Alamut, la mítica fortaleza de la secta de los asesinos.

Nos dirigimos a las montes Elbruz, frontera natural al norte de Irán entre el Mar Caspio y la meseta iraní. Para conocer los restos, situados a más de 2000 metros sobre el nivel del mar, del que fue uno de los lugares más misteriosos, a la vez, que temibles de la toda la Edad Media. La mítica fortaleza de Alamut, conquistada a finales del siglo XI por la denominada “secta de los asesinos”, y reconstruida para convertirla en su sede.

Los restos de la fortaleza de Alamut

Los Nizaríes.

Podemos decir que es el nombre de Nizaríes, es él que la historia ha asignado a esta secta de los asesinos, mitad leyenda, mitad realidad.

Pero para conocerlos un poco mejor debemos remontarnos a los primeros tiempos del islam, tras la muerte de Mahoma en el año 632, se producen las luchas sucesorias. Por un lado los partidarios de Ali ibn Abi Talib, yerno de Mahoma tras casarse con Fátima la hija del profeta, a partir de entonces conocidos como Chiitas. Por otra el resto, denominados sunitas, descendientes de las tribus de Mahoma. Mientras los primeros legitimaban su posición como herederos del profeta, los segundos se apoyaban en la condición tribal de sucesión, se hace evidente que los sunitas serán siempre mayoría respecto a los chiitas.

A pesar de las disputas internas, el islam se expandió muy rápidamente los siguientes años. Hecho que llevó a la conversión de los nuevos pueblos conquistados, entre ellos por ejemplo, los antiguos persas que añadieron al islam sus antiguas creencias zoroástricas. Este aspecto no fue bien recibido por los sunitas ortodoxos, por lo que los nuevos conversos a parte de acercarse a las posturas chiitas, comenzarán a reunirse secretamente para preservar sus más antiguas tradiciones. Tras lo cual, estas últimas y su adaptación al Corán dejado por Mahoma, llevará al nacimiento de grupos secretos que llegaran a conseguir altas cotas de poder en el mundo islámico.

Mezquita de Kairuan, primera capital de la dinastía chiita de los Fatimí

La clave de estos grupos parece ser que estuvo en el alto nivel intelectual y educativo que adquirieron, hecho que les permitió viajar por los territorios islámicos, uniendo continuamente fieles a la causa chiita. Aunque concretamente a una nueva rama del chiismo conocida como los ismaelíes. Su llegada al poder ocurre en al año 909, tras la conquista de los territorios del actual Túnez y la instauración de la dinastía Fatimí, la capital elegida para ello Kairuán.

La llegada de los nazaríes a Alamut.

La dinastía fatimí llegará con el tiempo a conquistar gran parte de los territorios islámicos, en especial en el norte de África y una gran franja costera de la península Arábiga. Años después una nueva dinastía vendrá a sumar esfuerzos a la causa chiita, los búyidas, originarios precisamente de la zona de nuestra protagonista la fortaleza de Alamut, y que tomarán el control de una de las capitales del Islam, Bagdad. Ambas llevaron al chiismo a la época de mayor control de islam, que está rama ha tenido en toda su historia.

Pero como ya hemos comentado el sunismo siempre fue mayoritario y nueva dinastía vendrá a corroborarlo, en este caso los vecinos del norte y nuevos conversos, los turcos Selyuquíes. Los cuales en el año 1055 se harán nuevamente con el control de una de las capitales del Islam, Bagdad. Este hecho, junto al caldo de cultivo de los tres siglos de disputas religiosas, fue el entorno que encontró un joven estudiante persa a su llegada a El Cario, su nombre Hasan Sabbah el fundador de la secta de los asesinos.

Hasan Sabbah

Tras su formación en las antiguas tradiciones ismaelíes en la capital chiita del Islam, un El Cairo, venido a menos por diversas crisis económicas. Hasan Sabbah inició un nuevo reclutamiento de fieles, que le llevó a la toma de la fortaleza de Alamut en el año 1090, convirtiéndola en la sede de la secta de los Nizaríes. Por cierto cuando nuestro personaje toma la fortaleza, ya no es aquel joven estudiante sino “el viejo de la montaña” o “el señor de las dagas”.  A pesar de este último apelativo, se dice que dicha toma no fue por la fuerza, sino gracias a la persuasión, el engaño, y las grandes habilidades de los miembros de esta secta. Lo cierto es que a partir de ese momento inician su lucha particular para acabar con los enemigos del chiismo más radical, pero lejos de las guerras y con métodos muy particulares.

Los restos de la fortaleza, son un lugar muy visitado en la actual Irán.

Las víctimas de la secta de los asesinos.

Es evidente que la primera víctima, al menos importante,  fue un dirigente sunita, en concreto el visir Nizam al-Mulk, conocido por ser el impulsor de las reformas administrativas que organizaron el nuevo Imperio Selyuquíe. Su asesinato está envuelto entre las leyendas y la realidad, se dice que en mitad de un viaje entre las ciudades de Bagdad e Isfahán un miembro de la secta de los asesinos acabó con su vida, tras clavarle su daga.

Nizam al-Mulk

Las conjeturas comienzan al intentar encontrar un promotor a dicho magnicidio, ya que muchas miradas apuntan al sultán Malik Shah I, en el poder en aquellos momentos, la causa a la que se suele acudir, los celos por el poder del visir asesinado. Pero no acaba aquí la historia, ya que un mes después el sultán es encontrado muerto en su cama, tras ser víctima de un envenenamiento, el culpable parece ser uno de sus sirvientes, la mano escondida es de la secta de los asesinos. Las consecuencias parecen dar la razón a la vía de los que apuestan por los Nizaríes de Alamut, no en vano ambos asesinatos propiciaron el final de los Selyuquíes en Oriente Próximo, al producir una gran fragmentación.

Las siguientes victimas importantes de la secta de los asesinos vendrán desde el lado cristiano. Pese a que al parecer,  al final llagaron grandes acuerdos entre los guerreros de Cristo, encarnados por las órdenes Templarías y Hospitalarias principalmente, el camino a los mismos no estuvo falto de obstáculos. La primera de las victimas cristianas de las que se tiene presente, fue el Conde de Tripolí Raimundo II, los motivos como en gran parte de los asesinados por la secta, un misterio, aunque se especula con las desavenencias con su esposa, que a la postre se hará con el control del condado. Pero también se sospecha de los caballeros Templarios, ya que tras la muerte de Raimundo II se convertirán en dueños de algunas fortalezas que custodiaban los Hospitalarios, los preferidos por el Conde asesinado.

Pero sin duda la más célebre de las victimas Nizaríes es Conrado de Montferrato, rey de Jerusalén, por unos días. Su matrimonio de conveniencia con la heredera al trono, Isabel de Jerusalén, le elevó hasta tan ansiado puesto.  A pesar de que la ciudad santa ya había caído en manos musulmanas unos años antes y los cristianos solo controlaban una escasa franja cercana al Mediterráneo, seguía siendo un puesto de honor entre los reyes cristianos.

Volviendo al personaje de Conrado I, el puesto le duró menos de una semana, ya que fue asesinado por dos Nizaríes mientras regresaba a casa. Uno de ellos hecho prisioneros culpo al rey inglés Ricardo Corazón de León, según el asesino para devolver el puesto real a su protegido Guido de Lusignan. Hecho que nunca fue probado, y esto sirvió para diferentes conjeturas, incluso que había sido orden de Saladino, el nuevo rey musulmán de Jerusalén.

La caída de la fortaleza de Alamut.

Fueron muchos los asesinatos que la secta de los asesinos llevó a cabo en sus cerca de dos siglos de historia, pero uno de ellos parece ser que le repercutirá en el inicio de su ocaso. En 1241 muere el segundo hijo de Gengis Kan, Chagatai, que heredó de su padre los territorios más próximos al islam, no existen pruebas pero se culpa a los Nizaríes. Pocos años después Hulagu, nieto de Gengis Kan y por lo tanto sobrino de Chatagai decide vengarse de la secta de los asesinos. Se dice que el ejército que reunió fue uno de los mayores de la historia de los mongoles, su propósito era acabar con la secta de los asesinos, para tener vía libre y conquistar el moribundo Imperio abasí de Bagdad.

Un lugar a simple vista difícil de conquistar.

Parece ser que poca resistencia pudieron ejercer los Nizaríes ante las huestes mongolas, el por entonces líder de la secta de los asesinos,  Rukn al-Din entregó Alamut a cambio de su rendición. Pero Hulagu no se contentó, arrasó la fortaleza y con ella una de las mejores bibliotecas de la Edad Media, corría el año 1256.

Aunque queda claro que no fue el final de la secta, los supervivientes se dispersaron por el islam y bien es sabido que siguieron cometiendo asesinatos selectivos, uno de los cuales pudo ser Eduardo I de Inglaterra, que se salvó por los pelos.

Fábulas, historias y literatura sobre los Nizaríes.

Tras la exposición del relato queda claro que la secta de los asesinos, es una vez más una de las múltiples historias de la Edad Media, a camino entre la ficción y la realidad. Se ha escrito mucho sobre ellos, algunas fuentes dicen que para reclutar gente los lideres Nizaríes usaban las mismas drogas, que los sus súbditos para cometer los asesinatos.

La mítica fortaleza a los ojos de los creadores de Assasin’s Creed

El primero en trasmitir su historia a los europeos fue Marco Polo, aunque parece ser que la debió conocer más bien a través otros, ya que no puede ser cierta su estancia en Alamut. Es preciso recordar que el mayor viajero de la Edad Media nació en 1254 y su viaje a tierras asiáticas se inició en 1271, años después del final de Alamut. Pero la referencia más clara de los asesinos de Alamut nos llegó en 1938 con la sensacional novela de Vladimir Bartol, Alamut. Por cierto y para concluir, inspiradora de uno de los videojuegos que más sensación han causado en los últimos años, Assassin´s Creed.

La entrada a la fortaleza en la actualidad.

Mas info: Alamut, Vladimir Bartol, 1938

Imágenes: commons.wikimedia

Caminando por los teatros romanos de la Antigua Hispania (II)

Debemos comenzar recordando que este artículo tiene uno previo, que podéis encontrar en el siguiente enlace: teatros romanos (I)

Con la llegada al poder de Augusto, como primer emperador de Roma, en el año 27 aC. Se producirá uno de los episodios más importantes, para el desarrollo de la cultura romana en el Mediterráneo. La denominada Pax Romana, fue un periodo de relativa paz y estabilidad, que comenzó con el hecho simbólico de cierre de las puertas del Templo de Jano, por parte de Augusto, tras su regreso de las guerras Cántabras. Antes de continuar y para conocer mejor este periodo, me gustaría recomendaros este estupendo artículo de mi amigo Javier Nero, no dejéis de leerlo: legionixhispana

En definitiva y para el asunto que nos atañe, durante el mandato de Augusto (27 aC.- 14 dC., al menos entre nueve y diez teatros romanos fueron construidos en Hispania. De algunos ya hablamos en el primer capítulo, el resto espero que os quedéis a conocerlos

El primer emperador de Roma, Augusto.

Teatro romano de Itálica, (Santiponce).

En el año 206 aC., en plena 2ª Guerra Púnica, y tras la victoria de Escipión contra los cartagineses en la Batalla de Ilipa, se decide la construcción de una nueva ciudad romana para acoger a los legionarios heridos o jubilados. El lugar elegido fue la margen izquierda del río Guadalquivir, sobre algún antiguo poblado turdetano. Esta nueva ciudad nació para ser una de las más importantes de  la Hispania romana, y para convertirse en cuna de emperadores romanos como Trajano y Adriano.

Pero la construcción del teatro deberá esperar al menos 200 años, a caballo entre los siglos I aC.-I dC., además podemos añadir que hasta el descubrimiento en los años 80 de una edificación que posiblemente fue la Curia de la ciudad, nuestro protagonista fue conocido como el edifico civil más antiguo de Itálica. Su  construcción se llevo a cabo aprovechando la ladera del cerro de San Antón, aunque bajo los cánones de Vitrubio, con una Cávea que podía acoger más de 3000 personas, en la cual se observa perfectamente la disposición por clases de los ciudadanos con tres claras divisiones, Summa, Media e Ima. Una de sus principales curiosidades reside en una pequeña capilla destinada al culto de Isis, la diosa de tradición oriental, que situada en uno de los pórticos fue mandada a construir en tiempos de Adriano.

El teatro romano de Itálica, desde el mirador.

A pesar de que el yacimiento de Itálica es conocido desde siempre, al hallarse fuera del núcleo principal de la población de Santiponce, el teatro romano no fue encontrado prácticamente hasta el siglo XX, debido a su situación en el interior de la misma. Aunque hubiese indicios de su localización desde el siglo XVIII, tras hallarse diferentes esculturas, será en 1940 cuando se lleve a cabo las primeras excavaciones. Concretamente se halló una zona de la Cávea, en el interior de un corral situado en una casa de la colina. Aunque las campañas más proliferas de la  excavación fueron entre los años 1970-1973, cuando se pondrá en valor uno de los teatros romanos mejor conservados de la Península Ibérica.

A pesar de ello hoy día no es visitable, según me comentaron en la oficina de turismo de Santiponce, debido a la falta de medios económicos. Aunque se puede conocer desde un mirador cercano, siempre y cuando no sea en verano, ya que en esas fechas está cerrado debido a la principal actividad del teatro romano de Itálica. En concreto, el festival de teatro clásico de Andalucía, donde Itálica comparte protagonismo con dos de los teatros que conoceremos después, Málaga y Baelo Claudia. Os dejo este enlace para informaros de dicho evento:  juntadeandalucia

Teatro romano de Olisipo, (Lisboa)

Estamos ante uno de los teatros más desconocidos y más escasos en cuanto ha restos arqueológicos de toda la lista. Pero el hecho de que sea el único teatro romano de todo Portugal, es suficiente para hacerle un hueco en la misma.

Olisipo, que ya era conocida en tiempos de los fenicios, se convertirá con la llegada de los romanos en una de las ciudades más importarte de la provincia de Lusitania. Parece ser que detrás de este hecho, está la ayuda que los habitantes de esta ciudad dieron a las tropas romanas en su lucha contra las tribus celtas. Lo cual le valió la temprana declaración de municipio por parte de Julio César. A partir de entonces se convertirá en uno de los puertos más importantes del Atlántico y determinante para el comercio con Britania.

Recreación de lo que pudo ser el teatro romano de Olisipo.

Pocos años después se acometerá la construcción de diferentes espacios públicos, entre ellos nuestro protagonista. El teatro romano de Olisipo pudo ser uno de los más grandes de la península, con capacidad para 5000 espectadores. Pero está claro que tras su abandono en el siglo IV, sus materiales serian fruto de continuo expolio. Tras varios siglos en el anonimato fue descubierto en las reparaciones de la ciudad tras el terrible terremoto de 1755.

Hoy día sus escasos restos han servido para llevar a cabo uno de los museos más importantes de la ciudad de Lisboa. Durante su visita, aparte de todas las piezas halladas en las excavaciones, podemos pasear por los escasos restos del mismo. Os dejo la siguiente página web para consultar horarios: museudelisboa

Teatro romano de Bibilis, (Calatayud).

Los orígenes de Bibilis, situada unos 6 km. al norte de la actual Calatayud, hay que buscarlos en época celtibera, cuando se convirtió en capital de pueblo de los Lusones. De su romanización no se conocen episodios similares a los de sus vecinos numantinos, y prácticamente está pasa desapercibida para las fuentes clásicas. Aunque gracias a ellas conocemos el apoyo de los bibilitanos a las tropas de Julio César en sus guerras civiles contra Pompeyo, que le debió reportar algunos beneficios.  Lo cierto es que desde la época de Augusto está plenamente integrada a la vida social romana, convirtiéndose en punto de paso obligado entre las ciudades de Caesaraugusta y Emérita.

En dicha época precisamente se empezó la construcción del teatro romano de Bibilis, con una cávea en la que se podían acomodar unos 4.500 espectadores. Para su construcción se aprovechó unas de las laderas de la montaña, la cual en su parte alta ubicaba el foro de la ciudad. Algo destacable de ambas edificaciones es la fuerte carga simbólica, ya que están repletas de mármoles, capitales, pórticos, etc. Lo que podemos asignar a una intencionalidad por parte de las autoridades de afirmación de su romanización.

La situación  al aire libre ha llevado a este yacimiento a su continuo expolio. Ya desde finales del siglo XVI hay muestras de intervenciones, y por ejemplo en el siglo XVIII los jesuitas ya llevaron a cabo una primera colección de restos arqueológicos de Bibilis, aunque parece ser que se perdieron tras la expulsión de la orden en 1767. Finalmente con la llegada de la democracia, en 1976 el estado compra los terrenos donde se encuentra el yacimiento, desde entonces sucesivas campañas de excavaciones han sacado a la luz y puesto en valor el mismo.

Por último destacar que todo el conjunto arqueológico es visitable, así como el museo de Calatayud, donde encontraremos numerosas piezas extraídas de la Bililis romana. Os invito a conocer un poco mejor el mismo en la siguiente web: yacimientobilbilis

Teatro romano de Malaca,  (Málaga).

Nadie mejor que un malagueño para contarnos la historia de su ciudad y la del teatro romano de Málaga, os dejo con el relato de mi amigo Javier Nero, autor del magnífico Blog: legionixhispana

Cuando el geógrafo e historiador Estrabón (III 4,2) escribe: “…en tanto que Malaka está más cerca y tiene planta fenicia” en los primeros momentos de la romanización, en realidad nos está informando que, entre finales del siglo II y principios del siglo I a.C., el núcleo poblacional de la ciudad sigue ocupando la Colina de Gibralfaro y de la Alcazaba, tal y como se venía haciendo desde el siglo VI a.C. primero con el pueblo fenicio y posteriormente con el púnico.

En este periodo prerromano era Malaka, junto a Gadir, uno de los principales puertos del Mediterráneo Occidental, aunque el urbanismo no se hubiese extendido más allá de sus murallas. Sus habitantes seguían utilizando la lengua semita, continuaban enterrando a sus difuntos en la antigua necrópolis y en la ladera norte del Cerro de la Alcazaba, muy próximo a su activo puerto, se mantiene el culto a Astartet o Tannit (puede, incluso que a la misma Dea Luna, cuyo santuario de veneración se encontraba a unas cien millas de la costa), en un templo erigido sobre sus faldas. Este será el contexto histórico en el que hará su aparición Roma en tiempos de la República.

No fue hasta la época Imperial, a partir de Augusto y coincidente con la bonanza económica de la ciudad, cuando verdaderamente se intensifica la reorganización urbanística en Malaca. Su puerto se convierte en uno de los distritos para el control de aceite romano y motor exportador y redistribuidor de buena parte de la producción agropecuaria de la zona.

En torno al puerto se ubicó el foro, símbolo de la nueva realidad. La plaza pública, como cualquier otra ciudad romana, constituirá el eje en torno al cual se dispondrán el resto de edificios administrativos, económicos, legislativos, etc. Templos, termas, edificios lúdicos, fuentes, arcos y grandes estatuas sobre majestuosos pedestales cambiarán el paisaje de Malaca, todos ellos elementos y escenarios imprescindibles para la propaganda Imperial.

El teatro romano de Málaga, bajo la Alcazaba.

El teatro, por ejemplo, estuvo cargado de un fuerte simbolismo propagandístico, ricamente ornamentado con las imágenes de los emperadores y el resto de la familia Julio-Claudia.  Era el mejor lugar para ensalzar sus figuras, para llevar a cabo la práctica del culto imperial, puesto que no dejaba de ser aquel espacio sacro donde los antepasados orientales hacían entrega de ofrendas a su diosa. Porque el teatro se construyó sobre las primeras termas del periodo republicano, desplazando el nuevo a unos pocos metros. Fue este edificio lúdico de medianas proporciones, erigido siguiendo los cánones clásicos de Vitrubio y para el que se quiso aprovechar la ladera del Cerro de la Alcazaba donde asentar una parte importante de la cávea. A los pies de la misma se encontraba la orchestra, espacio donde podía sentarse un grupo selecto de espectadores, tal vez los mismos que con sus actividades evergetas ennoblecieron de mármol el edificio. Y a espaldas de la summa cavea se encontraría el velum, un sistema de cubierta de tela que permitía cubrir el graderío.

Alentada por su prosperidad económica, la ciudad hispanorromana de Malaca recibirá el impulso político definitivo en el periodo Flavio a modo de municipium. De esta forma culminará un largo proceso iniciado con el cambio de Era y que continuó durante buena parte del siglo II d.C.

Tras el relato de Javier, solo añadir que el teatro de Málaga fue localizado en 1951 durante unas obras en la Casa de la Cultura. Pero habrá que esperar a los años 90 para su restauración, tras derruir el edificio municipal. En la actualidad podemos disfrutar del mismo, gracias a un centro de interpretación, y por su utilización teatral con diferentes actividades, como por ejemplo en el Festival de teatro clásico de Andalucía.

Teatro romano de Metellinum, (Medellín).

En plenas guerras sertorianas, uno  de sus contendientes, el optimate Quinto Cecilio Metelo, decide la construcción de una nueva ciudad militar romana en la margen izquierda del Río Guadiana. De esta manera y sobre restos de edificaciones que iban desde el tercer milenio aC., hasta el periodo tartésico y turdetano aparece la Metellinum romana. Corría el año 79 aC. por lo que podemos pensar que la actual Medellín se convirtió en aquellos momentos, en la ciudad más importante de la zona hasta la fundación, 54 años después de Emérita Augusta.

Aproximadamente en el cambio de era se inicia la construcción del teatro romano de Medellín. Una vez más, aprovechando el desnivel natural que ofrecía  la montaña, los constructores romanos llevaron a cabo bajo los planteamientos de Vitrubio un edificio con cabida para 3.200 espectadores, en una cávea de poco más de 61 metros de diámetro. En este punto me gustaría hacer un inciso para comentar, que fue bastante habitual en la península ibérica mezclar la forma de construir teatros por parte de los griegos, apoyados en la montaña, pero con la estructura vitruviana.

Vista del teatro romano de Medellín, desde el castillo de la ciudad.

A pesar de que el teatro romano de Medellín, por cierto uno de los pocos vestigios del pasado romano de la villa, es conocido desde siempre ya que nunca acabó enterrado por completo, debió esperar hasta los años 70 del siglo XX para comenzar a salir a la luz. Definitivamente a partir de 2007 las excavaciones dan su fruto, dejando visibles los restos de uno de los teatros más completos de nuestra geografía, con la excepción del fondo de escena. Además podemos decir, que su posición en la ladera del castillo medieval, junto a la Iglesia de Santiago, le confiere unas vistas realmente espectaculares.

En la actualidad el teatro romano de Medellín es usado para representaciones teatrales, entre las que se incluyen la extensión del ciclo de teatro clásico de Mérida y que cada verano recae en este escenario. Además se realizan visitas guiadas al monumento desde el museo municipal, donde por cierto se encuentran varias piezas halladas en las excavaciones. Por último os dejo está web donde se pueden localizar los horarios: medellin-turismo

Teatro romano de Corduba, (Córdoba).

La Corduba romana se funda entre los años 169-152 aC. El lugar elegido, el final del tramo navegable del rio Guadalquivir, por lo que suponía un lugar estratégico para la llegada de tropas para la conquista del interior peninsular, por parte de la República romana. La supuesta prosperidad de esta ciudad, se verá mermada años después, concretamente durante las guerras civiles de la República romana, al elegir el bando perdedor, convirtiéndose en una de las ciudades pompeyanas en dichas guerras. Este aspecto  llevó una gran recesión a la ciudad romana de Corduba, solo salvada con la llegada de Augusto que decidió repoblarla con los veteranos de las guerras cántabras.

A partir de ese momento, o más concretamente entre los años 15 aC.-5 dC. se inicia la construcción del teatro romano más grande  de toda Hispania, por cierto coetáneo al Teatro de Marcelo en Roma, con el cual se le suele comparar. Su cávea de más de 126 metros se dividía verticalmente en cinco terrazas, apoyadas sobre la ladera de la montaña para poder acceder a cada una de ellas por separado.

Museo arqueológico de Córdoba.

A pesar de las enormes dimensiones del teatro romano de Córdoba, su hallazgo es de los más tardíos de la Península Ibérica. Su localización en el centro de la ciudad de Córdoba, uno de los centros históricos más importantes del mundo, es evidente que ha pesado en esta tardía localización. Tras la aparición de las primeras evidencias de su localización a mediados del siglo XX, no será hasta 1996 cuando se constaten las mismas, al aparecer los restos de algunos enlosados y escalones que separaban  las terrazas. Desde ese momento diversas actuaciones arqueológicas han conseguido poner en valor algunas partes del mismo. Las cuales podemos contemplar en los sótanos del museo arqueológico de Córdoba. Por último os dejo este enlace para comprobar horarios:  turismodecordoba

Teatro romano de Tarraco, (Tarragona).

Según el propio Plinio; Tarraco fue “obra de los escipiones” en el año 218 aC. Tras su desembarco en Ampurias para luchar contra los cartagineses, los hermanos Escipíon deciden fundar esta ciudad, para convertirla en una de las principales  bases de las legiones romanas en la Península Ibérica.  Junto al campamento militar, que se situó en la parte alta, se produjo la llegada de civiles que se asentaron en torno a la parte baja de la ciudad, donde al parecer había un poblado íbero, en busca de las posibilidades económicas de los nuevos territorios romanos. Además podemos decir que Tarraco se convirtió entre los años 26-25 aC. en la capital del mundo romano. Tras la decisión de Augusto, primer emperador de Roma desde año antes, de establecer allí su residencia oficial, desde la cual controlar las guerras cántabras.

Los escasos restos del teatro romano de Tarraco, bajo diferentes edificios.

El teatro romano de Tarraco fue construido a partir del año I dC. en una zona anexa al foro de la ciudad. Destacar que es de los menos conocidos y peor conservados de toda la Península, y además su historia parece estar jalonada de múltiples desastres. Los primeros de ellos se remontan al siglo III, cuando un incendio llevó a su abandono definitivo, y al aprovechamiento de sus piedras para nuevas construcciones.

Pero lo peor estará por llegar en Edad contemporánea, ya que a pesar de ser descubierto  y estudiado en 1884, de lo cual se ha deducido su buen estado de conservación a mediados del siglo XIX. A mediados del siglo XX se permitió la construcción de una fábrica de aceite sobre el mismo. En la actualidad, tras una gran batalla judicial se ha recuperado una pequeña muestra de lo que debió ser el teatro romano de Tarraco. Desde una especie de mirador instalado por el ayuntamiento de la ciudad de Tarragona, se observan las cinco primeras filas de la cávea, junto a dos escaleras radiales y una pequeña muestra de lo que fue la orchestra.

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Imágenes: commons.wikimedia

La misteriosa villa romana de La Dehesa en Soria.

Unos 20 km al suroeste de Soria encontramos el yacimiento arqueológico de la villa romana La Dehesa. Por un lado uno de los más espectaculares de España, aunque por otro, un misterio todavía sin resolver, ya que no se han encontrado los suficientes indicios para afirmar cual fue su verdadera utilidad.

A pesar de que el binomio “monasterio pagano” puede llegar a sorprender, al mezclar un edificio eminentemente cristiano, con el paganismo, que en definitiva es una religión previa a la llegada de los monoteísmos,  a través de estas líneas intentaremos poner un poco de luz a estas dudas.

Su hallazgo y puesta en valor.

Cuando en 1928, un vecino de la localidad de Cuevas de Soria hallaba en un campo cercano al pueblo unas extrañas “piedrecitas de colores”, no podía imaginar que debajo de ellas se encontraría una espectacular villa romana de más de 4.000 m2. El hallazgo de aquellas teselas llegó rápidamente al director del Museo Numantino, Blas Taracena, que junto a su amigo José Tudela, inician pocos meses después  las excavaciones. Tras dos años de las mismas, salió a la luz la primera villa romana que se encontraba en la Península Ibérica. Aquel impresionante yacimiento arqueológico fue declarado en 1931, Monumento Histórico-artístico.

Planta del yacimiento de la Villa La Dehesa.

A partir de ese momento, la Guerra Civil y la posguerra llevarían a nuestro protagonista al olvido, hasta 1980 que se reanudan las excavaciones. Desgraciadamente como suele suceder en estos casos, los mosaicos empezaron a “emigrar”, hoy día los dos más espectaculares se hallan en el MAN de Madrid.

Desde entonces los trabajos continuaron tanto desde el punto de vista arqueológico, como de consolidación, como el desvío de un pequeño riachuelo que periódicamente inundaba la zona. Finalmente tras cubrirse todo el yacimiento en el año 2012 se abre al público.

La visita a la Villa romana La Dehesa.

Lo primero que habría que decir, a los que se dirijan a la localidad de Cuevas de Soria para conocer esta villa tardorroma, es que no se asusten al ver la esperpéntica nave industrial que se encontraran al llegar.  Debajo de ella se halla,  como ya hemos dicho, una de las más espectaculares villas romanas de toda la Península.

La visita  a este complejo museístico, se divide  en dos partes. La primera de ellas el museo denominado “Magna Mater”, que en realidad es el nombre del proyecto de musealización acometido por la Diputación de Soria y la Junta de Castilla León para poner en valor las tres villas romanas de la provincia de Soria. A parte de nuestra protagonista, se siguen los trabajos en las villas de “Los Quintanares” y “Los Villares” para ponerlas en valor. De todo el museo, lo más destacable es la exposición que muestra como la madre naturaleza ha influido en las diferentes culturas, desde la prehistoria a la actualidad. Esta nos acerca al verdadero sentido que los responsables del yacimiento han dado al mismo. Es evidente que no tienen las muestras necesarias para asegurarlo, pero este guiño a la madre naturaleza junto al nombre del museo, son muestras significativas de su opinión respecto al pasado de esta villa romana.

El yacimiento y la pasarela desde donde se visita.

Tras el museo la visita discurre sobre una pasarela acondicionada para el conocimiento del yacimiento en sí. En este apartado me parece importante reseñar que la visita se haga guiada, está en sí, es un recorrido a través de dicha pasarela para observar los mosaicos y las distintas estancias que tuvo la villa, pero las explicaciones de los responsables llevan a reflexionar sobre la antigua utilidad que tuvo la misma, por cierto el video explicativo del final también puede ayudar.

Para conocer horarios y precios, lo mejor es consultar la siguiente web: villaromanaladehesa

Los monasterios paganos.

Para explicar un poco mejor lo que se ve en el yacimiento se deben hacer diferentes reflexiones previas, ya que lo primordial es la condición de misterio que tiene la misma.  A partir de este punto mezclaremos la visita al yacimiento, con un novedoso libro escrito Dimas Fernández-Galiano, que lleva por título; Los monasterios paganos, la huida de la ciudad en el mundo antiguo.

Portada del libro de Dimas Fernández-Galiano

Solo con la mera observación de la estructura que tuvo la Villa La Dehesa, ya podemos sacar dos conclusiones rápidas y evidentes. El patio central “atrio”, sobre la que se distribuyen las distintas estancias, tanto en esta villa como en el resto de la cultura romana, no deja de ser el posterior claustro de cualquier monasterio cristiano. Por otro lado, los expertos aseguran que el edificio fue de donde planta, con excepción de las partes centrales en las cuales las estancias tenían mayor altura. Este aspecto nos puede recordar las antiguas madrazas islámicas, donde los estudiantes residían en las habitaciones superiores, mientras las inferiores eran ocupadas por las aulas.

Musealización del atrio de la Villa La Dehesa

Tras estas dos apreciaciones personales, podemos volver al libro en cuestión. En él, su autor nos lleva a ejercer un recorrido por mundo de la vida monacal. Una de las primeras cosas que nos puede llamar la atención, es el inicio que para el autor tiene la vida monástica. Si tradicionalmente se ha pensado, que los anacoretas cristianos refugiados en la región egipcia de Tebaida son la semilla de los monasterios medievales, Dimas nos hace ver que incluso los pitagóricos del siglo V aC. ya ejercían de una forma u otra esta práctica, evidentemente no de tradición cristiana.

Pero será en el capítulo VII, cuando el autor nos deje las pistas necesarias para ver en la Villa La Dehesa un monasterio pagano. En primer lugar nos recuerda como en tiempos de los emperadores antoninos (siglo II dC.) comienza una cierta libertad de culto en el Imperio, que culminará en el siglo IV con los graves enfrentamientos religiosos conocidos, especialmente con el cristianismo. A la misma vez que se pierde el interés por acudir a los templos de culto, llevando la práctica religiosa a la casas privadas. Además de mencionar la aparición, por primera vez en la cultura romana, de una especia de líderes religiosos.

Para continuar el relato, el autor, nos traslada a la Hispania romana, donde a partir de finales del siglo III comienzan a construirse cada vez con mayor ímpetu las villas romanas. La causa principal  se ha achacado a la gran crisis económica que sufrió el Imperio Romano en dicho siglo, pero esta no puede, ni debe justificar por sola las construcciones de villas, como las de la Dehesa en Soria.

La villa romana La Dehesa.

Nuestra protagonista se empieza a construir a mediados del siglo IV aC. Al parecer sobre una antigua edificación, que pudo ser eliminada por completo para colocar encima la villa de nueva planta y de cerca de 4.000 m2. Aquí empiezan los interrogantes, ya que se puede llegar a pensar como por otra parte debió ser lo habitual en la época,  que la villa de la Dehesa tuvo un trasfondo económico agrícola, o más bien ganadero,  principal actividad de esta región en época romana. Pero a día de hoy no han aparecido restos de esta actividad, a no ser alguna pequeña estancia, que a lo sumo pudo servir para el consumo propio.

Por lo tanto y como hacen los propios responsables de la Villa romana La Dehesa, necesitamos buscarle un sentido a esta construcción. Aunque Dimas Fernández-Galiano generalice en su libro, sin duda el capítulo VII, al que hago referencia en este artículo parece que este escrito pensando en la villa soriana. Como bien dice el autor; la arqueología por sí sola no nos puede dar todas las soluciones, y los arqueólogos en lo referente a las villas romanas que proliferan a partir del Bajo Imperio, parece que le cueste buscar otro sentido para ellas que no sea el agrícola o ganadero. Pero la sociedad romana de aquella época era más compleja de lo que podamos pensar, la religión era un campo continuo de batalla y según Dimas, algunas villas romanas debieron ejercer de escape tanto social como espiritual de las turbulentas ciudades. Este es el sentido que parece darle el autor a la Villa romana La Dehesa.

Las estancias de la Villa romana La Dehesa.

Pese a lo expuesto anteriormente si juntamos la arqueología, a través de una visita al yacimiento, con el libro  de los Monasterios Paganos, podemos acabar de encajar algunas piezas del misterio sobre la Villa de la Dehesa.

Los que acudían en el siglo IV a la villa, lo primero que encontraban eran las termas, aunque su tamaño no fue muy grande en comparación con el resto de la edificación.  Su función  principal era la limpieza y purificación de los que llegaban, pero un hallazgo llamó la atención, una bañera donde supuestamente se hubieron efectuado ritos de bautismo o iniciación.

La bañera de la Villa La Dehesa

Junto a la misma, las partes privadas de la casa, el motivo debemos buscarlo en que era la única zona de la misma que contaba con calefacción a través de los conductos de las termas contiguas. A continuación y siguiendo los pasillos colindantes al peristilo se hallaba una posible dependencia a modo de mausoleo familiar.  Por cierto un peristilo que efectuaba la misma utilidad, como ya he referido, que los claustros medievales, evidentemente la distribución de las estancias principales de la villa. Como en otros casos,  el de la villa soriana contaba con diversas fuentes, estanques y plantas que simulaban el paraíso.

Pero dos son los elementos arquitectónicos que más han hecho pensar en la utilidad monástica de la villa romana La Dehesa, por cierto ninguno de los dos suelen ser muy habituales en estas construcciones. El primero de ellos los pasillos entre las estancias del sector norte de la vivienda, que era el contrario a la entrada. Su utilidad pudo ser doble, por un lado evitar la entrada directa del frío en las supuestas aulas, y la otra, que fuera el lugar de espera entre una actividad y otra de los alumnos. La segunda de estas construcciones, la estancia mayor de toda la villa y acabada en ábside como las aulas anteriores. Su utilidad pudo ser la de aula magna, o estancia donde se llevaba a efecto el culto, por parte del dueño de la villa y pudo estar presidida por la principal figura de la villa, que conoceremos tras unas líneas.

Aula Magna, se puede observar el escalón donde se subía un supuesto dirigente del culto.
Pasillo que separaba las estancias.

Conclusiones.

Tras lo expuesto ya solo nos queda conocer a la familia que pudo llevar este espacio religioso a término. Los hallazgos en gran parte de los mosaicos de un mismo símbolo, llevaron a la conclusión que la villa de la Dehesa fue propiedad de la familia Irrico. Está fue conocida como una de las familias, que mejor había mantenido el pasado religioso pagano de tradición celtíbera. Entrando nuevamente en el campo de las suposiciones, ¿quién nos puede negar, que la Villa Romana La Dehesa, no fue un lugar de culto a la Madre Naturaleza? Por seguir con la imaginación, un gran centro de reunión donde  mantener vivas las antiguas tradiciones paganas, a la cual posiblemente llegaron personas de diferentes rincones para aprender y trasmitirla. Pero es evidente que su recorrido no debió ser muy largo, ya que la llegada de los  pueblos bárbaros le llevo al ostracismo.

Mosaico con el símbolo de la familia Irrico, junto a una estrella de seis puntas.

No puedo concluir sin decir que todo lo expuesto aquí entra en el campo de las hipótesis. Pero no solo mías en este articulo, sino de los responsables del yacimiento que dejan a las claras lo que piensan, pese a no decirlo abiertamente, al poner “Magna Mater” ha este espacio museizado.

Mas info: Los Monasterios paganos, la huida de la ciudad en el mundo antiguo, Dimas Fernández-Galiano, Ed. El almendro de Córdoba, 2011.

El castillo-abadía de Montearagón, el “hermano pobre de Loarre”.

Los visitantes, que desde el este, llegan a la ciudad de Huesca son recibidos por la figura del Castillo-abadía de Montearagón. A pesar de que su color ocre se mimetiza con el árido terreno de la hoya de Huesca, es claramente visible desde varios kilómetros de distancia.

Como bien dice nuestro título, lo podemos considerar una especie de hermano pobre del Castillo de Loarre.  Mientras a este último llegan miles de visitas todos los meses, y gran parte de las inversiones públicas en Patrimonio. El castillo de Montearagón parece condenado al completo olvido por ambas partes. Todo ello pese a que claramente en la Edad Media fue totalmente al contrario, ya que nuestro protagonista de hoy, fue una de las sedes más importantes de uno de los poderes más influyentes de dicha época,  la iglesia cristiana.

Breve historia del castillo-abadía de Montearagón.

Las luchas de reconquista del joven Reino de Aragón, llevaron en el año 1085 al rey Sancho Ramírez a la conquista de esta colina situada a escasos 5 kilómetros de la ciudad de Huesca. El lugar era ideal para acometer la toma de la ciudad, por lo que el rey aragonés decide construir sobre los restos de alguna pequeña construcción árabe, lo que sería el puesto de control para la toma de Wasqa, como era denominada Huesca en tiempos de la Taifa de Zaragoza.

Las vistas desde el Castillo, idóneas para el control de Huesca.

La primera labor que debieron acometer sus conquistadores fue la construcción de las murallas defensivas donde alojar los edificios necesarios, para abordar sus propósitos. El primer edificio que se levantó, ya hacía presagiar su futuro, en concreto la Iglesia consagrada a Jesús Nazareno, de la cual ya existe constancia en el año 1086. Junto a la misma y en periodo comprendido entre los años 1086-1089, se levantaron las viviendas y edificios destinados a las tropas del rey de Aragón. Todo ello sin olvidar a los principales protagonistas del castillo-abadía de Montearagón, los monjes que tras instalarse en el recinto a modo de monasterio se acogerán la regla de San Agustín.

Este hecho parece ser crucial para el referido futuro del nuevo castillo-abadía, al ser bendecido por estos nuevos reyes, que además se convirtieron en su principal mecenas económico. Asimismo contó con la protección del Papa Urbano II y la consagración en el año 1090 en el monasterio de San Juan de la Peña.

De los escasos edificios que restan en pie, el palacio de los canónicos.

Aunque la conquista de Huesca deberá esperar algunos años, en los cuales las tropas cristianas fueron tomando posiciones alrededor de la capital oscense. Además en una de las batallas perdió la vida el rey de Aragón Sancho Ramírez, concretamente en 1094.  Tras lo cual le sucedió su hijo, adoptando el nombre de Pedro I de Aragón que junto a su hermano menor, por cierto solo de padre, y futuro rey Alfonso I el Batallador conquistarán definitivamente la ciudad de Huesca,  tras la célebre Batalla de Alcoraz a finales del año 1096.

A partir de ese momento nuestro protagonista de hoy perderá su principal condición defensiva. Pero se situará en primera línea, de la lucha entre religiosos, por el control de los nuevos territorios conquistados, por los reyes cristianos de Aragón. Por un lado el obispo de la recién recuperada diócesis de Huesca, y por otro el Abad de Montearagón se intentaran adueñar de cuantas más iglesias mejor, detrás de lo cual siempre existió el cobro de diezmos y ofrendas. Se calcula que durante el periodo que va desde su fundación, hasta mediados del siglo XIII, llegó a contar con más de un centenar de iglesias.

Restos de las dependencias de los monjes de Montearagón.
Una de las puertas de acceso

El declive de Montearagón.

Los motivos de dicho declive serán varios, y además en un amplio espacio de tiempo. Para comenzar en 1242 murió el infante Fernando de Aragón, según  diversas fuentes el Abad más importante que tuvo el monasterio. El problema su sucesión, en la cual se inmiscuirán los obispos de Valencia y Huesca, y que acarreará una importante pérdida de iglesias de las que tenía a su cargo  Montearagón.

El siguiente inconveniente importante le llegará en el convulso siglo XV, el cual comenzará con la pérdida sin sucesor del rey de Aragón, Martín el Humano en 1410, suceso que comportará una gran inestabilidad a la Corona. Este hecho repercutirá en el castillo-abadía de Montearagón en forma de robos y pillajes, lo que conllevará un nuevo refuerzo de las murallas, a pesar de lo cual no podrán evitar el grave incendio de 1477, que a punto estuvo de acabar con él.

El retablo de Montearagón elaborado por Gil de Morlanes “el viejo” en 1506, en la actualidad esta en la Catedral de Huesca.

A pesar de todos los males el siglo XVI parece que comenzó de mejor forma, con algunas remodelaciones y arreglos, como el fenomenal retablo de alabastro que decoró la iglesia de Jesús el Nazareno. Pero la puntilla le llegará poco después, concretamente en 1571 con diferentes Bulas Papales a cargo de Pio V, que le quitaron casi todas sus propiedades cediéndoselas a los obispados de Huesca, Jaca y Barbastro. A pesar de lo cual continuará su camino monástico hasta 1835, que tras la guerra de Independencia y la desamortización de Mendizábal el año siguiente llevarán al castillo-abadía de Montearagón  a la completa ruina.

En 1834 el castillo-abadía de Montearagón tenia esta magnifica presencia.

El castillo-Abadía de Montearagón en la actualidad.

En este punto debemos volver al título de nuestro artículo, lo de hermano pobre de Loarre es una evidencia cuando visitas los dos. A pesar de que 1976 se iniciaron las campañas de rehabilitación y consolidación, estas nunca han contado con un soporte firme por parte de las instituciones, por lo tanto en mi opinión no ha dado ningún fruto. Ahora parece ser, que las últimas noticias que  llegan abren un hilo a la esperanza, de ver algún día este espacio museizado y puesto en valor, sin duda la mejor manera de conservar el patrimonio histórico. Aunque por otro lado los 1,4 millones de euros puestos sobre la mesa del Ayuntamiento de Quicena, hoy día responsable del edificio, se me antojan muy escasos.

Tras las vallas se acceda al castillo

Aún así el recinto se puede visitar y realmente vale la pena, algunas partes nos pueden llegar a recordar su glorioso pasado. Por otro lado destacar que para efectuar las visitas se deben tomar precauciones, ya que no existen medidas de seguridad y conocer que el lugar que se está visitando es patrimonio de todos.

Por último os invito a conocerlo un poco mejor a través de las siguientes imágenes, que dan una triste muestra de lo que queda de tan glorioso pasado.

Mas info: dehuesca

La importancia del árbol de la vida en el mundo de los celtas.

No han pasado todavía dos meses desde que se apagaron los últimos rescoldos  de los incendios que asolaron Galicia, Portugal y Asturias. Supongo que las autoridades habrán pasado sus pertinentes balances del desastre, sin ir más lejos solo en Galicia parece ser que ardieron más de 35.000 ha. Aunque evidentemente lo peor fueron las más de cien víctimas mortales en Portugal, a las que habría que sumar cuatro en Galicia. No podemos olvidar el desastre que supone la pérdida de todos los recuerdos acumulados en una vida, y que aquellos días se llevó el fuego.

Una imagen que cada vez, por desgracia, se repite más en nuestros bosques.

Pero todos debemos pasar nuestro balance particular, para intentar aportar un mínimo grano de arena para que esto no vuelva a suceder. Los que nos gusta la historia, solemos buscar en ella la solución a los problemas más recientes, por ese motivo me gustaría que todos por un rato nos trasladáramos al pasado común que tuvieron estos tres espacios geográficos actuales.

El mundo de los celtas.

Antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica, lusitanos (como se conocían a los pueblos del norte de Portugal), galaicos y astures estaban encuadrados entre los denominados pueblos celtas. Entre  ellos a pesar de encontrar algunas diferencias, también se hallaban muchas cosas en común, sin ir más lejos, su religión politeísta. Esta giraba en torno a diferentes divinidades como las protectoras o las guerreras, ambas muy acorde con la forma de vida celta, pero especialmente adoraban la naturaleza.  En este apartado en particular toma un protagonismo especial el árbol celta de la vida, ese que hoy día se quema impunemente olvidando la remota tradición de estos pueblos.

Representación del árbol celta de la vida

Los druidas celtas y el árbol de la vida.

La imagen del druida gira en torno a la leyenda, pero también a las fuentes escritas. En concreto hablaron de esta figura Plinio y especialmente Julio César en sus célebres relatos de la Guerra de la Galias. Ambos presentan al druida como el dirigente religioso de la comunidad, una especie de guía moral de la misma.

Algo que denota plenamente la importancia del árbol en la comunidad celta, lo encontramos en el mismo nombre de dicho dirigente.  Sobre la traducción de la palabra “druida”, podemos encontrar diversas versiones entre ellas; “sacerdote de las encinas” o bien “el que lee los robles”. Como podemos observar que ambas denotan la importancia del árbol. Además la principal función del druida se basaba en adivinar el futuro de los fieles, a los cuales ya fueran niño o niña, asignaban al nacer un árbol para acometer el estudio de su futuro. Por si faltaba algún elemento, la posterior representación del druida suele incorporar una vara de avellano como atuendo del sacerdote celta.

El druida y su inseparable vara de avellano.

Las atribuciones del árbol celta de la vida

Los celtas atribuían a su árbol de la vida diferentes virtudes. Para comenzar significaba el paso del tiempo, solo hacía falta observarlo para saber que tras la caída de sus hojas llegaban las frías nieves, y que estas últimas tras  deshacerse servían para regar el árbol y así pudiera volver a renacer.

Pero la parte más importarte podemos decir que era su cualidad como fuente de vida. Tanto material ya que le proporcionaba la leña para calentarse y la sombra en los crudos veranos. Sin olvidar el alimento, ya fuera a través de sus frutos, o bien dado cobijo a los pájaros, uno de sus principales aportes calóricos de los celtas. Pero también espiritual, en definitiva no había nada ni nadie que tuviera en su ser los cuatro elementos de la vida. El agua a modo de savia que recorre su tronco, la tierra que cubre sus raíces, el aire que alimenta sus hojas y el fuego que proporciona el frote de sus ramas.

Toda la historiografía ha representado a los celtas en torno a un árbol, en esta imagén del siglo XVII, una serie de cristianos intentan su conversión

También debemos destacar la posición del árbol como el eje vertebrador del camino, que los hombres debían efectuar en la tierra. Desde su nacimiento, que los celtas lo comparar con las raíces del mismo, a su muerte y elevación al cielo a través de su copa. En definitiva era poseedor de la relación entre el cielo y la tierra.

Todas las anteriores atribuciones las podemos considerar comunes en las distintas clases de árboles, pero para los celtas, cada una de estas poseía unos determinados atributos. Al roble le asignaban la fuerza y la dureza, que proporcionaba seguridad y confort a la comunidad, e incluso ejercía como sanador de las enfermedades con solo ponerse bajo su cobijo. Mientras, el aliso poseía la facultad de conexión con el más allá, de ahí que su madera era utilizada para la confección de instrumentos musicales, para atraer a los espíritus.

Así mismo a  dos clases de arboles se les asignaba la posesión de la sabiduría, al manzano y al acebo, aunque con una salvedad, ya que al primero de ellos se le atribuía el don de la feminidad, mientras al acebo el de la masculinidad. Para el final dejamos al avellano, protector ante las energías negativas, gracias a sus poderes mágicos, no en vano los druidas así como los viajeros lo llevaban en la mano para su protección.

El “horóscopo” celta se basaba en los árboles.

Para conseguir acércanos con mayor fidelidad a la tradición celta, debemos abandonar la península ibérica y dirigirnos a la verde Irlanda. En realidad el único de los espacios geográficos, en el cual la trasmisión oral funcionó para la difusión de conocimientos celtas. Sería mediante los monjes altomedievales irlandeses que contaron con la complicidad de abades, obispos y el pueblo, para la recopilación de la literatura y poesía oral celta.

Un roble, el árbol sagrado por excelencia del mundo celta, además representa a los nacidos en agosto.

Una de ellas nos revela un punto que podemos entroncar con la anterior afirmación,  de que los druidas asignaban un árbol al nacer para conocer el futuro del recién nacido. En definitiva estamos hablando de una especie de “signo del zodiaco”, como se conoce en la actualidad y desde la antigua Grecia. Si estos últimos se basaban en los astros para predecir el futuro, como hemos dicho los celtas se basaban en los árboles. Por lo tanto si alguien le interesa, paso a relatar el signo zodiacal mediante la asignación de parejas: enero-serval, febrero-sauce, marzo-manzano, abril-álamo, mayo-avellano, junio-ciprés, julio-pino, agosto-roble, septiembre-cedro, octubre-higuera, noviembre-abedul, diciembre-melocotonero.

A modo de concusión.

En pocas palabras, podíamos llenar cientos de líneas más, para conectar el pasado celta de Galicia, norte de Portugal y Asturias con el árbol de la vida. Ese mismo que se arrasó durante los últimos incendios en octubre de 2017. Aunque me temo que desgraciadamente se volverán a repetir, ya que ciertas cifras son realmente alarmantes.

Según datos de ecologistas en acción, el 70.26% de los incendios del noroeste peninsular son provocados, cifra que se me antoja incluso corta. Mientras en el mediterráneo esta cifra se reduce considerablemente hasta el 31,4 %, aunque no deje de ser una barbaridad. Analizar las causas de estas cifras no parecen ser muy complicadas, a parte de algunos locos, que como dicen en Galicia, “haberlos, haylos”,  dos son las principales.

La primera de ellas la “Ley de Bosques” de 2015 aprobada por el PP y que dejó la recalificación de los bosques quemados en manos de las comunidades autónomas, aunque estas últimas insistan una y otra vez que no la harán servir. En segundo término una que posiblemente sea aún más perjudicial y difícil de solucionar, ya que estamos hablando del sustento de muchas familias. Leer en los múltiples periódicos tanto digitales como en papel, las continuas protestas por los precios de la madera, y de la conveniencia de plantar un árbol y otro, denotan una gran preocupación por un bosque convertido en un puro negocio.

Es evidente, y me temo que con este artículo no se va a solucionar nada, pero me daré por satisfecho si llega a uno solo de los responsables, de que el árbol celta de la vida pueda ser protegido, como hace miles de años hacían nuestros antepasados.

Mas info: El mágico mundo de los celtas, Viviana Campos, Ed. Grijalbo, 2003

Imágenes: commons.wikimedia  pixabay

Condorcet, filósofo, ilustrado y feminista.

Según la Real Academia de la Lengua, el feminismo es una “ideología que defiende que las mujeres deban tener los mismos derechos que el hombre”. Hasta aquí podemos estar totalmente de acuerdo, pero si digo que él que sentó las bases de este movimiento social fue un hombre, todos nos podemos sorprender. En definitiva, entre todas las listas que se encuentran de defensores de dicho movimiento solo existen mujeres. Para muestra un botón: os dejo este enlace, mujeresenlahistoria que por cierto es genial.

A continuación os quiero presentar a un personaje coetáneo, a las primeras mujeres representantes de los inicios del feminismo. Vaya por delante que el resto de mujeres de las múltiples listas de feministas,  están tan capacitadas como él o más, para ocupar los primeros puestos en cuanto a importancia, lo que me resulta más extraño es que no aparezca en ninguna.

Marie-Jean-Antoine-Nicolas de Caritat, “marqués de Condorcet”.

Nuestro personaje nació en la región francesa de la Picardía, situada al norte de París en 1743. Su nacimiento en el seno de una familia noble y religiosa le permitió desde bien temprano el acceso a los estudios. A la edad de 15 años ingresó en el prestigioso colegio católico de Navarra, en la capital francesa. Allí se especializó en ciencias y matemáticas, de la cual con los años, se convertirá en uno de los mejores exponentes de la ilustración francesa. Tras terminar sus estudios y gracias a su prestigio como matemático entró de lleno en los círculos  ilustrados de París, donde conoció y trabajó con personajes como Voltaire y Turgot el experto en fisiocracia.

En la década de los años 70 del siglo XVIII, su entrada para trabajar en el gobierno de Francia a las órdenes de Turgot,  le llevará a realizar un giro en su labor.   Comenzará abandonando progresivamente sus matemáticas, para abrazar la filosofía y la defensa de los derechos humanos. En este aspecto destacar que en 1781 escribió, “Reflexiones sobre la esclavitud de los negros”, evidentemente una defensa de los derechos de esta raza.

Sophie de Grouchy

Otro giro en su vida llegó en 1786, cuando se casó con Sophie de Grouchy, veinte años más joven que Condorcet, pero con las mismas convicciones de lucha por los derechos y para cambiar políticamente Francia. Junto a la misma fundan las tertulias del Hotel de la Moneda en París, donde Condorcet trabajaba desde 1775 como Inspector general de la Moneda. A las mismas asistieron los más destacados personajes de la vida social parisina, por ejemplo Thomas Jefferson (tercer presidente de los EE.UU), que en las fechas previas a la Revolución francesa se encontraba en Paris como Embajador de los EE.UU en Francia. Otra de las asiduas, Olimpe de Gouges,  que era una de las más importantes defensoras de los derechos de las mujeres en la Francia de finales del siglo XVIII, por cierto su biografía a parece en el artículo de Mujeres en la Historia.

Olimpe de Gouges

Olimpe de Gouges junto a Sophie de Grouchy convertirán las reuniones del Hotel de la Moneda en sede del “Circulo Social”. Uno de los clubes más revolucionarios y activos de París en lo referente a la defensa de la participación de las mujeres en política. Algo que pese a la Revolución Francesa no fue muy bien visto en ninguno de los ambientes políticos franceses. Exceptuando posiblemente a nuestro personaje de hoy, algo que podemos deducir gracias a algunas de sus obras.

Ensayos filosóficos de Condorcet.

Condorcet dedica varias de sus obras a exponer la necesaria igualdad entre hombres y mujeres. La primera de ellas es un ensayo que divide en dos publicaciones, la primera es de 1787 y la segunda tras la revolución en 1790, las titula: “Sobre la admisión de las mujeres al derecho ciudadano”. En las mismas aborda el tema del republicanismo, desde la vertiente de los derechos políticos de los ciudadanos y en especial de las mujeres. En definitiva nos viene a decir que; ¿para qué cambiar una forma de gobierno? sino lo vamos a hacer coincidir con los intereses generales y en estos no se pueden olvidar de la mitad de la población.

Hotel de la Moneda de París, actualmente el Museo de la moneda.

Para Condorcet el ser humano obtiene sus derechos en base a la virtud de la razón y la moralidad, por lo tanto es este aspecto no existía ni una sola diferencia entre hombres y mujeres, de ahí la libertad de ambos de actuar en consecuencia. Este aspecto estaba en total discordancia con las constituciones presentes a final del siglo XVIII, que incluso negaban a las mujeres el derecho de ciudadanía. Por lo que insta a las mujeres a negarse a pagar impuestos, ante la evidencia de no ser ciudadanas de derecho.

Tras lo cual intenta poner como ejemplo a la constitución inglesa de 1771, la cual convierte a las mujeres en ciudadanas, por lo menos las solteras y viudas con el simple fin de que pagaran impuestos. Pero en cambio las mujeres casadas no son ciudadanas de derecho, ya que una vez casados el hombre y la mujer se convertían en uno solo para la ley, “evidentemente” el hombre.

Nicolas de Condorcet

La segunda de las obras de Condorcet que podemos destacar como base del feminismo, se trata de una más personal. La misma se encuentra encuadrada en su publicación de 1791, titulada: “Memorias sobre Instrucción Pública”, en la cual uno de sus capítulos se lo dedica a su hija, nacida un año antes. En ella a modo de testamento le indica a su hija, que exija, que la educación pública llegue por igual a hombres y a mujeres y además en todos los apartados, ya que estas últimas no pueden quedar excluidas de ningún plan de estudios, incluidos los científicos.

En definitiva, por otro lado es menester recordar el clima político de protestas que vivía Francia tras la Revolución de 1789, el cual pudo facilitar esta defensa a ultranza de los derechos de la mujer por parte de Condorcet. Pero aún así a este filósofo ilustrado se tuvo que enfrentar a los políticos y filósofos coetáneos que se olvidaron por completo de las mujeres, a la hora de proyectar las diferentes constituciones tras la revolución. De su obra prácticamente solo se hicieron eco mujeres, como la anteriormente nombrada Olimpe de Gouges, o también la británica y máxima exponente del feminismo en las islas, Mary Wollstonecraft.

El desgraciado final de Condorcet.

La llegada al poder de los Jacobinos en 1793, puso contra las cuerdas a los políticos girondinos, entre los que encontramos a nuestro personaje. El cual, parece ser que tras estar escondido cinco meses, cayó en manos del Comité de Salvación pública encabezado por Robespierre, tras dos días en la cárcel apareció muerto. Dos versiones encontradas, se suicidó o bien fue envenenado.

No quiero concluir sin decir que evidentemente Condorcet no es el único responsable en poner las bases del feminismo. Sino uno más de los hombres y mujeres que históricamente han luchado por la igualdad entre hombres y mujeres, algo que desgraciadamente todavía tenemos que seguir recordando en pleno siglo XXI. Por todo ello, humildemente pienso que Condorcet podía tener un hueco en las listas de personajes importantes en la defensa del feminismo.

Mas info: stanford.library

Imágenes: commons.wikimedia

Gormaz, la fortaleza califal más grande de Europa, obra de Al-Hakim II

Tras pasar por ella en otros artículos de Caminando por la historia, como el de  Tiermes o San Baudelio, hoy volvemos a la provincia de Soria. En concreto a uno de los meandros del rio Duero, ya que es su margen derecha surge la imponente figura de la fortaleza califal de Gormaz, la más grande de Europa durante la Edad Media. Su posición le permitió, como veremos, controlar un amplio territorio de la frontera natural que supuso dicho Rio Duero, en las luchas entre cristianos y musulmanes por el control de las mesetas castellanas.

Nada más y nada menos que un kilómetro de murallas construidas con sillería, en la cual se observan 28 torres de vigilancia. Dicho conjunto ocupa por completo los 370 metros de  largo de la pequeña montaña sobre la que se asienta la fortaleza. Su visión a varios kilómetros de distancia, nos llevan a varias conclusiones: La más importante, la excelente posición para el control de rutas norte-sur gracias a unas vistas que se perdían en el horizonte, en segundo término su gran inexpugnabilidad. Antes de continuar con nuestra visita a Gormaz, es interesante conocer su mecenas, para comprender los motivos para su construcción.

El califato Omeya de Córdoba.

Lejos de la homogeneidad, la conquista musulmana de la península Ibérica  fue durante la Edad Media un continuo vaivén de pueblos, identidades, y diferentes unidades políticas. Pero una de las más proliferas para el control político, militar y cultural de la Península, fue el denominado califato de Córdoba, en el periodo comprendido entre el 929-1031.

 

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Mapa de la Península Ibérica a finales del siglo X

Se inició con la llegada al poder en Córdoba de Abderramán III, decidido a acabar con un periodo presidido por la inestabilidad, donde las diferentes marcas islámicas habían conseguido una cierta autonomía frente a la capital cordobesa. Sin ir más lejos, dos de las ciudades más importantes del mundo islámico en la península fueron reconquistadas por el denominado primer Califa de Córdoba, antes  del mismo se denominaban emires,  concretamente Badajoz (929) y Toledo (932), está tras dos años de asedio.

En cuanto a la reconquista iniciada en el norte peninsular por las fuerzas cristianas, Abderramán III, sería infringido por una de las derrotas más importantes de finales de la Alta Edad Media. En concreto en la Batalla de Simancas (939) y a manos de Ramiro II de León. Aunque afortunadamente para el califa cordobés, la muerte de Rey de León en el año 951, con la consiguiente lucha sucesoria, llevó al Califato de Córdoba a su mayor esplendor cultural y artístico.

Al-Hakim II

Exactamente, en ese momento de mayor esplendor llegó al poder, tras la muerte de su padre, el protagonista de la Fortaleza de Gormaz. Al-Hakim, Califa de Córdoba entre  los años 961-976 fue educado en la prolífera Universidad de musulmana de su ciudad natal, donde  se convirtió en el Califa más instruido en todas las artes del saber. A su llegada al poder a los 47 años, estaba sobradamente preparado para llevar los destinos del Califato, entre sus muchos logros suele destacarse la construcción de la Biblioteca más importante del momento en Europa, con 400.000 ejemplares, dato que algunos ponen en entredicho.

Estatua de Al_Hakim II en Córdoba

Pero el Califa no se conformó en el aspecto militar, y menos tras observar los pactos producidos en el otro lado de la frontera entre los reinos cristianos. De esta manera y al mando del General Galif, mandó a los ejércitos musulmanes a atacar a la coalición entre León, Castilla y Navarra, la victoria fue clara del lado de los Omeya. Tras la conquista de San Esteban de Gormaz y Atienda, Al-Hakim decidió construir entre ambas ciudades y sobre los restos de antiguos castillos musulmanes, y posiblemente romanos, la nueva fortaleza Califal de Gormaz. Su principal motivo la defensa de una de las ciudades más importante en el norte del Califato de Córdoba, concretamente Medinaceli.

Dos fueron los principales personajes que defendieron la fortaleza árabe, el primero ya lo hemos presentado antes, el General Galib, que repelió en el año 975 un asedio a cargo de los cristianos.  Aunque de poco le sirviera, ya que tres años después en el 978 los cristianos encabezados por el Conde García Fernández se harán con la fortaleza. Tras unos años, entrará en liza el segundo de los personajes claves en la defensa de Gormaz, el célebre Visir de Al-Hakim II, Ibn Abi Amir más conocido como Almanzor, que recuperó nuevamente Gormaz en el año 983.

Después de lo cual, deberán pasar cerca de 80 años para que un nuevo cristiano pise como dueño el castillo medieval. El rey de León, Fernando I lo conquistará definitivamente para los cristianos en el año 1060. Uno de sus últimos ilustres huéspedes pudo ser Rodrigo Díaz de Vivar, como señor del castillo a finales del siglo XI. Ocupado durante toda la Baja Edad Media, pero sin repercusión ni importancia defensiva de la línea del Duero ira progresivamente abandonándose.

Visita a Gormaz.

En primer lugar destacar un par de aspectos: el castillo no está museizado, con la única excepción de escasos paneles explicativos, por lo tanto su entrada es gratuita y se puede acceder hasta la misma a través de una pista asfaltada, destacar también que no ofrece ningún horario restringido. Todo ello no es óbice, para destacar su gran estado de conservación y cuidado, que sin duda transportan al visitante a la Edad Media.

La visita la podemos dividir en dos apartados bien diferentes. Al entrar a mano derecha accederemos a la parte residencial de la fortaleza. En ella encontraremos una torre del homenaje, muy posterior a los hechos relatados con anterioridad, ya que data del siglo XIV, aunque su estilo mudéjar pude llevar a recordarnos su ocupación árabe. Otras construcciones destacadas son los restos del Alcázar, que fue la zona residencial del castillo en época cristiana, concretamente construida sobre el original palacio califal del que se observan algunos restos de muros. Junto al mismo destaca un aljibe, elemento imprescindible durante los asedios, está recubierto de hormigón y cal y se observa como recogía el agua de los tejados.

Dos elementos más se pueden destacar, la torre de Almanzor situada frente a la del homenaje y de similar altura.  Y por último el reconstruido paso de Ronda, el lugar desde donde se realizaban las guardias de vigilancia.

Tras visitar la zona noble de la fortaleza califal, queda la parte más impresionante de la visita, recorrer el amplio espacio amurallado que sin duda conserva su pasado más original. La muralla está bien conservada, además en la misma se abren puertas que permiten observar todo el panorama antes referido sobre el emplazamiento defensivo de la línea del Duero. Por cierto, una de las puertas denominada califal fue uno de los accesos principales de la fortaleza, en época musulmana. Además está conserva el arco de herradura que recuerda el estilo cordobés, sin ir más lejos de la mezquita de la ciudad andaluza.  Por último destacar que toda la zona sobre la cual se realiza la visita, estuvo ocupada por las tropas musulmanas, con sus correspondiente caballerizas, edificios de artesanos, e incluso huertos. De ello ha quedado constancia en la gran Alberca que debió alimentar de agua esta parte de la fortaleza, la cual estuvo cubierta para evitar evaporaciones por el sol meseteño en los cálidos veranos.

Para acabar de convenceros de la visita, os dejo está galería de imágenes:

Puerta Califal
Alberca Principal
Paso de Ronda
Patio de armas
Torre del Homenaje del siglo XIV
Vistas del rio Duero

Más info: Los califas de Córdoba, Francisco Bueno García, Ed. Arquval, 2009

Imágenes:  commons.wikimedia 

Los magistrados romanos durante la República de Roma.

Antes de comenzar un inciso. Este artículo va dirigido a todas aquellas personas, entre las  que me incluyo, que al leer un libro sobre la antigua Roma necesitamos poner un poco de orden en  las atribuciones que poseen, cónsules, ediles, pretores, cuestores, etc. Además dedicado especialmente durante el denominado periodo de la República, sin duda el más complicado de entender de los tres en que se divide la cultura romana.

En el año 509 aC. por causas todavía poco conocidas, entre las cuales encontramos una especie de conspiración palaciega, el último rey de Roma Tarquinio el Soberbio es destituido. A partir de ese momento Roma, que geográficamente ocupaba escasamente un tercio de la península itálica, se tiene que acomodar a una nueva forma de gobierno, la República. Con la cual, en los próximos cinco siglos pasará de dominar ese escaso territorio, a conquistar prácticamente todo el mediterráneo. Pero ¿cómo se controlaba políticamente esa potencia de la antigüedad?

Las asambleas del pueblo.

El pueblo romano tenía gran poder de decisión, al menos sobre el papel,  en todo lo relacionado con la formar de dirigir la República romana. Votaban leyes, elegían a los magistrados o decidían la guerra o la paz, todo ellos a través de una serie de reuniones ciudadanas.

Comicios curiales.

La asamblea más antigua y la primera que pierde importancia, se puede considerar una asamblea de representación étnica. En realidad son grupos de 30 curias, cada una de ellas representa a unas 100 casas. 10 de las curias son latinas, 10 etruscas y 10 sabinas. La progresiva mezcla de identidades le llevará a perder importancia, al final en las reuniones de estos comicios solo decidían algunas leyes menores.

Comicios tribales.

Estamos ante una especie de representación territorial, cada distrito tenía unos representantes en esta asamblea. Al principio solo estaba integrada por plebeyos, por lo que sus decisiones solo se aplicaban a estos. En el 449 aC. los plebiscitos surgidos de estas asambleas deben ser cumplidos por todos los ciudadanos, incluidos los patricios. Esto desencadena la entrada de estos últimos en esta asamblea en el año 287 aC.

A partir de ese momento los plebeyos elegían a su edil y los patricios el suyo, además esporádicamente a cuestores y tribunos militares. Otras funciones que poseían era juzgar delitos menores, y especialmente preparar leyes para que fueran aprobadas por el Senado. Las 35 tribus de las que constaba esta asamblea se reunían  normalmente en el foro de Roma. Cada una de ella hacia una votación interna, tras lo cual se obtenía un voto consensuado y único en cada tribu,  después  se procedía a la votación general, por lo tanto con 18 votos se obtenía la mayoría para tirar hacia delante la cuestión que se estaba debatiendo.

Comicios centuriados.

Esta asamblea nació durante el reinado del penúltimo rey de Roma, Servio Tulio, para convertirse durante la República en la más importante.  Es preciso recordar que la República Romana basó su poder en su fuerza militar, por lo tanto no es de extrañar que su principal asamblea popular estuviera constituida por las legiones romanas. Si en un principio se reunían 193 centurias en el campo de Marte con el tiempo llegarían a 350 centurias.

Reconstrucción de Roma, con el Campo de Marte en primer término

Las decisiones que  tomaban estas asambleas ciudadanas, aunque debían ser ratificadas por el Senado, se pueden considerar las más importantes, ya que concernían a diferentes aspectos como: la elección de magistrados, declarar la guerra o la paz, fundar colonias, condenar a muerte, o votar nuevas leyes propuestas por al autoridades.

También es conocida la forma en que se celebraban estas asambleas. En primer lugar se preguntaba a los dioses para conocer su opinión respecto a la viabilidad de llevar a cabo, o no, dichos comicios, a este acto se le denominaba, auspicio. Si los dioses aprobaban la asamblea, esta se anunciaba mediante el toque de trompetas desde las murallas. Tras lo cual el presidente de la asamblea daba a conocer los debates propuestos para el día.

La parte final consistía en las votaciones, las cuales era el aspecto más discutido, ya que durante los cinco siglos de historia de la República varió sensiblemente su forma de hacerlas. Si al principio tenían más peso las clases sociales, a partir del año 312 aC., dicho peso pasará a estar regido por el poder económico. Para a partir de finales del siglo III aC. y con la elevación del número de centurias, pasar el poder de decisión a las clases más bajas, tanto sociales como económicas.

Los magistrados romanos.

Tras conocer un poco mejor cómo funcionaban las decisiones del pueblo romano, podemos pasar a conocer los principales cargos electos de la República romana. No sin antes hacer mención al “cursus honorum”, dicho de otra forma, la carrera política a la que se tenían que someter los ciudadanos romanos que quisieran convertirse en cónsules de la República de Roma. Dicha carrera no se podía comenzar con anterioridad a los 28 años, 30 posteriormente con Sila, dado que no se podían saltar puestos y que debían transcurrir dos años entre un  cargo y otro, para ser cónsul de Roma era necesario tener 37 años.

Además para presentarse a la misma debían ser ciudadanos romanos, no haber cometido delitos y haber pasado por el ejército. Destacar por otro lado que ninguno de los cargos tenía contraprestación económica, aunque si ciertos privilegios, algunos tan curiosos como poder ser acompañados de noche con la luz de una candela.

Magistrados romanos, en primer término la silla curul

Tras lo cual podemos decir que existían dos o tres categorías de magistrados romanos, según se mire,  y en cada una de ellas diferentes cargos. Por último y antes de continuar, presentar dos señales identificativas, la toga pretexta y la silla curul, su uso o no, diferenciaba  a los magistrados romanos.

Magistrados menores.

En líneas muy generales podemos decir que su ámbito de acción y sus decisiones solo concernían a la ciudad de Roma, o bien al espacio geográfico al que fueran asignados. En cuanto a sus señas de identidad excepto tribunos y ediles de la plebe, todos podían usar la toga y la silla curul, estos últimos debían sentarse en un banco.

Distintas togas, sillas curul y fasces. Dependiendo de su posición.

Cuestores.

Magistrados que ocupan la base de la política, provienen de la monarquía romana y al principio se ocupan de los asuntos criminales. Con la llegada de la República se convierten en tesoreros. Pero además podemos considerarlos como la mano derecha de los cónsules en Roma,  de los gobernadores en las provincias o de los  generales en las legiones romanas. Si al comienzo eran cuatro, con la llegada  de Julio César y las conquistas de la República se necesitan cuarenta.

Ediles.

Podemos decir que eran cuatro, dos plebeyos y dos curules, a su cargo estaban los escribas para redactar sus decisiones. No tenían una atribución específica y se ocupaban de diferentes aspectos, entre ellos la vigilancia de la ciudad de Roma, el culto, o los edificios públicos. También eran los responsables de la “annona”, es decir que no faltara el trigo en la ciudad.

Por último destacar que este puesto no era remunerado, al contrario, exigía un gasto adicional, ya que debían organizar, presidir y costear los juegos públicos en las ciudades romanas.

Tribunos de la Plebe.

Cargo exclusivo entre los plebeyos, consecuencia directa de las protestas del año 496 aC. para subsanar la imposibilidad de las clases menores pudieran elegir sus representantes. Dichos magistrados, diez en concreto, eran elegidos por los comicios tribales para estar un año en el cargo. Sus competencias fueron incrementándose con el tiempo, desde presidir elecciones, hasta competencias en asuntos de crímenes.

Magistrados mayores.

Entre sus atribuciones, todas las que poseían los anteriores magistrados, y además tanto dentro, como fuera de la ciudad. Pero a ellas había que sumarle que podían ejercer el mando del ejército, tener poderes judiciales y eran los únicos capacitados para convocar a los comicios centuriados. Por supuesto eran merecedores de la toga y de la silla curul. Pero además eran acompañados por un funcionario que portaba en su hombro una fasces (30 varas de madera que sujetaban un hacha), estos ejercían una función de guardaespaldas.

Estatua donde se observa la fasces, de antigua tradición en Roma.

Cónsules.

La máxima figura de la República romana, eran elegidos dos cada año, por los comicios centuriados, y su mandato era improrrogable, aunque este supuesto no se cumpliera siempre. Entre los dos se repartían las múltiples funciones, difíciles de enumeran, ya que abarcaban todos los  ámbitos de la vida en Roma, desde los civiles a los militares. Las más significativas el convocar al Senado y a los comicios centuriados.  Si el uno viaja en pos de conquistas, el otro debía estar en Roma. Al principio tomaban el cargo el 1 de marzo, pero en tiempos de las guerras celtíberas, se cambia el principio del mandato al 1 de Enero.

Escipión el Africano cónsul de Roma

Solo podían volver a ser cónsules tras diez años, en los cuales podían ejercer como procónsules con atribuciones en las provincias, especialmente las que estaban en guerra, con lo cual su poder militar no se debilitaba. Esto fue causa de muchos conflictos, al saltarse la norma que imposibilitaba  a los procónsules de salir de la provincia a la que eran asignados.

Pretores.

Su situación sería como sustitutos de los cónsules, en definitiva eran elegidos a las par de los primeros, al principio dos, pero a partir del año 80 aC. dado los territorios conquistados pasaron a ser seis. Sus atribuciones tan variadas como las de los cónsules, es evidente que siempre subordinados  a estos, pero ejerciendo la función de ellos en caso de necesidad. Cabe destacar también que fue un cargo que surgió a partir del año 366 aC. Con anterioridad a esa fecha ambos términos, Cónsul y Pretor parecen estar fundidos en uno.

Su mandato anual, como el de los cónsules, tras lo cual debían pasar los mismos diez años para volver a ejercer, su salida también idéntica a los primeros, en este caso como propretores a las provincias.

Censores.

Unas líneas más atrás nos hemos referido a las dos o tres categorías en las que se dividían los magistrados. Pues bien, según se mire censores y los posteriores dictadores, se les suele tratar como magistrados mayores, pero con atribuciones especiales.

Dicho lo cual, podemos decir que los censores eran una especie de punto y aparte con las anteriores magistraturas mayores. En primer lugar por su periodo de vigencia, ya que eran elegidos por cinco años, en vez de uno. En segundo término por su jurisdicción limitada en este caso a la ciudad de Roma, no como los anteriores que podían ejercer fuera de la misma. Por último destacar que el gran poder que adquirieron les resto posibilidades de perpetuarse en el tiempo, los censores fueron creados en el año 443 aC. a partir del 312 aC. empezaron a perder poder y ya solo podían estar 18 meses, al final Sila (80 aC) los relevó a un papel secundario.

Marco Emilio Lépido I, Censor de Roma

Su tarea consistía en la confección del censo romano, es decir determinar los derechos y obligaciones del pueblo de Roma, pero no solo de las clases bajas, sino de todos los magistrados tanto mayores, como menores. Decir también que tenían la potestad de degradar un ciudadano por ejemplo de plebeyo a esclavo, pero también a un cónsul o pretor en caso de excederse de sus labores y evidentemente tras pasar por los tribunales. Pero incluso estos últimos, como era menester, también eran controlados por los censores. Por una parte es evidente que este poder solo fuera ejercido como culminación a la carrera de “cursus honorum”, sus miembros debían haber sido senadores y cónsules de Roma.

Dictadores.

Se puede comenzar diciendo que el vocablo “dictador” no tiene estrictamente el sentido peyorativo actual. Los dictadores de la República romana eran elegidos a través del Senado y de los cónsules, para solucionar un grave peligro para la República. Además era por un periodo de seis meses improrrogable y sin posibilidad de nombrar sucesor. Aunque su poder durante este periodo fuera absoluto, incluso por encima del Senado. Mientras un dictador ejercía solo se mantenían en su cargo los tribunos de la Plebe, además contaba con la ayuda de la figura del “magister equitum”, este se encargaba de mandar sobre la caballería del ejército y el dictador sobre el resto del mismo.

Lucio Cornelio sila, Dictador de Roma durante dos años

El primero de ellos fue Tito Larcio en el año 496 aC. tras el mismo, la lista se dispara a cerca de unos ochenta dictadores, pero los más significativos fueron: Lucio Cornelio Sila (82-79 aC.), y especialmente Julio Cesar, que acabará para siempre con la figura del dictador romano al perpetuarse en el cargo, hecho que como es conocido le llevará a ser asesinado.

Senado Romano.

No podemos terminar sin hablar de la verdadera institución que dirigía la República romana, o al menos lo intentaba. El Senado nació durante la monarquía romana, haciéndose verdaderamente importante durante la República.

Para ser senador romano debía cumplirse una serie de condiciones, entre ellas ser ciudadano romano, haber sido magistrado con silla curul, o por ejemplo no haber sido gladiador o actor de teatro. Tras lo cual eran elegidos por los cónsules y posteriormente por los censores. Al principio de la República eran unos 300 miembros, para irse incrementando este número hasta el periodo de Julio César que llegaron a ser 900. Además si los censores no decían lo contrario eran cargos vitalicios.

Sus atribuciones eran muchas, por ejemplo ratificar las decisiones de las asambleas ciudadanas, los asuntos militares importantes, las misiones diplomáticas, el control de las finanzas del estado o del culto. Todas las decisiones se tomaban por votación, tras ser convocados por un magistrado que dirigía la sesión.

Mas info: Historia de Roma, J. Cabrero y P. Fernández Uriel, Ed. Uued, 2008.

Imágenes: commons.wikimedia

La maleta mexicana encontrada en 1999 con 4.500 fotografías de la Guerra Civil Española.

El día 5 de agosto de 1936 llegaban a Barcelona Robert Capa, el fotógrafo nacido en Budapest 23 años antes, y Gerda Taro tres años mayor, y nacida en Stuttgart. A parte de pareja compartían profesión, fotógrafos de guerra, trabajo que por cierto iban a ejercer juntos por primera vez, tras haberse conocido dos años antes en París, donde decidieron empezar una relación personal y profesional.

A su llegada, con un contrato bajo el brazo con la revista VU, se encontraron una Barcelona que contenía todavía la ilusión, de que la guerra que acababa de comenzar, no se iba a alargar en exceso. Este aspecto se puede comprobar en las  imágenes tomadas durante sus primeros días en la ciudad Condal.

 

Dos jóvenes republicanos en Barcelona al inicio la Guerra, foto de Gerda Taro

 

A la pareja se uniría unos días después, la última pieza de la tripleta. Me refiero a David Seymour “chim”, otro joven judío como Robert y Gerda, que nació en la Polonia de 1911. Los tres respondían a un perfil político muy similar, evidentemente contrarios a los regímenes fascistas de los años 30, que les habían obligado a huir de sus respectivos países, recalando todos tres, en el París republicano. Por lo tanto estaba claro al bando que se iban a sumar, para ejercer el periodismo de guerra durante la contienda española.

Tres fotógrafos, tres historias, tres estilos.

Robert Capa llegó a Paris con 18 años plenamente decidió a llevar a cabo su pasión, la fotografía. El primero en darle una oportunidad fue David Seymour, en la revista Regards, de la cual era colaborador el fotógrafo polaco. Pocos años después, como ya hemos dicho,  conoció a Gerda Taro con la que rápidamente entabló una relación. En pocos años se convirtió en uno de los mejores reporteros de guerra, los expertos destacan que su principal cualidad era el saber narrar, como pocos, la secuencia en imágenes de una batalla. Gracias a su continua puesta en peligro, de su cámara salió la foto más internacionaliza de la guerra civil española, “muerte de un miliciano”, realizada en los primeros compases de la guerra en Córdoba.

Muerte de un Miliciano de Robert Capa

David Seymour “chim”, se puede decir que llega a París prácticamente al unísono con Robert Capa, dos años mayor que él prepara el camino de ambos hacia la profesión de reportero de guerra. No dudó cuando recibió la llamada de la Guerra Civil Española, para alistarse en el bando republicano. Su fotografía dista mucho de la su amigo, no retrata la guerra en sí, sino que se detiene en presentarnos la sociedad que existe detrás del conflicto. De este modo sus imágenes más célebres son las de los hombres, las mujeres, y los niños que sufrieron la barbarie de la Guerra Civil.

Dolores Ibárruri “la pasionaria” en 1936 foto de David Seymour que viajo en dicha maleta.

Gerda Taro, con decir que está considerada la primera reportera de guerra, ya la estamos retratando. Cuando conoció a Robert Capa en Paris, no tenía ni decidido el dedicarse a este arte, más bien le ayudaba a este con la edición de imágenes, a cambio Robert  le obsequió con un curso acelerado de fotografía.

Gerda Taro y Robert Capa en Paris, días antes de viajar a Barcelona.

Las fotografías de Gerda Taro reflejan su frescura, su falta de experiencia detrás de la cámara se cubre perfectamente con grandes dosis de moralidad. Sus imágenes son una mezcla de las de sus compañeros, Gerda nos retrata desde las sufridoras mujeres de los milicianos, a los tanques de la batalla de Brunete.

Gerda y Robert tras trabajar prácticamente un año juntos, desde su llegada a Barcelona, deciden separarse para cubrir distintos frentes. Desgraciadamente nunca volverán a encontrarse. Gerda elige el norte de Madrid, la batalla de Brunete, donde los republicanos intentan controlar el flanco norte de Madrid. Dicha batalla está considerada una de las más duras de la guerra, y en ella encontró la muerte la fotógrafa alemana.

Precisamente durante una huida del frente, no halló más vehículo que el estribo exterior de un Chevrolet Matford, el cual volvía al Escorial cargado de heridos. La fortuna hizo que un bache la expulsará del mismo y que un tanque pasará por encima de ella. Tras lo cual, y a pesar de que fue evacuada murió al día siguiente.

Tras el terrible incidente Robert Capa abandonó España camino de Asia Oriental,  para cumplir con otra guerra, en este caso entre China y Japón. Solo volvió en los últimos días de la Guerra Civil, para ver como los republicanos no pudieron hacer nada, y cayeron derrotados contra el bando franquista.

El itinerario de la maleta con los 4.500 negativos.

Tras la finalización de la Guerra Civil en la primavera de 1939, Robert Capa vuelve a París. Junto al mismo viajó la maleta en cuestión, con todos los negativos no utilizados, en la gran cantidad de portadas que en toda Europa protagonizaron las fotografías de nuestros tres personajes.

A los pocos meses empieza la 2ª Guerra Mundial, Robert Capa y David Seymour, como judíos y pro comunistas saben que tienen los días contados, y deciden emigrar a EE.UU. No sí antes pedirle a un amigo que enviara la maleta en cuestión a Nueva York, aunque esta debió en algún momento tomar un camino equivocado. En consecuencia acabó en manos del embajador mexicano que actuaba al servicio del Gobierno colaborador de Vichy, su nombre Francisco Javier Aguilar González. Precisamente con el mismo debió volar a México la maleta de Robert Capa.

Siguiendo con nuestros protagonistas, ambos actuaron como reporteros al servicio de los aliados en la 2ª Guerra Mundial. De Robert Capa conocemos que fue el primero en desembarcar en Normandía en el día D. Os invito a conocer la historia en el siguiente enlace: robert-capa. A pesar de los avatares, ambos sobrevivieron a la misma, pero pronto correrían la misma suerte que Gerda Taro.

Imágenes del Desembarco de Normandía de Robert Capa

El primero de ellos Robert Capa, tras una serie de años de calma relativa decide coger la invitación de la revista Life, para acudir a fotografiar la guerra de Indochina.  Allí una mina anti-persona acabará con la vida de uno de los mejores corresponsales de guerra de la historia.  Solo dos años después su compañero y amigo David Seymour, durante la Crisis del Canal de Suez, fue ametrallado por soldados egipcios, mientras viajaba en coche para cubrir una entrega de prisioneros.  Es de suponer que con ellos, se hubiera podido esfumar  el secreto de las 4.500 negativos inéditos de la Guerra Civil Española, pero no fue así.

En 1999 Cornel Capa, hermano de Robert y ocho años menor, conoce la noticia de unos negativos de la Guerra Civil española, que habían surgido hacía unos años en México. Tras largos años de litigio en 2007, un año antes de su muerte a la nada despreciable cifra de 90 años consigue la maleta en cuestión. En la misma para sorpresa de todos, ya que creían que solo había fotos de Capa, aparecieron a parte iguales las de los tres protagonistas. Fue una de las confirmaciones, como excelente corresponsal de guerra, de Gerda Taro, hay que recordar que solo pudo ejercer la profesión un año.

La oficina de New York donde se encuentran los negativos.

Hoy día son propiedad de la Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, aunque disponibles en agencias como Magnum, y para su exposición por el mundo. Por cierto uno de los últimos lugares que viajó fue a Córdoba, con motivo de la XV edición de Bienal de Fotografía de la ciudad Andaluza, en la primavera de 2017.

A continuación os dejo una pequeña recopilación de las imágenes que viajaron en la maleta, el resto se puede encontrar en la siguiente web: pro.magnumphotos.com

Valencia, marzo de 1937
Madrid, febrero de 1937
Paso de Navacerrada, junio de 1937
Valencia, marzo de 1937

Mas info: nytimes     tramayfondo

Imágenes: magnumphotos