mientras Alfonso X entraba por la puerta de Rota a la ciudad, por la del otro costado, la Puerta Real, salían todos y cada uno de los habitantes de la misma, algunos, camino de Granada, y los otros al Norte de África. Tras lo cual el rey castellano mandó repoblar Jerez de la Frontera.

Alfonso X en el Alcázar de Jerez de la Frontera

Afortunadamente para nosotros, antes de ser expulsados de la Península, los almohades dejaron su impronta en el arte, ya que gracias e ellos podemos disfrutar de una Giralda, y de una Torre del Oro en Sevilla, y de nuestro protagonista de hoy el Alcázar de Jerez de la Frontera.

El Alcázar de Jerez de la Frontera.

Cuatro siglos después de la llegada de Alfonso X, la familia Villavicencio se hace con la titularidad del antiguo Alcázar árabe. A partir del siglo XVIII se inicia la construcción de algunos de los edificios que hoy día se pueden visitar. De esta época es muy recomendable el Palacio de Villavicencio, donde se encuentran algunos espacios museizados, como una farmacia del siglo XIX, y una Cámara Oscura desde donde se contempla toda la ciudad.

Pero si lo que nos interesa es el periodo almohade, el edificio no nos defraudará. Uno de los primeros lugares que podemos visitar es la puerta original del Alcázar durante los comentado siglo XII-XIII, veremos la típica entrada en recodo por motivos defensivos y a además rematada con un arco de herradura.

Justo al lado encontraremos, perfectamente restaurada la Mezquita antes referida. Además con todos sus elementos, desde un pequeño minarete desde donde se llamaba  a la oración, a una antesala o patio previo, donde a través de una fuente se procedía  a la purificación antes de entrar, también denominada Ablución. Tras lo cual se pasaba a la sala de las oraciones, con la quibla y el mihrab que señala la dirección de la Meca. Por sus reducidas dimensiones debía ser un espacio privativo del wadi de Sherish.

Después de traspasar el Patio de Armas medieval, y los jardines, que a pesar de mantener la estructura original almohade han sido restaurados, llegaremos a una zona donde se efectúan todavía actuaciones arqueológicas. En la misma se han encontrados los restos más antiguos del Alcázar, datados en el siglo X, es decir en la primera época Califal. Junto a los mismos existen algunos de la época almohade en cuestión, como unos aljibes y norias para la extracción de agua, y un horno de pan.

Puerta de entrada desde la Medina
Mezquita
Recreación de las norias de extracción de agua

El siguiente destino de la visita es sin lugar a dudas el más bonito de la misma. Los baños árabes, también de uso privativo del Alcázar, que además de las tres zonas habituales de agua fría, templada y caliente, tenían un techo con huecos en forma de estrella, sin duda ofrecerían un espacio singular. En el mundo árabe los baños constituían un lugar especial, a buen seguro este techo con estrellas les recordaba las noches del desierto. En este punto aplaudir a los restauradores del Alcázar, ya que tuvieron a bien, poner en valor el hallazgo de unos restos del techo original, para mostrárnoslo de esta forma tan especial.

Baños Árabes
Hornos para el calentamiento del agua de los Baños Árabes

No muy lejos de estos baños, encontraremos el único lugar de todo el conjunto que sirvió de residencia. Se trata de una sala cuadrangular que debió servir como lugar de reunión o protocolo, en cada uno de los costados una puerta que daba a unas pequeñas habitaciones privativas. Aunque hoy día se la denomina Pabellón Real, no existen muchas posibilidades de que esa hubiera sido su función, al menos en el mundo almohade.

Por último visitaremos las dos torres que se mantienen de la época almohade. La primera de planta cuadrada, denominada Torre de la Puerta del Campo, que era precisamente su función, ya que servía para proteger una de las entradas al Alcázar. Y por otro lado, la torre planta ortogonal, con sus 21 metros de altura servía para el control del territorio, sus vistas son las mejores de todo el complejo.

Paso de Ronda y al fondo la Torre Octogonal

Si os ha gustado esta historia, podéis echar una vistazo a esta otra:

Gormaz, la fortaleza califal más grande de Europa, obra de Al-Hakim II

Más info:

Historia de la España Islámica, W. Montgomery Watt, 1965

Historia de Jerez de la Frontera, José Luis Repetto Betes, 1987

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